Categoría: La película

  • Un western a la antigua usanza

    1101BLACKTHORN

    El cine español hace tiempo que dejó de hacer cine típicamente patrio. Antes, aunque uno no conociera a ninguno de los intérpretes ni responsables técnicos de una película concreta, aunque no viera los créditos ni hubiese elemento alguno (geográfico o de otro tipo) que identificara la cinta como española, era fácilmente discernible que la obra en cuestión se había hecho en, y sobre todo por profesionales de, España.

    {xtypo_code}España-Francia-Bolivia, 2011. (98′)
    Director:  Mateo Gil.
    Producción: Andrés Santana, Ibon Comenzana, Jerome Vidal, Paolo Agazzi.
    Guión:  Miguel Barros.
    Fotografía: J. A. Ruiz Anchía.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: David Gallart.
    Intérpretes: Sam Shepard (James Blackthorn), Eduardo Noriega (Eduardo Apocada), Stephen Rea (Mackinley), Magaly Solier (Yana), Nicolak Coster-Waldau (James joven), Padraic Delaney (Sundance), Dominique McElligot (Etta).{/xtypo_code}

    Ahora ya no; desde hace unos años, las historias son más universales, y, en ocasiones, algunas películas podrían pasar por estadounidenses. Ello de por sí no es bueno. Quiero decir, que una película sea norteamericana no implica que tenga calidad artística, pero aquí hablamos de la técnica, del modo de hacer cine, y de la posibilidad de que una determinada obra pueda venderse, verse, en un mayor número de países. Y esto sí que es bueno para nuestra cinematografía.

    Tras haber escapado de los Estados Unidos, el legendario Butch Cassidy murió tiroteado junto a su amigo Sundance Kid en Bolivia, en 1908. Al menos, esa era la versión oficial. La verdad es que ha pasado los últimos veinte años viviendo oculto, y ahora quiere volver a casa. En su camino de vuelta se encontrará con un joven ingeniero español que huye perseguido después de robar una mina propiedad del hombre más rico del país.

    Mateo Gil, que no se había puesto tras las cámaras para dirigir un largometraje desde que en 1999 debutara con Nadie conoce a nadie, nos trae una muestra de que es posible hacer buen cine en España, basándonos en géneros que no nos son propios. Recientemente también disfrutamos del Enterrado de Rodrigo Cortés, que podría calificarse del mismo modo.

    Blackthorn tiene la estética y los personajes del western más clásico, el universo típico de sus historias, aunque ni el apartado temporal (se desarrolla a finales de la decada de los años 20 del siglo pasado), ni los decorados (la acción tiene lugar en Bolivia) coincidan con lo que nos acostumbramos a ver en el género cuando estaba en boga. Pero todo nos parece verdadero. Quiero decir, la estética, el espíritu del (buen) western clásico, de ‘las películas del oeste’, está ahí.

    La película, rodada sin grandes alharacas, sin parecer demasiado espectacular, hace que mantengas la atención en todo momento, que no quieras perderte ni un sólo segundo. El guion de Miguel Barros no tiene una fisura, y las interpretaciones de Sam Shepard (brillante), y un Eduardo Noriega que mantiene el tipo (que ya es bastante), ayudan a ello. Aunque el peso debería llevárselo Mateo Gil, que sabe manejar con extraordinaria brillantez todos los elementos de la película, darle el alma que necesita. Estamos ante una gratísima sorpresa que no deberían perderse.

     

  • Enfrentarse a la tentación

    1501SOLO UNA NOCHE

    La directora estadounidense de origen iraní Massy Tadjedin debuta con esta cinta, con un drama romántico sobre las relaciones, los celos, el adulterio y la (des)confianza. No es la primera vez que se hace una película con esta temática, ni mucho menos. Pero lo que sí hay son algunas diferencias, algo que no es común en este tipo de cintas.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Francia, 2010. (90′)
    Título original:  Last night.
    Escrita y dirigida:  Massy Tadjedin.
    Producción: Christophe Riandee, Massy Tadjedin, Nick Weschler.
    Fotografía:  Peter Deming.
    Música: Clint Mansell.
    Montaje: Susan E. Morse.
    Intérpretes: Keira Knightley (Joanna Reed), Sam Worthington (Michael Reed), Eva Mendes (Laura), Guillaume Canet (Alex), Anson Mount (Andy), Stephanie Romanov (Sandra), Griffin Dunne (Truman), Stephanie Romanov (Sandra), Justine Cotsonas (Maggie).{/xtypo_code}

    Joanna y Michael forman un matrimonio aparentemente feliz, estable, pero también rutinario. Tras una cena de trabajo, ella cree presenciar algo entre su marido y una compañera de trabajo, con la que al día siguiente tiene que realizar un viaje para presentar un proyecto. La semilla de la duda crece en ella cuando, ya con su marido fuera, se encuentra con Alex, un amor del pasado, y empezará a replanteárselo todo.
    La historia, que transcurre en poco más de una noche, está narrada en paralelo, mezclando las historias de las dos partes del matrimonio con un buen trabajo de montaje que tiene detalles bastante buenos. Todo se centra en los cuatro personajes principales, incluso los pocos secundarios parecen estar únicamente como apoyo, explicativo o aclaratorio de las actuaciones o decisiones que toman, de ellos. Aunque lo cierto es que no todo está al mismo nivel: si por un lado, la historia de Keira Knightley está bastante bien, engancha y convence, por otro, la de su ‘marido’ Sam Worthington con Eva Mendes, es mucho más típica y convencional.

    Tadjedin rueda con elegancia y con madurez una historia sobre las tentaciones, la dificultad de escapar de ellas, y confronta las diferencias entre el adulterio de pensamiento y el real. Logra que los personajes jueguen con los silencios que dicen más de lo que ocultan, con las miradas que lo cuentan todo, con sonrisas y lágrimas. Pero su mayor logro es que no juzga. No hay buenos ni malos, sólo tentaciones, flirteos, a los que los personajes (con los que el espectador puede identificarse con mucha facilidad) se enfrentan, teniendo distintos resultados, diferentes reacciones. Y que en ocasiones, pensar en la infidelidad puede ser más peligroso que llevarla a cabo. Sería algo así como una tensión sexual no resuelta, que queda enquistada, y permanece presente hasta que se resuelve de uno u otro modo.

    Y sobre todo, que Tadjedin consigue crear debate, que después de la proyección los espectadores hablen, discutan, comenten, qué harían, qué piensan, qué les ha pasado…

  • La extraña pareja

    1101Un cuento chino

    Hay actores que ya de por sí garantizan que te lo vas a pasar bien con una película. Puede ocurrir que la cinta en cuestión sea mala de narices, pero simplemente por verle trabajar, por verle en acción, merece la pena ir al cine y ver la película. Y no son demasiados los que lo consiguen. El argentino Ricardo Darín entra en este reducido grupo. Todo ello a pesar de que el papel que interpreta aquí está lejos del tipo al que nos tiene acostumbrados.

    {xtypo_code}Argentina-España, 2011
    Escrita y dirigida:  Sebastián Borensztein.
    Producción: Gerardo Herrero, Juan Pablo Buscarini, Pablo Bossi, Isabel Garcia Peralta.
    Fotografía:  Alwin H Kuchler.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Fernando Pardo.
    Intérpretes: Ricardo Darín (Roberto), Huang Sheng Huang (Jun Quian), Muriel Santa Ana (Mari), Enric Rodríguez (Roberto, joven), Ivan Romanelli (Leonel).{/xtypo_code}

    Roberto es un huraño, solitario, metódico y extremadamente obsesivo ferretero de Buenos Aires. Un día ve como, desde un taxi, arrojan a Jun, un chino al que el taxista y sus secuaces han desvalijado. Jun no tiene un solo peso, y no habla más que chino, con lo que la comunicación entre ambos se torna imposible. Así, tras intentar llevarlo a una comisaría y a la embajada de su país sin éxito, se ve obligado a llevárselo a su casa y tratar desde allí de solucionar el asunto, porque el dejarlo en la calle tirado no entra en su carácter. Pero todo lo que Roberto intenta no resulta y tiene que convivir con alguien a quien no conoce, con una cultura distinta y con quien no se puede comunicar durante más tiempo del esperado.

    Un cuento chino es una película amable, a ratos divertida, a ratos surrealista (las imágenes de esas noticias de muertes absurdas que el protagonista recopila de los periódicos y que resulta ser el punto de unión entre dos seres en principio tan alejados), con algunos leves retazos de tristeza, que resulta creíble, aunque al final se deja llevar y termina con un desenlace demasiado previsible, que se amolda a las convenciones más tópicas, quizás para contentar a la mayoría de público.

    Pese a todo, la cinta está dirigida con solvencia, no hay estridencias, y es fácilmente disfrutable. Una película divertida, que hace gozar de un buen rato de cine, y que nos viene a decir que, en realidad, el mundo es un pañuelo, que no son tantas las diferencias que nos separan como los sentimientos que nos unen. Se agradece que no se decante (a pesar de todo, y aunque el tema se prestaba con facilidad a ello) por una sensiblería que lo estropearía todo.

     

  • Saoirse reparte caña

    1101Hanna

    La esperada nueva película de Joe Wright es una rareza dentro de las superproducciones revienta-taquillas. Normalmente este tipo de producciones suelen ser más sencillas, o tener un argumento que, dentro de una posible complejidad, es relativamente fácil de seguir y de comprender. Y aunque Hanna no es tan complicada en este aspecto, lo cierto es que es una cinta distinta, diferente.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (113′)
    Título original: The beaver.
    Director:  Joe Wright..
    Producción: Marty Adelstein, Leslie Holleran, Scott Nemes.
    Guion: Seth Lochhead, David Farr.
    Fotografía:  Alwin H Kuchler.
    Música: The Chemical Brothers.
    Montaje: Paul Tothill.
    Intérpretes: Saoirse Ronan (Hanna), Eric Bana (Erik), Cate Blanchett (Marissa), Tom Hollander (Isaacs), Olivia Williams (Rachel), Jason Flemyng (Sebastian), Jessica Barden (Sophie), John MacMillan (Lewis), Vicky Krieps (Johanna Zadek), Tim Beckman (Walt), Jamie Beamish (Burton), Aldo Malan (Miles), Michelle Dockery (Falsa Marissa), Mohamed Majd (Dueño Hotel Marruecos), Sebastian Hülk (Titch), Gudrun Ritter (Katrin Zadek), Martin Wuttke (Knepfler).{/xtypo_code}

    Mezcla del cine de espías más reciente (la saga Bourne es su referente más claro), con una especie de cuento de hadas, Hanna cuenta la historia de una adolescente de dieciséis años, a la que su padre (Erik, un ex-agente de la CIA) ha criado en solitario en las frías estepas del norte de Europa, alejados de toda la civilización, y preparándola desde niña para convertirla en la asesina perfecta. Hasta que un día Erik se da cuenta de que ya no puede retener más a su hija, y la joven se embarca en la misión para la que siempre ha estado destinada. Pero antes de que pueda reunirse con su padre en Berlín, como tenían previsto, es capturada por un grupo dirigido por la despiadada agente Marissa Wiegler, que en el pasado tuvo algo que ver con Erik. Hanna consigue escapar, pero se encuentra sola, en un mundo que desconoce y en el que debe aprender rápidamente a desenvolverse.

    Hanna tiene un ritmo frenético, numerosas escenas de acción (algunas verdaderamente brillantes, como toda la secuencia de la huida de la protagonista), conducidas con las melodías que para ella han creado The Chemical Brothers, músicas que se amoldan como un guante a sus imágenes; y tiene un tour de force entre dos protagonistas fantásticas (Cate Blanchett y una sobrenatural Saoirse Ronan, que ya trabajó con el director en Expiación y que volverán a coincidir en una nueva versión de Anna Karenina que ya se está preparando).

    En su contra, la película es muy fría, y en ningún momento logras meterte del todo en ella, ni identificarte con ningún personaje. Tiene momentos aburridos y otros directamente inverosímiles (¿cómo creer que una chica que jamás ha visto la electricidad y que se sorprende y asusta con una simple lámpara y un televisor, poco después hace un barrido en internet para encontrar a quien busca?), sin contar con que utiliza algunos simbolismos demasiado obvios (y no entremos en esa escena que transcurre en España, donde se explotan los tópicos más manidos de nuestro folclore).

    Cierto que lo que Wright busca aquí es una película lúdica (aparentemente, al menos así todo tendría algún sentido), pero algunos personajes son risibles (ese ‘malo’ que persigue a la chica, esa niña insoportablemente charlatana que decide hacerse su amiga…), y muchas situaciones ni son creíbles ni concuerdan con lo que hasta entonces se nos ha explicado. Podría haber tenido un resultado mucho mejor, pero no alcanza las pretensiones con las que parte.

     

  • Mutante, y a mucha honra

    0901X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN

    De las tres películas basadas en cómics que se estrenan este año, ésta (la segunda en llegar a las pantallas), era quizás la que menos revuelo había levantado a priori, la que llegaba con menos expectativas y sin apenas montar alharacas. Esa es su gran baza, su gran ventaja. La cuarta entrega de la saga X-Men, tras el fiasco de la tercera, se puede convertir en un triunfo en las salas este verano, gracias a su guión sólido, a sus buenas interpretaciones y a sus muchas virtudes, a pesar de que también adolezca de algún que otro defecto.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (132′)
    Título original: X-Men: First Class.
    Director:  Matthew Vaughn.
    Producción: Gregory Goodman, Simon Kinberg, Lauren Shuler Donner, Bryan Singer.
    Guion: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
    Fotografía: John Mathieson.
    Música: Henry Jackman.
    Montaje: Eddie Hamilton, Lee Smith.
    Intérpretes: James McAvoy (Charles Xavier), Michael Fassbender (Erik Lehnsherr ‘Magneto’), Kevin Bacon (Sebastian Shaw), Rose Byrne (Moira MacTaggert), Jennifer Lawrence (Raven ‘Mística’), January Jones (Emma Frost), Oliver Platt (Hombre de traje negro), Álex González (Janos Quested ‘Riptide’), Jason Flemming (Azazel), Zoë Kravitz (Angel Salvadore), Nicholas Hoult (Hank McCoy ‘Bestia’), Caleb Landry Jones (‘Banshee’), Edi Gathegi (‘Darwin’), Lucas Till (‘Caos’), Glenn Morshower (Coronel Hendry), Matt Craven (Director de la CIA), Rade Serbedzija (General ruso), Ray Wise (Secretario de Estado).{/xtypo_code}

    La acción se sitúa en los años sesenta, en los inicios de la era espacial, y también el punto álgido de la Guerra Fría, con la cada vez más creciente tensión entre las dos grandes potencias, y el conflicto de los misiles de Cuba en el horizonte. Es en esa circunstancia cuando el mundo descubrió la existencia de los mutantes. Charles Xavier es un joven que prepara una tesis sobre la evolución y mutación de los humanos cuando conoce a Erik Kehnsherr. Son dos jóvenes con secretos, con poderes que deben ocultar al resto de los humanos, ya que no los comprenderían. Los dos se ven involucrados en un proyecto oficial y secreto del gobierno, y deben luchar para detener la evolución de las hostilidades que llevarán a un conflicto nuclear que acabaría con todo.

    Gracias a esta cinta descubrimos los orígenes de los protagonistas de las aventuras que ya vimos en las anteriores entregas: cómo se conocieron Charles Xavier y Magneto; el origen de sus apodos, de su enemistad; por qué Xavier está en silla de ruedas, etc… El trabajo de guión es fantástico, y la trama no se centra exclusivamente en los mutantes, sino que la parte política, y la social toman el mando en más de una ocasión, con la fuerza y el acierto oportuno.

    Y no es el único punto favorable de la película. El trabajo actoral es fantástico, sobresaliendo por encima de todos la ‘pareja’ protagonista: McAvoy y (sobre todo) un gran Michael Fassbender, que es el gran descubrimiento de la cinta. Además, Rose Byrne, una cara que hemos visto en multitud de filmes pero cuyo nombre sigue siendo desconocido, en el lado ‘humano’, y Jennifer Lawrence, que este año ya ha estrenado Winter’s bone y El castor, como una joven Mística.

    El trabajo del diseño de época es, asimismo, enorme y es otro gran acierto de la película. Incluso los efectos especiales, y (con matices) las escenas de batallas (el ataque a las oficinas de la CIA es brillante, la batalla final se alarga en exceso) están bien. Y no se toma a sí misma demasiado en serio, teniendo en muchos momentos altas dosis de un sano sentido del humor.

    ¿Qué es lo que falla, entonces? Pues que es una película lúdica, para pasar un rato agradable, divertido, y poco más. Rescata una saga que había caído bastante desde su buen comienzo, y lo eleva de nuevo, salva la honra de los mutantes (“y a mucha honra” como dice varias veces uno de los protagonistas), pero no es una cinta que vaya a hacer historia.

     

  • En las manos de un muñeco

    1101EL CASTOR

    Llevábamos bastante tiempo sin tener noticias de Jodie Foster, que años atrás era una razón más que suficiente para ir al cine cada vez que se estrenaba una de sus películas, y ahora nos llega por partida doble con una sola película, en su faceta de intérprete y en la de directora, después de dieciséis años sin ponerse detrás de las cámaras.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (91′)
    Título original: The beaver.
    Director:  Jodie Foster.
    Producción: Steve Golin, Keith Redmon, Ann Ruark.
    Guion: Kyle Killen.
    Fotografía: Hagen Bogdanski.
    Música: Marcelo Zarvos.
    Montaje: Lynzee Klingman.
    Intérpretes: Mel Gibson (Walter Black), Jodie Foster (Meredith Black), Cherry Jones (Vice-presidenta), Anton Yelchin (Porter Black), Jennifer Lawrence (Norah), Riley Thomas Stewart (Henry Black), Zachary Booth (Jared), Kelly Coffield Park (Madre de Norah).{/xtypo_code}

    El Castor comienza como un drama que deriva pronto hacia terrenos extraños, casi surrealistas, con más aciertos que errores y magníficamente interpretada por un elenco de personajes que tienen (y muestran) varios aspectos de sus caracteres. Lo cual es ya algo de agradecer en un momento en el que los papeles lineales y sin evolución brillan por su permanente presencia en casi todo lo que nos llega.
    La cinta nos cuenta la historia de Walter Black, un empresario juguetero que, acosado por sus propios fantasmas, vive en una profunda depresión de la que, haga lo que haga, es incapaz de salir. Su familia termina por abandonarle, y él piensa en el suicidio, hasta que una marioneta con forma de castor aparece en su vida, y Walter comienza una nueva relación con el mundo, actuando a través de la marioneta como si fuese otra persona.

    Jodie Foster demuestra la solvencia tras las cámaras a la que ya nos tenía acostumbrados en sus anteriores filmes (El pequeño Tate o A casa por vacaciones), pero el punto fuerte es el buen trabajo de Mel Gibson (que en lo personal no parece estar atravesando su mejor momento). Gibson y Foster, que vuelven a coincidir dieciséis años después de Maverick, están bien, pero la historia podría haber dado bastante más de sí.

    Lo mejor sin duda de El Castor es su primera parte, cómo se muestra el proceso depresivo en el que está inmerso el protagonista, su incapacidad (también su falta de ganas) para salir de él, y cómo consigue hacerlo a través de un muñeco de trapo que hace las veces de su alter ego, que toma la palabra por él y que expresa lo que él no se atrevería a decir por sí mismo. También los nuevos acercamientos a su familia, y el retorno (glorioso) al trabajo. Pero a partir de la mitad del metraje, el drama se hace casi divertido sin pretenderlo. Precisamente el proceso de acercamiento con momentos que deberían ser casi dramáticos, resultan algo risibles sin quererlo por la presencia del muñeco, y (además) la historia va virando paulatinamente hacia el tópico narrativo, hacia un final que roza el ridículo, pero que es el habitual en una película americana, para que el público salga contento de la sala.

  • Versión extraña de un clásico

    1101Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos

    Dejando de lado el título, ya hemos dicho más de una vez que (en ocasiones) la ‘traducción’ española deja bastante que desear, lo último que nos llega de uno de los directores de culto de los últimos años, el chino Zhang Yimou, es una libérrima adaptación de otro clásico, el Sangre fácil de los hermanos Coen. ¿Era necesario? Posiblemente no. Pero el director chino se escuda en el homenaje a una cinta que admira para embarcarse en un proyecto que, por uno u otro motivo, resulta fallido.

    {xtypo_code}China, 2009. (90′)
    Título original: San qiangpai an jing qi.
    Director: Zhang Yimou.
    Producción: William Kong, Weiping Zhang.
    Guion: Jianquan Shi, Jing Shang, basado en la película Sangre fácil de los hermanos Coen.
    Fotografía: Xiaoding Zhao.
    Música: Zhao Lin.
    Montaje: Meng Peicong.
    Intérpretes: Honglei Sun (Zhang), Xiao Shen-Yang (Li), Ni Yan (La mujer de Wang), Dahong Ni (Wang), Ye Cheng (Zhao), Mao Mao (Chen), Benshan Zhao (Capitán), Julien Gaudfroy (Vendedor persa){/xtypo_code}

    La versión de Yimou es radicalmente opuesta a la original. El ejercicio de estilo de cine negro que crearon los Coen se transmuta en una desquiciada y delirante aberración que traslada la historia a la China feudal. El escenario se reduce, y los personajes también. Son lineales, apenas hay cambios, apenas evolución.
    Wang es el viejo dueño de un bar de tallarines de un remoto y desértico paraje de China. Es pesimista y avaricioso. Su joven mujer tiene una aventura con Li, uno de sus trabajadores. Cuando Wang lo descubre, contrata a Zhang, un agente de policía corrupto, para matar a la pareja. Pero Zhang tiene otros planes.

    A ratos, Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos parece un homenaje, pero otras veces se asemeja más a una burla, a una caricatura. La cinta comienza como comedia (aunque parece que sin quererlo), aunque pronto pasa al suspense (aunque siga provocando risas en algunos momentos). Quizás por el doblaje (no todo lo bueno a lo que nos tienen acostumbrados nuestros profesionales), la historia parece una bufonada, y no llega a convencer en ningún momento.

    Yimou hace un buen trabajo en el apartado visual, y cuando el silencio aparece y los diálogos no están presentes, la historia mejora (y mucho), pero en el global tanto histerismo, tanto histrionismo cansa, aburre y no divierte. La película se hace cansina, uno no termina de comprender las motivaciones de Zhang. Y aunque hay un par de secuencias que visualmente son grandes logros (la escena de la creación de los tallarines es el principal ejemplo), es demasiado bizarra (aunque pueda parecer contradictorio unir ambos términos). Puede entretener, y hasta puede gustar a algunos, pero en ningún modo convence. Por muy libre que sea la adaptación, y por muy de Zhang Yimou que sea.

     

  • Por amor al arte

    2101MIDNIGHT IN PARIS

    Nunca he ocultado que soy seguidor incondicional de Woody Allen, al que considero un verdadero maestro. Ello no implica que, de vez en cuando, me sienta decepcionado por alguna de sus obras. Es lógico. Al ritmo de una película al año que lleva desde hace décadas, es normal que tenga altibajos en su trayectoria, y que ocasionalmente presente cintas más flojas. Aunque también hay veces en las que el maestro crea joyas, auténticas maravillas, como la que nos trae este año, esta Midnight in Paris, que deja bien claro que aquellos que declaran que el autor neoyorquino ya está acabado están equivocados.

    {xtypo_code}España-Estados Unidos, 2011. (94′).
    Escrita y dirigida: Woody Allen.
    Producción: Letty Aronson, Jaume Roures, Stephen Tenembaum.
    Fotografía: Darius Khondji.
    Montaje: Alisa Lepselter.
    Intérpretes: Owen Wilson, Rachel McAdams, Mimi Kennedy, Corey Stoll, Tom Hiddleston, Marion Cotillard, Michael Sheen, Alison Pill, Kathy Bates, Léa Seydoux, Adrien Brody, Kurt Fuller, Carla Bruni, Marcial di Fonzo Bo.{/xtypo_code}

    Con esta película, el director sigue en Europa tras las cuatro cintas rodadas en Londres y la que filmó en Barcelona. Y vuelve a París, una ciudad que ama, y que ya visitó (brevemente) hace quince años, con Todos dicen I love you. Aunque en esta ocasión, el homenaje es total, es el regalo a una gran ciudad, que dan ganas de visitar sólo con ver los primeros tres minutos del metraje.

    El comienzo es un compendio de los lugares más conocidos y hermosos de la capital francesa, unidos a la música de jazz tan común en el director. De hecho, se podría decir que esta cinta es a París lo mismo que Manhattan fue a Nueva York. La película es puro Allen, y tiene referencias a algunas de sus cintas más conocidas. La más clara, por la confrontación de realidades, por el deseo de vivir en un lugar mejor, por los personajes que se ven inmersos en realidades a las que no pertenecen, a esa maravilla que es La rosa púrpura del Cairo, pero también a Zelig y Desmontando a Harry.

    Midnight in Paris cuenta la historia de una joven pareja, a punto de casarse que viaja a París con los ricos padres de ella. Él es un popular guionista de Hollywood que quiere empezar su carrera como novelista, y para ello quiere mudarse a la ciudad de la luz, un lugar en el que inspirarse. Pero ella quiere vivir en las costas de Malibú. Casualmente, aparece un pedante profesor, conocido de la chica, al que ella, inexplicablemente, escucha con admiración. Poco más se puede contar del argumento sin desvelar su principal sorpresa.

    Allen recurre a sus temas de (casi) siempre, pero lo hace con frescura, como si fuese la primera vez. El protagonista se encuentra con un dilema vital, el conflicto de la historia, si vuelve a Malibú tiene el futuro asegurado, pero haciendo algo que no le gusta, y a su novia le interesa poco sus problemas; frente a ello, París le ofrece un mundo de posibilidades, de sueños, aunque ni él sabe muy bien lo que quiere.
    Midnight in Paris es una película que funciona, sin estridencias, avanza casi sin que te des cuenta, una película en la que todo encaja, con grandes interpretaciones (Owen Wilson está magnífico), con un puñado de gags magistrales (el chiste sobre

    El ángel exterminador de Luis Buñuel es, sencillamente brillante), múltiples referencias culturales que Allen homenajea y bromea con ellas, y que es, pese al pesimismo alegre que se vislumbra en toda su obra, una celebración de la vida, del amor y del arte.

    Y, sobre todo, la demostración empírica de que no cualquier tiempo pasado fue mejor. Y cuando vean la película (vayan, vayan, no se la pierdan) ya me dirán.

     

  • Una historia sencilla

    2301ROMPECABEZAS

    Uno de los placeres que disfrutamos (cierto que muy de vez en cuando) los que frecuentamos las salas de cine es encontrarnos con esas curiosidades, esas películas pequeñas, casi desconocidas, que vienen sin grandes nombres, sin premios, y que llegan con un par de años (si no más) de retraso. Películas que ni siquiera tienen una trama espectacular, sino que son (utilizando el título de aquella cinta de Carlos Sorín) historias mínimas, protagonizadas por humanos (más que por personajes), y que te llegan dentro, que parece que no son importantes, pero que resulta difícil sacártelas de la cabeza.

    {xtypo_code}Argentina, 2009. (88′).
    Título original:  Puzzle.
    Escrita y dirigida: Natalia Smirnoff.
    Producción: Caroline Dhainaut, Gabriel Pastore, Luis A. Sartor, Natalia Smirnoff.
    Fotografía: Bárbara Álvarez.
    Música: Alejandro Franov.
    Montaje: Natacha Valerga.
    Intérpretes: María Onetto (María del Carmen), Gabriel Goity, (Juan), Arturo Goetz (Roberto), Henny Trailes (Carlota), Felipe Villanueva (Juan Pablo), Julián Doregger (Iván), Nora Zinsky (Raquel), Marcela Guerty (Susana), Mirta Wons (Graciela), Mercedes Fraile (Carmen), Denise Groesman (Victoria), Jimena Ruiz Echazu (Carla), Pacho Guerty (Pedro).{/xtypo_code}

    La última de ellas en llegar a nuestras salas es esta curiosidad argentina, que cuenta una historia sencilla, aunque el tratamiento visual que le da la directora no está dentro de lo que es habitual. Y ya lo apreciamos desde el principio, con esa secuencia inicial en la que vemos a la protagonista deambular por su casa, ocupada a fondo en preparar un cumpleaños, servir a todos los invitados, y siendo invisible para todos ellos. Poco después, se descubre que la fiesta es en su honor, aunque nadie la felicita, nadie la mira, ni le hace el más mínimo caso. Natalia Smirnoff huye del clasicismo, por ejemplo, del plano-contraplano en los diálogos. La cámara se mueve nerviosa, al igual que los intérpretes.

    El papel principal lo ejecuta una gran María Onetto, capaz de expresar todo sin decir siquiera una palabra. Ella es una mujer cercana a los cincuenta, que un buen día descubre su don: es sorprendentemente rápida haciendo puzzles. Y progresivamente va descubriendo cómo es ella, va evolucionando, se va atreviendo a hacer lo que antes no era capaz, a vivir por sí misma, a pensar en ella. Con su nueva habilidad se embarca en el desafío que supone enfrentarse al certamen nacional de puzzles junto a un millonario que conoce por casualidad.

    Además de la puesta en escena y de la portentosa Onetto, el otro punto fuerte de la película es la sensacional banda sonora de Alejandro Franov, una composición que roza lo experimental, y que acompaña a esta sencilla historia del descubrimiento de una mujer. Y su final, inesperado y abierto, que abre todo un mundo de posibilidades.

     

  • Otra más de Marvel

    1101THOR

    Acabamos de finalizar el cuarto mes del año y esta es ya la cuarta película que se estrena este 2011 protagonizada por la reciente ganadora del Oscar, Natalie Portman. En esta ocasión, estamos ante un filme llamado a ser un taquillazo, uno de esos blockbusters millonarios del que todo el mundo hablará. La penúltima adaptación de uno de los comics de la Marvel (la próxima volverá a ser la penúltima…), reconvertida ya en productora cinematográfica, nos trae la fundición de las aventuras de Thor (casi cincuenta años y cientos de números editados, pasan a ser una película de poco menos de dos horas), el mítico dios del trueno escandinavo, hijo de Odín, que es desterrado a la tierra y despojado de sus poderes.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (110′)
    Dirección: Kenneth Brannagh.
    Producción: Kevin Feige.
    Guión:  Ashley Miller, Zack Stentz, Don Payne, basado en los comics de Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby.  
    Fotografía: Haris Zambarloukos.
    Música: Patrick Doyle.
    Montaje: Paul Rubell.
    Intérpretes: Chris Hemsworth (Thor), Natalie Portman (Jane Foster), Tom Hiddleston (Loki), Anthony Hopkins (Odin), Stellan Skarsgard (Erik Selvig), Kat Dennings (Darcy Lewis), Clark Gregg (Agente Coulson), Idris Elba (Heimdall), Colm Feore (Rey Laufey), Ray Stevenson (Volstagg), Tadanobu Asano (Hogun), Josh Dallas (Fandral), Jaimie Alexander (Sif), Rene Russo (Frigga).{/xtypo_code}

    Los imprudentes actos de Thor, un guerrero poderoso y arrogante, ponen en peligro el reino de Asgard, y su padre le envía al destierro a Midgard (nuestro planeta) sin sus poderes, obligado a vivir entre los humanos. Cuando un peligroso villano de su mundo envíe a las fuerzas más oscuras de Asgard para aniquilarlo todo, Thor deberá aprender lo que verdaderamente se necesita para ser un héroe.

    Dirigida (es una de las sorpresas que se llevará cualquier cinéfilo que se acerque a la cinta sin conocer su origen) por Kenneth Brannagh, al que estábamos acostumbrados a ver en películas de otro calibre, Thor tiene, no obstante, cierto carácter del teatro shakesperiano que el director ya había reflejado en su anterior filmografía, pero el tono es radicalmente distinto. Es sin duda su película más arriesgada, ya que pretende mantener su visión autoral del cine, pero está ‘obligado’ a crear una cinta que sea una bomba para la taquilla. Y eso no es nada fácil.
    Si bien el aspecto visual está bastante bien logrado, aunque a un mismo tiempo pueda resultar algo recargado, en el apartado de la trama, los interesantes conflictos entre razas de los reinos de Asgard y el Jotuheim no tienen su continuidad en los fragmentos que se desarrollan en nuestra tierra, bastante más aburridos y menos intensos.

    El reparto está repleto de nombres y caras conocidas (desde el matrimonio compuesto por Anthony Hopkins y René Russo, hasta los terrícolas Stellan Skarsgard y Natalie Portman), aunque el protagonista casi exclusivo es un cachas Chris Helmsworth, más conocido por aquí por ser el marido de Elsa Pataky que por su carrera como actor.

    Branagh consigue una película interesante, moderadamente entretenida, con un malo que deja bastante que desear, bien realizada, con buenos (a veces exagerados) efectos, pero que no pasa de ser una cinta para pasar un rato agradable, y poco o nada más. Habrá que esperar a las próximas cintas de la Marvel (sobre todo a la esperada Los vengadores) para ver si nos encontramos con algo que nos llene más.