Categoría: La película

  • 1917: Una experiencia inmersiva en las salas de cine

    1917: Una experiencia inmersiva en las salas de cine

    El debut como director de cine de Sam Mendes, que en aquellos momentos era ya un muy afamado director teatral, fue la fantástica American beauty, en 1999, película que acabaría llevándose cinco Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor dirección. Tras ella, seis películas más (alguna magnífica, otras no tanto), hasta esta obra magna que es 1917, con la que tiene probabilidades de repetir este año el mismo éxito en los premios más famosos del planeta, gracias a sus diez nominaciones.

    Mendes ha creado una película que, más allá del prodigio técnico que significa el contar una historia en un plano secuencia (evidentemente falseado, de hecho hay al menos un par de cortes más que evidentes) de dos horas, supone una experiencia inmersiva, una experiencia cinematográfica de primer nivel en la que consigue el logro de, sin cortar la toma, cambiar de escenario, modificar el ritmo de la trama, moverse entre géneros… 1917 es una auténtica joya del cine bélico en la que lo que menos importa es la guerra en sí.

    Cuando la entonces conocida como Gran Guerra se encuentra en su momento más duro, el ejército alemán se retira de la primera línea. Todo es, en realidad, una estratagema para pillar por sorpresa al ejército británico. Por ello, el Alto Mando inglés envía a dos soldados, Schofield y Blake, para avisar a la primera línea de su ejército, que desconoce la trampa porque los germanos han cortado las comunicaciones en su huida. Para ello, deben atravesar territorio enemigo, ignorando quiénes y dónde se esconden, para entregar el mensaje que evite la masacre de cientos de soldados, entre ellos el propio hermano de Blake.

    Reino Unido-Estados Unidos, 2019 (119′)
    Dirección: Sam Mendes.
    Producción: Pippa Harris, Callum McDougall, Sam Mendes, Brian Oliver, Jayne-Ann Tenggren.
    Guión: Sam Mendes, Krysty Wilson-Cairns.
    Fotografía: Roger Deakins.
    Música: Thomas Newman.
    Montaje: Lee Smith.
    Intérpretes: Dean-Charles Chapman (Cabo Blake), George MacKay (Cabo Schofield), Daniel Mays (Sargento Sanders), Colin Firth (General Erinmore), Pip Carter (Teniente Carter), Andy Apollo (Sargento Miller), Paul Tinto (Suboficial Baker), Billy Postlethwaite (Suboficial Harvey), Mark Strong (Capitán Smith), Claire Duburcq (Lauri), Benedict Cumberbatch (Coronel Mackenzie).

    Las elipsis en 1917 están creadas de modo sublime. Apenas se perciben, por el magnífico tratamiento del tiempo de Mendes (en las dos horas de la película transcurre un día completo). A pesar de que la cámara no abandona en ningún momento a los protagonistas, a los que vemos sufrir los estragos de una guerra (en el paseo por el campo de batalla podemos sentir el hedor de los cadáveres, el fango en nuestros pies, la tensión por el miedo), el tiempo pasa sin que te des cuenta, y llega la noche. Es entonces cuando vivimos una de las escenas más emotivas, si no la que más, de la cinta: la del encuentro con la joven francesa escondida con un bebé, y que ayuda a transmitir el verdadero mensaje de la cinta, el del sinsentido de la guerra, el antibelicismo, la fragilidad humana y la generosidad en los momentos de mayor necesidad.

    1917 funciona en todos sus aspectos. Sobre todo en su aspecto técnico, con un trabajo sublime de Roger Deakins en la cámara, con la magnífica banda sonora de Thomas Newman, con una puesta en escena en la que sentimos el barro, la sangre, las balas… En el apartado actoral, los dos jóvenes actores mantienen el tipo rodeados de pesos pesados del cine británico (Firth, Strong, Cumberbatch…)

    Mendes nos regala una obra fastuosa, todo un logro inmersivo en el que consigue que vivamos en nuestra propia piel las alambradas que se clavan en la mano, el olor de los muertos, las aguas heladas que nos arrastran, las ratas y que se nos encoja el estómago y el corazón en los momentos duros que toda guerra acarrea. 1917 es una obra inmensa. Todo gracias, o a pesar de, el aparato visual que supone el haberla rodado en un (falseado, sí) plano secuencia magnífico.

  • Richard Jewell: Héroe y villano

    Richard Jewell: Héroe y villano

    La carrera del (muy) veterano Clint Eastwood se ha decantado en su última etapa por retratar la vida de héroes de carne y hueso, personas reales que llevaron a cabo hechos que salvaron vidas, pero cuya actuación fue considerada controvertida por los medios o las autoridades. Así, esta Richard Jewell se viene a unir a sus recientes El francotirador, Sully y 15:17 Tren a París.

    El Richard Jewell que da título a la cinta es un guardia de seguridad que trabaja en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. Un día descubre una mochila abandonada en medio de un concierto y le resulta sospechosa, por lo que consigue que evacuen la zona, logrando así salvar decenas de vidas cuando se produjo la consecuente explosión. Jewell fue considerado un héroe, y todas las televisiones se rifaban sus apariciones. Pero pronto, por diversas circunstancias superfluas, pasó a ser el principal sospechoso, siendo investigado por el FBI y acosado por los mismos medios que lo ensalzaron, haciendo de su vida un infierno.

    Estados Unidos, 2019 (131′)
    Dirección: Clint Eastwood.
    Producción: Jennifer Davisson, Leonardo DiCaprio, Clint Eastwood, Jonah Hill, Jessica Meier, Kevin Misher, Tim Moore.
    Guión: Billy Ray, basado en el artículo de Marie Brenner.
    Fotografía: Yves Bélanger.
    Música: Arturo Sandoval.
    Montaje: Joel Coxn.
    Intérpretes: Paul Walter Hauser (Richard Jewell), Sam Rockwell (Watson Bryant), Olivia Wilde (Kathy Scruggs), Mike Pniewski (Brandon Walker), Jon Hamm (Tom Shaw), Ian Gomez (Dan Bennet), Nina Arianda (Nadya Light), Kathy Bates (Bobi Jewell), Charles Green (Dr. Ray Cleere).

    Eastwood huye de teorías conspiranoicas y se dedica a retratar la vida íntima del protagonista, un pobre perdedor, un tipo sencillo y honrado (al que da vida de manera sobresaliente Paul Walter Hauser) obsesionado con la ley y el orden, pero demasiado obeso como para ser aceptado en la policía, a la vez que hace un retrato feroz contra las autoridades, que quieren resolver demasiado pronto los hechos y dirigen sus pasos en la búsqueda de un cabeza de turco que cargue con el muerto, y hasta con la prensa, representada sobre todo por una periodista sin escrúpulos que tarda poco en poner en el foco al pobre Jewell.

    La película ha tenido aquí su principal polémica, al insinuar que la periodista consiguió el soplo de parte de un agente a cambio de sexo. Además demoniza al personaje (interpretado por Olivia Wilde) al que no deja precisamente en buen lugar. Lo cierto es que, vista la película, esta situación no es tal como la planteaban. Ignora la historia, además, que la periodista y el agente en realidad mantenían ya una relación previa, y que incluso llegaron a vivir juntos. Richard Jewell tiene un ritmo implacable, a la par que un estilo sobrio y clásico, que hace que la película sea una buena obra de cine, si bien está lejos de los mejores filmes de Eastwood.

  • Mujercitas: Gerwig y el clásico feminista

    Mujercitas: Gerwig y el clásico feminista

    Con tan solo dos películas, la muy interesante Ladybird, y esta Mujercitas, nueva versión del clásico de la literatura del que se acaban de cumplir 150 años, Greta Gerwig se consolida como una de las realizadoras con más potencial (entre ellas y ellos) y cuya carrera conviene seguir muy de cerca. Para esta su nueva película, la directora y guionista vuelve a contar con Saoirse Ronan y Thimotée Chalamet como protagonistas (como parte de un elenco que incluye muchos nombres conocidos, pero donde los que destacan no son precisamente los más populares).

    La historia narrada en Mujercitas es de sobras conocida (no en vano se han hecho ya otras cinco versiones cinematográficas sobre las obras semiautobiográficas de Louise May Alcott): Jo, Meg, Amy y Beth son cuatro hermanas adolescentes que tratan de salir adelante al cuidado de su madre, mientras el padre de familia y todo el país se hallan sumidos en plena guerra civil. A la vez que intentan explotar sus inquietudes artísticas, descubrirán el amor y las relaciones familiares y románticas.

    Gerwig, a pesar de que este era un proyecto basado en un encargo, se ha apoyado en la profunda pasión que siente por la autora y por la obra, para hacer una película con una fuerza arrolladora y que, en el fondo, guarda parecido con su primera película, al centrarse ambas en el crecimiento de una adolescente que tiene una ambición que no cabe en el entorno en el que les ha tocado vivir.

    La Mujercitas de Gerwig es una cinta que va de menos a más, y su fuerza reside (entre otros puntos) en la estructura que la directora le ha otorgado. Acierta al mezclar las dos líneas temporales que ya tenía la historia, comenzando por el final (o casi) para estar constantemente yendo hacia el pasado y hacia el presente, mostrando diversos paralelismos y enriqueciendo así una trama en la que el tema principal es el paso del tiempo. Ambas, además, rodadas con distinta iluminación y tonalidad cromática, pasando de los cálidos y anaranjados del pasado, cuando todo era felicidad, y los fríos, lúgubres y azulados de un presente más sombrío. Ello sin contar con que explota y desarrolla mucho más el profundo enfoque feminista de la obra de Alcott.

    Mucho más moderna que cualquier otra adaptación hasta la fecha, Gerwig también homenajea a Alcott de un modo que hasta ahora no se había hecho. La cinta utiliza un toque ciertamente metalingüístico, en el que dudamos (por el modo consciente en el que la directora-guionista nos cuenta la historia) de si estamos ante la historia que cuenta Alcott o la que cuenta Jo en el libro que escribe. Una ficción dentro de otra ficción en la que se cuentan unos hechos reales, que nunca terminamos de identificar del todo.

    En el apartado interpretativo, sobre todos los protagonistas de renombre, destaca el trabajo de una inmensa Florence Pugh, que da vida a Amy, el personaje más denostado de las versiones anteriores, y que tiene las frases más demoledoras de toda la película, comiéndose a todos sus compañeros en cada escena en la que aparece. Por contra, tanto Emma Watson como Timothée Chalamet están desaprovechados y por debajo de lo acostumbrado. La banda sonora, aunque sea de un clásico como Alexandre Desplat, satura por su presencia (casi) perpetua.

    Greta Gerwig ha creado con Mujercitas una película poliédrica, con una intensidad que va en aumento a medida que el metraje avanza, con alguna que otra escena en exceso melodramática, con un profundo mensaje feminista y una fuerza arrolladora gracias a su estructura, a su escritura, a su autoreferencialidad, y unas interpretaciones (Florence Pugh, recuerden este nombre) en general magníficas.

    Estados Unidos, 2019 (134′)
    Escrita y dirigida: Greta Gerwig, basado en la novela de Louisa May Alcott.
    Producción: Denise di Novi, Amy Pascal, Robin Swicord.
    Fotografía: Yorick Le Saux.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Nick Houy.
    Intérpretes: Saoirse Ronan (Jo March), Emma Watson (Meg March), Florence Pugh (Amy March), Eliza Scanlen (Beth March), Laura Dern (Marmee March), Thimotée Chalamet (Theodore ‘Laurie’ Laurence), Tracy Letts (Sr. Dashwood), Bob Odenkirk (Padre March), James Norton (John Brooke), Louis Garrel (Friedrich Bhaer), Jayne Houdyshell (Hannah), Chris Cooper (Sr. Laurence), Meryl Streep (Tía March).

  • Star Wars El ascenso de Skywalker: Un mal cierre para una saga

    Star Wars El ascenso de Skywalker: Un mal cierre para una saga

    Aunque, en un principio, se habló de una cuarta trilogía, finalmente la saga termina aquí con Star Wars El ascenso de Skywalker. Lo hace después de nueve películas de la trama principal (aparte de alguna que otra serie y otras dos cintas que ampliaban la historia, creadas sobre todo desde que la todopoderosa Disney se hizo con los derechos de la saga y decidió sacarle el mayor partido posible).

    Y visto los resultados de esta entrega final, agradecemos que se termine. El ascenso de Skywalker es un batiburrillo aturullado de referencias en las que las cosas pasan por que sí, sin que importe mucho si tiene lógica o no, y que se preocupa más por la pirotecnia visual (es verdad, magnífica) y por agradar a los fans con guiños a las primigenias que por dar un cierre de altura a una historia que comenzó con éxito hace más de 40 años.

    Después de la muy criticada entrega anterior, que dirigió Rian Johnson, J.J. Abrams vuelve a la saga para cerrar contentando a los fans. Para ello, retoma la historia un año después de los hechos narrados en Los últimos Jedi, cuando lo poco que queda de la Resistencia se prepara para dar el golpe definitivo a la Primera Orden. Mientras Rey entrena para convertirse en Jedi, y Kylo Ren va camino de convertirse en el sucesor de Palpatine, que ha creado en secreto la Orden Final, para acabar con los seguidores de la Generala Leia y con todos los Jedi de una vez por toda, y que los Sith gobiernen en la galaxia.

    Estados Unidos, 2019 (141′)
    Dirección: J.J. Abrams.
    Producción: J.J. Abrams, Kathleen Kennedy, Michelle Rejwan.
    Guión: Chris Terrio, J.J. Abrams, basado en los personajes creados por George Lucas.
    Fotografía: Dan Mindel.
    Música: John Williams.
    Montaje: Maryann Brandon, Stefan Grube.
    Intérpretes: Daisy Ridley (Rey), Adam Driver (Kylo Ren), Mark Hamill (Luke Skywalker), Carrie Fisher (Leia Organa), John Boyega (Finn), Oscar Isaac (Poe Dameron), Anyhony Daniels (C-3PO), Naomi Ackie (Jannah), Domhnall Gleeson (General Hux), Richard E. Grant (General Pryde), Lupita Nyong’o (Maz Kanata), Keri Russell (Zorii Bliss), Joonas Suotamo (Chewbacca), Kelly Marie Tran (Rose Tico), Ian McDiarmid (Emperador Palpatine), Billy Dee Williams (Lando Calrissian).

    Abrams comete muchos errores. Aunque el principal es querer cerrar absolutamente todas las tramas. Y comenzar a contar mil cosas, claro. Quiere abarcar tanto que todo resulta enrevesado y superficial. Además, para que no haya que pensar mucho, todo resulta muy evidente, y muchas de las situaciones carecen de sentido, ocurren porque sí, porque deben ocurrir, sin pies ni cabeza.

    Star Wars El ascenso de Skywalker es además un claro homenaje a los seguidores más antiguos de la saga, con la aparición de (casi) todos los personajes de la trilogía original. Aunque es precisamente originalidad lo que no le sobra a la El ascenso de Skywalker, ya que los embrollos principales terminan resolviéndose del mismo modo. ¿Recordáis aquel famoso “Yo soy tu padre”?. Pues básicamente más de lo mismo, ya que en esta última trilogía el conflicto que más interesaba a la protagonista era precisamente conocer sus orígenes.

    La película avanza atropellándose a sí misma, sin saber hacia dónde se dirige, subrayando exageradamente y hasta el ridículo todo “descubrimiento” (ese “Yo soy el espía” que desvela alguien es uno de los ejemplos más claros), con batallas que visualmente son tan espectaculares como confusas, y enfrentamientos psíquicos (los de Kylo y Rey) que de tanto repetirse llegan a aburrir y exasperar. La película funciona por acumulación, hasta llegar a un final apoteósico (no es un piropo) que recuerda al de otra gran saga, el de Vengadores: EndGame.

    Es una lástima que el tono feminista de convertir en la salvadora del universo a una mujer quede eclipsado por una narración que se excede en temas y los zanja de modo simplista, que no sabe cómo enganchar y embarulla todo, con mil personajes y con mil sinsentidos, que hace que todo quede lejos de ser ese broche de oro que se pretendía con Star Wars El ascenso de Skywalker.

  • El Traidor: La familia de la Mafia

    El Traidor: La familia de la Mafia

    Marco Bellocchio es uno de los clásicos del cine italiano, un hombre que sigue en plena forma fílmica a sus ochenta años. Ahora, tras pasar por Cannes, vuelve con su nueva cinta, El traidor, película que ha arrasado en su país llevándose siete premios de la crítica italiana (mejor película, director, guion, actor, actor de reparto, montaje y banda sonora). Así como dos Globos de Oro italianos (no confundir con los otros premios homónimos que se entregan en Hollywood) al mejor director y banda sonora. Además de haber sido seleccionada por su país para representarla en la próxima edición de los Oscar (aunque no ha pasado el último corte).

    Basada en hechos reales, El traidor sigue los pasos de Tommaso Buscetta, un soldado de la Cosa Nostra, que en plena batalla entre las familias que la componen decide escapar a Brasil, dejando todo atrás, a su familia real, y a la del crimen. Poco después de que sus dos hijos mayores sean asesinados por las bandas rivales, sin que él pueda hacer nada por evitarlo, es detenido por la policía brasileña y extraditado a Italia. Entonces, toma una decisión inesperada para todos: reunirse con el juez Falcone y delatar a toda la organización, traicionando el juramento que hizo a la Cosa Nostra.

    Bellocchio estructura su película con continuos flash-backs (algunos apenas duran unos segundos) que van ampliando la información, o explicando las motivaciones y orígenes de los hechos del presente. Aunque también es cierto que alguno de ellos es prescindible, y lo único que hace es alargar innecesariamente un metraje abultado. Ello no impide que El traidor sea una película de evidente fuerza emocional y un ritmo que (con alguna excepción) se mantiene constante.

    Visualmente tiene momentos muy contundentes, como ese contador de muertes, en continuo ascenso, que se detiene con cada escena de asesinato (alguno rodado de modo salvaje y con una estética fascinante), o el último atentado que se muestra, ya cercano el final, desde dentro de un coche. Sin embargo, la escena más brutal y sobrecogedora no está protagonizada, contradictoriamente, por los miembros de la mafia, sino por la policía brasileña, que, para sonsacar información a Buscetta, amenaza con lanzar a su mujer desde un helicóptero.

    El traidor Buscetta, cuya figura podría considerarse un héroe por dar nombre y delatar a capos de la mafia como Pippo Calò o Salvatore Riina, de no ser porque antes había sido él mismo un asesino sanguinario, y que protagoniza de modo muy destacable Pierfrancesco Favino, no es ensalzado por Bellocchio, quien más bien trata de hacer un retrato poderoso de las cloacas del estado, que removieron todas las entrañas del estado italiano no hace demasiado tiempo. Así, el realizador nos presenta otro episodio de la historia reciente del país transalpino.

    Italia-Francia-Alemania-Brasil, 2019 (145′)
    Título original: Il traditore.
    Dirección: Marco Bellocchio.
    Producción: Beppe Caschetto, Viola Fügen, Simone Gattoni, Caio Gullane, Fabiano Gullane, Alexandra Henochsberg, Michael Weber.
    Guión: Marco Bellocchio, Valia Santella, Ludovica Rampoldi, Francesco Piccolo, Francesco La Licata.
    Fotografía: Vladan Radovic.
    Música: Francesca Calvelli.
    Montaje: Joan Manel Vilaseca.
    Intérpretes: Pierfrancesco Favino (Tommaso Buscetta), Luigi Lo Cascio (Totuccio Contorno), Fausto Russo Alesi (Giovanni Falcone), Maria Fernanda Cândido (Maria Cristina de Almeida Guimaraes), Fabrizio Ferracane (Pippo Calò), Nicola Calì (Totò Riina), Giovanni Calcagno (Tano Badalamenti), Bruno Cariello (Alfonso Giordano), Bebo Storti (Franco Coppi), Vincenzo Pirrotta (Luciano Liggio).

  • La gran mentira: Giros sin sorpresa

    La gran mentira: Giros sin sorpresa

    El gran problema de tener un bagaje cinéfilo compuesto de varios miles de películas, de diverso calado, época, procedencia y estilo, es que cada vez es más difícil que te sorprendan, por complicado o rebuscado que sea el giro de la trama de la cinta en cuestión. Es eso precisamente de lo que adolece esta La gran mentira, que basa su golpe final en un giro en su trama que debe causar sorpresa en el espectador, pero que, a pesar de que se esfuerza en esconderlo, es fácil de intuir casi desde el principio. Por lo que, a pesar de que está realizada con solvencia, sorpresa, lo que se dice sorpresa, no causa.

    Roy y Betty son dos jubilados que quedan para conocerse a través de una web de citas y enseguida conectan y entablan una relación en la que se acompañan en sus últimos años. En realidad es una relación desigual, ya que Roy no es el dulce anciano que aparenta, sino un despiadado y violento estafador junto a un compañero con el que se hace pasar por inversos y banquero, y sabe que Betty es una viuda adinerada cuyo dinero planea robar sin que la desdichada Betty se dé cuenta. El problema es que Roy se sorprende a sí mismo al descubrir que alberga sentimientos hacia ella.

    La Gran Mentira arranca de modo interesante y no ofrece ninguna sorpresa más allá de la trama alemana (que por cierto parece metida con calzador y con el único objetivo precisamente de ofrecer algo inesperado), pero no en su giro final, que se ve venir desde muy lejos (aunque se empeñe en ocultar las posibles pistas), lo único que puede ofrecer la última cinta de un director tan irregular como Bill Condon es el inmenso trabajo de dos grandes intérpretes como Ian McKellen y Helen Mirren en su primer trabajo juntos.

    Condon muestra diversas referencias cinéfilas durante la historia, aunque la más evidente es la de la Malditos bastardos de Tarantino (que cobra más sentido al final de la cinta), aunque también a Los impostores (Ridley Scott, 2003) y otras. Pese a ello, o motivado por ello, La gran mentira resulta una película plana, en la que la narración es clásica, sin riesgos, con giros torpes y esperados, y una banda sonora que tiene una presencia permanente que, en muchos momentos, lejos de reforzar la trama lo que consigue es despistar y sacarte de la historia.

    Estados Unidos, 2019 (109′)
    Título original: The good liar.
    Dirección: Bill Condon.
    Producción: Bill Condon, Greg Yolen.
    Guión: Jeffrey Hatcher, basado en la novela de Nicholas Searle.
    Fotografía: Tobias A. Schliessler.
    Música: Carter Burwell.
    Montaje: Virginia Katz.
    Intérpretes: Helen Mirren (Betty McLeish), Ian McKellen (Roy Courtnay), Russell Tovey (Stephen), Jim Carter (Vincent), Mark Lewis Jones (Bryn), Laurie Davidson (Hans Taub (1948)), Phil Dunster (Roy Courtnay (1948)), Lucian Msamati (Beni), Jóhannes Haukur Jóhannesson (Vlad), Tunji Kasim (Michael), Spike White (Hans Taub (1943)), Stella Stocker (Sra. Schröder), Daniel Betts (Sr. Schröder), Nell Williams (Lili), Celine Buckens (Annalise), Lily Dodsworth-Evan (Hannalore), Athena Strates (Charlotte), Aleksandar Jovanovic (Martin Geiger).

  • El tiempo contigo: Después de la tormenta

    El tiempo contigo: Después de la tormenta

    La nueva película de Makoto Shinkai, El tiempo contigo, uno de los maestros de la animación japonesa, ha sido la seleccionada por la academia japonesa para representar a su país en los Oscar del próximo año como mejor película extranjera. El que sea una cinta de animación la elegida era algo que no ocurría desde 1997, cuando se seleccionó La princesa Mononoke, del gran Hayao Miyazaki. Aunque lo cierto es que lo tiene muy complicado para catar premio, a tenor de lo que absolutamente todas las apuestas dicen, al enfrentarse a la gran favorita de este año para esa categoría (y puede que para alguna más) la surcoreana Parasite.

    Shinkai ya sorprendió por algunas de sus obras anteriores, como 5 centímetros por segundo y, sobre todo, la fabulosa Your name. En esta ocasión, vuelve a uno de sus temas favoritos (presente, de uno u otro modo, en las dos cintas mencionadas): el de dos personas que se quieren pero a los que las circunstancias mantienen separados, muy a su pesar. Añadiendo aquí, además, casi sin que nos demos cuenta, una clara preocupación por el cambio climático y por la desaforada escalada inmobiliaria que urbaniza y edifica terreno que pertenecía al mar, con los problemas evidentes que ello conllevará tarde o temprano (casos que en nuestro país hemos vivido recientemente con numerosas inundaciones), y breves pinceladas de otros temas sociales de interés, como la prostitución, la tenencia de armas, o la pobreza infantil.

    Hokata es un estudiante de secundaria que se escapa de una aburrida vida en el campo para ir a vivir a la capital, que está teniendo un verano sorprendentemente lluvioso y frío. Tras un periodo de pobreza y precariedad, empezará a escribir en una pequeña revista de ocultismo. Poco después, conoce a Hina, una chica que vive con su hermano pequeño y que tiene el poder de controlar el clima a su antojo.

    Estructura complicada

    La estructura puede resultar complicada en su primera parte, en la que vemos acciones fragmentadas de los dos protagonistas sin saber muy bien qué pasa, hasta que con su encuentro todo empieza a encajar y la trama ya sigue su linealidad temporal sin saltos que distraigan. Hay elementos que se mencionan de pasada y que merecerían una mayor atención por parte del director (esa creencia en seres mitológicos femeninos que controlan el tiempo, por ejemplo), y secundarios que podrían tener película propia.
    Visualmente es muy poderosa, sobre todo en su maravilloso reflejo de los paisajes urbanos, por cómo hace disfrutar de la lluvia (a pesar de todo), y por escenas resueltas con brillantez (la persecución, en su tramo final, es un claro ejemplo).

    El tiempo contigo es una cinta que viene a reivindicar aún más a Shinkai como sucesor del gran maestro Miyazaki. Aunque lo cierto es que la película está un par de escalones por debajo de su anterior obra. Shinkai se preocupa más por la relación amorosa adolescente que por cualquier otra cosa y se centra más en el insulso protagonista masculino que en la verdadera estrella de la función, la chica de los poderes, la que puede manejar el tiempo a su voluntad, la que hace que la historia sea como es.

    Japón, 2019 (114′)
    Título original: Tenki no ko.
    Escrita y dirigida: Makoto Shinkai.
    Producción: Kôichirô Itô, Noritaka Kawaguchi, Genki Kawamura, Wanaka Okamura. .
    Fotografía: Ryôsuke Tsuda.
    Música: Radwimps.
    Montaje: Makoto Shinkai.
    Intérpretes (voces originales): Kotaro Daigo (Morishima Odaka), Nana Mori (Amano Hina), Kentaro Araki (Araki), Chieko Baishô (Tomi Tachibana), Kana Hanazawa (Kana), Sei Hiraizumi (Yasui), Tsubasa Honda (Natsumi Suga), Kana Ichinose (Sasaki).

  • Intemperie: Un western esquemático

    Intemperie: Un western esquemático

    Ocho años ha tardado el lebrijano Benito Zambrano en rodar su nueva película desde que rodara La voz dormida, en la que, como en este caso, con Intemperie, se centraba en la posguerra española. Poniendo en su foco protagonista a los más desfavorecidos, a los proletarios, a aquellos que difícilmente podían salir adelante y apenas superaban el día a día frente a los poderosos.

    Para ello se ha lanzado a adaptar la fabulosa (y difícilmente trasladable al cine) novela homónima de Jesús Carrasco, donde la atmósfera era mucho más importante que los hechos. El resultado no alcanza a la novela originaria, aunque no es nada desdeñable.

    La historia comienza con una huida, la de un niño que escapa de su pueblo desolado, donde todo está a la orden de aquel al que llaman Capataz, con las voces de sus perseguidores a su espalda. Frente a él, una inmensa y árida llanura que debe atravesar para llegar a su destino. En su escapada cruzará sus pasos con un pastor que le ofrece protección. A partir de ese momento, la vida de ambos quedará ligada mientras los hombres del Capataz cada vez están más cerca.

    Intemperie utiliza constantemente los elementos típicos del western clásico, incluido el consabido tiroteo y el tópico plano final con el que muchos clásicos del western se cerraban. La película peca quizás de ser demasiado esquemática en cuanto a sus personajes, con buenos muy buenos y malos muy malos, prácticamente sin matices. A pesar de que a los intérpretes se les puedan poner pocos peros. Tanto Tosar como Callejo, tanto López como Romero realizan buenas interpretaciones.

    Los paisajes son desoladores y la película se ve y se sigue con facilidad y cierto interés, y se (casi) olvida con la misma facilidad, pero la intensidad dramática flojea en algunos momentos, y hay otros que estéticamente aparecen como potentes pero que no resultan creíbles, por la decisión de explicar y sobreexplicar todo lo que pasa, hacerlo todo más que evidente, huyendo de la sobriedad del texto originario. El resultado final de todo ello es Intemperie, una película de bella fachada, pero con un tratamiento algo convencional y con algunas malas decisiones argumentales.

    España-Portugal, 2019 (103′)
    Dirección: Benito Zambrano.
    Producción: Juan Gordon, Pedro Uriol.
    Guión: Daniel Remon, Pablo Remon, Benito Zambrano, basado en la novela de Jesús Carrasco.
    Fotografía: Pau Esteve Birba.
    Música: Mikel Salas.
    Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
    Intérpretes: Luis Tosar (Pastor), Luis Callejo (Capataz), Jaime López (Niño), Vicente Romero (El Triana), Manolo Caro (Tullido), Kandido Uranga (El Viejo), Yoima Valdés (Madre familia pobre), Paz de Alarcón (Madre).

  • Festival de Cine de Sevilla: ocho días de (muy) buen cine

    Festival de Cine de Sevilla: ocho días de (muy) buen cine

    Concluyó el pasado sábado una nueva edición del Festival de Cine de Sevilla, una edición en la que pudimos ver más de doscientas películas, y que contaba con una de las secciones oficiales más potentes que se recuerdan, ya que en esta ocasión se decidió ir sobre seguro seleccionando grandes nombres y cintas que ya venían con un bagaje de reconocimiento a sus espaldas. Nos centramos (como cada año, y de modo breve) en el concurso oficial, con un palmarés repartidísimo.

    La película que inauguró el Festival de Cine de Sevilla(de la que hablamos la semana pasada) fue la española Madre, de Rodrigo Sorogoyen, que se hizo con el premio a mejor actriz gracias al magnífico trabajo de Marta Nieto. Premio que fue compartido con Zorica Nusheva, protagonista de Dios existe, su nombre es Petrunya, sobre la dificultad de ser mujer en una sociedad tan machista como la macedonia, y que también se llevó el premio Women in Focus. El premio a mejor actor fue para Pierfrancesco Favino, por su papel en la potente El traidor, película de un clásico como Marco Bellocchio, sobre el hombre que delató a los capos de la Cosa Nostra siciliana.

    Las otras dos películas españolas en el concurso compartían el transcurrir durante la noche en gran parte de su metraje. Liberté, de Albert Serra, en la que un grupo de nobles da rienda suelta a sus deseos y pasiones en medio de un bosque, y Longa noite, de Eloy Enciso, sobre las heridas de la guerra civil. Ambas se fueron sin premio. Lo mismo que Gloria mundi, de otro clásico, Robert Guédiguian, protagonizada por una familia a la que no dejan de ocurrirle desgracias; Tommaso, del mítico Abel Ferrara, cinta autobiográfica en la que el director se enfrenta a sus fantasmas y lucha contra sus viejas adicciones; la segunda película en la que Bruno Dumont se centra en la figura de Juana de Arco, Jeanne, de aspecto teatral y que va ganando en interés a medida que avanza; Sobre lo infinito, en la que Roy Andersson muestra su habitual estilo austero y caustico, yendo un paso más allá en su simbolismo; y la magnífica Little Joe, cuarta visita de Jessica Hausner al certamen sevillano, sobre una flor que provoca la felicidad en aquellos que la huelen, aunque les despoja de cualquier tipo de empatía hacia otras personas.

    De repente, el paraíso, la simpática película autorreferencial de Elia Suleiman, se llevó el premio Eurimages a mejor coproducción europea. La muy interesante El reflejo de Sibyl, en la que una psicoterapeuta utiliza los muchos problemas de una de sus pacientes para escribir un libro, dirigida por Justine Triet (en su tercera visita al SEFF) fue la mejor película para los críticos andaluces. La famosa invasión de los osos en Sicilia, segunda vez que una película de animación formaba parte de la sección oficial, recibió el premio Europa Junior y una mención especial por el jurado oficial. La ucraniana Atlantis, que transcurre en un futuro cercano, después de una guerra que ha asolado el país, fue reconocida por la mejor fotografía, obra de su director, Valentyn Vasyanovich. El premio al mejor guion fue para La Gomera, cinta del rumano Corneliu Porumboiu, donde un policía corrupto acude a la isla canaria del título para aprender el idioma del silbo y poder comunicarse con sus socios de la mafia sin ser descubierto. El mejor director fue considerado Nadav Lapid, por su insoportable Sinónimos. La portuguesa Technoboss, curiosa road-movie musical dirigida por Joao Nicolau, recibió el Gran Premio del Jurado.

    Por último, el Giraldillo de Oro de este año en el Festival de Cine de Sevilla fue para la portentosa y apabullante Martin Eden, del italiano Pietro Marcello, historia de amor, parábola sobre la lucha de clases, homenaje al mundo de las letras y las artes, con un montaje arrollador, y momentos demoledores, y que fue sin duda la mejor de las participantes.

    Todas las críticas en happyphantomblog.wordpress.com.

  • Madre: Vencer el duelo

    Madre: Vencer el duelo

    Con la muy notable excepción de Tierra firme (Carlos Marqués-Marcet, 2017), las veces que el cine español ha sido el elegido para inaugurar el Sevilla European Film Festival la cosa no ha salido especialmente bien (casos como Fin, Tres bodas de más, o peor aún, La ignorancia de la sangre aún se recuerdan). Pero, claro, en esta ocasión hablamos de un peso pesado como Rodrigo Sorogoyen, con Madre. Un director que tiene en su haber obras tan magníficas como Stockholm, Que Dios nos perdone o El reino, que el pasado enero se llevó siete premios Goya.

    España-Francia, 2019 (128′)
    Dirección: Rodrigo Sorogoyen.
    Producción: Ibón Comerzana, Ignasi Estapé, Rodrigo Sorogoyen.
    Guión: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen.
    Fotografía: Alejandro de Pablo.
    Música: Olivier Arson.
    Montaje: Alberto del Campo.
    Intérpretes: Marta Nieto (Elena), Jules Porier (Jean), Álex Brendemühl (Joseba), Anne Consigny (Lea), Frédéric Pierrot (Gregory),Guillaume Arnault (Benoit).

    Madre deriva de su cortometraje homónimo que estuvo nominado a los Oscar este año, una historia angustiosa rodada en plano secuencia (el corto) con una magnífica Marta Nieto como protagonista. De hecho, el arranque de este largometraje es ese mismo cortometraje, en el que Elena, que está en casa tranquilamente, recibe la llamada de su hijo de seis años que le dice que está perdido en una playa de Francia y que no encuentra a su padre. Diez años después, Elena vive (o sobrevive) en esa misma playa, y en cierto modo ha conseguido rehacer su vida. Hasta que un día conoce a Jean, un adolescente francés que le trae recuerdos del pasado y le remueve por dentro.

    La película, que viene de ganar el premio a la mejor actriz (excelsa Marta Nieto) en la Sección Horizontes del Festival de Venecia acierta al cambiar el registro. Cuando lo normal hubiese sido tomar el camino del thriller, embarcándose en una búsqueda desaforada del hijo perdido, investigar qué pudo ocurrir, dónde se puede encontrar, la película abandona ese tono y se decanta por la idea mucho más interesante de bucear en el personaje de Elena, una mujer extremadamente frágil, que parece que está a punto de romperse en cualquier momento, pero que, en cierto modo, resurge cuando Jean aparece en su vida.

    Madre plantea, quizás, un cierto dilema moral, y resulta incómoda a la par que sugerente. Elena ve en Jean al hijo que perdió; quizás piense que sea él, quizás no, y lo único que quiere es ejercer ese papel maternal que le fue arrebatado. Y luego está Jean, también un personaje ambiguo, que ve en Elena a una mujer misteriosa de la que se enamora, pero también a la madre que siempre quiso tener.

    Sorogoyen consigue sorprender una vez más, al cambiar las expectativas creadas en el cortometraje, dirigiendo la historia por otros derroteros, que resultan más efectivos. El tono es distinto, porque Elena también es distinta.