Categoría: La película

  • Ni chicha ni limoná

    cineVALKIRIA

    He de reconocer que esa marca publicitaria que es Tom Cruise (no vamos a escandalizar a nadie diciendo que el actor-productor siempre está vendiéndose a sí mismo, como medio para que el público vaya a ver sus películas) nunca ha sido santo de mi devoción. Cierto es también, que hay alguna que otra cinta en la que él interviene que encuentro bastante interesante, e incluso ha tenido alguna que otra gran actuación (Magnolia, Collateral, Tropic Thunder o la tercera (y mejor) entrega de Misión: Imposible serían ejemplos claros). Pero aún así, cada vez que tengo que ir a una sala para ver una de sus películas siento cierto recelo.

     

     

    Estados Unidos-Alemania, 2008. (120’)
    Título original: Valkyrie.
    Director: Bryan Singer.
    Producción: Gilbert Adler, Christopher McQuarrie, Bryan Singer.
    Guión: Christopher McQuarrie y Nathan Alexander.
    Fotografía: Newton Thomas Sigel. 
    Música: John Ottman.
    Montaje: John Ottman.
    Intérpretes: Tom Cruise (Coronel Claus von Stauffenberg), Kenneth Branagh (General Henning von Tresckow), Bill Nighy (General Friedrich Olbricht), Tom Wilkinson (General Friedrich Fromm), Carice van Outen (Nina von Stauffenberg), Thomas Kretschmann (Mayor Otto Ernst Remer), Terence Stamp (Ludwig Beck), Eddie Izzard (General Erich Fellgiebel), Kevin McNally (Dr. Carl Goerdeler), Christian Berkel (Coronel Mertz von Quirnheim).
     

    También he de confesar que siempre he sido de la opinión de que para llevar a la gran pantalla una historia basada en hechos reales hay que escoger unos hechos que sean poco conocidos, o tomarlos desde un punto de vista que dé una nueva visión a la historia, o inventar algún personaje que viva esos hechos históricos (utilizando dichos hechos como trasfondo real de unos protagonistas ficticios)… Pero cuando se dan casos como este de Valkiria (la historia de unos oficiales nazis que quisieron atentar y asesinar a Hitler) y el director pretende crear una atmósfera de suspense, de intriga por el futuro del protagonista, por saber si conseguirá sus objetivos, no nos engañemos, el argumento pierde toda intensidad, no tiene ninguna fuerza, no engancha y no provoca la más mínima tensión.

    Por que todo el mundo conoce ya los hechos, y sabe que no lo consiguió, pues Hitler no murió hasta que él mismo se suicidó, pocos meses después, cuando las tropas aliadas entraban ya en Berlín.

    El coronel Claus von Stauffenberg cree que Alemania ha perdido el norte, y piensa seriamente que alguien debería eliminar al Führer, Adolf Hitler. Stauffenberg, que está en plena batalla en el norte de África, es herido por un bombardeo aliado y enviado de nuevo a Alemania. Allí contactan con él un grupo de militares contrarios al régimen nazi que, como él, piensan que hay que intentar eliminar al líder antes de que sea demasiado tarde para Alemania y para el mundo. Stauffenberg se pone al frente del nutrido grupo, cuyo objetivo es poner en marcha el plan Valkiria, que activa las fuerzas civiles tras un golpe de Estado.

    Bryan Singer es un director que sabe cómo trabajar y cómo hacerlo bien; en lo que se refiere a su trabajo, sabe crear un espectáculo visual y la elección de las temas es siempre acertada. El problema es que la historia es floja, porque ya sabemos cómo va a acabar todo (Hitler vive y los ‘golpistas’ son capturados y ajusticiados). Así que tras ver Valkiria quise quedarme con un buen sabor de boca y me senté frente a mi DVD para zamparme (una vez más) su poderosísimo gran –casi– debut, Sospechosos habituales, que esa sí que es una buena película. En Valkiria hay un reparto de renombre, con muchos y grandes intérpretes británicos, que podrían haber dado un nivel muy alto a la cinta, pero le hace falta un poco de tensión y un mucho de intensidad, y le sobra toda la indiferencia que provoca.
    O sea, que ni chicha ni limoná, ni frío ni calor.

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  • El (mal) sueño americano

    cineDoce años después de coincidir en Titanic, Kate Winslet y Leonardo DiCaprio vuelven a coincidir en pantalla, en esta ocasión con Sam Mendes (marido de ella) como director, y con otra cinta de calidad, con otra ‘catástrofe’ podríamos decir, aunque esta vez no es un barco lo que se hunde, es su matrimonio.

    Frank y April Wheeler siempre se han considerado especiales, diferentes al resto, deseando vivir sus vidas como ellos quieren, no como los demás esperan. Cuando se mudan a su nueva casa en Revolutionary Road deciden no dejarse atrapar por las convenciones de la sociedad que les rodea y vivir según sus ideales. Quieren conseguir el sueño americano, su sueño americano. Pero tras la llegada de sus dos hijos y el paso de los años constatan que su matrimonio se va convirtiendo exactamente en aquello que no esperaban: un hombre con un trabajo que no le gusta, y un ama de casa infeliz que anhela un poco de satisfacción y pasión en su vida. Decidida a cambiar sus destinos, y salvar su matrimonio, April trama un plan para romper con todo y empezar de nuevo en París. Pero cuando los planes van empezando a tomar forma, todo se desmorona.

     

    Estados Unidos, 2008. (119’).
    Título original: Revolutionary Road.
    Director: Sam Mendes.
    Producción: Bobby Cohen, John Hart, Sam Mendes, Scott Rudin.
    Guión: Justin Haythe, basado en la novela de Richard Yates.
    Fotografía: Roger Deakins. 
    Música: Thomas Newman.
    Montaje: Tariq Anwar.
    Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Frank Wheeler), Kate Winslet (April Wheeler), Michael Shannon (John Givins), Kathy Bates (Helen Givings), Richard Easton (Howard Givings), David Harbour (Shep Campbell), Kathryn Hahn (Milly Campbell), Zoe Kazan (Maureen Grube), Dylan Baker (Jack Ordway).

     

    Es más que evidente el pasado en el teatro del director británico. En muchos momentos la historia se asemeja demasiado a una obra dramática, con un escenario único en el que los personajes se mueven y se interrelacionan. Es ahí donde brillan los personajes, las interpretaciones de la pareja protagonista, con un Leonardo DiCaprio en estado de gracia y una Kate Winslet para la que ya se han acabado los adjetivos que puedan calificar su inmenso talento. Ella ya ganó el Globo de Oro por este papel, pero, sorprendentemente, ninguno de los dos ha conseguido la nominación al Oscar por esta cinta (Winslet es candidata a ganar la estatuilla, y la gran favorita junto a Anne Hathaway, por su otra gran interpretación de este año, la de El lector).

    Sam Mendes vuelve con esta, su cuarta película, a los senderos que ya caminó con su debut en el cine, aquella fantástica American Beauty, a mostrarnos los secretos íntimos que subyacen sobre la relación matrimonial de una pareja en su vida cotidiana, bajo la apariencia de normalidad, bajo una imagen que pretende hacer ver que todo va bien, y que oculta deseos, anhelos, aspiraciones que se han dejado de lado, pero que no se han olvidado, y que se siguen deseando, anhelando, aspirando a que lleguen algún día. La pareja intenta salir de la cotidianeidad como buenamente puede, ella con sus aspiraciones de actriz en una compañía local de teatro, él con una relación adultera con una secretaria. Pero no hay solución alguna.

    La diferencia con la primera cinta de Mendes es que aquí no hay sarcasmo, no hay sátira, y no hay motivo alguno para que esbocemos la sonrisa, aunque algunos espectadores se carcajeen –incomprensiblemente, para mi gusto– cuando la pareja descubre que no hay solución, que aunque quieran intentar arreglarlo (que quieren) todas las salidas están cerradas, y mucho menos cuando el hijo enfermo (dicen que loco, pero a mi se me antoja el más cuerdo de la función) diga las cosas que nadie quiere decir, encendiendo todas las luces para dejar a la vista lo que el resto ha querido ignorar hasta entonces.

    Una buena película, por encima de lo normal, pero que no llega, ni de lejos, a su debut en el cine. American beauty sigue siendo su mejor obra.

     

  • Una típica comedia francesa

    cineBIENVENIDOS AL NORTE

    El mayor éxito del cine francés, la película más vista de la historia del cine del país vecino, con millones y millones de espectadores que la han convertido en un fenómeno sociológico, y que ha hecho que Will Smith haya comprado ya los derechos para realizar el consabido remake yanqui, ha llegado a nuestras salas, con un éxito relativo, menor que el esperado.

     

    Francia, 2008.
    Título original: Bienvenue chez les Ch’tis.
    Director: Dany Boon.
    Producción: Claude Berri, Jérôme Seydoux.
    Guión: Dany Boon, Alexandre Charlot, Franck Magnier.
    Fotografía: Pierre Aïm. 
    Música: Philippe Rombi.
    Montaje: Luc Barnier, Julie Delord.
    Intérpretes: Kad Merad (Philippe Abrams), Dany Boon (Antoine Bailleul), Zoé Félix (Julie Abrams), Lorenzo Ausilia-Foret (Raphaël Abrams), Anne Marivin (Annabelle Deconnick), Philippe Duquesne (Fabrice Canoli), Guy Lecluise (Yann Vandernoout), Line Renaud (La madre de Antoine), Patrick Bosso (El policía A7), Stéphane Freiss (Jean Sabrier), Jérôme Commandeur (Inspector Lebic), Alexandre Carrière (Tony, el novio de Isabelle).
     

    La película ya se proyectó (incomprensiblemente) en el pasado Sevilla Festival de Cine, con pase de prensa incluido, aunque al menos no estuvo en la Sección Oficial, y acabó ganando el Premio del Público (algo que no llegué a comprender, sobre todo teniendo entre sus ‘competidoras’ de la sección Selección EFA cintas de mayor calidad como La ola, Cerezos en flor, Just another love story, La batalla de Hadiza o incluso Revanche, cinta austríaca que ha pasado la primera criba que no ha superado Los girasoles ciegos en su camino a los Oscar).
    Philippe es jefe de correos de una oficina de una bella provincia del sur de Francia. Su mujer tiene un carácter depresivo que hace que su vida sea más complicada. A sabiendas de que un clima más cálido sería beneficioso para su esposa, finge una discapacidad para conseguir más fácilmente el traslado a una localidad de la Riviera, en el Mediterráneo. Pero pronto es descubierto, y como castigo le envían durante dos años a Bergues, un pequeño pueblo del norte del país, frío y lluvioso, donde sus habitantes hablan un extraño e incomprensible dialecto: el Ch’ti. Philippe decide irse sólo, y descubre para su sorpresa que el lugar ni es tan frío ni sus gentes tan tristes y desagradables como él esperaba. Es más, allí llega a hacer grandes amigos. Pero para no desagradar a su mujer (con la que habla por teléfono cada noche y que cree que él le miente para no hacerla sufrir más) le dice que todo es aún peor, el tiempo, las gentes… y que su vida allí es un infierno. Un día, su mujer decide irse con él, para ayudarle y hacer la estancia más apacible. Entonces, Philippe debe confesarse a sus nuevos amigos y planear cómo salir del berenjenal en el que se ha metido.

    Encasillable sin ningún género de dudas dentro del grupo de comedias francesas más típicas y tópicas, Bienvenidos al norte usa y abusa del chiste fácil del malentendido lingüístico. Y aunque pretende ser más profunda, más interesante, es con esto, y sólo con esto, con lo que uno se queda después de ver la cinta.

    El chiste funciona el primer cuarto de hora, pero después pierde toda la gracia y se convierte en una cinta muy convencional, mil veces vista.

    En fin, una comedieta típica y tópica, agradable de ver, previsible y sin sorpresas, que, no nos engañemos, no tiene la más mínima pretensión.

     

  • Un sermón con explosiones

    resistenciaRESISTENCIA

    Es difícil, muy difícil, abstraerse de la actualidad, de las noticias que casi cada día nos sacuden desde Oriente Medio, pero intentaremos dejarla de lado por un momento para hablar del sentido estrictamente cinematográfico de esta película, una más (y son muchas, incluso recientes) sobre el tema del nazismo, la resistencia a la invasión y el exterminio judío. Basta con mencionar, estrenadas en los últimos meses, tres filmes como La ola, Katyn o Flame and Citron, todas ellas cintas europeas que, tratando (aunque sea tangencialmente) el mismo tema, se parecen a esta Resistencia como un huevo se parece a una castaña.

    Estados Unidos, 2008. (137’)
    Título original: Defiance. Director: Edward Zwick. Producción: Pieter Jan Brugge, Edward Zwick. Guión: Clayton Forman y Edward Zwick, basado en el libro de Nechama Tec. Fotografía: Eduardo Serra. Música: James Newton Howard. Montaje: Steven Rosenblum. Intérpretes: Daniel Craig (Tuvia Bielski), Liev Schreiber (Zus Bielski), Jaime Bell (Asael Bielski), Alexa Davalos (LilkaTicktin), Allan Corduner (Shamon Haretz), Mark Feuerstein (Isaac Malbin), Tomas Arana (Gulkowitz), Johdi May (Tamara), Kate Fahi (Riva), Iben Hjele (Bella), Ravil Isyanov (Viktor Panchenko), Jacek Koman (Koscik), George MacKay (Aron Bielski), Mia Wasikowska (Chaya), Rimante Valiukaite (Miriam).

    El ejercito alemán entra en Bielorrusia, captura a miles de judíos y asesina a otros tantos, con el beneplácito de las autoridades y la colaboración de muchos habitantes, vecinos de los capturados y de los muertos. Los cuatro hermanos Bielski, cuyos padres han sido asesinados por el ejército invasor, se refugian en los bosques cercanos. Poco a poco, muchos otros huidos se unirán a ellos. A medida que pasa el tiempo, llegan a ser miles, una pequeña ciudad en los bosques que sobrevive como buenamente puede, con normas propias. El ejército nazi intenta capturarlos, pero ellos resisten con fuerza los ataques.

    La más parecida, de entre las cintas europeas anteriormente mencionadas, a esta Resistencia, es la danesa Flamen and Citron (vista en el último Sevilla Festival de Cine). Ambas tratan el tema de la resistencia antinazi en suelo europeo y ambas están basadas en hechos reales, pero el tratamiento es radicalmente diferente. En la cinta americana, hasta las imágenes documentales, supuestamente reales, con las que se abre la cinta, han sido creadas específicamente para la ocasión. Lo que da al total una apariencia de falsedad que nunca llega a olvidarse del todo.

    Además, el director, en vez de centrarse en los conflictos internos de los personajes, sus remordimientos, sus miedos, ese ojo por ojo que parece guiarles aunque no quieran dejarse llevar, se dedica a realizar un espectáculo pirotécnico, engolado, aburrido y larguísimo, colando sin el más mínimo pudor, historietas románticas para los tres hermanos mayores, destinadas para llegar al mayor público posible.

    La historia real podía haber dado para una película muy buena (de nuevo, dejando de lado los temas políticos que llenan los noticiarios en estos días), pero el cine de los grandes estudios de Hollywood es el que es, y lo mismo ocurre con el director, un Edward Zwick que ya hizo lo mismo (aburrirnos hasta casi dormirnos) con, por ejemplo, El último samurai, que adolecía de las mismas carencias que ésta película.

    Zwick incluso se atreve a citar cintas de éxito, con mayor o menor evidencia, entre las que destacarían la arenga a caballo (Braveheart), o la sordera momentánea tras una explosión (Salvar al soldado Ryan) y algunos de los asesinatos o ejecuciones (La lista de Schindler).
    El resultado es una verdadera lástima, lejos, muy lejos de lo que podría ser, quedándose en un sermón con mucho de parafernalia pirotécnica.

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  • Más real de lo que parece

    cineCITY OF EMBER. EN BUSCA DE LA LUZ

    Se está convirtiendo en moda el adaptar una novela (o saga de novelas) destinadas al público juvenil (a veces infantil) al cine. En los últimos años ha ocurrido con Harry Potter, Las crónicas de Narnia, La brújula dorada o incluso la reciente Crepúsculo, por citar algunos ejemplos. Esta City of Ember, basada en la novela homónima de Jeanne Duprau se suma a la lista, con la ventaja de que su calidad cinematográfica está (en algún caso, muy) por encima de las mencionadas.

     

    Estados Unidos, 2008 (95’)
    Título original: City of Ember.
    Director: Gil Kenan.
    Producción: Gary Goetzman, Tom Hanks, Steve Shareshian.
    Guión: Caroline Thompson, basado en el libro de Jeanne Duprau.
    Fotografía: Xavier Pérez Grobet.
    Música: Andrew Lockington.
    Montaje: Adam P. Scott y Zach Staenberg.
    Intérpretes: Saoirse Ronan (Lina Mayfleet), Harry Treadaway (Doon Harrow), Tim Robbins (Loris Harrow), Bill Murray (Alcalde Cole), B.J.Hoog (Guarda del alcalde), Martin Landau (Sul), Marianne-Jean Baptiste (Clary), Simon Kunz (Capitán Fleery), Amy Quinn y Catherine Quinn (Poppy), Mary-Kay Place (Sra. Murdo)

     

    En un mundo post-apocalíptico, los líderes deciden salvar a la población en una ciudad subterránea, durante doscientos años, hasta que todo pase y puedan volver al exterior. En esa ciudad, Ember, los alcaldes guardan una caja metálica, de la que todos desconocen su existencia, que se abrirá automáticamente tras ese período de tiempo, y que contiene las instrucciones precisas para salir de la ciudad al mundo exterior. Cuando un alcalde debe dejar su puesto, la caja es transferida a su sucesor. Hasta que uno de ellos muere de forma repentina, y la caja se pierde. Tras 250 años de vida, el antiguo esplendor de Ember languidece, la comida cada vez es más escasa y el generador que da luz a la ciudad falla cada vez más, llevando el temor a sus habitantes. Dos jóvenes, Lina y Doon, descubrirán el mensaje, y tomarán la decisión de buscar una salida, que no saben siquiera si existe, y pese a enfrentarse a las leyes que lo impiden, se embarcarán en la búsqueda de una solución para que los habitantes de Ember puedan sobrevivir a las penurias que viven.

    El otrora esplendor y casi perfección de la ciudad, (aunque tenga algunos rasgos de una sociedad totalitaria, como podría ser el hecho de repartir entre los jóvenes los puestos de trabajo que van a tener toda su vida mediante un sorteo), degenera con los años hasta la situación en que la ciudad vive, que es de plena actualidad en el mundo real: con la crisis energética y la corrupción del poder como principales baluartes.

    City of Ember es una película que se ve con facilidad. No es tan enrevesada como otras muchas, el número de personajes es el suficiente como para que la historia sea compleja, pero no tanto como para que no pueda entenderse con claridad. Además, el guión tiene muy buena factura (no en vano, su autora es una de las habituales colaboradoras de Tim Burton, para el que ha escrito Eduardo Manostijeras, Pesadilla antes de Navidad o La novia cadáver).

    Y por si fuera poco, el reparto está plagado de secundarios de lujo: Tim Robbins, Martin Landau, Bill Murray o la menos conocida (aunque su cara suene de cientos de películas y series) Marianne-Jean Baptiste. Saoirse Ronan, que para muchos fue la intérprete más destacada de Expiación, se consolida como uno de los futuros más prometedores del panorama cinematográfico actual.

    No es que sea una de esas joyas ocultas que cualquier cinéfilo puede disfrutar, pero visto cómo está el panorama actual, es un producto más que apto para disfrutar en una sala de cine, incluso, si se quiere, para pensar un poco en la sociedad que refleja la cinta y que, en realidad, no está tan lejos de la que el común de los mortales vivimos.

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  • Chicas guapas y nada

    cineTHE SPIRIT

    Basada en una de las obras cumbres del cómic contemporáneo, Frank Miller se pone en solitario tras las cámaras (después de codirigir junto a Robert Rodríguez, basándose a su vez en un cómic propio, la interesante Sin City) para plasmar The Spirit, la creación que encumbró al que él mismo considera su maestro, Will Eisner. El resultado es una película fea. Y además, aburrida. Y creo que con eso está dicho todo.

     

    Estados Unidos, 2008. (102’)
    Título original: The Spirit.
    Escrita y dirigida por: Frank Miller, sobre el comic de Will Eisner.
    Producción: Deborah del Prete, Gigi Pritzker, Michael E. Uslan.
    Fotografía: Bill Pope.
    Música: David Newman.
    Montaje: Gregory Nussbaum.
    Intérpretes: Gabriel Macht (The Spirit), Samuel L. Jackson (Octopus), Eva Mendes (Sand Saref), Scarlett Johansson (Silken Floss), Sarah Paulson (Ellen Dolan), Jaime King (Lorelei Rox), Paz Vega (Plaster de París), Dan Gerrity (Detectiva Sussman), Larry Reinhardt-Meyer (Agente MacReady), Louis Lombardi (Pathos, etc), Dan Lauria (Nolan), Johnny Simmons (Spirit joven), Seychelle Gabriel (Sand joven), Stana Katic (Morgensten)

    El policía Denny Colt regresa de la muerte convertido en Spirit, un enmascarado que protege a su adorada ciudad, Central City, de la amenaza de Octopus y sus (con la notable excepción de Silken Ross) tarados e imbéciles secuaces, creados por ingeniería genética. Spirit no es un superhéroe, no tiene más poderes que aguantar todos los golpes y recuperarse y sanar las heridas con inusitada rapidez. En plena investigación por el ataque a un policía aparece como sospechosa Sand Saref, un viejo amor de juventud de Denny.
    La película no tiene el más mínimo interés. Las imágenes resultan postizas. Está todo muy alejado de aquella buena cinta que fue Sin City, e incluso de la bastante más floja 300 (también basada en un cómic de Miller, aunque él no participó en la realización). Hay numerosas situaciones que provocan la risa floja y que desembocan en carcajada, con el problema de que el director (en ese preciso momento) está pretendiendo ser serio. Y otras muchas que hacen bostezar, cuando Miller está buscando la risa del espectador (esos insufribles siervos clónicos, con sus ridículos nombres en sus camisetas y su insoportable acento y vocabulario)

    Aparte están esos momentos de difícil explicación, como la secuencia (la única en la que aparece Paz Vega) en la que Samuel L. Jackson (recordemos todos el color de su piel) aparece vestido de líder nazi, sin que haya ninguna broma de por medio, tomándoselo completamente en serio, con toda la parafernalia de banderolas y esculturas. Uno no sabe si entenderlo como una broma que no se comprende, o creer que el tal Octopus en el fondo es tan imbécil como sus acólitos, y que la que verdaderamente tiene la vara de mando sin que nadie lo sospeche (ni siquiera el mismísimo Octopus) es su mano derecha, esa Silken Ross que interpreta Scarlett Johansson.

    Aparte de las ya mencionadas Vega y Johansson (la única mujer, por cierto, que no cae rendida a los pies de Spirit), habría que mencionar a Eva Mendes, como la amante de las joyas que Spirit persigue como sospechosa, sabiendo que es su amor de juventud, aunque ella le cree muerto; Sarah Paulson, con la que, al parecer, mantenía una relación en el momento de su muerte, y que es la que le cura las heridas ya convertido en Spirit; y Jamie King, el amor de ultratumba del héroe enmascarado. Un quinteto de chicas (muy) guapas, que es lo único que ofrece esta película, verdaderamente aburrida, estéticamente horrible y con un guión muy forzado.

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  • Casi el mejor Eastwood

    críticaEL INTERCAMBIO

    Basta decir que El intercambio (la nueva película de Clint Eastwood a la espera de que se estrene Gran Torino, ya acabada) se puede encuadrar dentro del póker que forman Sin perdón, Los puentes de Madison, Million Dollar Baby y Mystic River para que quede clara la opinión que me merece esta película: es una grandísima obra maestra. Quizás pueda considerarse algo inferior a las anteriores porque en algunos momentos (pocos, por suerte) se hace un poco larga. Pero todos los demás ingredientes suman en su favor, desde la dirección a la música, la puesta en escena, el guión, la fotografía, y por supuesto, las interpretaciones de un reparto de lujo encabezado por una Angelina Jolie que podría ganar (si Anne Hathaway lo permite –La boda de Rachel- que, según los premios que está recogiendo de las distintas asociaciones de críticos americanas, es su principal rival) su segundo Oscar, esta vez como actriz protagonista.

    Estados Unidos, 2008 (141’)
    Título original: Changeling.
    Director: Clint Eastwood.
    Producción: Clint Eastwood, Brain Grazer, Ron Howard, Robert Lorenz.
    Guión:  J. Michael Straczynski.
    Fotografía:  Tom Stern.
    Música: Clint Eastwood.
    Montaje: Joel Cox, Gary Roach.
    Intérpretes: Angelina Jolie (Christine Collins), John Malkovich (Reverendo Gustav Briegleb), Jeffrey Donovan (Capitán J.J. Jones), Jason Butler Harner (Gordon Northcott), Amy Ryan (Carol Dexter), Colm Feore (James Davis), Michael Kelly (Lester Ybarra), Geoff Pierson (S.S. Hanh), Denis O’Hare (Dr. Jonathan Steel), Eddie Alderson (Sanford Clark), Gattling Griffith (Walter Collins).

     

    La historia está basada en hechos reales (con todo lo que ello conlleva en el cine: transformación y deformación de la realidad ante la imposibilidad de que todo ocurrió como se cuenta y adecuación de la historia para que ésta sea más cinematográfica) ocurridos en la ciudad de Los Ángeles a finales de los años veinte. Christine Collins es una madre soltera que al regresar un sábado a casa después del trabajo descubre que su hijo ha desaparecido sin dejar rastro. Tras varios meses de desesperación, la policía le entrega a un niño de nueve años que dice ser su hijo. Desde un primer momento ella niega esa posibilidad, al no conocer al pequeño. La policía atribuirá este desconocimiento a la tensión sufrida en el tiempo que el niño estuvo desaparecido y rechazará la petición de Christine de seguir con la investigación. Pero cuando ella continúa insistiendo, poniendo en duda el trabajo del cuerpo, será tachada de loca y recluida en un hospital psiquiátrico.

    El intercambio es reflejo de una sociedad y una época difícil, en una ciudad comandada por una panda de políticos y policías corruptos donde los poderosos establecían las leyes y gobernaban, eliminando de su camino a quien les presentara una mínima oposición. No es la primera película que refleja este hecho (en menor o mayor medida, también podrían incluirse aquí L.A. Confidential o La Dalia Negra, por poner un par de ejemplos). Además, en una época en la que para una mujer, el simple hecho de serlo era un hándicap más que debían superar y contra el que debían enfrentarse. Mucho más si, como fue el caso, trataba de plantarles cara y hacerles quedar como unos incompetentes incapaces de realizar su trabajo o de reconocer la posibilidad de haber cometido un error.

    Eastwood dirige con mano firme, con un estilo poderoso, a la vez que emotivo, esta crítica a la ceguera del poder, a la avaricia de los que representan la autoridad y el homenaje a la fuerza de una mujer capaz de enfrentarse a todos ellos por lograr que lo que más quiere en el mundo regrese. Demuestra así (por si no había quedado claro ya) que se desenvuelve como pez en el agua en el terreno del drama (casi todas sus grandes obras lo son), y da a Angelina Jolie un vehículo de lucimiento para que demuestre lo gran actriz que es (aunque en la mayoría de ocasiones sus elecciones de papeles se decanten más por la comercialidad y la previsión de una buena taquilla que por el reconocimiento como intérprete, algo que no se le puede negar –un Oscar y tres Globos de Oro, de momento, así lo atestiguan– y que, tampoco hay que negarlo, a ella le importa más bien poco).

     

  • Planeta en peligro

    cineHace una temporada, cuando nos la tuvimos que ver con la película Invasión, ya tratamos el tema y ya nos preguntamos lo mismo: ¿verdaderamente era necesario hacer un remake de esta película?.

    La respuesta parece evidente, pero de todos modos la daremos. No, no era en absoluto necesario. Y con ello volvemos a lo de siempre: la industria cinematográfica de Hollywood parece estar viviendo una absoluta y brutal carencia de ideas (de hecho, desde hace ya bastantes años es la televisión, las fantásticas series que se vienen realizando desde hace unas cuantas temporadas, la que se lleva todo el talento creativo por parte de los guionistas). Ello les empuja a versionar películas de otros países (por ejemplo, en menos de un mes se estrena la versión yanqui de la gran [Rec], que se llamará Cuarentena), o como en este caso, nuevas versiones, con ligeros cambios en el argumento, de filmes de épocas pasadas.
     

     

    Estados Unidos, 2008. (103’)
    Título original: The day the Earth stood still.
    Director: Scott Derrickson.
    Producción: Paul Harris Boardman, Gregory Goodman, Erwin Stoff.
    Guión: David Scarpa, basado en el guión de Edmund H. North de la película homónima de 1951 (dirigida por Robert Wise).
    Fotografía: David Tattersall.
    Música: Tyler Bates.
    Montaje: Wayne Wahrman.
    Intérpretes: Keanu Reeves (Klaatu), Jennifer Connelly (Helen Benson), Kathy Bates (Regina Jackson), Jaden Smith (Jacon Benson), John Cleese (Profesor Barnhardt), Jon Hamm (Michael Granier), Kyle Chandler (John Driscoll), James Hong (Mr. Wu).

    La doctora Helen Benson es sacada en plena noche de su casa por la Agencia Nacional de Seguridad sin ninguna explicación, y llevada junto a otros reputados científicos a una base secreta. El motivo es la inminente llegada de un meteorito que se estrellará contra Manhattan en unas horas. En él llega un extraterrestre de aspecto humano llamado Klaatu, cuya pretensión es dialogar con los líderes del planeta para que la humanidad cambie su modo de comportarse con la Tierra, sino quieren acabar con ella. Cuando las fuerzas del país traten a Klaatu como un ser hostil, Helen descubrirá el verdadero significado de las intenciones de Klaatu al decir que quiere “salvar la Tierra”, y decide intentar convencer a este ser de que la humanidad es digna de ser salvada.

    Ultimátum a la Tierra tiene el mismo título que su predecesora, la muy interesante cinta de Robert Wise, aunque el argumento cambia ligeramente. Si en aquella Klaatu tenía unas motivaciones cuasi religiosas, y se centraba en la violencia del hombre contra el hombre, en esta nueva versión el hierático ser que interpreta un Keanu Reeves con permanente cara de palo está más interesado en la violencia del ser humano contra el planeta, contra la Naturaleza.

    Hay varias situaciones difíciles de comprender (¿para qué quiere hablar Klaatu con las autoridades para intentar convencerles de que cambien, si cuando le dicen que no resulta que el proceso ya ha comenzado y no puede pararlo?), las interpretaciones son poco menos que aceptables (el niño -hijo de Will Smith en la vida real- entorpece más que ayuda al desarrollo de la historia), la dirección de Derrickson demuestra que es un buen creador de imágenes (las sombras de los árboles alejándose de los pocos espectadores que ven llegar la nave, por ejemplo) pero un mal transmisor de contenidos…

    Los efectos especiales son buenos y visualmente fascinantes. Pero claro, eso, a estas alturas, y con el nivel actual de la tecnología informática, es lo menos que se podía esperar, y no tiene el más mínimo mérito.

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  • ¡Qué guay es ser vampiro!

    Película CrepúsculoCREPÚSCULO

    Cada cierto tiempo, el cine nos entrega una película de vampiros destinada a convertirse en un enorme éxito, en una obsesión para miles y miles de espectadores. Crepúsculo, basada en la primera de las cuatro novelas de la saga concebida por Stephanie Meyer, es la última de ellas. Sus seguidoras, en su inmensa mayoría chicas adolescentes, se hacen llamar “crepusculares” y llevan tatuajes y camisetas con mensajes alusivos al texto del que procede y del que se han vendido diecisiete millones de copias en todo el mundo. Con estos antecedentes era más que predecible que la versión cinematográfica llegase más pronto que tarde.

    Estados Unidos, 2008. (121’)
    Título original:  Twilight.
    Directora: Catherine Hardwicke.
    Producción: Mark Morgan, Greg Mooradian, Wyck Godfrey.
    Guión: Stephanie Meyer, Melissa Rosenberg, basado en la novela de Stephanie Meyer.
    Fotografía: Elliott Davis.
    Música: Carter Burwell.
    Intérpretes: Kristen Stewart (Bella Swan), Robert Pattinson (Edward Cullen), Billy Burke (Charlie Swan), Taylor Lautner (Jacob), Peter Facinelli (Carlisle Cullen), Anna Kendrick (Jessica), Michael Welch (Mike), Christian Serratos (Angela), Elizabeth Reaser (Esme Cullen), Cam Gigandet (James), Ashley Green (Alice), Nikki Reed (Rosalie), Jackson Rathbone (Jasper Hale), Kellan Lutz (Emmett), Edi Gathegi (Laurent), Rachelle Lefevre (Victoria).

     

    Cuando su madre decide irse de viaje con su nueva pareja, Bella Swan, una chica de diecisiete años que siempre se ha considerado diferente al resto del mundo, se muda al pequeño pueblecito de Forks, donde casi siempre llueve y en el que su padre es el jefe de policía. Allí conoce a Edward Cullen, un compañero de clase al que rodea un halo de misterio. Bella siente una irreprimible atracción hacia él, que parece (sólo parece) querer evitarla. Pronto descubre que no es así, y conoce su secreto: es un vampiro. Pero él y su familia no son unos chupasangres al uso: no beben sangre humana, pasean a la luz del día, no viven en oscuros y tétricos castillos… Así que Bella no encontrará que eso sea impedimento para su amor.

    Aunque Edward deberá luchar contra su instinto animal para evitar devorar a su amada.
    La película (y el libro) tienen una historia (en el fondo) muy sencilla. No es más que la típica de chica conoce a chico, se enamoran, y hay fuertes impedimentos que deben superar para poder estar juntos. Nada más. En el apartado visual, la cinta adolece de (muchos) planos inútiles, movimientos de cámara que no conducen a ningún lado, que no explican nada, y que tienen su cenit en la escena en la que Bella descubre el secreto de Edward (en medio del bosque, los dos parados, y la cámara, con continuos travellings, planos aéreos y movimientos con grúas. Además, sufre la enfermedad (habitual en la actualidad) de alargarse en exceso: los problemas graves (no daremos más pistas para los que quieran verla) para la parejita no aparecen hasta casi la hora y media de metraje, cuando la película ya podría haber acabado de no ser por las secuencias repetitivas, insustanciales e innecesarias. De ahí en adelante, todo se precipita, se acelera, con escenas de luchas ciertamente entretenidas.

    Los primeros minutos de la cinta, con la presentación del personaje de Bella son interesantes, argumental y estilísticamente, pero después empieza a perder interés una vez que llega al instituto en su nueva ciudad. Es entonces cuando la cinta se convierte en una película romántica para adolescentes, con personajes que parecen estúpidos (sólo se salvan los Cullen), y un ambiente más que casto, mojigato (aunque eso no es óbice para que hagan gala de sus enormes e insoportables egos). No hay que olvidar, en este sentido, que la autora de la novela es mormona y en la película no hay ni un sólo beso. Y eso que las películas de vampiros siempre han rezumado un potente atractivo sexual. Crepúsculo (la película) ha sido un éxito arrollador en Estados Unidos. Lo cual, si tenemos en cuenta que se han gastado en promoción 40 millones de dólares, aún más que en la producción de la cinta (37 millones), no es raro.
     

  • Una comedia alocada

    cineSUPERHERO MOVIE

    Lo normal es que este tipo de películas nos llegue casi simultáneamente a su estreno mundial (porque tienen garantizado un gran taquillaje en nuestro país), y sin embargo, en esta ocasión se estrena inexplicablemente tarde (en medio mundo lleva estrenada desde finales de marzo).
    En la línea de otros estrenos recientes (como Disaster movie o Epic movie, por ejemplo), Superhero movie se une a ese ‘nuevo’ género de la parodia de un determinado género que (aunque, estrictamente hablando, no es tan nuevo) últimamente está en auge. En esta ocasión le ha tocado el turno a las películas de superhéroes, centrándose especialmente en Spider-Man (aunque también han sido víctimas de los autores: Batman, los X-Men o Los 4  Fantásticos).
     

    Estados Unidos, 2008. (76’)
    Título original: Superhero movie.
    Escrita y dirigida por: Craig Mazin.
    Producción: David Zucker, Robert K. Weiss, Craig Mazin.
    Fotografía: Thomas E. Ackerman.
    Música: James L. Venable.
    Montaje: Andrew S. Eisen, Craig Herring, Dan Schalk.
    Intérpretes: Drake Bell (Rick Riker/Libélula), Sara Paxton (Jill Johnson), Christopher McDonald (Lou Landers/Reloj de Arena), Leslie Nielsen (Tío Albert), Kevin Hart (Trey), Marion Ross (Tía Lucille), Ryan Hansen (Lance Landers), Keith David (Jefe de Policía), Jeffrey Tambor (Dr. Whitby), Tracy Morgan (Dr. Xavier), Craig Bierko (Lobezno), Regina Hall (Sra. Xavier), Pamela Anderson (La mujer inviasible), Marisa Lauren (Tormenta), Simon Rex (La Antorcha Humana).

    La principal diferencia de esta cinta respecto a las otras dos mencionadas anteriormente estriba en que en esta ocasión detrás se encuentra uno de los  grandes maestros de la comedia disparatada: David Zucker, responsable de algunos de los grandes hitos de los años ochenta, que iniciaron este género, como podrían ser Aterriza como puedas y Top Secret!. Y eso se nota.

    Rick Ricker es un pobre perdedor, del que todos sus compañeros de instituto se ríen. Vive con sus tíos desde que sus ricos padres fueron asesinados a la salida del teatro y está enamorado en secreto de su vecina, Jill, que también es compañera de clase. Un día, en una visita escolar a un laboratorio de ingeniería genética, recibe la picadura de una libélula que están tratando y adquiere unos superpoderes que no es capaz de controlar. Poco a poco conseguirá hacerse con ellos y se dedicará a proteger la ciudad de los malos. Hasta que aparezca un malvado con mayúsculas, Reloj de Arena, que pretende matar a miles de personas para conseguir la inmortalidad.

    Superhero movie tiene varios gags verdaderamente desternillantes (la secuencia en el laboratorio o las que protagoniza ‘Tom Cruise’), algunos incluso de verdadera mala leche (los que tienen a Stephen Hawkins como protagonista son demenciales), pero no demasiados para una cinta ques es una sucesión de chistes interminable. También es cierto que vuelve una y otra vez a repetir los mismos de siempre, como las  cansinas pedorretas. No obstante es muy superior a las otras de la ‘saga’ movie. Lo cual sólo deja claro una cosa: lo malas (verdaderamente malas) que eran aquellas, ya que esta simplemente se deja ver, divierte, y provoca risas, que no es poco. En definitiva,  para pasar un buen rato, sin dedicar el tiempo a pensar, comerse un buen paquete de palomitas y poco más.

    Y un último aviso para navegantes, seguidores del género y fans en general de la película: no salgan de la sala en cuanto empiecen los créditos finales, quédense un poco más y podrán ver otros diez minutos de metraje con nuevas escenas que amplían lo visto hasta entonces.

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