Categoría: La película

  • Sensación a ‘déjà vu’

    cinePARIS, PARIS

    Tras el monumental éxito de la cinta Los chicos del coro, su director Christophe Barratier se embarca en un nuevo proyecto con el propósito de lograr otro triunfo similar. Y para ello, lo más fácil es repetir la fórmula. Con un estilo parecido (en la fotografía, en el ambiente que se respira, con algún intérprete que repite, un argumento que lo recuerda en más de un momento…) París, París se presenta como un homenaje al teatro de variedades, al musical de toda la vida, hecho con el amor de quien se apasiona por su trabajo, pero no tiene los medios para hacerlo como realmente le gustaría.

    Francia-Alemania-Rep. Checa, 2008 (120’)
    Título original: Faubourg 36.
    Director: Christophe Barratier.
    Producción: Nicolas Mauvernay, Jacques Perrin.
    Guión: ss.
    Fotografía: Tom Stern.
    Música: Reinhardt Wagner.
    Montaje: Yves Deschamps.
    Intérpretes: Gérad Jugnot (Pigoil), Clovis Cornillac (Milou), Kad Merad (Jacky), Nora Arnezeder (Douce), Pierre Richard (Señor Transistor), Bernard-Pierre Donnadieu (Galapiat), Maxence Perrin (Jojo), François Morel (Célestin), Élisabeth Vitali (Viviane), Christophe Kourotchkine (Lebeaupin), Eric Prat (Comisario Tortil)

     

     

     

     

    La historia nos sitúa al comienzo de 1936. El Chansonia es un pequeño teatro de un pequeño barrio obrero (que quizás antes tuvo un nombre, pero al que ahora todo el mundo conoce simplemente por Faubourg –Suburbio–) que da trabajo a muchos de sus habitantes desde hace años, pero la situación que atraviesa no es la mejor, precisamente, y su propietario, acuciado por las deudas, se suicida, y el teatro pasa a las manos de un mafioso local, que lo cierra enviando a todos al paro. Meses después, tras la victoria del Frente Popular y el inicio de las ‘revueltas’ sindicalistas, tres amigos, antiguos trabajadores del Chansonia, deciden ocupar el teatro con la intención de preparar el local, y con la ayuda de los vecinos, montar un musical de éxito que les permita comprarlo.

    Las referencias a Los chicos del coro son varias y claras. El director ha preferido seguir por el camino que ya conocía y que tantos triunfos le dio, para asegurarse nuevamente el apoyo del público. Pero podríamos encontrar también referencias más que evidentes a las películas que más han utilizado (en el más amplio sentido de la palabra) a París como escenario y casi como un personaje más en los últimos años: Amélie y, sobre todo, Moulin Rouge. De la primera toma (entre otras cosas) al personaje del señor Transistor (un anciano que vive recluido en su casa sin salir a la calle desde hace décadas), y de la segunda, no sólo la pasión de sus intérpretes por los números musicales, sino fundamentalmente la trama de la historia de amor: la chica, joven y bella, la estrella de la compañía y uno de los jóvenes actores, enfrentados al malvado propietario, quien (si quiere, o si ella no quiere) puede hundir el teatro y mandarlos a todos al arroyo).

    La cinta está construida con los mimbres adecuados para gustar al gran público. Está repleta de sentimientos, de emociones, de complicidad y ternura hacia unos personajes amables que sufren y con los que uno puede sentirse fácilmente identificado. Pero no deja de ser más que un producto fácil, demasiado almibarado, demasiado previsible para cualquiera que haya visto no demasiadas películas. No llega a aburrir, se mantiene (casi) siempre en un nivel notable, pero tampoco aporta nada nuevo, no ofrece nada que no hayamos visto ya antes miles de veces, lo que hace que sea fácilmente previsible, y que el espectador vaya siempre un paso por delante del director, precisamente por lo dicho, porque ya lo hemos visto, porque ya hemos estado allí.

     

     

  • Otra cinta de época

    cineLA DUQUESA

    Dicen que la historia es cíclica. Que lo que ya ocurrió una vez puede volver a ocurrir siglos después. Y así parece que sucedió con la protagonista de esta historia, Georgiana Spencer, duquesa de Devonshire, cuya vida guarda varias semejanzas con la de Lady Di (descendiente de uno de sus hermanos, y por lo tanto emparentadas por lazos familiares).

     

    Reino Unido-Francia-Italia, 2008. (110’).
    Título original:  The Duchess.
    Director: Saul Dibb.
    Producción: Michael Kuhn, Gabrielle Tana.
    Guión: Jeffrey Hatcher, Anders Thomas Jensen y Saul Dibb, basado en la novela de Amanda Foreman.
    Fotografía: Gyula Pados.
    Música: Rachel Portman.
    Montaje: Masahiro Hirakubo.
    Intérpretes:Keira Knightley (Georgiana), Ralph Fiennes (Duque de Devonshire), Haley Atwell (Bess Foster), Charlotte Rampling (Lady Spencer), Dominic Cooper (Charles Gray), Simon McBurney (Charles Fox), Aidan McArdle (Richard Sheridan), John Shrapnel (General Grey).

     

    Con sólo diecisiete años, la joven Georgiana Spencer se casa con el duque de Devonshire con el que su madre, Lady Spencer, ha negociado su matrimonio. Cuando la madre le comunica la noticia, ella acepta feliz, convencida de que el duque la ama, pero enseguida descubre la falta de calidez e intereses en general de su marido, que le da más cariño a sus perros que a ella y cuya única pretensión es que Georgiana le dé un descendiente varón. La duquesa toma su papel como anfitriona social de las reuniones que su marido celebra en palacio, impresionando al líder del partido liberal al que el duque apoya. La mayor decepción de Georgiana llega cuando su marido le obliga a hacerse cargo de una hija ilegitima cuya madre acaba de morir. La duquesa se lanza a las fiestas sociales, donde es siempre el centro de atención. Poco después, da a luz a una niña, por la que el duque no sentirá interés, decepcionado.

    El personaje histórico de la duquesa de Devonshire tiene sus luces y sus sombras. Aunque en el filme se muestren más las primeras. Fue indudablemente un icono de la moda de la época, admirada y querida por el pueblo, mostró gran interés por la política e introdujo un cierto y desconocido hasta entonces espíritu feminista, fue una sufridora antes las agresiones y las infidelidades de su marido, pero también fue una jugadora compulsiva que perdió millones de libras.

    Como película, La duquesa no es más que otra producción británica de época más. Con todo lo que ello tiene de bueno y de malo. Presenta una factura técnica impecable, una puesta en escena, unos decorados magníficos y unos vestuarios fabulosos (ganadora en esa categoría en los últimos premios Oscar y Bafta), algo a lo que ya estamos habituados en este tipo de cintas, pero la narración resulta en muchas ocasiones fría, y mezcla momentos de interés, de soltura, con otros varios de aburrida falta de algo que contar.

    En el apartado interpretativo es imprescindible destacar el trabajo de su protagonista, una deslumbrante Kiera Knightley, siempre que obviemos el hecho evidente de su ya muchas veces mencionada extrema delgadez (que no concuerda con el tipo de mujer y con la belleza de la época que refleja la película), frente a un mucho más sombrío Ralph Fiennes (cuyo comportamiento se intenta justificar hacia el final de la película).

    Un personaje interesante, en una película que técnicamente está realizada con la calidad que los británicos ya han demostrado muchas veces en este tipo de cintas, pero que no aporta nada nuevo, y que en ocasiones puede resultar algo fría en su narración.

     

  • De la tele al cine

    mentiras y gordasMENTIRAS Y GORDAS

    El dúo de directores formado por Menkes y Albacete vuelve después de cinco años de vacío, y lo hace con una cinta que echa mano de la cantera de jóvenes intérpretes que están consiguiendo gran éxito entre los adolescentes gracias a las series de televisión. Todos ellos (casi sin excepción) son carne de la pequeña pantalla: Mario Casas y Hugo Silva (Los hombres de Paco), Ana de Armas y Yon González (El internado, aunque la cubana ya había hecho cine antes de llegar a España y a las series), Ana Polvorosa (Aida), Maxi Iglesias (Física o química), Esmeralda Moya y Miriam Giovanelli (El castigo, la primera ahora también en ¿Hay alguien ahí?), incluso a la ya más veterana (es un decir) Duna Jové, que hace unos años protagonizaba Compañeros.  Quizás lo que los directores buscan sea un mayor tirón entre el público juvenil, aunque la cosa puede que no les salga tan bien.

    España, 2009.
    Directores: Alfonso Albacete y David Menkes. Producción: Gerardo Herrero.
    Guión: Alfonso Albacete, Ángeles González Sinde y David Menkes.
    Fotografía: Alfredo Mayo.
    Música: Juan Sueiro, Juan Carlos Molina.
    Montaje: Fernando Pardo.
    Intérpretes: Mario Casas (Tony), Ana de Armas (Carola), Yon González (Nico), Ana Polvorosa (Marina), Marieta Orozco (Sonia), Hugo Silva (Carlos), Alejo Sauras (Bubu), Duna Jové (Leo), Esmeralda Moya (Nuria), Miriam Giovanelli (Paz), Maxi Iglesias (Pablo), Asier Etxeandia (Cristo), Elena de Frutos (Carmen), Clara Pradas (Rosa)  

    Un grupo de jóvenes que vive en una ciudad costera se enfrenta a la llegada del verano sin tener los planes muy claros. Tony y Nico quieren ir a un festival de música, para divertirse y conocer chicas, aunque no tienen dinero para ello, y uno no lo tenga tan claro. Para conseguir lo que necesitan, la propuesta es vender pastillas en las discotecas del lugar. Paz está cada día más triste porque su Carlos, su novio, la ha dejado porque ha ganado unos kilos. Su amiga Carola intenta calmarla, sin decirle que es con ella con la que Carlos la ha estado engañando, y le presenta a Bubu, un chico que conoció en un chat. Marina está empezando a sentir cosas que hasta ahora no había sentido y que intenta negarse a sí misma cuando conoce a Leo, una chica que dice que es modelo, en una discoteca. Sonia quiere dejar de vender pastillas, ya está cansada, pero siempre ocurre algo que le impide dejarlo. Las vidas de todos ellos se cruzarán en el comienzo de un caluroso verano repleto de fiestas, y cambiará para siempre lo que pensaban.

    Menkes y Albacete han hecho en el cine lo que no se puede (o no se quiere, más bien) hacer en televisión. Lo que en las series es sugerido, apenas intuido, en la pantalla grande se muestra sin pudor, sin cortapisas: relaciones en todas sus variedades (hetero, homo y bisexuales), sexo mucho más explícito, múltiples desnudos de ellas y ellos, drogas de todo tipo… Y puede ser esto mismo lo que repela a los espectadores jóvenes que acudan a las salas buscando ver a sus estrellas favoritas de la tele, ya que se van a encontrar con algo muy distinto.

    Mentiras y gordas parece que, en un principio, se dirige a la comedia, pero a medida que avanza parece decantarse más por el drama. Tiene una buena idea, mostrar las simas, el hundimiento, las tristezas y los momentos de bajón, de incertidumbre, de angustia incluso, después de la euforia, después de la fiesta. Pero en el cómputo general cuentan más los segundos, los momentos efervescentes de la fiesta, los toques de humor (sobre todo los de la relación de Bubu y Paz, que –reconozcámoslo– son muy divertidos).

     

     

  • Espías con clase

    cineDUPLICITY

    Segunda película como director de Tony Gilroy, después de la muy notable Michael Clayton, Duplicity cambia de registro y se acerca más a la comedia de acción, eso sí sin abandonar el cine de espías de su primera obra. Por el modo de contar la historia, por el montaje y el uso de flash-backs en momentos concretos, incluso por la banda sonora, puede recordar a ciertos filmes de Barry Sonenfeld (Cómo conquistar Hollywood) o, en mayor medida, Steven Soderbergh (Un romance muy peligroso), aunque en este caso que nos ocupa los mencionados flash-backs están peor encajados, se ven más forzados.

     

    Estados Unidos, 2009. (125’)
    Título original: Duplicity.
    Escrita y dirigida por: Tony Gilroy.
    Producción: Jennifer Fox, Kerry Orent, Laura Bickford.
    Fotografía: Robert Elswit.
    Música: James Newton Howard.
    Montaje: John Gilroy.
    Intérpretes: Clive Owens (Ray Koval), Julia Roberts (Claire Stenwick), Tom Wilkinson (Howard Tully), Paul Giamatti (Richard Garsick), Dan Daily (Asesor de Garsick), Lisa Roberts Gillan (Asistente de Tully), David Shumbris (Turtleneck), Rick Worthy (Dale Raimes), Oleg Shtefanko (Boris Fetyov), Denis O’Hare (Duke Monahan), Kathleen Chalfant (Pam Frailes), Khan Baykal (Dinesh Patel), Thomas McCarthy (Jeff Bauer).

    Claire Stenwick, ex-agente de la CIA, y Ray Koval, ex-agente del MI-6, tuvieron un encuentro en el pasado. Ahora, cinco años después, han dejado el mundo del espionaje internacional para dedicarse al más lucrativo del mundo empresarial, en dos poderosas multinacionales rivales. Juntos intentarán sacar partido a la dura guerra establecida entre sus dos jefes, a la vez que intentan ocultar su prohibida relación, y hacerse con la fórmula de un descubrimiento histórico, que puede hacer ganar millones a quien la consiga.

    La historia es buena, interesante, incluso sorprende. El inteligente guión de Gilroy nos lleva adrede por sendas equivocadas, engañándonos, dando varios giros, varias vueltas, para hacernos pensar de todo menos lo que va a ocurrir. Cierto que, uno ya está habituado a este tipo de cintas y está preparado para ellas, el espectador puede ser retorcido en su imaginación y pensar mil soluciones antes de que se dé el veredicto. En algunas acertará, pero en este caso solo al (muy cercano ya) final, uno puede entrever todos los entresijos que se han ido tramando en nuestras narices sin que nos demos cuenta y, finalmente, han logrado engañarnos, pese a que, a fin de cuentas, era de lo más lógico.

    La pareja protagonista (un cada vez más en alza Clive Owen, y una Julia Roberts que vuelve al cine –aunque eso es más bien relativo, ya que nunca llegó a irse del todo–) demuestra, una vez más, la química que ya mostraron en la anterior vez que coincidieron en pantalla, Closer, y mantienen un buen nivel durante todo el metraje (por otro lado excesivo).

    No obstante los párrafos anteriores, a la película le falta algo. Bien dirigida, bien escrita, bien interpretada, bien montada… pero no termina de llegar, no termina de dar ese pellizco que haga que uno disfrute enteramente de la película como podría haberse hecho. Le falta algo sin que se sepa determinar exactamente qué.

     

  • Paraísos perdidos

    cineTHE VISITOR

    Cuando en una cinematografía como la estadounidense, tan proclive a crear historias en la que se ofrece todo mascadito, con infinidad de detalles, para que no quede la más mínima duda de lo que se está contando y el espectador no tenga que hacer el más mínimo esfuerzo intelectual y pueda dedicarse sin problemas al noble arte de zampar un cuenco de medio kilo de palomitas, se crea (y se estrena) una cinta en la que es tan o más importante lo que se calla, lo que no se dice, que lo que se cuenta, es motivo de celebración.

     

    Estados Unidos, 2007 (104’)
    Título original: The visitor.
    Escrita y dirigida por: Thomas McCarthy.
    Producción: Michael London, Mary Jane Skalsky.
    Fotografía: Oliver Bokelberg. Música: Jan A.P. Kaczmarek.
    Montaje: Tom McArdle.
    Intérpretes: Richard Jenkins (Profesor Walter Vale), Haaz Sleiman (Tarek Khalil), Danai Jekesai Gurira (Zainab), Hiam Abbas (Mouna Khalil), Marian Seldes (Barbara), Maggie Moore (Karen), Michael  Kumpsty (Charles), Bill McHenry (Darin), Richard Kind (Jacob), Tzahi Moskovitz (Zev).

     

    También es cierto que no es este The visitor, precisamente, el mejor ejemplo de este tipo de cine tan poco común en los tiempos que corren. De hecho, The station agent, la cinta con la que debutó el director de ésta, se podría considerar superior en este asunto del que hablamos.

    The visitor nos cuenta la historia de Walter Vale, un viejo profesor universitario que ha perdido la pasión por enseñar, por escribir, y deambula por la vida como un sonámbulo desde que su mujer falleciera tiempo atrás. Cuando su universidad le envía a Maniatan para ofrecer una conferencia, Walter decide instalarse en su viejo apartamento en la ciudad, pero al llegar descubre que una joven pareja inmigrante se ha instalado allí. Tarek, un sirio que se dedica a la música, y su novia Zainab, una senegalesa que vende las joyas que ella misma fabrica, han sido víctimas de una estafa inmobiliaria, les aseguraron que el piso estaba vacío, y no tienen dónde ir. De mala gana, Walter les permite quedarse hasta que encuentren otra cosa. Tarek, conmovido y agradecido, decide enseñar al maduro académico a tocar el tambor africano. Los nuevos ritmos, desconocidos por Walter, le hacen abrir los ojos a un nuevo mundo, y a medida que la amistad entre los dos hombres crece, desaparecen las diferencias culturales, de edad y de carácter.

    La cinta ha recibido varios premios en distintos festivales, y su protagonista, Richard Jenkins, secundario de lujo al que hemos visto en multitud de películas, estuvo nominado a los recientes Oscar como mejor actor. Pero no sería justo destacarle a él por encima de los otros tres protagonistas, que forman un póquer magnífico, en una película sincera, sencilla, emotiva, que hace al espectador pensar y preocuparse por el mundo en el que vive. Más que una cinta sobre la amistad, es una cinta política, una película sobre el trato que reciben los inmigrantes en la actualidad en la que llaman ‘la tierra de las oportunidades’, un supuesto paraíso al que muchos acuden buscando una oportunidad que no llegan a encontrar nunca.

    Una pequeña joya: jahidalgo-cineando.blogspot.com

     

  • Fantástica adaptación

    cineWATCHMEN

    Con el precedente de la muy reciente adaptación fallida (por ser condescendientes) de The Spirit aún en la retina, muchos nos temíamos que esta nueva versión de un clásico de la novela gráfica (la de la más grande y más famosa de las novelas gráficas jamás escritas) iba a ser otra decepción, y más teniendo en cuenta que detrás de las cámaras se encontraba Zack Znyder, director que se encargó de la muy flojita, aunque visualmente impactante, 300. Pero afortunadamente, el resultado es muy distinto. Tanto que estamos, sin duda, ante la mejor de las adaptaciones de una novela gráfica, y además, ante una película magnífica, extraordinaria.

    Estados Unidos-Reino Unido-Canadá, 2009.
    Título original:  Watchmen.
    Director: Zack Znyder.
    Producción: Lawrence Gordon, Lloyd Levin, Deborah Znyder.
    Guión: David Hayter y Alex Tse, basado en la novela gráfica de Dave Gibbons y Alan Moore.
    Fotografía: Larry Fong.
    Montaje: William Hoy.
    Intérpretes: Malin Akerman (Laurie Júpiter/Espectro de Seda II), Billy Cudrup (Dr. Manhattan/Jon Osterman), Matthew Goode (Adrian Veidt/Ozymandias), Jackie Earle Haley (Walter Kovacs/Rorschard), Jeffrey Dean Morgan (Edward Blake/El Comediante), Patrick Wilson (Dan Dreiberg/Búho Nocturno II), Carla Gugino (Sally Júpiter/Espectro de Seda), Matt Frewer (Edgar Jacobi/Moloch), Stephen McHattie (Hollis Mason/Búho Nocturno), Laura Mennell (Janey Slater), Rob LaBelle (Wally Weaver)

    A mediados de los años ochenta del siglo pasado, Estados Unidos vive sumido en el temor a una guerra nuclear con la Unión Soviética. Ya no hay superhéroes disfrazados que hagan cumplir la ley, ya que el gobierno les prohibió actuar desde 1977. Sus tiempos se acabaron y ahora sobreviven mezclados con la sociedad, como seres normales. Pero cuando uno de ellos, conocido como El Comediante, sea asesinado, uno de sus antiguos compañeros, Rorschard, un hombre recto con unas estrictas convicciones sobre el bien y el mal, comenzará a investigar por su cuenta, temiendo que hay una trama oculta para eliminar a todos los héroes enmascarados presentes y pasados, descubriendo una conspiración de alto alcance que tendrá catastróficas consecuencias en un futuro cercano si no hace nada. Su misión es velar por la humanidad, vigilar que todo vaya como debe ir, pero ¿quién vigila a los vigilantes?

    Watchmen, la novela (aunque todavía muchos la cataloguen como un ‘simple’ (?) cómic), fue elegida por la prestigiosa revista Time como una de las mejores novelas escritas en inglés entre 1923 y la actualidad. La obra mostraba de un nuevo modo el arquetipo de héroe: desde su fetichismo (entre otras cosas, por esos trajes ceñidos de cuero), ciertas dosis de evidente paranoia, y su creencia de ser un mesías que va a salvar a la humanidad; es decir, algo lejano a la heroicidad. Además, tenía profundas referencias filosóficas, políticas y psicológicas. La película no llega a las cimas de la genial obra de Moore y Gibbons, pero sí se consolida como una de las mejores cintas sobre héroes jamás rodadas.

    La obra de Znyder (parece mentira que sea el mismo de 300) se abre con una soberbia secuencia de créditos, apabullante, que sirve como resumen a la historia de los héroes, a lo que llevó a redactar y aprobar la ley que les prohibía actuar. Es difícil mantener ese nivel durante todo el metraje, aunque a veces se consigue (otras, en cambio, cae momentáneamente en un estrepitoso ridículo, como el de la escena de sexo que acompaña el Halellujah de Leonard Cohen, que provoca carcajadas, y no sin razón). Puede parecer complicada, áspera en algunos momentos, casi inabarcable para los que no hayan leído la novela por la ingente cantidad de datos que se dan en tan poco tiempo, pero Watchmen es una fiel adaptación del original (lo que era, en un principio, bastante difícil de conseguir), tiene momentos memorables, de muy buen cine, es una película que se disfruta, que hay que dejar reposar y asimilar. Fantástica.

    cine : jahidalgo-cineando.blogspot.com

     

     

  • Un rato entretenido

    cinePUSH

    Películas sobre superhéroes, o sobre gente con poderes fabulosos que los pueden usar para el bien o para el mal (según el bando al que decidan aliarse), películas así, digo, hay muchas. Prácticamente todas basadas en cómics o en historias ya preexistentes. Por eso, cuando llega una cinta como Push, que tiene como protagonistas a dichos personajes, pero que parte de una idea enteramente original (aunque en realidad tiene más de plagio que de nueva creación) hay que celebrarlo. Al menos en principio, antes de ver la cinta, porque una vez vista, la cosa no está tan clara.

     

    Estados Unidos, 2009. (111’)
    Título original: Push.
    Dirigida por: Paul McGuigan.
    Guión:  David Bourla.
    Producción: Bruce Davey, William Vince y Glenn Williamson.
    Fotografía:  Peter Sova.
    Música: Neil Davidge.
    Montaje: Nicolas Trembasiewicz.
    Intérpretes: Chris Evans (Nick Gant), Dakota Fanning (Cassie Holmes), Camilla Belle (Kira Hudson), Djimon Hounsou (Henry Carver), Neil Jackson (Victor Budarin), Xiao Lu Li (Chica Pop) Corey Stoll (Agente Mack), Scott Micheal Campbell (Agente Holden), Maggie Siff (Teresa Stowe), Cliff Curtis (Hook Waters), Ming-Na (Emily Hu), Nate Mooney (Pinky Stein)

    Lo bueno de la película es que no tiene la más mínima pretensión, salvo entretener, hacer pasar un rato entretenido en el que uno puede olvidarse de sus problemas fuera de la sala, para lo que copia y se apropia descaradamente elementos de otras historias previas para contar su argumento (en este caso, el más claro es la serie Héroes, de la que copia con gran desfachatez hilos argumentales fundamentales –el aviso al prota cuando es niño por parte de su padre “algún día una niña te ofrecerá una flor, cógela” y lo que le sigue después, recuerda sin ninguna duda al “salva a la animadora, salva al mundo” del comienzo de la serie–) e incluso los utiliza para publicitar la película. Lo malo es precisamente lo mismo, que como no tiene ninguna pretensión, la película se olvida en cuanto se encienden las luces, no aporta absolutamente nada se queda muy lejos de sus referentes (la citada serie) y además tiene varios errores (algunos de bulto) en un argumento que parece estar muy poco cuidado.

    Nick Gant es un joven con poderes telequinésicos que vive oculto en Hong Kong desde que una organización secreta, la División, asesinara a su padre años atrás. La División se dedica a alterar genéticamente a personas con ciertos poderes, para aumentar éstos y convertirlos en armas para crear así un ejército invencible. Junto a la joven vidente Cassie, cuya madre se haya secuestrada por la División, Nick emprende la búsqueda de Kira, una de las más poderosas ‘armas’ creadas por la organización, que escapó de sus laboratorios, y así poder luchar para destruir de una vez por todas a la División.

    El director ha dicho que no ha querido abusar de los efectos especiales para que la espectacularidad de las imágenes no le robe importancia a la historia. Pero lo cierto es que la historia tampoco es para tanto, porque aventuras de chicos y chicas buenos, perseguidos por una banda de ‘malos’, con un giro final del argumento (por cierto, completamente sacado de la manga, y rompiendo las explicaciones que antes se nos han dado, con lo cual pierde toda la credibilidad y toda la plausibilidad) que hace que la historia termine como debe para que el espectador quede contento. Y, lo dicho, al salir de la sala pueda dedicarse sin problemas a otros asuntos y olvidarse de lo que acaba de ver sin que tenga la sensación de haber perdido el tiempo, llevándose la impresión de que ha estado un rato entretenido.

     

  • Resurgir de las cloacas

    críticaHollywood siempre ha sido amigo de estas historias de personajes que resucitan de sus cenizas, de seres que luchan duramente por lograr su sueño, por alcanzar sus metas. En cierto modo es de lo que trata  El luchador, cinta que muchos dicen que ha supuesto el resurgimiento, el renacer, la vuelta del lado oscuro del otrora sex-symbol Mickey Rourke (quizás olvidando que en estos años en los que supuestamente no estaba bien ha protagonizado alguno de sus mejores papeles: Animal factory, por ejemplo, o incluso el de Sin City).

    Estados Unidos-Francia, 2008. (115’)
    Título original: The wrestler.
    Director: Darren Aronofsky.
    Producción:  Darren Aronofsky, Scott Franklin.
    Guión: Robert Siegel.
    Fotografía: Maryse Alberti.  
    Música: Clint Mansell.
    Montaje: Andrew Weisblum.
    Intérpretes: Mickey Rourke (Randy ‘The Ram’ Robinson), Marisa Tomei (Cassidy), Evan Rachel Wood (Stephanie), Mark Margolis (Lenny), Todd Barry (Wayne), Wass Stevens (Nick Volpe), Judah Friedlander (Scott Brumberg), Ernest Miller (El Ayatollah), Donnetta Lavinia Grays (Jen).

    Randy ‘The Ram’ Robinson fue una auténtica estrella de la lucha libre veinte años atrás. Un verdadero ídolo de masas, con combates que aún se recuerdan. Hoy, dos décadas después, sobrevive trabajando en un pequeño supermercado, y los fines de semana continua pegándose por cuadriláteros de tercera categoría, en pueblos pequeños que lo jalean, lejos de la fama de antaño, por unas cuantas monedas. En su vida la única persona importante es Cassidy, una mujer ya entrada en la cuarentena que trabaja como streaper. Cuando sufre un infarto en una competición, Randy se replanteará su vida e intentará recuperar el amor de su hija, a la que abandonó muchos años atrás.

    La película, que ganó el León de Oro en el último Festival de Venecia, y que contaba con dos nominaciones a los Óscar por su pareja protagonista (ninguno de los dos acabó ganando, Rourke perdió frente  Sean Penn, y Marisa Tomei ante nuestra Penélope Cruz) tiene su principal baza precisamente en sus intérpretes. Con otro intérprete que no fuera Rourke (la historia se parece bastante a la suya, ya que cuando estaba en la cumbre cayó en el pozo de las drogas, fue varias veces condenado por diversos motivos, como pegar a su mujer –la bellísima modelo y actriz Carré Otis–, e incluso dejó temporalmente la interpretación para dedicarse al boxeo) la película habría perdido bastante. Y Marisa Tomei vuelve, con un papel en cierto modo parecido al que tuvo con Antes que el diablo sepa que has muerto, a demostrar lo que muchos ya sabíamos: que es una gran actriz que, a veces, no ha sabido elegir bien sus papeles.

    Aronofsky juega con la camaradería de los luchadores de ese espectáculo del dolor fingido que es la lucha libre, descubre sus trucos, todo ello para lanzarnos un mensaje que el protagonista descubre casi al final. Son mercancía, venden y explotan su cuerpo, ahí es donde Randy encuentra casi un alma gemela en Cassidy, son carne que únicamente tienen su sentido encima del ring (él) o del escenario (ella), que estarán allí hasta que el público quiera, y que fuera de él no son nada. Irónicamente, cuando más bajo de moral se encuentra Randy su trabajo pasa a ser concretamente el de vender carne.

    Grandes interpretaciones, una historia que va ganando a medida que avanza el metraje, te emociona y te mantiene en tensión, aunque ya sepamos lo que va a pasar y cómo va a terminar la historia.

    jahidalgocineando.blogspt.com

     

     

  • La sorpresa del año

    CRÍTICASLUMDOG MILLIONAIRE

    Al británico Danny Boyle siempre le han echado en cara (no sin razón) que desde que rodara su potentísima Trainspotting se ha ido diluyendo, pasando de un género a otro, sin lograr rozar siquiera una mínima parte del talento que se vislumbraba en aquella. Desde entonces ha rodado varias cintas a las que podríamos calificar de menores (si no quisiéramos ser demasiado crueles) como la insufrible Una historia diferente, la infame La playa, la almibarada Millones… Ahora, por fin, parece que se ha redimido. Eso sí, poniendo varios ‘peros’ a tal afirmación con esta película, rodeada de polémica (han sido muchas las quejas por el calificativo de ‘perro de chabola’ para el protagonista) y que está siendo la gran sorpresa del año, ganando numerosos premios allá donde va, y perfilándose (si Benjamin Button lo permite) como la gran favorita para los Oscar de este año.

    Reino Unido-Estados Unidos, 2008 (120’)
    Título original: Slumdog Millionaire.
    Director: Danny Boyle.
    Producción:  Christian Colson.
    Guión: Simon Beaufoy, basado en la novela de Vikas Swarup.
    Fotografía: Anthony Dod Mantle. 
    Música: Allah Rakkhha Rahman.
    Montaje: Chris Dickens.
    Intérpretes: Dev Patel (Jamal Malik), Freida Pinto (Latika), Madhur Mittal (Salim), Anil Kapoor (Prem Kumar), Saurabh Shukla (Sargento Srinivas), Ayush Mahesh Khedekar (Jamal, niño), Azharuddin Mohammed Ismail (Salim, niño), Rubiana Ali (Latika, niña), Mahesh Manjrekar (Javed), Himanshu Tyagi (Sr. Nanda), Sharib Hashmi (Prakash), Ankur Vikal (Maman), Tanay Chheda (Jamal, adolescente), Ashutosh Lobo Gajiwala (Salim, adolescente), Tanvi Ganesh Lonkar (Latika, adolescente).
     

    Jamal Malik es un joven huérfano, criado en las calles de Bombay junto a su hermano mayor y una amiga, que decide presentarse al concurso ¿Quién quiere ser millonario? pese a que carece de la educación más elemental. Para sorpresa de todos, Jamal va respondiendo correctamente a todas las preguntas que le plantea el presentador. Cuando está a punto de contestar a la última, la policía lo detiene y se lo lleva para interrogarle, pensando que ha estado haciendo trampas. Jamal deberá explicar por qué conocía las respuestas, recurriendo para ello a diferentes episodios de su azarosa vida, y que le obligarán a desvelar la verdadera razón de su participación en el concurso.

    Hay en Slumdog millionaire dosis de comedia, de drama, de romance, de documental, de musical… A veces (bastantes) utiliza un tono de crítica política y social, reflejando la realidad de muchos niños y niñas que malviven en las calles de India, asediados por la pobreza y rodeados de inmundicia, frente a los turistas occidentales que viajan allí sin preocuparse demasiado por ellos. Y a veces, aunque pocas, cae en el error (ya lo hizo en La playa) de querer rodar la historia –al menos, eso es lo que parece– con cierto tono videoclipero.
    Boyle utiliza tres niveles narrativos para contar la historia del joven Jamal: el concurso televisivo, el posterior interrogatorio policial y los flash-backs que reconstruyen su tortuosa vida, desde su miserable infancia en las calles de uno de los suburbios más pobres de la ciudad, hasta llegar a donde está ahora, explicando así cómo ha llegado a conocer cada una de las respuestas, y a convertirse al poder darlas en el concurso, en un verdadero ídolo de todo el país.

    A la película se le puede achacar que en ocasiones resulta algo pretenciosa, que en algunos momentos baja su nivel alarmantemente, que se la ve venir desde muy lejos (su final es más que previsible) y que tiene algún elemento contradictorio que inexplicablemente se les ha pasado por alto a todos los responsables del filme (el más descarado es el hecho de que el protagonista declare, en una fase del concurso, que no sabe leer, cuando antes se le ha visto escribiendo en un ordenador). Vale, todo eso es cierto. Pero aún así, la cinta enamora casi desde el primer momento. Te hace reír, te hace llorar, te emociona y te mantiene en tensión, aunque ya sepamos lo que va a pasar y cómo va a terminar la historia.

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  • Imprescindible

    CINEEL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON

    Hay veces en las que se dan hechos tan extraños como que el nombre de un director que ha realizado películas aclamadas y que han sido éxitos de taquilla resultan prácticamente desconocidos para la mayoría del público. Un ejemplo claro sería David Fincher. La mayoría diría que nunca ha oído hablar de él, pero resulta que es el director de (por citar sólo tres cintas) Seven, The game o Zodiac, por ejemplo.

    Aquí, en El curioso caso de Benjamin Button, Fincher colabora por tercera vez con Brad Pitt, quien puede conseguir su primer Oscar por este papel, gracias a una interpretación magnífica en una película cuyo primer guión empezó a moverse por los estudios hace ya más de una década y que ha tenido un proceso de postproducción de casi dos años para los complicados procesos de caracterización del protagonista.

     

    Estados Unidos, 2008 (167’)
    Título original: The curious case of Benjamin Button.
    Director: David Fincher.
    Producción:  Ceán Chaffin, Kathleen Kennedy, Frank Marshall.
    Guión: Eric Roth, basado en el relato de F. Scott Fitzgerald.
    Fotografía: Claudio Miranda. Música: Alexandre Desplat. Montaje: Kirk Baxter, Angus Wall. 
    Música: John Ottman.
    Montaje: John Ottman.
    Intérpretes: Brad Pitt (Benjamin Button), Cate Blanchett (Daisy), Tilda Swinton (Elizabeth Abbott), Taraji P. Henson (Queenie), Julia Ormond (Caroline), Jared Harris (Capitán  Mike), Jason Flemyng (Thomas Button), Joeanna Sayler (Caroline Button), Mahershalalhashbaz Ali (Tizzy), Fiona Hale (Sra. Hollister), Elle Funning (Daisy, 7 años), Madisen Beaty (Daisy, 10 años), David Ross Patterson (Walter Abbott), Taren Cunningham (Elizabeth Abbott joven)(Coronel Mertz von Quirnheim).

     

    Basada en un relato breve de F. Scott Fitzgerald, El curioso caso… cuenta la historia de Benjamin Button. Nacido el día que acaba la Primera Guerra Mundial, su madre muere en el parto y su padre lo abandona inmediatamente al haber nacido prematuramente envejecido, con aspecto de tener ya ochenta años. Benjamin se cría en un asilo para ancianos, viendo como, mientras todos a su alrededor van envejeciendo y muriendo, él cada vez está más rejuvenecido, pues su reloj biológico marcha en sentido inverso. Allí conoce a Daisy, la nieta de una de las internas, y se enamorará de ella, aunque su amor no podrá llegar a ningún puerto sin el entendimiento del resto del mundo. Siendo un adolescente (aún con apariencia de anciano) marcha a recorrer mundo a bordo de un barco, donde se verá inmerso en la Segunda Guerra  Mundial, y regresará de nuevo a casa, reencontrándose con Daisy. Pero Benjamin sabe que no podrá durar, pues él sigue rejuveneciendo, mientras ella envejece cada vez más.

    La película está llena de melancolía, ya desde el principio, con la historia del relojero ciego que fabrica un reloj que marcha hacia atrás, con la esperanza de recuperar un pasado más feliz. Después, casi permanentemente en el rostro del protagonista, sobre todo después de su encuentro con un visitante crucial, que le hará ver que las personas diferentes (como ellos) están abocadas a la soledad y con la conciencia de que nada es eterno.

    Fincher ha rodado un filme portentoso, con una gran fuerza visual y emocional. Narrado a través de flash-backs la historia comienza en Nueva Orleans, a punto de ser azotada por el Katrina, y viaja hasta los inicios del siglo pasado para, desde ahí, comenzar la historia del protagonista, con varios (quizás demasiados) retornos al presente, al lugar desde el que se cuenta la historia. Una película con grandes momentos, sobre los que destacan las dos historias de amor de Button, y que es una demoledora reflexión sobre el paso del tiempo. Bellísima e imprescindible.

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