Categoría: La película

  • Otro remake innecesario

    1101

    THE TOURIST

    Ya hablábamos del asunto no hace demasiado tiempo, en la crítica de Chloe, y ahora el tema vuelve a ser el mismo. Un director de talento, procedente de fuera de los circuitos comerciales de Hollywood, con enorme éxito previo y numerosísimos premios recibidos (hablamos de Florian Henckel von Donnersmarck, director de la grandiosa La vida de los otros), es ‘fichado’ por uno de los grandes estudios para hacer un remake, con intérpretes revienta-taquillas, de una cinta de cierto éxito procedente de Europa qué, lógicamente, no se ha visto en su país.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Francia, (103′)
    Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck..
    Producción: Gary Barber, Roger Birnbaum, Jonatha Glickman, Tim Headington, Graham King.
    Guión: Florian Henckel von Donnersmarck, Christopher McQuarrie y Julian Fellowes, basado en la película El secreto de Anthony Zimmer.
    Fotografía: John Seale
    Música: James Newton Howrad.
    Montaje: Joe Hutshing, Patricia Rommel.
    Intérpretes: Angelina Jolie (Elise Clifton-Ward), Johnny Depp (Frank Tupelo), Paul Bettany (Inspector John Acheson), Timothy Dalton (Inspector Jefe Jones), Steven Berkoff (Reginald Shaw), Rufus Sewell (El hombre inglés), Christian de Sica (Coronel Lombardi), Alessio Boni (Sargento Cerato).Bryant), James Faulkner (Dr. Earlle / Pastor Bone), Stephen Walters (Wormsnakes / Wasnik), Art Malik (Tarrant).{/xtypo_code}

    En esta ocasión el filme que se versiona (innecesariamente, dicho sea de paso) es El secreto de Anthony Zimmer. Pero aquí hay una gran diferencia respecto al anteriormente mencionado Chloe, es que ha sido el propio director el que, inexplicablemente, escribió el guión y lo presentó a la productora que aceptó el proyecto.

    Es extraño que un director como el alemán haya dejado pasar proyectos de más entidad, textos originales, y se haya decantado por esta versión, absolutamente innecesaria, de una cinta que, aunque tenía cierto interés, no es ni mucho menos, lo que fue su anterior película. Pero, claro, quería entrar en Hollywood por la puerta grande, y (por desgracia) en la mayoría de los casos esto significa hacerlo con una cinta que arrase en la taquilla. Y The tourist tiene expectativas para hacerlo, al contar con una pareja protagonista, improbable en la vida real, pero potente (por separado) en la pantalla, como Johnny Depp y, sobre todo, Angelina Jolie. De hecho, la cinta es un vehículo para lucimiento de la actriz, y Depp es algo así como un secundario de lujo.

    Frank es un profesor de matemáticas americano al que acaban de abandonar que viaja en un tren hasta Venecia cuando Elise, una atractiva mujer, se le acerca y empieza a flirtear con él. Lo que no sabe es que ella se le ha acercado deliberadamente, que sigue el plan de su pareja, el ladrón Alexander Pearce, perseguido por la policía y unos mafiosos a los que ha robado. La idea es que, sabiendo que Elise es su pareja, tomen al extraño por él. Cuando llegan a Venecia, Frank se da cuenta de que algo pasa, se ve inmerso en un juego de engaños y persecuciones, pero es demasiado tarde y ya está enamorado de la chica y no piensa rendirse sin luchar.

    La película tiene muy buena factura, está bien dirigida, y su acabado formal es más que correcto. Pero se la ve venir de lejos, y lo que es peor, esta bonita estética esconde pura vacuidad, no hay nada bajo ese aspecto. La cinta está hecha a la medida de la estrella de turno, una Angelina Jolie que aquí está más reposada, se mueve más pausadamente a como estamos acostumbrados (y en muchos momentos se la nota forzada, demasiado contenida, como deseando echar a correr o dar un par de puñetazos). Y esta lentitud también se nota alrededor de ella: las lanchas que circulan por los canales venecianos, incluso en plena persecución van extremadamente despacio, y se nota, y mucho.

    Algunos toques de humor, muy leves, buena factura técnica, pero muy previsible, aunque no existiera la cinta original, es fácil adivinar cómo va a acabar todo, y desde muy pronto.

     

  • El deber y la amistad

     

    1901EL DISCURSO DEL REY

    Los hermanos Weinstein fueron durante años los reyes de Hollywood, y siempre estaban en primera fila en la ceremonia de los Oscar, y cosechando éxito tras éxito, taquillazo tras taquillazo, año tras año. Ejemplos hay muchos: El paciente inglés, Chicago, Chocolat, Cold Mountain, Las normas de la casa de la sidra… Y, o hay una enorme sorpresa y mucho cambian las cosas, o con esta película, mucho después de dejar la Miramax, con la que crearon todas las cintas anteriormente mencionadas,  volverán a sentarse en primera fila de la entrega de los premios de la academia americana.

    {xtypo_code}Reino Unido, 2010. (118′).
    Título original: The King’s speech.
    Dirección: Tom Hooper.
    Producción: Iain Canning, Emile Sherman, Gareth Unwin.
    Guión: David Seidler.
    Fotografía: Danny Cohen.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Tariq Anwar.
    Intérpretes: Colin Firth (Rey Jorge VI), Geoffrey Rush (Lionel Logue), Helena Bonham-Carter (Reina Elizabeth), Guy Pearce (Eduardo VIII), Jennifer Ehle (Myrtle Logue), Michel Gambon (Rey Jorge V), Claire Bloom (Reina Mary), Derek Jacobi (Arzobispo Cosmo Lang), Timohy Spall (Winston Churchill), Freya Wilson (Princesa Isabel), Ramona Marquez (Princesa Margarita), Eve Best (Wallis Simpson).{/xtypo_code}

    El discurso del rey en una cinta que continúa en la senda de las producciones más clásicas de la cinematografía británica y tiene todos los elementos para hacer que la película sea una de esas que recopilan premios allá donde vayan. Sobrio guión basado en hechos reales, buena dirección (aunque con algún plano mal elegido), y una pareja protagonista en estado de gracia, un tour de force entre un contenido Geoffrey Rush y un magnífico Colin Firth (que tiene todas las papeletas para ganar el Oscar, el Globo de Oro y el Bafta en los próximos meses).

    En los albores de la Segunda Guerra Mundial, tras la muerte del rey británico Jorge V, y la polémica abdicación de Eduardo VIII, Jorge VI (padre de la actual reina Isabel II), que desde pequeño ha estado afectado por la imposibilidad de establecer un diálogo fluido y padece tartamudez, se ve obligado a  dirigir su país en una época difícil, en la que debe erigirse como el líder en el que el pueblo pueda confiar. Tras haberlo intentado casi todo, su mujer acude a un logopeda australiano, recién llegado al país y que usa extraños métodos. Entre rey y doctor se establecerá una inaudita relación de amistad que durará de por vida.

    La película no tiene grandes efectos especiales (no los necesita), no utiliza alharacas, ni estridencias, ni siquiera un argumento enrevesado y complejo, incluso el director se equivoca muchas veces en la elección del plano, haciendo un uso y abuso de los grandes angulares. Lo que El discurso del rey nos cuenta es una mera anécdota, un breve párrafo de los libros de historia (pese a la trascendencia que tuvo el hecho en su momento), narrado con elegancia pero con una narrativa leve, mezclando con sabiduría el drama de una difícil situación con la comedia de muchos diálogos (Colin Firth hace varias muestras de ello, pasando de una a otra en un par de segundos, con una maestría envidiable). Es cierto que no es una película que atraerá al gran público, y es una lástima, pero es una cinta que está construida (como venía siendo habitual en las producciones de los Weinstein) para todos los públicos, para los cinéfilos y para el espectador medio, como ya ocurrió con Shakespeare in love, por ejemplo.

    El discurso del rey, una de las favoritas para alzarse con el premio honorífico de mejor película del año, es una montaña rusa emocional, es un reír hasta llorar, un llorar hasta reír; una película sobre el deber y la amistad, a veces divertida, otras dolorosa. Es una cinta excelente.

     

  • La Bella y las Bestias

    1901BALADA TRISTE DE TROMPETA

    Estamos ante el hito cinematográfico del año en lo que a la filmografía española se refiere. Siempre es un placer asistir a la creación de uno de nuestros genios, como es Alex de la Iglesia, que en todas sus películas ha mostrado un estilo propio, único e inclasificable, reconocible incluso aunque las cintas no estuviesen firmadas por él. Quizás la única excepción en su carrera sea la muy floja Los crímenes de Oxford. Pero incluso esta última, ha permitido al bilbaino llegar hasta aquí, pues todas sus películas no han sido más que parte del camino para llegar a esta Balada triste de trompeta.

    {xtypo_code}España-Francia, 2010. (107′).
    Escrita y dirigida: Álex de la Iglesia.
    Producción: Vérane Frédiani, Gerardo Herrero, Franck Ribière.
    Fotografía: Kiko de la Rica.
    Música: Roque Baños.
    Montaje: Alejandro Lázaro.
    Intérpretes: Antonio de la Torre (Sergio), Carlos Areces (Javier), Carolina Bang (Natalia), Santiago Segura (Payaso tonto), Manuel Tejada (Jefe de pista), Fernando Guillén Cuervo (Capitán Miliciano), Sancho Gracia (Coronel Salcedo), Fran Perea (Soldado nacional), Terele Pávez (Dolores), Enrique Villén (Andrés), Fofito (Payaso listo), Manuel Tallafé (Ramiro), Gracia Olayo (Sonsoles), Luis Varela (Veterinario).{/xtypo_code}

    Balada… es una película arriesgada, excesiva, brutal, desmadrada, radical, desgarrada, tremebunda, osada, imprevisible, apabullante, desconcertante, visceral y brillante. De la Iglesia no se corta un pelo, actúa y dirige sin tapujos, sin medias tintas, y ello hace que su cine, y en especial esta película, se pueda adorar u odiar, sin término medio, pero consigue eso tan difícil que es no dejar indiferente a nadie.

    La cinta, mezcla de comedia y tragedia, tiene imágenes poderosas, y es una clara pretensión del director de exorcizar sus obsesiones, presentes en todos sus filmes, pero que aquí toman control absoluto de la situación. Podría entenderse como una especie de recopilación de todo su cine anterior, bastante aumentado, como el enfrentamiento de dos payasos por una mujer, que era la base de Muertos de risa, y que aquí es una versión exacerbada de una bella y dos bestias salvajes, sanguinarias y enloquecidas, que lucharán por lograr su amor, de modo exacerbado, en una espiral de violencia imparable. Son dos posturas irreconciliables, metáfora de las dos Españas con la que comienza la película (a principios de la Guerra Civil, en una secuencia inaudita en la que un payaso acaba, machete en mano, con gran parte de un batallón golpista).

    Pero es que no sólo la dirección es soberbia y el guion fantástico (pese a tener algún leve lastre), la música de Roque Baños y las interpretaciones del trío protagonista están a la altura, con un aterrador Antonio de la Torre (un payaso que adora a los niños pero que esconde una vena sádica que le hace confesar que se dedica a eso porque su otra opción era ser asesino), y los descubrimientos (para el cine) de Carlos Areces y la nueva musa del director (con la que ya había trabajado en su serie Plutón BRB Nero) y con la que aquí se recrea, la cámara la busca, nos enamora y nos hace creíble que los dos payasos pierdan la cabeza por ella.

    Un festival de imágenes poderosas, una historia atravesada por la locura, con amores imposibles, violencia a raudales que sirve como catarsis, como elemento liberador de todo el sufrimiento que ha ido guardando y reprimiendo. Un volcán de imágenes, de ideas, repleto de talento, una apuesta extremadamente arriesgada, una tragedia y una comedia enfrentadas, como los dos payasos, en una historia en la que, como es de esperar cuando hay un enfrentamiento tan brutal, ninguno termina por tener lo que esperaba. Fantástica, soberbia, brillante, genial.

     

  • El futuro es oscuro

    1501Ha tardado dos años en llegar a nuestras pantallas, algo difícilmente explicable cuando se trata de una cinta que reúne los ingredientes necesarios para triunfar en taquilla simplemente con que se sepa vender y promocionar del modo adecuado. La estética que nos presenta Gerald McMorrow, afamado director de videoclips y publicidad, en su debut en la dirección de largos, bien podría compararse a la de filmes como Dark City o V de Vendetta, una ciudad tenebrosa y de oscuros intereses políticos.

    {xtypo_code}Francia-Reino Unido, 2008. (94′)
    Título original: Franklyn
    Escrita y dirigida: Gerald McMorrow.
    Producción: Jeremy Thomas..
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Joby Talbot.
    Montaje: Peter Christelis.
    Intérpretes: Eva Green (Emilia Bryant / Sally), Ryan Philippe (Jonathan Preest / David Esser), Sam Riley (Milo), Bernard Hill (Peter Esser / El Individuo), Richard Coyle (Dan), Susannah York (Margareth Bryant), James Faulkner (Dr. Earlle / Pastor Bone), Stephen Walters (Wormsnakes / Wasnik), Art Malik (Tarrant).{/xtypo_code}

    La historia mezcla dos tiempos: el Londres del presente, y una ciudad futurista llamada Meanwhile. En la primera, Emilia es una artista con tendencias suicidas que utiliza para sus proyectos artísticos; Milo es un joven al que su novia acaba de abandonar y busca a su primer amor, al que no ve desde la infancia; y Peter Esser, un hombre que busca a su hijo entre los vagabundos de Londres. En la segunda, una sociedad distópica donde la religión es ley, cualquier religión (“se puede hacer una congregación siguiendo las normas de funcionamiento de una lavadora”), los clérigos son la policía y el ateísmo está penado con cárcel, Jonathan Preest es un prófugo que busca a su némesis, un líder conocido como El Individuo.

    Las dos historias tienen más en común de lo que en un principio pueda parecer, y poco a poco los engranajes van encajando, las piezas se van uniendo y se van rellenando los huecos. El guión tiene fuerza, si bien es cierto que quedan algunos flecos sueltos, algunas lagunas en la trama argumental. Algunos pueden acusarla de que su historia es poco novedosa, que ya está vista, pero en lo que Franklyn destaca es en su concepción estética, en su audacia conceptual y en la imaginación visual, eso es lo que la distingue del resto de películas. Es un drama admirable, bien interpretado (sobre todo destaca el doble y casi opuesto papel de Eva Green), con pocos estereotipos (pese a lo que muchos piensen), y que es capaz de conciliar dos ‘tradiciones’ opuestas del cine británico, las del drama realista con personajes superados por el dolor, con la fantasía gótica, extravagante y excéntrica.

    Es una película ambiciosa, bien narrada, cuesta meterse en su trama, en su historia, y hay que tener paciencia para entrar en el juego. Si se consigue entrar, Franklyn te engancha y no te suelta, a pesar de que hay algún que otro error en el argumento, líneas que no terminan de encajar, pero la estética, la historia, las interpretaciones, son más que buenas.

     

  • Bostezos estéticos y Bardem

    1301BIUTIFUL

    Alejandro González Iñárritu es uno de los nombres más interesantes en el cine de los últimos años, y eso que únicamente tenía tres películas en su haber.

    {xtypo_code}España-México, 2010. (147′)
    Director: Alejandro González Iñárritu.
    Producción: Fernando Bovaira, Alejandro González Iñárritu, Jon Kilik.
    Guión: Alejandro González Iñárritu, Armando Bo, Nicolás Giacobone.
    Fotografía:  Rodrigo Prieto.
    Música: Gustavo Santaolalla.
    Montaje: Stephen Mirrione.
    Intérpretes: Javier Bardem (Uxbal), Maricel Álvarez (Marambra), Hanaa Bouchaib (), Guillermo Estrella (Mateo), Eduard Fernández (Tito), Cheikh Ndiaye (Ekweme), Diaryatou Daff (Ige), Cheng Tai Shen (Hai), Luo Jin (Liwei), Lang Sofia Lin (Li), Ana Wagener (Bea), Rubén Ochandiano (Zanc), Karra Elejalde (Mendoza).{/xtypo_code}

    Tras su portentoso debut en su país con Amores perros, vinieron otras dos cintas, igualmente brillantes, rodadas y auspiciadas por dinero estadounidense, como fueron 21 gramos y Babel, en las que incluso contaba con intérpretes de renombre (Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro en la primera, Cate Blanchett y Brad Pitt en la segunda). En todas ellas, el guión estaba escrito a cuatro manos. Las suyas y las de su compatriota Guillermo Arriaga. Para su nueva cinta, Iñárritu vuela solo. O mejor dicho, con otros compañeros, sin la participación de aquel que tantas victorias le proporcionó. Y la diferencia se nota.

    Biutiful era una cinta esperada, de la que se ha hablado mucho antes de su estreno, y una vez vista, el resultado es, cuanto menos, decepcionante. La historia transcurre en Barcelona, pero no en la ciudad cosmopolita y moderna, sino en una ciudad marginal, en los bajos fondos, en la Barcelona marginal de los inmigrantes ilegales que trabajan veinte horas en locales inmundos, o que venden falsificaciones chinas en la calle. Allí, Uxbal es explotador y explotado, un padre que trata de sacar adelante lo mejor que puede a sus dos hijos y de lidiar con su ex-esposa, yonqui, puta y bipolar (ahí es nada)…

    El problema de Biutiful es que quiere ser tan negra, pretende mostrar tanta truculencia, al protagonista le pasan tal cantidad de cosas, a cual peor, que termina por no conmover en absoluto. Y lo que es peor, no es para nada creíble.

    Las imágenes siguen siendo bellas a pesar de la fealdad que lo rodea todo, la construcción formal y estética de los planos sigue siendo la misma que en ocasiones anteriores, en eso Iñárritu sigue siendo el mismo. Pero la historia no llega, no conmueve, y hasta aburre.

    Donde sí que destaca la cinta es en Javier Bardem. El protagonista está sencillamente soberbio. Lástima que en este aspecto él sea el único (si exceptuamos a los dos niños). El resto están mal. Muy mal. Incluso Eduard Fernández, que en situación normal está bien, aquí no lo está.

    Biutiful es una cinta pretenciosa, preciosista en su fealdad, y cuyo argumento podría muy bien definirse como una mezcla entre la fantástica Mi vida sin mí y la sobrevalorada El sexto sentido. Una película con ínfulas de gran obra, pero cuya trama no convence, y que llega a provocar numerosos bostezos en su larguísimo metraje.

     

  • Historia de una narradora

    1901CHLOE

    En épocas de crisis (económicas y de ideas) como ésta que vivimos, hasta los autores de culto, cuyas películas, en circunstancias normales, son para un público minoritario, se apuntan al carro de los remakes. El último en sumarse a tales actos, impúdicos la mayoría de las veces, más notables las menos, ha sido el afincado en Canadá, aunque nacido en Egipto, Atom Egoyan, del que para muchos será la primera vez que oyen su nombre, a pesar de que tiene en su haber títulos tan destacables como Ararat, Exótica, El dulce porvenir o El viaje de Felicia. La película en cuestión es Chloe, versión de la francesa Nathalie.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Canadá-Francia, 2009.
    Título original:  Chloe.
    Dirección: Atom Egoyan.
    Producción: Jeffrey Clifford, Ivan Reitman, Jennifer Weiss, Simone Urdl.
    Guión: Erin Cressida Wilson, basada en la película francesa Nathalie.  
    Fotografía: Paul Sarossy.
    Música: Mychael Danna.
    Montaje: Susan Shipton.
    Intérpretes: Julianne Moore (Catherine Stewart), Liam Neesom (David Stewart), Amanda Seyfred (Chloe), Max Thieriot (Michael Stewart), R.H. Thompson (Frank), Nina Dobrev (Anna), Julie Khaner (Bimsy), Laura DeCarteret (Alicia), Meghan Heffern (Miranda), Natalie Lisinska (Eliza).{/xtypo_code}

    Pero, como ocurre en otros muchos casos, la excusa que siempre dan los estudios norteamericanos para cometer semejantes tropelías es que, de otro modo, el público estadounidense (chovinista donde los haya) jamás conocería estas buenas historias y estas buenas cintas si ellos no hiciesen una versión propia. Lo que no dicen es que de los millones de personas que acudan a ver la versión yanqui de una determinada película, un porcentaje ínfimo (inexistente muchas veces) acude después a ver el original. Con lo cual, el desconocimiento sigue siendo el mismo.

    Chloe es la película de Egoyan que menos se parece a una película de Egoyan. El motivo es más que evidente: no está basada en un guión propio. El director cuenta la historia de modo lineal, cuando nos tiene acostumbrados a numerosos saltos temporales, obligando al espectador a recomponer el argumento. Lo que sí permanece es su gusto por las historias dentro de las historias, que van entretejiendo un complejo entramado, que aquí tiene a la palabra (en otras ocasiones, Egoyan había dedicado más tiempo y espacio a las imágenes).
    Catherine es una ginecóloga de éxito que empieza a sospechar que su marido,

    David, un profesor universitario, le es infiel. Casualmente conoce a Chloe, una bella y joven prostituta de lujo, y la contrata para que le seduzca y poner así a prueba su fidelidad. Pero con lo que no contaba Catherine era con que los relatos de Chloe sobre sus encuentros con David no sólo prendieran la mecha de los celos, sino que despertaran en ella deseos que la desconciertan.

    Las interpretaciones del trío protagonista son más que solventes, pero sobre todo es la pareja femenina la que destaca y la que lleva la voz cantante en la historia, dejando al marido el papel, nada agradable, de objeto de las narraciones.

    Chloe es un thriller con tintes eróticos, que, a pesar de estar bien dirigida (aunque no está entre las mejores obras de Egoyan), notablemente interpretada, y poseer una excelente factura técnica, es ciertamente previsible, y su final no sorprende.

  • La antesala del clímax

    1301HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE (1ª PARTE)

    Y, por fin, tras casi una década desde el estreno de la primera entrega de la saga que más dinero ha dado en mucho tiempo (y casi la que más), la historia llega a su fin. O mejor dicho, al principio del fin.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido, 2010. (144′)
    Título Original Harry Potter and the Deathly Hallows (Part I)
    Director: David Yates.
    Producción: David Barron, David Heyman.
    Guión: Steve Kloves, basado en la novela de J.K. Rowling.
    Fotografía:  Eduardo Serra.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Mark Day.
    Intérpretes: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Helena Bonham Carter, Bill Nighy, Richard Griffiths, Julie Walters, Bonnie Wright, Fiona Shaw, Alan Rickman, Carolyn Pickles, Ralph Fiennes, Helen McCrory, Jason Isaacs, Tom Felton, Timothy Spall, Peter Mullan, Michael Gambon, Robbie Coltrane, Brendan Gleeson, Clémence Poésy, Natalia Tena, David Twelis, John Hurt, Evanna Lynch, Rhys Ifans, Imelda Staunton, Sophie Thompson.{/xtypo_code}

    Porque para esta última entrega, los responsables del producto han decidido hacerlo en dos partes, estrenando ahora la primera (que aguantará hasta las Navidades y será una de las cintas que más recaude en esas fiestas), y dejando la segunda para el próximo verano. Esto es bueno para sus arcas, muy bueno, para qué nos vamos a engañar. Pero malo para el espectador, ya que esta Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Parte I), no es más que una larguísima antesala del espectáculo que se prevé que sea la segunda y desenlace final de la historia de niños magos.

    La saga se vuelve aquí, y ya iba siendo hora, más oscura y tenebrosa, y también, y ahí está el problema, mucho más aburrida. La película comienza muy bien, con una de las más emotivas secuencias de la saga, en la que Hermione conjura un hechizo para hacerse desaparecer a sí misma de sus vidas y sus recuerdos, para protegerlos ante la guerra que se aproxima. Poco después, la primera (y casi única) escena de lucha de la película. Y después, nada más. Durante dos horas y media, apenas avanza la historia, y se podría resumir la trama en la búsqueda y destrucción de un horrocrux (sólo uno, y teniendo en cuenta que son siete, pueden imaginar lo lento que va todo), dejando el resto para la segunda parte, que se prevé, eso sí, mucho más emocionante.

    Además, las reliquias nombradas en el título, no son ni siquiera nombradas hasta pasada la hora y media de metraje, siendo todo lo anterior una lenta y aburrida historia, con la tripleta protagonista en solitario, en una tienda de campaña, perdidos en un frío páramo. Los personajes secundarios de lujo, tan presentes en las entregas anteriores, aquí apenas se les ve.

    El principal problema no es, pese a todo, su casi carencia de dinamismo, sobre todo porque el original de J.K. Rowling es así, más contemplativo, se recrea más en el mundo interior, en los sentimientos de los protagonistas, que ya han dejado de ser niños y ya han llegado (unos más que otros) a la madurez.  El problema es que eso es sólo una parte del libro, y aquí toda la película es igual. Esta primera parte es un remanso de paz, la tranquilidad que precede a la guerra, es la antesala del clímax que será la segunda parte. Se ha dejado toda la traca, toda la artillería (es de suponer) para la próxima entrega. Los fans de la saga lo agradecerán. Pero lo cierto es que, en el fondo, esto de dividir en dos la última entrega, más que ser una necesidad ineludible del texto, es sobre todo y fundamentalmente una estrategia comercial, una argucia para multiplicar los beneficios. Ni más ni menos. Ahí si que funciona.

     

  • Pierde calidad

    1101crónica SEVILLA FESTIVAL DE CINE EUROPEO 2010

    Con la entrega de los trofeos de un repartido y discutido palmarés, el pasado sábado concluyó el 7º Sevilla Festival de Cine Europeo que se ha celebrado durante la última semana y que ha tenido como país invitado a Holanda, y ha otorgado premios especiales a Stephen Frears (que inauguró el certamen con su última película, Tamara Drewe), Vicente Aranda, Carlos Saura (que presentó fuera de concurso Flamenco Flamenco, continuación de la película que hizo hace ya catorce años) y Antonio Banderas.

    Pero centrémonos en la sección oficial. Este año se ha caracterizado por la baja calidad de las películas que han participado en el concurso, cuyo nivel general ha bajado enteros respecto a los de ediciones anteriores. Al igual que ocurriera el año pasado, en este el país homenajeado tenía varias cintas en competición. La directora Mijke de Jong volvía a Sevilla después de recibir premio hace dos años con La hermana de Katia con Joy, una cinta pobre, que persigue incansablemente a la protagonista, insistiendo en primeros planos y una historia que no conduce a nada; La aviadora de Kazbek, con una intérprete rubenesca, una historia con un tratamiento original pero que acaba cayendo en tópicos y el más almibarado de los merengues; y The happy housewife, con un muy buen papel de Carice van Outen y un principio arrollador, que pierde el buen camino, para recuperarlo y volverlo a perder con un insólito happy ending.

    Esta ha sido, además, la edición con mayor participación española, con dos películas que optaban a premio, El regreso, un documental que no se explica cómo estaba aquí, cuando existe una sección específica para el género, que además adolecía de un servilismo y una reverencialidad excesiva, aparte de ser mala de verdad; por otro lado, Naufragio ofrece un punto de vista novedoso sobre el inmigrante que llega en patera a España, pero la cinta no tiene ni pies ni cabeza, y su director quiere demostrar su presencia con continuos e inexplicables planos oblicuos que no conducen a nada. Además, la presencia de Elsa Pataky y Luis Tosar en Mr Nice, filme británico sobre la vida del conocido narcotraficante Howard Marks, que se hace larguísimo y reiterativo, y de Carmen Maura en Chicas, película francesa que supone el debú en la dirección de la dramaturga Yasmina Reza, también cinta pobre, poco original, y con más carencias que virtudes.

    Las mejores películas fueron, sin duda, la danesa En un mundo mejor, de Susanne Bier, sobre dos familias que se enfrentan a la violencia y que ven como sus vidas se tambalean, y la iraquí (sí, dentro de un certamen europeo, una película iraquí, con parte de capital europeo, eso sí) Son of Babylon, protagonizada por actores no profesionales, que cuenta la imposible travesía de una anciana y su nieto cruzando el país, semanas después de la  caída de Saddam, en busca de su hijo (y padre del pequeño) desaparecido en la guerra doce años atrás. También se podrían destacar The Poll diaries, con un magnífico trabajo de la joven actriz Paula Beer, Tender Son – A Frankenstein Project, tercera vez que el húngaro Kornel Mundruczó participaba en Sevilla, y que, si bien interesante, era una cinta muy inferior a Delta, con la que participó hace dos años, y la interesante La mujer con la nariz rota.

    Al lado contrario, cintas flojísimas, pero que, y contra todo pronóstico, consiguieron menciones por parte del jurado. Fueron la rusa Silent souls, que cuenta además con un final improbable, después de una historia muy floja; y la griega Black field, aburridísima, protagonizada por actores que tienen horchata en las venas, preciosista pero una historia sin fuerza.

    Esperemos que la próxima edición mejore , porque en calidad ha bajado bastante.

     

  • Dulce vuelta a casa

    1101TAMARA DREWE

    El pasado viernes se inauguró una nueva edición del Sevilla Festival de Cine Europeo, y la película que sirvió como inauguración fue la última creación del británico Stephen Frears, que recibió un premio por su carrera en este certamen. Frears, que ya hace años que se creó un nombre en el mercado norteamericano, con títulos como Las amistades peligrosas, Mary Reailly o Alta fidelidad. En esta ocasión es un filme completamente británico, sin grandes estrellas, y se ha basado en la novela gráfica de Possy Simmonds, a su vez basada en Lejos del mundanal ruido de Thomas Hardy.

    {xtypo_code}Reino Unido, 2010. (111′)
    Título original: Tamara Drewe.
    Dirección: Stephen Frears.
    Producción: Alison Owen.
    Guión:  Moira Buffini, basado en la novela gráfica de Possy Simmonds.  
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje:  Mick Ausdley.
    Intérpretes: Gemma Artenton (Tamara Drewe), Roger Allam (Nicholas Hardiment), Bill Camp (Glen McCreavy), Dominic Cooper (Ben Sergeant), Luke Evans (Andy Cobb), Tamsin Greig (Beth Hardiment), Jessica Barden (Jody Long), Charlotte Christie (Casey Shaw), John Bett (Diggory), Josie Taylor (Zoe), Bronagh Gallagher (Eustacia), Pippa Haywood (Tess), Zahra Ahmadi (Nadia Pattel).{/xtypo_code}

    Tamara Drewe es una periodista del corazón que regresa después de muchos años a su pueblo rural de Dorset para vender la vieja casa de la familia, y su regreso causa una conmoción entre los habitantes del lugar. Cuando se fue, Tamara era una adolescente poco agraciada, y ahora es una mujer despampanante que desata una tormenta de envidias, deseos y cotilleos allá por donde va.

    La cinta, ni mucho menos lo mejor de Frears, es una comedia con mucho sentido del humor, con diálogos rápidos y chispeantes, y que, en ocasiones, demuestra tintes negros. Una comedia muy británica.

    Tiene varios momentos verdaderamente divertidos, sobre todo los ocasionados por esos dos personajes que vertebran toda la historia, las dos adolescentes que provocan casi todos los problemas que tienen todos los demás. Pero también tiene varios personajes muy simples, muy lineales, apenas esquematizados (el más claro es la estrella de rock), y al finalizar la proyección se tiene la sensación de que las diversas tramas están encajadas a la fuerza, que no concuerdan mucho. Pero el principal problema es que no queda en absoluto claro cuáles son las motivaciones que mueven a la protagonista, a Tamara, porqué hace lo que hace o porqué se comporta de ese modo.

    Resumiendo, una comedia divertida, que no termina de encajar en su totalidad, y que deja claro algo que ya sabíamos, que Gemma Artenton, a pesar de haber nacido con un dedo más en cada mano, y de tener una oreja extraordinariamente enorme (sólo una, según ella misma confiesa) aparece en pantalla como una de las actrices más bellas del momento.

     

  • Quedarse a oscuras

    1101LOS OJOS DE JULIA

    La oscuridad ha sido desde siempre uno de los mayores temores de la humanidad. De ahí la importancia que supuso para nuestros antepasados de las cavernas descubrir el fuego. Más allá de servir de defensa, fuente de calor y asar los animales que cazaban, les evitaba quedarse a oscuras cuando el sol se ocultaba cada día. Y cuando el cine empezó a hacer películas de terror, este era también uno de los temas recurrentes, una de las fuentes del mal. Y los malvados siempre se ocultaban en la oscuridad, y era ahí donde ocurrían todas las masacres, etc, etc.

    {xtypo_code}España, 2010. (100′)
    Dirección: Guillem Morales.
    Producción: Joaquín Pardo, Mar Targarona, Guillermo del Toro, Mercedes Gamero, Reyes Matabuena.
    Guión:  Guillem Morales, Oriol Paulo.  
    Fotografía: Oscar Faura.
    Música: Fernando Velázquez.
    Montaje: Joan Manel Vilaseca.
    Intérpretes: Belén Rueda (Julia / Sara), Lluis Homar (Isaac), Pablo Derqui (Iván), Francesc Orella (Inspector Dimas), Joan Dalmau (Créspulo), Boris Ruiz (Blasco), Daniel Grao (Dr. Román), Clara Segura (Mina), Andrea Hermosa (Lía), Julia Gutiérrez Caba (Soledad).{/xtypo_code}

    Guillem Morales, en esta su segunda película, recurre una vez más al tema. Además de modo redundante, ya que añade al hecho de que los sucesos más (digamos) terroríficos (aunque esta no sea una cinta de terror al uso, sino más bien un thriller… o mejor dicho, pretende ser) sucedan de noche, incluso sin luz, que la protagonista se esté quedando ciega, se esté quedando a oscuras.

    La historia es sencilla de contar: una mujer (la Julia del título) investiga por su cuenta la reciente muerte de su hermana Sara, ya que, aunque todo apunta al suicidio, a ella no le convencen diversos indicios que va encontrando. Julia se ve acechada por una presencia que nadie, ni la policía ni su marido, parece percibir, cree que eso fue lo que mató a su hermana. Mientras, al igual que ocurriera con Sara, una enfermedad congénita la va dejando ciega.

    La película bebe de numerosas fuentes, toma como referentes a varias películas, aunque las más evidentes son Sola en la oscuridad (e incluso, aunque menos, la posterior Jennifer 8) y El fotógrafo del pánico. Quizás también se aprecien elementos de Hitchcock, y a muchos les recordará a las también españolas Los otros y El orfanato. Y ya se sabe lo que pasa con quien quiere abarcar mucho…

    Los ojos de Julia es una película repleta de tópicos, construida a base de clichés ya desde el primer plano. Una casa grande, es de noche, llueve, mucho, hay truenos, una mujer (ciega) está intentando escapar de algo que la persigue, se va la luz (tampoco hacía falta, si ella era ciega, pero el cliché es el cliché)… A partir de ahí, uno tras otro se van sumando para hacer una película tópica, previsible al máximo, y que cuenta con uno de los recursos más burdamente utilizados en mucho tiempo (si quieren ver la película, no sigan leyendo, si lo hacen después no digan que no les avisé): ¿por qué se oculta la cara del ‘malo’ de modo tan descarado y durante tantísimo tiempo, cortando el plano, captándole de espaldas, tapando su cara con sombras, un libro, un mochila, un colchón… si hasta ese momento no lo hemos visto y, por lo tanto, no lo conocemos?, ¿es que no se dan cuenta de que en el mismo instante en que se concatenan cuatro planos ocultando la cara de un personaje concreto hasta el más inepto se da cuenta de que algo pasa, y de que ese es el ‘malo’ de la historia? Y, por cierto, tampoco hay que ser demasiado lumbrera para saber quién es en realidad. Pero bueno, el mal ya está hecho, y con esta cinta, director y guionistas no han visto la luz precisamente, y se han quedado a oscuras