Categoría: La película

  • Persiguiendo a Lisbeth

    1501MILLENIUM 2: LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA

    Apenas unos meses después de que se estrenara la primera entrega de la adaptación cinematográfica de la saga Millenium, creada por Stieg Larsson, llega ya la segunda parte, que mejora la anterior, y guarda algunas semejanzas (más allá de las lógicas del argumento) tanto con la cinta precedente como con las obras literarias de las que proceden.

    Suecia, 2009. (124’)
    Título original: Flickan som lekte med elden.
    Dirección: Daniel Alfredson.
    Producción: Soren Staermose.
    Guión: Jonas Frykberg, basado en la novela de Stieg Larsson.
    Fotografía: Peter Mokrosinski.
    Música: Jacob Groth.
    Montaje: Mattias Morheden.
    Intérpretes: Noomi Rapace (Lisbeth Salander), Michael Nyqvist (Mikael Blomkvist), Lena Endre (Erika Berger), Peter Andersson (Bjurman), Per Oscarsson (Holger Palgrem), Georgi Staykov (Zalachenko), Sofia Ledarp (Malin Erikson), Micke Spreitz (Ronald Niederman), Yasmine Garbi (Miriam Wu), Paolo Roberto (Paolo Roberto), Annika Hallin (Annika Giannini).

    Por un lado, como ocurrió con la primera parte fílmica, la traslación a imágenes de una historia que, sobre el papel, ocupaba 750 páginas, a apenas dos horas de imágenes, conlleva un considerable recorte de material. Han desaparecido aquí toda la primera parte de Lisbeth en el Caribe (con la historia del huracán Mathilda y la operación de estética de la chica) o las disquisiciones matemáticas que ocupan gran parte del libro, entre otras líneas argumentales. Por otro, del mismo modo que en las novelas la segunda mejoraba con creces la primera, esta segunda parte es superior a la anterior entrega, y el personaje de Lisbeth toma por completo el protagonismo de la historia relegando a Mikael a un plano más secundario.

    Dos colaboradores de Millenium, a punto de sacar a la luz un escándalo sobre el comercio sexual en Suecia, son brutalmente asesinados, y las huellas de Lisbeth Salander están en el arma del crimen. Lisbeth, que ha pasado una larga temporada ‘desaparecida’ se ve obligada a ocultarse de nuevo, mientras toda la policía anda en su búsqueda. Mikael Blomkvist no cree lo que dicen las noticias sobre su amiga, y sabiendo que ella puede ser peligrosa si se ve acorralada, inicia su búsqueda, antes de que sea tarde y pueda meterse en problemas aún mayores si cabe.

    La cinta tiene interés, está rodada con buen ritmo y mantiene la tensión del espectador durante todo el metraje, y aunque pese a que en algunos momentos la trama parece algo enrevesada, lo cierto es que está bastante simplificada respecto al libro del que procede. Ello está motivado, en gran parte, por el hecho de haber prescindido de las tramas más ‘complicadas’: todo lo relacionado con las matemáticas y el teorema de Fermat, y lo que es peor, por simplificar al máximo la investigación sobre la prostitución y la trata de blancas.

    Esta segunda parte de la historia (que ha cambiado de director respecto a la primera) tiene cierta apariencia televisiva, parece haber sido concebida más bien para la pequeña pantalla en vez de para el cine (la planificación, el montaje, la duración de las secuencias…). Destaca el guión, potente pese a todo, pese a la mutilación de los temas más importantes, de las críticas sociales que se resaltaban en el libro y que aquí están apenas esbozadas, sin duda en búsqueda de un público mayoritario, que busca temáticas-argumentos más asequibles. Y, por supuesto, destaca Noomi Rapace, protagonista absoluta de un filme correcto, intenso, interesante, pero no tan crítico, no tan cáustico como el libro del que procede.

  • Conmovedora a conciencia

    1101YO, TAMBIÉN

    La sorpresa del pasado Festival de Cine de San Sebastián, que recibió los premios a la mejor actriz y al mejor actor para su pareja protagonista, llega a las pantallas. Rodada casi en su integridad en Sevilla, Yo, también es una cinta que tiene sus ventajas y sus desventajas.

    España, 2009. (103’)
    Escrita y dirigida: Álvaro Pastor y Antonio Naharro.
    Producción: Manolo Gómez Cardeña, Julio Médem, Koldo Zuazua.
    Fotografía: Alfonso Postigo.
    Música: Guille Milkyway.
    Montaje: Nino Martínez Sosa.
    Intérpretes: Lola Dueñas (Laura), Pablo Pineda (Daniel), Antonio Naharro (Santi), Isabel García Lorca (María Ángeles), Pedro Álvarez-Ossorio (Bernabé), Consuelo Trujillo (Consuelo), Daniel Parejo (Pedro), Lourdes Naharro (Luisa), Catalina Lladó (Pilar), Susana Monje (Nuria), Joaquín Perles (Pepe), Teresa Arbolí (Rocío), Ramiro Alonso (Quique), Ana de los Riscos (Macarena), María Bravo (Reyes).

    Daniel es un chico sevillano de 34 años. Es el primer europeo con síndrome de Down que ha obtenido un título universitario, y ahora comienza su vida laboral en la administración pública. Allí conoce a Laura, una compañera de trabajo procedente de Madrid con la que, inesperadamente inicia una relación de amistad que pronto llama la atención de sus compañeros y de la familia de Daniel. Esta relación se convierte en un problema para Laura cuando Daniel se enamora de ella. Sin embargo, esta mujer solitaria, que rechaza las normas, encontrará en él la amistad y el amor que nunca recibió en su vida.

    Los premios obtenidos por los protagonistas demuestran sus buenas interpretaciones, al menos en principio. La actuación de Lola Dueñas deja claro lo que muchos ya sabíamos: que es una actriz como la copa de un pino, con un talento casi sobrenatural, y que da vida y credibilidad a todo lo que toca. El caso de Pablo Pineda es distinto, porque lo que hace es (sin por ello minusvalorar su trabajo) interpretarse a sí mismo, ya que él es, en la vida real, el personaje que interpreta en la película, el primer europeo con síndrome de Down que consigue un título universitario.

    Es habitual que en los certámenes o galardones varios (la Academia americana es muy dada a ello con sus Oscar) se premie a los actores que interpretan a disminuidos, o que se afean para su papel (Dustin Hoffman, Charliza Theron, Robert de Niro, Daniel Day Lewis…) En el caso de Pineda lleva a una conclusión: su excelente trabajo en Yo, también, es más que posible que sea su último trabajo.

    La cinta transpira realidad por todos sus poros. Sus diálogos son verdaderos, creíbles. Hay numerosos momentos verdaderamente divertidos (el diálogo en la playa, por ejemplo), y es una cinta que llega a conmover.

    El problema es que se ve a la legua que intenta conmover, no es algo que logre mostrando verosimilitud en la historia, lo busca descaradamente, y ese es su único (aunque importante) punto en contra.

  • Más efectista que efectiva

    1101Agora

    Hay ocasiones en que, por uno u otro motivo, parece obligatorio rendirse ante determinado director y alabar absolutamente todo lo que haga, que todas sus películas son obras maestras y que él es uno de los mayores genios del cine, incluso antes de que su película llegue a las salas y se pueda comprobar empíricamente. Amenábar es uno de ellos.

    España-Estados Unidos, 2009. (141’)
    Título original: Agora.
    Dirección: Alejandro Amenábar.
    Producción: Álvaro Augustín, Fernando Bovaira.
    Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.
    Fotografía:  Xavi Giménez.
    Música: Dario Marinelli.
    Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
    Intérpretes: Rachel Weisz (Hipatia), Max Minghella (Davos), Oscar Isaac (Orestes), Michael Lonslade (Theon), Ashraf Barhom (Ammonios), Rupert Evans (Sinesio), Richard Durden (Olimpio), Sami Samir (Cirilo), Manuel Cauchi (Teófilo), Homayoun Ershadi (Aspasio), Oshri Cohen (Medoros), Harry Borg (Prefecto Evragios).

    Parece que todo se ha confabulado a su favor y que si no ves que es un maestro es que no tienes la más mínima idea de lo que estás hablando o que simplemente eres un envidioso que jamás logrará hacer lo que ha hecho él (a mí ya me cayeron numerosas críticas cuando dije que Abre los ojos me parecía un auténtico petardazo). Y en parte es cierto, ninguno de nosotros logrará nunca hacer lo que ha hecho él, del mismo modo que ninguno de nosotros tiene el apoyo mediático que él tiene desde el mismo momento en que se pone  a escribir el guión. Pero vayamos al grano y dediquémonos a Agora.

    La historia se sitúa en Alejandría, en el siglo IV de nuestra era. En el Egipto bajo la ocupación de un imperio romano que empieza a declinar, en la ciudad donde se encuentra la mayor biblioteca que la historia ha conocido, y donde conviven tres religiones (la pagana, la judía y la cristiana, que acaba de ser legalizada por el imperio), la filósofa y astrónoma Hipatia (muy bien interpretada por Rachel Weisz) da clases en dicha biblioteca. Las revueltas religiosas se multiplican, enfrentando a los tres cultos. Mientras Orestes y el joven esclavo Davos compiten por el amor de Hipatia, ésta está más preocupada por encontrar una explicación al movimiento errático del Sol y otros planetas en el cielo.

    Las tres historias conviven en el argumento de la película, yendo de una a otra o conviviendo a la vez en una misma secuencia. Si bien se detecta que la intención es decirnos que la político-religiosa es la más importante de las tres, y que ahí está el mensaje que el director quiere lanzarnos (la crítica contra los totalitarismos religiosos, sin importar de donde vengan, a pesar de que el peso de las atrocidades del cristianismo pesan más –no sólo acaban primero con el paganismo y después con el judaísmo, sino que destruyen un tesoro de la humanidad como era la Biblioteca de Alejandría, sólo porque la ciencia iba contra la palabra de dios–), a éste que les habla le parece más interesante la historia científica, que Amenábar utiliza como macguffin, es decir como trampa, como elemento que parece importante pero que después no lo es, como una distracción.

    La historia científica sobre el descubrimiento del heliocentrismo, de que la Tierra no es el centro del universo (como se creyó hasta entonces y se siguió creyendo hasta muchos siglos después, ya que Hipatia no pudo desarrollarla) me resulta más atrayente, porque tiene más fuerza, más intensidad emocional. Y porque el resto es pirotecnia, una magnífica dirección artística, escenas con cientos de extras, decorados fantásticos y hasta efectos especiales muy logrados, y gusta, pero no enamoran. En definitiva, una película flojita, rodada con muchos medios, muy efectista, pero no del todo efectiva.

  • El mejor Allen

    si la cosa funcionaSI LA COSA FUNCIONA

    Tras varios años sin presentarnos una película que realmente pudiese considerarse de nivel (ni Vicky Cristina Barcelona –que era más un paseo turístico por la ciudad condal–, ni Cassandra’s dream –poco creíble y, por momentos, aburrida–, ni, aunque en menor medida, Scoop, terminaban de convencer), Woody Allen vuelve a realizar gran cine, vuelve a demostrar que puede volver a su querida Manhattan cuando quiera y recuperar su toque de gran maestro con esta comedia, Si la cosa funciona.

    Estados Unidos, 2009. (92’)
    Título original: Whatever works.
    Escrita y dirigida por: Woody Allen.
    Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum.
    Fotografía:  Harris Savides.
    Montaje: Alisa Lepselter.
    Intérpretes: Larry David (Boris Yellnikoff), Evan Rachel Wood (Melodie St. Ann Celestine), Patricia Clarkson (Marietat), Adam Brooks (amigo de Boris), Lyle Kanouse (amigo de Boris), Carolyn McCormick (Jessica), Conleth Hill (Leo Brockman), John Gallagher Jr (Perry), Henry Cavill (Randy James), Olek Krupa (Morgensten), Ed Begley Jr (John), Christopher Evan Welch (Howard), Jessica Hetch (Helena).

    Boris Yellnikoff fue un brillante físico, candidato al Nobel, profesor en la Universidad de Columbia, felizmente casado con una bella y adinerada mujer, pero ahora es un cascarrabias, que falló en su intento de suicidio, y que se gana la vida como profesor de ajedrez de niños a los que insulta y grita por su ineptitud, irritando a los pocos amigos que le quedan por sus opiniones misántropas, contrarias a todo trato humano, a las religiones, a la política, etc, etc. Una noche, al llegar a su casa, encuentra en la puerta a una joven pueblerina, que ha escapado de casa y que le pide que le deje pasar la noche allí. Él, reacio al principio, acaba aceptando, y pasar una noche acaba convirtiéndose en que ella se quede allí, a pesar de las reiteradas pullas que Boris le lanza.

    Larry David, que ya trabajó con Allen hace bastantes años (por ejemplo en Días de radio), en papeles bastante menores, es el nuevo alter ego del director, con un resultado realmente sorprendente. La película tiene momentos brillantes, y muchos. Larry David encabeza un reparto en estado de gracia, y todos ellos consiguen trasladar a la pantalla el texto del maestro Allen.

    Muchos podrán tildar la cinta de misántropa, algunos incluso (equivocadamente, por supuesto) de misógina. Son los que no han terminado la película (que también los hay, que hablan de la película sin haberla visto entera). Si la cosa funciona es de las pocas comedias de los últimos tiempos que tiene tanto humor negro, tanta mala baba, pero lo bueno es que todo acaba en un discurso muy liberal, sincero y muy divertido. Woody Allen recupera su mejor tono, volviendo (en cierto modo) a la comedia, donde se siente más cómodo, actualizando su discurso, acomodándola a los tiempos que corren, aunque, en definitiva es lo de siempre, una historia sobre el amor, con una filosofía de vida apasionada, descreída, donde dos seres que parecen tener poco en común se encuentran en el caos que es este universo en el que vivimos. Muy aconsejable.

  • Willis vuelve a la ciencia-ficción

    cineLOS SUSTITUTOS

    A medio camino entre Yo, robot, Inteligencia artificial, los replicantes de Blade runner, el universo de Matrix, Los sustitutos, el retorno de Bruce Willis al género de la ciencia-ficción (en el que ya había trabajado tiempo atrás con filmes como El quinto elemento o 12 monos), es una película basada en una novela gráfica a la que es abiertamente infiel y que se ve venir desde muy lejos.

    Estados Unidos, 2009. (88’)
    Título original: Surrogates.
    Director: Jonathan Mostow.
    Producción: Max Handelman, David Hoberman, Todd Lieberman.
    Guión: Michael Ferris y John D. Brancato, basado en la novela gráfica de Robert Venditti y Brett Weldele.
    Fotografía:  Oliver Wood.
    Música:  Richard Marvin.
    Montaje: Kevin Stitt, Barry Zetlin.
    Intérpretes: Bruce Willis (Greer), Radha Mitchell (Peters), Rosamund Pike (Maggie Greer), Ving Rhames (El profeta), Michael Cudlitz (Brendon), Helena Mattson (J.J), Boris Kodjoe (Stone), Jack Noseworthy (Strickland), Rachel Sterling (Vivian), James Francis Ginty (Canter), James Cromwell (Canter).

    La historia transcurre en una realidad paralela en la que los humanos utilizan a los robots como si de un avatar cibernético se tratase. Las personas viven enclaustradas en sus casas, y sus vidas en el exterior las llevan a cabo a través de robots sustitutos de ellos mismos, clones perfeccionados de sus dueños, más esbeltos, más guapos, más listos, rápidos y fuertes que ellos, a los que manejan desde la seguridad de sus dormitorios. Así, tras años de robots-clones perfectos físicamente, la sociedad ha conseguido que desaparezcan el crimen, el dolor, las enfermedades, el miedo… Pero un día, en este mundo utópico se produce un asesinato: un sustituto es eliminado, y como consecuencia, su propietario también muere, algo que los creadores de estos robots aseguran que no podía ocurrir. El agente Greer, del FBI, investigará el caso, y se verá obligado a abandonar su propio avatar y salir a la calle él mismo, algo que no realizaba desde hacía mucho tiempo, desde que su hijo muriera en un accidente muchos años atrás.

    La historia, aunque en principio parece que no es nueva, que ya se ha visto antes (de hecho, la novela gráfica de la que procede se creó en 2005, cuando las tres cintas de la saga de Matrix ya habían visto la luz y son evidentes sus referencias), resulta interesante a priori. Y, de hecho, el tema de la película (que la tecnología se ha apoderado de la humanidad, que la sustitución se ha apoderado del mundo y ahora resulta incluso más importante que la realidad), es interesante. El problema es que el resultado es, durante gran parte del metraje, bastante aburrido.

    El conjunto no es equilibrado, el tema es ciertamente recurrente, tiene algunos elementos (pocos, es cierto) que señalan que podría haber sido una cinta cuanto menos interesante, pero no termina de cuajar, no termina de convencer, y hay momentos en los que, de simple ausencia de algo que levante el interés, se puede dar alguna que otra cabezadita.

  • Tarantino en estado puro

    cineMALDITOS BASTARDOS

    Aunque sigue siendo defenestrado por muchos, Quentin Tarantino sigue haciendo cine. Buen cine. Malditos bastardos, cuyo guión ha estado rondando desde hace más de diez años, con múltiples variaciones a través de este tiempo, y que puede entenderse como una libérrima adaptación de la película italiana de 1978 Aquel maldito tren blindado, consigue de nuevo sorprender, y es claramente obra de Tarantino, por su concepción, por su estética, por su (siempre presente) autoreferencialidad. Y es que Tarantino es mucho Tarantino y le gusta citarse a sí mismo: la estructura de la cinta es la misma que utilizó en Kill Bill; la música tiene algunas melodías que ya usó en aquella; en ocasiones recuerda a Death proof, y otras a Reservoir dogs, siempre con su estilo, con sus señas de identidad.

    Estados Unidos-Alemania, 2009. (153’)
    Título original: Inglourious basterds.
    Escrita y dirigida por: Quentin Tarantino.
    Producción: Lawrence Bender.
    Fotografía:  Robert Richardson.
    Montaje: Sally Menke.
    Intérpretes: Brad Pitt (Tte. Aldo Raine), Mélanie Laurent (Shosanna Dreyfus), Christoph Waltz (Coronel Hans Landa), Eli Roth (Sgto. Donny Donowitz), Michael Fassbender (Tte. Archie Hicox), Diane Kruger (Bridget von Hammersmack), Daniel Brühl (Fredrick Zoller), Til Schweiger (Sgto. Hugo Stiglitz), Sylvester Groth (Goebbles), Gedeon Burkhard (Wilhem Wicki), Martin Wuttke (Adolf Hitler), Mike Myers (General Ed Fenech), Julie Dreyfus (Francesca Mondino), Jacky Ido (Marcel).

    En los inicios de la invasión alemana de Francia, la joven Shosanna es testigo de cómo las tropas nazis asesinan a su familia, y ella escapa de milagro del Coronel Landa, conocido como el ‘cazajudíos’. Años después, el teniente Aldo Raine organiza un grupo de soldados judíos americanos con un único objetivo: llegar a París y matar nazis. Con el tiempo, los hombres de Raine, conocidos por los alemanes como ‘los bastardos’ llegan a ser una prioridad para los líderes del ejército invasor. Shosanna, que ahora vive en París con otra identidad y que regenta un cine, es ‘perseguida’ por Fredrick, un soldado alemán, un héroe de guerra y actor, enamorado de la chica, que convence a Goebbles para que el gran estreno de la última película alemana sea en el pequeño cine de ella.

    La gloria de la película está en su propio exceso. No es completamente fiel a la historia (a decir verdad, la cambia radicalmente en algunos puntos), pero eso es lo de menos, su pretensión no es la fidelidad, sino el espectáculo. Tarantino sigue siendo un artesano del diálogo, al que en muchos momentos enfrenta deliberadamente a escenas estridentes, casi chirriantes, sigue siendo un maestro al seleccionar la música que acompaña a sus cintas, ademas de un cinéfilo empedernido (son tantas las citas, los homenajes, que se pueden encontrar en Malditos bastardos, que necesitaríamos dos o tres artículos como este para nombrarlas a todas).

    Malditos bastardos tiene varios momentos sublimes: el capítulo uno, que es una película en sí, muy cercana al western; la media hora de tensión pura y dura a la que nos somete en el bar; la escena en la que Shosanna se prepara para su venganza, con la música de El beso de la pantera de fondo… Y tiene a un actor portentoso: Christoph Waltz, cuyo personaje tiene un látigo por lengua, un ser que inspira miedo sólo con verlo y oírlo.

    Lo último de Tarantino es una película sobre el lenguaje, una declaración de amor al cine como elemento liberador, catártico. Los bastardos del título son una excusa, la historia va por otros derroteros. Y es muy buena, aunque no llega a la cima que, de momento, sigue teniendo en las magistrales dos partes de Kill Bill.

  • En el gueto

    cine distrito 9DISTRITO 9

    Apadrinado por Peter Jackson (que, desde que rodó la trilogía de El Señor de los Anillos, es prácticamente todopoderoso en el mundillo de la industria), el joven sudafricano Neill Blomkamp, curtido en el cortometraje, los videos musicales, la publicidad y en tareas de director artístico de efectos visuales, debuta en el largometraje con esta cinta que está destinada a convertirse, con  el paso de los años, en un clásico de la ciencia ficción.

    Estados Unidos-Nueva Zelanda, 2009. (112’)
    Título original: District 9.
    Dirección: Neill Blomkamp.
    Producción: Peter Jackson.
    Guión: Neill Blomkamp y Terri Tatchell.
    Fotografía:  Trent Opaloch.
    Música: Clinton Shorter.
    Montaje: Julian Clarkeh.
    Intérpretes: Sharlto Copley (Wikus van de Merwe), Jason Cope (Christopher Johnson), David James (Koobus), Natalie Boltt (Sarah Livingstone), Sylvaine Strike (Dra. Katrina Mackenzie), John Summer (Les Feldman), William Allen Young (Dirk Michaels), Nick Blake (Francois Moraneu), Jed Brophy (James Hope), Louis Minnaar (Piet Smit), Vanessa Haywood (Tania van de Merwe), Mandla Gaduka (Fundiswa Mhlanga), Hlengiwe Madlala (Sangoma).

    Hace veinte años una nave alienígena llegaba a la Tierra y se situaba sobre la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica. Las autoridades del planeta esperaban un ataque hostil o un avance en la tecnología gracias a la ayuda de los visitantes. Pero no ocurrió nada. Los alienígenas eran refugiados que pedían ayuda. Mientras los líderes del mundo llegaban a un acuerdo, las criaturas (a las que los ciudadanos llamaban ‘bichos’) fueron confinadas en el Distrito 9 de la capital sudafricana. Ahora, con los bichos viviendo en condiciones pésimas, en un gueto en el que ha proliferado el tráfico de drogas, armas y alimentos alrededor de ellos, el gobierno ha delegado el control a una agencia privada, a la que no le interesa el bienestar de los alienígenas  sino el dinero que pueda sacar, entre otras cosas, con las armas de los visitantes (si consiguen hacer que funcionen, ya que sólo lo hacen con el ADN extraterrestre), y decide trasladar el asentamiento a doscientos kilómetros de la ciudad. El oficinista Wikus van de Merwe es el elegido para entregar a los bichos las certificaciones de desalojo. Todo marcha medianamente bien, hasta que Wikus contrae un extraño virus que empieza a transformar su ADN. De la noche a la mañana, se ve perseguido, acosado, ya que es pieza clave para desentrañar la tecnología alienígena. Marginado y sin amigos, sólo le queda un sitio en el que poder ocultarse: el Distrito 9.

    El gran acierto de la película (que, a la vez, puede provocar cierto rechazo en el sector más joven de los espectadores, ávidos de acción pura y dura) es su tratamiento, y es que Blomkamp presenta la cinta (y mantiene el tono durante casi media cinta, para después dejarlo de lado y recuperarlo de nuevo al final) como si de un documental se tratase, con entrevistas a los personajes que protagonizaron los hechos, que cuentan su visión de los hechos, de lo que ocurrió o pudo haber ocurrido desde la llegada de los extraterrestres.

    Y por supuesto, por el tema que subyace debajo de esta historia de alienígenas (una metáfora política que es más que evidente): el hacinamiento al que se ven sometidos, las condiciones de vida miserables y por supuesto, el racismo. No es casualidad que la historia se desarrolle en Johannesburgo, donde el apartheid está muy presente aún.

    Distrito 9 es una muy buena cinta, en la que se detecta un gran futuro para su novato realizador, poseedor de un sentido del espectáculo y un manejo del ritmo narrativo poco comunes en un debutante.

  • El esperado retorno de Coixet

    cineMAPA DE LOS SONIDOS DE TOKIO

    Se estrena, por fin, la esperadísima última película de Isabel Coixet, Mapa de los sonidos de Tokio, y el resultado es bueno, muy bueno, aunque no tanto como se preveía, y queda a cierta distancia de sus mejores obras, la “trilogía” (aunque argumentalmente tengan poco que ver entre sí) americana: Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras.

    España, 2009. (109’).
    Título original:  Map of the sounds of Tokyo.
    Escrita y dirigida por:  Isabel Coixet.
    Producción: Jaume Roures.
    Fotografía: Jean-Claude Larriere.
    Montaje: Irene Blecua.
    Intérpretes: Rinko Kikuchi (Ryu), Sergi López (David), Min Tanaka (Narrador), Manabu Oshio (Yoshi), Takeo Nakahara (Nagara), Hideo Sakahi (Ishida).

    Mapa de los sonidos de Tokio tiene el sello propio de Coixet, al que nos tiene acostumbrados desde sus comienzos. Sus cintas cuentan siempre historias de amores desgarrados, relaciones imposibles, dolorosas

    Ryu es una chica solitaria y sin amigos, de apariencia delicada, que trabaja por las noches en una lonja de pescado en Tokio, aunque tiene un secreto: ocasionalmente trabaja como asesina a sueldo. El señor Nagara es un poderoso empresario que llora la muerte de su hija, Midori, que se ha suicidado, y culpa del suicidio a su novio, David, un hombre de origen español que regenta una tienda de vinos. Ishida, el empleado de confianza de Nagara, y que amaba en secreto a Midori, contrata a Ryu para que asesine a David. Ryu acepta el encargo. Pero ocurre algo inesperado, algo en David hace que se sienta atraída, que no sea capaz de seguir adelante. Mientras tanto, un viejo ingeniero de sonido, que recorre la ciudad captando sus sonidos, y que está obsesionado con Ryu, es testigo mudo y narrador cuasi-omnisciente de la relación que se está desarrollando entre David y Ryu.

    La película de Coixet está al nivel de sus mejores trabajos, quizás algo inferior, con algunos excesos de voz en off por parte del narrador, aunque sea precisamente este personaje el que más huella deja, el que más enamora, sin que por ello debamos olvidarnos de destacar a la protagonista, Rinko Kikuchi, a la que ya habíamos visto en su papel (que le valió su nominación al Oscar) de Babel. Por el contrario, Sergi López no termina de encajar, no se termina de ver a su personaje como el galán seductor que se supone que es.

    En el plano visual, Coixet consigue planos de gran belleza de la ciudad (a veces, quizás, algo ortopédicos, algo forzados), pero igualmente bellos. La historia es buena, y Coixet sabe darle el trato adecuado, aunque muchos solo la recordarán por las escenas de sexo (que son varias) que contiene, y que son parte fundamental de la trama.

  • La realidad dentro de la ficción

    críticaVOS
    Todas las películas del catalán Cesc Gay parecen estar conectadas entre sí, aunque el modo de contar la historia difiera en cada una de ellas. Sus anteriores creaciones fueron En la ciudad y Ficción, que como ésta nos contaban historias de amor de un modo sencillo, delicado, sin grandes alharacas, sin estruendosos finales felices (casi huyendo de ellos). V.O.S., que procede de una obra de teatro, se diferencia de las anteriores en que es una comedia, la primera del director, aunque, eso sí, con un toque agridulce, la historia de cuatro personas, dos parejas cuyos designios van cambiando a medida que avanza la historia y que los narradores, ellos mismos, van modificando.
    España, 2009.
    Escrita y dirigida:  Cesc Gay.
    Producción: Marta Esteban.
    Fotografía: Joan Díaz.
    Música: Frank Gutiérrez.
    Montaje: Stan Collet.
    Intérpretes: Ágata Roca (Clara), Vicenta Ndongo (Vicky), Paul Berrondo (Manu), Andrés Herrera (Ander).
    Clara y Manu son amigos desde hace años. Deciden tener un hijo entre ambos. Nada más. No son pareja, ni lo van a ser. Sólo van a tener un hijo. Algo que Ander y Vicky no terminan de comprender. Ander escribe para el cine, y está trabajando en la historia para su próximo guión, utilizando para ello la historia que les está pasando a ellos cuatro.
    V.O.S. es una cinta en la que es difícil entrar. Gay juega con el tiempo, con las dimensiones… En un momento (cercano al principio), cuando los cuatro protagonistas están reunidos en torno a una mesa y a una cena, Clara le dice a Ander “Para, para… así no lo cuentes, que no se entiende nada”, los otros siguen como si nada ocurriese, mientras los dos que hablan se salen literalmente de la película, vemos que es un decorado, vemos al equipo técnico y a los intérpretes hablando de cómo debería contarse la historia que estamos viendo. Es una historia sobre la falsedad de contar historias. Los personajes mienten al espectador, y lo hacen mirándole a la cara, dirigiendo sus ojos a la cámara, lo manipula… y lo que es peor, le dice que le está mintiendo.
    La película (en la versión original en mayor medida que en la doblada, aunque en esta también lo hace) mezcla con profusión y descaro el español, el catalán y el vasco, según la situación en que se encuentre cada personaje en cada momento. Es una cinta fresca, divertida y ligeramente enrevesada en su construcción argumental, sobre todo si se quiere entender todo al detalle. Una comedia sobre el amor y la amistad, ácida, romántica, la historia de un guionista que escribe la historia que vemos, un juego metalingüístico que mezcla ficción y realidad de un modo que es difícil dilucidar qué es qué. Claro siempre que sean cosas distintas…
  • Una de conflictos generacionales

    cineLOL

    Lola, a la que sus amigos llaman Lol, es una adolescente divertida y alegre y sin problemas aparentes. Pero el día que vuelve a clase después de la vacaciones estivales todo parece cambiar. Tras el reencuentro con sus dos mejores amigas, Arthur, su novio le confiesa que durante ese tiempo le ha engañado y se ha acostado con otra chica. Ella le miente y le dice que también ha estado con alguien. Eso desencadena una pelea en la que sus amigos también se ven inmersos de alguna que otra manera. Además, Lol cree estar enamorándose de su mejor amigo. Y por si fuera poco, en casa tampoco hay tranquilidad: su madre y su padre parecen que vuelven a verse tras haberse divorciado, mientras ella coquetea con un policía, y el diario de Lol es descubierto y, lo que es peor, leído, lo que también provoca un enfrentamiento entre madre e hija.

    Lo que cuenta Lisa Azuelos en esta comedia no es nada nuevo. Más bien al contrario, es lo de siempre, lo que nos presenta todas y cada una de las películas de este (digamos) género que se estrena (que suelen ser varias al año). Es decir, enfrentamientos o más bien incomprensión de los padres para con los hijos adolescentes, falta de memoria (ellos hicieron lo mismo cuando tenían su edad), y los mismos comportamientos en cada parte de la ‘pelea’.

    Los mismos ingredientes que son habituales en este tipo de cintas (fiestas, coqueteo con el alcohol y los porros, aulas, un cruce de ligues, enamoramientos de algún profesor/a, desayunos en familia con rencillas y una leve  tensión.) están presentes aquí. Pero, tranquilos todos, no se desencadenará la tragedia, porque estamos en una comedia. Y eso implica que ya sabemos todos cómo va a terminar la historia.
    De hecho, como simple curiosidad, la que aquí es madre (una de las más bellas actrices europeas), Sophie Marceau, ya participó en este tipo de cintas -salvando grandes distancias- pero en el ‘bando’ de los adolescentes a principios de la década de los 80 del pasado siglo. Eso sí, sin la multitud de PDAs, móviles y mensajes por messenger que atestan LOL.

    ¿Qué es lo que diferencia, entonces, esta película del resto de cintas que son prácticamente iguales a ella? Pues que Lisa Azuelos dirige con soltura y frescura, con un ritmo ágil (en la mayoría de secuencias) y consigue que el público se divierta con algo que ya conoce y que ya ha visto en multitud de ocasiones. Esa es una de las ventajas del cine francés, que (a pesar de todo) hay que reconocerle que tienen habilidad para hacer bien el cine que hacen. Se les pueden achacar muchas cosas, pero no se puede negar que su trabajo lo hacen con eficiencia y eficacia, y eso, quieras o no, ya es un importante punto a su favor.

    {xtypo_code}Francia, 2008. (103′)
    Título original: LOL (Laughing Out Loud)
    Escrita, producida y dirigida: Lisa Azuelos.
    Fotografía: Nathaniel Aron .
    Música: Jean-Philippe Verdin.
    Montaje: Stan Collet.
    Intérpretes: Sophie Marceau (Anne), Christa Teret (Lola), Jérémy Kapone (Maël), Marion Chabassol (Charlotte), Lou Lesage (Stéphane), Émile Bertherat (Paul-Henri), Félix Moati (Arthur), Louis Sommer (Mehdi), Adéle Choubard (Provence), Jade-Rose Parer (Isabelle de Peyrefitte), Warren Guetta (David Lévy).{/xtypo_code}