Categoría: La película

  • SeFF 2024. Arranca una nueva etapa

    SeFF 2024. Arranca una nueva etapa

    Tras la accidentada edición del año pasado, el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SeFF 2024) regresó a sus fechas habituales y celebró su 21ª edición esta vez de un modo más o menos normal. Lo hizo, eso sí, con significativos cambios. La llegada de un nuevo equipo directivo siempre quiere dejar su marca personal, para significarse y diferenciase de sus precedentes.

    Así, el equipo comandado por el nuevo director del certamen, Manuel Cristóbal, empezó por cambiar la sede principal de las proyecciones (que ahora se ubica en los Cines Odeón del Plaza de Armas), añadió dos secciones competitivas más (Alumbramiento y Rampa, que no todo el mundo termina de comprender del todo), a la vez que eliminaba algunas de las apuestas más arriesgadas, como era Revoluciones Permanentes. Además, ha modificado los premios (que siguen llamándose Giraldillos de Oro, aunque ahora sean una especie de cerámica colorista con la forma de la famosa veleta), y ha cambiado también (aquí está el mayor temor de muchos) la imagen gráfico-nominativa (perdón por el palabro) del festival, que pasa de ser SEFF a SeFF. Esa minúscula, que tan poca cosa parece a primera vista, puede significar una intención (que se niega desde la directiva) de eliminar (o reducir significativamente) la identidad European para pasar a ser sencillamente el Sevilla Film Festival. Esperemos acontecimientos.

    En cuanto al tema cinematográfico en sí, comentemos (como cada año) las cintas participantes de la Sección Oficial, en la que, aunque en principio no había un gran bombazo como sí ha pasado en otras ediciones, sí que hemos podido ver un puñado de buenas películas, y alguna pequeña joya que, evidentemente, han resultado finalmente premiadas por el Jurado Oficial, que este año dirigía una estrella, el gran Jeremy Irons, que se paseó por Sevilla, disfrutó de su comida, y hasta se marcó algún taconeo en un tablao (hay por ahí algún vídeo, todavía secreto, que seguramente saldrá a la luz en algún momento…)

    Empecemos por las premiadas. Tres grandes ganadoras entre las participantes con 2, 3 y 4 premios. La francesa And their children after them, de los hermanos Boukherma, se alzó (contra pronóstico, aunque nadie protestó) con el premio gordo, el Giraldillo de Oro. Y también con el premio al mejor actor, para el joven Paul Kircher. La cinta nos cuenta una historia de iniciación a lo largo de cuatro veranos, en los que un grupo de jóvenes de una ciudad desindustrializada ven cómo la vida se torna en un torbellino. Es una historia a medias entre íntima y apabullante, con buenas interpretaciones, pero que quizá queda lastrada por querer contarlo todo, lo que da como resultado una cinta que va a saltos y que no llega a profundizar en nada en particular. Había mejores opciones para premiar, es cierto, pero también peores. No hubo pataleos, tampoco grandes aplausos.

    Flow del letón Gints Zilbalodis.

    Con tres premios se alzó el letón Gints Zilbalodis, que presentaba la soberbia Flow, cinta animada y sin diálogos (que representa a Letonia en los Oscar del próximo año, y que muy seguramente obtendrá nominación en alguna categoría) en la que un grupo de animales diversos debe unirse para sobrevivir en una Tierra que está siendo devastada por la meteorología y en la que los humanos han desaparecido por completo. Es bella, profunda, toda una experiencia emocional, en la que uno puede verse reflejado en muchos momentos. Recomendadísima. Para ella fueron el Gran Premio del Jurado, el premio al mejor montaje, y el Puerta América (de nueva creación) que premiaba a la mejor cinta de entre las candidatas extranjeras a los Oscar que se proyectaban en el festival (que fueron nada menos que dieciséis).

    Pero la cinta que mayor cantidad de estatuillas recogió fue The girl with the needle, representante danesa en los próximos Oscar. Filme muy interesante y ciertamente perturbador (basado en hechos reales) sobre una asesina en serie en la Copenhague después de la I Guerra Mundial. Sobrecoge más por lo que cuenta que por lo que se ve (no hay gran cantidad de casquería ni de imágenes terroríficas, el terror va en lo dramático), a pesar de que el aspecto estético, ese blanco y negro, ese formato 1,66:1, y esa iluminación casi expresionista, ayudan a mantener la tensión y a que la incomodidad esté presente en el espectador en todo momento. Suyas fueron las menciones a la mejor dirección, mejor actriz (para Trine Dyrholm, aunque muy bien habría podido ir también para su compañera Victoria Carmen Sonne), mejor fotografía y mejor dirección artística.

    The girl with the needle, representante danesa en los Óscar.

    Por último, el premio a mejor guion fue a parar a Secretos de un crimen, representante de Reino Unido para los Oscar. Una historia que tiene lugar en India, y en la que Santosh, una mujer joven que acaba de enviudar y que queda sin medio de subsistencia alguno, se acoge a un plan del gobierno que le permite heredar el trabajo de su marido como agente de policía en una zona rural del norte del país. Poco después, una niña de una casta inferior aparece muerta y violada, y Santosh se verá arrastrada al caso, viviendo los problemas burocráticos, clasistas y machistas de sus superiores. La directora hace alarde de una sutileza enorme, en la que parece que no dice nada pero que sobrecoge y te revuelve en el asiento en muchos momentos. En su contra, parece que no sabe cómo acabar la cinta y hay varios finales perfectos que realmente no lo son, y la película sigue y sigue y sigue…

    A parte de las premiadas, en la Sección Oficial también vimos alguna cinta más a destacar. Como Vida en pausa, de lo mejor del Festival, basada en los (muchos y desconocidos) casos reales del Síndrome de la Resignación, una extraña enfermedad que afecta principalmente a niños refugiados en Suecia, que les lleva a caer en un letargo (más bien un coma) que les deja postrados en cama, mientras sus padres tratan de lograr el asilo. Es desoladora, potentísima, escalofriante, y deja claro que Suecia es una película de terror, y no ese lugar idílico al que muchos les gustaría parecerse. Dirige Alexandros Avranas, el mismo que dirigió la brillante (y desoladora) ‘Miss Violence’. También con conflictos burocráticos se topa el protagonista de ‘A missing part’. En ella, un francés lleva años recorriendo las calles de Tokio como taxista con la esperanza de encontrar a su hija, a la que la madre se llevó tras el divorcio. Los terribles problemas con la legislación nipona, que en casos de divorcio permite quedarse con los hijos al primer miembro del matrimonio que se los lleve, quedan bien reflejados no solo en el protagonista, sino también en una compatriota que lucha desesperadamente por poder ver a su hijo, e incluso en algún local. Soberbio su protagonista, Romain Durais.

    The Antique, desde Georgia (y también elegida por su país para los Oscar), demuestra que el cine georgiano tiene algo, a pesar de ser muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver, que lo hace casi hipnótico. Cuenta la historia de dos almas solitarias, que acaban viviendo juntas cuando ella (joven que trabaja en una tienda de antigüedades) compra a un precio irrisorio la casa de él (un anciano que pone como única condición que la compra le incluye a él como inquilino), para mostrar la brutal e ilegal campaña de deportación de georgianos que ordenó Putin en Rusia a principios de siglo. No llega al nivel de la fantástica ‘¿Qué vemos cuando miramos al cielo?’ de Alexandre Koberidze, que también vimos en el SEFF hace tres años, pero está bastante bien.

    La vida en pausa
    Antique

    Y dos más, bastante diferentes entre sí, en cuanto al tema y al tono. Paul y Paulette take a bath venía con el Premio del Público en la Semana de la Crítica de Venecia. Y no es para menos, porque es una película (y unos personajes) de los que es fácil enamorarse. Paul es un aspirante a fotógrafo estadounidense y Paulette una chica local, ambos amantes del true crime, que tienen un encuentro casual y recorren la capital francesa más alejada del lujo y las luces, la capital de los escenarios de terribles sucesos como la matanza de la sala Bataclan. Historia encantadora y con un humor retorcido y pasado de rosca en no pocas ocasiones, en la que sobresale Marie Benati (la Paulette del título).

    Por último, quizás en el extremo opuesto, Julie keeps quiet. Todo lo que la anterior tenía de luminosa y extrovertida, esta lo tiene de intimista y en cierto modo oscura. Julie es una joven aspirante a estrella del tenis que un día ve cómo, tras el suicidio de otra joven estrella del club, su entrenador personal es suspendido y retirado de la plantilla. Aunque el resto de jugadores y personal empieza a hablar del asunto, de qué ha podido pasar, de sus experiencias con el acusado, ella permanece en silencio (el título es demasiado explícito en ese sentido). En este aspecto, la historia persigue la intimidad de Julie, sus esporádicos encuentros con el entrenador (a pesar de los hechos), y cómo ella va recordando situaciones, conversaciones con él, con una tensión y un desasosiego que va creciendo a medida que pasa el tiempo. 

    En resumen, ha sido un SeFF 2024 que, aunque no ha llegado al nivel de su etapa anterior, ha remontado el vuelo después del susto del pasado 2023. Un festival que comenzó con algún que otro fallo no muy perdonable (en los primeros días hubo alguna proyección que tuvo que cancelarse tras sufrir varios cortes y ser imposible poner en marcha de nuevo la maquinaría), pero que fue avanzando paso a paso. No hablemos de la tomadura de pelo (a muchos nos lo parece) del cartel oficial. Copia y pega, ampliada, del del año pasado. Esperemos que en la próxima edición se recupere en parte lo que era. 

    Julie keeps quie
  • Palmarés con toque español del XVII Sevilla European Film Festival

    Palmarés con toque español del XVII Sevilla European Film Festival

    En un año tan difícil como este, el Sevilla European Film Festival tomó la arriesgada decisión de celebrar el certamen de modo presencial en salas (Huelva, en estos días, y Gijón, a partir del viernes, lo van a hacer de modo online) y ya tiene palmarés de su XVII edición.

    Por ello, hay que felicitar a todo el equipo, que ha conseguido sacarlo adelante, con todas las medidas de seguridad (toma de temperatura a la entrada de cada proyección, separación de tres asientos entre cada espectador, ventilación de las salas entre sesiones, dispensadores de gel hidroalcohólic…). Y que a mitad de festival, con la incorporación de nuevos horarios por parte de la Comunidad de Andalucía, tuvo además que rehacer toda la parrilla para incorporar todas las proyecciones previstas en las horas hábiles. Por ello, enhorabuena (y GRACIAS) a todo el equipo del SEFF por su trabajo ingente y su entrega. Y esperemos que el próximo año, en el que el festival celebrará su mayoría de edad, podamos volver a celebrarlo en las condiciones a las que estamos acostumbrados.

    Así, tras ocho días, en los que pudimos ver, a pesar de todo muy buen cine (algo habitual en el SEFF), el sábado se puso fin al festival con un palmarés con toque español y en el que (en el fondo) no hubo demasiadas sorpresas.

    Premios gordos a las cintas más largas

    Los premios gordos del palmarés fueron a manos de las cintas más largas, ambas con una duración (que a veces se hacía dura) de 200 minutos. Así, el Giraldillo de Oro fue para la rumana Malmkrog, de Cristi Puiu, una historia filosófica y política que refleja la sociedad actual, a pesar de transcurrir en la Rusia del siglo XIX. La película también se llevó el premio al mejor guion. Por su lado, la española El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco, documental sobre las revueltas sociales por la reconversión industrial en Murcia en el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla.

    La cinta alemana Ondina, una historia de amor y venganza con toques (leves) mágicos, que ya venía de ser premiada en Berlín, se llevó los premios a la mejor dirección y al mejor montaje. La italiana Notturno, por su lado, se llevó el premio a la mejor fotografía (quizá lo único verdaderamente destacable de este documental), por su retrato de un Oriente Medio que siempre está en conflicto.

    En el apartado interpretativo, Petra Martínez fue coronada como la mejor actriz por su papel en La vida era eso, una historia de dos mujeres emigrantes españolas de distintas generaciones que se encuentran en un hospital de Bélgica; y el joven Alsény Bathily lo hizo como mejor actor por Gagarine, una película social con un edificio de viviendas a punto de ser derribado que deriva en el fantástico espacial.

    Películas sin premios en el palmarés

    Entre el resto de la sección oficial, películas que se quedaron sin premio, pudimos ver cintas tan interesantes como Ammonite (uno de los platos fuertes de la temporada, y que ya suena para los Oscar del año que viene), Queridos camaradas y DAU. Natasha (ambas sobre la represión que sufría la sociedad soviética en época de la URSS, con el poder del Estado que lo tapaba todo), Fanny Lye deliver’d (magnífica historia de marcado mensaje feminista que merecía premio), Sweat (sobre una influencer adorada por sus seguidoras, pero que siente el terrible peso de la soledad), Karen (muy interesante retrato doméstico de la autora de Memorias de África), Quo vadis, Aida? (durísimo retrato de un momento tan duro de la historia reciente como fue la guerra de los Balcanes) o Borrar el historial (divertidísima historia de tres perdedores que, ante sus problemas con las tecnologías y las redes sociales, le plantan cara a las grandes empresas del sector). Otras, que sólo funcionaban a ratos, son FebruaryNunca volverá a nevar y Siberia.

    En el resto de secciones, un puñado de buenas películas como Apples, la candidata griega a los Oscar, cinta que deja un poso triste en su reflejo de una sociedad que está perdiendo la memoria víctima de una pandemia, y que ganó en la sección Las Nuevas Olas. O la cinta Conference (que recibió el Premio Especial), con el recuerdo de un terrible atentado (real) que sus víctimas recuerdan para no que nadie lo olvide.

    La ganadora de la sección más revolucionaria del festival (Revoluciones Permanentes) fue Time of moulting, con una mención especial para Los inocentes. El Premio del Público (Selección EFA) fue para El profesor de persa, y en Historias Extraordinarias, 200 metros. En la sección Panorama Andaluz, el premiado a mejor largometraje fue la interesante Ojalá mañana.

  • Skin: Camino de redención

    Skin: Camino de redención

    Basada en hechos reales, Skin nos cuenta la vida de Bryon, un joven que desde niño fue criado por unos líderes supremacistas blancos que han provocado en su corazón un profundo odio, marcado también en su piel y en su rostro, plagados de tatuajes con símbolos y lemas de extrema derecha. Cuando se enamora de Julie, madre soltera de tres niñas, decide abandonar ese círculo de odio y violencia en el que está inmerso, aunque su ‘familia’ no se lo pondrá nada fácil.

    Guy Nattiv, director de la cinta, es también el autor de un cortometraje homónimo, que trata el mismo tema aunque la historia sea distinta, y que ganó el Oscar al mejor cortometraje de ficción hace dos años. En ambas obras se habla de la problemática en torno a la subcultura racista y extremista de los cabezas rapadas, aunque el punto de vista es radicalmente opuesto.

    Estados Unidos, 2018 (118′)
    Título original: Skin.
    Escrita y dirigida: Guy Nattiv.
    Producción: Dillon D. Jordan, Oren Moverman, Jaime Ray Newman, Celine Rattray, Guy Nattiv, Trudie Styler.
    Fotografía: Arnaud Potier.
    Música: Dan Romer.
    Montaje: Lee Percy, Michael Taylor.
    Intérpretes: Jamie Bell (Bryon Widner), Danielle Macdonald (Julie Price), Daniel Henshall (Slayer), Bill Camp (Fred ‘Hammer’ Krager), Vera Farmiga (Shareen), Mike Colter (Daryle Jenkins), Louisa Krause (April), Zoe Colletti (Desiree), Kylie Rogers (Sierra), Colbi Garnett (Iggy), Mary Stuart Masterson (Agente Jackie Marks), Russell Posner (Gavin).

    El proceso por el que un neonazi se desengancha de su grupo y acaba renegando de ellos ya ha sido tratado anteriormente en otras películas. Aquí, Nattiv se centra más en el proceso por el que un adolescente, normalmente de procedencia pobre y desarraigada, llega a enrolarse en estos grupos. El deseo de sentirse parte de una causa, de tener una familia en la que sentirse queridos, y que son utilizados por sus líderes para sus planes de asesinar a las minorías a las que achacan todos los males de la sociedad. Así, cuando un joven es captado por la asociación como nuevo integrante, es cuando el protagonista (un muy convincente Jamie Bell, en uno de los mejores papeles de su carrera) empieza a ver cómo sus ideales se van desmoronando y empieza a buscar una salida a su situación.

    Nattiv se sirve del muy doloroso proceso de eliminación de los tatuajes que decoran la piel del protagonista para vincularlo al arduo proceso de separación de la banda. Aunque el guion de Skin, a pesar de sus muy buenas intenciones, peca en muchos momentos de reiterativo y, sobre todo, de no tomar todos los riesgos que debería y que habrían ayudado mucho a la película.

    Al trabajo de Bell, creíble en su proceso de cambio, habría que sumar a la siempre solvente Vera Farmiga y a una estupenda Danielle Macdonald, que ya estaba en el corto homónimo y que es la luz que alumbra el oscuro camino del protagonista.

  • The Gentlemen. Los señores de la mafia:  Retorno a los orígenes

    The Gentlemen. Los señores de la mafia: Retorno a los orígenes

    El británico Guy Ritchie siempre ha tenido un estilo particular y muy definido, a pesar que ha tenido idas y venidas con patinazos como Barridos por la marea o las mucho más recientes Rey Arturo y Aladdin, que es mejor borrar de la memoria. Con The gentlemen, en cierto sentido, vuelve a su tema primigenio, el que ha tratado en multitud de cintas, el del submundo de mafias, traficantes y delincuentes de medio pelo de los bajos fondos ingleses, ese universo cockney en el que antiguamente solía moverse como pez en el agua.

    En la senda de Lock & Stock, de Snatch, cerdos y diamantes, o en cierto sentido de Rock’n’Rolla, The gentlemen sigue el camino de Mickey Pearson, un americano expatriado en Inglaterra que ha triunfado creando un imperio con el tráfico de drogas. Ahora quiere vender su imponente negocio y retirarse a descansar. Pero ninguno de sus potenciales compradores quiere ponérselo fácil, planeando poner obstáculos para abaratar el negocio.

    Estados Unidos, 2019 (113′)
    Título original: The Gentlemen.
    Escrita y dirigida: Guy Ritchie.
    Producción: Ivan Atkinson, Bill Block, Guy Ritchie.
    Fotografía: Alan Stewart.
    Música: Christopher Benstead.
    Montaje: James Herbert.
    Intérpretes: Matthew McConaughey (Mickey Pearson), Charlie Hunnam (Ray), Michelle Dockery (Rosalind Pearson), Hugh Grant (Fletcher), Jeremy Strong (Matthew), Lyne Renée (Jackie), Colin Farrell (Coach), Henry Golding (Dry Eye), Tom Wu (Lord George), Eddie Marsan (Big Dave), Jason Wong (Phuc), Chidi Ajufo (Bunny), Eliot Sumner (Laura).

    Ritchie plantea una trama alambicada, con saltos en el tiempo y entre tramas, entre realidades y posibilidades, entre narraciones (por tanto, subjetivas) y mostraciones (dentro de lo posible, objetivas), que hacen dudar en todo momento de la veracidad de lo que se está viendo. El ritmo es ágil, ayudado por un montaje videoclipero por momentos, y muchas secuencias atrapan por la (conocida) concepción divertida de la violencia a la que el director nos tiene acostumbrados.

    Además, el reparto es brillante, mostrando a intérpretes en papeles que parecen muy alejados a los roles en los que estamos acostumbrados a verlos. En este sentido, es especialmente reseñable el trabajo de Hugh Grant, aunque también los de Colin Farrel o un desatado Matthew McConaughey.

    Sin embargo, a pesar de todo ello, de que la película entretiene, divierte, emociona (a ratos) y sorprende (aunque menos de lo esperado), el tono de Ritchie parece descafeinado respecto al de sus trabajos primigenios. La historia está tan fragmentada que resulta confusa muchas veces, incluso con errores de encaje entre las tramas, y solucionado de forma burda por el elemento que aparece al final (guiño a la propia productora de la cinta). Todo ello hacen que el acierto de volver a los orígenes, no consiga el logro de acercarse al nivel de aquellas.

  • Queen & Slim: Bonnie & Clyde, black and naïf

    Queen & Slim: Bonnie & Clyde, black and naïf

    En Queen & Slim, una pareja de jóvenes afroamericanos, en su primera cita, son detenidos sin motivo aparente por un policía blanco que, en el pasado, ya tuvo problemas por razones semejantes. Cuando en el forcejeo, matan accidentalmente al policía, ambos se ven obligados a emprender una huida desesperada atravesando gran parte de los Estados Unidos, buscando una escapada que saben difícil, y con las autoridades siguiéndoles los talones.

    Queen & Slim es el debut de la directora Melina Matsoukas, que bebe indudablemente de un clásico como Bonnie y Clyde, revisionándolo en formato black-power, y dotando a la historia de una poderosa estética, un aspecto visual decididamente admirable, que esconde una historia verdaderamente aburrida, que se alarga innecesariamente hasta más allá de las dos horas, en las que la trama se sustenta a base de añadir una tras otra pequeñas subtramas, mínimas historias con los personajes que se van encontrando por el camino y que tratan de ayudarles (unos más que otros) como buenamente pueden. A pesar de que los protagonistas tienen todas las papeletas para acabar mal, muy mal.

    Canadá-Estados Unidos, 2019 (132′)
    Título original: Queen & Slim.
    Dirección: Melina Matsoukas.
    Producción: Pamela Abdy, Andrew Coles, James Frey, Michelle Knudsen, Melina Matsoukas, Lena Waithe, Brad Weston.
    Guión: Lena Waithe.
    Fotografía: Tat Radcliffe.
    Montaje: Pete Beaudreau.
    Intérpretes: Daniel Kaluuya (Slim), Jodie Turner-Smith (Queen), Bokeem Woodbine (Tío Earl), Chloë Sevigny (Sra. Shepherd), Flea (Sr. Shepherd), Sturgill Simpson (Oficial de policía Reed), Indya Moore (Diosa), Benito Martínez (Sheriff Edgar), Jahi Di’Allo Winston (Junior)..

    Matsoukas ha creado una cinta irregular, en la que no todas las pequeñas historias funcionan del mismo modo y consiguen el mismo resultado. Algunas, como la del mecánico y su hijo, son poderosas y ayudan significativamente en el mensaje que pretende dar la cinta. Otras, bastantes, parecen estar metidas con calzador, más por darle un pequeño papel a intérpretes que apoyan la causa, pero donde el guion hace aguas peligrosamente.

    Los protagonistas se ven envueltos en una atmósfera de paz, soledad y tranquilidad (casi siempre), y visualmente hay un trabajo hermoso en la creación de imágenes. Pero la narración es plana, monótona. Es una lástima que la historia no termine de enganchar, aunque ello, en realidad, se debe a que tampoco aporta nada nuevo. Es una historia convencional que sorprende en pocos momentos, y aunque funciona en su aspecto de denuncia del racismo, podía haber arriesgado más en su discurso, en vez de dejarse llevar por un tono visual que, en cierto modo, suaviza lo que quiere denunciar.

    Más críticas en https://happyphantomblog.wordpress.com/.

  • Manhattan sin Salida: El bloqueo de las ideas

    Manhattan sin Salida: El bloqueo de las ideas

    A cualquiera que haya visto un puñado de thrillers policiales le resultará (quizá excesivamente) fácil anticiparse a todos y cada uno de los pasos que la trama de Manhattan sin salida vaya a dar en su poco más de hora y media de duración.

    Predecible y repleta de los clichés del género que ya hemos visto cien veces, mil veces, la película, sin embargo, puede llegar a enganchar por su empaque visual, y por el realismo sucio con que su director, Brian Kirk, dota a las imágenes, con la crudeza de la violencia para con los policías, y en cómo se maneja el suspense en cuanto a imágenes, no así en cuanto a sus diálogos, que en algunos momentos llegan a sonrojar.

    Andre Davis es un ex-policía, reconvertido en investigador, que arrastra un trauma y que tiene fama de violento con los violentos, al que le encargan la investigación del asesinato de varios policías.  Estos habían llegado en mal momento a una vinería que era una tapadera de tráfico de drogas, y que estaba siendo atracada por una banda rival que pretendía robar la cocaína.

    Durante la búsqueda contra el reloj de los responsables, antes de que puedan desaparecer, se decide cerrar todos los puentes de acceso a Manhattan, aparte de bloquear las estaciones de bus, tren y metro de la isla, dejándola aislada y encerrada en sí misma. Davis descubre una conspiración, lo que le obligará a discernir entre aquellos a los que caza y los que están tratando de cazarle a él.

    Estados Unidos, 2019 (99′)
    Título original: 21 bridges.
    Dirección: Brian Kirk.
    Producción: Chadwick Boseman, Logan Coles, Mike Larocca, Gigi Pritzker, Anthony Russo, Joe Russo, Robert Simmons.
    Guión: Adam Mervis, Matthew Michael Carnahan.
    Fotografía: Paul Cameron.
    Música: Alex Belcher, Henry Jackman.
    Montaje: Tim Murrell.
    Intérpretes: Chadwick Boseman (Andre Davis), Sienna Miller (Frankie Burns), J.K. Simmons (Capitán McKenna), Stephan James (Michael), Taylor Kitsch (Ray), Keith David (Jefe Ayudante Spencer), Alexander Siddig (Adi), Louis Cancelmi (Bush), Victoria Cartagena (Yolanda), Gary Carr (Hawk), Morocco Omari (Subalcalde Mott), Chris Ghaffari (Brad Gales).

    El principal problema de Manhattan sin salida es que se toma a sí misma demasiado en serio. Quiere hablar de la corrupción policial, de que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos, pero la trama parece escrita con prisas, recopilando ideas de mil sitios y encadenándolas unas detrás de otras. Todo suena a ya visto, todo resulta predecible, no hay sorpresas. Y lo que es peor, si no fuera por la violencia seca de algunas escenas, resultaría risible. Y digo de algunas porque en otras ocasiones, sí, la situación llega a resultar involuntariamente cómica.

    No ayuda el hecho de que la historia esté articulada con dos tramas que discurren paralelas: las del policía y la de los ladrones, llegándose a dar la paradoja de no saber quién es el héroe de la película, a quién estamos siguiendo. Pero, hay muchos más agujeros en un guion que hace trampas y que se contradice a sí mismo, ¿cómo si no explicar que un metro en el que se suben perseguidor y perseguido salga puntualmente, con todos los policías en las cercanías y con la isla bloqueada?

    En fin, un entretenimiento fácil, que se parece a muchas cosas como para tener personalidad propia, y que se olvida tan fácilmente como se ve.
    Más críticas en https://happyphantomblog.wordpress.com/.

  • El escándalo: Las cloacas del poder

    El escándalo: Las cloacas del poder

    Aunque Jay Roach es conocido principalmente por su faceta de director de comedias (en su haber están la saga del agente británico con más sex-appeal (con el permiso de Bond), Austin Powers, y la ‘serie’ de Los padres de ella), en las ocasiones en las que se ha metido en temas más serios (basados siempre en hechos reales), como hizo con Trumbo: La lista negra de Hollywood, el resultado ha sido más que aceptable. En esta ocasión, El escándalo sirve para acercar al gran público unos hechos que removieron la conciencia del país, y sirvieron para derrumbar un imperio televisivo.

    En una época en la que el movimiento #MeToo empezaba a recibir la repercusión que merecía debido (sobre todo) al caso Harvey Weinstein, otro escándalo en los medios audiovisuales sirvió para destapar el de Roger Ailes, todopoderoso director de la Fox News, que durante años había aprovechado su posición para comportarse como un verdadero depredador sexual y llevarse a la cama a decenas de mujeres que trabajaron para él.

    Estados Unidos-Canadá, 2019 (109′)
    Título original: Bombshell.
    Dirección: Jay Roach.
    Producción: A.J. Dix, Aaron L. Gilbert, Robert Graf, Michelle Graham, Beth Kono, Charles Randolph, Margaret Riley, Jay Roach, Charliza Theron.
    Guión: Charles Randolph.
    Fotografía: Barry Ackroyd.
    Música: Theodore Shapiro.
    Montaje: Jon Poll.
    Intérpretes: Charlize Theron (Megyn Kelly), Nicole Kidman (Gretchen Carlson), Margot Robbie (Kayla Pospisil), John Lithgow (Roger Ailes), Allison Janney (Susan Estrich), Malcolm McDowell (Rupert Murdoch), Kate McKinnon (Jess Carr), Connie Britton (Beth Ailes), Liv Hewson (Lily Balin), Brigette Lundy-Paine (Julia Clarke), Mark Duplass (Doug Brunt).

    A través del relato de tres mujeres (dos reales, Megyn Kelly y Gretchen Carlson, interpretadas por Charlize Theron y Nicole Kidman, y una inventada que es un compendio de varias jóvenes que también testificaron contra Ailes, a la que da vida Margot Robbie), la película permite demostrar que era todo un sistema, un grupo de hombres los que se aprovechaban de su poder. La trama bascula pasando de una a otra, y muestra a la perfección cómo la estrategia de los poderosos funcionaba a la perfección, no solo abusando de las mujeres que se ponían en su camino, sino separándolas y aislándolas, haciendo que estas se sintieran rivales entre sí, imposibilitando así que se produjera la sororidad y se asociaran para enfrentarse a ellos y a sus métodos.

    A parte de este mensaje central sobre el que orbita la historia, también hay que destacar la trama política (quizá tratada más superficialmente), en la que la Fox fue determinante para llevar a la presidencia a un tipo como Donald Trump (que ahora incluye a dicha entre sus -muchos- enemigos).
    Roach acierta al comenzar El escándalo rompiendo la cuarta pared al hacer que la protagonista (magnífica Theron) nos muestre dónde se suceden los tejemanejes, dónde se mueve el poder, pero después parece olvidarse de este recurso y plantea una narración más convencional, perdiendo la trama en el camino la fuerza de un poderoso arranque.

    A pesar de la magnífica interpretación de Theron, que modifica su aspecto y su voz para asemejarse a la persona que interpreta hasta fundirse con ella, así como de la de John Lithgow, cuya caracterización de Ailes logra que sintamos el terror ante su sola presencia, y del interés innegable de la historia, Roach pierde la oportunidad de hacer sangre de verdad, y se quede sin mordiente a mitad del camino.

    Más críticas en happyphantomblog.wordpress.com.

  • Judy: Vida atormentada y tormentosa

    Judy: Vida atormentada y tormentosa

    Con un punto de partida semejante al de la reciente El Gordo y el Flaco (Stan & Ollie), con una otrora estrella de Hollywood, ya en sus años bajos y de capa caída, y con las deudas acumulándose, a la que contratan para una serie de espectáculos en Inglaterra, donde todavía se la venera como la estrella que fue, Judy nos cuenta los últimos meses de vida de Judy Garland, la que fue una estrella infantil, que vive (casi) de las rentas, y en cuyo cuerpo han hecho estragos los excesos de alcohol y medicamentos.

    Judy denuncia sin ambages cómo los estudios explotaban despiadadamente a sus estrellas, a través de diversos flashbacks en los que la estrella incipiente, apenas una joven adolescente sin experiencia, se enfrenta al duro rodaje de El mago de Oz, con un Louis B. Mayer que le robó su adolescencia, la sometió a un duro régimen (de trabajo y alimenticio) y la obligó a tomar un montón de pastillas, provocándole una adicción que mantendría a la estrella enganchada toda su vida. Es terriblemente dolorosa la escena en la que, ya en la actualidad de la cinta, le entregan una tarta por su cumpleaños y ella la mira, dando vueltas al plato, sin atreverse a comer más que unas migajas.

    Reino Unido, 2019 (118′)
    Dirección: Rupert Goold.
    Producción: David Livingstone.
    Guión: Tom Edge, basado en la obra de teatro de Peter Quilter.
    Fotografía: Ole Bratt Birkeland.
    Música: Gabriel Yared.
    Montaje: Melanie Oliver.
    Intérpretes: Renée Zellweger (Judy Garland), Jessie Buckley (Rosalyn Wilder), Finn Wittrock (Mickey Deans), Rufus Sewell (Sid Luft), Michael Gambon (Bernard Delfont), Richard Cordery (Louis B. Mayer), Royce Pierreson (Burt Rhodes), Darci Shaw (Judy, joven), Andy Nyman (Dan), Daniel Cerqueira (Stan), Bella Ramsey (Lorna Luft), Gemma-Leah Devereux (Liza Minelli).

    La personalidad complicada de Garland, mujer a la que los estudios le robaron una infancia de la que apenas pudo disfrutar, ‘secuestrada’ en un gran estudio en el que ni siquiera le dejaban tomarse una hamburguesa, con una vida oscura y difícil, en la que no faltaron los abusos y las palizas (aunque en la cinta de Goold se pase casi de puntillas sobre el tema), estuvo llena de alcohol y pastillas, lo que muchas veces la hacían insoportable e incapaz de realizar su trabajo, pero que en una buena noche mostraba de un talento insuperable, es representada de modo soberbio por Renée Zellweger.

    La actriz, si bien es cierto que tiene momentos de gran brillantez, interpretando ella misma las canciones de Garland (anteriormente ya cantó y estuvo nominada al Oscar por su trabajo en Chicago), y que casi con total seguridad le servirán para ganar su segunda estatuilla el próximo domingo, tiene también otros momentos en los que roza la caricatura.

    La película de Goold no puede olvidar que es un biopic y, aunque se agradece que no caiga en el sentimentalismo, en determinados momentos se deja llevar por los elementos habituales de este tipo de películas. Podía haber sido más arriesgada, pero el resultado final es demasiado convencional, incluso en el apartado visual, dejando a Judy en poco más que una gran interpretación.

    Más críticas en este enlace.

  • Aguas oscuras: David contra Goliat, otra vez

    Aguas oscuras: David contra Goliat, otra vez

    En estos tiempos, donde la lucha medioambiental por salvar el planeta está en boca de todo el mundo, una película como Aguas oscuras puede resultar necesaria. Pero el nuevo trabajo de Todd Haynes huele a encargo desde lejos, lo cual en sí mismo no es malo, aunque parece hecha con prisas, para adecuarse al momento que vivimos, y por ello, a pesar de su buen empaque visual, de su buena puesta en escena, esas prisas y cierta desgana en su director, se notan en muchos momentos.

    Basada en hechos reales, narra la lucha (casi en solitario) de un abogado que se enfrentó contra la multinacional DuPont, un imperio de agroquímicos, cuando descubrió que había provocado enfermedades, contaminación y muerte masiva de ganado en el pueblo de Parkersburg, y que sirvió para sacar a la luz los peligros del uso del teflón tanto para el medio ambiente como para la salud humana, poniendo en riesgo en el camino su trabajo, su familia y su salud.

    Estados Unidos, 2019 (126′).
    Título original: Dark waters.
    Dirección: Todd Haynes.
    Producción: Pamela Koffler, Mark Ruffalo, Jeff Skoll, Christine Vachon.
    Guión: Matthew Michael Carnahan, Mario Correa, basado en el artículo de Nathaniel Rich.
    Fotografía: Edward Lachman.
    Música: Marcelo Zarvos.
    Montaje: Affonso Gonçalves.
    Intérpretes: Mark Ruffalo (Robert Bilott), Anne Hathaway (Sarah Bilott), Tim Robbins (Tom Terp), Bill Pullman (Harry Dietzler), Bill Camp (Wilbur Tennant), Victor Garber (Phil Donnelly), Mare Winningham (Darlene Kiger), William Jackson Harper (James Ross), Louisa Krause (Karla), Kevin Crowley (Larry Winter).

    Aguas oscuras tiene una estructura clásica, y (lo que es peor) una historia que suena a ya vista. Una historia de David contra Goliat que ha aparecido en multitud de películas antes, como Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000), Acción civil (Steven Zaillian, 1998) o, en cierto modo, Tierra prometida (Gus van Sant, 20012). Así las cosas, Haynes parece romper con su trayectoria anterior realizando un filme muy convencional, lejos de la provocación a la que nos tenía acostumbrados en su filmografía.

    La historia se desarrolla sin grandes excesos, sin fuerza, con momentos clave que uno ve venir desde lejos (aunque no conozca la historia original en la que se basa), sin dar ninguna sorpresa, y en donde se puede destacar (si acaso) la fotografía de Edward Lachman.

    El reparto está lleno de nombres conocidos y de prestigio, pero todos ellos resultan infrautilizados, siendo el caso más sangrante el de Anne Hathaway, quizás el secundario más desdibujado de la trama, reducida a mera comparsa que no aporta absolutamente nada al desarrollo de la historia, y muy poco al del personaje protagonista, un flojo Mark Ruffalo sobre el que se centra la trama y que está en pantalla casi perpetuamente.

  • Jojo Rabbit: Contra el fanatismo

    Jojo Rabbit: Contra el fanatismo

    Ha sido vista por algunos como una especie de actualización de La vida es bella (Roberto Benigni, 1997). Jojo Rabbit, la nueva película de Taika Waititi (al que conocimos gracias a la descacharrante Lo que hacemos en las sombras) es una película que llega a desconcertar en algunos momentos, pero que siempre resulta fascinante.

    Waititi ha hecho una lectura de la Alemania nazi colorista y divertida, que visualmente recuerda por momentos al cine de Wes Anderson, y en la que los nazis parecen bufones, con situaciones que provocan la carcajada a pesar de la negrura y lo afilado de su humor, pero en la que, en determinados momentos, la realidad se impone para darnos una bofetada, encogernos el corazón y el estómago, y dejarnos casi sin aire.

    Jojo es un niño tímido y solitario de diez años que pertenece a las Juventudes Hitlerianas. Antisemita convencido, más por lo que le han contado otros que por conocimiento propio, y fanático seguidor de Hitler, imagina que este es su amigo y que le da consejos de vida. Su mundo se pone patas arriba cuando descubre que su madre esconde en el ático a Elsa, una adolescente judía. Jojo duda entonces si denunciarla o no, ya que los que alojan a los perseguidos también serían duramente castigados.

    EE.UU.-República Checa-Nueva Zelanda, 2019 (108′)
    Escrita y dirigida: Taika Waititi, basado en la novela de Christine Leunens.
    Producción: Carthew Neal, Taika Waititi, Chelsea Winstanley.
    Fotografía: Mihai Malaimare, Jr.
    Música: Michael Giacchino.
    Montaje: Tom Eagles.
    Intérpretes: Roman Griffin Davis (Jojo), Thomasin McKenzie (Elsa), Scarlett Johansson (Rosie), Taika Waititi (Adolf), Sam Rockwell (Capitán Klenzendorf), Rebel Wilson (Fraulein Rahm), Alfie Allen (Finkel), Stephen Merchant (Deertz), Archie Yates (Yorki).

    Película que sorprende

    A pesar de que es un tema que se ha tratado en multitud de películas, Waititi consigue que todo nos sorprenda y no nos suene (demasiado al menos) a ya visto. La Alemania nazi, en el último año de la guerra, cuando el fin del Reich es inminente, es sin embargo un lugar donde el conflicto no se nota. O no en principio. Hay colorido, hay alegría, hay diversión. A pesar de que haya también cadáveres de prisioneros ejecutados por las calles. La novedad en Jojo Rabbit radica en que el punto de vista desde el que vemos todo es el de los niños, los de Jojo en concreto.

    Jojo Rabbit trata de indagar en qué fue lo que pudo ocurrir en las mentes de millones de personas, muchas de ellas adolescentes, para que vieran en la figura de Adolf Hitler alguien a quien idolatrar, equiparable al nivel en que hoy se adoran a las figuras de la música pop-rock. Por ello arranca, inteligentemente, con la versión alemana del I wanna hold your hand de The Beatles, sobre imágenes reales de masas de jóvenes jaleando al dictador al modo en que ocurría con la banda de Liverpool.

    Un reparto magnífico, con trabajos destacables de los jóvenes Roman Griffin Davis y Archie Yates, de Thomasin McKenzie, y de Sam Rockwell, Rebel Wilson y Scarlett Johansson (que recibe por este papel una de sus dos nominaciones al Oscar de este año), da lustre a una película que puede pasar por ser una cinta pequeña, pero que lleva detrás mucho más bagaje del que podría aparentar.

    Estilo infantil y luminoso de Jojo Rabbit

    El estilo es conscientemente infantil y luminoso (no en vano lo vemos desde la perspectiva de un niño), pero el tema de la barbarie nazi no está suavizado y vemos la crueldad por la calle, nos impacta y nos destroza en el momento más inesperado. Jojo busca identificarse, busca compañeros, y es feliz con su madre y su mejor amigo (el adorable Yorki). Hasta que su mundo imaginario en el que los judíos son monstruos demoníacos se viene abajo al conocer a esa Elsa en la que no parece ver todos los males que le atribuyen.

    Bajo esa apariencia casi naif, Waititi consigue trasladar su mensaje principal, que es imprescindible conocer al diferente para comprenderle y hasta para quererle. Algo que, en los complicados momentos actuales, resulta más necesario que nunca.