Categoría: La película

  • Una pasión que arrastra

    0901PARTIR

    No faltará quien, al conocer el argumento de esta película, la compare con la Infiel que hizo Adrian Líen hace unos años, y al papel que allí hacía Diane Lane, con el que en esta interpreta una magnífica Kristin Scott Thomas. Y de hecho los parecidos iniciales son numerosos, pero se quedan ahí, en la superficie. La película de Catherine Corsini va más allá de lo que Lyne se atrevía siquiera a imaginar.

    Francia, 2009
    Título original: Partir.
    Dirección: Catherine Corsini.
    Producción: Fabienne Vonier.
    Guión: Catherine Corsini.
    Fotografía: Agnès Godard.
    Música: Simon Jacquet.
    Intérpretes: Kristin Scott-Thomas, Sergi López, Yvan Attal, Bernard Blancan, Anne Marlange, Daisy Broom, Berta Esquirol, Gerard Lartigau.

    Partir está protagonizada por Suzanne, una mujer entrada ya en los cuarenta, que vive en el sur de Francia una vida acomodada con sus hijos y su marido, un conocido doctor. Aburrida de no hacer nada, quiere volver a ejercer como fisioterapeuta y abrir una consulta. Durante las obras de la misma conoce a Iván, un obrero español, que siempre ha vivido a salto de mata. Entre ambos surge una pasión incontrolable y ella decide dejarlo todo para dar rienda suelta a su pasión.

    A priori podría parecer que era una película convencional, como las que ya hemos visto muchas, pero no es así. Corsini ha sabido construir una obra consistente, con fuerza, una obra definitivamente feminista, en la que Kristin Scott-Thomas es la protagonista absoluta y realiza uno de los mejores trabajos de su carrera (y decir esto es decir mucho). Y es feminista porque es ella la que toma las riendas de la situación, a pesar de las dificultades, de que es la única que puede perder algo al iniciar la nueva relación, lo deja todo (familia, trabajo, la comodidad de una vida desahogada, y a un marido que la tiene más como un trofeo, como nivel de status, que como a una esposa), y se va para iniciar una nueva vida, movida por la pasión que la arrastra.

    Lo fácil hubiese sido rodar lo bonito que es el amor, llenar el metraje de escenas románticas, con los amantes realizándose carantoñas y disfrutando de su mutua compañía, pero Corsini opta por lo arriesgado y toma otro camino. Lo que la directora hace tras esos primeros momentos de deleite de la pareja (que también los hay), es mostrar la dureza de la situación, lo complicado que se vuelve todo cuando llegan las dificultades (que llegan, y más pronto que tarde), y cuando el dinero que en su vida anterior tenía, ya no está.
    Película más que interesante, con un guión más que sólido, una ambientación muy bien cuidada, y una protagonista colosal.

  • Una pasión que arrastra

    0901PARTIR

    No faltará quien, al conocer el argumento de esta película, la compare con la Infiel que hizo Adrian Líen hace unos años, y al papel que allí hacía Diane Lane, con el que en esta interpreta una magnífica Kristin Scott Thomas. Y de hecho los parecidos iniciales son numerosos, pero se quedan ahí, en la superficie. La película de Catherine Corsini va más allá de lo que Lyne se atrevía siquiera a imaginar.

    Francia, 2009
    Título original: Partir.
    Dirección: Catherine Corsini.
    Producción: Fabienne Vonier.
    Guión: Catherine Corsini.
    Fotografía: Agnès Godard.
    Música: Simon Jacquet.
    Intérpretes: Kristin Scott-Thomas, Sergi López, Yvan Attal, Bernard Blancan, Anne Marlange, Daisy Broom, Berta Esquirol, Gerard Lartigau.

    Partir está protagonizada por Suzanne, una mujer entrada ya en los cuarenta, que vive en el sur de Francia una vida acomodada con sus hijos y su marido, un conocido doctor. Aburrida de no hacer nada, quiere volver a ejercer como fisioterapeuta y abrir una consulta. Durante las obras de la misma conoce a Iván, un obrero español, que siempre ha vivido a salto de mata. Entre ambos surge una pasión incontrolable y ella decide dejarlo todo para dar rienda suelta a su pasión.

    A priori podría parecer que era una película convencional, como las que ya hemos visto muchas, pero no es así. Corsini ha sabido construir una obra consistente, con fuerza, una obra definitivamente feminista, en la que Kristin Scott-Thomas es la protagonista absoluta y realiza uno de los mejores trabajos de su carrera (y decir esto es decir mucho). Y es feminista porque es ella la que toma las riendas de la situación, a pesar de las dificultades, de que es la única que puede perder algo al iniciar la nueva relación, lo deja todo (familia, trabajo, la comodidad de una vida desahogada, y a un marido que la tiene más como un trofeo, como nivel de status, que como a una esposa), y se va para iniciar una nueva vida, movida por la pasión que la arrastra.

    Lo fácil hubiese sido rodar lo bonito que es el amor, llenar el metraje de escenas románticas, con los amantes realizándose carantoñas y disfrutando de su mutua compañía, pero Corsini opta por lo arriesgado y toma otro camino. Lo que la directora hace tras esos primeros momentos de deleite de la pareja (que también los hay), es mostrar la dureza de la situación, lo complicado que se vuelve todo cuando llegan las dificultades (que llegan, y más pronto que tarde), y cuando el dinero que en su vida anterior tenía, ya no está.
    Película más que interesante, con un guión más que sólido, una ambientación muy bien cuidada, y una protagonista colosal.

  • Una pasión que arrastra

    0901PARTIR

    No faltará quien, al conocer el argumento de esta película, la compare con la Infiel que hizo Adrian Líen hace unos años, y al papel que allí hacía Diane Lane, con el que en esta interpreta una magnífica Kristin Scott Thomas. Y de hecho los parecidos iniciales son numerosos, pero se quedan ahí, en la superficie. La película de Catherine Corsini va más allá de lo que Lyne se atrevía siquiera a imaginar.

    Francia, 2009
    Título original: Partir.
    Dirección: Catherine Corsini.
    Producción: Fabienne Vonier.
    Guión: Catherine Corsini.
    Fotografía: Agnès Godard.
    Música: Simon Jacquet.
    Intérpretes: Kristin Scott-Thomas, Sergi López, Yvan Attal, Bernard Blancan, Anne Marlange, Daisy Broom, Berta Esquirol, Gerard Lartigau.

    Partir está protagonizada por Suzanne, una mujer entrada ya en los cuarenta, que vive en el sur de Francia una vida acomodada con sus hijos y su marido, un conocido doctor. Aburrida de no hacer nada, quiere volver a ejercer como fisioterapeuta y abrir una consulta. Durante las obras de la misma conoce a Iván, un obrero español, que siempre ha vivido a salto de mata. Entre ambos surge una pasión incontrolable y ella decide dejarlo todo para dar rienda suelta a su pasión.

    A priori podría parecer que era una película convencional, como las que ya hemos visto muchas, pero no es así. Corsini ha sabido construir una obra consistente, con fuerza, una obra definitivamente feminista, en la que Kristin Scott-Thomas es la protagonista absoluta y realiza uno de los mejores trabajos de su carrera (y decir esto es decir mucho). Y es feminista porque es ella la que toma las riendas de la situación, a pesar de las dificultades, de que es la única que puede perder algo al iniciar la nueva relación, lo deja todo (familia, trabajo, la comodidad de una vida desahogada, y a un marido que la tiene más como un trofeo, como nivel de status, que como a una esposa), y se va para iniciar una nueva vida, movida por la pasión que la arrastra.

    Lo fácil hubiese sido rodar lo bonito que es el amor, llenar el metraje de escenas románticas, con los amantes realizándose carantoñas y disfrutando de su mutua compañía, pero Corsini opta por lo arriesgado y toma otro camino. Lo que la directora hace tras esos primeros momentos de deleite de la pareja (que también los hay), es mostrar la dureza de la situación, lo complicado que se vuelve todo cuando llegan las dificultades (que llegan, y más pronto que tarde), y cuando el dinero que en su vida anterior tenía, ya no está.
    Película más que interesante, con un guión más que sólido, una ambientación muy bien cuidada, y una protagonista colosal.

  • Secuelas de guerra

    1101TRIAGE

    La cinta que inauguró el pasado viernes la sexta edición del Sevilla Festival de Cine Europeo, que se está celebrando hasta el sábado, es un drama bélico dirigido por Danis Tanovic, que se hizo popular mundialmente (llegando a ganar un Oscar a la mejor película de habla no inglesa) con En tierra de nadie, otra cinta de temática semejante. Aunque la verdad es que existen ciertas diferencias entre ambas películas.

    España, Irlanda, Francia, 2008, 99’
    Título original: Triage.
    Dirección: Danis Tanovic.
    Producción: Marc Baschet, Alan Moloney, Cédomir Kolar, Mariela Besuievski, Tim Baish.
    Guión: Denis Tanovic, basado en la novela de Scott Anderson.
    Fotografía: Seamus Deasy.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Francesca Calvelly, Gareth Young.
    Intérpretes: Colin Farell, Paz Vega, Christopher Lee, Kelly Reilly, Jaime Sives, Branco Djuric, Ian McElhinney, Juliet Stevenson, Eileen Walsh.

    Mark y David son dos amigos, experimentados reporteros de guerra, que se encuentran trabajando en el Kurdistán. David, cansado de tanta desesperanza y violencia, desea volver a casa con su mujer, que está a punto de dar a luz. Mark, más ambicioso, decide quedarse unos días, y acaba malherido en un hospital de campaña en las cuevas  de Harir. Al regresar a Dublín, tiempo después, descubre con sorpresa, aunque sin demasiada preocupación, que David no ha regresado. Y además, su reinserción en Dublín resulta harto complicada. Elena, su mujer, preocupada por el estado de su marido, y temiendo que sus problemas puedan ser psicológicos, llama a su abuelo (con el que lleva años sin hablarse), responsable de la purificación de criminales de guerra al final de la Guerra Civil Española.

    Basado en la novela del ex-fotógrafo de guerra Scott Anderson, Triage parece utilizar la guerra como excusa, como si de un ‘macguffin’ se tratara, para centrarse en las consecuencias, en las secuelas que deja en las personas que sufren los conflictos, y que les condicionan para el resto de sus vidas. Triage sería, pues, más un drama psicológico que otra cosa.

    La actriz sevillana Paz Vega (que, por cierto, ya estuvo en la sesión de inauguración del festival hace dos años, con aquel culebrón casi insufrible que fue La casa de las alondras, de los hermanos Taviani) pone la cuota patria en esta coproducción, donde destaca la presencia y el buen hacer del veterano Christopher Lee, que sale victorioso en el ‘tour de force’ que tiene con Colin Farrell, protagonista absoluto de la historia. Y he aquí donde nos topamos con el principal problema de la cinta.

    Todas las tramas, todos los personajes, parecen funcionar exclusivamente para el desarrollo de su personaje. El resto de protagonistas son muy lineales, casi ni evolucionan. Lo mismo le ocurre a la historia. Parece muy intensa, muy emotiva, pero es más simple de lo que parece, y se queda lejos de la, hasta ahora, gran obra de Tanovic, la ya mencionada En tierra de nadie.

  • Secuelas de guerra

    1101TRIAGE

    La cinta que inauguró el pasado viernes la sexta edición del Sevilla Festival de Cine Europeo, que se está celebrando hasta el sábado, es un drama bélico dirigido por Danis Tanovic, que se hizo popular mundialmente (llegando a ganar un Oscar a la mejor película de habla no inglesa) con En tierra de nadie, otra cinta de temática semejante. Aunque la verdad es que existen ciertas diferencias entre ambas películas.

    España, Irlanda, Francia, 2008, 99’
    Título original: Triage.
    Dirección: Danis Tanovic.
    Producción: Marc Baschet, Alan Moloney, Cédomir Kolar, Mariela Besuievski, Tim Baish.
    Guión: Denis Tanovic, basado en la novela de Scott Anderson.
    Fotografía: Seamus Deasy.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Francesca Calvelly, Gareth Young.
    Intérpretes: Colin Farell, Paz Vega, Christopher Lee, Kelly Reilly, Jaime Sives, Branco Djuric, Ian McElhinney, Juliet Stevenson, Eileen Walsh.

    Mark y David son dos amigos, experimentados reporteros de guerra, que se encuentran trabajando en el Kurdistán. David, cansado de tanta desesperanza y violencia, desea volver a casa con su mujer, que está a punto de dar a luz. Mark, más ambicioso, decide quedarse unos días, y acaba malherido en un hospital de campaña en las cuevas  de Harir. Al regresar a Dublín, tiempo después, descubre con sorpresa, aunque sin demasiada preocupación, que David no ha regresado. Y además, su reinserción en Dublín resulta harto complicada. Elena, su mujer, preocupada por el estado de su marido, y temiendo que sus problemas puedan ser psicológicos, llama a su abuelo (con el que lleva años sin hablarse), responsable de la purificación de criminales de guerra al final de la Guerra Civil Española.

    Basado en la novela del ex-fotógrafo de guerra Scott Anderson, Triage parece utilizar la guerra como excusa, como si de un ‘macguffin’ se tratara, para centrarse en las consecuencias, en las secuelas que deja en las personas que sufren los conflictos, y que les condicionan para el resto de sus vidas. Triage sería, pues, más un drama psicológico que otra cosa.

    La actriz sevillana Paz Vega (que, por cierto, ya estuvo en la sesión de inauguración del festival hace dos años, con aquel culebrón casi insufrible que fue La casa de las alondras, de los hermanos Taviani) pone la cuota patria en esta coproducción, donde destaca la presencia y el buen hacer del veterano Christopher Lee, que sale victorioso en el ‘tour de force’ que tiene con Colin Farrell, protagonista absoluto de la historia. Y he aquí donde nos topamos con el principal problema de la cinta.

    Todas las tramas, todos los personajes, parecen funcionar exclusivamente para el desarrollo de su personaje. El resto de protagonistas son muy lineales, casi ni evolucionan. Lo mismo le ocurre a la historia. Parece muy intensa, muy emotiva, pero es más simple de lo que parece, y se queda lejos de la, hasta ahora, gran obra de Tanovic, la ya mencionada En tierra de nadie.

  • Secuelas de guerra

    1101TRIAGE

    La cinta que inauguró el pasado viernes la sexta edición del Sevilla Festival de Cine Europeo, que se está celebrando hasta el sábado, es un drama bélico dirigido por Danis Tanovic, que se hizo popular mundialmente (llegando a ganar un Oscar a la mejor película de habla no inglesa) con En tierra de nadie, otra cinta de temática semejante. Aunque la verdad es que existen ciertas diferencias entre ambas películas.

    España, Irlanda, Francia, 2008, 99’
    Título original: Triage.
    Dirección: Danis Tanovic.
    Producción: Marc Baschet, Alan Moloney, Cédomir Kolar, Mariela Besuievski, Tim Baish.
    Guión: Denis Tanovic, basado en la novela de Scott Anderson.
    Fotografía: Seamus Deasy.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Francesca Calvelly, Gareth Young.
    Intérpretes: Colin Farell, Paz Vega, Christopher Lee, Kelly Reilly, Jaime Sives, Branco Djuric, Ian McElhinney, Juliet Stevenson, Eileen Walsh.

    Mark y David son dos amigos, experimentados reporteros de guerra, que se encuentran trabajando en el Kurdistán. David, cansado de tanta desesperanza y violencia, desea volver a casa con su mujer, que está a punto de dar a luz. Mark, más ambicioso, decide quedarse unos días, y acaba malherido en un hospital de campaña en las cuevas  de Harir. Al regresar a Dublín, tiempo después, descubre con sorpresa, aunque sin demasiada preocupación, que David no ha regresado. Y además, su reinserción en Dublín resulta harto complicada. Elena, su mujer, preocupada por el estado de su marido, y temiendo que sus problemas puedan ser psicológicos, llama a su abuelo (con el que lleva años sin hablarse), responsable de la purificación de criminales de guerra al final de la Guerra Civil Española.

    Basado en la novela del ex-fotógrafo de guerra Scott Anderson, Triage parece utilizar la guerra como excusa, como si de un ‘macguffin’ se tratara, para centrarse en las consecuencias, en las secuelas que deja en las personas que sufren los conflictos, y que les condicionan para el resto de sus vidas. Triage sería, pues, más un drama psicológico que otra cosa.

    La actriz sevillana Paz Vega (que, por cierto, ya estuvo en la sesión de inauguración del festival hace dos años, con aquel culebrón casi insufrible que fue La casa de las alondras, de los hermanos Taviani) pone la cuota patria en esta coproducción, donde destaca la presencia y el buen hacer del veterano Christopher Lee, que sale victorioso en el ‘tour de force’ que tiene con Colin Farrell, protagonista absoluto de la historia. Y he aquí donde nos topamos con el principal problema de la cinta.

    Todas las tramas, todos los personajes, parecen funcionar exclusivamente para el desarrollo de su personaje. El resto de protagonistas son muy lineales, casi ni evolucionan. Lo mismo le ocurre a la historia. Parece muy intensa, muy emotiva, pero es más simple de lo que parece, y se queda lejos de la, hasta ahora, gran obra de Tanovic, la ya mencionada En tierra de nadie.

  • Castillos de Cartón

    0901CASTILLOS DE CARTÓN

    El cine europeo reciente está reflejando en sus historias relaciones a tres bandas, conscientes de su triangularidad (si es que existe la palabra), en las que una chica comparte el amor de dos chicos (antes solía ser al revés). Sin pensar demasiado, me vienen a la cabeza la francesa Soñadores (de Bertolucci), la alemana Los edukadores (de Weingartner), o la española Dieta mediterránea (dirigida por Joaquín Oristrell).

    España, 2009 (101’)
    Dirección: Salvador García Ruiz.
    Producción: Gerardo Herrero.
    Guión: Enrique Urbizu, basado en la novela homónima de Almudena Grandes.
    Fotografía: Teo Delgado.
    Música: Pascual Gaigne.
    Montaje: Berta Frías.
    Intérpretes: Adriana Ugarte (Jose), Nilo Mur (Marcos), Biel Durán (Jaime), Pepa Pedroche (Madre de Jose), Alfonso Torregrosa (Padre de Jose), Cristian Magaloni (Joaquín), Álvaro Aguilar (Hermano de Jose), Fernando Ripio (Benjamín), Patricia Teruel (Maribel), Diego Braguinsky (Profesor de pintura), Javier Aguayo (Angulo), Sergio Valiente (Miki).

    Cierto que el género al que pertenecen es distinto, que el tono y la finalidad no son los mismos, pero no deja de ser curioso que sea un elemento que se esté repitiendo en los últimos años. Castillos de cartón, basada en la novela del mismo título de Almudena Grandes, también juega al mismo juego. Aunque reducirlo todo a decir que se trata simplemente de un triángulo amoroso sería demasiado simplista.

    María José, Marcos y Jaime son tres estudiantes, compañeros de Bellas Artes, en el Madrid de los primeros años ochenta. Entre los tres surgirá una relación apasionada y de deseo, más allá de la pasión por la pintura, que durará toda su época de aprendizaje, salpicada de buenas rachas y de momentos difíciles, donde los celos hacen su aparición, hasta que los estudios terminen y se topen con el mundo real, donde ya nada resulta tan fácil.

    García Ruiz tiene un buen toque, un modo elegante de contar historias. No es uno de los directores más conocidos de nuestro país, pero eso le importa poco. Se ha hecho un hueco entre los entendidos con sus películas, que siempre dejan buen sabor de boca. Y esta ocasión no es diferente. Pese a las escenas eróticas (que las hay, y bastantes) lo más importante no son las pasiones carnales, sino los sentimientos, las emociones, las que mueven a los personajes, las que les hacen buscar algo que llene el vacío que tienen dentro. Y son los desencuentros, los celos, artísticos, románticos, los que dirigen sus actuaciones. Y el título del filme (y de la novela de la que procede) refleja la clara evidencia, la fragilidad de la relación pesa a la apariencia de fortaleza de la misma.

    Entre la tripleta interpretativa, Adriana Ugarte (ahora conocida casi por todo el mundo por protagonizar la serie La señora, aunque anteriormente ya había llamado la atención en películas como Cabeza de perro) demuestra que tiene un gran talento, un gran magnetismo y que sabe llenar la pantalla cuando aparece. Sus compañeros de reparto hacen lo que pueden, pero no llegan a su nivel.

  • Castillos de Cartón

    0901CASTILLOS DE CARTÓN

    El cine europeo reciente está reflejando en sus historias relaciones a tres bandas, conscientes de su triangularidad (si es que existe la palabra), en las que una chica comparte el amor de dos chicos (antes solía ser al revés). Sin pensar demasiado, me vienen a la cabeza la francesa Soñadores (de Bertolucci), la alemana Los edukadores (de Weingartner), o la española Dieta mediterránea (dirigida por Joaquín Oristrell).

    España, 2009 (101’)
    Dirección: Salvador García Ruiz.
    Producción: Gerardo Herrero.
    Guión: Enrique Urbizu, basado en la novela homónima de Almudena Grandes.
    Fotografía: Teo Delgado.
    Música: Pascual Gaigne.
    Montaje: Berta Frías.
    Intérpretes: Adriana Ugarte (Jose), Nilo Mur (Marcos), Biel Durán (Jaime), Pepa Pedroche (Madre de Jose), Alfonso Torregrosa (Padre de Jose), Cristian Magaloni (Joaquín), Álvaro Aguilar (Hermano de Jose), Fernando Ripio (Benjamín), Patricia Teruel (Maribel), Diego Braguinsky (Profesor de pintura), Javier Aguayo (Angulo), Sergio Valiente (Miki).

    Cierto que el género al que pertenecen es distinto, que el tono y la finalidad no son los mismos, pero no deja de ser curioso que sea un elemento que se esté repitiendo en los últimos años. Castillos de cartón, basada en la novela del mismo título de Almudena Grandes, también juega al mismo juego. Aunque reducirlo todo a decir que se trata simplemente de un triángulo amoroso sería demasiado simplista.

    María José, Marcos y Jaime son tres estudiantes, compañeros de Bellas Artes, en el Madrid de los primeros años ochenta. Entre los tres surgirá una relación apasionada y de deseo, más allá de la pasión por la pintura, que durará toda su época de aprendizaje, salpicada de buenas rachas y de momentos difíciles, donde los celos hacen su aparición, hasta que los estudios terminen y se topen con el mundo real, donde ya nada resulta tan fácil.

    García Ruiz tiene un buen toque, un modo elegante de contar historias. No es uno de los directores más conocidos de nuestro país, pero eso le importa poco. Se ha hecho un hueco entre los entendidos con sus películas, que siempre dejan buen sabor de boca. Y esta ocasión no es diferente. Pese a las escenas eróticas (que las hay, y bastantes) lo más importante no son las pasiones carnales, sino los sentimientos, las emociones, las que mueven a los personajes, las que les hacen buscar algo que llene el vacío que tienen dentro. Y son los desencuentros, los celos, artísticos, románticos, los que dirigen sus actuaciones. Y el título del filme (y de la novela de la que procede) refleja la clara evidencia, la fragilidad de la relación pesa a la apariencia de fortaleza de la misma.

    Entre la tripleta interpretativa, Adriana Ugarte (ahora conocida casi por todo el mundo por protagonizar la serie La señora, aunque anteriormente ya había llamado la atención en películas como Cabeza de perro) demuestra que tiene un gran talento, un gran magnetismo y que sabe llenar la pantalla cuando aparece. Sus compañeros de reparto hacen lo que pueden, pero no llegan a su nivel.

  • Castillos de Cartón

    0901CASTILLOS DE CARTÓN

    El cine europeo reciente está reflejando en sus historias relaciones a tres bandas, conscientes de su triangularidad (si es que existe la palabra), en las que una chica comparte el amor de dos chicos (antes solía ser al revés). Sin pensar demasiado, me vienen a la cabeza la francesa Soñadores (de Bertolucci), la alemana Los edukadores (de Weingartner), o la española Dieta mediterránea (dirigida por Joaquín Oristrell).

    España, 2009 (101’)
    Dirección: Salvador García Ruiz.
    Producción: Gerardo Herrero.
    Guión: Enrique Urbizu, basado en la novela homónima de Almudena Grandes.
    Fotografía: Teo Delgado.
    Música: Pascual Gaigne.
    Montaje: Berta Frías.
    Intérpretes: Adriana Ugarte (Jose), Nilo Mur (Marcos), Biel Durán (Jaime), Pepa Pedroche (Madre de Jose), Alfonso Torregrosa (Padre de Jose), Cristian Magaloni (Joaquín), Álvaro Aguilar (Hermano de Jose), Fernando Ripio (Benjamín), Patricia Teruel (Maribel), Diego Braguinsky (Profesor de pintura), Javier Aguayo (Angulo), Sergio Valiente (Miki).

    Cierto que el género al que pertenecen es distinto, que el tono y la finalidad no son los mismos, pero no deja de ser curioso que sea un elemento que se esté repitiendo en los últimos años. Castillos de cartón, basada en la novela del mismo título de Almudena Grandes, también juega al mismo juego. Aunque reducirlo todo a decir que se trata simplemente de un triángulo amoroso sería demasiado simplista.

    María José, Marcos y Jaime son tres estudiantes, compañeros de Bellas Artes, en el Madrid de los primeros años ochenta. Entre los tres surgirá una relación apasionada y de deseo, más allá de la pasión por la pintura, que durará toda su época de aprendizaje, salpicada de buenas rachas y de momentos difíciles, donde los celos hacen su aparición, hasta que los estudios terminen y se topen con el mundo real, donde ya nada resulta tan fácil.

    García Ruiz tiene un buen toque, un modo elegante de contar historias. No es uno de los directores más conocidos de nuestro país, pero eso le importa poco. Se ha hecho un hueco entre los entendidos con sus películas, que siempre dejan buen sabor de boca. Y esta ocasión no es diferente. Pese a las escenas eróticas (que las hay, y bastantes) lo más importante no son las pasiones carnales, sino los sentimientos, las emociones, las que mueven a los personajes, las que les hacen buscar algo que llene el vacío que tienen dentro. Y son los desencuentros, los celos, artísticos, románticos, los que dirigen sus actuaciones. Y el título del filme (y de la novela de la que procede) refleja la clara evidencia, la fragilidad de la relación pesa a la apariencia de fortaleza de la misma.

    Entre la tripleta interpretativa, Adriana Ugarte (ahora conocida casi por todo el mundo por protagonizar la serie La señora, aunque anteriormente ya había llamado la atención en películas como Cabeza de perro) demuestra que tiene un gran talento, un gran magnetismo y que sabe llenar la pantalla cuando aparece. Sus compañeros de reparto hacen lo que pueden, pero no llegan a su nivel.

  • Castillos de Cartón

    0901CASTILLOS DE CARTÓN

    El cine europeo reciente está reflejando en sus historias relaciones a tres bandas, conscientes de su triangularidad (si es que existe la palabra), en las que una chica comparte el amor de dos chicos (antes solía ser al revés). Sin pensar demasiado, me vienen a la cabeza la francesa Soñadores (de Bertolucci), la alemana Los edukadores (de Weingartner), o la española Dieta mediterránea (dirigida por Joaquín Oristrell).

    España, 2009 (101’)
    Dirección: Salvador García Ruiz.
    Producción: Gerardo Herrero.
    Guión: Enrique Urbizu, basado en la novela homónima de Almudena Grandes.
    Fotografía: Teo Delgado.
    Música: Pascual Gaigne.
    Montaje: Berta Frías.
    Intérpretes: Adriana Ugarte (Jose), Nilo Mur (Marcos), Biel Durán (Jaime), Pepa Pedroche (Madre de Jose), Alfonso Torregrosa (Padre de Jose), Cristian Magaloni (Joaquín), Álvaro Aguilar (Hermano de Jose), Fernando Ripio (Benjamín), Patricia Teruel (Maribel), Diego Braguinsky (Profesor de pintura), Javier Aguayo (Angulo), Sergio Valiente (Miki).

    Cierto que el género al que pertenecen es distinto, que el tono y la finalidad no son los mismos, pero no deja de ser curioso que sea un elemento que se esté repitiendo en los últimos años. Castillos de cartón, basada en la novela del mismo título de Almudena Grandes, también juega al mismo juego. Aunque reducirlo todo a decir que se trata simplemente de un triángulo amoroso sería demasiado simplista.

    María José, Marcos y Jaime son tres estudiantes, compañeros de Bellas Artes, en el Madrid de los primeros años ochenta. Entre los tres surgirá una relación apasionada y de deseo, más allá de la pasión por la pintura, que durará toda su época de aprendizaje, salpicada de buenas rachas y de momentos difíciles, donde los celos hacen su aparición, hasta que los estudios terminen y se topen con el mundo real, donde ya nada resulta tan fácil.

    García Ruiz tiene un buen toque, un modo elegante de contar historias. No es uno de los directores más conocidos de nuestro país, pero eso le importa poco. Se ha hecho un hueco entre los entendidos con sus películas, que siempre dejan buen sabor de boca. Y esta ocasión no es diferente. Pese a las escenas eróticas (que las hay, y bastantes) lo más importante no son las pasiones carnales, sino los sentimientos, las emociones, las que mueven a los personajes, las que les hacen buscar algo que llene el vacío que tienen dentro. Y son los desencuentros, los celos, artísticos, románticos, los que dirigen sus actuaciones. Y el título del filme (y de la novela de la que procede) refleja la clara evidencia, la fragilidad de la relación pesa a la apariencia de fortaleza de la misma.

    Entre la tripleta interpretativa, Adriana Ugarte (ahora conocida casi por todo el mundo por protagonizar la serie La señora, aunque anteriormente ya había llamado la atención en películas como Cabeza de perro) demuestra que tiene un gran talento, un gran magnetismo y que sabe llenar la pantalla cuando aparece. Sus compañeros de reparto hacen lo que pueden, pero no llegan a su nivel.