Categoría: La película

  • Un drama de trazo grueso

    1101La chispa de la vida

    Lo normal es que Álex de la Iglesia haga películas potentes, tanto en el apartado visual como en el temático. Pero a veces se sale de la norma, de lo habitual. Le ocurrió con Perdita Durango, le ocurrió con Los crímenes de Oxford, y le ocurre, si bien es cierto que en menos medida, con esta La chispa de la vida, una película que despierta más expectativas de las que finalmente acaba cumpliendo. No en vano, aunque se ha metido de lleno en el proyecto y lo está defendiendo con uñas y dientes, éste no es un proyecto propio, sino un encargo. Y eso se nota.

    {xtypo_code}España, 2011 (95′)
    Director: Alex de la Iglesia.
    Producción: Franck Ribière, Verane Frediani.
    Guión: Randy Feldman
    Fotografía: Kiko de la Rica.
    Música: Joan Valent.
    Montaje: Pablo Blanco.
    Intérpretes: José Mota (Roberto Gómez), Salma Hayek (Luisa), Blanca Portillo (Mercedes), Juan Luis Galiardo (Alcalde), Fernando Tejero (Johnnie), Manuel Tallafé (Claudio), Antonio Garrido (Dr. Velasco), Carolina Bang (Pilar Álvarez), Eduardo Casanova (Lorenzo), Javier Climent (Javier Gándara), Santiago Segura (David Solar), Nacho Vigalondo (Martín), Juanjo Puigcorbé (Álvaro Caprile), Antonio de la Torre (Kiko Segura), Nerea Camacho (Bárbara).{/xtypo_code}

    La cinta nos cuenta la historia de Roberto Gómez, un creativo publicitario que en el pasado vivió buenos tiempos, gracias a ser el creador del eslogan más famoso de la bebida más famosa, ‘la chispa de la vida’, pero que ahora, tras un par de años en el paro deambula por los despachos buscando trabajo, sufriendo el rechazo y hundiéndose cada vez más en la miseria y en la sensación de derrota.

    Desesperado, escapa buscando un recuerdo, el hotel de su luna de miel, pero encuentra un museo, en el que se cuela sin ser visto, cuando están a punto de inaugurarlo. Un accidente hace que acabe con una barra de hierro incrustada en la cabeza, y los medios y cámaras que esperaban la fiesta se encuentran con esta nueva noticia.

    De la Iglesia pretende hacer una película de denuncia, no sólo de la crisis y de la situación de desempleo que vive tantísima gente, de la desazón y del dolor con el que deben sobrevivir día a día, sino también acerca de la crisis de valores de la sociedad, que espera con ansia y devora el mal ajeno en televisión, y de los medios (algunos más que otros) que acuden a la desgracia como hienas a la carroña. El problema es que llega un momento en que no te lo crees. Hay situaciones que son demasiado suaves, la realidad ya ha demostrado que la cosa es mucho peor; y hay otros momentos que son tan exagerados que resultan ridículos e inverosímiles. Pero lo peor es que de la Iglesia utiliza trazos demasiado gruesos, pinta con brocha gorda y demuestra que se ha olvidado la sutileza en casa, mostrando a los buenos como almas bondadosas, caritativas, y a los malos como seres malignos, malvados, sin ningún sentimiento (el personaje que interpreta Puigcorbé, y la situación en la que lo encontramos en su casa, es sencillamente imposible de creer).

    Entre los intérpretes, José Mota sorprende en un papel completamente distinto al que nos tiene acostumbrados. Salma Hayek está un pelín insulsa. Y entre el resto de secundarios, un poco de cal y un poco de arena. Y con contadísimas excepciones, personajes planos, sin evolución.

    La sátira con la que empieza y parece que va a explotar, se va diluyendo poco a poco, y la historia termina convertida en un drama convencional, con algunos planos y situaciones ridículas, en una de las cintas más flojas del director bilbaíno.

     

  • Streep se luce de nuevo

    0901LA DAMA DE HIERRO

    Meryl Streep es, no interpreta, sino que es , Margaret Thatcher, la primera mujer que dirigió un gobierno en la Europa occidental, en una época como la Guerra Fría, tan difícil políticamente para todos, y que gobernó con mano tan dura, con medidas tan dolorosas y dañinas para muchos de sus conciudadanos (muchos músicos le dedicaron canciones en las que le daban palos sin parar, sobre todo destacando a Morrisey, que le preguntaba sin medias tintas ‘¿Cuándo te vas a morir?’), que fue conocida como La Dama de Hierro del título, en esta película que no termina de despegar nunca, que no engancha a nadie, y que te mantiene fuera de ella en todo momento. También el trabajo de Jim Broadbent, como el fantasma de su marido fallecido, es destacable en esta cinta en la que poco más es digno de mención.

    {xtypo_code}Reino Unido-Francia, 2011 (105′)
    Título original: The Iron Ladys.
    Dirección: Phillida Lloyd.
    Producción: Damian Jones.
    Guión:  Abi Morgan.  
    Fotografía: Elliot Davis.
    Música: Thomas Newman.
    Montaje: Justine Wright.
    Intérpretes: Meryl Streep (Margaret Thatcher), Jim Broadbent (Denis Thatcher), Alexandra Roach (Margaret Thatcher, joven), Harry Lloyd (Denis Thatcher, joven), Olivia Colman (Carol Thatcher), Anthony Head (Geoffrey Howe), Richard E. Grant (Michael Heseltine), Roger Allam (Gordon Reece), Julian Wadham (Francis Pym), Michael Pennington (Michael Foot), Iain Glen (Alfred Roberts).{/xtypo_code}

    El guión de Abi Morgan, basado libremente en el libro de memorias escrito por la hija de la dignataria, y por tanto la película que ha dirigido Phillida Lloyd, adolecen de un defecto que salta a la vista y que resulta más que evidente hasta para el que no conozca la historia del personaje. Y es que se han esforzado tanto en no resultar hirientes, en no causar daño en la imagen de una persona como Margaret Thatcher (que en la actualidad es una mujer enferma de más de ochenta años) que han pasado casi de puntillas por los temas más delicados, casi ni mencionan los aspectos más conflictivos de sus mandatos, y practicamente le rinden una devoción no demasiado oculta. Hay momentos en que parece que el filme va a ser más crítico, pero se escuda en la necesidad que tiene el personaje de ser dura en un mundo de hombres que la descuartizarían políticamente si se muestra más débil.

    En el único punto en el que funciona la película es en el tratamiento del aspecto íntimo de la vida de la dirigente, en el trato con sus hijos (tanto en el pasado, cuando estaba en la cima de la política y del poder, como en la actualidad, ya avejentada, viviendo de recuerdos del pasado que se le hacen vívidos). Es como si quisiera humanizar al personaje, hacerlo más accesible y dotarle de una ternura que (evidentemente) no tenía en el aspecto político (muchos fueron los horrores que causaron en sus conciudadanos sus decisiones económicas, y la mayoría de ellas se pueden extrapolar a la actualidad, con un país en recesión y en graves problemas, con un gobierno que decide que hay que ahorrar, no gastar y subir los impuestos).

    La gran actriz que es Streep conseguirá el Oscar por esta cinta. Será el tercero en su carrera. Pero nada más se llevará este filme, sensiblero y blando con un personaje tan duro. Sin ella la película sería imposible de ver.

  • El placer de conducir

    1401DRIVE

    Hay pocas películas que logran alcanzar la unanimidad de la crítica internacional y que prácticamente todo el mundo coincida en declararla una película de culto. Pero Drive lo es. Desde el mismo momento en que comienza, con una secuencia de inusitada potencia visual, presentándonos a un personaje al que no llegamos a conocer bien nunca, y sobre todo con la apertura musical y esos créditos rosa totalmente ochenteros.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (100′)
    Título original:  Drive.
    Director:  Nicolas Winding Refn.
    Producción: Michael Litvak, Gigi Pritzker, Adam Siegel, John Palermo.
    Guión:  Hossein Amini, James Sallis
    Fotografía: Newton Thomas Siegel.
    Música: Cliff Martinez.
    Montaje: Matthew Newman.
    Intérpretes: Ryan Gosling (Driver), Carey Mulligan (Irene), Bryan Cranston (Shannon), Albert Brooks (Bernie Rose), Oscar Isaac (Standard),  Christina Hendricks (Blanche), Ron Perlman (Nino), Kaden Leos (Benicio), James Biberi (Cook), Russ Tamblyn (Doc), Tiara Parker (Cindy).{/xtypo_code}

    El director danés Nicolas Winding Refn da el salto definitivo a la industria norteamericana con esta película, de ritmo casi hipnótico, y que está atrapando prácticamente a todo aquel que la ve. Aunque gran parte de la culpa de ello la tiene el portentoso papel de Ryan Gosling, una especie de samurai moderno, un vaquero lacónico, un hombre de pasado desconocido aunque (intuimos) turbio. Él lleva todo el peso de una historia que nos lleva en un in crescendo de violencia demoledora, seca y brutal.

    El protagonista es un joven de doble vida. De día trabaja en un taller  y ocasionalmente como especialista de cine. De noche, alquila su talento al volante a atracadores y delincuentes varios para ayudarles en su huida. Sus normas son claras: nunca va armado y su trabajo dura sólo cinco minutos. Pasado este tiempo, el cliente debe arreglárselas por su cuenta. Una propuesta de su jefe y el encuentro con una vecina y su hijo trastocarán sus planes vitales.

    Drive es una película mucho más introspectiva, más intimista e inteligente, artística y reflexiva de lo que pudiera parecer a simple vista (no es una cinta de persecuciones ni una historia de violencia). Es más parecido a una ‘bella y bestia’, en la que ella siente la atracción pero no se atreve a dar el paso; y él también, pero trata de evitarla, porque se conoce, sabe el mal que puede despertar, la furia que oculta en su interior y que quiere impedir que salga a la luz.

    La banda sonora (con ritmos muy ochenteros), la puesta en escena, los decorados (las calles nocturnas e iluminadas de Los Ángeles se convierten en un personaje más), los secundarios (sobre todo Albert Brooks), y el modo en que Winding Refn lleva la historia, con sus deliberados cambios de ritmo, su sabia combinación de momentos adrenalínicos con otros mucho más pausados, repletos de silencios y miradas, de calma, de paz, de sosiego (que algunos, sin mucho criterio, están utilizando para decir que la película es aburrida) convierten a Drive en un filme de culto automático. Además, el Ryan Gosling de Drive pasará  a la historia, además de por  su inmenso trabajo, por esa chaqueta dorada con el escorpión, que (junto a la chaqueta morada de Jesús Quintana en El gran Lebowski, o el mono amarillo de Beatrix Kiddo en Kill Bill), están ya en la lista de vestuarios mítico.

     

  • Atrapa a un traidor

    1101EL TOPO

    Si hay alguien que ha sabido reflejar a la perfección el mundo y la vida del espía (hablamos del espía clásico, no de un moderno Bourne, que pelea, realiza persecuciones en coche a alta velocidad y se ve inmerso en tiroteos día sí día también), ese ha sido John Le Carré. Aunque claro, sabe perfectamente de lo que habla, ya que se dedicó a ello gran parte de su vida.

    {xtypo_code}Francia-Reino Unido-Alemania, 2011. (127′)
    Título original:  Tinker Taylor Soldier Spy.
    Director:  Tomas Alfredson.
    Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Robyn Slovo.
    Guión: Bridget O’Connor, Peter Straughan, basado en la novela de John Le Carré
    Fotografía: Hoyte van Hoytema.
    Música: Alberto Iglesias.
    Montaje: Dino Jonsäter.
    Intérpretes: Gary Oldman (George Smiley), Colin Firth (Bill Haydon), Tom Hardy (Ricki Tarr), John Hurt (Control), Toby Jones (Percy Alleline), Mark Strong (Jim Prideaux), Benedict Cumberbatch (Peter Guillam), David Dencik (Toby Esterhase), Ciarán Hinds (Roy Bland), Kathy Burke (Connie Sachs), Stephen Graham (Jerry Westerby), Simon McBurney (Oliver Lacon), Amanda Fairbanks-Hynes (Belinda), Svetlana Khodchenkova (Irina).{/xtypo_code}

    El topo, para muchos su mejor novela, ya había sido adaptada por la BBC en una miniserie de siete capítulos, con Sir Alec Guiness como protagonista. Pero los tiempos han cambiado desde entonces, y en una Europa que se desmorona, como aquella de la Guerra Fría que Le Carré mostraba en su obra, no resulta innecesaria un nuevo revisionado de la misma, y revisitar cómo el lacónico George Smiley, ese ser inteligente, introvertido, reflexivo y atormentado por las infidelidades de su mujer (por cierto, magnífica la idea de hacer sentir su presencia, su peso en la vida del protagonista, pero no mostrar nunca su rostro) vuelve a investigar en los bajos fondos del espionaje, y a jugar al ajedrez estratégico con su ‘rival’ soviético, Karla, para cumplir sus objetivos.

    El sueco Tomas Alfredson, que ya nos cautivó con la magnífica Déjame entrar, se pone al mando de esta nave, y rodea la escena, al igual que en aquella, de una bruma ambiental que, aunque invisible, se percibe rodeando a los personajes. Nos mete de lleno en un mundo de traiciones, de agentes dobles, donde todo puede ser mentira, en una trama muy compleja llena de dobleces y de recovecos, y de sombras entre las cuales se nos pueden escapar detalles importantes si no estamos atentos. La historia está muy bien contada, y la atmósfera de secretos y engaños entre la élite es realista y emocionante, y lo que es mejor, verosímil, totalmente creíble.

    El guión ha sabido captar la esencia de la historia (era extremadamente difícil reducir a dos horas un libro que tenía tal densidad de datos y personajes). El topo es una película fría y calmada, sobre unos personajes fríos y calmados, que bajo esa superficie de paz esconden una vida frenética.

    A una dirección magnífica y un guión fantástico se unen unos intérpretes soberbios. El normalmente extralimitado Gary Oldman se muestra aquí muy pausado, sin mover un sólo músculo de su rostro, tal como pedía su personaje, al que uno siente como real. Además, está rodeado de secundarios de lujo, de todo un elenco de actores británicos que siempre son buenos (Colin Firth, John Hurt, Toby Jones…)

    Y una banda sonora de calidad extraordinaria, creada por el español Alberto Iglesias, que Alfredson sabe utilizar en los momentos adecuados…

    Sólo un pero: la identidad del topo es más que evidente a medida que la historia va avanzando, pero ello no empaña el buen rato que nos hace pasar esta cinta, magnífica muestra del cine de espías de verdad, de los buenos.

     

  • La Película del año

    1501THE ARTIST

    A estas alturas que alguien tenga la ocurrencia, el atrevimiento, la osadía, la locura, de realizar una película en blanco y negro es de aplaudir. Pero si además es una película muda, en el más estricto sentido de la palabra, como veíamos las películas mudas antes de que el cine adquiriese el don de la palabra (esto es, acompañada exclusivamente de música, y con intertítulos que explican la situación o nos muestran lo que los personajes dicen) estamos ya ante algo que roza la demencia.

    {xtypo_code}Francia-Bélgica, 2011. (100′)
    Título original:  The artist.
    Escrita y dirigida:  Michel Hazanavicius.
    Producción: Thomas Langmann, Emmanuel Montamat.
    Fotografía: Guillaume Schiffman.
    Música: Ludovic Bource.
    Montaje: Anne-Sophie Bion, Michel Hazanavicius.

    Intérpretes: Jean Dujardin (George Valentin), Bérénice Bejo (Peppy Miller), John Goodman (Al Zimmer), James Cromwell (Clifton), Penelope Ann Miller (Doris), Missi Pyle (Constance), Beth Grant (Dama de Peppy), Ed Lauter (Mayordomo), Bitsie Tulloch (Norma), Malcolm McDowell (Mayordomo).{/xtypo_code}

    El riesgo es grande, enorme, y mucho más que por la propuesta en sí, por los prejuicios que la mayoría tiene ante propuestas que se salgan de la norma del cine espectáculo americano, con historias basadas en multitud de efectos especiales.

    Pero no se engañen. The artist es pura magia. Es una película que lo tiene todo: tragedia, amor, comedia, emoción… Una película que nos muestra una profunda historia de amor por el cine mientras nos cuenta otra historia de amor. Nada nuevo en realidad. Pero Hazanavicius consigue que no te importe, incluso que te suene a nuevo.

    La historia es sencilla: George Valentin es una estrella del cine de los años veinte. Todas sus películas son éxitos. Él es un galán, seductor, aventurero, que hechiza a todos con su simple mirada y sonrisa. Pero los tiempos cambian, y el sonoro empieza a hacer acto de presencia. Él no cree que tenga futuro, el público está acostumbrado al cine como es y desestima las posibilidades de éxito. Y cuando la realidad se impone, él sucumbe, y cae en el olvido, mientras nuevas estrellas ocupan su lugar.

    La cinta, clarísimo homenaje a una época de la historia del cine que muchos ya han olvidado, está cautivando a todos, recogiendo premios allá donde va, y es una de las claras favoritas para los Globos de Oro (tiene seis candidaturas) y los Oscar. Y se merece todos los premios que le den. Es una historia fantástica, te enamoras de ella irremediablemente, y consigue lo que no consiguen muchas: que entres de lleno, que te emociones, que rías, que llores, y que salgas de la sala con una sonrisa de oreja a oreja.

    Todo encaja y todo funciona como un reloj en esta fantástica obra. La gran dirección de Hazanaviciua, el magnífico guión del mismo director, la estupendísima banda sonora de Ludovic Bource, la soberbia puesta en escena, la increíble fotografía de Guillaume Schiffman, y el talento interpretativo de un grupo de estrellas (John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller, Malcolm McDowell o Missi Pyle) comandados por unos espectaculares Berénice Bejo y Jean Dujardin. Una película recomendabilísima, una de las mejores cintas del año, por no decir directamente la mejor. Dejen los prejuicios en casa, olviden que es una película muda; la verdad, cuando estén inmersos en ella, ni se darán cuenta.

     

  • Caza de brujas

    1901LA CONSPIRACIÓN

    Con bastante retraso, como en tantas otras ocasiones (es incomprensible, por ejemplo, cómo la cinta por la que una estrella taquillera como Nicole Kidman estuvo nominada al Oscar en este 2011 que ya acaba siga sin fecha de estreno en nuestro país), se estrena la última cinta de Robert Redford como director, una película que parte de un hecho conocido (el asesinato de Abraham Lincoln, el primer magnicidio de un país que estaba saliendo de una guerra civil) para narrar el proceso judicial contra los acusados de conspirar para llevar a cabo el crimen.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (122′)
    Título original:  The conspirator.
    Director:  Robert Redford.
    Producción: Brian Falk, Bill Holderman, Robert Redford, Greg Shapiro, Robert Stone.
    Guión: James D. Solomon.
    Fotografía: Newton Thomas Sigel.
    Música: Mark Isham.
    Montaje: Craig McCay.
    Intérpretes: James McAvoy (Frederick Aiken), Robin Wright (Mary Surratt), Kevin Kline (Edwin Stanton), Evan Rachel Wood (Anna Surratt), Tom Wilkinson (Reverdy Johnson), Justin Long (Nicholas Baker), Danny Huston (Joseph Holt), James Badge Dale (William Hamilton), Colm Meaney (David Hunter), Alexis Bledel (Sarah Weston), Johnny Simmons (John Surratt), Toby Kebbell (John Wilkes Booth).{/xtypo_code}

    Tras la muerte del presidente, la mecánica policial se pone en marcha y el asesino es abatido pronto, y varias personas más son después capturadas y acusadas de conspirar para cometer el crimen. Entre ellas, Mary Surratt, la dueña de una pensión en la que se reunían los detenidos y que también es acusada. La cinta de Redford se centra en el proceso judicial y en las irregularidades de un juicio donde lo que imperaba, por encima del derecho a la justicia de los acusados, era la sed de venganza de un jurado formado por militares del bando vencedor en la guerra que estaba a punto de concluir.

    Redford es fiel a su estilo. Sobrio y elegante, como siempre, pero plano y previsible, con momentos en los que no es nada difícil aburrirse. Más que como película histórica (a pesar de que el hecho sea poco conocido, más allá del asesinato en sí, ¿cuántos sabían lo que ocurrió en el juicio que le siguió y que aquí se cuenta?), incluso más que como película de abogados y juicios. La conspiración funciona como película política, como muestra de los entresijos y de aquella caza de brujas, de aquella búsqueda de unos culpables para calmar los ánimos de una población desgarrada y desesperada por curar heridas, temerosa de que la paz se volviera a romper. Y sobre todo funciona como traslación a la actualidad de los últimos años: el asesinato del presidente es el golpe a la nación del 11-S; el Secretario de Guerra Stanton es Dick Cheney defendiendo la razón de Estado por encima de la Constitución; y en ambas la idea de venganza está por encima del respeto de los derechos civiles de los que fueron acusados (en muchas ocasiones con pruebas circunstanciales y nada firmes).

    En ocasiones es previsible, en otras la realización es plana, convencional, pero uno no puede evitar sentirse atrapado por la historia. Por el hecho de que (más allá de ideologías) La conspiración sea un alegato contra la injusticia, contra la caza de brujas y a favor de los derechos civiles. Y, sobre todo, porque cuenta con un elenco en estado de gracia, en el que destacan unos convincentes Colm Meaney, Kevin Kline, Tom Wilkinson y la siempre magnética RobinWright.

    Una historia interesante, digna, aunque (ciertamente) podría haber dado más de sí.

     

  • Amores y fantasmas

    1101RESTLESS

    Gus Van Sant cierra su Trilogía de la Muerte con esta Restless. Y, contra las dos anteriores, Elephant y Last days, ésta es la menos oscura, la más limpia, casi ingenua, y (aunque ciertamente, la muerte es tema fundamental en la historia, y marca el devenir de sus protagonistas) casi se podría decir que lo fundamental aquí es el primer amor. Y es que a Restless le falta poco para convertirse en una ñoña historia romántica.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (91′)
    Título original:  Restless.
    Director: Gus Van Sant.
    Producción: Brian Grazer, Bryce Dallas Howard, Ron Howard.
    Guión:  Jason Lew.
    Fotografía: Harris Savides.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Elliot Graham.
    Intérpretes: Henry Hooper (Enoch Brae), Mia Wasikowska (Annabel Cotton), Ryo Kase (Hiroshi Takahashi), Schuyler Fisk (Elizabeth Cotton), Lusia Strus (Rachel Cotton), Jane Adams (Mabel), Paul Parson (Edward), Chin Han (Dr. Lee).{/xtypo_code}

    Enoch es un adolescente obsesionado con la muerte desde que perdió a sus padres en un accidente de coche. Tiene por amigo al fantasma de un piloto kamikaze japonés que murió al principio de la Segunda Guerra Mundial. Le gusta colarse en los funerales de desconocidos. En uno de ellos conoce a Annabel, una chica con un cáncer terminal, y comienzan una relación que saben que tiene los días contados.

    La última cinta de Van Sant se ve con facilidad, es una tierna (demasiado, a veces) historia de amor, del primer amor, que por momentos es tan dulce que empalaga, y las complicaciones que concurren en dicha relación no hacen más que acercarla a los melodramas televisivos que tanto daño hacen a tanta gente. Aunque, también es cierto, tiene momentos mágicos, incluso algunas notas divertidas (ese fantasma japonés que es el mejor amigo del protagonista y que tan poco gusta a muchos es una de las mejores bazas de la historia).

    Eso sí, es más hermosa que profunda. El argumento no interioriza demasiado, y se recrea en los momentos de la joven pareja juntos, las miradas, las sonrisas, etc, etc. Demasiado romance, y todo pintado de tonos demasiado cálidos cuando la protagonista está realmente enferma (no se percibe tal enfermedad casi en ningún instante, ni siquiera en los inevitables momentos finales).

    Cierto que Van Sant es un director que ya ha demostrado que sabe hacer su trabajo a la perfección, que sabe componer planos de gran belleza y que sabe moverse por la problemática existencia juvenil como si él mismo fuese un jovencito, pero la historia no termina de convencer porque no está bien escrita, y porque, como ya he mencionado, recuerda más, en demasidos momentos, a un telefilme barato de esos de los que llenan pañuelos y pañuelos de lágrimas, a pesar de que también se nota su intento por evitar el sentimentalismo.

    Mia Wasikowska (que esta semana ha estrenado, además de esta Restless, la nueva y más gótica versión de Jane Eyre) destaca en un reparto en el que simplemente se mantiene el nivel justo para no parecer malo.

    Una película que cierra una etapa en la trayectoria de Van Sant, y que no llega al nivel de sus grandes obras, que entraría en ese grupo que se agrupan con ese nombre tan extraño de ‘obras menores’, y que, casi con total seguridad, pasará desapercibido cuando llegue el momento de recordar su filmografía.

     

  • Psicoanálisis que deja frío

    1901UN MÉTODO PELIGROSO

    A estas alturas del año, ya hace un par de meses que los medios especializados están publicando listas y más listas de las películas que, presumiblemente, estarán entre las candidatas a alzarse con el Oscar el próximo mes de marzo. La mayoría de ellas están llegando en estas semanas a las salas de nuestro país, y seguirán estrenándose hasta febrero (fecha en la que llegará Shame, que presumiblemente contará con la nominación al mejor actor para Michael Fassbender, quien también protagoniza la película de esta semana).

    {xtypo_code}Reino Unido-Alemania-Canadá-Suiza, 2011. (99′)
    Título original:  A dangerous method.
    Director:  David Cronenberg.
    Producción: Jeremy Thomas.
    Guión: Christopher Hampton, basado en una novela de John Kerr.
    Fotografía: Peter Suschitzky.
    Música: Howard Shore.
    Montaje: Ronald Sanders.
    Intérpretes: Keira Knightley (Sabina Spielrein), Michael Fassbender (Carl Jung), Viggo Mortensen (Sigmund Freud), Vincent Cassel (Otto Gross), Sarah Gadon (Emma Jung), André Hennicke (Eugen Bleuer).{/xtypo_code}

    Que David Cronenberg ha mostrado siempre una atracción (casi fascinación) por personajes con ciertos problemas mentales no es una novedad. Ahí están Inseparables, Crash, Spider o incluso Una historia de violencia, Videodrome y eXistenZ. Y aquí tenemos otro ejemplo, aún más claro si cabe, ya que Un método peligroso nos lleva al origen del psicoanálisis y las teorías de Freud y Jung.
    Película compleja en muchos momentos, la trama nos traslada a principios del siglo XX. Carl Jung es un joven psiquiatra que decide poner en práctica un nuevo tratamiento experimental siguiendo las nuevas teorías del eminente Sigmund Freud, la curación por la palabra o psicoanálisis, con el caso de Sabina Spielrein, una joven muy culta con un diagnóstico de histeria violenta. En sus conversaciones, Jung descubre una infancia plagada de humillaciones y palizas y saca a la luz un inquietante elemento sexual en su disfunción, apoyando la teoría de Freud de que todo desorden mental o emocional tiene su origen en el sexo. Jung y Freud traban amistad. Este ve en aquel a un heredero a sus teorías. Mientras Jung sucumbe a sus deseos por Sabina, brillante a pesar de su enfermedad, deseos prohibidos por tratarse de una paciente. El triángulo entre ellos, sus trabajos, cambiarían la dirección del pensamiento moderno.

    Cronenberg ha sido siempre un director incómodo, aunque lleva una temporada que lo está siendo algo menos. Aún permanecen los personajes tortuosos, malsanos, pero ya no es lo mismo, no tienen el protagonismo ni la fuerza brutal que tenían antes. Ello no significa que la cinta carezca de interés. El guión tiene fuerza, sabe mostrar la tensión que existe entre los personajes, reincide (aún con más intensidad si cabe) en los elementos que el director canadiense ha tratado siempre: el pulso entre la razón y el deseo, el poder del inconsciente como creador de identidad…

    Tiene muy buenos momentos, y otros que no lo son tanto. Es un estudio inteligente, pero en general, en la pantalla se presenta plana, sin profundidad. Hay quien dice que Keira Knightley estará en los Oscar con este papel. Personalmente creo que ha tenido mejores actuaciones. Aquí hay muchas escenas en las que se la ve sobreactuada. Sucede lo contrario con Fassbender, el actor del momento, que encadena buenos papeles desde hace un par de años.

    Cronenberg sigue siendo fascinante, pero menos. Esta Un método peligroso debería haber sido una historia intrigante, pero aparece más plana de lo deseable, y deja frío al espectador.

     

  • Apariencias y realidad

    1501UN DIOS SALVAJE

    No cabe duda que ese ser de pequeño tamaño y aspecto extraño que es Roman Polanski es todo un maestro del cine, aunque en ocasiones se preste más atención a los aspectos privados (y ciertamente oscuros) de su pasado. Pero aquí hablamos de cine, y no de los gustos y perversiones de cada uno (si así fuera, con seguridad muchas de las estrellas de hoy no serían tan apreciadas), y Un dios salvaje es una cinta fabulosa, cine del bueno, del que se disfruta de principio a fin.

    {xtypo_code}Francia-Alemania-Polonia-España, 2011. (79′)
    Título original:  Carnage.
    Director:  Roman Polanski.
    Producción: Saïd Ben Saïd.
    Guión:  Yasmina Reza y Roman Polanski, basado en la obra teatral homónima de Yasmina Reza.
    Fotografía: Pawel Edelman.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Hervé de Luze.
    Intérpretes: Jodie Foster (Penelope Longstreet), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christoph Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet).{/xtypo_code}

    Basada en la obra teatral homónima de Yasmina Reza, la última creación de Polanski encierra en un piso de Nueva York a dos matrimonios que intentan arreglar la situación después de que el hijo de unos haya agredido al de los otros. Lo que en un principio son buenas formas, modales, educación, poco a poco va degenerando en insultos, en malos modos, en enfrentamientos brutales, sin llegar en ningún momento (eso sí) a las manos.

    La película muestra a la maravilla lo que pretende, que todos somos de una forma, pero que lo ocultamos con infinidad de capas. Aquí, las máscaras caen, y las apariencias dejan paso a las realidades en cuanto unas copas de alcohol liberan de los corsés de falsa educación y respeto que se sienten unos por otros. Aparecen las miserias, la frustración, las acusaciones, la violencia soterrada, la lucha de clases, hasta llegar a una catártica resolución… en un enfrentamiento que no tiene fin, ya que (como si fuera El ángel exterminador, de Buñuel) los visitantes se despiden una y otra vez, pero la separación no se produce, y la reunión sigue y sigue y sigue…
    Polanski muestra una mala leche, una comicidad y una inteligencia sin límites. Son numerosos los momentos en los que remata una frase con algo que nos hace sonreir, es una cinta furiosa, pero divertida a la vez, una de las más cómicas (si no la más) de las que jamás haya dirigido el director polaco.

    Un guión soberbio, que supera con creces la obra de teatro de la que procede (según dicen los que han visto sobre las tablas la obra de Reza), una muestra del enorme talento y sobrehumano genio de Polanski para el cine, con planos medidos al milímetro, incluso con la decoración de la casa y ese juego de espejos que mantiene el enfrentamiento de los personajes en todo momento.

    Y, por supuesto, un póquer de intérpretes que roza la perfección. Todos ellos son destacables, todos están magníficos, desde Jodie Foster y Kate Winslet, dos estrellas de la pantalla con un don, a Christoph Waltz y John C. Reilly, dos de los mejores actores de reparto de la actualidad. Todos ellos están fantásticos y ayudan a que la película alcance los niveles que alcanza.

     

  • Lo mejor y lo peor del SEFF

    1701

    FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (y II)

    Los últimos días del Festival de Cine Europeo de Sevilla concentraron lo mejor y lo peor de su octava edición.

     

     

    Dos cintas,que además se proyectaron el mismo día, comparten temática y paisajes. Concretamente los del continente africano. Blue bird nos cuenta la historia de dos pequeños hermanos, chico y chica, de una pequeña aldea de la África más pobre, que buscan el pájaro del título que un amigo les prestó y que se ha escapado. A veces aparecen toques fantásticos, pero es una historia intrascendente, que ni aporta ni convence. Pero claro, es superior a Kënu, cinta española y que presenta todos los clichés y tópicos imaginables sobre el continente africano, con una Leticia Dolera en muy baja forma. La película aburre y cabrea a partes iguales.

    La danesa Siempre feliz, que se acabaría alzando con el premio gordo del concurso, mezcla comedia y el drama en una historia sobre las relaciones de parejas. Bien rodada, mejor interpretada, es una película que no disgusta a nadie, que se disfruta de principio a fin, pero a la que el primer premio que recibió le queda grande.

    Mercado de futuros, la cuarta cinta española de la sección oficial, es un documental (no comprenderé nunca cómo, existiendo una sección especialmente dedicada a ellos, haya uno en el concurso) sobre la crisis, que acude a una feria inmobiliaria, a un rastro, o a una oficina donde se compran y venden valores. Muy dispersa, se pierde en muchas ocasiones y a veces no se sabe a dónde va.

    Holidays by the sea es una cinta divertida que sirve de homenaje a Jacques Tati. Tiene situaciones carcajeantes y gags geniales, pero no es Tati. Hubo a quien gustó y a quien directamente repelió.

    La inglesa Shame era la cinta más esperada (había causado sensación en varios festivales, entre ellos San Sebastián), y no defraudó. Película fantástica, demoledora, sobre las adicciones y su peligro. Recibió los premios al mejor director (Steve McQueen) y al mejor actor (Michael Fassbender, ex-aequo con August Diehl, de Si no nosotros, ¿quién?)

    La cinta rusa Elena fue de lo mejor que se vio en el concurso. Un drama familiar muy bien rodado e interpretado; cuesta entrar en el juego, pero una vez dentro es una historia fantástica. Podía haber recibido más premios pero se quedó únicamente con el de mejor actriz para una sobria Nadezhda Markina (que también fue compartido, con Bien de Moor, por Code blue).

    Alps es una película marciana. Dirigida por Yorgos Lanthimos, el mismo de Canino. La cinta sigue la senda de historias transgresoras, que se salen de la norma, pero no llega al nivel de aquella, aunque es bastante interesante y (en ocasiones) se pasa de rosca.

    Por último, Love in the medina, es un culebrón marroquí, sobre una pareja que intenta mantener una relación a pesar de la oposición de sus familias, y de la sociedad, en un estado que no permite el adulterio. Aburrida. Y mucho.

    Para acabar con el palmarés, a parte de los ya mencionados en los apartados de dirección e interpretación, y el premio gordo, hay que mencionar el Giraldillo de Plata para Si no nosotros, ¿quién?, y la mención especial del jurado a El molino del tiempo. Un palmarés que no escandaliza a nadie, pero que tampoco cumple con lo que se esperaba. Como todos los años, vamos.