Categoría: La película

  • Una chica aventurera

    1501ADÈLE Y EL MISTERIO DE LA MOMIA

    El director, guionista, productor y hombre-orquesta en general del cine francés, Luc Besson, comentó en sus comienzos que su pretensión era dirigir diez películas de muy alta calidad y después retirarse. Y lo cierto es que, salvo contadísimas excepciones, el resultado obtenido  ha sido más que satisfactorio.

    {xtypo_code}Francia, 2010 (105′).
    Título original:  Les aventures extraordinaires d’Adèle Blanc-Sec.
    Dirección: Luc Besson.
    Producción: Luc Besson, basado en los comics de Jacques Tardi.
    Fotografía: Thierry Arbogast.
    Música: Eric Serra.
    Montaje: Julien Rey.
    Intérpretes: Louise Bourgoin (Adèle Blanc-Sec), Mathieu Amalric (Dieuleveult), Gilles Lellouche (Inspector Caponi), Jean Paul Rouve (Justin de Saint-Huber), Jacky Nercessian (Marie-Joseph), Philippe Nahon (Profesor Ménard), Nicolas Giraud (Andrej Zborowski), Laure de Clermont (Agathe Blanc-Sec).{/xtypo_code}

    Sea como sea, hay un hecho indudable, y es que Besson sabe lo que hace, tiene talento y una visión acertada con sus proyectos, que lleva a buen puerto, sin importar que se trate de un drama sobre un sicario (León. El profesional), la vida de una guerrera mística (Juana de Arco) o una cinta infantil con seres diminutos que viven en los jardines (Arthur y los Minimoys). Aunque, la otra verdad, es que ésta es su película (no incluimos los dos documentales que ha rodado, ni la tercera parte de las aventuras de Arthur, aún en postproducción) número trece.

    En ésta, su última obra. Besson logra llevar a la gran pantalla un proyecto tras el que llevaba casi una década: la adaptación de los cómics (nueve álbumes hasta el momento) de Jacques Tardi, publicados desde 1976, y protagonizados por una intrépida y aventurera periodista del París de principios de siglo XX. Y lo hace con el acierto al que nos tiene (normalmente) acostumbrados.

    Adèle y el misterio de la momia utiliza dos de los primeros libros de Tardi sobre el personaje, para presentarnos (a pocos se les escapa que ésta no será la única película que Besson rodará sobre ella) a una periodista aventurera, valiente, que viaja al viejo Egipto en busca de una momia con ciertos poderes. Mientras, en París, de algún modo desconocido, un pterodáctilo ha nacido de un huevo de más de 135 millones de años, y está sembrando el pánico mientras sobrevuela la ciudad en busca de alimento.

    Aunque la cinta tiene un arranque que recuerda demasiado a la Amelie de Jeunet, poco tarda en desviarse, en abandonar la sensación de copia, y crear una cinta original y divertida, con un personaje femenino de carácter, osada, atrevida, y con un sentido del humor rayano al sarcasmo. Por el contrario, los personajes masculinos son una caterva de timoratos y torpes de escasos recursos y limitadas capacidades, y que aparecen incluso afeados, sobre todo frente a la belleza de la protagonista total y absoluta de la cinta.

    Louise Bourgoin, que antes de dar el salto al cine se hizo popular como la chica del tiempo de Canal+ Francia, se presenta mucho más sexual y atrevida (si cabe) que la Adèle de las viñetas, pero conserva el mismo sentido del humor del original.
    Besson ha creado una película que tiene ritmo, humor (tiene al menos un par de secuencias de gran nivel), dos historias (que a veces encajan con dificultad), pero que finalizan del mejor modo posible visto los intereses de la protagonista e instigadora de toda la historia, y nos descubre a una actriz de talento a la que a partir de ahora vamos a ver mucho más. Una película que ofrece bastante más de lo que en un primer visionado se aprecia.

     

  • Un escritor enamorado

    1901LOPE

    Empezaremos creando polémica: el cine español está en horas muy bajas. Entre las películas (más numerosas de lo que uno desearía) que nos dejan con muy mal sabor de boca por su escasa calidad (no daremos ejemplos para no herir más de la cuenta), y las que, como ésta, apuntan alto pero se quedan muy cortas, lo normal es que el porcentaje de taquilla que va para las arcas de nuestra industria siga bajando año tras año.

    {xtypo_code}España-Brasil, 2010 (109′)
    Director: Andrucha Waddington.
    Producción: Mercedes Gamero, Jordi Gasull, Edmon Roch, Tadeo Villalba, Teddy Villalba, Andrucha Waddington.
    Guión: Jordi Gasull e Ignacio del Moral.
    Fotografía: Ricardo Della Rosa.
    Música: Fernando Velázquez.
    Montaje: Sergio Mekler.
    Intérpretes: Alberto Amman (Lope de Vega), Leonor Watling (Isabel de Urbina), Pilar López de Ayala (Elena de Osorio), Juan Diego (Jerónimo Velázquez), Luis Tosar (Fray Bernardo), Antonio de la Torre (Juan), Ramón Pujol (Claudio), Selton Mello (Marqués de Navas), Sonia Braga (Paquita), Miguel Ángel Muñoz (Perrenot), Antonio Dechent (Salcedo), Carla Nieto (María), Jordi Dauder (Porres).{/xtypo_code}

    Lope de Vega fue un auténtico revolucionario del teatro, aunque en esta película, dirigido por el brasileño Andrucha Waddington con capital mayoritariamente español, se centra en un período de su juventud, en el que comienza a escribir sus primeras obras, en el que, tras volver de la guerra, mantuvo una relación a dos bandas con las mujeres que marcaron esa época de su vida, Isabel de Urbina y Elena de Osorio.

    El problema principal de Lope es que no es original. Está bien realizada, más que bien a decir verdad. Tiene las dosis justas, y mezcladas con acierto, de amor, aventura, literatura, historia… Pero es muy obvia, muy predecible, y ya se ha hecho en otras ocasiones. Son numerosas las cintas que se han realizado sobre las vidas de ilustres literatos (de hecho, el mismo día que se estrenaba esta Lope llegaba a las pantallas Bright Star -sobre la vida de John Keats-).  Sin embargo, si hay una película de la que los guionistas han bebido (y, vistos los resultados, hasta el hartazgo) es Shakespeare in love.

    La película de John Madden viene al recuerdo en numerosos momentos de la proyección de la obra de Waddington. En el enamoramiento y posterior relación a escondidas con una dama de mayor nivel económico que el literato, en los momentos en que éste escribe sus obras mientras estas se oyen en off, en los ensayos del grupo y las bambalinas, en el enfrentamiento del autor con su ‘rival’ a base de rimas…

    Lope tiene ínfulas de superproducción de época, pero no llega a sus exageradas pretensiones. Se presenta como una cinta de aventuras, un filme de capa y espada. Pero se acerca más al drama romántico, con algunos leves toques de comedia. Y aunque su puesta en escena es fabulosa, y las interpretaciones de Amman y Watling (de la que confieso ser devoto seguidor), son bastante buenas, el resultado global de la cinta la hace más parecida a una cinta hecha para la televisión (no en vano, detrás está Antena 3), con poca imaginación y muchos medios, que a esa gran obra que quiere ser.

    Podía haber sido más de lo que es, si no fuese tan previsible, si no estuviese tan milimétricamente realizada (y se notase tanto), y, sobre todo, podría haber logrado un mejor resultado (y no hablo aquí de la taquilla), si a alguien se le hubiese ocurrido hacer esta misma película hace diez años.

  • Adiós al ogro verde

    1101SHREK, FELICES PARA SIEMPRE

    Casi diez años después de que se estrenara la primera entrega de las aventuras del ogro verde, la saga Shrek llega a su final con su cuarta entrega. Y lo cierto es que, si bien la parte técnica ha mejorado bastante, la historia ha evolucionado poco, todo sorprende menos, y los puntos fuertes de aquella primera parte (que llegaba a reventar los mitos que abundaban en los cuentos clásicos y que Disney había explotado hasta la saciedad), tras las dos sucesoras de por medio, aquí ya suenan a vistas. Aunque, contradictoriamente, si nos olvidamos de las otras tres partes, la cinta es a ratos divertida, aunque (evidentemente) más que previsible.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (93′)
    Título original:  Shrek, forever after.
    Director: Mike Mitchell.
    Producción: Teresa Cheng, Gina Shay.
    Guión: Josh Klausner, Darren Lemke.
    Fotografía: Yong Duk Jhun.
    Música: Harry Gregson-Wagner.
    Montaje: David Teller.
    Intérpretes(voces originales): Mike Myers, Cameron Díaz, Eddie Murphy, Antonio Banderas, Julie Andrews, Walt Dohm, John Cleese, Jon Hamm, Craig Robinson, Jane Lynch, Lake Bell, Kathy Griffin.{/xtypo_code}

    Shrek vive con Fiona y sus tres hijos en su ciénaga, con las visitas de Asno y su prole. Todo el mundo les adora y los campesinos le piden autógrafos y que les gruña como antaño, divirtiéndose con ello. Pero Shrek añora el pasado, cuando vivía tranquilo y solo, y era temido por todos. Un día se le presenta la oportunidad de recuperar el pasado, y volver a disfrutar del placer que sentía aterrorizando a todos, siendo el ogro que se supone que es, al menos por un día, y no puede evitar la tentación de firmar un contrato con una especie de brujo con oscuras intenciones. Y, claro, no todo resulta como él esperaba. O sea, que está atravesando la crisis de la cuarentena (y quiere volver a su época de juventud y soltería).

    Esta cuarta (y última) entrega de la saga recupera la chispa de la primera y supera sin problemas a las dos siguientes. Ello es debido a que, en cierto modo, la historia vuelve a los inicios, con un ogro que disfruta asustando, pero después quiere caer simpático sin lograrlo; y que se enamora de la chica que, al principio, es reacia a cualquier relación, por lo que tendrá que esforzarse por reconquistarla en tiempo récord. Lo peor es que no evoluciona en los modos de narración, y los gestos son los mismos: el gato (más orondo que antes) vuelve a poner esos ojos lastimeros que hacen que los demás le hagan caso, el asno sigue siendo el chistoso del grupo recurriendo a las gracietas que ya conocemos…

    Exceptuando un cierto tono oscuro en algunos momentos de la narración, para tratar (como en otras ocasiones) en búsqueda de un público más adulto al que, supuestamente, va dirigido, Shrek, felices para siempre (o Shrek 4, Capítulo final) no ofrece nada que las entregas anteriores no hubieran ofrecido ya (para bien, o para mal).

    Sin embargo, la escritura es ágil, divertida en (pocas) ocasiones, y permitiendo a los personajes vivir un montón de aventuras (previsibles), que conducen al protagonista a la moraleja final.

     

  • Historias femeninas

    1501MADRES E HIJAS

    En pleno verano y con la que está cayendo, lo habitual es que las salas se llenen de películas menores, de muy baja calidad, aprovechando las fechas de menor número de espectadores para estrenar esas cintas que, en otras épocas no iría a ver nadie.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos-España, 2009. (125′).
    Título original: Mother and child.
    Escrita y dirigida: Rodrigo García
    Producción: Lisa Maria Falcone, Julie Lynn.
    Fotografía: Xavier Pérez Grobet
    Música: Ed Shearmur.
    Montaje: Steven Weisberg.
    Intérpretes: Naomi Watts (Elizabeth), Annette Bening (Karen), Kerry Washington (Lucy), Samuel L. Jackson (Paul), Jimmy Smits (Paco), S. Epatha Merkerson (Ada), Marc Blucas (Steven), Eileen Ryan (Nora), Cherry Jones (Hermana Joanne), David Ramsey (Joseph), Carla Gallo (Tracy), Elpidia Carrillo (Sofia), Michael Warren (Winston), Amy Brenneman (Dra Stone), Tatyana Ali (Maria), Elizabeth Peña (Amanda), Brittany Robertson (Violet).{/xtypo_code}

    Aunque también es cierto que, a veces, se dan dos hechos contradictorios con este principio. Primero: se aprovecha la ocasión de que no hay ningún filme que atraiga la atención del público para lanzar un estreno potente que acapare todo el público del verano (en un par de semanas, por ejemplo, llega a las pantallas lo último de Cruise y Cruz, que se rodó y preestrenó mundialmente en Sevilla); y segundo, llegan algunas historias menores pero con gran calidad (esta misma semana llega Nothing Personal, una verdadera obra maestra) como esta película que hoy tratamos, dirigida por Rodrigo García, que cuenta con un reparto en estado de gracia y con una historia que atrapa al espectador haciéndolo cómplice de las (des) dichas de sus personajes.

    Madres e hijas se centra en la historia de tres mujeres (aunque el reparto está plagado de personajes femeninos, quedando los masculinos como accesorios, aunque no carentes de importancia). Elizabeth (grandiosa Naomi Watts) es una ambiciosa abogada que empieza a trabajar en un bufete y que utiliza su atractivo sexual para controlar las situaciones a su antojo; Karen es una enfermera cínica y amarga que trabaja en una clínica de rehabilitación, que aún siente remordimientos por la hija que dio en adopción cuando era una cría de 14 años; y Lucy, tras cuatro años de matrimonio y sin éxito a la hora de quedarse embarazada, decide adoptar.
    Rodrigo García demuestra que sabe captar el universo femenino como pocos, algo que ya sabíamos después de haber desarrollado el mismo tema en sus filmes anteriores, y que tiene la habilidad de crear personajes femeninos potentes, singulares, y dotarlos de gran fuerza.

    En esta cinta vuelve a hacerlo y, lo que es mejor, explicarlo con claridad. No hay dobles sentidos, no hay metáforas. García se explica claramente, no hacen falta grandes presupuestos ni grandes alharacas para hacer buen cine, sólo tener bien claro lo que se quiere contar y unas actrices formidables. Es en este apartado en el que realmente la cinta destaca. Todas las actrices realizan un trabajo de calidad, pero por encima del resto hay que destacar a Annette Bening, que hacía mucho que no estaba tan bien, y (sobre todo) a una magnífica Naomi Watts.

    La película va de una historia a otra, confluyendo en algunos momentos, hasta su desenlace (quizás algo forzado), en el que las tres tramas se hacen una. No obstante, las tres historias son convincentes, y consiguen que el espectador empatice con las tres protagonistas y sus difíciles situaciones.

  • Siempre hay trapos sucios

    1501LA VIDA PRIVADA DE PIPPA LEE

    Casi dos años ha tardado esta cinta, creada casi por completo por la hija del escritor Arthur Miller, ya que ha sido dirigida y escrita por ella, basándose en una novela propia, en llegar a nuestras pantallas. Y ello a pesar de que cuenta con un reparto plagado de caras conocidas (no sólo la protagonista total de la historia, una magnífica Robin Wright, sino que incluye además a Keanu Reeves, Winona Ryder, Monica Bellucci, Julianne Moore, y algunos más).

    {xtypo_code} Estados Unidos, 2008 (93′).

    Título original: The private lives of Pippa Lee.

    Escrita y dirigida: Rebecca Miller, basada en su propio libro.

    Producción: Dede Gardner y Lemore Syvan.

    Fotografía: Declan Quinn

    Música: Michael Rohatyn.

    Montaje: Sabine Hoffmann.

    Intérpretes: Robin Wright (Pippa Lee), Alan Arkin (Herb Lee), Keanu Reeves (Chris Nadeau), Blake Lively (Pippa joven), Winona Ryder (Sandra Nules), Maria Bello (Suky Sarkisian), Zoe Kazan (Grace Lee), Ryan McDonald (Ben Lee), Juliane Moore (Kat), Monica Bellucci (Gigi Lee), Mike Binder (San Shapiro).{/xtypo_code}

    La película nos relata, en primera persona, la historia de Pippa Lee, una mujer que ronda la cincuentena, feliz ama de casa, mujer de un reputado editor muchos años mayor, con el que se ha retirado a su lujosa casa de Connecticut, para pasar sus últimos años juntos. Pero no todo es luz en su existencia, y una serie de acontecimientos le harán recordar períodos de su pasado, unos hechos turbulentos que quizás sean los que están marcando los actuales, y dejarán al descubierto, sobre todo para ella misma, que bajo esa sonrisa de perfecta anfitriona hay un océano de traumas, miserias y temores.

     

    Aunque el argumento de La vida privada de Pippa Lee pueda hacer pensar que es una historia propia de un filme de sobremesa, lo cierto es que tiene ciertos momentos algo marcianos, y en realidad es una película interesante, que está interpretada magistralmente por (casi) todo el elenco de la obra, pero que no termina de despegar por diversos motivos, fundamentalmente por una voz en off asfixiante, agotadora, omnipresente y que va enlazando momentos, en ocasiones, de modo algo deslavazado.

    La cinta, basada como decimos en la exitosa novela de la propia directora, no consigue separarse del tópico y del cliché, aunque es cierto que la puesta en escena está por encima de muchas de las películas del estilo, lo cierto es que no termina de despegar del todo en ningún momento y centra todo su potencial en las actuaciones de sus estrellas, con una solvente (como siempre) Robin Wright, con ese halo de tristeza en la mirada que entrega a todos sus personajes, y Alan Arkin y Winona Ryder (en un papel que no es del todo simpático), para contar la aparente vida perfecta de una mujer que esconde (como todo ser humano, por cierto) zonas oscuras y trapos sucios.

  • Sentimentalismo baboso

    1501UN SUEÑO POSIBLE

    El pasado 2009 fue un año completito para Sandra Bullock. En el terreno personal, pudo adoptar al niño que tanto tiempo llevaba persiguiendo, pero por otro lado sufrió un doloroso divorcio tras las infidelidades de su marido. En el apartado profesional, recibió el Golden Rapsberry (o el Razzie, como es más conocido) a la peor actriz del año por su papel en Loca obsesión, aunque un par de días después recogió el Oscar por esta película, como la mejor actriz del mismo año.

    {xtypo_code} Estados Unidos, 2009 (129′).

    Título original: The blind side.

    Director:  John Lee Hancock.

    Producción: Broderick Johnson, Andrew A. Kosove, Gil Netter.

    Guión: John Lee Hancock, basado en el libro de Michael Lewis.

    Fotografía: Alar Kivilo.

    Música: Carter Burwell.

    Montaje: Mark Livolsi.

    Intérpretes: Sandra Bullock (Leigh Ann Tuhoy), Tim McGraw (Sean Tuhoy), Quinton Aaron (Michael Oher), Jae Head (S.J. Tuhoy), Lily Collins (Collins Tuhoy), Ray McKinnon (Entrenador Burt Cotton), Kim Dickens (Sra. Boswell), Adriane Lenox (Denise Oher), Kathy Bates (Srta. Sue), Catherine Dyer (Sra. Smith), Andy Stahl (Director Sandstrom). {/xtypo_code}

    La verdad es que la protagonista demuestra mucho más talento de lo que había hecho hasta la fecha (aunque las cintas predecesoras tampoco se prestaban a demasiado), y que puede interpretar papeles más allá de la comedia romántica en la que estaba prácticamente afincada, aunque de ahí a darle un premio de la Academia de Hollywood hay un trecho, y tampoco habría extrañado que la ganadora hubiese sido cualquiera de las otras cuatro candidatas rivales.Un sueño posible (ignoremos la traducción española del título, que obvia todo el sentido del original, basado en el deporte que es protagonista de la historia) es una película de buenos sentimientos, extremadamente buenos, con una familia acomodada, triunfadora y feliz que no tiene el más mínimo problema en ningún aspecto de sus vidas, en ningún momento.

     

    Basada en hechos reales, nos cuenta la historia de Michael ‘Big Mike’ Oher, un joven negro, casi un sin techo, que sobrevive como puede, y al que un día la matriarca de la familia le ofrece pasar la noche en su casa. Poco a poco, el silencioso grandullón va conquistando a la familia, y gracias a sus aptitudes deportivas logrará éxitos inesperados.Aunque está bien contada, está rodada con innumerables estereotipos y muchos tópicos ya demasiado manidos.

    Pero el principal error es que el argumento se centra exclusivamente en la familia, en lo bien que les va a todos con la llegada del nuevo miembro (antes ya le iba de lujo al padre empresario rico, a la madre solidaria y orgullosa de serlo y demostrarlo a los demás, al hijo divertido y chistoso -el descubrimiento de la cinta- y a la guapa hija animadora del equipo del instituto -por cierto, hija en la vida real del cantante Phil Collins-), pero no se molesta en considerar repercusiones sociales más amplias.

    La película es demasiado blanda, tan sentimental y condescendiente que llega a molestar en algunos momentos y que raya el racismo y la vergüenza en otros. Y lo que es peor: es maniquea y demagoga. Nos quiere convencer de que la bondad existe, de que los buenos sentimientos mueven al mundo. Pero Hollywood ha evolucionado poco desde los años treinta, y los negros siguen en guetos, dedicados al robo y al tráfico y consumo de droga, y son los ricos y generosos blancos los que ayudan a sacarlos del hoyo del que por sí mismos no son capaces de salir. Aunque basada en hechos reales, hay mejores modos (y más creíbles) de contar la historia.

  • Y después se quejarán…

    EEn un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.
    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.
    Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas. El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado).
    No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual.
    Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

    1901CAMPAMENTO FLIPY

    En un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.

    {xtypo_code} España, 2010 (80′)Director: Rafa Parbus.Producción: Sergio Ruiz.Guión: Alfredo Díaz, Flipy, Luis Gamboa, Antonio Trashorras.Fotografía:  Javier Cerdá.Música: Jorge Magaz.Montaje: Rafa Parbus.Intérpretes: Flipy (Flipy), Carlos Areces (Jeremías), Eloi Yebra (Lorenzo), Pablo Carbonell (Don Carcajón), Marta Belmonte (Violeta), Ernesto Sevilla (Cirilo), Raúl Cimas (Galarza), Omar Muñoz (Flipy, niño), Pedro Reyes (Padre de Flipy), Rosario Pardo (Madre de Flipy).{/xtypo_code}

    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas.

    El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. 

    Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado). No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual. Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

  • Y después se quejarán…

    EEn un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.
    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.
    Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas. El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado).
    No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual.
    Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

    1901CAMPAMENTO FLIPY

    En un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.

    {xtypo_code} España, 2010 (80′)Director: Rafa Parbus.Producción: Sergio Ruiz.Guión: Alfredo Díaz, Flipy, Luis Gamboa, Antonio Trashorras.Fotografía:  Javier Cerdá.Música: Jorge Magaz.Montaje: Rafa Parbus.Intérpretes: Flipy (Flipy), Carlos Areces (Jeremías), Eloi Yebra (Lorenzo), Pablo Carbonell (Don Carcajón), Marta Belmonte (Violeta), Ernesto Sevilla (Cirilo), Raúl Cimas (Galarza), Omar Muñoz (Flipy, niño), Pedro Reyes (Padre de Flipy), Rosario Pardo (Madre de Flipy).{/xtypo_code}

    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas.

    El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. 

    Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado). No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual. Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

  • Y después se quejarán…

    EEn un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.
    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.
    Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas. El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado).
    No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual.
    Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

    1901CAMPAMENTO FLIPY

    En un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.

    {xtypo_code} España, 2010 (80′)Director: Rafa Parbus.Producción: Sergio Ruiz.Guión: Alfredo Díaz, Flipy, Luis Gamboa, Antonio Trashorras.Fotografía:  Javier Cerdá.Música: Jorge Magaz.Montaje: Rafa Parbus.Intérpretes: Flipy (Flipy), Carlos Areces (Jeremías), Eloi Yebra (Lorenzo), Pablo Carbonell (Don Carcajón), Marta Belmonte (Violeta), Ernesto Sevilla (Cirilo), Raúl Cimas (Galarza), Omar Muñoz (Flipy, niño), Pedro Reyes (Padre de Flipy), Rosario Pardo (Madre de Flipy).{/xtypo_code}

    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas.

    El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. 

    Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado). No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual. Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

  • Y después se quejarán…

    EEn un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.
    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.
    Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas. El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado).
    No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual.
    Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.

    1901CAMPAMENTO FLIPY

    En un intento de explotar el filón y de exprimir al máximo a Flipy, el científico loco, ese personaje que ha encumbrado el programa de Cuatro, El hormiguero, o quizás en un desesperado intento de reflotar un programa que cada vez está un poco más hundido en las audiencias, se estrena esta insufrible e insoportable película, que intenta ser divertida y provocar carcajadas, pero que aburre a las piedras, con chistes sin gracia, mil veces vistos ya, y una caterva de intérpretes que (sin excepción) han tenido mejores ocasiones para lucir su trabajo.

    {xtypo_code} España, 2010 (80′)Director: Rafa Parbus.Producción: Sergio Ruiz.Guión: Alfredo Díaz, Flipy, Luis Gamboa, Antonio Trashorras.Fotografía:  Javier Cerdá.Música: Jorge Magaz.Montaje: Rafa Parbus.Intérpretes: Flipy (Flipy), Carlos Areces (Jeremías), Eloi Yebra (Lorenzo), Pablo Carbonell (Don Carcajón), Marta Belmonte (Violeta), Ernesto Sevilla (Cirilo), Raúl Cimas (Galarza), Omar Muñoz (Flipy, niño), Pedro Reyes (Padre de Flipy), Rosario Pardo (Madre de Flipy).{/xtypo_code}

    Flipy es un niño de doce años torpe y canijo, enamorado de su profesora, Violeta. Después de tomar unas píldoras ideadas por su padre (un científico alocado, Pedro Reyes retomando el personaje del propio Flipy en el programa de TV) despierta  con cuerpo de adulto. Tras la sorpresa inicial, se marcha con sus compañeros de clase (salvo su mejor amigo, Jeremías, que ha repetido seis veces el mismo curso, ninguno parece darse cuenta del cambio, ¿tan invisible resultaba antes?) a un campamento de verano, dirigido por Don Carcajón, para convertirse en un cómico de éxito. Allí tratará de conquistar a su amada, aunque tenga que enfrentarse al malvado Carcajón.Campamento Flipy es la demostración empírica de por qué el cine español no obtiene las mismas cuotas de pantalla que las películas americanas.

    El argumento no es más que una sucesión de momentos de otras películas, situaciones ya vistas, y concatenadas aquí, sin mucho acierto en la mayoría de ocasiones: desde el niño que quiere crecer y (por el motivo que sea) despierta un día convertido en adulto (Big es uno de los numerosos ejemplos), a ese plano final (copia descarada, hasta en los diálogos -”hay un problema con tus hijos”, o “donde vamos no necesitamos carreteras”) con el que también se cierra Regreso al futuro. 

    Ello sin entrar a considerar el tema de que la profesora se sienta atraída por un crío de doce años (independientemente de su aspecto, ella sabe que es alumno suyo, sabe la edad que tiene, y con las múltiples noticias que nos inundan últimamente con casos de pederastia no parece lo más adecuado). No hay ni una sola idea original, hay secuencias (el duelo de chistes, por ejemplo) que se hacen larguísimas (sobre todo porque ninguno de los que se cuentan tiene la más mínima gracia); incluso hay momentos en los que falla la parte técnica (desigualdades lumínicas en varias escenas)… Ni siquiera los chicos de Muchachada Nui consiguen levantar esta película, que es lo peor que se ha visto desde Pepperminta, la cinta que cerró el pasado Sevilla Festival de Cine (con la que también comparte diversos momentos escatológicos). Con la diferencia de que aquella era al menos original, aunque sólo fuera en el aspecto visual. Y después se quejarán de que el cine español baja en su audiencia. Con cosas como ésta no es extraño.