Categoría: La película

  • El gusto por el chiste fácil

    1301Es de agradecer que, aunque sea por una sola vez (no recuerdo otro caso, pero no descarto que exista), asistamos a una comedia romántica en la que los protagonistas no son los típicos y típicas chicos y chicas guapos, de cuerpos esculturales, que (incomprensiblemente) no tenían pareja hasta que se encuentran. Nacho García Velilla, en esta su segunda película, nos presenta una comedia costumbrista sobre la soledad y la fealdad física.

    {xtypo_code}España, 2010. (104’)
    Director: Nacho García Velilla..
    Producción: Nacho G. Velilla, Mercedes Gamero.
    Guión: Oriol Capel, David S. Olivas, Nacho G. Velilla, Antonio Sánchez.
    Fotografía: David Omedes.
    Música: Juanjo Javierre
    Montaje: Ángel Hernández Zoido.
    Intérpretes: Javier Cámara (Eliseo), Carmen Machi (Nati), Hugo Silva (Román); Lluis Vilanueva (Javier), Tristán Ulloa (Abel), Auxilio (Juan Diego), Ingrid Rubio (Mónica), Maria Pujalte (Bego), Petra Martínez (Nieves), Julián López (Bertín), Silvia Casanova (Milagros), Teresa Lozano (Carmen), María Pastor (Luz), Kira Miró (Paloma).{/xtypo_code}

    El problema es que, al igual que ocurrió en su primera cinta (Fuera de carta), García Velilla hace un usa y abusa excesivamente del chiste tosco, carpetovetónico, pasado de rosca. En aquella ocasión era sobre los homosexuales, en esta sobre los feos (aunque también hay alguna que otra gracia, supuestamente divertida, sobre las lesbianas). Pero el director se redime (en parte) por los mejores momentos de la cinta, en las que surge el tono melodramático y cuasi-trágico de la vida de los (desgraciados) protagonistas.

    Que se mueran los feos cuenta la historia de Eliseo y Nati. Él es un tipo cojo y feo, que no ha encontrado a la mujer de su vida, y que vive en la granja con su madre y su tío. Ella ha sido abandonada por su marido y se encuentra sola y en la calle. Tras la muerte accidental de la madre, sus caminos se cruzarán de nuevo después de veinte años sin verse. Nati es la mujer del hermano de Eliseo, quien se siente obligado a alojarla en casa, a pesar de que no la soporte.

    La pareja protagonista, formada por Javier Cámara y Carmen Machi, es el punto fuerte de la cinta, en la que se apoya para obtener el éxito que espera (y que posiblemente conseguirá). Sus actuaciones son más que correctas, aunque para mí no son las mejores de la cinta. Son Julián López (robando planos casi en cada escena que aparece) y, cómo no, Juan Diego.

    García Velilla, salvo momentos contados, utiliza una dirección de trazo grueso, con poca delicadeza, acompañando a un guión también tosco, propio del humor que el cine español utilizaba en otra época, lejos del chiste inteligente. Tiene algún buen momento (pocos), sobre todo, como mencionamos antes, en las escenas más delicadas, en las más dramáticas, que (no obstante) también provocaron risas en el público (al menos en la sesión a la que asistí).

     

  • Burton autorreferencial

    1301ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

    Que Tim Burton es uno de los directores actuales cuyas marcas de autoría son más claras no lo duda nadie. Su estética, su mundo, se ven reflejados en todo lo que hace y siempre (o casi) es sumamente fácil adivinar que estamos ante una de sus películas. Alicia en el país de las maravillas no es una excepción. Al contrario, quizá sea uno de los más claros ejemplos de lo que decimos, ya que aquí nos encontramos con un Burton más autorreferencial que nunca, un Burton que se homenajea y se cita a sí mismo, y son muy numerosas las ocasiones en las que uno puede descubrir elementos de filmes anteriores del director.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009. (108’)
    Título original: Alice in Wonderland.
    Director: Tim Burton.
    Producción: Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd, Richard D. Zanuck.
    Guión: Linda Woolverton, basado en los libros de Lewis Carroll.
    Fotografía: Dariusz Wolski.
    Música: Danny Elfman
    Montaje: Chris Lebenzon.
    Intérpretes: Mia Wasikowska (Alicia Kingsley), Johnny Depp (El sombrerero loco), Helena Bonham-Carter (La Reina roja), Anne Hathaway (La Reina blanca), Crispin Glover (Stayne), Matt Lucas (Tweedledee/Tweedledum), Marton Csokas (Charles Kingsley), Tim Pigott-Smith (Lord Ascot).{/xtypo_code}

    Podemos pensar que el motivo que le ha llevado a ello es el hecho de que en esta ocasión el guión no es suyo (hipótesis dudosa, ya que desde La novia cadáver Burton no llevaba a la pantalla algo ideado por él, y en aquella ocasión sólo eran los personajes), pero lo cierto es que es así. En ello colabora la música de Danny Elfman, que por mucho que sus defensores digan lo contrario, suena siempre igual. Ya desde el principio, la banda sonora nos recuerda a otras cintas del director, y en numerosos momentos, vemos retazos de Sleepy Hollow, Eduardo Manostijeras o Beetlejuice.

    Alicia Kingsley es ya una joven de diecinueve años a la que su madre quiere casar con un lord, aunque ella no está muy convencida de ello, cuando vuelve al mundo mágico en el que se adentró de niña. Sus viejos amigos, a los que ya no recuerda, tienen planes para ella y para salvar su tierra.

    En Alicia…, donde se mezclan los dos libros que sobre el personaje escribió Carroll, Burton no está en su mejor momento. Cierto que no llega al nivel tan bajo que marcó con aquella nefasta El planeta de los simios, pero no se puede negar que no es el Burton de otras ocasiones. Aquí, durante la primera hora de metraje, se dedica a recrear un mundo visual fascinante, presentando una galería de personajes y decorados visualmente espléndidos, pero poco más, y donde la trama prácticamente brilla por su ausencia. La cinta, durante este largo apartado, se sustenta en la puesta en escena, en los efectos visuales y en el trabajo de creación digital. Ya en la parte final, la historia toma más importancia y el asunto se vuelve más interesante, aunque nunca termina de convencer, por ser previsible y tener poca consistencia.

    Johnny Depp está sobreactuado, Mia Wasikowska es poco consistente, Anne Hathaway (su personaje) no se sabe qué hace ahí (podría desaparecer de la trama y no pasaría nada). La única que salva la cabeza es la que corta las demás, Helena Bonham-Carter, junto a Depp, una habitual en las cintas del director.

  • Una más de lucha de sexos

    1301EXPOSADOS

    En ocasiones como ésta es ciertamente difícil encontrar el tema o el asunto por el que comenzar el artículo, puesto que hay bastante poco a lo que agarrarse para defender (aunque no sea ese mi trabajo) esta comedia romántica de acción, ya que (para ser breves y acabar en un pispas), las escenas de acción dan risa, y las cómicas (salvo dos ocasiones contadas) dan vergüenza ajena.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (110’)
    Título original: The bounty hunter.
    Director: Andy Tennant.
    Producción: Neal H. Moritz.
    Guión: Sarah Thorp.
    Fotografía: Oliver Bokelberg.
    Música: George Fenton
    Montaje: Troy Takaki.
    Intérpretes: Jennifer Aniston (Nicole Hurley), Gerard Butler (Milo Boyd), Gio Perez (Tío Sam), Joel Garland (Dwight), Jason Kolotouros (Gelman), Matt Malloy (Gary), Jason Sudeikis (Stewart), Adam Rose (Jimmy), Christine Baransky (Kitty Hurley), Siobhan Fallon (Teresa), Dorian Missick (Bobby Singer), Jeff Garling (Sid).{/xtypo_code}

    Y por si fuera poco, la idea ni siquiera es original, es más, no es descabellado pensar que es un plagio (malo) con las modificaciones precisas para disfrazarlo de novedad: lo de que un caza-recompensas reciba el encargo de capturar y entregar a su ex-mujer, por la que todavía (aunque lo niegue) siente algo, y con unos malos malísimos pisándole los talones, ya lo vimos hace bastantes años en aquella Dos pájaros a tiro que ya han pasado cien veces en televisión.

    También es cierto que no se podía esperar mucho de esta película (sabíamos, antes de verla, que no iba a ser una revolución, ni un punto de inflexión en la historia del cine), podíamos intuir que la taquilla iba a ser buena (la pareja protagonista estaba pensada para ello), pero la verdad es que resulta muy difícil entrar dentro de la historia, y lo normal es que el espectador no sólo no se ría (ningún gag es divertido) sino que incluso se aburra.

    Jennifer Aniston se mueve bien en la comedia, ni es la primera vez ni será la última que la veamos en una cinta de este género. Ella es sin duda la estrella de la cinta. Eso no significa nada cuando el argumento es el que es, y no vamos a ahondar más en el tema. En cambio, a Gerald Butler le sienta mejor el cine de acción, pero en la comedia no termina de encajar, y nos regala aquí una de las peores actuaciones del año.

    El director, Andy Tennant, que nunca se ha caracterizado por sus buenas películas (entre sus trabajos se encuentran Como locos… a por el oro, Hitch, Sweet home Alabama o Sólo los tontos se enamoran) rueda aquí con poco acierto, sin esforzarse demasiado, como para salir del apuro. Y la verdad es que no es para menos. Flojísima cinta, una comedia más de lucha de sexos, que falla en todo lo que quiere contar.

  • Un Akin más ligero

    1301SOUL KITCHEN

    Son muy numerosas las ocasiones en las que el cine se ha ocupado del fabuloso mundo de la gastronomía, con películas donde la comida y los ágapes son tema fundamental de la trama, y las cocinas y restaurantes los mejores decorados. Soul kitchen, la nueva cinta del director turco-alemán Fatih Akin es la última en sumarse a esa larga lista.

    {xtypo_code}Alemania, 2009. (99’)
    Título original: Soul kitchen.
    Director: Fatih Akin.
    Producción: Fatih Akin, Ann-Kristin Homann, Klaus Maeck.
    Guión: Fatih Akin, Adam Bousdoukos.
    Fotografía:  Rainer Klausmann.
    Montaje: Andrew Bird.
    Intérpretes: Adam Bousdoukos (Zinos Kazantsakis), Moritz Bleibtreu (Illias Kazantsakis), Birol Ünel (Shayn Weiss), Anna Bederke (Lucia), Pheline Roggan (Nadine Krüger), Lukas Gregorowicz (Lutz), Dorka Gryllus (Anna Modstein), Wotan Wilke Möhring (Thomas Neumann), Demir Gökgöl (Sokrates), Monica Bleibtreu (Abuela de Nadine), Catrin Striebeck (Sra. Schuster).{/xtypo_code}

    Akin abandona las historias duras, más cercanas al drama, con las que recogió innumerables premios por todo el mundo, y que fueron merecidamente reconocidas por crítica y público, como fueron Contra la pared y Al otro lado (ambas, por cierto, pasaron por el Sevilla Festival de Cine), y se pasa a la comedia, alocada en algún momento, aunque su cine siga siendo claramente reconocible, los rasgos típicos ya presentes en las cintas anteriores vuelven a aparecer, y su estilo es inconfundible.

    Zinos es dueño de un restaurante de fritanga en Hamburgo, y su suerte no marcha nada bien: Nadine, su novia, se marcha a Shanghai por trabajo, Hacienda le agobia, sus clientes abandonan el local desde que contrató a un nuevo cocinero, y una hernia discal no le deja casi ni moverse. Pero la voz empieza a correrse y pronto su local empieza a llenarse. Aunque su corazón sigue vacío, y decide dejarlo todo en manos de su hermano Illias, un ex-convicto que acaba de salir de la cárcel, y marcharse a China a buscar a Nadine. Dos malas decisiones que difícilmente podrá solucionar.
    Soul kitchen tiene grandes momentos, buenas secuencias como la divertida-patética sesión de cibersexo entre el protagonista y su novia, aunque también situaciones que no son tan convincentes ni tan divertidas como se pretende.

    Akin se mantiene fiel a su estilo, su estética y su selección musical, pero al cambiar de género la fuerza que tenía hasta el momento en sus cintas, decae, pierde fuelle. Soul kitchen es más asequible, más ligera, menos profunda que sus éxitos anteriores, pero también es más olvidable. Mantiene el tipo mientras se está viendo, provoca más de una sonrisa (y un par de carcajadas), aunque se cebe demasiado con algún gag (utilizándolo en exceso), pero poco después de salir de la sala, es difícil recordar las visicitudes de Zinos.

  • Contra el poder

    0901EL ESCRITOR

    Gran noticia para el cine es el retorno a la dirección (hacía tiempo que no sabíamos de él, después de sus muchos problemas con la justicia, que no entraremos a valorar aquí) del más aventajado discípulo de Alfred Hitchcock, el gran autor Roman Polanski.

    {xtypo_code}Reino Unido-Alemania-Francia- Estados Unidos, 2010. (128’)
    Título original: The ghost writer.
    Director: Roman Polanski.
    Producción: Robert Benmusa, Alain Sarde, Timothy Burrill, Roman Polanski.
    Guión: Roman Polanski y Robert Harris, basado en la novela de Robert Harris.
    Fotografía: Pawel Edelman.
    Música: Alexandre Desplat. Montaje: Hervé de Luze.
    Intérpretes: Ewan MacGregor (El escritor), Pierce Brosnan (Adam Lang), Olivia Williams (Ruth Lang), Kim Cattrall (Amelia Bly), Timothy Hutton (Sidney Kroll), Jon Bernthal (Rick Ricardelli), James Belushi (John Maddox), Tom Wilkinson (Paul Emmett), Eli Wallach (Vecino anciano).{/xtypo_code}

    El director polaco se salta a la torera todas las convenciones y modas, le da lo mismo lo que se lleve, cómo se hacen las películas (las normas de género) en la actualidad… Él sigue fiel a su estilo, a su concepción del cine, y demuestra, una vez más, que es un maestro, y que pocos son capaces de hacer un filme tan diferente como este, plagado de tópicos y repleto de un humor caústico que (en ocasiones) pasa hasta desapercibido.

    Un escritor acepta a regañadientes el encargo de hacer de ‘negro’ y terminar las memorias del ex-primer ministro británico Adam Lang, a pesar de que, él mismo lo reconoce, ni sabe ni le interesa nada la política. Aunque su agente le dice que puede ser la oportunidad de su vida, el proyecto parece condenado desde un primer momento, ya que el anterior encargado de hacerlo, el antiguo ayudante de Lang, murió en extrañas circunstancias. Además, el político se ve inmiscuido pronto en turbios asuntos, y es acusado por sus propios compañeros de gobierno de haber colaborado con la CIA en el secuestro y tortura de ciudadanos británicos.

    Aunque la apariencia es de un thriller oscuro, con intereses y tejemanejes políticos de por medio, Polanski no olvida en ningún momento los toques cómicos, aún más negros, y que ayudan a definir aún más a los personajes y la situación en que se encuentran. El escritor, por ejemplo, se da cuenta bastante tarde de que es invisible, de que él no tiene la más mínima importancia en todo el asunto, de que es simplemente un negro (en el sentido literario del término), y su nombre no importa. De hecho, Polanski ni siquiera le da uno, y es sólo ‘el escritor’.

    Las interpretaciones ayudan a mantener el buen nivel de la cinta, con una gran tripleta protagonista (MacGregor, Brosnan, Williams), aunque los mejores momentos los proporcionan dos grandes con papeles muy breves: Tom Wilkinson y Eli Wallach. Pero sin duda, la estrella es Polanski. Su gran maestría, el hecho de contar lo justo, de elegir los planos para mostrar lo necesario, dando información hasta cuando parece que no la está dando, demuestran que es uno de los más grandes directores vivos, pese a que muchos prefieran juzgarlo por su comportamiento fuera de los sets de grabación, en su vida privada.

  • Un oasis en el páramo

    0901HERMANOS

    No es esta la primera vez que mencionamos el hecho (irrefutable) de que la mente de los guionistas americanos está cerca de ser un páramo, cada año más seca, menos viva, y más vacía de ideas nuevas para crear historias que consigan sobrecoger, emocionar, o hacernos reír, y que, por ello, acuden cada vez con más frecuencia a la socorrida versión de otras películas de otras zonas del planeta, que ya han tenido éxito en los últimos años. Por ello no abordaremos más el asunto, y simplemente diremos dos cosas: que, en esta ocasión, el filme elegido ha sido el danés Hermanos (Susanne Bier, 2004), y que, por una vez, el resultado es más que bueno.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009. (110’)
    Título original: Brothers.
    Director: Jim Sheridan.
    Producción: Michael de Luca, Ryan Kavanaugh, Sigurjon Sighvatsson.
    Guión: David Benioff, basado en la película Brødre, con guión de Sussane Bier y Anders Thons Jensen.
    Fotografía:  Frederick Elmes.
    Música: Thomas Newman.
    Montaje: Jay Cassidy.
    Intérpretes: Jake Gyllenhaal (Tommy Cahill), Natalie Portman (Grace Cahill), Tobey Maguire (Capitán Sam Cahill), Clifton Collins Jr (Mayor Cavazos), Sam Shepard (Hank), Mare Winningham (Elsie), Bailee Madison (Isabelle), Taylor Geare (Maggie), Patrick Flueger (Soldado Joe Willis), Carey Mulligan (Cassie), Jenny Wade (Tina).{/xtypo_code}

    Si la cinta original basaba su potencial en una historia poderosa y en unas interpretaciones magníficas (la pareja protagonista ganó los premios a las mejores interpretaciones en el Festival de San Sebastián), en esta nueva versión vuelve a ocurrir lo mismo, y es el trío de intérpretes (en especial Tobey Maguire y Natalie Portman) los que levantan aún más una película que ya de por sí tiene la suficiente fuerza para mantenerse por sí misma.

    Sam es un militar respetado, que vive feliz con Grace, su mujer, y sus hijas. Su hermano Tommy es un bala perdida que acaba de salir de prisión. Pero en una misión en Afganistán su helicóptero es derribado y él dado por desaparecido. Tommy, contra todo pronóstico, es capaz de ocuparse del cuidado de sus sobrinas y su cuñada. Pero un día, Sam regresa, tras haber sufrido un profundo trauma.
    Hermanos no cuenta, en realidad, nada nuevo. No es la primera historia sobre las secuelas psíquicas de la guerra, ni sobre una mujer entre dos hombres (que son hermanos). Además, los temas que guían el argumento (los celos, la culpa, el resentimiento, la responsabilidad), también se han tratado en otras ocasiones. Entonces, ¿qué hace a esta película diferente de esas otras? El modo en que se tratan estos temas (el guión es muy respetuoso con el original danés, sobrio y crudo, y Jim Sheridan se aleja de lo que muchos otros en su lugar habrían hecho), sin las moralinas ni las mojigaterías a las que tan acostumbrados nos tiene el cine americano.

    Jim Sheridan ha realizado un drama consistente, que huye de la lágrima fácil, tan habitual en este tipo de cintas; una película que, en algunos momentos, es incluso mejor que la original (el sufrimiento de la mujer y la relación de las niñas con su tío quedan mejor reflejadas en la versión americana); una cinta que es un oasis en el desolado páramo de la industria cinematográfica norteamericana.

  • ¡Música, maestro!

    1301EL CONCIERTO

    Del director rumano, afincado en Francia, Radu Mihailescu hemos visto hasta ahora todo lo que ha rodado desde que cambió Bucarest por París. Primero fue El tren de la vida, y después Vete y vive, que pasó por el Sevilla Festival de Cine en 2005, cosechando buenas críticas. Desde entonces, nada hasta esta El concierto, en la que Mihailescu ha depurado su estilo, si bien es cierto que aún mantiene algunos elementos demasiado sensibleros, en una historia en la que podría haber prescindido de ellos y lograr un mejor resultado, pero lo conseguido al final está en un nivel más que aceptable para el goce del buen cine y la buena música.

    {xtypo_code}Francia-Italia-Rumania-Bélgica, 2009 (119’)
    Título original: Le concert.
    Director: Radu Mihaileanu.
    Producción: Alain Attal.
    Guión: Radu Mihaileanu, Matthew Robbins y Alain-Michel Blanc.
    Fotografía:  Laurent Daillant.
    Música: Armand Amar.
    Montaje: Ludovic Troch.
    Intérpretes: Aleksei Guskov (Andrei Filipov), Mélanie Laurent (Anne-Marie Jacques), Dmitri Nazarov (Sacha Grossman), Valeriy Barinov (Ivan Gavrilov), François Berleand (Olivier Duplessis), Miou-Miou (Guyléne), Lionel Abelanski (Jean-Paul Carrère), Anna Kamenkova (Irina Filipovna).{/xtypo_code}

    Andrei Filipov era el mejor director de orquesta de la Unión Soviética de Brezhnev, treinta años atrás, y dirigía el Bolshoi, pero tras negarse a expulsar a sus músicos judíos, fue despedido. Tres décadas después, sigue trabajando en el Bolshoi, pero como limpiador. Un día, mientras limpia el despacho del jefe, llega un fax del Teatro Chatelet de París, solicitando una actuación de la orquesta del Bolshoi. A Filipov se le ocurre una idea descabellada: reunir a la vieja orquesta, a espalda de los responsables actuales, y viajar a París para actuar una vez más, treinta años después.

    La historia toma el tono de comedia coral, uniéndose al grupo de filmes (cada vez más habituales) de cintas que hacen (o intentan hacer) humor con temas serios, sin tomárselo a la ligera, eso sí. Para ello, Mihailescu centra los papeles más cómicos en personajes secundarios que se prestan a ello, y los ejemplos más claros son un viejo líder del partido comunista, una reliquia política que no ha evolucionado absolutamente nada con los años y que necesita pagar a figurantes para que alguien vaya a sus mítines; y un nuevo rico, un magnate del gas prepotente y chulo, que dice amar la música. El resto de personajes, los músicos, quedan mejor parados, y la historia sólo pierde un poco de fuelle en los momentos en que el argumento se centra en temas más sentimentales.

    En el apartado actoral (siempre lo que más queda para el espectador de a pie), sobresale una gran Mélanie Laurent (que ya hizo lo mismo, sobresalir, en lo último de Tarantino), demostrando una gran solvencia interpretativa (aparte de una gran belleza). Y siempre nos quedará ese final, arriesgado Mihailescu, que concluye con una larga secuencia del concierto con música de Tchaikovsky, que llega a ser épico, en la que imágenes de flash-forward cierran los flecos que podían quedar pendientes, y que demuestra el poder evocador de la música.

  • Se cierra la saga, ¿o no?

    1101LA REINA EN EL PALACIO DE LAS CORRIENTES DE AIRE

    Menos de un año después de que se estrenara (en cine, claro) la primera parte de la extensa trilogía creada por Stieg Larsson, la historia llega a su fin. Y lo curioso es que no es un final corriente, no es estridente, no es espectacular (del estilo al que el cine hollywoodiense no tiene acostumbrados). Antes al contrario, ni siquiera parece un final. La historia contada en los libros llega a su conclusión, pero todo parece indicar que las aventuras de Blomkvist y ese gran personaje que es Lisbeth Salander puede continuar en el cine, más allá de la imaginación de Larsson, su creador.

    {xtypo_code}Suecia-Dinamarca-Alemania. 2009. (148’)
    Título original: Luftslottet som sprängdes.
    Director: Daniel Alfredson.
    Producción: Soren Staermose.
    Guión: Jonas Frykberg y Ulf Ryberg, basado en la novela de Stieg Larsson.
    Fotografía:  Peter Mokrosinski.
    Música: Jacob Groth.
    Montaje: Hakan Karlsson.
    Intérpretes: Noomi Rapace (Lisbeth Salander), Michael Nyqvist (Mikael Blomkvist), Michalis Koutsogiannakis (Armanskij), Anders Ahlbom (Dr. Peter Teleborian), Micke Spreitz (Ronald Niederman), Mirja Turestedt (Monica Figuerola), Hans Alfredson (Evert Gullberg), Lena Endre (Erika Berger), Jacob Ericksson (Christer Malm), Annika Hallin (Annika Giannini), Lennart Hjulström (Clinton), Niklas Hjulström (Ekström), Magnus Krepper (Hans Faste), Johan Kylén (Bublanski), Sofia Ledarp (Malin Erikson).{/xtypo_code}

    Es ahora, cuando la trilogía fílmica ya ha concluido, cuando podemos hacer un análisis de conjunto (al menos somero, que tampoco tenemos tanto espacio). A grandes rasgos (salvo en parte de la segunda y más floja entrega), la versión cinematográfica se mantiene fiel al tono oscuro de la novela.

    En esta tercera parte, la más compleja y de argumento más adusto, al igual que en las anteriores, se han eliminado algunos personajes y varias líneas argumentales, y se han simplificado otras, en beneficio de hacer más asequible la comprensión de lo que se cuenta (esta entrega es la más política, la más difícil de digerir).

    Lisbeth se recupera en la cama de un hospital de las graves heridas sufridas de manos de su padre, Zalachenko, que también reposa malherido, dos habitaciones más allá. La policía espera a que la chica se restablezca para detenerla. Pero Michael no piensa dejarla en la estacada, y escarba en su pasado, para tratar de ayudarla, sacando a la luz todos los trapos sucios de los que conspiraron contra ella en el pasado.

    Alfredson, director de las dos últimas entregas, demuestra una gran solvencia a la hora de trasladar a imágenes una de las sagas literarias más rentables de los últimos tiempos, no se ha dejado llevar por lo fácil y ha sido fiel a la esencia, a esa negrura que subyace por debajo de toda la trama. No hay escenas grandiosas, no hay alharacas, al contrario, hasta las pocas secuencias de peleas, de enfrentamientos, (verbales y físicos) son secas, rápidas, o directamente omitidas (como la escena final).

    Una buena película, que sirve para cerrar una buena saga literaria. Mejorable, cómo no, pero da miedo pensar lo que habrían hecho en Hollywood con este material…

  • Ocasión desperdiciada

    1501THE LOVELY BONES

    Hay películas que se esperan con impaciencia, directores que generan expectación. Y Peter Jackson, después de rodar la trilogía de la obra de Tolkien y el innecesario remake de King Kong, en lo que parecía ser un retorno a los orígenes, con su nueva obra que parecía recordar a la fantástica Criaturas celestiales (rodada en Nueva Zelanda hace diecisiete años y que supuso el debut en el cine de Kate Winslet), es uno de ellos.Pero el resultado decepciona, no llega a lo esperado ni de casualidad.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido-Nueva Zelanda, 2009.(135’)
    Título original: The lovely bones.
    Director: Peter Jackson.
    Producción: Carolyne Cunningham, Peter Jackson, Aimée Peyronnet, Fran Walsh.
    Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, basado en la novela de Alice Sebold.
    Fotografía:  Andrew Lesnie.
    Música:  Brian Eno.
    Montaje: Jabez Olssen.
    Intérpretes: Mark Wahlberg (Jack Salmon), Rachel Weisz (Abigail Salmon), Saoirse Ronan (Susie), Jake Abel (Brian Nelson), Stanley Tucci (George Harvey), Susan Sarandon (Abuela), Michael Imperioli (Len Fenerman), Reece Ritchie (Ray), Rose McIver (Lindsey), Nikki SooHoo (Holly), Carolyn Dando (Ruth).{/xtypo_code}

    Jackson entrelaza tres historias con un eje común, a lo largo de dos horas y cuarto, que se eternizan como pocas veces: la del sufrimiento de unos padres que acaban de perder a su hija; la del asesino de la misma; y la de la pequeña, que asiste a todo, desde su limbo particular, un mundo colorista, que no quiere abandonar sin hacer una última cosa. Ella es el eje común, el elemento que vertebra la historia, aunque la mayoría de las veces permanezca en un segundo plano.

    El autor de la oscura (y ya mencionada) Criaturas celestiales, toma como partida una novela que prometía una cinta de un tono semejante. El libro es más tenebroso, pero Jackson se ha decantado por un estilo más cursi, más pusilánime y más suavizado que en el texto original, más centrado en la estética visual del limbo en el que se encuentra la joven protagonista (a la que ya vimos en City of Ember y nos deslumbró en Expiación), pero reiterativa y repetitiva en la historia que cuenta. Baste decir (como ejemplo de esto), que lo que en el libro se contaba en la tercera página (la violación y asesinato de la chica, narrado por ella misma) aquí se alarga casi tres cuartos de hora, y se elimina la agresión sexual (ignoramos el motivo que ha llevado a Jackson a ello).

    Por otro lado, no hay nada que justifique la excesiva duración de la cinta, unos 135 minutos que llevan a alargar escenas innecesariamente, a utilizar secuencias en paralelo que no tienen sentido y que no aportan tensión alguna a la situación.
    The lovely bones se mantiene en el límite, justo al borde, a punto de convertirse en una película mala, se queda simplemente en aburrida. Una cinta que podía haber dado mucho más de sí, pero en la que Jackson ha desperdiciado una buena oportunidad, una buena historia y un buen plantel de actores. Se deja ver, siempre que no se sea muy exigente, claro.

  • Una isla de engaños

    1501SHUTTER ISLAND

    Martín Scorsese es uno de esos directores que despiertan gran interés en el público y, sobre todo, la crítica con cada proyecto que comienza, independientemente de que después cumpla las expectativas o no. En esta ocasión, en su cuarta colaboración con Leonardo DiCaprio, el resultado es una cinta difícil de catalogar y que puede exasperar o cautivar a partes iguales.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (138’)
    Director: Martin Scorsese.
    Guión: Laeta Kalogridis, basado en la novela de Dennis Lehane.
    Producción: Brad Fisher, Mike Medavoy, Arnold Messer, Martin Scorsese.
    Fotografía:  Robert Richardson.
    Montaje:  Thelma Schoonmaker.
    Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max von Sidow, Michelle Williams, Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Jackie Earle Haley, Ted Levine, John Carroll Lynch, Elias Koteas, Robin Bartlett, Christopher Denham, Nellie Sciutto.{/xtypo_code}

    En Shutter Island, basada en una novela de Dennis Lehane, autor también de Mystic River, que llevó a las pantallas Clint Eastwood, Scorsese hace un ejercicio de mezcla de géneros, difícil de ver juntos en situaciones normales.

    Teddy Daniels es un agente federal que debe acudir junto a su nuevo compañero hasta el sanatorio de Ashecliffe, en la isla Shutter, un lugar donde envían a los más peligrosos criminales y psicópatas, para investigar la misteriosa desaparición de Rachel, una de las internas más peligrosas, que se ‘evaporó’ de una habitación cerrada con llave sin dejar el más mínimo rastro. Pero Daniels se encontrará con las reticencias de los doctores y demás trabajadores para colaborar con la investigación y empezará a sospechar que tratan de ocultar algo. Y la situación, la sensación de duda que se crea, llega a ser tal que ya no se sabe qué puede ser verdad, qué sueño, qué paranoia y qué alucinación. Y cuando acaba la cinta (pese a que muchos estén diciendo lo contrario), la sensación no desaparece.

    Scorsese se ha centrado en un guión tramposo, que mantiene la tensión durante gran parte del metraje, a pesar de varios momentos en los que el ritmo baja y se hace moroso, para al final desvelar el engaño que se podía intuir desde mitad de la cinta.

    La sensación de opresión y de enclaustramiento, esa imposibilidad de escapar de la prisión que tienen los que allí se encuentran recluidos, se refleja en todos los aspectos técnicos de Shutter Island. Tanto la fotografía, como la selección musical (con piezas no originales), y sobre todo los interiores oscuros, asfixiantes, apoyados por unos personajes que colaboran a ello, con unas buenas y solventes interpretaciones de Ben Kingsley y Mark Ruffalo, pero sobre todo de DiCaprio y, aunque breve, Patricia Clarkson.