Categoría: La película

  • Cuando la mala es la guapa

    1101BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR

    Apenas un par de meses después de que se estrenara una insulsa película sobre el clásico de los hermanos Grimm, Blancanieves, con Julia Roberts como bruja malvada, nos llega otra versión, mucho más oscura, sobre la misma historia. Y esta no es la primera vez que se da el hecho de que coincidan dos películas sobre el mismo tema, con la misma historia, en pocos meses, y casi a la vez en las pantallas. No nos engañemos, las casualidades no existen. El espionaje industrial es lo que tiene. No sólo en la Formula 1, o en la industria farmaceútica. También en el cine.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (127′)
    Título original: Snow White and the Huntsman.
    Director:  Rupert Sanders.
    Producción: Sam Mercer, Palak Patel, Joe Roth.
    Guión: Evan Daugherty, John Lee Hancock, Hossein Amini.
    Fotografía: Greig Fraser.
    Música:  James Newton Howard.
    Montaje: Conrad Buff IV, Neil Smith.
    Intérpretes: Kristen Stewart (Blancanieves), Charlize Theron (Ravenna), Chris Hemsworth (El cazador), Sam Claflin (William), Sam Spruell (Finn), Ian McShane (Beith), Bob Hoskins (Muir), Ray Winstone (Gort), Nick Frost (Nion), Eddie Marsan (Duir), Toby Jones (Coll), Johnny Harris (Quert), Brian Gleeson (Gus), Vincen Regan (Duque Hammond), Noah Huntley (Rey Magnus), Liberty Ross (Reina Eleanor), Lily Cole (Greta), Raffey Cassidy (Blancanieves, niña).{/xtypo_code}

    En esta ocasión, aunque se han respetado las líneas elementales del cuento clásico (madrastra, espejo, siete enanitos mineros, manzana envenenada…) también es cierto que se han permitido más licencias, sobre todo estilísticas, y que se ha hecho un batiburrillo tomando elementos de aquí y de allí (desde El Señor de los Anillos a Legend, desde Juana de Arco a Robin Hood), para hacer algo que al final se aleja bastante del original. Tanto que, sin comerlo ni beberlo, y casi sin que nos demos cuenta, la joven débil y desvalida del cuento pasa a ser una guerrera con armadura y espada que dirige un ejército. Como si de Juana de Arco se tratase.

    La historia se aleja así de la lírica del cuento infantil, y se acerca casi al cine bélico. Demasiadas peleas, demasiadas persecuciones, demasiada oscuridad física y moral. Apenas hay alegría, apenas hay color. Sólo un momento, una secuencia, la del gran ciervo blanco (que recuerda totalmente, por las imágenes, por la música del momento, por los movimientos de los personajes, por los decorados, los colores… a un anuncio de perfume, y de los caros).

    El resto de la cinta está recorrido por una especie de angustia vital, de muerte, ocasionado por el poder de Ravenna, esa madrastra-bruja con poderes terribles, (fantástica Charlize Theron) obsesionada con la juventud, con ser la más bella, sabedora de que la vejez y la fealdad hará que todos dejen de adorarla-temerla. Por eso acaba con todo atisbo de vida en la tierra y el bosque del reino y, primero encierra, después quiere matar, a toda aquella joven que puede ser más bella que ella. Y ahí está su hijastra Blancanieves, una sosa e inexpresiva Kristen Stewart, encerrada en una torre desde que Ravenna asesinara a su padre en la noche de bodas, y que consigue escapar siendo una adolescente (con una especie de poderes que no sabemos de dónde vienen).

    Partiendo del hecho (objetivo) de que la joven Stewart ni es (ni jamás será) más bella que Charlize Theron, el resto viene rodado. Hay un par de buenas peleas, pero algunas se hacen largas y pesadas. La banda sonora está al nivel al que nos tiene acostumbrados Newton Howard. Pero tantos referentes hacen que la película no tenga una línea común, que se parezca a muchas cosas y a ninguna. Aceptable, sin más.

     

  • Lo mismo, con sorpresa final

    1102MEN IN BLACK 3

    Quince años después de que se iniciara la saga, la historia se cierra. Posiblemente muchos no esperaran ya una tercera entrega de estos agentes ultrasecretos que se encargan de controlar el tráfico de alienígenas en nuestro planeta. Y posiblemente muchos pensaran que no era necesario. Pero el negocio es el negocio y aquí está. Y lo cierto es que el resultado, teniendo en cuenta el género en el que estamos y la película de la que hablamos, supera las expectativas.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (108′)
    Título original: Men in Black 3.
    Director:  Barry Sonnenfeld.
    Producción: Walter F. Parkes, Laurie MacDonald.
    Guión:  Etan Cohen.
    Fotografía: Bill Pope.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Don Zimmerman.
    Intérpretes: Will Smith (Agente J), Tommy Lee Jones (Agente K), Josh Brolin (Joven Agente K), Jemaine Clement (Boris), Michael Stuhlbarg (Griffin), Emma Thompson (Agente O), Michael Chernus (Jeffrey Price), Alice Eve (Joven Agente O), Mike Colter (Coronel), Nicole Scherzinger (Amiga de Boris), Bill Hader (Andy Warhol).{/xtypo_code}

    La historia comienza cuando Boris, el animal, un peligroso ser que estaba encarcelado en una prisión lunar desde hace cuarenta años, escapa de su celda y consigue un artefacto que le permite viajar en el tiempo para regresar al día en que K lo capturó para matarlo. Eso hace que el presente cambie por completo y el planeta se vea invadido y en grave peligro de destrucción. J deberá viajar al pasado para evitar que ello ocurra, salvar a K y salvar el presente.

    El guion ofrece lo que se espera de este tipo de cintas, acción, humor, persecuciones, y momentos que pasan casi desapercibidos y que suelen ser las mayores sorpresas. Ejemplos hay varios (el cuadro que decora el salón de J, en recuerdo a un personaje de los episodios anteriores ya desaparecido; las imágenes que se ven en las oficinas de los MIB con los ‘visitantes’ que están actualmente entre nosotros y entre los que aparecen Yao Ming o David Beckham entre otros…). Los efectos especiales siguen en la línea de la saga (esos zooms que se alejan, desde una cara hasta lo más inifinito del universo)…

    Sonnenfeld mantiene el ritmo y el estilo que ya utilizó en las dos entregas anteriores, Will Smith vuelve a ser el histriónico actor que basa sus gracias (la mayoría de ellas) en su verborrea y en su gesticulación, Josh Brolin firma una gran interpretación acercándonos con tono paródico al joven K, y Tommy Lee Jones aparece aún más desganado que en los dos precedentes. Hay unos cuantos buenos momentos, y otros tantos que suenan a vistos, y sin embargo la cinta está bien construida para que al menos haga mantener el interés en la mayor parte de su metraje. Pero se deja ver, y se disfruta. Aunque es evidente que no va a pasar a la historia. Cierto que es previsible y que, una vez planteado el dilema, el problema, se sabe cuál va a ser el resultado. Pero el viaje es divertido. Y el giro final, esa sorpresa que nos guarda la historia, es la que termina por rematarte y por (sí, leen bien) emocionarte. Y, ya de paso, explica mucho del comportamiento y de las actitudes de los personajes en las entregas anteriores.

     

  • Dramáticamente cómico

    1102UN LUGAR DONDE QUEDARSE

    Sean Penn y Paolo Sorrentino se conocieron hace algo más de tres años en el prestigioso festival de Cannes, donde el primero presidía el jurado que premió la película Il divo, que dirigía el segundo. El actor norteamericano manifestó después sus deseos de trabajar con el director italiano, y su sueño se ha cumplido con esta cinta irregular, que une una buena interpretación (a veces excesivamente pasado de rosca) de Penn, con una dirección en ocasiones demasiado esteticista de Sorrentino, y una historia que a veces tiene momentos algo incomprensibles y no del todo creíbles, y que, aunque en la mayor parte del tiempo se mueve en el drama, tiene toques de comedia, de road movie…

    {xtypo_code}Italia-Francia-Irlanda, 2011. (118′)
    Título original: This must be the place.
    Dirección: Paolo Sorrentino.
    Producción: Francesca Cima, Nicola Giuliano, Andrea Occhipinti, Mario Spedaletti.
    Guión:  Umberto Contarello, Paolo Sorrentino.  
    Fotografía: Luca Bigazzi.
    Música: David Byrne, Will Oldham.
    Montaje: Cristiano Travaglioli.
    Intérpretes: Belén Rueda (Julia / Sara), Lluis Homar (Isaac), Pablo Derqui (Iván), Francesc Orella (Inspector Dimas), Joan Dalmau (Créspulo), Boris Ruiz (Blasco), Daniel Grao (Dr. Román), Clara Segura (Mina), Andrea Hermosa (Lía), Julia Gutiérrez Caba (Soledad).{/xtypo_code}

    La cinta nos cuenta la historia de Cheyenne, un viejo músico que se ha quedado anclado en el tiempo en que fue famoso, que vive desorientado y aburridamente, cuyo padre, al que hace décadas que no ve, muere. En el funeral descubre que su progenitor dedicó los últimos años de su vida a encontrar a un viejo militar nazi que lo martirizó cuando estuvo encerrado en un campo de concentración. Incomprensiblemente, Cheyenne se embarca en la búsqueda del alemán, sin saber muy bien por y para qué.

    La cinta tiene dos partes bien diferenciadas. La primera nos sirve para al protagonista, su estética, su monótona vida y la de los que le rodean (algunos parentescos no quedan nada claros), su deambular por la ciudad acompañado siempre por su carrito… La segunda, el viaje que emprende, que convierte la película en toda una road movie clara deudora de la Paris, Texas de Wim Wenders, que es una de las películas favoritas de Sorrentino (y ahí está Harry Dean Stanton para que quede más claro).

    Un lugar donde quedarse es una película hecha a base de altibajos. A momentos de muy buen cine le siguen inmediatamente otros demasiado engolados, aburridos, inexplicables, sin sentido alguno (ni siquiera dentro de una historia que ya de por sí tiene poco sentido). Sean Penn (gran actor) tiene aquí un papel a semejanza de la cinta: a ratos bien, a ratos mal. No entremos en el maquillaje y la apariencia del protagonista, que a muchos recordará al lider de The Cure (de hecho, el proyecto comenzó como una especie de biopic de Robert Smith). Y a Sorrentino a veces le pierden las formas, en ocasiones (en muchas, muchas ocasiones) se dedica a la producción de planos demasiado esteticistas, quiere ser preciosista en exceso.

    Es una cinta excéntrica y excesiva, a veces demasiado. Mezcla, sin pausas, momentos trágicos con otros cómicos, gracias a un personaje portentoso que a veces se pasa de rosca. Si hubiera que elegir una película en la que vivir, este podría ser un buen lugar donde quedarse… Pero sólo por un rato.

     

  • Volver a los orígenes

    1101WILAYA

    Tras pasar por el reciente Festival de Cine Español de Málaga, donde se ha llevado el premio a la mejor banda sonora (también ha pasado por otros certámenes y ha ganado algún que otro trofeo), Wilaya es una cinta a medio camino entre la ficción y el documental. Aunque existe un guión, la trama que se cuenta es la que han vivido (más o menos) las protagonistas del filme, que (además, como todo el resto del plantel) no son actores profesionales.

    {xtypo_code}España, 2012 (88′).
    Escrita y dirigida: Pedro Pérez Rosado.
    Producción: José María Morales.
    Fotografía: Óscar Durán.
    Música: Aziza Brahim.
    Montaje: Iván Aledo.
    Intérpretes: Nadhira Mohamed (Fatimetu), Memona Mohamed (Hayat), Aziza Brahim (Sdiga), Ainina Sidagmet (Said), Mohamed Moulud (Jatri), Jatra Malainin Mami (Brahim), Lasria Gasem Mahamed (Aichetu), Buyema Fateh Lahsen (Buyema).{/xtypo_code}

    No es la primera vez que el director valenciano aborda el tema del conflicto del Sahara Occidental y los campamentos en los que el pueblo saharaui vive (en campos de refugiados, llamados wilayas), olvidado por todas las autoridades desde que el gobierno de nuestro país abandonara la que era su provincia 53 en manos de Marruecos y Mauritania. En la que fue su primera película de ficción, Cuentos de la guerra saharaui (2004), ya trató el conflicto, y antes aún ya lo había hecho en el documental Sahara, un pueblo (1996).

    Wilaya nos cuenta la historia de Fatimetu, una joven saharahui que ha vivido en España con una familia de acogida desde los diez años, que vuelve a los campamentos tras la muerte de su madre. Allí se reencuentra con su hermana Hayat y su hermano Jatri.

    Las dos protagonistas, que a pesar de compartir apellido en la vida real son hermanas sólo en la ficción, tienen química cuando están juntas, destilan verismo y son creíbles en su deambular por la vida, en su enfrentamiento a los problemas que la vida les pone delante. A pesar de que en ocasiones los diálogos que se ven obligadas a soltar suenen forzados, impostados. Pérez Rosado hace un buen trabajo y consigue que nos sintamos conmovidos por las duras condiciones de vida en los campamentos, por la falta de esperanza que tienen los que allí habitan. Aunque en ocasiones uno puede sentir una mezcla de resignación y desidia, una mezcla de “no se puede hacer nada” y “ya me ayudará alguien” en algunos de los personajes (que no podemos dudar que sea realmente así).

    El guión tiene alguna carencia, los intérpretes (no profesionales) obviamente también (aunque menos de lo que se podía esperar, y muchas menos de las que hemos visto en otras cintas con las mismas características). Pérez Rosado no es paternalista, no denuncia, a veces quizás se va demasiado hacia el sentimentalismo, y ahí se pierde. Cuando muestra la vida en la wilaya, los problemas para subsistir del día a día, la sociedad y sus ‘tradiciones’, el aspecto más documental de la cinta, el interés está asegurado y Wilaya engancha. Pero empieza a difuminarse cuando se adentra en el drama, en la ficción de las protagonistas, por mucho que ellas se esfuercen y resulten creibles en pantalla (ellas, que no sus vidas).

     

  • Deslumbrante oscuridad

    1101MARTHA MARCY MAY MARLENE

    Porque no es necesario gastar millonadas en hacer una película, en demostrar a base de efectos espectaculares o intérpretes que cobran lo que otros gastan en rodar cinco filmes, los billetes que hay detrás de unas imágenes, y porque sólo es necesario saber contar una historia, que ni siquiera necesita ser demasiado rebuscada, demasiado exagerada, sino sólo una sencilla trama que sepa sobrecogerte, angustiarte, emocionarte, o removerte por dentro como las grandes superproducciones jamás serán capaces de hacer, por todo ello es por lo que se agradece que nos lleguen, aunque tarde, cintas como esta Martha Marcy May Marlene, debut en la dirección de Sean Durkin, y debut como protagonista de la hermana pequeña de las afamadas gemelas Olsen, Elizabeth, quien demuestra un enorme talento y atrapa al espectador con su presencia magnética.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (106′)
    Título original: Martha Marcy May Marlene.
    Dirección: Sean Durkin.
    Producción: Josh Mond, Antonio Campos, Chris Maybach, Patrick Cunningham.
    Guión:  Sean Durkin.
    Fotografía: Jody Lee Lipes.
    Música: Saundern Jurriaans, Danny Bensi.
    Montaje: Zac Stuart-Pontier.
    Intérpretes: Elizabeth Olsen (Martha), Christopher Abbott (Max), Brady Corbet (Watts), Hugh Dancy (Ted), Maria Dizzia (Katie), Julia Garner (Sarah), John Hawkes (Patrick), Louisa Krause (Zoe), Sarah Paulson (Lucy).{/xtypo_code}

    Martha huye a través del bosque de la idílica granja en la que había vivido los últimos años, una especie de comuna hippy. Sin nadie más a quien recurrir, llama a su hermana Lucy, que la recoge y la lleva a la deslumbrante casa de veraneo en la que vive con su marido Ted. Pero los recuerdos del pasado, los sueños que la acorralan por las noches, hacen que su nuevo mundo choque con el anterior, y que Martha no termine por encontrar la paz que esperaba.

    El debutante Sean Durkin fragmenta la historia, mezclando el presente con los recuerdos y los sueños del pasado reciente que atormentan y angustian a Martha. Su comportamiento errático, extraño, nos la muestra como una criatura pérdida, que no sabe bien si está en el momento correcto en el sitio adecuado o si siempre está fuera de lugar. Pese a que todo transcurre con tranquilidad, incluso las situaciones más turbias, tenemos siempre la sensación de que todo se puede venir abajo en cualquier momento, de que en un segundo algo puede hacer que todo explote.
    Más que una cinta sobre las sectas o sobre los conflictos familiares, en la que el director no ofrece moralejas ni pretende darnos lecciones, sino que deja la puerta abierta para que nosotros (el espectador) contemplemos lo que sucede y saquemos nuestras propias conclusiones, Martha Marcy May Marlene, nos habla de cómo el miedo puede dejar una profunda huella en todo lo que toca. La protagonista (una magnífica Elizabeth Olsen) quiere huir de las pesadillas, del terror que siente vigilando las sombras, temerosa de que la encuentren, pero no puede evitar enfrentarse a los suyos intentando establecer las reglas, los comportamientos con los que ha vivido anteriormente.

    Durkin acierta en la construcción del pasado a base de flashbacks desestructurados, consiguiendo demostrar así el frágil estado mental de Martha, que se puede romper como un espejo de un momento a otro. También en la elección de planos, de una sobria belleza. Una película que no es fácil de ver, pero que hay que ver. Una película hipnótica que se quedará grabada en la memoria. No es fácil crear tal nivel de angustia haciendo tan poco.

     

  • Tocado y hundido

    1101BATTLESHIP

    Peter Berg, que debutó con aquella gamberrada suma que fue Very bad things, nos llega ahora con este engendro, subproducto del cine de acción y palomitas, película de hecatombes y apocalipsis, basado libremente en el conocido juego de mesa de los barquitos, donde todo es obvio y previsible y, sin embargo, la trama avanza a base de giros inverosímiles, trampas y correciones del guion, según le interese, hacia uno u otro lado.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (135′)
    Dirección: Peter Berg.
    Producción: Sarah Aubrey, Peter Berg, Brian Goldner, Duncan Henderson, Bennett Schneir, Scott Stuber.
    Guión:  Eric Hoeber, Jon Hoeber.  
    Fotografía: Tobias A. Schliessler.
    Música: Steve Jablonsky.
    Montaje: Colby Parker Jr, Billy Rich, Paul Rubell..
    Intérpretes: Liam Neeson (Almirante Shane), Taylor Kitsch (Alex Hopper), Alexander Skarsgård (Stone Hopper), Brooklyn Decker (Samantha), Rihanna (Raikes), Jesse Plemons (Ordy), John Bell (Angus), Peter MacNicol (Secretario de Defensa), Tadanobu Asano (Nagata).{/xtypo_code}

    Desde el principio (aparte del prólogo de presentación de los personajes, y de la insufrible e innecesaria secuencia del partido de fútbol de más de diez minutos) se nos cuenta el quid del asunto. Se ha descubierto un planeta semejante a la Tierra. El jefe de turno lo anuncia a la prensa, se va a enviar un mensaje a dicho planeta, mientras uno de los empollones que ha descubierto todo teme lo peor. Y, efectivamente, desde ese planeta llega un grupúsculo de naves que van a dar, a pesar de toda su inteligencia, justo al lado del lugar en el que la marina americana realiza unas maniobras junto a las armadas de varios países más. Y pronto se lía todo, empiezan los ataques, los exterminios, varios barcos son destruidos con todo su personal a bordo, y los alienígenas crean un campo de fuerza del que nadie puede salir (tres barcos quedan atrapados dentro) ni entrar (el resto de los integrantes de las maniobras), que están a la espera de que algo cambie. En medio de todo está el prota, un perdedor que lleva pocos meses en el cuerpo, con potencial pero que tiene un pronto que le pierde, y que va a ser despedido de la marina en cuanto vuelvan a tierra. Eso sí, ni la más mínima idea de por qué siendo tan problemático y a punto de irse a la calle, se queda al mando del barco en cuanto caen dos superiores.

    La cinta se asienta en el poder de su estruendo pirotécnico. Ni la historia tiene el más mínimo suspense, ni la intriga (la duda por saber qué va a pasar) hace acto de presencia en ningún momento, ni las interpretaciones son destacables (¿qué demonios pinta Liam Neeson, que tan buenos papeles nos ha regalado, aquí?, ¿quién le ha dicho a Rihanna que pruebe como actriz?). Ni hablar ya del modo en el que el director trata la historia: cuatro tramas paralelas, pero sin venir a cuento deja de lado una de ellas (la de los barcos que están fuera de la burbuja) durante casi una hora, acude en raras ocasiones (simplemente para rellenar y añadir minutos) a la reunión de los jefazos del estado en el despacho (por cierto, desaparecen de golpe y nunca más se vuelve a acudir a ellos).

    Es cierto que las películas apocalipticas y pirotécnicas, las que se basan únicamente en las explosiones y en los efectos especiales, no pasarán a la historia del cine. Ninguna de ellas. Pero hay clases y clases. Y con esta Battleship, cinta insustancial, alargada innecesariamente (con setenta minutos hubiese sido más que suficiente) uno echa de menos las películas de Michael Bay. Que ya es decir.

     

  • A tiros por Madrid

    1101LA FRÍA LUZ DEL DÍA

    Si los grandes genios, o al menos los directores que tienen un nombre y una reputación por todos conocida y respetada, se equivocan, o patinan de vez en cuando (Woody Allen creó la aburrida Cassandra’s dream; Spielberg todavía es recordado por la infumable Amistad; Coppola perpetró aquella insufrible Tetro…), los actores no van a ser menos. Es más, ellos y ellas lo hacen con mayor frecuencia. Y que dos veteranos intérpretes tan taquilleros (Bruce Willis) y/o respetados en el mundillo (Sigourney Weaver) estén detrás de un proyecto no es ya garantía de éxito, y mucho menos de calidad. Esta, La fría luz del día, es un claro ejemplo de lo que hablo.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (93′)
    Título original: The cold light of day.
    Dirección: Mabrouk El Mechri.
    Producción: Marc D. Evans, Trevor Macy.
    Guión:  Scott Wiper, John Petro.  
    Fotografía: Remi Adefarasin.
    Música: Lucas Vidal.
    Montaje: Valerio Bonelli.
    Intérpretes: Henry Cavill (Will Shaw), Bruce Willis (Martin Shaw), Sigourney Weaver (Jean Carrack), Verónica Echegui (Lucía), Joseph Mawle (Gorman), Caroline Goodall (Laurie Shaw), Rafi Gavron (Josh Shaw), Emma Hamilton (Dara), Michael Budd (Esmael), Roschdy Zem (Zahir), Óscar Jaenada (Máximo).{/xtypo_code}

    La película, que desarrolla toda su acción en una España de pandereta, es de lo peor que se ha visto en las pantallas en mucho, mucho tiempo. Todo falla en la cinta, desde unos intérpretes desganados, que apenas hacen acto de presencia, sueltan sus frases sin que nadie se crea nada; a una fotografía que es todo un despropósito; o un guion con mil agujeros que ni explica nada ni tiene nada que explicar; o un montaje torpe y deslavazado, creador de infinitos errores de continuidad…
    Esta cinta de espías y venganzas es pura incongruencia, puro sinsentido, un batiburrillo de mil elementos enlazados sin orden ni concierto, sin la más mínima lógica. Al protagonista le disparan, se cae de un quinto piso dando un tremendo (obvio) golpe en el suelo, pero se levanta y huye en moto, claro que tiene un accidente, y después otro de coche con varias vueltas de campana en pleno centro de Madrid… y no le pasa nada de nada. Un par de arañazos, eso es todo. En el bando de los malos, alguien se pone a disparar a todos los viandantes que le salen al paso sin que haya una explicación (plausible o no) para ello, sólo porque sí.

    El personaje en el que se centra la publicidad de la peli (sí, voy a destripar parte importante de la misma), es decir Bruce Willis, muere antes de la media hora (puede que el presupuesto no diera para más). Dos coches se estrellan y vuelcan aparatosamente en una plaza de la capital sin que aparezca un simple policía ni nadie se acerque a ver qué ha ocurrido. Un grupo de americanos buenos, otro grupo de americanos malos, y un grupo armado israelí se enzarzan a tiros, invaden una plaza madrileña, sin que nadie se extrañe, y sin que (de nuevo) las fuerzas del orden hagan acto de presencia. Los únicos policías patrios que vemos son unos gordos y sudorosos que juegan a las cartas, que quieren detener y golpear al protagonista (¿el motivo?, ni la más mínima idea) cuando este va a denunciar el secuestro de su familia.

    En definitiva, una insufrible, insoportable, innecesaria cinta, que no aporta nada, que es todo un despropósito, en el que nada es destacable, ni artística, ni técnica, ni argumentalmente, porque carece de todo lo que cualquier película debe tener, ni talento, ni historia, ni una cierta lógica interna, ni nada de nada de nada.

  • Tratar a los niños como tontos

    0701LORAX, EN BUSCA DE LA TRÚFULA PERDIDA

    Cada vez son más las grandes productoras que se atreven a lanzarse a la producción de películas animadas, un campo en el que no hace muchos años Disney era prácticamente la única, y donde reinaba (lógica obliga) con solidez. Una de las últimas en sumarse al carro ha sido la Universal, que hace un par de años realizó Gru, mi villano favorito y poco después Hop. Esta es su tercera entrega, una película con mensaje para los más pequeños, pero que tiene errores (llamémoslos así) que no son habituales en las cintas animadas de los últimos años.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012. (86′)
    Título original:  Dr. Seuss’ The Lorax.
    Director: Chris Renaud.
    Producción: Chris Meledandri, Janet Healy.
    Guión: Cinco Paul, Ken Daurio, basado en la novela de Dr Seuss.
    Música: John Powell.
    Montaje: Ken Schretzmann, Claire Dodgson, Steven Liu.
    Intérpretes (voces originales): Danny DeVito (Lorax), Ed Helms (Una-Vez), Zac Efron (Ted), Taylor Swift (Audrey), Betty White (Abuela), Rob Riggle (O’Hare), Jenny Slate (Madre de Ted).{/xtypo_code}

    Ted vive en la ciudad de Thneedville, una impecable e industrializada ciudad en la que todo es prefabricado, de plástico, no hay una sola planta, un solo árbol, y donde muchos desconocen siquiera que hubo un tiempo en el que hubo vegetación. Pero Ted se escapa de los límites de la ciudad para buscar un árbol vivo y así poder conquistar a Audrey, su vecina, de la que está enamorado. Allí, en un inmenso erial encuentra una casa en la que vive el Una-Vez, que le cuenta la historia (su historia) de cómo llegó allí, a lo que antes era el Valle Trúfula, cómo conoció al Lorax, protector del lugar, y cómo acabó con toda la vegetación.

    Normalmente, las películas animadas (incluso las destinadas a los más pequeños) tienen algún elemento, algún pequeño guiño, destinado a los adultos que los acompañan a las salas de cine, para hacerles mantener la atención también a ellos. Pero en esta ocasión no hay absolutamente nada. Todo está destinado a los más pequeños. Ello, en sí mismo, no es nada malo, en absoluto. De no ser porque se tome a los infantes como tontos, que (en algunos momentos) parece ser el caso.
    Lorax, en busca de la trúfula perdida es en canto ecologista, partidario de la lucha (que todos defendemos) de proteger el medio ambiente para proteger la vida (no solo de los humanos), pero que resulta demasiado reiterativo. Con un colorido que engancha y hechiza casi desde el inicio, la película se dedica a lanzar una y otra vez el mismo mensaje, machaconamente, dando una charla aburrida, adoctrinando casi…

    Pero quizás el error principal sea intentar convencernos de que el joven Ted quiere buscar un árbol de verdad porque realmente quiere verlo, porque quiere recuperar algo de naturaleza en su mundo artificial, porque quiere recuperar la vida, y que por ello se lanza a la aventura de escapar de las vigiladas murallas de su ciudad, cuando desde el primer momento queda claro que lo que en realidad quiere es ligarse a su vecina. Ella es la verdadera ecologista, y apenas se le da voz.

     

  • Vigalondo descafeinado

    0901EXTRATERRESTRE

    Decir que Nacho Vigalondo es uno de los directores más personales de nuestro país no es ningún descubrimiento. Y que le gusta subvertir los géneros, tampoco. De esta Extraterrestre, su última marcianada, se ha hablado mucho desde hace bastante tiempo, y éramos muchos los que esperábamos con ansias que por fin llegase a las pantallas. Lo malo de estas cosas es que, cuando oyes cosas tan buenas, cuando los deseos son tan grandes, las expectativas van aumentando, y si el resultado final no cumple con ellas, la decepción es enorme. Incluso si la película, en realidad, no es tan mala.

    {xtypo_code}España, 2012. (90′)
    Escrita y dirigida: Nacho Vigalondo.
    Producción: Nahikari Ipiña, Nacho Vigalondo.
    Fotografía: Jon D. Domínguez.
    Música: Jorge Magaz.
    Montaje:  Jon D. Domínguez.
    Intérpretes: Julián Villagrán (Julio), Michelle Jenner (Julia), Raúl Cimas (Carlos), Carlos Areces (Ángel), Miguel Noguera (Tipo).{/xtypo_code}

    Julio despierta en casa de la bella Julia, después de una noche de borrachera y (al parecer) sexo, pero ninguno recuerda nada. Él se enamora al instante, ella no. Pero cuando se va a ir, notan que algo extraño ocurre. No hay absolutamente nadie en las calles, los teléfonos no funcionan, ni Internet, ni la televisión… y una gigantesca nave espacial está situada sobre la ciudad. La invasión es la excusa para quedarse. Pero la situación se complica cuando el novio de ella llega, después de estar caminando durante horas con nuevas noticias de las naves.

    Vigalondo no firma aquí su mejor cinta, de hecho la anterior Los cronocrímenes, era más redonda que esta. Extraterrestre, a pesar de que es mejor de lo que algunos han querido ver, a pesar de que tiene momentos brillantes, también tiene fragmentos que el ritmo se detiene, y aunque la historia está (en general) bien construida, los parones lastran el resultado final.

    No nos engañemos, no todo el mundo puede acceder al humor absurdo y extraño del director, no es habitual que en sus creaciones haya carcajadas, y su humor es a veces muy sutil, pero siempre está ahí. La grandeza de la película es saber conjugar con gran acierto dos géneros tan opuestos como la comedia romántica y el cine de invasiones alienígenas. De hecho, es más lo primero que lo segundo. Incluso, se podría decir que la gigantesca nave espacial que amenaza al planeta no es más que un ‘macguffin’ de los que Hitchcock usaba en sus cintas, un elemento que hace que la historia avance, pero que no tiene la más mínima importancia. Y el planteamiento de los personajes, anteponiendo su ficción, su engaño, ocultando su relación, sin preocuparse por el fin del mundo que se avecina… eso es de matrícula de honor.  

    Otra cosa que no se puede negar es que Vigalondo se autoreferencia continuamente. De hecho, basta con echar un ojo a su corto Domingo para ver que esta historia había nacido antes (Extraterrestre empieza una mañana de resaca dominical), pero es que el vídeo que graba al final el protagonista recuerda a otra de sus miniaturas (Te quiero), y el plano que cierra esta cinta es el mismo (básicamente) que el que cerraba su primer largo. Al igual que aquella, la historia se desarrolla en un par de decorados y con cinco personajes.

    Humor alienígena, absurdo, en una cinta en la que tienes que entrar desde el principio. Vigalondo algo descafeinado, pero que logra una película que enamora, que te hace reír, y con unos intérpretes en muy buena forma.

  • Lágrima a la fuerza

    1101TAN FUERTE, TAN CERCA

    Una de las cosas sin explicación de los Oscar de este año (amén de películas injustamente olvidadas, y otras inmerecidamente nominadas y hasta premiadas) estuvo motivado, una vez más, por ese sinsentido que se instauró hace un tiempo de colocar diez candidatas en la categoría principal (aunque este año fueron nueve) en vez de las cinco que hay en los demás premios, lo que da lugar, demasiadas veces, a hechos como el que le ocurrió a esta cinta, que sin tener una o ninguna otra nominación, era candidata a ser considerada la mejor película del año. Aunque, resultaba evidente, acabó yéndose de vacío.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (129′)
    Título original: Extremely loud, incredibly close.
    Dirección: Stephen Daldry.
    Producción: Scott Rudin.
    Guión:  Eric Roth, basado en la novela de Jonathan Safran Boer.  
    Fotografía: Chris Menges.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Claire Simpson.
    Intérpretes: Tom Hanks (Thomas Schell), Thomas Horn (Oskar Schell), Sandra Bullock (Linda Schell), Zoe Caldwell (Abuela de Oskar), Dennis Hearn (Pastor), Paul Klementowicz (Sin techo), Julian Tepper (Camarero), John Goodman (Stan, el portero), Max von Sidow (El inquilino), Viola Davis (Abby Black), Jeffrey Wright (William Black), Hazelle Goodman (Hazelle) .{/xtypo_code}

    En los últimos años Hollywood ha intentado llevar a cabo la gran película sobre las secuelas que en la población del país dejaron los terribles atentados del 11 de septiembre en el World Trade Center de Nueva York. La cinta de Stephen Daldry, basada en la novela de Safran Boer, es una más, la última hasta el momento. Y se puede afirmar sin temor que la espera tendrá que seguir, ya que esta extremadamente sensiblera Tan fuerte, tan cerca tampoco es esa gran película.

    Oskar es un niño de once años que queda destrozado tras la muerte de su padre en los atentados de las Torres Gemelas. Un año después de “el peor día” encuentra accidentalmente un sobre con una llave y con el nombre de Black escrito en él. Como hijo y padre organizaban ‘expediciones’ para ayudar a que el pequeño (con síndrome de Asperger) se relacionase con los demás, éste comenzará una búsqueda por toda la ciudad, entre todos los Black que encuentra en la guía telefónica, intentando encontrar qué abre la llave, qué mensaje le dejó su padre antes de irse.

    La historia es no sólo improbable sino inverosímil desde un principio. El niño (aunque se come a todos los compañeros de reparto, sobre todo a un Tom Hanks que en el último año ha tenido en su haber dos papeles malos-malos, este y el de Larry Crowne) resulta absolutamente insoportable, malencarado y altamente (con perdón) collejeable.

    Daldry se esmera, con insultante descaro, en hacer una película sensiblera y lacrimógena en cada plano. A pesar de que quiera parecer más profunda de lo que en realidad es. Porque la película no consigue que el espectador se emocione por la historia que cuenta (que a fuerza de insistir en lo mismo, de reiterar una y otra vez, acaba agobiando, cansando, exasperando), sino que cada plano está construido de modo que obliga al que lo ve a sentirse mal. Hay un momento en el que Max von Sidow le dice al niño que deje de torturarse, que no escuche una y otra vez los mensajes que dejó su padre en el contestador antes de morir… Sin embargo, es lo que Daldry hace durante toda la película con nosotros, una y otra vez. Se nos fuerza a la lágrima. De muy mala manera, además.