Categoría: La película

  • Vidas infinitas

    1101PRINCE OF PERSIA: LAS ARENAS DEL TIEMPO

    Enésima adaptación cinematográfica de un famoso videojuego (y las que quedan por llegar), Prince of Persia ofrece muy poco, si bien es cierto que es algo más de lo que este humilde cronista (que, afortunadamente, no había visto el trailer del filme antes de ver la película en sí) esperaba en un principio.

    La cinta, que nace de la unión de las productoras de Jerry Bruckheimer y la Disney, tiene guiños de ambas: desde ese comienzo en el que hasta el más desconectado del mundo reconocerá la cita a El Rey León, hasta las secuencias de luchas y persecuciones exageradas hasta el límite típicas en las del primero de los nombrados. Pero el principal problema, algo habitual (por cierto) desde hace bastante tiempo en el cine que nos llega desde los grandes estudios norteamericanos, es doble: por un lado, su principal misterio se desvela ya en el trailer de la película (de ahí que antes mencionara la fortuna de no haberlo visto); y por otro, su previsibilidad total y absoluta.

    Dastan fue adoptado de niño por el rey Sharaman y criado como uno más de sus hijos. Años después, debe unir sus fuerzas y habilidades a las de sus hermanos para conquistar la ciudad sagrada de Alamut, pero descubre que todo ha sido una farsa cuando su padrastro es asesinado y él, culpado de la muerte. Así que huye con la princesa Tamina, y juntos deben enfrentarse a fuerzas oscuras, descubrir la trama detrás de lo ocurrido, y proteger una antigua daga capaz de liberar las Arenas del Tiempo.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009. (114′)
    Título original: Prince of Persia: The sands of time.
    Director: Mike Newell.
    Producción: Jerry Bruckheimer.
    Guión: Boaz Yakin, Doug Miro, Carlo Bernard, basado en la serie de videojuegos creados por Jordan Mechner.
    Fotografía:  John Seale.
    Música: Harry Gregson-Williams.
    Montaje: Mick Audesly, Michael Kahn, Martin Walsh.
    Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Dastan), Gemma Arterton (Tamina), Ben Kingsley (Nizam), Alfred Molina (Jeque Amar), Steve Toussaint (Seso), Tobby Kebbell (Garsiv), Richard Coyle (Tus), Ronald Pickup (Rey Sharaman), Reece Ritchie (Bis), Gísli Örn Gardarsson (Líder de los Hassanssin).{/xtypo_code}

    Prince of Persia (la película) es un exacerbado desparrame de luchas y acrobacias (eso ya se esperaba, el juego del que procede era así), donde los efectos especiales juegan un papel fundamental (ídem de lo mismo), y donde la mayor parte del presupuesto (a tenor de lo visto en la pantalla) ha ido a la creación de decorados, efectos y para el gimnasio de Jake Gyllenhaal, más cachas que nunca.

    El problema fundamental es que la película se hace larguísima, y por ello, como el argumento tampoco es tan extenso, tienen que incluir innumerables escenas de luchas y escapadas, tienen que repetir una y otra vez el extraordinario poder de la daga mágica (para que no lo olvidemos entre puñado de palomitas y sorbo de refresco de cola), y (como si de un videojuego se tratase, nunca mejor dicho), el creador ha conseguido el truco para que el protagonista no sufra más de lo necesario en ningún enfrentamiento (apenas hay sangre, pese a todas las peleas, no en vano es una cinta para toda la familia), pudiendo volver a repetirlo en caso de que algo salga mal, logrando así tener vidas infinitas.

    Divertida a ratos, pesada en otros momentos, predecible siempre, cabría destacar la nota cómica que pone un irónico Alfred Molina, que, no obstante, llega a resultar algo cargante.

     

  • Vidas infinitas

    1101PRINCE OF PERSIA: LAS ARENAS DEL TIEMPO

    Enésima adaptación cinematográfica de un famoso videojuego (y las que quedan por llegar), Prince of Persia ofrece muy poco, si bien es cierto que es algo más de lo que este humilde cronista (que, afortunadamente, no había visto el trailer del filme antes de ver la película en sí) esperaba en un principio.

    La cinta, que nace de la unión de las productoras de Jerry Bruckheimer y la Disney, tiene guiños de ambas: desde ese comienzo en el que hasta el más desconectado del mundo reconocerá la cita a El Rey León, hasta las secuencias de luchas y persecuciones exageradas hasta el límite típicas en las del primero de los nombrados. Pero el principal problema, algo habitual (por cierto) desde hace bastante tiempo en el cine que nos llega desde los grandes estudios norteamericanos, es doble: por un lado, su principal misterio se desvela ya en el trailer de la película (de ahí que antes mencionara la fortuna de no haberlo visto); y por otro, su previsibilidad total y absoluta.

    Dastan fue adoptado de niño por el rey Sharaman y criado como uno más de sus hijos. Años después, debe unir sus fuerzas y habilidades a las de sus hermanos para conquistar la ciudad sagrada de Alamut, pero descubre que todo ha sido una farsa cuando su padrastro es asesinado y él, culpado de la muerte. Así que huye con la princesa Tamina, y juntos deben enfrentarse a fuerzas oscuras, descubrir la trama detrás de lo ocurrido, y proteger una antigua daga capaz de liberar las Arenas del Tiempo.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009. (114′)
    Título original: Prince of Persia: The sands of time.
    Director: Mike Newell.
    Producción: Jerry Bruckheimer.
    Guión: Boaz Yakin, Doug Miro, Carlo Bernard, basado en la serie de videojuegos creados por Jordan Mechner.
    Fotografía:  John Seale.
    Música: Harry Gregson-Williams.
    Montaje: Mick Audesly, Michael Kahn, Martin Walsh.
    Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Dastan), Gemma Arterton (Tamina), Ben Kingsley (Nizam), Alfred Molina (Jeque Amar), Steve Toussaint (Seso), Tobby Kebbell (Garsiv), Richard Coyle (Tus), Ronald Pickup (Rey Sharaman), Reece Ritchie (Bis), Gísli Örn Gardarsson (Líder de los Hassanssin).{/xtypo_code}

    Prince of Persia (la película) es un exacerbado desparrame de luchas y acrobacias (eso ya se esperaba, el juego del que procede era así), donde los efectos especiales juegan un papel fundamental (ídem de lo mismo), y donde la mayor parte del presupuesto (a tenor de lo visto en la pantalla) ha ido a la creación de decorados, efectos y para el gimnasio de Jake Gyllenhaal, más cachas que nunca.

    El problema fundamental es que la película se hace larguísima, y por ello, como el argumento tampoco es tan extenso, tienen que incluir innumerables escenas de luchas y escapadas, tienen que repetir una y otra vez el extraordinario poder de la daga mágica (para que no lo olvidemos entre puñado de palomitas y sorbo de refresco de cola), y (como si de un videojuego se tratase, nunca mejor dicho), el creador ha conseguido el truco para que el protagonista no sufra más de lo necesario en ningún enfrentamiento (apenas hay sangre, pese a todas las peleas, no en vano es una cinta para toda la familia), pudiendo volver a repetirlo en caso de que algo salga mal, logrando así tener vidas infinitas.

    Divertida a ratos, pesada en otros momentos, predecible siempre, cabría destacar la nota cómica que pone un irónico Alfred Molina, que, no obstante, llega a resultar algo cargante.

     

  • Vidas infinitas

    1101PRINCE OF PERSIA: LAS ARENAS DEL TIEMPO

    Enésima adaptación cinematográfica de un famoso videojuego (y las que quedan por llegar), Prince of Persia ofrece muy poco, si bien es cierto que es algo más de lo que este humilde cronista (que, afortunadamente, no había visto el trailer del filme antes de ver la película en sí) esperaba en un principio.

    La cinta, que nace de la unión de las productoras de Jerry Bruckheimer y la Disney, tiene guiños de ambas: desde ese comienzo en el que hasta el más desconectado del mundo reconocerá la cita a El Rey León, hasta las secuencias de luchas y persecuciones exageradas hasta el límite típicas en las del primero de los nombrados. Pero el principal problema, algo habitual (por cierto) desde hace bastante tiempo en el cine que nos llega desde los grandes estudios norteamericanos, es doble: por un lado, su principal misterio se desvela ya en el trailer de la película (de ahí que antes mencionara la fortuna de no haberlo visto); y por otro, su previsibilidad total y absoluta.

    Dastan fue adoptado de niño por el rey Sharaman y criado como uno más de sus hijos. Años después, debe unir sus fuerzas y habilidades a las de sus hermanos para conquistar la ciudad sagrada de Alamut, pero descubre que todo ha sido una farsa cuando su padrastro es asesinado y él, culpado de la muerte. Así que huye con la princesa Tamina, y juntos deben enfrentarse a fuerzas oscuras, descubrir la trama detrás de lo ocurrido, y proteger una antigua daga capaz de liberar las Arenas del Tiempo.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009. (114′)
    Título original: Prince of Persia: The sands of time.
    Director: Mike Newell.
    Producción: Jerry Bruckheimer.
    Guión: Boaz Yakin, Doug Miro, Carlo Bernard, basado en la serie de videojuegos creados por Jordan Mechner.
    Fotografía:  John Seale.
    Música: Harry Gregson-Williams.
    Montaje: Mick Audesly, Michael Kahn, Martin Walsh.
    Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Dastan), Gemma Arterton (Tamina), Ben Kingsley (Nizam), Alfred Molina (Jeque Amar), Steve Toussaint (Seso), Tobby Kebbell (Garsiv), Richard Coyle (Tus), Ronald Pickup (Rey Sharaman), Reece Ritchie (Bis), Gísli Örn Gardarsson (Líder de los Hassanssin).{/xtypo_code}

    Prince of Persia (la película) es un exacerbado desparrame de luchas y acrobacias (eso ya se esperaba, el juego del que procede era así), donde los efectos especiales juegan un papel fundamental (ídem de lo mismo), y donde la mayor parte del presupuesto (a tenor de lo visto en la pantalla) ha ido a la creación de decorados, efectos y para el gimnasio de Jake Gyllenhaal, más cachas que nunca.

    El problema fundamental es que la película se hace larguísima, y por ello, como el argumento tampoco es tan extenso, tienen que incluir innumerables escenas de luchas y escapadas, tienen que repetir una y otra vez el extraordinario poder de la daga mágica (para que no lo olvidemos entre puñado de palomitas y sorbo de refresco de cola), y (como si de un videojuego se tratase, nunca mejor dicho), el creador ha conseguido el truco para que el protagonista no sufra más de lo necesario en ningún enfrentamiento (apenas hay sangre, pese a todas las peleas, no en vano es una cinta para toda la familia), pudiendo volver a repetirlo en caso de que algo salga mal, logrando así tener vidas infinitas.

    Divertida a ratos, pesada en otros momentos, predecible siempre, cabría destacar la nota cómica que pone un irónico Alfred Molina, que, no obstante, llega a resultar algo cargante.

     

  • Vidas infinitas

    1101PRINCE OF PERSIA: LAS ARENAS DEL TIEMPO

    Enésima adaptación cinematográfica de un famoso videojuego (y las que quedan por llegar), Prince of Persia ofrece muy poco, si bien es cierto que es algo más de lo que este humilde cronista (que, afortunadamente, no había visto el trailer del filme antes de ver la película en sí) esperaba en un principio.

    La cinta, que nace de la unión de las productoras de Jerry Bruckheimer y la Disney, tiene guiños de ambas: desde ese comienzo en el que hasta el más desconectado del mundo reconocerá la cita a El Rey León, hasta las secuencias de luchas y persecuciones exageradas hasta el límite típicas en las del primero de los nombrados. Pero el principal problema, algo habitual (por cierto) desde hace bastante tiempo en el cine que nos llega desde los grandes estudios norteamericanos, es doble: por un lado, su principal misterio se desvela ya en el trailer de la película (de ahí que antes mencionara la fortuna de no haberlo visto); y por otro, su previsibilidad total y absoluta.

    Dastan fue adoptado de niño por el rey Sharaman y criado como uno más de sus hijos. Años después, debe unir sus fuerzas y habilidades a las de sus hermanos para conquistar la ciudad sagrada de Alamut, pero descubre que todo ha sido una farsa cuando su padrastro es asesinado y él, culpado de la muerte. Así que huye con la princesa Tamina, y juntos deben enfrentarse a fuerzas oscuras, descubrir la trama detrás de lo ocurrido, y proteger una antigua daga capaz de liberar las Arenas del Tiempo.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009. (114′)
    Título original: Prince of Persia: The sands of time.
    Director: Mike Newell.
    Producción: Jerry Bruckheimer.
    Guión: Boaz Yakin, Doug Miro, Carlo Bernard, basado en la serie de videojuegos creados por Jordan Mechner.
    Fotografía:  John Seale.
    Música: Harry Gregson-Williams.
    Montaje: Mick Audesly, Michael Kahn, Martin Walsh.
    Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Dastan), Gemma Arterton (Tamina), Ben Kingsley (Nizam), Alfred Molina (Jeque Amar), Steve Toussaint (Seso), Tobby Kebbell (Garsiv), Richard Coyle (Tus), Ronald Pickup (Rey Sharaman), Reece Ritchie (Bis), Gísli Örn Gardarsson (Líder de los Hassanssin).{/xtypo_code}

    Prince of Persia (la película) es un exacerbado desparrame de luchas y acrobacias (eso ya se esperaba, el juego del que procede era así), donde los efectos especiales juegan un papel fundamental (ídem de lo mismo), y donde la mayor parte del presupuesto (a tenor de lo visto en la pantalla) ha ido a la creación de decorados, efectos y para el gimnasio de Jake Gyllenhaal, más cachas que nunca.

    El problema fundamental es que la película se hace larguísima, y por ello, como el argumento tampoco es tan extenso, tienen que incluir innumerables escenas de luchas y escapadas, tienen que repetir una y otra vez el extraordinario poder de la daga mágica (para que no lo olvidemos entre puñado de palomitas y sorbo de refresco de cola), y (como si de un videojuego se tratase, nunca mejor dicho), el creador ha conseguido el truco para que el protagonista no sufra más de lo necesario en ningún enfrentamiento (apenas hay sangre, pese a todas las peleas, no en vano es una cinta para toda la familia), pudiendo volver a repetirlo en caso de que algo salga mal, logrando así tener vidas infinitas.

    Divertida a ratos, pesada en otros momentos, predecible siempre, cabría destacar la nota cómica que pone un irónico Alfred Molina, que, no obstante, llega a resultar algo cargante.

     

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Amor bipolar

    1501TWO LOVERS

    Hay algunas ocasiones en las que (sin que haya una razón que lo justifique) una película se estrena con años de retraso en nuestro país. Este es uno de esos extraños casos. Y es extraño porque las anteriores cintas del director (James Gray) tuvieron un éxito (relativo) en nuestras pantallas, y porque el reparto incluye rostros que otrora eran gancho para las masas como Gwyneth Paltrow y JoaquÍn Phoenix. Y dos años después de que se realizara (antes de que el protagonista masculino decidiera retirarse), Two lovers llega a nuestras pantallas, para goce y deleite de los cinéfilos.

    Gray ha construido aquí un potente drama sobre Leonard, un hombre con un trastorno de bipolaridad que, tras un frustrado intento de suicidio regresa a su casa, con su sobreprotectora madre y un padre que está a punto de vender su negocio, donde Leonard trabaja. Pero su mundo va a verse sacudido por un deseo a dos bandas (la bipolaridad también está presente aquí), al conocer a Michelle, una seductora y enigmática mujer que acaba de mudarse a su edificio, y a Sandra (arrebatadoramente bella, Vinessa Shaw), una chica educada y agradable, hija del empresario que va a comprar el negocio familiar y con quienes sus padres le quieren emparejar.

    Las dos mujeres entre las que se debate el protagonista (es un decir, él lo tiene meridianamente claro desde el principio), representan dos de los arquetipos de mujeres que ha explotado desde siempre el cine de Hollywood, y no me refiero a que una sea morena y la otra rubia, sino al ‘enfrentamiento’ entre la femme fatale y la mujer hogareña.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2008.
    Título original: Two lovers.
    Director: James Gray.
    Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas.
    Guión: Ric Manello, James Gray.
    Fotografía: Joaquin Baca-Asay.
    Montaje: John Axelrad.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinessa Shaw (Sandra Cohen), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), John Ortiz (Jose Cordero), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Samantha Ivers (Stephanie), Jeanine Serralles (Dayna).{/xtypo_code}

    Gray hace aquí un par de guiño al cine de Hitchcock: las dos mujeres que obsesionan al protagonista de Vértigo, se pueden extrapolar a las dos que atormentan a Leonard; y también en el hecho de que el protagonista ‘espíe’ a través de su ventana a la chica de sus sueños.

    Después de los tres thrillers con los que Gray comenzó su carrera, este drama romántico supone un giro brusco en su trayectoria, aunque no abandona el decorado al que nos tiene acostumbrados (Brightom Beach, en Brooklyn). El resultado es una cinta muy potente, con mucha intensidad y unos protagonistas en estado de gracia, en el que Gray hace un acercamiento al amor de un modo mucho más elegante y ciertamente pesimista al que estamos acostumbrados.

  • Todo en una noche

    1501HABITACIÓN EN ROMA

    De no ser porque los créditos así lo atestiguan, y porque toda la publicidad y toda la promoción de la película lo certifica, sería difícil constatar que estamos ante una cinta de Julio Médem, ya que éste es el filme mas alejado del estilo, de los trazos, de la estética a los que el director donostiarra nos tenía habituados.

    {xtypo_code}España, 2010. (109’)
    Título original: Room in Rome.
    Director: Julio Médem.
    Producción: Álvaro Longoria.
    Guión: Julio Médem, basado en la película En la cama de Matias Bizé.
    Fotografía: Alex Catalán.
    Música: Jocelyn Pook.
    Montaje: Julio Médem.
    Intérpretes: Elena Anaya (Alba), Natasha Yarovenko (Natasha), Enrico Lo Verso (Max), Nawja Nimri (Edurne).{/xtypo_code}

    Ejemplos no faltan: en el resto de obras de Médem transcurre un largo período de tiempo, mientras que en Habitación en Roma, sólo unas nueve horas; los exteriores son parte importante del argumento, y aquí toda la historia transcurre en una habitación de hotel; siempre había partido de un argumento propio, pero en esta ocasión se enfrenta a un encargo, versionar la película del chileno Matías Bizé En la cama, ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid de hace cinco años, aunque con los pertinentes cambios y pasada por su filtro personal. Y lo principal, el universo (casi) onírico, personal, de Médem, aquí está casi ausente.
    Alba, una ingeniera española, y Natasha, una rusa a punto de casarse, se conocen en Roma la última noche que pasan en la ciudad y deciden pasar sus últimas horas en la ciudad juntas. Lo que al principio no es más que una noche de pasión, acaba desembocando en confesiones y las chicas sacarán a la luz secretos que llevaban ocultando muchos años.

    Posiblemente sean las escenas (numerosas) de desnudos lo que llame a gran parte del público, pero la historia va mucho más allá de una relación lésbica con imágenes explícitas. Poco a poco se va convirtiendo en una cinta romántica, donde las verdades dolorosas (o las mentiras que intentan disfrazar la realidad) van saliendo a la luz, haciendo que la relación sea más compleja y cambiando para siempre la vida de las protagonistas.

    La cinta, que fue presentada en el reciente Festival de Málaga, ha despertado opiniones enfrentadas. Lo cierto es que es una historia más romántica que sexual (algunos le echan en cara al director precisamente esto, cuando no es nada nuevo:

    Tierra también comenzaba con una relación casi explícitamente sexual, para acabar venciendo el romance; y Los amantes del Círculo Polar era una película claramente romántica), donde las dos protagonistas brillan por su gran trabajo al desnudar sus almas casi tanto (o más) que sus cuerpos.

    Las únicas objeciones que se le pueden achacar es su excesiva duración, veinte minutos más que la original versionada, y una exacerbada utilización de la música, utilizada sin descanso (incluso en momentos en los que la situación pide silencio).

     

  • Acción que avasalla

    2301IRON MAN 2

    Sin entrar a valorar las similitudes o variaciones de Iron Man 2 con el cómic del que procede, y centrándonos exclusivamente en esta versión cinematográfica, en sus virtudes y debilidades, podríamos decir simplemente, y por ser concisos, que esta segunda parte mejora a la primera, que aborda ciertos temas que pueden resultar conflictivos, sin dejar de aportarle ciertas dosis de humor, que tiene un ritmo endiablado incluso en las escenas de menos acción, pero que no termina de convencer por una parte central que llega a exasperar.

    El actor Jon Favreau, que también dirigió la primera parte, vuelve a ponerse al timón de esta nave, con un libreto del también intérprete Justin Theroux (al que hemos visto, entre otras, en la Mulholland Drive de David Lynch). El resultado es, al menos,  contradictorio. El ritmo visual es avasallador, frenético; la parte inicial (la más clara muestra de egolatría jamás vista por parte de un personaje en una pantalla de cine) es de las que atrapan, incluyendo la secuencia del ‘juicio’, y no te sueltan. A pesar de que incluya esa peligrosa máxima, que es lo más provocador de esta película, y que puede herir algunas susceptibilidades: la privatización de la paz mundial (el multimillonario Tony Stark se vanagloria de ello en una espectacular presentación al inicio del filme).

    Después de este comienzo arrollador, sorprendente para una cinta de este género, la película entra en una fase quizás exageradamente recargada, con un Robert Downey Jr, más que pasado de rosca (no faltará quien haga una extrapolación al pasado excesivo del actor en su vida real), que llega a cansar.

    Las escenas de acción son más físicas de lo esperado, con menos efectos especiales de lo que era de prever. Y eso que son muchos, parte esencial de la cinta, y los principales responsables de ese ritmo tan endiablado que ya hemos mencionado y del que Favreau (que también se guarda un pequeño papel para sí mismo, como ayudante del héroe cuando no lleva armadura) es autor en mayor medida que Theroux.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (124’)
    Título original: Iron Man 2.
    Director: Jon Favreau.
    Producción: Kevin Feige.
    Guión: Justin Theroux, basado en los cómics de Marvel.
    Fotografía: Matthew Libatique.
    Música: John Debney.
    Montaje: Dan Lebental, Richard Pearson.
    Intérpretes: Robert Downey Jr (Tony Stark), Don Cheadle (Tte. Coronel James Rhodes), Gwyneth Paltrow (Pepper Potts), Scarlett Johansson (Natalie Rushman / Natasha Romanoff), Sam Rockwell (Justin Hammer), Mickey Rourke (Ivan Vanko), Samuel L. Jackson (Nick Fury), Clark Gregg (Agente Coulson), John Slattery (Howard Stark), Jon Favreau (Happy Hogan), Garry Shandling (Senador Stern).{/xtypo_code}

    Y no podemos olvidar esos papeles, más secundarios por tiempo en pantalla, pero valiosos por su importancia en la trama, que son Mickey Rourke (también resucitado para el cine, como Downey, desde hace unos años), en un papel de malvado de los de verdad, y la eternamente fascinante (no siempre por sus interpretaciones) Scarlett Johansson.

    Está claro que no es la mejor película de la historia, incluso puede que tenga fragmentos hasta aburridos, pero tiene ese algo que te atrapa, que te hechiza (y por cierto, una escena post- créditos finales que deja abierta ineludiblemente la puerta a una tercera parte eque no tardará en llegar).