Categoría: La película

  • Una extraña pareja

    1301INTOCABLE

    Hay películas ‘pequeñas’ que llegan a ser grandes éxitos y que todo el mundo va a ver a las salas de cine. Hay dos explicaciones plausibles para estos casos. O bien, efectivamente, estamos ante una gran película, con potencial, con grandes dósis de calidad; o bien (el caso más abundante) la cinta no es tan buena, pero algo ocurre para que empiece a correr el boca a oreja, la bola va creciendo y el éxito es cada vez mayor, sin que uno termine de comprender muy bien por qué.

    {xtypo_code}Francia, 2011. (109′).
    Título original: Intouchables.
    Escrita y dirigida: Eric Toledano y Olivier Nakache.
    Producción: Nicolas Duval Adassovsky, Yann Zenou, Laurent Zeitoun.
    Fotografía: Mathieu Vadepied.
    Música: Ludovico Einaudi.
    Montaje: Dorian Rigal-Ansous.
    Intérpretes: Françoiz Cluzet (Philippe), Omar Sy (Driss), Anne Le Ny (Yvonne), Audrey Fleurot (Magalie), Clothilde Mollet (Marcelle), Alba Gaïa Bellugi (Elisa), Cyril Mendy (Adama), Christian Ameri (Albert), Marie-Laure Descoureaux (Chantal), Gregoire Oestermann (Antoine).{/xtypo_code}

    Intocable, el último ‘boom’ del cine francés (por cierto, ni idea de por qué el plural del título original ha pasado a ser singular aquí), estaría a medio camino de los dos casos anteriores. Podría asemejarse al hecho de beberse (de una sentada) una jarra de rebujito en la feria: es dulce, entra muy bien, todo es maravilloso y te ríes mucho, pero después te levantas, sales a la calle y a medida que pasan los minutos (se te sube a la cabeza) empiezas a ver que no todo es tan bonito.

    Basada en hechos reales, la película cuenta la historia de Philippe, un aristócrata que ha quedado tetrapléjico tras un accidente de parapente, y de Driss, un chico que vive en un barrio marginal, que es todo lo opuesto a Philippe, pero al que éste contrata como su asistente, sin que nadie entienda por qué. Contra todo pronóstico, entre ambos se forjará una profunda y sincera amistad.

    Intocable tiene, como digo, todos los elementos para gustar: una historia de cierta trascendencia, pero sin un tratamiento trascendente, un buen ritmo que mantiene la película siempre arriba, buen humor (incluso con ciertas dósis de comedia negra), buenas interpretaciones que hacen que sientas empatía por todos (repito, todos) los personajes, excelente banda sonora de Ludovico Einaudi (a lo que habría que sumar las composiciones clásicas y las varias muestras de música negra que disfrutamos)…

    Entonces, ¿cuál es el problema? Pues precisamente ese. Todo resulta tan obvio, con una estructura tan clásica, con una construcción del argumento y del montaje tan común, que no hay la más mínima sorpresa (si hasta nos insertan al final el típico plano con los protagonistas  de la vida real, para coger ese pellizquito en el espectador). Además, el guión falla en que no hay evolución, y deja muchos huecos sin explicar. La amistad está ahí casi desde el primer momento, casi desde el mismo instante en que Driss es contratado.

    Siendo la película más taquillera en Francia en mucho tiempo, y además un filme que ha recibido el beneplácito de casi toda la crítica, sorprende que únicamente Omar Sy recibiera el premio de la academia francesa (el César al mejor actor principal) de las nueve candidaturas que tenía la cinta. Pero claro, en frente tenía a la que realmente ha sido la mejor cinta francesa de la temporada, The Artist, y contra esta, poco había que hacer.

     

  • Made in Soderbergh

    0901INDOMABLE

    Tras haber declarado, hace un par de años, que se iba a retirar de la dirección, para hacer otras cosas, porque dirigir ya no le divertía, Steven Soderbergh parece que, o bien se ha arrepentido de sus palabras, o bien quiere decir adiós a lo grande.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (93′).
    Título original:  Haywire.
    Dirección: Steven Soderbergh.
    Producción: Gregory Jacobs.
    Guion: Lem Dobbs.
    Fotografía: Steven Soderbergh.
    Música: David Holmes.
    Montaje: Steven Soderbergh.
    Intérpretes: Gina Carano (Mallory Kane), Ewan McGregor (Kenneth), Channing Tatum (Aaron), Michael Angarano (Scott), Michael Douglas (Coblenz), Antonio Banderas (Rodrigo), Michael Fassbender (Paul), Matthieu Kassovitz (Studer), Bill Paxton (John Kane), Aaron Cohen (Jamie).{/xtypo_code}

    Digo esto porque a las tres películas que tiene en preparación (una ya en la fase de montaje, las otras en las primeras fases del proyecto) hay que sumar las otras tres que rodó el año pasado (La última vez que ví a Michael Gregg, aún sin fecha de estreno en España; Contagio, que vimos el pasado octubre; y esta Indomable, cinta que nos recuerda sin duda a su autor, que recupera modos y estilos ya utilizados en muchas de sus anteriores filmes).

    Para los seguidores de Soderbergh esta es una buena noticia, aunque sólo en parte. El montaje fragmentado, con constantes idas y venidas de una historia a otra, atrás y adelante en el tiempo, aportando la información con cuentagotas, para llegar al momento culminante, en el momento oportuno, es algo a lo que ya nos tiene acostumbrados, sea cual sea el género en el que se encuentre. Desde Traffic, a Ocean’s eleven, pasando por la infravalorada (quizás por ese estúpido título que tuvo la cinta en nuestro país) Un romance muy peligroso. Y aquí también usa y abusa de esas melodías cuasi-funkies que ya compuso su colaborador habitual (David Holmes) para la última de las mencionadas.

    La forma es buena, y mantendría al espectador pegado a la butaca, de no ser porque la historia no es nueva. Mallory, una agente encubierta (quizás ahí esté la novedad, que es una mujer) que es la mejor en su campo, tras una misión exitosa en Barcelona, es enviada por su jefe inmediatamente a un nuevo destino donde, cuando todo se tuerza, descubrirá que la han traicionado. Entonces tendrá que valerse de sus habilidades y no confiar en nadie para salir de la situación y vengarse.

    Indomable tiene buenos momentos, buenas escenas de acción (Gina Carano, la protagonista, que debuta en el cine con esta cinta, es luchadora profesional y eso, en las peleas, se nota), alguna que otra persecución notable, buen montaje y músicas (aunque estos sean los habituales del director y ya estén algo vistos), y un reparto con nombres bastante conocidos. Pero, lo dicho, el argumento está algo manido, y se ve venir desde lejos. Se nota, además, que se ha hecho con pocos medios. Es un decir, claro; para una producción de este calibre el presupuesto es escaso, unos 23 millones, que (por otro lado) son muchos comparados con cualquier otra filmografía. El problema es que esos millones no se ven en la pantalla (¿se los habrán gastado todos en el reparto?)

    Se salva porque es un puro entretenimiento, porque Soderbergh ha llevado al extremo la máxima que ha guiado su carrera, y es que él hace cine para divertirse. Y aunque ya sabemos cómo va a acabar la cosa, sobre todo viendo cómo se las gasta la muchacha, disfrutamos el camino. Que no es poco.

     

  • Vendiendo humo

    0901LA INVENCIÓN DE HUGO

    Basada en una exitosa novela juvenil, la nueva película de Martin Scorsese es la primera que rueda para un público menor (de edad) y la primera con la (tan común ahora) tecnología del 3D. Es, además, la cinta que más nominaciones a los Oscar acaparaba, un total de once, y de las que (finalmente) consiguió cinco, eso sí, salvo el de fotografía, el resto de los considerados menores (premios a la dirección artística, sonido, montaje de sonido y efectos visuales)

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (126′)
    Título original: Hugo.
    Dirección: Martin Scorsese.
    Producción: Johnny Depp, Tim Headington, Graham King, Martin Scorsese.
    Guión:  John Logan, basado en la novela de Brian Selznick.  
    Fotografía: Robert Richardson.
    Música: Howard Shore.
    Montaje: Thelma Schonnmaker.
    Intérpretes: Asa Butterfield (Hugo Cabret), Ben Kingsley (Georges Méliès), Chloë Grace Moretz (Isabelle), Sacha Baron Cohen (Inspector), Ray Winstone (Tío Claude), Emily Mortimer (Lisette), Christopher Lee (Monsieur Labisse), Helen McCrory (Mama Jeanne), Michael Stuhlbarg (Rene Tabard), Frances de la Tour (Madame Emilie), Richard Griffiths (Monsieur Frick), Jude Law (Padre de Hugo).{/xtypo_code}

    La historia nos habla de Hugo Cabret, un niño huérfano que vive escondido en la estación de Montparnasse de París, y cuyo deseo es arreglar un autómata que su padre recuperó de las entrañas de un museo. Pero necesita piezas que no tiene, y que roba del puesto de un viejo juguetero que le acaba descubriendo. Hugo contará con la ayuda de Isabelle, ahijada del viejo juguetero, para lograr su empeño, y cuando después descubra la identidad de éste intentará restituir su fama perdida.

    La historia en el libro parecía interesante, pero su traslación al cine… Para ser sinceros, si los cinco Oscar resultan excesivos para una cinta que no los merece, ni hablar ya de las once opciones de premio. La invención de Hugo es una película excesivamente blanda, dulce hasta el exceso, que si bien tiene un buen trabajo visual, con grandes efectos especiales y una dirección artística bastante notable, la historia no termina de enganchar, más bien al contrario, y los personajes son simples líneas, sobre todo los secundarios, que son estatuas, maniquíes que ni aportan, ni evolucionan, ni nada de nada (ejemplos hay muchos: la florista, la señora del café, su pretendiente, el librero…). Y el malo es un malo de charanga, de chiste. Hasta los tres protagonistas, los que llevan la historia y deberían tener (en teoría) mayor entidad, tienen sólo algunos rasgos destacables pero por norma general son simplísimos.

    La invención de Hugo es una cinta aburrida, sosa, que se apoya en su aparataje visual, pero que esconde vacío. Me resulta inconcebible tanto halago, tanta lisonja, y estoy convencido de que si la película hubiese sido dirigida por un desconocido habrían sido muchos palos los recibidos. Pero Scorsese tiene un nombre, y parece que sólo por ello todo lo que toca debe ser oro. Este no es el caso.

    La película tiene sólo un par de buenos momentos, el travelling de arranque y el descubrimiento de las viejas películas… Nada más, el resto es humo, que Martin Scorsese sabe vender bien, presentarlo con un bonito envoltorio que nos distraiga y no nos deje ver que nos está timando. Pretende ser un homenaje a los clásicos, a los comienzos del cinematógrafo en Europa (de hecho, era curioso ver cómo el mayor enfrentamiento en los Oscars era entre una película francesa que homenajeaba a los inicios del cine americano contra una cinta americana que homenajeaba los comienzos del cine en Francia), y en realidad lo consigue, ya que son precisamente esas imágenes, la de las primeras grabaciones, las creaciones (reales) del gran Méliès lo mejor de una cinta en la que se sale con la sensación de que se le prometía mucho más de lo que se le ha dado.

     

  • El dolor de una adicción

    1101SHAME

    La que fue (con el permiso de The artist) la mejor película que se proyectó en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla llega a las pantallas con fuerza. Aunque no se ha estrenado en demasiadas salas, todo apunta a que dejará huella. Al menos, debería hacerlo.

    {xtypo_code}Reino Unido, 2011. (110′)
    Título original: Shame.
    Director:  Steve McQueen.
    Producción: Iain Canning, Emile Sherman..
    Guión:  Steve McQueen, Abi Morgan.
    Fotografía: Sean Bobbitt.
    Música: Harry Escott.
    Montaje: Joe Walker.
    Intérpretes: Michael Fassbender (Brandon Sullivan), Carey Mulligan (Sissy Sullivan), James Badge Dale (David Fisher), Nicole Beharie (Marianne), Alex Manette (Steven), Hannah Ware (Samantha), Elizabeth Masucci (Elizabeth), Anna Rose Hopkins (Carly), Lucy Walters (Mujer en el metro) .{/xtypo_code}

    Estamos ante una de las cintas más opresivas, dolorosas y perturbadoras desde hace mucho. El modo en que Steve McQueen nos cuenta la historia, y las sobrecogedoras interpretaciones de dos fantásticos ‘hermanos’ (en la ficción, claro) como Michael Fassbender y Carey Mulligan son los responsables de ello.

    Shame nos cuenta la historia de Brandon, un ejecutivo treintañero neoyorkino, con una casa lujosa en Manhattan, un sólido trabajo, que se mueve como pez en el agua por los mejores restaurantes y locales de la ciudad, que gusta a las mujeres con las que trata a diario y a las desconocidas con las que se cruza en el metro o en un bar. Es un adicto al sexo, y cuando no está con una de sus conquistas en la cama, tiene sexo de pago, o bucea en mil páginas de internet, o se masturba compulsivamente en el baño de su oficina. Hasta que inesperadamente su hermana Sissy se presenta en su casa. Es una chica frágil, autodestructiva, que oculta un turbio secreto junto a su hermano. Desde ese momento, todo el universo de Brandon se vuelve del revés.

    Shame es una película compleja e intensa. El protagonista, a pesar de su aparente libertad sexual, vive encerrado en una cárcel, es preso de sus deseos, a los que no puede dominar y que son los que dirigen su vida, hasta sumirlo en una espiral de autodestrucción que no lo diferencia tanto de su hermana. De hecho, los dos personajes comparten mucho más. En realidad, los dos necesitan algo de amor, de cariño, sólo que él aún no lo sabe y sigue rehuyendo, siendo dominado por sus instintos animales que le causan un dolor, angustia, y le hacen sentirse solo. Su rostro desencajado en la última secuencia de sexo, es el más claro ejemplo.

    McQeen nos ofrece una cinta impecable, sobria, extrema, sobrecogedora y fantástica. Fassbender da todo un recital, vemos su rostro irse demacrando por el dolor, por la ansiedad; Mulligan nos regala una gran actuación (otra más). Y son varias las escenas en las que el corazón se encoge, como la conversación entre los dos hermanos con dibujos animados difuminados y en blanco y negro al fondo, o esa soberbia interpretación de ella del clásico New York, New York que nos desvela la humanidad de él, y que, con su ritmo pausado, es la escena más brillante y doliente del filme.

    Una película que no dejará indiferente a nadie, que te remueve por dentro, y a la que sólo se le puede poner un pero: que no se haya estrenado en versión original para poder disfrutarla al cien por cien en todo su esplendor. It’s a shame!!!

     

  • Spielberg es Spielberg

    1101CABALLO DE BATALLA

    Apenas unos meses después del estreno de su anterior película, Spielberg nos entrega una nueva muestra de su trabajo. Y Spielberg es Spielberg, quiero decir, que hace lo que le da la gana cuando le viene en gana. Si su anterior cinta (Las aventuras de Tintín) planteaba un nuevo modo de hacer cine, con una animación basada en la captura del movimiento de actores reales, con esta Caballo de batalla vuelve a un cine más clásico, tanto en su concepción como en su puesta en escena y creación. Eso sí, como aquella, esta presenta resultados desiguales.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (146′)
    Título original: War horse.
    Director:  Steven Spielberg.
    Producción: Kathleen Kennedy, Steven Spielberg.
    Guión:  Lee Hall, Richard Curtis, basado en la novela de Michael Morpurgo.
    Fotografía: Janusz Kaminski.
    Música: John Williams.
    Montaje: Michael Kahn.
    Intérpretes: Jeremy Irvine (Albert Narracott), Peter Mullan (Ted Narracott), Emily Watson (Rose Narracott), Niels Arestrup (Abuelo), David Thewlis (Lyons), Tom Hiddleston (Capitán Nicholls), Benedict Cumberbatch (Comandante Jamie Stewart), Celine Buckens (Emilie), David Kross (Gunther), Matt Milne (Andrew Easton), Robert Emms (David Lyons) .{/xtypo_code}

    Creada con la intención de contar una gran historia, de hacer y narrar una gran historia, la película tiene momentos verdaderamente mágicos que son innegables, momentos de gran cine, y en casi todos ellos está presente ese bello y noble animal que es el caballo protagonista de la historia (la fantástica huída furiosa y desbocada a través de las alambradas en tierra de nadie, o esa amistad entre el animal y su homónimo en el frente, o -con alguna salvedad- el fragmento con la niña que los encuentra en el molino), pero también tiene otros en los que el director recurre sin importarle lo más mínimo a la lágrima fácil, a lo extremadamente cursi, llegando a rozar el ridículo.

    La historia cuenta la amistad entre un muchacho y su caballo hasta que la guerra los acaba separando al llevarse el ejército al animal para que les sirva de ayuda en el frente. A partir de ahí, vivimos las vicisitudes del equino, sus cambios forzados de bando, sus huidas, sus amos, sus esfuerzos, su visión del horror de la guerra al fin.
    Caballo de batalla nos muestra al Spielberg más puro. Recurre a temas y tratamientos que ya ha usado a lo largo de su carrera. La guerra es tan cruenta o más como en Salvar al soldado Ryan, hay escenas de tanta acción como en su reciente Tintín (o, evidentemente, la trilogía de Indiana Jones), y tanta sensiblería como en ET. El problema es que todo resulta demasiado obvio, y no se le da al espectador la posibilidad de reflexionar, de sacar sus propias conclusiones.

    Ninguno de los personajes humanos termina de calar en el espectador, todos tienen algo que acaba repeliendo de algún modo. Incluso hay alguno que resulta tan típico que llega a exasperar del mismo modo que exasperaba aquel ser insoportable que era Jar Jar Binks (el del episodio I de La Guerra de las Galaxias).

    Película saturada de sentimentalismo, a veces extremo, con algún que otro momento mágico, creada  por la sabiduría de un Spielberg que sabe mejor que nadie cómo va esto del cine, y que sabe cómo mantener al espectador enganchado a una historia (que en el fondo es demasiado sencilla) durante más de dos horas para que, al final, no cuente (en realidad) nada nuevo, y pese a ello no salgamos defraudados de la sala.

     

  • Un espejo en el cielo

    1101KATMANDÚ

    Icíar Bollaín es uno de los exponentes más claros del cine español donde la conciencia social es prioritaria. Si nos olvidamos de su ópera prima, aquella Hola, ¿estás sola?, el resto de su filmografía está claramente orientada en ese sentido. Podríamos considerarla (salvando ciertas distancias) como la Ken Loach española (y de hecho, ambos tienen en común los guiones de Paul Laverty).

    {xtypo_code}España, 2011 (104′)
    Escrita y dirigida por:  Icíar Bollaín.
    Producción: Luis del Val, Larry Levene.
    Fotografía: Antonio Riestra.
    Música: Pascal Gaigne.
    Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
    Intérpretes: Verónica Echegui (Laia), Saumyata Bhattarai (Sharmila), Norbu Tsering Gurung (Tsering) .{/xtypo_code}

    Desde el  retrato del maltratador y su víctima de Te doy mis ojos, a la guerra del agua en Cochabamba junto a la barbarie de los conquistadores españoles en América de También la lluvia, pasando por las vicisitudes y las dificultades para sobrevivir de los inmigrantes en España de Flores de otro mundo. En esta ocasión, Bollaín se ha basado en las experiencias de la profesora catalana Victoria Subirana en Nepal para mostrarnos las difíciles condiones de vida del país, la imposibilidad de acceder a la educación de ciertos sectores de la población y el abuso y venta de niñas a burdeles.

    Laia es una joven maestra que llega a principios de los noventa a Katmandú como voluntaria en una escuela local. Allí descubrirá la pobreza y el desolador panorama que deja fuera del sistema a los más necesitados. Tras contraer un matrimonio de conveniencia que le permita legalizar su situación,  Laia se embarca en el ambicioso proyecto de crear una escuela en un barrio de chabolas de la ciudad.

    La cinta está repleta de buenas intenciones, pero no termina de convencer. La historia huele a melodrama barato de telenovela, los flash-backs son aburridos y sonrojantes y las secuencias dobladas son verdaderamente lamentables. Únicamente la tripleta de intérpretes, con una fantástica Verónica Echegui a la cabeza, una actriz que en pantalla queda de lo más natural y fresca, y que crece más y más a cada película que hace.

    Cierto que la puesta en escena está muy lograda, y que los paisajes son impresionantes, situando a Laia en decorados paradisíacos; cierto que la música tampoco está mal. Pero lo fundamental, la historia, no acompaña. Y el modo en que está contada, tampoco. La mayoría de elipsis (alguna demasiado larga) son muy bruscas, demasiado abruptas; algunas situaciones resultan forzadas. Y lo que es peor, el final, con esa mirada y esa media sonrisa de la protagonista, suena mal, suena muy mal, parece un “a rey muerto, rey puesto”. Y eso deja en muy mal lugar al personaje que hasta entonces nos ha llevado hasta allí, al personaje que nos ha enamorado.

     

  • Un espejo en el cielo

    1101KATMANDÚ

    Icíar Bollaín es uno de los exponentes más claros del cine español donde la conciencia social es prioritaria. Si nos olvidamos de su ópera prima, aquella Hola, ¿estás sola?, el resto de su filmografía está claramente orientada en ese sentido. Podríamos considerarla (salvando ciertas distancias) como la Ken Loach española (y de hecho, ambos tienen en común los guiones de Paul Laverty).

    {xtypo_code}España, 2011 (104′)
    Escrita y dirigida por:  Icíar Bollaín.
    Producción: Luis del Val, Larry Levene.
    Fotografía: Antonio Riestra.
    Música: Pascal Gaigne.
    Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
    Intérpretes: Verónica Echegui (Laia), Saumyata Bhattarai (Sharmila), Norbu Tsering Gurung (Tsering) .{/xtypo_code}

    Desde el  retrato del maltratador y su víctima de Te doy mis ojos, a la guerra del agua en Cochabamba junto a la barbarie de los conquistadores españoles en América de También la lluvia, pasando por las vicisitudes y las dificultades para sobrevivir de los inmigrantes en España de Flores de otro mundo. En esta ocasión, Bollaín se ha basado en las experiencias de la profesora catalana Victoria Subirana en Nepal para mostrarnos las difíciles condiones de vida del país, la imposibilidad de acceder a la educación de ciertos sectores de la población y el abuso y venta de niñas a burdeles.

    Laia es una joven maestra que llega a principios de los noventa a Katmandú como voluntaria en una escuela local. Allí descubrirá la pobreza y el desolador panorama que deja fuera del sistema a los más necesitados. Tras contraer un matrimonio de conveniencia que le permita legalizar su situación,  Laia se embarca en el ambicioso proyecto de crear una escuela en un barrio de chabolas de la ciudad.

    La cinta está repleta de buenas intenciones, pero no termina de convencer. La historia huele a melodrama barato de telenovela, los flash-backs son aburridos y sonrojantes y las secuencias dobladas son verdaderamente lamentables. Únicamente la tripleta de intérpretes, con una fantástica Verónica Echegui a la cabeza, una actriz que en pantalla queda de lo más natural y fresca, y que crece más y más a cada película que hace.

    Cierto que la puesta en escena está muy lograda, y que los paisajes son impresionantes, situando a Laia en decorados paradisíacos; cierto que la música tampoco está mal. Pero lo fundamental, la historia, no acompaña. Y el modo en que está contada, tampoco. La mayoría de elipsis (alguna demasiado larga) son muy bruscas, demasiado abruptas; algunas situaciones resultan forzadas. Y lo que es peor, el final, con esa mirada y esa media sonrisa de la protagonista, suena mal, suena muy mal, parece un “a rey muerto, rey puesto”. Y eso deja en muy mal lugar al personaje que hasta entonces nos ha llevado hasta allí, al personaje que nos ha enamorado.

     

  • Casi una hagiografía

    1101J. EDGAR

    El Clint Eastwood director está muy lejos de las maneras rudas del Clint Eastwood actor más conocido (aunque también tiene papeles más sensibles). Con su última película, J. Edgar, lo demuestra una vez más. El veterano director, que en esta ocasión se queda detrás de la cámara, es fiel a su estilo, y a pesar de que el personaje no es precisamente de los que despiertan las simpatías de todo el mundo, se muestra respetuoso con un tema que podría resultar potencialmente escandaloso.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (137′)
    Dirección: Clint Eastwood.
    Producción: Clint Eastwood, Brian Grazer, Ron Howard, Robert Lorenz.
    Guión:  Dustin Lance Black.  
    Fotografía: Tom Stern.
    Música: Clint Eastwood.
    Montaje: Joel Cox, Gary Roach.
    Intérpretes: Leonardo DiCaprio (J. Edgar Hoover), Naomi Watts (Helen Gandy), Josh Hamilton (Robert Irwin), Judi Dench (Anna Marie Hoover), Armie Hammer (Clyde Tolson), Ed Westwick (Agente Smith), Dermot Mulroney (Coronel Schwarzkopf), Josh Lucas (Charles Lindberg), Lea Thompson (Lela Rogers), Jeffrey Donovan (Robert Kennedy), Stephen Root (Arthur Koehler).{/xtypo_code}

    John Edgar Hoover es una de las figuras claves de la historia del siglo XX. Durante casi medio siglo dirigió el FBI, sobreviviendo en su puesto a ocho presidentes del país, y a tres guerras, utilizando métodos despiadados en ocasiones, y aprovechando todo el poder del que disponía para luchar contra amenazas reales o no, saltándose las reglas en muchas ocasiones para lograr sus objetivos. A pesar de que persiguió a muchos, con métodos poco aceptables, su vida privada siempre fue un misterio, y estuvo rodeado de rumores que nunca se pudieron confirmar.
    Eastwood ha tomado el camino más difícil. Lo fácil hubiera sido hacer un retrato furibundo de un personaje oscuro, que lo fue, mostrando todas sus ‘maldades’, pero se decide a darle la voz principal a él, y que sea el propio Hoover el que cuente su historia, cómo llegó desde ser un simple ayudante en una oficina federal, a conseguir crear la mayor y principal sede del poder del planeta, un lugar donde se conocían y guardaban los secretos de los poderosos, que el mismísimo Hoover utilizaba para lograr sus objetivos.

    La prepotencia y megalomanía de Hoover queda, a veces, eclipsada por unos hechos que parecen ensalzarlo como un visionario. Sin embargo, es en los momentos de intimidad, donde se nos muestra lo que el personaje no cuenta, donde la película gana interés y donde posee su punto fuerte.

    J. Edgar es una cinta con muchas capas, una película extremadamente ambiciosa y compleja, quizás por eso también fallida. A pesar de su poderosa presencia, del interés de lo que se cuenta, de las portentosas interpretaciones de sus protagonistas (Judi Dench, como siempre, además de Naomi Watts y un sorprendente Leonardo DiCaprio, aunque sufre un exceso de maquillaje que en ocasiones perjudica más que beneficia, porque es tan evidente que te saca de la historia), la película termina, en muchos momentos, por agotar, por resultar excesivamente morosa, y la inmensa cantidad de datos que se dan tampoco ayuda.

    Pese a todo, uno tiene la sensación de que Eastwood ha hecho la mejor película que se podía hacer sobre el personaje, ya que en otras manos el resultado hubiera sido muy distinto, y (por supuesto) bastante peor.

     

     

  • Casi una hagiografía

    1101J. EDGAR

    El Clint Eastwood director está muy lejos de las maneras rudas del Clint Eastwood actor más conocido (aunque también tiene papeles más sensibles). Con su última película, J. Edgar, lo demuestra una vez más. El veterano director, que en esta ocasión se queda detrás de la cámara, es fiel a su estilo, y a pesar de que el personaje no es precisamente de los que despiertan las simpatías de todo el mundo, se muestra respetuoso con un tema que podría resultar potencialmente escandaloso.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (137′)
    Dirección: Clint Eastwood.
    Producción: Clint Eastwood, Brian Grazer, Ron Howard, Robert Lorenz.
    Guión:  Dustin Lance Black.  
    Fotografía: Tom Stern.
    Música: Clint Eastwood.
    Montaje: Joel Cox, Gary Roach.
    Intérpretes: Leonardo DiCaprio (J. Edgar Hoover), Naomi Watts (Helen Gandy), Josh Hamilton (Robert Irwin), Judi Dench (Anna Marie Hoover), Armie Hammer (Clyde Tolson), Ed Westwick (Agente Smith), Dermot Mulroney (Coronel Schwarzkopf), Josh Lucas (Charles Lindberg), Lea Thompson (Lela Rogers), Jeffrey Donovan (Robert Kennedy), Stephen Root (Arthur Koehler).{/xtypo_code}

    John Edgar Hoover es una de las figuras claves de la historia del siglo XX. Durante casi medio siglo dirigió el FBI, sobreviviendo en su puesto a ocho presidentes del país, y a tres guerras, utilizando métodos despiadados en ocasiones, y aprovechando todo el poder del que disponía para luchar contra amenazas reales o no, saltándose las reglas en muchas ocasiones para lograr sus objetivos. A pesar de que persiguió a muchos, con métodos poco aceptables, su vida privada siempre fue un misterio, y estuvo rodeado de rumores que nunca se pudieron confirmar.
    Eastwood ha tomado el camino más difícil. Lo fácil hubiera sido hacer un retrato furibundo de un personaje oscuro, que lo fue, mostrando todas sus ‘maldades’, pero se decide a darle la voz principal a él, y que sea el propio Hoover el que cuente su historia, cómo llegó desde ser un simple ayudante en una oficina federal, a conseguir crear la mayor y principal sede del poder del planeta, un lugar donde se conocían y guardaban los secretos de los poderosos, que el mismísimo Hoover utilizaba para lograr sus objetivos.

    La prepotencia y megalomanía de Hoover queda, a veces, eclipsada por unos hechos que parecen ensalzarlo como un visionario. Sin embargo, es en los momentos de intimidad, donde se nos muestra lo que el personaje no cuenta, donde la película gana interés y donde posee su punto fuerte.

    J. Edgar es una cinta con muchas capas, una película extremadamente ambiciosa y compleja, quizás por eso también fallida. A pesar de su poderosa presencia, del interés de lo que se cuenta, de las portentosas interpretaciones de sus protagonistas (Judi Dench, como siempre, además de Naomi Watts y un sorprendente Leonardo DiCaprio, aunque sufre un exceso de maquillaje que en ocasiones perjudica más que beneficia, porque es tan evidente que te saca de la historia), la película termina, en muchos momentos, por agotar, por resultar excesivamente morosa, y la inmensa cantidad de datos que se dan tampoco ayuda.

    Pese a todo, uno tiene la sensación de que Eastwood ha hecho la mejor película que se podía hacer sobre el personaje, ya que en otras manos el resultado hubiera sido muy distinto, y (por supuesto) bastante peor.

     

     

  • Clooney va tirando

    1101Los descendientes

    A pesar de que es uno de los intérpretes que más éxito obtienen en taquilla, a pesar de que no sólo hace filmes tópicos y rentables sino que también se embarca en proyectos menos ambiciosos y más serios, y a pesar de que es también un director comprometido, que dirige cintas de hondo calado, a pesar de todo ello digo, todavía hay muchos que no soportan a George Clooney, que creen que está sobrevalorado, y que simplemente es una cara, que no tiene nada que aportar como actor o como director.

    {xtypo_code}Título original: The descendants.
    Director: Alexander Payne.
    Producción: Jim Burke, Alexander Payne, Jim Taylor.
    Guión: Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash, basado en la novela de Kaui Hart Hemming.
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música: Dondi Bastone.
    Montaje: Kevin Tent.
    Intérpretes: George Clooney (Matt King), Shailene Woodley (Alexandra), Beau Bridges (Primo Hugh), Robert Forster (Scott), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Nick Krause (Sid), Amara Miller (Scottie), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell), Patricia Hastie (Elizabeth King).{/xtypo_code}

    O mejor dicho, había. Porque casi todos los que así pensaban han tenido que claudicar, y terminar reconociendo que el papel del intérprete en esta fantástica historia que nos ha regalado el también gran director (y también infravalorado) Alexander Payne.

    Y es que esta cinta está consiguiendo una casi total unanimidad, y ya lleva casi cuarenta premios, incluyendo dos Globos de Oro, al mejor actor y a la mejor película dramática. Y lo que es mejor es que son merecidos.

    Payne mezcla drama con comedia sin que nos suene a algo extraño, consiguiendo que todo sea verosímil, que nos lo creamos. La historia se sitúa en un Hawaii alejado de la imagen de paraíso idílico al que estamos acostumbrados, con una luz melancólica y las piscinas llenas de las hojas muertas del otoño. Y esa melancolía se traslada a los protagonistas, que están sencillamente increíbles.

    Matt King es un padre de familia que se ve obligado a cambiar su vida y ocuparse de sus dos hijas, Scottie y Alexandra, con las que hasta entonces no tenía demasiado trato, tras un grave accidente de su mujer que la deja en coma. Todo ello a la vez que se enfrenta a la complicada decisión de vender unos terrenos pertenecientes a su familia y que son el último vestigio de lo que de naturaleza virgen queda en las islas. Mientras intenta encauzar su relación con la rebelde Alexandra, esta le suelta una noticia bomba que hará que Matt empiece a ver con ojos nuevos su vida.

    El personaje que interpreta George Clooney, que aunque ha tenido buenos trabajos nunca ha estado mejor que en este, sigue en la senda de los que hasta la fecha han protagonizado las películas de Alexander Payne. Tiene mucho del Paul Giamatti de Entre copas, y del Matthew Broderick de la gran Election. Es un hombre desconcertado que busca su lugar en un mundo enloquecido, con sus altibajos, sus alegrías y sus desgracias.

    Clooney está soberbio, creíble. Pero no es el único, el verdadero descubrimiento de la cinta es la joven Shailene Woodley, una actriz que ya ha conseguido una nominación a los Globos de Oro, tendrá una a los Oscar, y dará que hablar en los próximos años.

    Es una comedia madura, un estudio del carácter cordial de la gente común, una disección del hombre varado (que viene de atrás, de películas anteriores, ya  mencionadas). Ha merecido la espera de siete años para ver lo último de este gran director, este regalo que nos ha hecho Payne, una película sobre la pérdida, la confusión y el ir tirando.