Categoría: La película

  • Más ruido fuera que dentro

    película el código da vinciEL CÓDIGO DA VINCI

    Más de cuarenta millones de ejemplares vendidos de la novela El código Da Vinci, teniendo en cuenta que cada una ha podido ser leída por varias personas (aún se estila lo de prestar libros, o cogerlos de las bibliotecas) hacen de este libro uno de los más leídos de la historia, tanto que difícilmente quede alguien que no lo conozca, que no sepa de qué va.

    FICHA
    Estados Unidos, 2006. Título original: The Da Vinci Code.Director: Ron Howard.
    Producción: Brian Grazer y John Calley.
    Guión: Akiva Goldsman, sobre la novela de Dan Brown.
    Fotografía: Salvatore Totino.
    Música: Hans Zimmer.Montaje: Dan Hanley y Mike Hill.Duración: 153 minutos.
    Intérpretes: Tom Hanks (Robert Langdon), Audrey Tautou (Sophie Neveu), Jean Reno (Bezu Fache), Ian McKellen (Sir Leigh Teabing), Paul Bettany (Silas), Alfred Molina (Obispo Aringarosa), Jürgen Prochnow (Vernet), Jean-Yves Berteloot (Remy Jean), Etienne Chicot (Teniente Collet), Jean-Pierre Marielle (Jacques Saunière), Marie-Françoise Audollent (Hermana Sandrine).

    Favorecida por los furibundos ataques recibidos desde que empezó a rodarse (y desde que se publicó la novela que ha servido para llevarla a la pantalla) por parte de diversos sectores religiosos (y hasta por una organización que se quejó de que el ‘malo’ fuera albino, porque no beneficiaba a los que tenían este problema), si es que necesitaba ser favorecida para ser un éxito de taquilla, El código Da Vinci, es ya el mayor éxito del año (desde su arranque el pasado viernes ha recaudado unos 250 millones de dólares en todo el mundo).De poco han servido las críticas (más bien al contrario), ya que la película se ha colocado en lo alto de las listas de medio mundo, exceptuando quizás Francia, donde su acogida ha sido más bien tibia.Otra cosa es que la calidad de la cinta sea la adecuada a las expectativas que había levantado, o que lo que se cuente (base fundamental de los ataques recibidos) sea verdadero (no debemos olvidar que la película se fundamenta en una novela, y que ambas, por el propio hecho de ser lo que son, se basan en la ficción). 

    Tras la muerte del conservador del Louvre, el simbolista Robert Langdon se ve involucrado en la investigación del caso, junto con la joven policía local Sophie Neveu. Las pistas dejadas por el fallecido les guiarán por diversos países, mientras son perseguidos para evitar que descubran lo que no debe ser sacado a la luz, en búsqueda de una verdad que haría temblar los cimientos sobre los que se ha fundamentado la iglesia católica desde sus comienzos.

    La cinta, al igual que el libro del que procede, tiene trampas, va cambiando a medida que al autor le interesa para que todo vaya cuadrando, utilizando hechos arbitrarios, algunos poco creibles, pero lo hace de modo inteligente (algo tiene que tener), sin que uno se de cuenta, lo que le da al conjunto una pátina de credibilidad, casi de documental, que hace que uno se crea que lo que está viendo es completamente real, que la historia está basada en hechos ciertos.
    Pero lo cierto es que nadie ha sabido sacarle partido a la historia. Director y guionista (a pesar de sus reconocidas trayectorias) no saben sacar adelante la película, llegando a momentos culminantes (cuando se descubre que Sophie es la descendiente directa de Jesucristo y María Magdalena, o la aparición de la abuela de ésta) que provocan la sonrisa.

    Y ello por no hablar de las interpretaciones. Tom Hanks no cambia de expresión en todo el metraje (como Steven Seagal en sus mejores momentos), manteniendo un rostro inexpresivo, una cara de palo las dos horas y media del filme; una Audrey Tautou a la que la crítica del Festival de Cannes ha calificado de muy monjil (calificación de la que podríamos obviar el ‘muy’); y unos secundarios completamente inverosímiles, sin sustancia (Jean Reno no tiene la más mínima credibilidad, a Alfred Molina le pasa otro tanto de lo mismo…).
    Para pasar el rato, pero sin tomársela demasiado en serio.

  • Caperucita feroz

    la película hard candyHARD CANDY

    El término ‘hard candy’, que da título a la película que hoy tratamos, pertenece al argot de Internet y hace referencia a la adolescente menor de edad que aparenta ser mayor de lo que realmente es, y que es aquí la protagonista casi exclusiva de una película durísima, que hace sentir mal al espectador (sobre todo al sector masculino), y que ha sido multipremiada en diversos festivales (Mejor película, guión y premio del público en Sitges; mejor película, director, actriz y fotografía en la Semana de Cine Fantástico de Malaga; además de participar en varios certámenes más).

    FICHA TÉCNICA
    Estados Unidos, 2005.Título original: Hard Candy Director: David Slade. Producción: Michael Caldwell, David Higgins, Richard Hutton y Jody Patton. Guión: Brian Nelson.
    Fotografía: Jo Willems.
    Música: Molly Nyman y Harry Escott.
    Montaje: Art Jones.
    Duración: 103 minutos.
    Intérpretes: Ellen Page (Hayley Stark), Patrick Wilson (Jeff Kohlver), Sandra Oh (Judy Tokuda), Jennifer Holmes (Janelle), Gilbert John (Camarero).

     

     

     

    Hayley es una joven de catorce años que conoce a través de un chat a Jeff, un fotógrafo que supera la treintena. Los dos quedan en un bar, y tras una animada charla, y por iniciativa de ella, se van a la casa de él. Pero Jeff no sabe que acaba de cometer el mayor error de su vida, ya que la joven, que está convencida de que su cita es el pederasta que asesinó a su amiga, sólo pretende tomarse la venganza por sí misma, y le hará pasar a Jeff la peor experiencia de su vida.

    Hard Candy supone el debut como director de David Slade, afamado realizador de videoclips, y el tema elegido no ha podido ser más arriesgado (quizás sólo comparable al fascinante filme de Jeannette Wagner, Liebeskind -visto aquí el pasado Sevilla Festival de Cine- sobre una relación de amor incestuosa entre padre e hija). El espectador no se siente cómodo casi en ningún momento, ya que se encuentra en una difícil situación: sentir lástima y respeto, asco y odio, a partes iguales, por los dos protagonistas. En un principio es al pederasta al que se odia, a la chica a la que se admira, pero poco a poco, viendo el sufrimiento al que le somete y la crueldad con que lo hace, empezamos a sentir un sentimiento favorable hacia el fotógrafo, pero claro, no nos sentimos a gusto defendiendo a un ser tan despreciable.

    La película es un fabuloso tour de force entre la pareja protagonista, que permanece en pantalla casi todo el metraje (sólo aparecen otros tres intérpretes, que suman no más de dos minutos en pantalla), con diálogos llenos de fuerza, situaciones insostenibles e interpretaciones, sencillamente, soberbias. A él lo hemos visto en El fantasma de la ópera y El Álamo, ella es muy conocida en su Canadá natal, y pronto lo será en todo el mundo gracias a su papel en la tercera entrega de X-Men, donde interpreta a Shadowcat.

    Hard Candy es una película difícil de catalogar, difícil de soportar de un tirón, sobre todo si se es de estómago delicado y se tienen ciertos ideales. Sobre todo por el ya mencionado tema de la dificultad de aceptar, en una sociedad como la actual, el hecho de tomarse la venganza por uno mismo, esa ley del talión difícil de comprender en ocasiones, y la dureza con la que se actúa para llevarlo a cabo.

    Esta especie de cuento de hadas al revés (la chica aparece varias veces con una caperuza roja, como la niña del cuento, y el fotógrafo supuestamente pederasta es lo más parecido a un lobo en busca de su presa) es una de las cintas más fascinantes que ha llegado a nuestras salas en los últimos tiempos.

    Una versión adulta, actualizada y violenta del clásico Caperucita Roja, en el que a la pequeña no le hace falta ningún cazador que la libre del peligroso lobo que pretende devorarla. Ella solita se basta para zafarse del peligro, aunque, claro, lobos, lamentablemente, hay muchos.

  • La vida te da sorpresas

    película misión imposible 3MISIÓN IMPOSIBLE 3

    FICHA TÉCNICA: 
    Estados Unidos, 2006.Título original: M:i:III. Director: J.J. Abrams. Producción: Tom Cruise y Paula Wagner.
    Guión: Alex Kurtzman, Roberto Orzi y J.J. Abrams.
    Fotografía: Dan Mindel.
    Música: Michael Giacchino.
    Montaje: Mary Jo Markey y Maryan Brandon.
    Duración: 128 minutos.
    Intérepretes: Tom Cruise (Ethan Hunt), Philip Seymour Hoffman (Owen Davian), Michelle Monaghan (Julia), Ving Rhames (Luther Stickwell), Jonathan Rhys Meyers (Declan), Maggie Q. (Zhen), Keri Russell (Lindsey Ferris), Laurence Fishburne (John Brassel), Billy Cudrup (John Musgrave), Simon Pegg (Benji Dunn), Sasha Alexander (Melissa), Greg Grunberg (Kevin).  

    La prueba  indiscutible de que, con el mismo material, distintos directores harían películas completamente diferentes la tenemos en esta tercera entrega de la saga Misión Imposible. Los elementos sobre los que se construye la historia y el filme son, en general, los mismos que los que se emplearon para los dos anteriores capítulos cinematográficos de esta serie: personajes, efectos especiales, argumentos… Pero claro, no es lo mismo que se encargue de rodarla Brian de Palma (la primera), que John Woo (la segunda). Para esta ocasión se ha echado mano de un novato tras las cámaras, aunque el debutante J. J. Abrams sabe bien de qué va este mundillo.

    Abrams se pone tras las cámaras por primera vez en esta M:i:III (acrónimo con el que han ocultado el título de Misión: Imposible 3) y demuestra la soltura aprendida durante años en el medio. Guionista y afamado creador de series de éxito (la primera de ellas fue Felicity, cuya protagonista –Keri Russell– tiene aquí un pequeño pero importante papel en el que, por cierto, cambia por completo el registro al que nos tenía acostumbrados hasta ahora; y la última Perdidos, que cuenta sus seguidores por legión; sin olvidar, por supuesto, Alias, entre cuyos seguidores me incluyo).

    Rodada dentro del mayor de los secretismos posibles, para evitar que se filtrara la más mínima parte de su argumento, M:i:III es una sorpresa en toda la amplitud de la palabra. Y es así porque no responde a las expectativas que se tienen de antemano, es decir, que uno espera encontrarse con una cinta de efectos especiales, y nada más, con un argumento simplón y cargado de errores de guión (que algunos tiene) y de fallos de continuidad (que también los hay), y resulta que la historia es buena, que (lo siento por los seguidores de Brian de Palma) estamos ante la mejor de las tres entregas hasta el momento de la saga.

    Ethan Hunt vive retirado con su prometida, ha dejado atrás su trabajo en las Fuerzas de Misión Imposible, y vive feliz y enamorado con una mujer que desconoce su pasado. Pero cuando una compañera, a la que él adoctrinó, su mejor alumna, es capturada en una misión, la agencia acude a él para que vaya a rescatarla. La chica muere tras la operación, de modo completamente inesperado, y Hunt tendrá ahora que capturar al culpable, se siente obligado a ello.
    La cinta cuenta con diversas ventajas que la hacen más interesante que sus predecesoras: su construcción audiovisual, a modo de puzzle, comienza con Hunt y su novia capturados, atados y con los malos golpeándoles y apuntándoles con pistolas, tras lo cual viajamos atrás para ver cómo se ha llegado a esa situación y conocer cómo salen los protagonistas de ella, si es que pueden salir. El guión también ayuda a la buena consideración de la historia, mucho más interesante que el de la anterior entrega (cosa que tampoco era muy difícil). Y, por supuesto, por la presencia de un soberbio Philip Seymour Hoffman, que encarna a un malvado de los que hacen historia.

    Si obviamos pequeños errores, demasiados efectos especiales, demasiado estruendo, y hechos (a los que ya estamos acostumbrados, como esa soltura de movimientos y esa habilidad y puntería al disparar de alguien que no ha tenido un arma en sus manos en su vida), M:i:III se disfruta, es de esas cintas (escasas) en las que uno espera poco más que nada, que pase rápido y que no duela, y que acaba gustando, sencillamente porque está bien hecha, bien escrita, bien realizada. Y no es poco.

  • Clásico cine judicial

    la película declaradme culpableDeclaradme culpable

    FICHA TÉCNICA
    Estados Unidos, 2005.Título original: Find me guilty.
    Director: Sidney Lumet.
    Producción: Bob DeBrino, V. Diesel, Robert Greenhut, S.Lumet, T.J. Mancini y George Zakk.
    Guión: S. Lumet, T.J. Mancini y Robert J. McCrea.
    Fotografía: Ron Fortunato.
    Música: Jonathan Tunick.
    Montaje: Tom Swartwout.
    Duración: 127 minutos.
    Intérpretes: Vin Diesel (Giacomo "Jackie Dee" DiNorscio), Peter Dinklage (Ben Klandis), Linus Roache (Sean Kierney), Ron Silver (Juez Finestein), Alex Rocco (Nick Calabrese), Annabella Sciorra (Bella DiNorscio), Raúl Esparza (Tony Compagna), Richard Portnow (Max Novardis), Robert Stanton (Chris Newberger), Marcia Jean Kurtz (Sara Stiles), Domenick Lombardozzi (Jerry McQueen), Josh Pais (Bellman), Dennis Albanese (Oficial de la Corte), Michalina Almindo (Novia de Gino), James Biberi (Frank Brentano), Paul Borghese (Gino Mascarpone).

    Esta cinta sirve como testamento cinematográfico de un cineasta de reconocido talento que, en los últimos tiempos, estaba desaparecido, ya que de hecho su última obra estrenada en las salas había sido Gloria (versión de otra película de John Cassavettes, con Sharon Stone como protagonista), cinta que, a decir verdad, decía poco en favor del director, después de su gran trayectoría a lo largo de varias décadas.

    Basada en hechos reales, Declaradme culpable cuenta la historia de Giacomo "Jackie Dee" DiNorscio, mienbro de la familia Lucchese de la mafia de Nueva Jersey. Mientras cumplía condena por otros cargos, él y todos los integrantes de las dos ‘familias’ rivales (los Calabrese y los Lucchese) fueron llamados a declarar por numerosos delitos. A Jackie Dee le ofrecieron rebajar su condena si declaraba contra sus compañeros, pero él se negó en redondo. De hecho, decidió participar en el juicio no sólo como acusado, sino como su propio abogado. El caso se convirtió en el más largo de la historia de los Estados Unidos, y la determinación de DiNorscio y su negativa a chivarse de sus compañeros sorprendieron a todos, incluso al juez del caso, y la imagen pública del protagonista cambió para la sociedad.

    El verdadero "Jackie Dee" DiNorscio estuvo presente en el proyecto de la película casi desde el principio, pero no pudo llegar a verla terminada, ya que falleció en pleno rodaje.
    La película sorprende por el radical cambio de imagen (si uno no se fija bien pasa casi desapercibido) y de registro del actor Vin Diesel, al que estamos acostumbrados a ver en cintas de acción (Pitch Black, A todo gas, xXx, Las crónicas de Riddick…), y no en películas en las que se habla más que se actúa, que es uno de los principales reclamos de la cinta. En el apartado técnico, Sidney Lumet realiza un sobrio filme judicial, uno de los de toda la vida, bien dirigido, bien llevado, bien interpretado…

    Lumet recupera así su buen nombre de películas míticas (Serpico, La colina, Veredicto final o Network) y perdido por culpa de  cintas más recientes como la mencionada Gloria, El abogado del diablo, y otras, lo cual es de agradecer para salvar el buen nombre de un hombre octogenario que ha dado tanto al cine, que tiene dos proyectos más entre manos (aunque muchos piensan que no llegará a estrenarlos). Esperemos que no sea así. Por el bien de todos.

  • Poca historia que contar

    La Sirena Roja

    Francia, 2002.
    Título original: The red siren.
    Director: Olivier Megaton.
    Producción: Simon Arma y Carole Scotta.
    Guión: Alain Berliner y Norman Spinard basado en la novela de Maurice G. Dantec.
    Fotografía: Denis Rouden.
    Música: Nicolas Bikialo.
    Montaje: Yan Herve.
    Duración: 118 minutos.
    Intérpretes: Jean-Marc Barr (Hugo), Asia Argento (Anita Sparo), Frances Barder (Eva), Andrew Tiernan (Koesler), Alexandra Negrao (Alice), Edouard Montoute (Oliveira), Vernon Dobtcheff (Vitali), Johan Leysen (Travis), Jean-Christophe Bouvet (Lucas).

    Se estrena tardísimo, tanto como cuatro años, como la película pequeña que es (si fuese americana, ya podía ser no sólo pequeña, sino minúscula, que se estrenaría inmediatamente, incluso antes que en su país de origen –y no sería la primera vez que ocurre esto-).

    Una niña acude a la policía y denuncia el asesinato de su niñera por parte de su propia madre, una mujer muy poderosa, con oscuros negocios pero contra la que nada puede hacer la justicia. La mujer envía a sus secuaces para ‘rescatar’ a la pequeña, que se escapa de ellos, y se mete en el coche de Hugo, un francotirador con un pasado difícil que se apiada de la niña y decide llevarla junto a su padre, que ella cree vivo, pero que falleció años atrás. Tras ellos irán los secuaces de la madre y la detective Sparo, que cree que lo que dice la niña, aunque no haya pruebas de ello, es cierto y sabe que esrá en peligro.

    La película que hoy nos traemos entre manos es de esas que llegan a las pantallas sin hacer ruido, sin ninguna publicidad, en ningún sitio, sin que nadie haya hablado de ella en ningún programa, aunque esté protagonizada por intérpretes (relativamente) conocidos, como son los protagonistas Jean-Marc Barr y Asia Argento, hija del mítico director italiano de cine de terror, Dario Argento. En estos casos nos encontramos ante dos posibilidades, ambas definibles como ‘una película menor’: o bien descubrimos una joya oculta, una película menor que atesora una calidad que no poseen las cintas realizadas con más medios; o bien con una cinta intrascendente, sin ningún valor de ningún tipo. En este caso en concreto está más cerca de lo segundo quede lo primero.

    La sirena roja recuerda, en ocasiones, a pesar de que está basado en una novela, y salvando las evidentes distancias, a aquella obra maestra, también francesa que fue León, el profesional. El argumento tiene varias semejanzas, como el hecho de estar protagonizado por una niña, hija de padres que no la aprecian todo lo que deberían, que huye de su casa, y es protegida por un asesino (allí) o francotirador (aquí) mientras es perseguida por los ‘malos’.

    La película mezcla sin ningún pudor escenas calmadas, casi tiernas, del viaje en coche de la niña con su nuevo amigo, con secuencias en las que el filme se convierte en una cinta de acción de las malas, con explosiones varias, miles de disparos, sangre a borbotones, etc, (que, aunque desconozco la novela de la que se ha adaptado, con total seguridad no estaban presentes en ella), y planos sueltos con cierto sentido onírico que no tienen lógica alguna, intercalados sin ton ni son, en cualquier lugar, en cualquier momento. Además, estamos ante una cinta previsible casi al máximo, en la que es fácil anticipar lo que va a ocurrir en la siguiente escena.

  • El atraco perfecto

    Spike Lee vuelve a ponerse tras las cámaras con una película de encargo, la segunda tras La última noche, para tratar, aunque esta vez más de pasada, los temas que siempre le han preocupado y que siempre ha abordado en sus filmes, a saber, el racismo y la violencia en la sociedad americana, sobre todo ahora, en la época  post-11-S.

    FICHA
    Estados Unidos, 2006.Título original: Inside man.Director: Spike Lee.
    Producción: Brian Grazer.
    Guión: Russell Gewirtz.
    Fotografía: Matthew Libatique.
    Música: Terence Blanchard.
    Montaje: Barry Alexander Brown.
    Duración: 128 minutos.
    Intérpretes: Denzel Washington (Detective Keith Frazier), Clive Owen (Dalton Russell), Jodie Foster (Madeline White), Chiwetel Ejiofor (Detective Bill Mitchell), Christopher Plummer (Arthur Case), Willem Dafoe (Capitán John Darius), Carlos Andrés Gómez (Steve), Kim Director (Stevie), James Ransone (Steve-O), Cassandra Freeman (Sylvia).

     

     

     

     

     

    Cuatro individuos se introducen, vestidos con monos de pintores, en uno de los bancos más importantes de Manhattan, tomando el edificio con cuantas personas se encuentran en su interior como rehenes. Al lugar acuden pronto dos negociadores de la policía dispuestos a saldar el incidente sin heridos, pero al frente de los atracadores se encuentra un hombre muy astuto que ha planeado el golpe al milímetro. En el lugar aparece también una misteriosa mujer, enviada por el director del banco, dedicada a limpiar y ocultar los trapos sucios de los más poderosos, con la que el detective tendrá que vérselas para que no se inmiscuya en su trabajo.

    La cinta está contada de modo inteligente, intercalando momentos de los interrogatorios posteriores a la estampida de los rehenes, ya que la policía sospecha que entre ellos pueden encontrarse los verdaderos ladrones, que se comprenden mucho mejor una vez que la película ha terminado. Y es precisamente este, el fin del atraco, cuando descubrimos cómo lo han hecho, cuando la película alcanza su punto culminante, donde hay que quitarse el sombrero y descubrirse por el talento no tanto del guionista (que lo tiene) sino por el orquestador de todo el filme, Spike Lee. Después viene una especie de epílogo que le resta intensidad, que le quita brillo al resultado anterior.

    Algunos argumentarán que el motivo del robo, el botín, o lo que les lleva a elegir ese banco y no otro, es nimio, peregrino, pero es señal de que no han estado atentos. Para ellos, Lee repite una escena dos veces (la de la charla mirando a cámara) en la que el jefe de la banda dice claramente que se preste atención, que no lo repetirá dos veces, y que ha robado el banco, que lo ha hecho así, sin heridos, sin que parezca que se ha llevado nada pero llevándose mucho, y sin que nadie les vea salir, “porque puedo”. Simplemente es una demostración de poder, de que si hubiese querido se lo hubiese llevado todo, pero le basta con lo que ha cogido.

    Lee rebaja un poco su nivel reivindicativo de sus comienzos, pero sigue lanzando mensajes contra la violencia (como en la secuencia en la que el ladrón habla con el niño que juega con la consola a un juego de pandilleros), contra el racismo de la sociedad en la que vive (enseguida se sospecha del árabe que sale del banco, cuando en realidad es un honrado trabajador del mismo banco), y lo hace sin perder el sentido del humor tan propio de sus cintas.

  • Innecesaria segunda parte

    Instinto Básico 2

    Alemania, España, Reino Unido y EEUU. 2006
    Título original: Basic Instinct 2: Risk Addiction
    Director: Michael Caton-Jones.
    Producción: Mario Kassar y Moritz Borman.
    Guión: Lenora Barsih y Henry Bain.
    Fotografía: Gyula Pados.
    Música: John Murphy y Jerry Goldsmith.
    Montaje: Itsvan Kiraly y John Scott.
    Duración: 114 minutos.
    Intérpretes: Sharon Stone (Catherine Davis Tramell), David Morrissey (Dr. Michael Glass), Charlotte Rampling (Milena Gardosh),
    David Thewlis (Roy Washburn), Hugh Dancy   (Adam Towers), Anne Caillon (Laney Ward), Iain Robertson (Peter Ristedes), Stan Collymore (Kevin Franks), Kata Dobó (Magda), Flora Montgomery (Michelle Broadwin) y Jan Chappell (Ángela).

     

    Catorce años después de la película que la lanzó definitivamente al estrellato y la confirmó como sex-symbol de los años noventa, Sharon Stone repite personaje (es la única que repite, tanto en el equipo técnico como en el artístico de los que aparecían o participaban en la primera parte) en esta Instinto básico 2. Película aburrida, insulsa y a todas luces innecesaria. Dicen que si no tienes nada bueno que decir, es mejor no decir nada, pero como quedaría mal dejar todo este espacio en blanco, algo habrá que comentar.
    En esta década y media, Sharon Stone se ha negado una y otra vez a volver a ponerse en la piel de Catherine Tramell, pero como en estos momentos su carrera atravesaba una época más bien baja (muy pocos proyectos y ninguno captaba el suficiente apoyo del público o la crítica como para salir adelante) decidió aceptar. Mala decisión.
    La película comienza ya de mala manera. La protagonista, conduciendo a ciento ochenta kilómetros por hora por las calles de un solitario Londres (no hay ni un solo coche, ni siquiera un simple taxi, aunque sea aparcado en la acera) mientras mantiene una relación sexual con un famoso futbolista inglés completamente drogado. Un accidente (o quizás no, ese es el quid del asunto) hace que caigan al río desde un puente. Ni un solo rasguño ninguno de los dos (cosa nada creíble, por cierto), de no ser porque el cinturón de él no se abre y muere ahogado. La policía la investiga, no se fía de ella y cree que no fue un accidente sino un homicidio fríamente calculado, y también la reconoce psicológicamente para ver qué puede sacar en claro. El encargado es un psicólogo simplón que se deja seducir y engañar por ella. Hasta aquí todo medianamente normal, de no ser porque él sabe que ella miente siempre, pero cree todo lo que le dice, incluso que su jefe es el verdadero malo de la peli, pero cuando éste le dice que no, que la mala es ella, también le cree a él…
    Una historia sin pies ni cabeza, que se enreda demasiado, sin saber hacia donde va, dando palos de ciego a un argumento ya de por sí bastante flojo, con una dirección que medianamente puede sacar adelante una historia que quedó cerrada en la primera parte, que no necesitaba una segunda parte (no tenía material para ella, de hecho se recurre en numerosas ocasiones al filme de hace casi quince años, recordando los hechos, los personajes –con alguno incluso se habla por teléfono, eso sí, sin que se le oiga– en esta entrega, que esperemos que sea la última, porque era imposible crear un argumento que se repite en ocasiones, que juega al despiste (y lo hace mal) sin darse cuenta de que ya sabemos el final, y de que, por mucho que intenten despistarnos con un final tontorrón, y un epílogo absurdo, no nos la cuelan. O mejor dicho, a esas alturas ya nos la han colado, porque ya la hemos visto y es tarde para volverse atrás.

  • Es difícil escapar del pasado

    Los aires difíciles

    España, 2006. (100’)
    Director: Gerardo Herrero.
    Producción: Gerardo Herrero, Pancho Casal y Antonio P. Pérez.
    Guión: Ángeles González-Sinde y Alberto Macías, basado en la novela homónima de Almudena Grandes.
    Fotografía: Alfredo Mayo.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Carmen Frías.
    Intérpretes: José Luis García Pérez (Juan), Cuca Escribano (Maribel), Roberto Enriquez (Damián), Alberto Jiménez (Nicanor), Carme Elías (Sara), Andrés Gertrudix (Alfonso), Antonio Dechent (Panrico), Pilar Castro (Charo).

    Almudena Grandes cuenta (prácticamente) sus novelas por adaptaciones cinematográficas. Casi todas sus obras han sido (o lo van a ser en un futuro no muy lejano) versionadas y plasmadas en la gran pantalla. En esta ocasión, Los aires difíciles, que acaba de ser galardonada en el Festival de Málaga con la Biznaga de Oro a la mejor película, versiona la larga novela del mismo título sobre las segundas oportunidades, mezclando (igual que ocurre en el filme) tres tiempos históricos diferentes de manera un tanto anárquica.
    La historia principal transcurre en un pueblecito de Cádiz, al que el doctor Juan Olmedo llega desde Madrid junto a su hermano disminuido y Tamara, su sobrina, huyendo de la traumática muerte de su cuñada, madre de la pequeña, que en el pasado, cuando Juan aún era un niño, fue su primera novia, pero que acabó abandonándole por su otro hermano, también recientemente fallecido, para tratar de olvidar y empezar de nuevo. Juan es un hombre roto, con un pasado que prefiere mantener oculto, al igual que Sara, su vecina de urbanización, también procedente de Madrid, con la que pronto trabará una amistad, basada fundamentalmente en la pequeña y en el hecho de que ambos huyen de su pasado. Los dos comparten asistenta, una andaluza que ayudará a Juan en este proceso de buscar una nueva vida.
    La novela (en mi humilde opinión, la mejor de Almudena Grandes), por imperativos de guión y de tiempo, ha tenido que ser recortada, ya que su extensión daba para dos o tres películas, centrada cada una en uno de los tiempos narrativos que se entremezclan (en la película igual que en el libro, de modo arbitrario). Gerardo Herrero, que ya dirigió la adaptación de otra novela de Grandes, Malena es un nombre de tango, se mueve como pez en el agua en estos terrenos, con personajes rotos, marcados por un conflicto del pasado, centra la historia de la película en el personaje de Juan y en el territorio de Cádiz. Es una elección como otra cualquiera dentro del amplio espectro que supone el texto, y de hecho tiene previsto (aunque no sabe si podrá llevarla a cabo) realizar otra película con la historia de Sara, interpretada por Carme Elías, que aquí es apenas un secundario de lujo.
    Los aires difíciles se queda en la retina por el realismo que desprende, por la humanidad que destila. Entiéndase bien: los personajes no son personajes, no son ficticios, en el sentido de que tienen sus debilidades, sus puntos flacos, sus miserias, no hay ni malos malísimos, ni buenos santurrones que sean los ‘héroes’ de la historia. Son personas de carne y hueso. Aunque no todos los integrantes del plantel actoral están a la altura, ya que solamente podríamos destacar las fantásticas recreaciones de que nos hacen partícipes Cuca Escribano y Pilar Castro (que, por cierto, si la memoria no me falla, no es la primera vez que destacamos como la mejor intérprete de la obra en cuestión), cuya actuación hace que la queramos después de todo.

  • Miedo a la locura

    'La verdad oculta'

    Título origInal: Proof. (95’)
    Director: John Madden.
    Producción: Jeffrey Sharp, John N. Hart Jr, Robert Kessel y Alison Owen.
    Guión: David Auburn y Rebecca Miller, basado en la obra de David Auburn.
    Fotografía: Alwin Küchler.
    Música: Stephen Warbeck.
    Montaje: Mick Audsley.
    Intérpretes: Gwyneth Paltrow (Catherine), Anthony Hopkins (Robert), Jake Gyllenhaal (Hal), Hope Davis (Claire), Gary Houston (Profesor Barrow), Roshan Seth (Profesor Bhandari), Anne Wittman y Leigh Zimmerman (Amigos en la fiesta). 

    A veces da gusto ir al cine, sobre todo cuando te encuentras con películas tan estimulantes como esta La verdad oculta (título, el español, que desvela más de lo que sería conveniente, pero que es un hecho habitual en nuestra cinematografía del doblaje), porque el cine comercial (y cada vez más incluso el independiente) tiene cierta peligrosa tendencia a presentar cintas donde el argumento, la historia, el trasfondo y hasta el mensaje que se pretende lanzar se presentan de modo deglutido, masticadito, sin ocultar nada, contando hasta el más mínimo detalle de lo que se pretende, para que esl espectador no tenga que entretenerse en pensar y pueda dedicarse a la tarea de mascar palomitas, y cada vez es menos frecuente ver cintas que hagan pensar, un cine reflexivo que deje marca en el espectador. La verdad oculta pertenece a este último grupo. Y se agradece.
    Catherine está a punto de cumplir los veintisiete. Su padre, un eminente matemático que publicó su teoría más importante a los veintidos años, y por el que ella lo abandonó todo para cuidarle cuando cayó enfermo, acaba de morir. Ahora debe enfrentarse a la llegada de su hermana Claire, una maniática del orden en su vida con la que casi no se habla y que pretende organizarle la vida; de Hal, un alumno de su padre, que intenta encontrar algo de lucidez en alguno de los numerosos cuadernos que escribió el matemático estando enfermo, y con el que Catherine comienza una relación, y, sobre todo, con el temor a que se repita el pasado, a que ella haya heredado de su padre la locura que le dejó incapacitado a la edad que ella va a cumplir, y que acabó con él, en vez de la inteligencia que ella parecía poseer en sus primeros años universitarios.
    La película es muy interesante, como la obra teatral de la que procede (el autor ha sido el mismo que ha hecho la adaptación al cine), con diálogos profundos, con contenido, que en ningún momento (pese a lo que algunos puedan pensar) llegue a resultar monótono.
    Las interpretaciones del  cuarteto protagonista son soberbias. Al retorno de la mejor Gwyneth que se recuerda desde el Oscar (por cierto, dirigida por John Madden, el mismo que le hizo ganar la estatuilla por Shakespeare enamorado) se une el talento de Anthony Hopkins, la solvencia habitual en la poco conocida Hope Davis y el buen hacer de Jake Gyllenhaal (que este año ha encadenado tres buenas cintas, con esta, Jarhead y Brokeback Mountain).
    Buen cine del que nos estamos quedando huérfanos, cada vez más acostumbrados al cine lobotomizante que nos llega desde el otro lado del charco.