Categoría: La película

  • Indagar en el pasado

    0901INCENDIES

    En una semana en la que prácticamente la mitad de las pantallas del país están tomadas por la misma película (no creo que sea necesario decir de cuál estoy hablando), es normal que el resto de cintas que entran, que tienen la mala suerte de coincidir en la fecha de estreno con este filme que, según me cuenta un amigo y por poner sólo un ejemplo, ocupa cuatro pantallas de las seis que tiene una ciudad como Mérida, queden total y absolutamente eclipsadas.

    {xtypo_code}Canadá, 2010 (130′)
    Título original:  Incendies.
    Director: Denis Villeneuve.
    Producción: Luc Déry, Kim McCraw.
    Guión: Denis Villeneuve, basado en la novela de Wajdi Mouawad.
    Fotografía:  André Turoin.
    Música: Grégoire Hetzel.
    Montaje: Monique Dartonne.
    Intérpretes: Lubna Azabal (Nawal Marwan), Mélissa Désormeaux-Poulin (Jeanne Marwan), Maxim Gaudette (Simon Marwan), Rémy Girard (Notario Jean Lebel), Abdelghafour Elaaziz (Abou Tarek), Allen Altman (Notario Maddad).{/xtypo_code}

    Y es una verdadera lástima, porque entre ellas se encuentran historias tan apasionantes, tan duras, tan fascinantes como esta Incendies, que estuvo nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa (y que no se lo llevó por muy poco), y que ya pasó con éxito por festivales como los de Toronto, Valladolid, Venecia, o la misma Mérida, donde tuve el placer de verla hace algo más de tres meses.

    Basada en una afamada obra de teatro, aunque nadie lo diría viendo el trabajo que ha hecho Villeneuve con el lenguaje que utiliza para crear este filme, Incendies es una terrible historia, basada en cientos de historias reales, ocurridas en ese lugar tan complicado que es y siempre será Oriente Medio, concretamente entre Israel, Palestina y Líbano, narrando un drama familiar que podría extrapolarse a la imagen de un conflicto tan antiguo y con tantas raíces que resulta imposible de resolver.

    Tras la muerte de Nawal Marwan, el notario Lebel les lee el testamento a sus hijos gemelos, Jeanne y Simon, que quedan atónitos al recibir la entrega de dos sobres, uno para su padre, que creían muerto, y otro para un hermano cuya existencia desconocían. Aunque Simon no es muy partidario de remover el pasado, el cariño que siente por su hermana, que ve en este enigmático legado la razón del mutismo de su madre, le hace acompañarla desde Canadá hasta sus raíces, para investigar, indagar en sus orígenes y cumplir los deseos de su madre, descubriendo que no conocían realmente a su madre, y se encontrarán con los horrores que tuvo que sufrir, y que la hicieron tan reservada como era.

    Villeneuve utiliza dos tramas paralelas para contar la historia, la del pasado de la madre fallecida y la de la hija que investiga, reconstruyendo su desconocida historia. Y, aunque sepamos de antemano (intuyamos, más bien), que nos vamos a encontrar con el horror de cara, nada nos prepara para lo que finalmente descubrimos.
    Incendies es una película muy dura, una experiencia difícil de olvidar, con imágenes poderosas que se clavan en la memoria y que no te dejan (la matanza del autobús es, quizás, uno de los ejemplos más claros, aunque no el único) y que demuestran cuán perjudicial puede ser el fanatismo religioso (de cualquier índole).

     

  • El futuro está escrito

    1501NUNCA ME ABANDONES

    Hay ocasiones en las que uno se pregunta cómo demonios es posible que una determinada película no haga más que ganar premios allá donde va. Ejemplos hay muchos más de los que nos gustaría. Y del mismo modo, hay cintas que, inexplicablemente, pasan sin pena ni gloria por los certámenes y las entregas de premios que cada año se celebran (y son muchas).

    {xtypo_code}Reino Unido, 2010. (103′)
    Título original: Never let me go.
    Dirección: Mark Romanek.
    Producción: Alex Garland, Andrew MacDonald, Allon Reich.
    Guión: Alex Garland, basado en la novela de Kazuo Ishiguro.
    Fotografía:  Adam Kimmel.
    Música: Rachel Portman.
    Montaje: Barney Pilling.
    Intérpretes: Carey Mulligan (Kathy), Andrew Garfield (Tommy), Keira Knightley (Ruth), Isobel Meikle-Small (Kathy, joven), Charlie Rowe (Tommy, joven), Ella Purnell (Ruth, joven), Charlotte Rampling (Miss Emily), Sally Hawkins (Miss Lucy), Kate Bowes Renna (Miss Geraldine).{/xtypo_code}

    Nunca me abandones forma parte de este segundo grupo. No me entiendan mal, la cinta ha recogido algún que otro galardón, pero menos, bastantes menos, de los que han recopilado algunas de sus rivales, y menos de los que merece. Ello se ha debido, sobre todo, a que ha tenido la mala fortuna de coincidir en el mismo año con otra película británica que le ha arrebatado todo: El discurso del rey.

    Nunca me abandones, basada en el libro homónimo de Kazuo Ishiguro, llega con mucho retraso a nuestras pantallas (de hecho, estaba previsto para el próximo viernes, pero se ha vuelto a atrasar una semana más) se desarrolla en una realidad alternativa, en una Inglaterra de ficción. Los tres protagonistas (Kathy, Tommy y Ruth) pasan su infancia en un internado exclusivo. Son felices, pese al excesivo control al que son sometidos, hasta que un día todo les queda revelado, y les comunican que su futuro ya está escrito, que su destino ya está atado, y que irremediablemente tendrán que acatarlo una vez que se hagan adultos.

    Romanek (que ya dirigió Retratos de una obsesión) despliega un estilo visual elegante y engañosamente simple, y va desgranando una historia dura, dolorosa y triste, con unos personajes que no tienen futuro, pero que siempre albergan esperanzas.

    Bellamente fotografiada, Nunca me abandones es una película demoledora e inquietante, una mezcla de cine romántico (con un triángulo amoroso) con la ciencia ficción que estructura toda la trama, ya desde su propia concepción como universo distópico, en la que (contrariamente a lo que ocurre en muchas otras cintas del género) no se lucha contra un gobierno opresor, sino que, al contrario, los protagonistas fueron educados para abrigar un sentimiento de orgullo por el lugar que ocupan en la sociedad, y no intentan huir, porque, de todos modos, no hay donde escapar.

    Nunca me abandones es una película que perdura en la memoria, gracias, entre otras cosas a la soberbia banda sonora de Rachel Portman y las grandes interpretaciones del trío protagonista: Keira Knightley, que está estructurando una sólida carrera, intercalando filmes taquilleros de Hollywood con las obras de calidad que rueda en su país; Andrew Garfield, que será el nuevo Spider-Man; pero sobre todo Carey Mulligan, una estupendísima actriz que ofrece toda una lección de tristeza contenida, en su mirada, en su voz.

  • Una cinta poderosa

    2101SECUESTRADOS

    La segunda película de Miguel Ángel Vivas, que fue aclamada en el último Festival de Sitges, y que recibió varios premios en el Fantastic Film Festival de Austin, es una cinta que sorprende por la crudeza de su argumento y de sus imágenes (a veces con una violencia explícita que el espectador no se espera), y por la originalidad y valentía de su propuesta estética.

    {xtypo_code}España, 2010 (82′).
    Dirección: Miguel Ángel Vivas.
    Producción: Vérane Frédiani, Emma Lustres Gómez, Borja Peña, Franck Ribiére.
    Guión: Miguel Ángel Vivas, Javier García.
    Fotografía: Pedro J. Márquez.
    Música: Sergio Moure.
    Montaje: José Manuel Jiménez.
    Intérpretes: Fernando Cayo (Jaime), Manuela Vellés (Isa), Ana Wagener (Marta), Dritan Biba (Asaltante jefe), Guillermo Barrientos (Asaltante joven), Martijn Kuiper (Asaltante fuerte), Xoel Yáñez (César).{/xtypo_code}

    El referente que primero viene a la cabeza al ver Secuestrados es muy evidente, y es que el director bebe del Funny games de Michael Haneke sin que pueda negarlo en ningún momento. Aunque el resultado es claramente distinto. Resulta difícil de explicar, aunque podría resumirse diciendo que Secuestrados (sin llegar en ningún momento a ser una mala película, al contrario, tiene gran calidad), es la versión palomitera de la película del director austriaco.

    El matrimonio compuesto por Jaime y Marta y su hija adolescente Isa se mudan a una lujosa casa en medio del campo. La primera noche, con todo lleno de cajas por desembalar, un grupo de albaneses entra a la fuerza en la casa y mientras mantiene retenidas a las mujeres, el jefe se va con el padre de familia. La idea es sacar el máximo dinero posible con las tarjetas de crédito de la familia lo más rápidamente posible. Pero en la casa no hay la calma que se preveía.

    Vivas toma riesgos a la hora de contar la historia. Narra la odisea de la familia casi en tiempo real, sin apenas emplear elipsis, de modo realista e implacable, consiguiendo atacar los nervios del espectador. Y aún hay más: rueda cada secuencia en un solo plano, sin cortes, con el riesgo y el enorme trabajo que ello conlleva. Incluso llega a más en algunos momentos, sobresaliendo la larga secuencia final en la que divide la pantalla en dos, cada una un plano secuencia que terminan convergiendo en una única imagen.

    El reparto es más que notable, destacando la joven Manuela Vellés, a la que casi todo el mundo recuerda por su debut en la muy floja Caótica Ana, pero que (inexplicablemente) muy pocos la recuerdan en su buen papel en Camino.  

    Secuestrados es una película intensa, que perturba por su gran realismo, con una tensión que va in crescendo, y que no deja respiro. Sorprende por su violencia, y nos presenta a un buen director de actores. Una cinta poderosa sobre los secuestros express, que puede ser la primera sorpresa española del año, una cinta que puede crecer por el boca a boca y convertirse en un éxito.

     

  • Remordimientos y venganzas

    1101SIN RETORNO

    Historias de remordimientos y de venganzas, de miedos y de casualidades, y también de mentiras, y de cómo se puede construir una vida en torno a ellas. Sin retorno, debut en la dirección del hasta ahora ayudante de Marcelo Piñeyro, Miguel Tohan, fue la triunfadora (según cuentan los que estuvieron por allí, justa vencedora) del pasado Festival de Cine de Valladolid.

    {xtypo_code}España-Argentina, 2010.
    Director: Miguel Cohan.
    Producción: Mariela Besuievski, Gerardo Herrero, Vanessa Ragone.
    Guión: Miguel Cohan, Ana Cohan.
    Fotografía: Hugo Colace.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Fernando Pardo.
    Intérpretes: Leonardo Sbaraglia (Federico Samaniego), Martín Slipak (Matias Fustiniano), Bárbara Goenaga (Natalia Kaufman), Luis Machín (Ricardo Fustiniano), Ana Celentano (Laura), Arturo Goetz (Liquidador), Federico Luppi (Víctor Marchetti), Antonia Bengoechea (Malena), Felipe Villanueva (Chaucha), Claudia Cantero (Fiscal), Manuel Longueiras (Kempes), Rocío Muñoz (Luciana).{/xtypo_code}

    La cinta, coproducción hispano-argentina, aunque en el reparto la única cara patria sea la de Bárbara Goenaga, que además aparece demasiado poco, y hace de argentina (bastante creíble su acento, por cierto), narra la historia de dos familias entrecruzadamente.

    Tras un accidente de tráfico, un joven muere atropellado. El culpable huye sin dejar rastros y sin pruebas que lo incriminen. Pero el padre del joven empieza la búsqueda del conductor. Un cúmulo de circunstancias y casualidades, y una justicia contaminada por la opinión pública y los medios de comunicación, llevan al hombre equivocado al banquillo de los acusados.

    El director sabe narrar, de modo seco, austero, pero con paso firme, y acierta al no utilizar (casi en ningún momento) la música para acentuar las situaciones mostradas, con lo que son los simples hechos lo que vemos, nada más. Tras mostrar los actos que lo desencadenan todo, Cohan centra la primera mitad de la cinta en la tensión que provoca la culpabilidad en la familia del culpable, y en la mentira, y en como ésta va creciendo, hasta convertirse casi en un modo de vida. En la segunda parte, una vez que los acontecimientos se disparan de modo incontrolable, se centra en los oscuros recodos que puede tener la venganza.

    Sin retorno, que cuenta con un excelente reparto, plagado de buenas interpretaciones, nos presenta a un director de futuro, un Miguel Cohan que narra con un ritmo incesante y un guión muy hábil, con varios giros bien pensados. Es interesante también la crítica a los medios, y sobre todo a la justicia, que se deja llevar, y que no investiga realmente, dejándose guiar por la presión de unos medios de comunicación que exigen encontrar al culpable ya.

  • La joya escondida

    1101WINTER’S BONE

    Todos los años surge una película pequeña, de esas que verdaderamente podría llamarse independiente, y que se convierte en la sorpresa del año, la que se cuela en todos los premios, en todas las listas de las mejores cintas de la temporada, y que puede llegar a dar la campanada en los premios gordos de Hollywood.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010 (100′)
    Título original: Winter’s bone.
    Director: Debra Granik.
    Producción: Alix Madigan, Anne Rossellini.
    Guión: Debra Granik, Anne Rossellini, basado en la novela de Daniel Woodrell.
    Fotografía: Michael McDonough.
    Música: Dickon Hinchliffe.
    Montaje: Affonso Gonçalves.
    Intérpretes: Jennifer Lawrence (Ree), Isaiah Stone (Sonny), Ashlee Thompson (Ashlee), Valerie Richards (Connie), Shelley Waggener (Sonya), Garrett Dillahunt (Sheriff Baskin), William White (Blond Milton), Lauren Sweetser (Gail), Cody Brown (Floyd), Cinnamon Schult (Victoria).{/xtypo_code}

    En años recientes han sido películas amables, e incluso divertidas, como Juno o Pequeña Miss Sunshine. En esta ocasión, es una cinta más oscura, más adusta, y más dura, una cinta en la que es difícil entrar, pero que (una vez logrado el objetivo) acaba enamorando. Esa cinta es Winter’s bone. Una película que, no nos engañemos, por mucho que digamos muy poca gente va a ir a ver, a no ser que contra pronóstico (como ocurrió con Crash hace unos años) acabe alzándose con el Oscar a la mejor película, cosa que (a priori) se presenta harto difícil.

    Winter’s bone es un retrato fiel y que huele a verosimilitud, de las entrañas de la America profunda, de una comunidad (en este caso en las montañas de Missouri) de cocineros de crack y que está hundida en la marginalidad, en la que Ree, una joven adolescente (la heroína de la historia, nuestra protagonista, una fantástica Jennifer Lawrence, que salta de los papeles secundarios en las series de televisión a este protagonista con sorprendente facilidad) debe luchar diariamente por sacar adelante a su familia, compuesta por su madre enferma y sus dos hermanos pequeños. Un día recibe la nefasta noticia de que su padre, desaparecido hace tiempo para ellos, dejó su pobre casa y el escaso terreno que poseen, como aval de una deuda que no ha satisfecho, con lo que en breve se quedarán en la calle.

    Con un estilo cercano al thriller, al policíaco, al cine de investigación, Winter’s bone es una historia dura de supervivencia en un territorio muy hostil, en una sociedad con reglas estrictas y que resulta extremadamente opresiva y asfixiante. Pero el aspecto delicado, bello y dulce de Ree esconde a una luchadora nata que no se rendirá jamás y que seguirá luchando por los suyos aunque todo y todos se le pongan en su contra.

    Winter’s bone es una de esas escasas películas que sigue viva y creciendo en la mente del espectador mucho tiempo después de haberla visto, de las que dejan poso. A ello ayuda el trabajo de Kranik (hasta ahora, inédita en nuestro país), que sabe mostrar una historia dura preocupándose por sus personajes y sus problemas aunque sin caer en sentimentalismos. Una gran obra que, lamentablemente, no es una cinta de masas.

  • Hecha para gustar

    1101THE FIGHTER

    El boxeo quizás haya sido uno de los deportes que más se ha visto reflejado en el cine, el que más. Ya desde los comienzos del cinematógrafo, en aquellos inicios de cámara estática, películas cortas, mudas y en blanco y negro, abundaban las grabaciones de combates reales de este deporte.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (115′)
    Título original: The fighter.
    Director: David O. Russell.
    Producción: Dorothy Aufiero, David  Hoberman, Ryan Kavanaugh, Todd Lieberman, Paul Tamasy, Mark Wahlberg.
    Guión: cott Silver, Paul Tamasy, Eric Johnson.
    Fotografía:  Hoyte van Hoytema.
    Música: Michael Brook.
    Montaje: Pamela Martin.
    Intérpretes: Mark Wahlberg (Micky Ward), Christian Bale (Dicky Eklund), Amy Adams (Charlene Flemming), Melissa Leo (Alice Ward), Mickey O´Keefe (Él mismo), Jack McGee (George Ward), Bianca Hunter (Cathy), Erica McDermott (Cindy), Jill Quigg (Donna), Dendrie Taylor (Gail), Kate O’Brien (Phyllis), Jenna Lamia (Sherri), Frank Renzulli (Sal Lanano).{/xtypo_code}

    Y en las últimas décadas, incluso directores importantes y conocidos por todos se han acercado al tema, desde Scorsese en su Toro salvaje a Eastwood en Million dollar baby, ambos (hay que decirlo) de modo brillante. El último en hacerlo, David O. Russell, con esta buena cinta que es The fighter, una de las sorpresas de la temporada y una de las películas que más reconocimientos y premios está recogiendo en los últimos meses.

    No es una obra mala, jamás podría decir eso, nadie podría decirlo (y de hecho, si se pregunta a todos los que han visto la película, es extremadamente difícil encontrar a alguien que diga que no le ha gustado), pero lo cierto es que tampoco es tan buena como algunos quieren hacer ver. Está bien dirigida, las interpretaciones (sobre todo el cuarteto principal, Wahlberg, Leo, Adams y especialmente un demacrado Christian Bale), pero se ve a la legua que está construida para que guste, siguiendo unos patrones y unas pautas mil veces usadas, que saben que atraen al público, que emociona, sin ofrecer (en realidad demasiado), y que conocemos y podemos prever sin miedo a equivocarnos.

    Y no me refiero aquí al hecho (hablo de la previsibilidad) de que esté basada en hechos reales. Es algo más. Es la estructura del filme, demasiado clásica, sin tomar ningún riesgo, ni en las formas, ni en los modos, ni en los contenidos. Es la misma historia que ya nos han contado montones de veces, la del boxeador con entorno familiar complejo y difícil, de bajo estrato social, que debe vencer todas las adversidades posibles, dejar de lado a los suyos, una madre opresiva y un hermano, otrora ídolo del protagonista, que ha devenido en un perdido adicto al crack, que se enamora de una chica que le apoya y con la que tiene problemas, pero al final triunfa el amor, el pundonor, el tesón, y la chica se queda, se reconcilia con la familia, y consigue el éxito deportivo.

    The fighter es una película entretenida, está bien hecha, incluso hay momentos que emociona, pero se queda corta en los que elementos más crudos de la historia, las adicciones a las drogas de un inmenso Christian Bale (el Oscar está ya en sus manos), son el ejemplo más palpable de lo que digo, ya que el director es demasiado amable, demasiado indulgente, se nota que no quiere hacer sangre, y al final casi se convierte en un cliché, con los protagonistas reales de la historia apareciendo en los créditos finales, demostrando que se han redimido de su pasado, que todo marcha bien. Está hecha para gustar, y gusta, pero no tiene alma, no consigue ser más que un producto que dura lo que dura la proyección, y una vez que se encienden las luces, a otra cosa.

     

  • Casi, casi perfecta

    0901CISNE NEGRO

    Cuentan (hay quien dice que sólo es leyenda, que nunca ocurrió) que el insigne Galileo, después de pasar una temporada en prisión, volvió a su trabajo como profesor, “reconociendo” que se equivocó, que el Sol giraba alrededor de la Tierra, mientras ésta permanecía estática en el centro del Universo, y terminando su discurso con el famoso “y sin embargo, se mueve”.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (108′)
    Título original: Black swan.
    Director: Darren Aronofsky.
    Producción: Scott Franklin, Mike Medavoy, Arnold Messer, Brian Oliver.
    Guión: Mark Heyman, Andrés Heinz, John J. McLaughlin.
    Fotografía:  Matthew Libatique.
    Música: Clint Mansell.
    Montaje: Andrew Weisblum.
    Intérpretes: Natalie Portman (Nina Sayers), Mila Kunis (Lily), Vincent Cassel (Thomas Leroy), Barbara Hershey ( Erica Sayers), Winona Ryder (Beth MacIntyre), Benjamin Millepied (David), Ksenia Solo (Veronica), Kristina Anapau (Galina), Janet Montgomery (Madeline).{/xtypo_code}

    Algo parecido puede entenderse de esta fantástica, verdaderamente fantástica, Cisne negro. Vale, los personajes son demasiado arquetípicos, y se han visto en innumerables películas (la chica dulce -en este caso, bailarina-; la chica oscura, y rival de la primera; la madre opresiva y absorbente; la profesional en decadencia a la que sustituye (y sufre por ello) la protagonista; y el director conflictivo y pasional).

    Además, la protagonista se enfrenta a su reverso oscuro, un doppelgänger que tampoco es una novedad. Y vale, la historia no es nueva. Y, como decía Galileo, sin embargo… tiene un algo que hace que sea hipnótica, que te atrapa desde el primer momento y no te suelta hasta el último plano, hasta que Natalie Portman, tras finalizar su actuación, con lágrimas en los ojos, y plena de felicidad dice “It was perfect”, y sí, tiene razón, fue perfecto (que todo el mundo se tranquilice, no estoy desvelando nada fundamental de la trama).

    Nina es una bailarina, que lucha por alcanzar la perfección. El director de la compañía la elige para sustituir a la mítica Beth MacIntyre en una nueva y reformada versión de El lago de los cisnes, pero ella siente que Lily, una chica que acaba de llegar de San Francisco, quiere quitarle el puesto. Nina también debe lidiar con una opresiva madre, que siempre está encima de ella, acosándola. La presión a la que se ve sometida hace que, poco a poco, harán que empiece a perder la cabeza, a no distinguir entre lo que es real y lo que no.

    Darren Aronofsky consigue que el espectador se inmiscuya de lleno en las neurosis de Nina, nos mete de lleno en ellas, y hace que nos sintamos incómodos con sus turbadoras visiones. La cinta está repleta de símbolos (algunos demasiado evidentes), pero el gran trabajo de Aronofsky está en que, a pesar de todo, uno no pueda dejar de mirar, no sea capaz de retirar sus ojos de la pantalla en ningún momento.

    Aparte del poker de damas (Portman, Kunis, Hershey, Ryder), y el rey (Cassel), hay otros dos grandes personajes en la trama: los pies (a los que Aronofsky presta especial atención, con planos cortos que los persiguen mientras las chicas bailan), y los espejos y/o reflejos, que cobran gran importancia en la mayoría de ocasiones y que están presentes casi en cada plano.

    Cisne negro es una mezcla (extraña e inesperada) de drama, thriller psicológico y algunos toques magistrales de cine de terror. Aronofsky da en el clavo al saber usar las cantidades apropiadas de cada uno de estos géneros, y hacerlo en el momento apropiado, y le da a Natalie Portman (ganadora del Globo de Oro, el premio del Sindicato de Actores y de otros muchos, y futuro Oscar a la mejor actriz) la oportunidad de demostrar lo buena que es. Ella es, sin duda y con mucha diferencia, la mejor en esta maravillosa película. Una auténtica (e inesperada) obra maestra.

     

  • Amor con aliens al fondo

    1101MONSTERS

    Hace un par de años, una película pequeña, con un presupuesto reducido, daba la sorpresa y se convertía en todo un éxito, aclamada por gran parte de la crítica y del público que, por el boca a boca, fue acudiendo a las salas a ver aquello de lo que casi todo el mundo hablaba. Era Distrito 9, una cinta de ciencia ficción, con extraterrestres, aunque no eran ellos el tema principal de la historia.

    {xtypo_code}Reino Unido, 2010. (94′)
    Título original: Monsters.
    Director: Gareth Edwards.
    Producción: Allan Niblo, James Richardson.
    Guión: Gareth Edwards.
    Fotografía:  Gareth Edwards.
    Música: Jon Hopkins.
    Montaje: Colin Goudie.
    Intérpretes: Whitney Able (Samantha Wynden), Scott McNairy (Andrew Caulder).{/xtypo_code}

    Ahora, siguiendo su estela, el especialista en efectos especiales Gareth Edwards debuta en la dirección con esta historia más pequeña aún, rodada casi completamente con dos intérpretes, con un presupuesto irrisorio para el tipo de filme que es (menos de un millón de dólares), una película de extraterrestres, donde los alienígenas apenas aparecen y sirven de excusa para contar otras cosas.

    Monsters sorprende por su arriesgada mezcla de géneros que a priori no parecen que vayan a congeniar. Hay quien ha dicho (con acierto) que es una película romántica para chicos, o una película extraterrestres para chicas. Lo cierto es que los invasores (que no lo son tanto) son una excusa para contar un viaje en el que dos personas se van conociendo poco a poco, en el que una relación va surgiendo, es casi una cinta romántica, con rasgos de road-movie, y en la que (ocasionalmente) aparecen monstruosos seres. Pero lo que termina por fascinar y enamorar del todo es su final, que rompe todos los esquemas que uno se haya podido hacer hasta entonces, y se presenta con cierto toque lírico, casi alegórico, y totalmente poético.

    La trama nos sitúa en México. Seis años atrás se descubrieron signos de vida en nuestro Sistema Solar, y se mando una sonda para recopilar muestras, pero al regresar a la Tierra hubo un fallo y la nave se estrelló en México. Poco después empezaron a desarrollarse nuevas formas de vida, y la mitad de la población del país fue puesta en cuarentena y gran parte del estado declarado ‘zona infectada’. Hoy, los ejércitos mexicano y estadounidense siguen luchando contra las criaturas. En esta situación, un periodista se ve obligado a escoltar a una turista (hija de su jefe) para volver a casa, y un cúmulo de desventuras les lleva a tener que cruzar la ‘zona infectada’ hasta la frontera con los Estados Unidos.

    Monsters es la prueba fehaciente de que no se necesitan grandes presupuestos para hacer buenas películas de ciencia ficción (con historias que, en teoría, sí piden grandes cantidades de dinero), ni grandes efectos especiales, ni alharacas, ni un reparto conocido para hacer que el público disfrute. Es una película pequeña, una mezcla de géneros que (en principio) no deberían estar juntos, una buena historia bien narrada, bien mostrada, con un aire indie que enamora. Monsters es una cinta de alienígenas sin alienígenas (o casi), los demás asuntos que toca (la militarización frente a una amenaza externa, la parábola sobre la inmigración), apenas le importan. Lo verdaderamente interesante es la relación entre los personajes. Es una historia de amor con aliens de fondo.

     

  • Valentía y tolerancia

    1101DE DIOSES Y HOMBRES

    Premiada en el pasado Cannes, y vista en numerosos festivales a lo largo y ancho de todo el mundo, incluido el de Sevilla, y (lo que es más extraño, no por la película en sí, sino por lo raro del hecho) aclamada unánimemente por la crítica (en una web como rottentomatoes, que recoge las diferentes opiniones de cientos de prestigiosos críticos de todo el planeta está con un 100% de opiniones favorables), se estrena la que es una de las mejores películas del pasado año.

    {xtypo_code}Francia, 2010. (120′)
    Título original: Des hommes et des dieux.
    Director: Xavier Beauvois.
    Producción: Etienne Comar, Pascal Caucheteux.
    Guión: Etienne Comar, Xavier Beauvois.
    Fotografía:  Caroline Champetier.
    Montaje: Marie-Julie Maille.
    Intérpretes: Lambert Wilson (Christian), Michael Lonsdale (Luc), Olivier Rabourdin (Christophe), Philippe Laudenbach (Célestin), Jacques Herlin (Amédée), Loïc Pichon (Jean-Pierre), Xavier Maly (Michel), Jean-Marie Frin (Paul), Abdelhafid Metalsi (Nouredine), Sabrina Ouazani (Rabbia), Abdellah Moundy (Omar), Olivier Perrier (Bruno).{/xtypo_code}

    Por su temática puede echar para atrás a muchos. De hecho, yo mismo no soy muy aficionado a las películas en las que los protagonistas (casi) exclusivos son sacerdotes, clérigos y demás. No es que tenga nada en contra del género, de hecho no es la primera vez que una cinta así me hace pasar un buen rato de cine. Pero, así de entrada, como que no me apetece demasiado. Aunque, una vez realizado el ‘esfuerzo’, el resultado merece la pena.

    De dioses y hombres cuenta una historia real. La película nos sitúa en el norte de África, concretamente en un convento de Argelia, donde unos monjes franceses vivían con lo justo, en perfecta armonía y paz con los vecinos de aquella comunidad rural, por supuesto musulmanes, a los que ayudaban en todo lo que podían, sin intentar en ningún momento convertirlos, simplemente por solidaridad. Los clérigos de la historia fueron secuestrados en 1996 y, posteriormente, asesinados, sin que todavía haya sido esclarecida la autoría de los crímenes.

    La película, que (evidentemente) no está dirigida a la gran masa, a esa que ve una película (a la gran masa le da igual cuál sea el tema de la misma) engullendo palomitas, muestra el drama de estos monjes, cuyo final ya conocemos incluso antes de comenzar la narración, y que ellos mismos intuyen pronto. Lo interesante de la cinta es que resulta creíble, que nada está impostado, forzado. Los monjes no están presentados como héroes, ni mártires. Ellos no quieren serlo, y cuando empiezan a temer que pueden estar en peligro tienen miedo, quieren irse de allí. Saben que lo eligieron ellos, que están allí para ayudar, pero prefieren volver a Francia, aunque sienten que están traicionando a todo en lo que creen si se van.

    El director nos muestra la dualidad de los sentimientos a los que se enfrentan los protagonistas, sus dudas en el momento crítico, sus temores terrenales frente a su espiritualidad. Y resulta creíble, y conmovedor. Cierto que a veces puede resultar algo morbosa, y en ocasiones reitera demasiado las escenas de canto y rezo de los protagonistas, pero con todo, De dioses y hombres es una cinta que no deja indiferente, primorosamente interpretada por todo su elenco, y que tiene un claro mensaje contra el fundamentalismo, contra el odio ciego al otro que algunos profesan, en el nombre de su dios.

     

  • Cine dentro del cine

    1101TAMBIÉN LA LLUVIA

    La filmografía de la directora Icíar Bollaín siempre ha estado marcada por su marcado interés por la denuncia social. En Flores de otro mundo fue la inmigración, en Te doy mis ojos los malos tratos, y ahora, con esta gran También la lluvia, es el colonialismo español en Iberoamérica.

    {xtypo_code}España-Francia-México, 2010. (104′)
    Dirección:  Icíar Bollaín.
    Producción:  Juan Gordon.
    Guión: Paul Laverty.
    Fotografía: Álex Catalán
    Música: Alberto Iglesias.
    Montaje: Ángel Hernández Zoido.
    Intérpretes: Luis Tosar (Costa), Gael García Bernal (Sebastián), Juan Carlos Aduviri (Daniel / Hetuey), Karra Elejalde (Antón / Cristóbal Colón), Carlos Santos (Alberto / Bartolomé de las Casas), Raúl Arévalo (Juan / Antonio de Montesinos), Cassandra Ciangherotti (María).{/xtypo_code}

    La película, que es la seleccionada por la Academia española para competir representando a nuestro país en los próximos premios Oscar, y que tiene posibilidades de (al menos) entrar en el quinteto finalista, es un juego de capas, una cinta que es como una muñeca rusa, que tiene dentro una historia, que guarda otra dentro de sí, y otra más en su interior.

    Costa, un productor de cine, y Sebastián, un joven director, trabajan juntos en un ambicioso proyecto que van a filmar en Bolivia. La película que van a rodar trata sobre la llegada de los españoles y la brutalidad de los soldados con los indígenas, haciendo hincapié en el coraje de varios miembros de la iglesia que se enfrentaron con palabras a las espadas de sus propios compatriotas. Asistimos a las relaciones entre todo el equipo del rodaje con los habitantes del lugar, la mayoría de ellos contratados a precios irrisorios (como ocurría en la época que pretenden mostrar en la historia que ruedan). Y una tercera línea argumental, que son los enfrentamientos y protestas que se producen en Cochabamba comandadas por un indio (que es el que interpreta en la cinta que ruedan al líder indígena que se sublevó contra los españoles) como consecuencia de la concesión del sistema de aguas a una multinacional extranjera que pretende privatizar el servicio y multiplicar su precio, haciéndolo imposible para todos los indígenas.

    Las tres historias se entrelazan con admirable brillantez; vemos el rodaje, una especie de documental tipo making-off del filme, y las relaciones entre las distintas culturas; los personajes evolucionan, y Bollaín, con la inestimable ayuda de Laverty en un guión bien hilado y muy logrado, logra que el espectador se involucre en la historia. Además, el reparto (casi masculino en su totalidad es fantástico, sobresaliendo por encima de todos un soberbio Karra Elejalde, además de, por supuesto,el gran Luis Tosar, que colabora de nuevo con la directora).

    También la lluvia es una película inteligente, más compleja de lo que parece a primera vista, una cinta que se presta a discursos maniqueos pero que Icíar Bollaín sabe dirigir bien para no caer en ellos, y para demostrar que la historia, en realidad, no ha cambiado tanto, que la lucha sigue, y que los que estuvieron en el bando de los perdedores y explotados siguen estando en ese bando, y que la tragedia se repite día tras día.