Categoría: La película

  • Estudio del proceso creativo

    1901EL ARTISTA Y LA MODELO

    Filmada en blanco y negro, sin banda sonora, Fernando Trueba ha rodado la que es su mejor película en mucho, mucho tiempo. La cinta le ha servido para ganar el premio al mejor director en el recientemente concluido Festival de Cine de San Sebastián, y era una de las candidatas a ser nominada por nuestro país para competir por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa (la cinta, a pesar de ser española, está rodada casi en su integridad en francés). Finalmente no fue la elegida, aunque quizás fuese la que más posibilidades tenía de acabar, al menos, con la nominación, ya que la Blancanieves de Berger que ha resultado seleccionada está envuelta en la polémica animalista y puede verse, además, lastrada por el éxito, el pasado año, de The artist.

    {xtypo_code}España, 2012 (105′)
    Director: Fernando Trueba.
    Producción: Cristina Huete.
    Guión: Fernando Trueba, Jean-Claude Carrière.
    Fotografía: Daniel Vilar.
    Montaje: Marta Velasco.  
    Intérpretes: Jean Rochefort (Marc Cros), Aida Folch (Mercè), Claudia Cardinale (Léa), Götz Otto (Werner), Chus Lampreave (María), Christian Sinniger (Emile), Martin Gamet (Pierre).{/xtypo_code}

    La cinta transcurre en un pueblo de los Pirineos franceses en plena Segunda Guerra Mundial. Está protagonizada por un viejo escultor, que hace tiempo que dejó de trabajar, pero que sigue buscando la Idea definitiva que le ayude a crear su obra maestra, y una joven española huída del franquismo que es rescatada y ayudada por la mujer del anciano, y que se convierte en su nueva musa. El artista y la modelo narra la bella relación que nace y se desarrolla entre ambos, en la que los dos aprenden y enseñan, se nutren y se muestran (Jean Rochefort y Aida Folch están magníficos), y sobre el lento y detallista proceso creativo, del boceto a la piedra, desde que surge la idea hasta que surge algo tangible. O dicho de otro modo, la versión escultórica de la hermosa y pictórica La bella mentirosa (Rivette, 1991)

    Fernando Trueba hizo debutar a Aida Folch, cuando esta era aún una quinceañera, en El embrujo de Shanghai. Ahora, unos años después, director y actriz vuelven a coincidir en una hermosa película (que, no obstante, también tiene sus carencias), en la que el realizador recorre la anatomía de Aida, que se muestra sin pudor durante casi todo el metraje, en el papel más difícil y más redondo de su corta carrera.

    El artista y la modelo es una película fundamentalmente estética, artística, si bien es cierto que en algunos momentos se pierde en disertaciones pedantes que la lastran ligeramente. La historia está narrada con mimo, con amor, y con el ritmo cadente que el tema necesita. Es una película sugerente, emotiva, hermosa, alegre y trágica. Con grandes presencias (a las de Rochefort y Folch, habría que sumar las de Cardinale y Lampreave). Una cinta arriesgada y ambiciosa, que le ha salido bien a Trueba, lo mejor que ha hecho el director desde Belle epoque.

     

  • Allen es Allen

    Es llegar el otoño y estrenarse la nueva película de Woody Allen. No falla. Es la cita ineludible de cada año, que muchos esperamos como agua de mayo porque, aunque a veces no alcance el genio del que es capaz y que muchas veces nos ha enamorado, Allen siempre es Allen, y  siempre estará por encima de la morralla que nos hacen tragar los grandes estudios cada semana. Aquí, el maestro de Manhattan se presta a otra de sus cintas de viajes (a las que se ha entregado en los últimos años, ya que en Hollywood no parecen estar muy por la labor de financiarle) y se marcha a Roma, la ciudad eterna, presentándonos muchos de los tópicos sobre sus habitantes y realizando un compendio de postales turísticas en las que inserta a sus personajes, en unas ocasiones con más acierto que otras, y utilizando el cine de episodios que tan típico fue del cine italiano hace unas décadas.
    Son cuatro las historias que mezcla Allen en el filme, que intenta tejer un tapiz de relaciones y sentimientos en la capital italiana. La de un hombre que canta ópera como los dioses, pero sólo en la ducha, y un músico jubilado intenta convencerlo para llevarle a los escenarios, mientras sus respectivos hijos preparan su boda; la de una pareja de recién casados de provincias que llega a la capital para intentar conseguir trabajo en la empresa de los remilgados tíos de él; la de una joven pareja de americanos que recibe la visita de la deshinibida amiga de ella y dinamitará la relación; y la de un hombre normal que empieza a ser perseguido por la prensa, las cámaras, y a ser conocido por todo el mundo, sin que haya hecho nada para ello.
    Woody Allen ha llegado a un momento en el que hace lo que le sale de las narices, sin preocuparse de nada más. En realidad siempre lo ha hecho. Aunque en los últimos años es aún más evidente si cabe. En esta cinta se permite rodar con desgana en ciertos momentos. A veces un poco deslavazadamente. Con argumentos que rozan lo inverosímil. Manejando el tiempo a su antojo, y como mejor le venga en cada situación.
    A pesar de que las cuatro historias están narradas en paralelo, yendo simultáneamente de una a otra, en realidad no suceden así. Es más, ni siquiera tienen la misma duración (la historia de los recién casados, por ejemplo, transcurre en un sólo día; la de la pareja de enamorados y sus padres (el cantante y el músico jubilado, en unos pocos meses). Pero el personaje más curioso (por el tratamiento que se le da) es el que interpreta Alec Baldwin: un reputado arquitecto en vacaciones, que vivió en Roma treinta años atrás, que se encuentra con Jesse Eisenberg, estudiante de arquitectura, convirtiéndose  en una especie de Pepito Grillo, en la voz de su conciencia, en su ángel de la guarda, a la vez que de los demás personajes que le rodean. Porque es su vida la que está reviviendo.
    Y esta es la clave. Aunque tiene algunos momentos divertidos, al espectador le ocurre como a Baldwin, que todo suena terriblemente a ya visto, siempre hay una sensación de déjà-vu que no nos abandona en ningún momento.

    1501A ROMA CON AMOR

    Es llegar el otoño y estrenarse la nueva película de Woody Allen. No falla. Es la cita ineludible de cada año, que muchos esperamos como agua de mayo porque, aunque a veces no alcance el genio del que es capaz y que muchas veces nos ha enamorado, Allen siempre es Allen, y  siempre estará por encima de la morralla que nos hacen tragar los grandes estudios cada semana.

     

    {xtypo_code} España-Italia-Estados Unidos, 2012 (111′)

    Título original: To Rome with love.

    Escrita y dirigida: Woody Allen.

    Producción: Faruk Alatan, Letty Aronson, Giampaolo Letta, Stephen Tenenbaum.

    Fotografía: Darius Khondji.

    Montaje: Alisa Lepselter.

    Intérpretes: Woody Allen (Jerry), Judy Davis (Phyllis), Alison Pill (Hayley), Flavio Parenti (Michelangelo), Fabio Armiliato (Giancarlo), Roberto Benigni (Leopoldo), Monica Napo (Sofia), Sergio Solli (Chófer), Marta Zoffoli (Marisa Raguso), Alessandro Tiberi (Antonio), Alessandra Mastronardi (Milly), Penélope Cruz (Anna), Antonio Albanese (Luca Salta), Ornella Muti (Pia Fusari), Roberto Della Casa (Tío Paolo), Ariella Reggio (Tía Rita), Jesse Eisenberg (Jack), Alec Baldwin (John), Ellen Page (Monica), Greta Gerwig (Sally), Carol Alt  (Carol).{/xtypo_code}

     

    Aquí, el maestro de Manhattan se presta a otra de sus cintas de viajes (a las que se ha entregado en los últimos años, ya que en Hollywood no parecen estar muy por la labor de financiarle) y se marcha a Roma, la ciudad eterna, presentándonos muchos de los tópicos sobre sus habitantes y realizando un compendio de postales turísticas en las que inserta a sus personajes, en unas ocasiones con más acierto que otras, y utilizando el cine de episodios que tan típico fue del cine italiano hace unas décadas.

    Son cuatro las historias que mezcla Allen en el filme, que intenta tejer un tapiz de relaciones y sentimientos en la capital italiana. La de un hombre que canta ópera como los dioses, pero sólo en la ducha, y un músico jubilado intenta convencerlo para llevarle a los escenarios, mientras sus respectivos hijos preparan su boda; la de una pareja de recién casados de provincias que llega a la capital para intentar conseguir trabajo en la empresa de los remilgados tíos de él; la de una joven pareja de americanos que recibe la visita de la deshinibida amiga de ella y dinamitará la relación; y la de un hombre normal que empieza a ser perseguido por la prensa, las cámaras, y a ser conocido por todo el mundo, sin que haya hecho nada para ello.

    Woody Allen ha llegado a un momento en el que hace lo que le sale de las narices, sin preocuparse de nada más. En realidad siempre lo ha hecho. Aunque en los últimos años es aún más evidente si cabe. En esta cinta se permite rodar con desgana en ciertos momentos. A veces un poco deslavazadamente. Con argumentos que rozan lo inverosímil. Manejando el tiempo a su antojo, y como mejor le venga en cada situación.

    A pesar de que las cuatro historias están narradas en paralelo, yendo simultáneamente de una a otra, en realidad no suceden así. Es más, ni siquiera tienen la misma duración (la historia de los recién casados, por ejemplo, transcurre en un sólo día; la de la pareja de enamorados y sus padres (el cantante y el músico jubilado, en unos pocos meses). Pero el personaje más curioso (por el tratamiento que se le da) es el que interpreta Alec Baldwin: un reputado arquitecto en vacaciones, que vivió en Roma treinta años atrás, que se encuentra con Jesse Eisenberg, estudiante de arquitectura, convirtiéndose  en una especie de Pepito Grillo, en la voz de su conciencia, en su ángel de la guarda, a la vez que de los demás personajes que le rodean. Porque es su vida la que está reviviendo.Y esta es la clave. Aunque tiene algunos momentos divertidos, al espectador le ocurre como a Baldwin, que todo suena terriblemente a ya visto, siempre hay una sensación de déjà-vu que no nos abandona en ningún momento.

     

  • Innecesaria nueva versión

    Una vez más, y ya hemos perdido la cuenta, los estudios de Hollywood se embarcan en el proyecto de versionar una película que ellos mismos hicieron hace un par de décadas (no sabemos cuál será la próxima, pero seguro que será muy pronto). Posiblemente debamos la existencia de esta Desafio total a que va dirigida a un público que desconoce la original y que sólo sabe de Schwarzenegger como ex-gobernador de California metido ahora a actor con la saga Los mercenarios.
    Pero los que ya tenemos una edad y vimos hace mucho la original, esta historia no nos pilla de nuevas. A pesar de los cambios (algunos de embergadura) realizados en la historia, cambiando el lugar de la acción (pasando de Marte a Londres); fundiendo personajes, haciendo desaparecer a algunos y que otros cobren mayor protagonismo; dando más importancia aún a las escenas de pelea y persecución…
    En un futuro en el que casi todo el planeta ha desaparecido y sólo permanecen la Unión Federal Británica y la Colonia (la actual Australia), unidas por la Catarata (un transporte que las conecta atravesando el núcleo terrestre), Doug Quaid es un obrero felizmente casado pero aburrido de su monótona vida, que decide acudir a Rekall, una empresa que inserta recuerdos en la memoria, para crearse una ‘vida’ que le satisfaga. Pero en pleno procedimiento algo sale mal y se ve perseguido por la policía, confundiendo fantasía y realidad, y luchando junto a la fugitiva Melina contra el canciller Coohagen.
    Las comparaciones son odiosas, aunque necesarias a veces. Si bien es cierto que en este Desafío total que ha dirigido Les Wiseman hay un mayor empaque visual, más potencia en las acciones de lucha y persecuciones, y que Colin Farrell es mejor actor (y resulta más creíble en el papel ) que Arnold Schwarzenegger, tenía la difícil tarea de superar (o igualar, al menos) la mítica cinta que creó Verhoeven hace veintidós años. Y no lo logra. De aquella, incluso años después, había imágenes, momentos, extravagancias que seguían en la mente (el líder de la resistencia alojado en el vientre de un seguidor, la transformación de la señora en la cola de seguridad, la enana del prostíbulo…). En esta, en cambio, no existe una imagen que vaya a perdurar en la memoria, ni un sólo momento capaz de convertirse en mítico para los fans del género.
    Aunque Wiseman tiene la suerte de contar con buenos actores (Farrell y Beckinsale, con quien está casado, doble suerte), y de partir de una historia, la que pergeñó Philip K. Dick y sobre la que se inspiraron las dos versiones de Desafío total, basada en identidades que se escurren, paranoias y realidades virtuales, que es aún más vigente hoy día que cuando Verhoeven dirigió la primera. Acción que se ve con facilidad, pero que no quedará en la memoria por mucho tiempo.

    1501TOTAL RECALL (DESAFÍO TOTAL)

    Una vez más, y ya hemos perdido la cuenta, los estudios de Hollywood se embarcan en el proyecto de versionar una película que ellos mismos hicieron hace un par de décadas (no sabemos cuál será la próxima, pero seguro que será muy pronto). Posiblemente debamos la existencia de esta Desafio total a que va dirigida a un público que desconoce la original y que sólo sabe de Schwarzenegger como ex-gobernador de California metido ahora a actor con la saga Los mercenarios.

    {xtypo_code} Estados Unidos-Canadá, 2012, (118′)

    Director: Len Wiseman.

    Producción: Toby Jaffe, Neal H.Moritz.

    Guión:  Kurt Wimmer, Mark Bomback, basado en el relato de Philip K. Dick.

    Fotografía: Paul Cameron.

    Música: Harry Gregson-Wagner.

    Montaje:  Christian Wagner.

    Intérpretes: Colin Farrell (Douglas Quaid / Hauser), Kate Beckinsale (Lori Quaid), Jessica Biel (Melina), Bryan Cranston (Coohagen), Bokeem Woodbine (Harry), Bill Nighy (Matthias), John Cho (McClane), Will Yun Lee (Marek).{/xtypo_code}

    Pero los que ya tenemos una edad y vimos hace mucho la original, esta historia no nos pilla de nuevas. A pesar de los cambios (algunos de embergadura) realizados en la historia, cambiando el lugar de la acción (pasando de Marte a Londres); fundiendo personajes, haciendo desaparecer a algunos y que otros cobren mayor protagonismo; dando más importancia aún a las escenas de pelea y persecución…En un futuro en el que casi todo el planeta ha desaparecido y sólo permanecen la Unión Federal Británica y la Colonia (la actual Australia), unidas por la Catarata (un transporte que las conecta atravesando el núcleo terrestre), Doug Quaid es un obrero felizmente casado pero aburrido de su monótona vida, que decide acudir a Rekall, una empresa que inserta recuerdos en la memoria, para crearse una ‘vida’ que le satisfaga. Pero en pleno procedimiento algo sale mal y se ve perseguido por la policía, confundiendo fantasía y realidad, y luchando junto a la fugitiva Melina contra el canciller Coohagen.

     

    Las comparaciones son odiosas, aunque necesarias a veces. Si bien es cierto que en este Desafío total que ha dirigido Les Wiseman hay un mayor empaque visual, más potencia en las acciones de lucha y persecuciones, y que Colin Farrell es mejor actor (y resulta más creíble en el papel ) que Arnold Schwarzenegger, tenía la difícil tarea de superar (o igualar, al menos) la mítica cinta que creó Verhoeven hace veintidós años. Y no lo logra. De aquella, incluso años después, había imágenes, momentos, extravagancias que seguían en la mente (el líder de la resistencia alojado en el vientre de un seguidor, la transformación de la señora en la cola de seguridad, la enana del prostíbulo…).

    En esta, en cambio, no existe una imagen que vaya a perdurar en la memoria, ni un sólo momento capaz de convertirse en mítico para los fans del género.Aunque Wiseman tiene la suerte de contar con buenos actores (Farrell y Beckinsale, con quien está casado, doble suerte), y de partir de una historia, la que pergeñó Philip K. Dick y sobre la que se inspiraron las dos versiones de Desafío total, basada en identidades que se escurren, paranoias y realidades virtuales, que es aún más vigente hoy día que cuando Verhoeven dirigió la primera. Acción que se ve con facilidad, pero que no quedará en la memoria por mucho tiempo.

  • Olor a naftalina

    Nunca he sido muy seguidor del cine de José Luis Garci, he de reconocerlo. Pero antes de dar carpetazo a la “relación” tenía que concederle una última oportunidad. Y la visión del español sobre el detective más famoso de todos los tiempos (que se preveía radicalmente opuesta a la de Guy Ritchie) podía ser un buen momento para la reconciliación, o para el buen entendimiento al menos. Pero nada más lejos de la realidad. El resultado es una película aburrida, morosa, lenta, que invita al bostezo, a pesar de que tiene un par de llamadas a la sonrisa, por hacerlo muy a su pesar.
    Sherlock Holmes tiene unos sueños que se repiten en los que ve calles que nunca ha pisado, personas que no conoce, y asesinatos que nunca ha investigado. Tienen lugar en Madrid. Y tienen un sorprendente parecido con los cometidos tiempo atrás por Jack el Destripador. Así que convence a su fiel amigo, el doctor Watson (que se ha casado en segundas nupcias recientemente) para acudir a la capital de España, conocer de primera mano los casos y ayudar en lo que pueda (a pesar,  esto no se dice en la peli, de que Holmes jamás resolvió los asesinatos ocurridos en Londres).
    La película es todo un despropósito, un absoluto sinsentido, un pastiche insoportable que (por si fuera poco) dura más de dos interminables horas. Un guion que no se sostiene en pie, empezando con Holmes y Watson hablando un perfecto español, salpicado sólo ocasionalmente con alguna que otra frase en un inglés excesivamente académico (incomprensible el por qué no hacen lo contrario), y aludiendo a cocidos, porras, jamón, folclore y toros, y terminando con el hecho de que no investigan nada, y que las “pistas” simplemente van apareciendo, mientras ellos se dedican a ir a fiestas, cabarets, cenas, y a mezclarse con lo más nutrido de la sociedad madrileña de la época.
    Además, las interpretaciones son más que flojas, y hay personajes que no hay por donde cogerlos. Algunos diálogos son delirantes y no hacen más que subrayar los tópicos más rancios. El montaje es absurdo, con fundidos y transiciones que dejaron de estar de moda hace ya mucho. Todo, absolutamente todo es anacrónico. Es un cine que no se hace desde hace décadas y que suena a rancio desde los primeros minutos.
    De lo más malo que hemos visto en mucho tiempo, incluyendo esos mensajes ‘subliminales’ con esas conversaciones en defensa de la “fiesta nacional”, o esa aparición ‘estelar’ del ministro de justicia Alberto Ruiz-Gallardón (cuyo hijo, por cierto, es meritorio de dirección de la cinta) como Isaac Albéniz (con la barba falsa más horrible que se pueda encontrar), aparición sólo superada por aquella del ex-presidente del F.C. Barcelona Joan Gaspart en la también infumable Tierra de Cañones.
    Holmes y Watson, Madrid days es una insoportable, extremadamente larga, acartonada, anacrónica, lenta, fosilizada e involuntariamente cómica historia que apenas se mantiene en pie más allá de sus primeros tres minutos.

    1501HOLMES & WATSON: MADRID DAYS

    Nunca he sido muy seguidor del cine de José Luis Garci, he de reconocerlo. Pero antes de dar carpetazo a la “relación” tenía que concederle una última oportunidad. Y la visión del español sobre el detective más famoso de todos los tiempos (que se preveía radicalmente opuesta a la de Guy Ritchie) podía ser un buen momento para la reconciliación, o para el buen entendimiento al menos. Pero nada más lejos de la realidad.

     

    {xtypo_code} España, 2012. (131′)

    Director: José Luis Garci.

    Producción: José Luis Garci.

    Guión: José Luis Garci, María San Román Riveiro, Andrea Tenuta, Eduardo Torres-Dulce.

    Fotografía: Javier Palacios.

    Música: Pablo Cervantes.

    Montaje: José Luis Garci.

    Intérpretes: Gary Piquer (Sherlock Holmes), José Luis García Pérez (John Watson), Leticia Dolera (Mary Watson), Macarena Gómez (Berna), Víctor Clavijo (Josito Alcántara), Belén López (Irene Adler), Juan Calot (Abberline), Carlos Hipólito (Benito Pérez Galdós), Ramón Lillo (Juez Carmona), Manuela Velasco (Elena), Enrique Villén (Enrique Valcárcel), Juan Jesús Valverde (Doctor Arriaga).{/xtypo_code}

     

    El resultado es una película aburrida, morosa, lenta, que invita al bostezo, a pesar de que tiene un par de llamadas a la sonrisa, por hacerlo muy a su pesar.Sherlock Holmes tiene unos sueños que se repiten en los que ve calles que nunca ha pisado, personas que no conoce, y asesinatos que nunca ha investigado. Tienen lugar en Madrid. Y tienen un sorprendente parecido con los cometidos tiempo atrás por Jack el Destripador. Así que convence a su fiel amigo, el doctor Watson (que se ha casado en segundas nupcias recientemente) para acudir a la capital de España, conocer de primera mano los casos y ayudar en lo que pueda (a pesar,  esto no se dice en la peli, de que Holmes jamás resolvió los asesinatos ocurridos en Londres). La película es todo un despropósito, un absoluto sinsentido, un pastiche insoportable que (por si fuera poco) dura más de dos interminables horas.

    Un guion que no se sostiene en pie, empezando con Holmes y Watson hablando un perfecto español, salpicado sólo ocasionalmente con alguna que otra frase en un inglés excesivamente académico (incomprensible el por qué no hacen lo contrario), y aludiendo a cocidos, porras, jamón, folclore y toros, y terminando con el hecho de que no investigan nada, y que las “pistas” simplemente van apareciendo, mientras ellos se dedican a ir a fiestas, cabarets, cenas, y a mezclarse con lo más nutrido de la sociedad madrileña de la época.

    Además, las interpretaciones son más que flojas, y hay personajes que no hay por donde cogerlos. Algunos diálogos son delirantes y no hacen más que subrayar los tópicos más rancios. El montaje es absurdo, con fundidos y transiciones que dejaron de estar de moda hace ya mucho. Todo, absolutamente todo es anacrónico. Es un cine que no se hace desde hace décadas y que suena a rancio desde los primeros minutos.

    De lo más malo que hemos visto en mucho tiempo, incluyendo esos mensajes ‘subliminales’ con esas conversaciones en defensa de la “fiesta nacional”, o esa aparición ‘estelar’ del ministro de justicia Alberto Ruiz-Gallardón (cuyo hijo, por cierto, es meritorio de dirección de la cinta) como Isaac Albéniz (con la barba falsa más horrible que se pueda encontrar), aparición sólo superada por aquella del ex-presidente del F.C. Barcelona Joan Gaspart en la también infumable Tierra de Cañones.Holmes y Watson, Madrid days es una insoportable, extremadamente larga, acartonada, anacrónica, lenta, fosilizada e involuntariamente cómica historia que apenas se mantiene en pie más allá de sus primeros tres minutos.

  • Comedia romántica con alma

    Para un buen amante del cine que se precie de serlo, no hay mayor placer que acudir a una sala sin muchas pretensiones y encontrarse con una película que emocione, que esté repleta de talento y de buen cine, de buenos diálogos. Siempre habrá algo que se pueda mejorar, pero esta en concreto es una buena película, alejada de la comedia romántica a la que nos tienen acostumbrados los grandes estudios. Todo ello a pesar de que el doblaje (sin ser malo) no es el mejor, y ya en el título se ha optado por cambiar el significado del original y alterarlo para (supongo) resultar más comercial, cambiando así el foco de atención de uno de los personajes hacia otro.
    Jack está destrozado desde que su hermano muriera un año atrás. Su amiga Iris (ex-pareja del fallecido) está cansada de verle tan mal y le ofrece la casa de campo familiar para que piense en soledad y apacigüe su dolor. Pero al llegar, Jack se encuentra con Hannah, la hermana mayor de Iris, que ha roto su relación de años con su novia y también ha ido allí para estar sola. Una noche de tequila hace que los dos acaben juntos en la cama. A la mañana siguiente, por sorpresa, Iris se presenta en la casa, y ambos deciden que es mejor no desvelar lo ocurrido la noche anterior.
    El amigo de mi hermana, película con ínfimo presupuesto y que se rodó en apenas un par de semanas, cuenta con un trio protagonista absolutamente prodigioso y en estado de gracia, en la que se centra toda la atención. Con los tres personajes encerrados en el refugio de montaña, Lynn Shelton urde una trama en la que las diversas opciones de las relaciones humanas se van entretejiendo, surgiendo, evaporándose y volviendo a aparecer.
    Lo que hace que la cinta esté por encima del resto de comedias románticas es su concepción. Aunque no se llega a salir del todo de las convenciones del género, Shelton ha creado una historia aguda, muy bien concebida, creíble, con personajes de carne y hueso, con problemas (más allá de las dificultades románticas) y con diálogos divertidos y emotivos. Pero lo verdaderamente sorprendente es que la historia se grabó sin apenas guion, con apenas unas ideas esbozadas y dejando al trio protagonista improvisar sobre la marcha. Eso es lo que le da verdad, lo que le da alma.
    El único pero, quizás, sea una conclusión demasiado complaciente, y que resulta algo inverosímil, lejos de la credibilidad que emana del resto del metraje. Pero lo hace de modo tan discreto que pasa casi desapercibido. Pequeña gran película la que ha creado Lynn Shelton, una directora a la que hay que seguir.

    1501EL AMIGO DE MI HERMANA

    Para un buen amante del cine que se precie de serlo, no hay mayor placer que acudir a una sala sin muchas pretensiones y encontrarse con una película que emocione, que esté repleta de talento y de buen cine, de buenos diálogos. Siempre habrá algo que se pueda mejorar, pero esta en concreto es una buena película, alejada de la comedia romántica a la que nos tienen acostumbrados los grandes estudios.

     

    {xtypo_code} Estados Unidos, 2011. (90′)

    Título original: Your sister’s sister.

    Escrita y dirigida por: Lynn Shelton.

    Producción: Steven Schardt.

    Fotografía: Benjamin Kasulke.

    Música: Vinnie Smith.

    Montaje: Nat Sanders.

    Intérpretes: Emily Blunt (Iris), Rosemary DeWitt (Hannah), Mark Duplass (Jack), Mike Birbiglia (Al).{/xtypo_code}

    Todo ello a pesar de que el doblaje (sin ser malo) no es el mejor, y ya en el título se ha optado por cambiar el significado del original y alterarlo para (supongo) resultar más comercial, cambiando así el foco de atención de uno de los personajes hacia otro.Jack está destrozado desde que su hermano muriera un año atrás. Su amiga Iris (ex-pareja del fallecido) está cansada de verle tan mal y le ofrece la casa de campo familiar para que piense en soledad y apacigüe su dolor. Pero al llegar, Jack se encuentra con Hannah, la hermana mayor de Iris, que ha roto su relación de años con su novia y también ha ido allí para estar sola. Una noche de tequila hace que los dos acaben juntos en la cama.

     

    A la mañana siguiente, por sorpresa, Iris se presenta en la casa, y ambos deciden que es mejor no desvelar lo ocurrido la noche anterior.El amigo de mi hermana, película con ínfimo presupuesto y que se rodó en apenas un par de semanas, cuenta con un trio protagonista absolutamente prodigioso y en estado de gracia, en la que se centra toda la atención. Con los tres personajes encerrados en el refugio de montaña, Lynn Shelton urde una trama en la que las diversas opciones de las relaciones humanas se van entretejiendo, surgiendo, evaporándose y volviendo a aparecer. Lo que hace que la cinta esté por encima del resto de comedias románticas es su concepción. Aunque no se llega a salir del todo de las convenciones del género, Shelton ha creado una historia aguda, muy bien concebida, creíble, con personajes de carne y hueso, con problemas (más allá de las dificultades románticas) y con diálogos divertidos y emotivos.

    Pero lo verdaderamente sorprendente es que la historia se grabó sin apenas guion, con apenas unas ideas esbozadas y dejando al trio protagonista improvisar sobre la marcha. Eso es lo que le da verdad, lo que le da alma.El único pero, quizás, sea una conclusión demasiado complaciente, y que resulta algo inverosímil, lejos de la credibilidad que emana del resto del metraje. Pero lo hace de modo tan discreto que pasa casi desapercibido. Pequeña gran película la que ha creado Lynn Shelton, una directora a la que hay que seguir.

     

  • Innecesaria revisitación

    1701THE AMAZING SPIDER-MAN

    Diez años después de que se estrenara la película sobre el superhéroe arácnido, dirigida por Sam Raimi y protagonizada por Tobey Maguire, nos llega una cuarta entrega que, en realida, no es una cuarta entrega. Lo cierto es que no estamos ante una continuación, sino ante una refundación.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012. (136′)
    Título original:  The amazing Spider-man.
    Director: Marc Webb.
    Producción: Avi Arad, Matthew Tolmach, Laura Ziskin.
    Guión:  James Vanderbilt, Alvint Sargent, Steve Kloves, basado en el comic de Stan Lee y Steve Ditko.
    Fotografía:  John Schwartzman.
    Música: James Horner.
    Montaje: Alan Edward Bell, Michael McCusker, Pietro Scalia.
    Intérpretes: Andrew Garfield (Peter Parker), Emma Stone (Gwen Stacy), Rhys Ifans (Dr. Curt Connors), Denis Leary (Capitán Stacy), Martin Sheen (Tío Ben), Sally Field (Tía May), Irrfan Khan (Rajit Ratha), Campbell Scott (Richard Parker), Embeth Davidtz (Mary Parket), Chris Zylka (Flash Thompson).{/xtypo_code}

    Todo comienza desde el principio. Otra vez. ¿Era necesario? Posiblemente no, pero en el cine de Hollywood eso importa más bien poco. Hay cambios respecto a la anterior entrega: nuestro protagonista no es tan perdedor, cierto que la mayoría de sus compañeros se siguen riendo de él, pero ahora es un rebelde (tímido) con gran inteligencia que se pasea en monopatín por los pasillos del instituto; la chica de sus sueños no es Mary Jane, sino Gwen, y ya no es su vecina, sino sólo una compañera de clase; cuando sufre la picadura que le cambia sigue siendo un tirillas, no desarrolla una musculatura nueva, pero sí adquiere inmensas y asombrosas capacidades para la lucha; además, ya no trabaja en el periódico como fotógrafo, aunque ese sigue siendo su hobby, ni comienza su andadura-preparación como luchador (aunque es de ahí de donde toma la idea de la máscara)…
    Los protagonistas hacen un trabajo destacable, en especial un Andrew Garfield que en muchos momentos hace que nos olvidemos de Tobey Maguire. Lo mismo ocurre con Emma Stone (quien, después de muchos años, recupera su rubio natural) que hace olvidar (cosa que no era nada difícil, por cierto) a Kirsten Dunst. Caso muy distinto es el del malvado de turno, un Rhys Ifans que, en esta nueva versión, resulta un malo de chiste, nada creible, y tremendamente forzado, completamente perdido como lagarto.

    La historia funciona más que por la parte del héroe, porque la trama mantiene la atención en la relación entre los dos protagonistas en todo momento. Se centra más en las emociones de los personajes que la anterior saga (porque esta es una saga nueva, no lo olvidemos, que tendrá una continuación, prevista ya para 2014); no abusa tanto de los efectos especiales (aunque también los tiene); y quiere ser irónica en algunos momentos (si bien es cierto que en determinadas escenas los chistes son verdaderamente penosos).

    Es entretenida a ratos, mejor que la anterior saga en algunos aspectos, evidentemente peor en algunos más, pero (eso sí) absoluta y totalmente innecesaria. ¿Por qué contar de nuevo la historia desde el principio si todavía no hemos tenido tiempo de olvidar la anterior?

     

  • Las ideas se congelan

    1301ICE AGE 4: LA FORMACIÓN DE LOS CONTINENTES

    Diez años después de que se estrenara la primera entrega de las aventuras de un grupo de animales prehistóricos ante la llegada de la Edad de Hielo, una película en la que la productora no confiaba demasiado, con las calores que nos asaltan en pleno mes de julio llega la cuarta entrega de esta refrescante historia a la que ya, evidentemente, se le empiezan a agotar las ideas (aunque la saga continuará irremediablemente dentro de tres años, período que normalmente ha separado una de otra).

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012. (94′)
    Título original: Ice Age: Continental Drift.
    Dirección: Steve Martino, Mike Thurmeier.
    Producción: John C. Donkin, Lori Forte.
    Guión:  Michael Berg, Jason Fuchs.  
    Fotografía: Renato Falcao.
    Música: John Powell.
    Montaje: James Palumbo, David Ian Salter.
    Intérpretes: Dibujos Animados.{/xtypo_code}

    Los personajes son los mismos, aunque ha pasado un cierto tiempo, y Manny, el mamut, tiene ya una hija adolescente, enamoradiza y con un amigo topo (el pagafantas total), que como es normal en esa edad, está enfadada con su padre. A Syd su familia, la misma que le abandonó, le encuentra y le deja a la abuela, desdentada e inquieta, a su cuidado. Mientras, en la vida de Diego nada parece haber cambiado. Todo comienza cuando, por culpa de la ardilla Scratch, como no, y su obsesiva búsqueda de bellotas, se desencadena el desmembramiento de Pangea y la formación de los continentes. Los tres protagonistas quedan aislados, y deben encontrar el camino para regresar con los suyos.

    La historia es simple y más que evidente, con muy poca imaginación; es más, las imágenes del comienzo (Scratch provocando todo el terremoto) están tomadas a saco del cortometraje que protagonizó hace unos años. Todo es tan predecible que hasta los más pequeños espectadores son capaces de verla venir desde lejos. Visualmente, tampoco es que sorprenda demasiado. Es más, hay escenas en la que los gráficos son muy pobres, como si la película se hubiese hecho a la carrera para llegar a tiempo al estreno. Los secundarios son muy básicos y lineales, con una sola capa, como esos insoportables mamuts adolescentes, o los miembros (casi todos) del barco pirata (por cierto, ¿soy el único que ve el tremendo parecido entre el capitán del barco y el Geoffrey Rush de Piratas del Caribe?).

    Ice Age 4 demuestra que (aunque siga arrasando en taquilla), en lo referente a ideas, la franquicia está agotada. La cinta es machacona e insistente en cuanto a lanzar mensajes se refiere. Algunos más velados que otros (“al final, la piratería se acaba pagando”). Lo mejor de la película no forma parte de ella: es ese cortometraje que la acompaña, dirigido por David Silverman y con la pequeña Maggie Simpson como protagonista absoluta. Este sí que es una joya muda repleta del ingenio y la pasión de las que carece la película que se proyecta después.

     

  • Atraco en Sevilla

    1102EL MUNDO ES NUESTRO

    Después de haber arrasado por completo en el mundo de la ficción de Internet con los diversos cortometrajes y los variados personajes creados y desarrollados por la pareja protagonista, lo más obvio hubiera sido dar el salto a la televisión (del mismo modo que otras series ‘weberas’ como Qué vida más triste), pero su creador y cabeza pensante, Alfonso Sánchez, se empecinó en que el paso siguiente debería ser el cine. Y así, tras años de lucha, esfuerzo, y apoyados por miles de fans que financiaron el proyecto a través del ‘crowfounding’, sus personajes estrella (El Culebra y El Cabeza) llegan a la pantalla grande dispuestos a comerse el mundo. O, al menos, la taquilla veraniega.

    {xtypo_code}España, 2012. (87′)
    Escrita y dirigida por: Alfonso Sánchez.
    Producción: Alfonso Sánchez y Álvaro Alonso.
    Fotografía: Daniel Mauri.
    Música: Maravilla Gypsy Band.
    Montaje: Carlos Crespo.
    Intérpretes: Alfonso Sánchez (El Cabeza), Alberto López (El Culebra), Alfonso Valenzuela (Ricardo), Joserra Leza (Don Manuel), María Cabrera (Sabina), Daniel Morilla (Fran), Olga Martínez (Olga), Francisco Torres (Paco), Estrella Corrientes (Marta), Antonia Gómez (Macarena), Miguel Ángel Sutillo (Serafín), Pepa Díaz Meco (Pepa), Kai Zhou (Chino), José Rodríguez Quintos (Fermín), Maite Sandoval (Inspectora Jiménez), Sergio Domínguez (Subinspector Velasco), Elías Pelayo (Julio), Mari Paz Sayago (Redactora), Pepe Quero (Comisario), Antonio Dechent (Delegado del Gobierno).{/xtypo_code}

    La cinta comienza del mismo modo que los cortos que les dieron la fama, con un largo plano secuencia en el que los dos protagonistas, en esta ocasión montados en una moto y ataviados con trajes de nazarenos (enlazando así con el final de su primera creación, Esto ya no es lo que era), dialogan atropelladamente acerca de la situación de la sociedad actual, de los problemas que les han llevado a su situación, de la injusticia social y de la corrupción. Vamos, lo mismo que antes, pero en moto. Su pretensión es atracar una sucursal bancaria donde, casualidades de la vida, tenemos toda la fauna posible de seres sociales susceptibles de ser atacados: desde el parado que realiza trabajos y cobra en negro, al empresario que realiza tejemanejes con el director del banco que se deja mangonear… Pero sus planes de conseguir un montón de dinero y fugarse a Brasil se van al traste cuando, en pleno atraco, aparece un hombre cubierto de explosivos que amenaza con hacerlos explotar si no viene la televisión para contar su historia.

    Aunque los personajes son poderosos (la pareja protagonista es explosiva), la historia no lo es del todo. La trama avanza a trompicones, con acelerones y frenazos, y contando con los mismos elementos (y casi diálogos) que ya conocíamos de sus trabajos anteriores, con lo que el conjunto final da la sensación (en numerosos momentos) de ser uno de sus cortometrajes alargado hasta el extremo. En su lado positivo, esa radiografía caricaturesca, cruel y descarnada de la Sevilla en la que una procesión no cambia su rumbo a pesar de que la calle esté cortada por un atraco a un banco, y en la que las luces de Navidad siguen colocadas en pleno mes de marzo, cosas que resultan incomprensibles para alguien que no ha vivido esto desde pequeño (ejemplificada en la inspectora de policía de Burgos, que ve toda la situación como algo surrealista).

    Divertida, incluso carcajeante por momentos, El mundo es nuestro centra su potencial en el poderoso atractivo de su pareja protagonista, aunque algunos chistes sean demasiado reiterativos (el de la reportera incompetente, por ejemplo), y el conjunto deje algunos cabos sueltos.

     

  • Delicia sin fisuras

    1101MOONRISE KINGDOM

    Sólo de vez en cuando se asiste a un enamoramiento súbito, repentino, instantáneo. Sólo ocasionalmente, unas imágenes te atrapan, por lo que muestran, por cómo lo muestran, en tan sólo unos segundos, antes siquiera de que puedas saber de qué va la historia. Entonces, cuando eso ocurre, estás perdido. Pero es que, si además resulta que la historia es buena, que los personajes son creíbles, y te enamoras de ellos, ahí si que ya no hay vuelta atrás.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (94′).
    Título original:   Moonrise Kingdom.
    Dirección: Wes Anderson.
    Producción: Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven M. Rales, Scott Rudin.
    Guión: Wes Anderson y Roman Coppola.  
    Fotografía: Robert D. Yeoman.
    Música: Alexander Desplat. Montaje: Andrew Weisblum.
    Intérpretes: Bruce Willis (Capitán Sharp), Edward Norton (Jefe Scout Ward), Bill Murray (Walt Bishop), Frances McDormand (Laura Bishop), Kara Hayward (Suzy), Jared Gilman (Sam), Tilda Swinton (Servicios Sociales), Jason Schwartzman (Primo Ben), Bob Balaban (Narrador), Harvey Keitel (Comandante Pierce).{/xtypo_code}

    La nueva película de un director tan fuera de lo común como Wes Anderson es, en cierto modo, la que cierra el círculo. Si sus anteriores creaciones estaban repletas de adultos que se comportaban  como críos, era de esperar que tarde o temprano hiciese una cinta en la que los protagonistas fueran niños. O más bien, preadolescentes. Moonrise Kingdom es una película sobre el final de la infancia, sobre el primer amor de dos críos de doce años, cuando todo todavía es inocente y puro. O al menos lo era en la Nueva Inglaterra de los años sesenta (donde y cuando transcurre la historia), en un país que todavía no había perdido la inocencia, antes de Vietnam, mucho antes del 11-S.

    La película nos cuenta la aventura de Sam, un huérfano que se ha escapado del campamento de boy-scouts, y de Suzy, que se ha fugado de casa. La idea es escapar juntos. Su huida descoloca el universo de la pequeña isla que habitan y pone en estado de alerta a los autoridades del lugar. Aunque su búsqueda de su edén particular no puede durar, ellos no cejan en su empeño de estar juntos.
    Moonrise Kingdom es en parte un relato iniciático, en parte cuento de hadas, en parte comedia, y en parte drama. Pero es ante todo una historia mágica, una verdadera delicia para los sentidos, una auténtica joya sin fisuras, que se disfruta de principio a fin.

    En la película los objetos (Anderson demuestra aquí una vez más su fijación por los fetiches de la infancia, y que nadie piense en nada sexual) tienen tanta importancia como los personajes: los prismáticos de los que Suzy no se separa (ayuda a verlo todo más cerca), el tocadiscos a pilas, la tienda de campaña…, algo que es habitual en el cine del director, pero que aquí va aún más allá.

    Aunque aún es pronto (todavía le queda tiempo y muchas películas que regalarnos) podemos decir que esta es la obra cumbre de Wes Anderson, su mejor película hasta la fecha. Todo en Moonrise Kingdom colabora para hacerla tan grande: su magnífica y cuidada banda sonora (tanto las composiciones originales como la exquisita selección de temas preexistentes); la increíble paleta de colores de Robert Yeoman que dota de vida cada rincón del plano; las muy buenas interpretaciones de todos y cada uno de los personajes que aparecen en pantalla (el reconocido plantel de estrellas, y la pareja protagonista, que es la primera vez que se coloca delante de las cámaras), personajes a los que Anderson ama (y eso se nota)… Sin olvidar, por supuesto, el trabajo de la cabeza pensante de todo esto, su puesta en escena, la elección de los planos, los movimientos de cámara, las composiciones simétricas, el ritmo de su construcción narrativa… Elementos todos ellos que hacen identificable su cine. Y todo ello, sin usar ningún cliché, sin acudir ni a frases hechas, ni a lugares comunes.¿El único problema?, que se hace corta. Muy corta.

     

  • Pájaros en la cabeza

    1101EL GRAN AÑO

    En un momento en los que la comedia americana se está volviendo más física que nunca, más zafia que nunca, lo cual en sí mismo no es ni malo ni bueno, siempre se agradece que de vez en cuando aparezca una película que recurra a la palabra, a la sutileza, para despertar la sonrisa en el espectador. Pero, claro, todo eso está muy bien siempre que los resultados no se queden en meras intenciones, y siempre que el asunto tratado no resulte de lo más insípido e insustancial, siempre que trate un tema que pueda atraer al público. Si no es así, tampoco resultará.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (100′)
    Título original: The big year.
    Dirección: David Frankel.
    Producción: Stuart Cornfeld, Curtis Hanson, Karen Rosenfelt.
    Guión:  Howard Franklin, inspirado en la novela de Mark Obmascik.  
    Fotografía: Lawrence Sher.
    Música: Theodore Shapiro.
    Montaje: Mark Livolsi.
    Intérpretes: Steve Martin (Stu Preissler), Jack Black (Brad Harris), Owen Wilson (Kenny Bostick), Brian Dennehy (Raymond), Anjelica Huston (Annie Auklet), Rashida Jones (Ellie), Rosamund Pike (Jessica), Dianne Weist (Brenda), Kevin Pollack (Jim Gittelson), Joel McHale (Barry Loomis), JoBeth Williams (Edith Preissler), Paul Campbell (Tony), Barry Shabaka Henley (Dr. Neil Kramer).{/xtypo_code}

    Y es que, aunque tampoco se puede ocultar que bajo la premisa principal se esconde una cinta que trata de lo que tratan (casi) todas las películas (esto es, de las relaciones humanas, de pareja en este caso, con una que se rompe, otra que se crea y otra que se une aún más a pesar de los años), la base en la que se asienta esta El gran año resulta un tanto curiosa.

    Los tres protagonistas de la historia deciden dejarlo todo atrás y dedicar el año entero a cumplir su sueño, viajando por todo el país para convertirse en el mejor… avistador de aves. Sí, recorren el país, buscando pájaros, para verlos, anotarlos, y ser el que más especies distintas acumula en un año natural. Ello, evidentemente, les ocasionará con sus familias, trabajo, y demás obligaciones, no pocos disgustos. Aunque también tendrán alguna que otra satisfacción.

    Aunque el punto fuerte de la película, más allá de los personajes, de sus vicisitudes, de su defensa de la libertad de elección de la persona por encima de todo, incluso por encima de que se presente como a los ‘héroes’ de la cinta un grupo de personas que gastan cantidades indecentes de dinero en viajar y viajar sólo para ver pájaros, con la que está cayendo, está el amor a la naturaleza, el despliegue visual de decorados naturales, paisajes grandiosos y aves y más aves.

    El reparto está lleno de nombres conocidos, incluso más allá de la tripleta protagonista. Pero poco pueden hacer para levantar una cinta que se sustenta con unos mimbres tan endebles, tan poco consistentes. Pero es que además tiene pocas risas, muy pocas. Y eso, para ser una comedia, que cuenta además con tres de los mayores y más conocidos cómicos de Hollywood, no es nada bueno.
    Una cinta menor, con sólo un par de momentos recordables, pero que no pasará a la historia. Eso sí, hay una enorme colección de planos que harán las delicias de los ornitólogos.