Categoría: La película

  • El viejo y el mar

    Película Cuando todoe está perdido

    CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO

    Minimalismo extremo es lo que nos ofrece la nueva película de J.C. Chandor. Un único protagonista (la única presencia humana que vemos en toda la película es la de Robert Redford), un único decorado (un barco en medio del océano Índico) y apenas un par de frases (el protagonista apenas habla durante las casi dos horas de metraje). Y funciona, aunque solo a ratos.

     

    {xtypo_code} Estados Unidos, 2013 (106′)
    Título original: All is lost.
    Escrita y dirigida : J. C. Chandor.
    Producción: Neal Dodson, Anna Gerb, Justin Nappi, Teddy Schwarzman.
    Fotografía:  Frank G. DeMarco, Peter Zuccarini.
    Música: Alex Ebert.
    Montaje: Pete Beaudreau.
    Intérpretes: Robert Redford. {/xtypo_code}

    La historia de un hombre que navega en solitario y que al despertar una mañana se encuentra con que el casco de su barco se ha roto tras chocar contra un contenedor a la deriva y que el agua está empezando a anegarlo todo. Entonces empieza una lucha de días, sin compañía, sin comunicaciones, para sobrevivir a varias tormentas, a la escasez de alimentos, a la soledad, a la fatalidad, a la espera de que alguien pueda rescatarle.

    La película se abre con un brevísimo monólogo en off del protagonista que bien podría haber sido eliminado, porque tampoco aporta nada relevante (aparte de que en esos escasos segundos se supera el número de palabras pronunciadas del resto de metraje). Eso sí, una vez planteado el desastre inicial, el director se decanta por la sencillez formal. Nada de alardes, nada de efectos deslumbrantes. Simplemente un hombre luchando contra los elementos. Lo cual es bueno, siempre que no haya excesos. Tan pocos alardes hay que ni siquiera Robert Redford (vaca sagrada de Hollywood, pero que ya hace unos años que anda de capa caída) parece angustiado de verdad, y su rostro permanece impertérrito (quizás sea por el botox). Qué hace un hombre, del que no sabemos absolutamente nada, ni siquiera su nombre, y que bordea la ochentena, solo en un velero en medio del Índico, es algo que tampoco nos cuentan. Aunque, la verdad, ¿qué más da? Está y punto.

    La cinta, que cuenta con una buena banda sonora (ganadora del Globo de Oro) y una más que notabble fotografía, podría interpretarse del mismo modo que Gravity (al enfrentar al ser humano ante la inmensidad, ante la soledad más absoluta, en territorio hostil), pero sin contar con el majestuoso despliegue visual de aquella. Puede sobrecoger, pero a ratos resulta aburrida, cansina, sobre todo por la multitud de desgracias que le ocurren al protagonista una detrás de otra. El colmo de la mala suerte.

  • El Quijote americano

    Película NebraskaNEBRASKA

    Puede ser la tapada de los Oscar, la cinta que ha llegado a la final (opta a seis premios: mejor película, director, actor, actriz de reparto, guión y fotografía) haciendo menos ruído, pero que podría dar la campanada. Y, de lograrlo, nadie se llevaría las manos a la cabeza. Ello es porque detrás está el siempre eficaz Alexander Payne, autor de obras como Los descendientes, Entre copas, A propósito de Schmidt o Election. Obras todas magníficas, pero en las que (a pesar de elementos comunes) también se observa una evolución.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (115′)
    Dirección: Alexander Payne.
    Producción: Albert Berger, Ron Yerxa.
    Guión:  Bob Nelson.  
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música: Mark Orton.
    Montaje: Kevin Tent.
    Intérpretes: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bon Odenkirk (Ross Grant), Stacy Keach (Ed Pegram), Mary Louise Wilson (Tía Martha), Rance Howard (Tío Ray), Tim Driscoll (Bart), Devin Ratray (Cole), Angela McEwan (Peg Nagy). {/xtypo_code}

    La película toma la forma (como es habitual en el director) de una road-movie, y parte de una premisa muy sencilla: Woody es un anciano, bordeando la demencia (cosas de la edad) que cree haber ganado un millón de dólares por culpa de una carta publicitaria que le ha llegado hace poco, y empeñado en ir a Lincoln (Nebraska) a recoger el premio, aunque sea andando. Tras escaparse varias veces, su hijo decide acompañarlo y protegerlo en la aventura.

    Rodada en un sobrio blanco y negro, Payne (que rueda por primera vez un guión ajeno) se las apaña para utilizar todos sus elementos habituales, y poner sus señas de identidad en el producto. Es quizás la cinta más tierna (si se me permite) del director. Lejos queda la caricaturización de los personajes de Election. Aquí, el viaje que emprenden padre e hijo (a los que el tiempo y las circunstancias han alejado), les sirve para conocerse mejor, para que surjan secretos del pasado por obra y gracia de un grupo de fantásticos secundarios que quieren aprovechar la situación sacando trapos sucios.
    Woody es una especie de Quijote, enajenado y empeñado en ver lo que quiere ver, y luchar por ello. Y su hijo (muy bien Will Forte, eclipsado por un soberbio Bruce Dern) se ve obligado a acompañarle, cual Sancho, para protegerle, para intentar hacerle ver con ‘los ojos de la razón’, en vez de con los del corazón.

    Historia melancólica, que no evita el humor, Nebraska despierta sonrisas, a pesar de que su visión se sustenta en la derrota, pero también en la esperanza. Es una historia ambigua que te atrapa, una comedia triste de eso que llaman la América profunda, de un luchador que lo único que pretende, en realidad, es recuperar la dignidad.

     

     

  • Juego de ficciones

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    LA VENUS DE LAS PIELES

    En un teatro parisino, Thomas está a punto de marcharse a casa después de un duro día de audiciones en el que no ha encontrado lo que busca. Vanda llega tarde y calada hasta los huesos. Es todo lo que odia Thomas: vulgar, malhablada, sin cerebro, pero insistente. Y entonces, en la prueba, se produce la metamorfosis, y Thomas queda fascinado con la chica, que conoce cada línea de guión, y va provista de disfraces y accesorios. Mientras la prueba se alarga, la intensidad entre ellos crece y los papeles se van modificando.

    {xtypo_code}Francia-Polonia, 2013. (96′)
    Título original: La Vénus à la fourrure.
    Dirección: Roman Polanski.
    Producción: Robert Benmussa, Alain Sarde.
    Guión:  David Ives y Roman Polanski, basado en la obra de David Ives.  
    Fotografía: Pawel Edelman.
    Música:  Alexandre Desplat.
    Montaje: Margot Meynier, Hervé de Luze.
    Intérpretes: Emmanuelle Seigner (Vanda), Mathieu Amalric (Thomas).{/xtypo_code}

    La nueva película de Roman Polanski es una cinta aparentemente sencilla, que se desarrolla en un único espacio (algo que ya había hecho en sus inicios en películas como Un cuchillo en el agua, y también en su última obra hasta esta, Un dios salvaje). También porque únicamente hay dos personajes en la trama (ya en su anterior cinta también usó este ‘minimalismo’ actoral, aunque allí eran cuatro los protagonistas). Pero esto solo es apariencia.

    La Venus de las pieles es un cúmulo de capas y más capas, de diferentes niveles que se van sumando y que crean una obra de extrema complejidad. La película está basada en una obra de teatro de David Ives, en la que se ensaya una obra de teatro que está inspirada en la obra La Venus de las pieles (de Sacher-Masoch, que con ella inspiró el término masoquista), y que a su vez estaba inspirada en el cuadro La Venus del espejo.

    Polanski vuelve a tratar aquí temas y elementos recurrentes, presentes en muchas de sus películas: su obsesión por un solo escenario, las relaciones sadomasoquistas, el travestismo, la lucha de sexos, la dominación, el deseo…  

    Los protagonistas interpretan un juego de ficciones, pasando sin aviso, sin descanso, de un papel a otro. Son director y actriz, y de pronto son los personajes de la historia teatral que se quiere representar, para volver de inmediato a la primera y, a mitad de conversación, pasar a la segunda. El director-dios que domina la situación y tiene el control sobre la actriz-pupila, pronto pasa a ser casi un pelele en manos del huracán que tiene delante. La confusión que se crea entre realidad y ficción (que también ha sido tratada por Polanski en otras ocasiones).

    La Venus de las pieles se cuestiona los roles de poder, género, clase e identidad con una historia a ratos divertida, a ratos inquietante, que recuerda en algunos momentos a la mítica La huella (a pesar de ser muy distinta), y que también muestra en parte la relación del director con la actriz protagonista (que es su mujer en la vida real).

     

  • Disney al cuadrado

    Al encuentro del Sr. Banks

    AL ENCUENTRO DEL SR. BANKS

    Hay películas que tienen un embarazo muy largo, y que tardan años desde que empieza a desarrollarse el proyecto, hasta que el filme llega a las pantallas. Uno de los ejemplos más evidentes es el que se cuenta en esta cinta, el proceso de creación de una de las obras más míticas de la factoría Disney, Mary Poppins.

    Y es que Walt Disney estuvo casi veinte años persiguiendo a la australiana Pamela Travers, autora de la novela sobre la famosa niñera para que le permitiera rodar la versión cinematográfica de su libro, hasta que ella decidió acudir a los estudios para supervisar todo el desarrollo del proyecto desde el guión, y lo conflictivo que fue dicha tarea por la negativa de la escritora a casi todo lo que Disney pretendía incluir en la cinta.

    Lo cierto es que, de no ser por la cabezonería de Disney, jamás habríamos conocido a la niñera que volaba con un paraguas, porque, seamos sinceros ¿alguien conoce la novela?

    La película mezcla dos líneas argumentales, viajando de una a otra: la de Pamela en los estudios, negociando todas las condiciones para aceptar la cesión de los derechos; y los recuerdos de ésta cuando era una niña en Australia, su relación con su padre, al que idolatraba, y al que homenajeo en el libro que después escribiría. En la primera, la pareja formada por Emma Thompson y Tom Hanks mantienen el nivel de la historia, que en sí no es del todo creíble (ni Disney era tan bueno, ni (probablemente) Travers fuera tan reticente). La segunda, menos consistente, aunque igualmente importante en la historia, cuenta con un Colin Farrell poco (o nada) creíble.

    A pesar de que ha recibido algunos premios en los últimos meses de parte de algunas de las múltiples asociaciones de críticos, para los Oscar solo ha conseguido una nominación, a la mejor banda sonora, obra de Thomas Newman, que en algunos momentos recuerda a otras composiciones del autor (como la de American beauty) y que tendrá difícil ganar el premio.

    El director mejora (ligeramente) desde su anterior cinta (la floja The blind side), aunque aún le queda por mejorar para entregarnos una película verdaderamente grande. Aparte queda lo raro que parece una película de Disney que cuenta una parte de la vida de Disney.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido-Australia, 2013 (125′)
    Título original: Saving Mr. Banks.
    Dirección: John Lee Hancock.
    Producción: Ian Collie, Alison Owen, Philip Steuer.
    Guión:  Kelly Marcel, Sue Smith.  
    Fotografía: John Schwartzman.
    Música: Thomas Newman.
    Montaje: Mark Livolsi.
    Intérpretes: Emma Thompson (Pamela Travers), Tom Hanks (Walt Disney), Annie Rose Buckley (Ginty), Colin Farrell (Travers Goff), Ruth Wilson (Margaret Goff), Paul Giamatti (Ralph), Bradley Whitford (Don DaGradi), B.J. Novak (Robert Sherman), Jason Schwartzman (Richard Sherman), Lily Bigham (Biddy), Kathy Baker (Tommie), Melanie Paxson (Dolly), Rachel Griffiths (Tía Ellie).{/xtypo_code}

  • Corrupción y timos

    La gran estafa americana

    LA GRAN ESTAFA AMERICANA

    David O. Russell es uno de esos directores que el gran público apenas conoce, y sin embargo es uno de los más respetados y reputados realizadores para gran parte de la crítica. De hecho, no es muy habitual lograr lo que él ha logrado: meterse en las cinco categorías principales (película, director, actriz, actor, guión) de los Oscar, en dos años consecutivos (el pasado 2013 fue con El lado bueno de las cosas, de la que ya dijimos que tras una primera muy buena hora, acababa desinflándose). Y la cosa mejora si hablamos de su anterior cinta, de 2010, El luchador, con la que también consiguió reunir cuatro de las cinco nominaciones principales.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (138′)
    Título original: American hustle.
    Dirección: David O. Russell.
    Producción: Megan Ellison, Jonathan Gordon, Charles Roven, Richard Suckle.
    Guión:  David O. Russell, Eric Warren Singer.  
    Fotografía: Linus Sandgren.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy, Crispin Struthers.
    Intérpretes: Christian Bale (Irving Rosenfeld), Bradley Cooper (Richie DiMaso), Amy Adams (Sydney Prosser), Jeremy Renner (Alcalde Carmine Polito), Jennifer Lawrence (Rosalyn Rosenfeld), Louis C.K. (Stoddard Thorsen), Jack Huston (Pete Musane), Michael Peña (Paco Hernández / Sheik Abdullah), Shea Whigham (Carl Elway), Alessandro Nivola (Anthony Amado), Elisabeth Röhm (Dolly Polito). {/xtypo_code}

    Con esta nueva cinta, Russell se supera, y ahora sí ha conseguido una película (casi) redonda, en la que desde el principio consigue enganchar a una historia que te mantiene con la máxima atención desde el primer momento. La gran estafa americana es una cinta muy fresca, escandalosamente entretenida, en la que mezcla humor juguetón, apuestas dramáticas y un atractivo sexual arrebatador.

    Inspirada libremente en el caso Abscam, nos cuenta la historia de un estafador profesional y su amante y socia, que al ser pillados por el FBI, se ven obligados a colaborar con ellos para capturar a senadores y otros políticos de alto nivel, inmersos en casos de corrupción.

    La cinta es un drama criminal por cuyas venas corre sangre de comedia. Su apertura es magnífica e hilarante, con un Irving Rosenfeld (Christian Bale) intentado recomponer su peinado como si de un puzzle se tratara. Bale es solo uno más de los miembros de un reparto soberbio. Si él está bien, ellas dos están sencillamente magníficas: Amy Adams brilla, pero Jennifer Lawrence (que camina con paso firme hacia su segundo Oscar) sobresale por encima de todos.

    Pero es que además, la fotografía, la excelente banda sonora, la brillante recreación de la época en que se desarrolla… todo, todo colabora para convertirla en una de las mejore cintas del año. Tiene difícil su triunfo en los Oscar, sí, porque tiene un par de rivales muy fuertes, pero no se la pueden perder.

     

  • Amor imposible

    Película The Grandmaster

    THE GRANDMASTER

    Este es el ejemplo perfecto de película que se publicita con una frase que define lo que es, pero que a la vez puede llevar a equívoco a un alto número de personas que vayan pensando que se van a encontrar con algo totalmente distinto a lo que, en realidad, van a ver. Cierto que esto es un biopic del maestro del icono de las artes marciales Bruce Lee. Pero Lee ni aparece, ni se le menciona. Y los que vayan esperando encontrarse con multitud de peleas espectaculares van a llevarse un chasco. A ver, peleas hay, y son espectaculares, pero no es ese el asunto principal.

    {xtypo_code}Hong Kong-China, 2013 (130′)
    Título original: Yi dai zong shi.
    Dirección: Wong Kar Wai.
    Producción:  Jacky Pang Yee Wah, Wong Kar Wai
    Guión:  Wong Kar Wai, Jingzhi Zhu, Haofeng Xu.
    Fotografía:  Philippe Le Sourd.
    Música: Nathaniel Méchaly, Shigeru Umebayashi.
    Montaje: William Chang.
    Intérpretes: Tony Leung Chiu Wai, Zhang Ziyi, Qingxiang Wang, Elvis Tsiu, Cung Le, Hye-kyo Song, Chia Yung Liu, Chiu Yee Tsang, Hoi-Pang Lo, Chun Lau, Xiaofei Zhou, Mancheng Wang, Ting Yip Ng, Mang Keung Cho.{/xtypo_code}

    Dos maestros de kung fu, Ip Man, del sur de China, y la bella Gong Er, del norte, se reunen en Foshan, ciudad natal de Ip Man, en la víspera de la invasión japonesa de 1936. También acude el abuelo de Gong Er, gran maestro de renombre, para su ceremonia de jubilación. Durante los años tumultuosos en los que cayó la última dinastía de China, Ip Man y Gong Er se verán envueltos en una historia de traición, honor y amor.

    Casi todas las películas de Kar Wai cuentan (unas más claramente que otras) historias de amores imposibles, que se enfrentan a mil y un obstáculos (y que en ocasiones ni siqueran llegan a ser). Esta no va a ser menos. El proyecto, en el que el director lleva trabajando más de quince años, y cuyo rodaje le ha ocupado los últimos cinco, incluye algunas de las secuencias de peleas más estilizadas, estéticas y bellas que jamás se hayan visto en pantalla (el enfrentamiento en la estación es fantástico), pero lo que de verdad le importa al director es otra cosa. Y llena la cinta de melancolía, de sosegada belleza, con los planos estilizados a los que nos tiene acostumbrados.

    La película tiene logros visuales maravillosos; estéticamente es casi brillante, y en varias ocasiones logra sobrecoger (la mencionada pelea, el largo plano final con el rostro de Zhang Ziyi… Pero el uso y abuso (también habitual en él, pero aquí aún más exagerado) de planos ralentizados, colocados arbitrariamente y con extensa profusión (y que no aportan nada); y el hecho de que esté constantemente moviéndose hacia atrás y hacia delante en el tiempo, con personajes que aparecen y desaparecen sin mayor explicación, hacen que la historia no termine de emocionar como pretende.

  • La infrahistoria de los Coen

    A propósito de Llewyn Davis

    A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS

    Los hermanos Coen, Joel y Ethan, son de esos directores de los que uno espera con ansias que hagan una nueva película. Porque sabes que, como den en el clavo (cosa que, desafortunadamente, no siempre, aunque casi, ocurre) te encontrarás con una obra maestra indiscutible, con una de esas historias que dejan una huella en todo buen cinéfilo que se precie. Esta última, A propósito de Llewyn Davis, se queda un poco a medio camino. No es para nada una mala película, más bien al contrario, pero se nota que le falta algo (no sabría decir muy bien qué) que sí tienen sus varias obras maestras (Fargo, No es país para viejos, El gran Lebowski, Muerte entre las flores…).

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (105′)
    Título original: Inside Llewyn Davis.
    Escrita y dirigida: Joel Coen y Ethan Coen.
    Producción: Ethan Coen, Joel Coen, Scott Rudin.
    Fotografía: Bruno Delbonnel.
    Montaje: Joel Coen, Ethan Coen.
    Intérpretes: Oscar Isaac (Llewyn Davis), Carey Mulligan (Jean), Justin Timberlake (Jim), Ethan Phillips (Mitch Gorfein), Robin Barlett (Lillian Gorfein), Max Casella (Pappi Corsicato), Jerry Grayson (Mel Novikoff), Jeanine Serralles (Joy), Adam Driver (Al Cody), Stark Sands (Troy Nelson), John Goodman (Roland Turner).{/xtypo_code}

    Lo que sí apreciamos en esta es uno de los puntos cardinales de toda la cinematografía de estos hermanos de Minneapolis: contar la infrahistoria de su país. En vez de centrarse en los hechos capitales, en los grandes personajes de la Historia, el cine de los Coen está plagado de perdedores, de personajes desconocidos, y de acontecimientos sin importancia (aquí vemos una semana en la vida de un cantante de folk que intenta ganarse la vida con su música, pero que no tiene dónde caerse muerto, y duerme cada día en el sofá de alguno de los pocos que todavía le soportan). Pero ello les sirve para mostrar un fresco del país, de la sociedad, y de una época determinada. Ahí sí, esta historia cumple su cometido y es fantástica. En ello tiene mucho que ver la estupenda fotografía de Bruno Delbonnel para reflejar los ambientes en los que se mueven los personajes de esta película.

    El personaje protagonista, como tantos otros en las cintas de los Coen, no forma parte de la historia, pero está allí cuando algo ocurre (este Llewyn Davis vagabundea por los sórdidos y humeantes clubes del Village de principios de los sesenta, justo cuando empieza a cantar un tal Bob Dylan (no sé si les sonará…) pero no consigue el éxito que desea). La música aquí, a pesar de su amplia presencia (no es continua, pero siempre son canciones completas), no es más que un ardid, una excusa para contar otras cosas. Lo que importa es la construcción de los ambientes; la sensación de derrota, de melancolía; la defensa de la libertad creativa a pesar de que no sirva para alcanzar el éxito deseado…

    Los intérpretes están soberbios: Oscar Isaacs está magnífico, y los secundarios (algo habitual en los Coen) brillan tanto o más que el protagonista: Carey Mulligan, John Goodman, F. Murrauy Abraham, necesitan solo unos minutos para demostrar su enorme talento.

    Pero a pesar de sus buenas interpretaciones, de su gran fotografía, de estupenda banda sonora, la historia de este músico no termina de enganchar del todo, porque no emociona lo que debería, y uno no termina de empatizar totalmente con el protagonista.

     

  • Von Trier arma jaleo

    Nymphomaniac (Parte 1)

    NYMPHOMANIAC (PARTE 1)

    Tras armar mucho ruido en los meses previos a su estreno, haciendo que el deseo durante la espera fuese aumentando, llega la primera parte del último trabajo del polémico Lars von Trier, que demuestra que es un polemista nato, que puede vender cualquier cosa, y que todo lo que se había dicho en un principio de esta Nymphomaniac no era más que propaganda, en parte falsa, para vender la cinta.

    {xtypo_code}Dinamarca-Alemania-Francia-Bélgica-Reino Unido, 2013 (122′)
    Escrito y dirigido: Lars von Trier.
    Producción: Louise Vesth.
    Fotografía: Manuel Alberto Claro.
    Montaje:  Morten Hojbjert, Molly Marlene Stensgaard.
    Intérpretes: Charlotte Gainsbourg (Joe), Stellan Skarsgard (Seligman), Stacy Martin (Joven Joe), Shia LaBeouf (Jerôme), Christian Slater (Padre de Joe), Uma Thurman (Sra. H), Sophie Kennedy Clark (B), Connie Nielsen (Madre de Joe),  Nicolas Bro (F), Felicity Gilbert (Liz), Clayton Nemrow (Hombre casado en el tren), Hugo Speer (Sr. H).{/xtypo_code}

    Nos habían hablado de altas dosis de escenas de enorme contenido sexual entre los intérpretes, que algunos de ellos estaban negándose a rodar algunas escenas, pero la realidad (al menos en esta primera parte), no es para tanto. Cierto que hay sexo, pero esto tampoco es nuevo en el director danés. No hay más que recordar el final de Los idiotas.
    La cinta nos cuenta la historia de Joe, una mujer cercana a las cincuenta, a la que Selinger encuentra tirada en un callejón un frío día de invierno después de que le hayan dado una paliza. Decide llevarla a su casa y cuidarla. Y ella, que se autodiagnostica como ninfómana, le cuenta su azarosa vida a través de ocho capítulos (cinco en esta primera entrega), repleta de encuentros, asociaciones e incidentes.

    La película deja sentimientos encontrados. Uno tiene la sensación de que la vida de la protagonista (en esta parte, más que Charlotte Gainsbourgh, que aparece como cabeza de cartel, la protagonista indiscutible es su alter ego joven, la bellísima Stacy Martin), más que erótica, es triste, y un halo de melancolía (título de la anterior cinta del danés, por cierto) recorre toda su existencia, y se refleja en su rostro. Tiene imágenes poderosas, el trabajo visual es magnífico siempre en Von Trier (aquí la cima la alcanza en el capítulo cuarto, un ‘Delirio’ en blanco y negro fantástico); pero los personajes son lineales, no evolucionan, lo que hace que sea difícil identificarse con ellos.

    También está ese coqueteo con la prostitución (la chica ‘empieza’ su carrera sexual luchando con una amiga por ver quien gana una bolsa de chocolatinas); y (externamente a la cinta en sí) esa censura autoimpuesta, que ha convertido una cinta de más de cinco horas en dos que no llegan a las cuatro, y que hacen pensar que lo de Von Trier ha sido publicidad engañosa, o una obra maestra de marketing para garantizar una taquilla a su película.

     

  • Divorcio con niños

    ¿Qué hacemos con Maisie?

    ¿QUÉ HACEMOS CON MAISIE?

    Fue un autor mayúsculo como Alfred Hitchcock el que dijo que “nunca se te ocurra hacer una película con animales, ni con niños”. Y es que rodar con menores puede ser difícil, problemático en muchos momentos del proceso, aunque hay veces que el resultado final hace que uno se olvide de los malos ratos pasados por el camino. Este es uno de esos casos, ya que el trabajo de la jovencísima Onata Aprile es de los que elevan una película hasta niveles que la historia no tiene.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (99′)
    Título original: What Maisie knew.
    Dirección: Scott McGehee, David Siegel.
    Producción: Daniel Crown, Daniele Tapling Lundberg, Charles Weinstock.
    Guión:  Nancy Doyne, Carroll Cartwright, basado en la novela de Henry James.  
    Fotografía: Giles Nuttgens.
    Música:  Nick Urata.
    Montaje:  Madeleine Gavin.
    Intérpretes: Julianne Moore (Susanna), Steve Coogan (Beale), Alexander Skarsgaard (Lincoln), Joana Vanderham (Margo), Onata Aprile (Maisie), Sadie Rae (Zoe), Jesse Stone (Martin).{/xtypo_code}

    En Nueva York, la pequeña Maisie, con apenas seis años, se ve metida de lleno en el divorcio de sus padres, cuya relación se ha hundido por completo, y ahora pelean por la custodia de su hija. Ella es Susanna, una madura estrella del rock, y él Beale, un importante marchante de arte. En medio del proceso, Beale se casa con Margo, la niñera de Maisie, lo que empuja a la despechada Susanna a hacer lo mismo con su amigo Lincoln. Con los dos padres enzarzados en una pelea sin ganadores, la pequeña se encariña con sus nuevos padres ‘postizos’.   

    La película es una revisión de la novela homónima de Henry James. Mucho ha llovido desde que el autor escribiera aquel retrato de una sociedad corrompida en la que un matrimonio se separaba bajo la atenta y perpleja mirada de su hija, hace más de un siglo. Y, a pesar de la modernidad de aquella obra, las relaciones humanas de hoy son bastante diferentes a las de entonces.

    Hay muchas películas sobre matrimonios que se desmoronan, que se deshacen sin control, incluso en algunas de ellas también hay niños, y niños que sufren durante el proceso. La diferencia aquí es que lo vemos absolutamente todo desde los ojos de la pequeña, una deslumbrante Onata Aprile que soporta estoicamente sobre sus hombros el peso de toda la película. La cinta consigue que el espectador se identifique con la mirada inocente de la cría y, a pesar de que comparte su desconcierto, también nota que entiende lo que ocurre más de lo que parece, en una situación en la que los padres biológicos parecen pasarse a la niña como si fuese una pelota de ping-pong.

    Si bien es cierto que la joven Aprile es la sorpresa mayúscula de esta historia, el resto del reparto también tiene unas actuaciones poderosas. Aunque la historia en sí (que no el tratamiento) puede sonar a ya vista, los directores consiguen enganchar y que prestar atención en todo momento sea fácil.

     

  • El lado oscuro de la historia

    12 años de esclavitud

    12 AÑOS DE ESCLAVITUD

    Aunque ya desde hace meses podemos ver en las salas alguna que otra cinta suelta, estamos en esa época del año en la que ya empiezan a llegar todas esas grandes películas que suenan de cara a los Oscar que se entregarán a principios del próximo marzo. Y una de las favoritas indiscutibles es esta 12 años de esclavitud, que está recogiendo premios de todas las asociaciones de críticos americanos, que tiene el mayor número de candidaturas en los Globos de Oro, y que está recopilando excelentes críticas desde que se estrenara en el Festival de Toronto hace unos meses.

    {xtypo_code}Reino Unido-Estados Unidos, 2013 (134′)
    Dirección: Steve McQueen.
    Producción: Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Steve McQueen, Arnon Milchan, Brad Pitt, Bill Pohland.
    Guión:  John Ridley, basado en el libro de Solomon Northup.  
    Fotografía: Sean Bobbitt.
    Música: Hans Zimmer.
    Montaje:  Joe Walker.
    Intérpretes: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup), Michael Fassbender (Edwin Epps), Benedict Cumberbatch (Ford), Paul Dano (Tibeats), Paul Giamatti (Freeman), Lupita Nyong’o (Patsey), Sarah Paulson (Sra. Epps), Brad Pitt (Bass), Alfre Woodard (Sra, Shaw), Michael K. Williams (Robert), Garrett Dillahunt (Armsby), Scott McNairy (Brown), Taran Killlam (Hamilton), Bryan Batt (Juez Turner), Dwigth Henry (Tío Abram).{/xtypo_code}

    El británico Steve McQueen ha hecho la mejor película sobre ese negro período de la historia que fue la esclavitud en los Estados Unidos. En la cinta podemos sentir el dolor, no solo físico (a veces es excesivo el número de golpes, latigazos que dejan la carne destrozada, y en los que el director no omite detalle) sino también moral, la negación de la persona, la anulación de la identidad; y lo hace de modo magistral (casi siempre) contando esta historia real, la de Solomon Northup, un hombre libre, que vivía en el estado de Nueva York con su familia, y que era un virtuoso violinista, que fue secuestrado y vendido como esclavo en un estado sureño. Allí pasaría doce terribles años, pasando de plantación en plantación, de dueño en dueño.

    El director, acostumbrado a retratos de personajes que sufren, y que ya nos contó en su anterior cinta (la poderosísima Shame) es el primer realizador de color que nos cuenta la historia de la esclavitud, y el tratamiento es duro. No solo, como decíamos, en el trato de los esclavistas. No todos eran sádicos, violentos y crueles, había quienes tenían un trato más educado, más respetuoso. También en el comportamiento de los propios esclavos, quienes llegan a una situación en la que no ven salida, están tan acostumbrados, y no contemplan otra vida, que llegan a situaciones terribles: una escena dolorosísima da ejemplo de ello, cuando durante un largo plano, el protagonista permanece colgado, abandonado, con el resto de esclavos pasando al lado, dedicados a sus tareas, y sin prestarle la más mínima atención. Tal es el grado de negación de la persona a que eran sometidos. Es de las escenas más brutales de una cinta que no es que sea precisamente pacata a la hora de mostrar violencia física.

    McQueen bordea peligrosamente el melodrama, con una historia que se presta a ello, y aunque no llega a caer de lleno en él, si se moja los pies en dicho terreno en alguna ocasión (sobre todo con un final que hace que la historia baje mucho en su calidad). Va a ganar varios Oscar: el de actor para un  portentoso Chiwetel Ejiofor parece casi asegurado, y también podían caer los de reparto para Lupita Nyong’o y Michael Fassbender (habitual en el cine del director), sin hablar del de película.

    Es una cinta muy buena, sí, una de las mejores del año, también. Pero no creo que sea tan redonda como muchos están queriendo ver.