Categoría: La película

  • Otra comedia involuntaria

    Película Pompeya

    POMPEYA

    Reconozco que me he divertido y que me he reído como hacía tiempo que no me reía viendo Pompeya, esta especie de mezcla entre el peplum de los años cincuenta, el cine de romanos de toda la vida, para que nos entendamos, y las películas de catástrofes que tanto se llevan desde hace unos años en las que el director aprovecha para destruir toda una ciudad, matar a mogollón de gente y quedarse tan tranquilo, aderezado con una historia de amores imposibles. Me he divertido, decía, y como estaba solo en la sala he aprovechado para reírme sin cortarme un pelo. El problema es que no es una comedia y en ningún momento pretende serlo, ni siquiera por un instante. Y claro, ahí es cuando todo se hunde.

    {xtypo_code}Canadá-Alemania, 2014 (105′)
    Título original: Pompeii.
    Dirección: Paul W.S. Anderson.
    Producción:  Paul W.S. Anderson, Jeremy Bolt, Don Carmody, Robert Kulzer, Martin Moszkowicz.
    Guión:  Janet Scott Batchler, Lee Batchler, Michael Robert Johnson.
    Fotografía: Glen MacPherson.
    Música: Clinton Shorter.
    Montaje: Michele Conroy.
    Intérpretes: Kit Harington (Milo), Carrie-Ann Moss (Aurelia), Emily Browning (Cassia), Adewale Akinnuoye-Agbaje (Atticus), Jessica Lucas (Ariadne), Jared Harris (Severus), Joe Pingue (Graecus), Kiefer Sutherland (Corvus), Currie Graham (Bellator), Sasha Roiz (Proculus). {/xtypo_code}

    La historia que nos cuenta es la de Milo, quien siendo aún un niño presencia cómo las tropas del Imperio Romano comandadas por Corvus masacran a todos los suyos y es capturado y vendido como esclavo. Ya convertido en adulto, obligado a luchar como gladiador, será trasladado a Pompeya, donde conocerá a Cassia, la bella hija de un comerciante local, que está haciendo negocios con un senador romano corrupto, que no es otro que Corvus, quien usa su poder para comprometerse con la chica. Milo está decidido a vengarse, cuando el Vesubio entra en erupción y tiene que luchar por salvar a su amada mientras toda la ciudad se viene abajo.

    Paul W.S. Anderson, director de cuatro de las seis Resident Evil, está detrás de esta cinta que recuerda en muchos momentos a Gladiator (en líneas generales, la historia es parecida). Lo cierto es que no hay nada original en esta propuesta, más bien al contrario; todo suena a ya visto, y a ratos a impostado, a falso. Muchos momentos son risibles (¿quién se cree que quince años después, cuando el niño ya es un joven veinteañero, ni Kiefer Sutherland ni Sasha Roiz (los malos malísimos de la historia), hayan visto aparecer una sola arruga en sus rostros?) y muchas de las situaciones incomprensibles (¿por qué los romanos vuelven al teatro cuando ya todo está hundiéndose?, ¿por qué de repente las calles aparecen vacías, sin cadáveres, sin escombros, libres para la persecución, para la huida, cuando hasta unos minutos antes era imposible dar un solo paso?).

    La excusa del terrible acontecimiento es eso, una simple excusa. La idea es más hacer una cinta de peleas (en este caso luchas de gladiadores) y de desastres; lo que se busca es destrozar por destrozar, en una media hora final que termina por cansar por lo reiterativo. Lo cierto es que el rigor histórico es menor que la imaginación de los guionistas, y los intérpretes no saben cómo meterle mano a la cosa. Kiefer Sutherland es el que peor lo lleva (aunque no es el único) y está perdidísimo en una película que entretiene y hace reír, pero claro, si no es ese su objetivo…

     

  • Filosofía de baratillo

    Películla Tren de noche a Lisboa

    TREN DE NOCHE A LISBOA

    Un hombre, profesor de Universidad en Berna, encuentra a una chica a punto se suicidarse saltando a las frías aguas del Aar y logra salvarla. La lleva a su trabajo pero ella huye dejando tras de sí un abrigo con un libro de un autor portugués y un billete de tren para esa misma noche a Lisboa. No lo duda y decide dejarlo todo y tomar ese tren, buscando conocer el origen y la historia del escritor, un doctor y poeta que luchó contra el dictador portugués Salazar y cuyos textos le fascinan y le tocan personalmente.

    {xtypo_code}Alemania-Suiza-Portugal, 2013. (111′)
    Título original: Night train to Lisbon
    Dirección: Bille August.
    Producción:  Kerstin Ramcke, Peter Reichenbach, Günther Russ.
    Guión: Greg Latter, Ulrich Herrmann, basado en la novela homónima de Pascal Mercier.
    Fotografía: Filip Zumbrunn.
    Música: Anette Focks.
    Montaje: Hansjörg Weissbrich.
    Intérpretes: Jeremy Irons (Raimund Gregorius), Mélanie Laurent (Stefania, joven), Jack Huston (Amadeu), Martina Gedeck (Mariana), Tom Courtenay (Joao, mayor), August Diehl (Jorge, joven), Bruno Ganz (Jorge, mayor), Lena Olin (Stefania, mayor), Marco D’Almeida (Joao, joven), Beatriz Batarda (Adriana, joven), Charlotte Rampling (Adriana, mayor), Christopher Lee (Padre Bartolomeu). {/xtypo_code}

    La película avanza a base de flash-backs, mezclando la búsqueda de información por parte del profesor en la capital lusa, con los últimos años del poeta autor del libro durante el declive de la dictadura. El fantástico reparto (grandes nombres, pero no grandes actuaciones) demasiado hace con conseguir que el espectador no se duerma, porque el ritmo es cansino y el tedio hace presencia en numerosos momentos.

    La nueva película de Bille August (ganador del primer Oscar para Dinamarca por Pelle, el conquistador), que se presentó en el último festival de Berlín, tiene un reparto espectacular repleto de nombres de calidad de intérpretes alemanes (Bruno Ganz, Martina Gedeck), británicos (Christopher Lee, Charlotte Rampling, Jeremy Irons) y franceses (Mélanie Laurent), que aquí hacen de portugueses. Vale que esto es habitual en el cine, pero ayuda a que la credibilidad no sea precisamente la marca de la casa. Y es que, aunque la cinta tiene momentos de cierta intensidad (sobre todo los que reflejan los momentos históricos de la Resistencia), la intensidad baja muchos enteros en las secuencias de la actualidad, a parte de que la credibilidad de su punto de partida (el porqué se va el profesor a Lisboa, el origen de ese arrebato no se lo cree nadie).

    Y ello sin entrar en esa filosofía de baratillo que destila toda la historia. Así no, August, así no.

     

  • Road movie con acento andaluz

    Película Anochece en la India

    ANOCHECE EN LA INDIA

    Después de dirigir varios documentales, el sevillano Chema Rodríguez se pasa al largometraje de ficción con esta road-movie hecha a la medida y para el lucimiento del actor Juan Diego, que es la cabeza visible y el que sostiene casi en solitario esta cinta, que en el reciente Festival de Cine Español de Málaga se llevó los premios al mejor actor y al mejor montaje.

    {xtypo_code}España-Rumanía-Suecia, 2014. (94′)
    Dirección : Chema Rodríguez.
    Producción:  Daniel Alonso, Poto Balbontín.
    Guión:  Chema Rodríguez, David Planell, Pablo Burguess
    Fotografía: Juan González, Álex Catalán.
    Música: Hans Lundgren.
    Montaje: José Manuel García Moyano.
    Intérpretes:  Juan Diego (Ricardo), Clara Voda (Dana), Javier Pereira (Saúl), Linda Molin (Karin). {/xtypo_code}

    Anochece en la India es una película de (muy) bajo presupuesto, coproducción entre España, Rumanía y Suecia, que recorre medio planeta siguiendo al protagonista, un hombre que lleva anclado a una silla de ruedas diez años, y que, cuando presiente que su enfermedad le acerca al final de la vida, se plantea repetir lo que tantas veces hizo cuando era joven: montarse en una furgoneta (adaptada en este caso) y viajar hasta la India, con la intención de encontrarse con un viejo amor. A él se suma Dana, su asistente rumana que se empeña en acompañarle a pesar de que Ricardo se niegue en redondo. Los dos son seres derrotados por la vida que buscan una salida, un escape a la realidad, aunque cada uno a su manera.

    A pesar de que algunos momentos invitan a la sonrisa, el tono general es el del drama. Rodríguez consigue mantener el interés casi en todo momento, a medida que acompañamos a la pareja protagonista (la rumana Clara Voda, al igual que Juan Diego, realiza un trabajo bastante bueno) recorriendo toda Europa, los secundarios que van apareciendo ayudan a que la relación y las personalidades se vayan asentando, y vayamos descubriendo historias pasadas, sentimientos y secretos que se habían mantenido ocultos. Ejemplos claros son Javier Pereira (reciente premio Goya al mejor actor revelación por su papel en Stockholm) y varios (o todos) los familiares que viven en Rumanía. El problema es que hay otros que no aportan nada, como la chica sueca (únicamente comprensible para explicar la parte de producción de aquel país), cuyo papel podía haberse eliminado por completo y no pasaba nada.

    Además, aunque la cinta había mantenido un buen nivel durante todo el metraje, se estanca al llegar a la India. La historia pierde interés, se alarga su final y los personajes dejan de ser cínicos, se evapora todo el humor que dejaba traslucir (ocasionalmente) hasta entonces.

     

  • Viajes en el tiempo indie

    Película Seguridad no Garantizada

    SEGURIDAD NO GARANTIZADA

    Hay películas que, sin que haya una explicación convincente, tardan mucho, muchísimo, en llegar a las salas. Y cuando llegan mal. Esta puede servir de ejemplo. Dos años largos ha necesitado esta cinta que fue premiada en Sundance y en los Independent Spirit Awards, que pasó por el Festival de Sitges, y que es una de esas pequeñas delicias que a todos los que amamos el cine nos gusta disfrutar, a pesar de que de vez en cuando su dosis de “independiente” se deja notar en un guión que baja su nivel notoriamente. Esta Seguridad no garantizada se estrena el próximo viernes en nuestro país.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (86′)
    Título original: Safety not guaranteed.
    Dirección: Colin Trevorrow.
    Producción: Derek Cconnolly, Stephanie Langhoff, Peter Saraff, Colin Trevorrow, Marc Turtletaub.
    Guión:  Derek Connolly.  
    Fotografía: Benjamin Kasulke.
    Música: Ryan Miller.
    Montaje: Joe Landauer, Franklin Peterson.
    Intérpretes: Aubrey Plaza (Darius), Mark Duplass (Kenneth), Jake Johnson (Jeff), Karan Soni (Arnau), Mary Lynn Rajskub (Bridget), William Hall Jr. (Shannon), Jenica Bergere (Liz), Kristen Bell (Belinda).{/xtypo_code}

    Ante la falta de noticias de interés que cubrir para la revista en la que trabaja, un periodista de vuelta de todo encuentra un pequeño anuncio por palabras en un pequeño periódico local: “Se busca a alguien dispuesto a viajar conmigo en el tiempo. No es una broma. Pago al regreso. Es necesario traer tus propias armas. Sólo he hecho esto una vez. Seguridad no garantizada.” y se embarca junto a dos becarios en la investigación del hombre que está detrás de él: Kenneth, un solitario paranoico que trabaja en un supermercado. Pero ¿quién es Kenneth?, ¿es un loco, un enfermo, o todo lo que cuenta es verdad?

    Esta historia sencilla e ingenua demuestra que una película no necesita tener grandes estrellas ni un gran presupuesto para enamorar al público. Es cierto que algunos momentos tienen poca intensidad. Pero los personajes transmiten verdad, te los crees, te puedes identificar con ellos. La historia de los viajes en el tiempo (aunque se mantiene vigente durante todo el metraje) tiene en realidad menor importancia. Lo importante aquí es el viaje hasta descubrir la verdad. No es una película de ciencia ficción, sino una comedia romántica con tintes fantásticos, eso sí. Una película independiente de verdad, pequeña en su construcción, pero grande en sus resultados. Una joya por descubrir.

     

  • Yo soy mi madre

    Película Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

    GUILLAUME Y LOS CHICOS, ¡A LA MESA!

    La triunfadora de los últimos premios Cesar (el equivalente francés de nuestros premios Goya), no fue ni la multipremiada en Cannes La vida de Adèle (que de hecho fue la derrotada de la noche), ni la película que la academia gala seleccionó para los Oscar (Renoir). Tampoco La Venus de las pieles (lo último de Polanski), ni la Joven y bonita del prolífico François Ozon, ni la política Quay d’Orsay del veterano Betrand Tavernier. La ganadora fue una película pequeña, debut en la dirección del actor Guillaume Gallienne que ha sido un éxito de taquilla en Francia y que partía con diez nominaciones, de los que se llevó la mitad, de los que tres fueron para su director.

    {xtypo_code}Francia, 2013 (85′)
    Título original: Les garçons et Guillaume, a tàble!
    Escrita y dirigida: Guillaume Gallienne, basada en su propia obra teatral.
    Producción: Cyril Colbeau-Justin, Jean-Baptiste Dupont, Alice Girard, Edouard Weil.
    Fotografía: Glynn Speeckaert.
    Música: Marie-Jeanne Serero.
    Montaje: Valérie Deseine.
    Intérpretes: Guilaume Gallienne (Guillaume / La madre), Françoise Fabian (Babou), André Marcon (Padre), Diane Kruger (Ingeborg), Nanou Garcia (Paqui), Reda Katb (Karim), Carole Brennet (La tía políglota), Brigitte Catillon (La tía de América), Charlie Anson (Jeremy), Gotz Otto (Raymund).{/xtypo_code}

    Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! parte de una exitosa obra de teatro (en España fue representada por Secun de la Rosa) en la que el autor-protagonista se desdoblaba en todos los personajes de la función. Aquí solo interpreta a dos. Eso sí, los dos más importantes de la historia. Además, Gallienne utiliza aquí también esa procedencia, y comienza la proyección en su camerino, para salir poco después al escenario a representar la obra. Veremos lo que nos cuenta, volviendo ocasionalmente a las tablas, y terminar en el mismo sitio en el que todo ha comenzado, una vez que la función ha concluido.

    La historia no podría haberla contado ni interpretado otro, porque lo que aquí cuenta el director es su propia vida, la estrecha relación que le unía con su madre cuando era niño-adolescente, cómo se identificaba con ella. Es la historia de un autodescubrimiento. El niño protagonista (lo de niño es un decir, en cualquier edad es interpretado por Gallienne sin usar maquillaje alguno) se siente niña, porque en su propia familia le tratan como tal. Y porque quiere ser como su madre. En resumidas cuentas es el conocerse a sí mismo.

    El director utiliza la comedia, a veces con más éxito que otras, y critica a la sociedad, a su familia, en este largo monólogo (la película, a fin de cuentas, es eso, un soliloquio rememorando cómo su pasado le marcó, cómo llegó a ser la persona que es hoy). En determinados momentos es una película muy francesa (con todo lo que ello implica), a veces logra más su objetivo que otras. Hay momentos verdaderamente divertidos, enfrentados con otros en los que no se termina de ver la gracia. Lo que no permite duda es del gran trabajo interpretativo del valiente director, que desnuda su alma durante toda la proyección. La cinta se mantiene, con altibajos, en un nivel medio, logrando al menos (lo cual es un verdadero logro) no caer de lleno en el melodrama, y el giro final eleva el nivel, dejando al espectador con un sabor mejor que el que la cinta ha tenido hasta entonces.

     

  • Anderson en plena forma

    Película El Gran Hotel Budapest

    EL GRAN HOTEL BUDAPEST

    Hay directores (pocos) que son fácilmente identificables en todas y cada una de las películas que filman. Uno de ellos, quizás de los que más claramente puede descubrirse su autoría, es el americano Wes Anderson. El director es el más europeo de sus paisanos, en su estilo y en su narración. Y además, esta El gran hotel Budapest es la más europea de las cintas de Anderson, aunque mantiene su estilo visual, su gusto por los travellings laterales, su extenso reparto lleno de nombres conocidos (e incondicionales del director), sus composiciones simétricas, su mezcla de decorados reales con maquetas en las que los ‘personajes’ se mueven como figuras animadas, su melancolía…

    {xtypo_code} Estados Unidos-Alemania, 2014. (100′)
    Título original: The Grand Budapest Hotel.
    Escrita y dirigida : Wes Anderson.
    Producción: Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven M. Rales, Scott Rudin.
    Fotografía: Robert D. Yeoman.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Barney Pilling.
    Intérpretes: Ralph Fiennes, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Adrien Brody, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Harvey Keitel, Jude Law, Bill Murray, Edward Norton, Saoirse Ronan, Jason Schwartzman, Léa Seydoux, Tilda Swinton, Tom Wilkinson, Owen Wilson, Tony Revolori, Larry Pine, Giselda Volodi, Bob Balaban. {/xtypo_code}

    En esta ocasión, Anderson se inspira en la obra del escritor austríaco Stefan Zweig, y en su gusto por contar historias dentro de historias dentro de historias. Mustafa Zero, el dueño de un desvencijado hotel que en un tiempo anterior fue una joya, le cuenta su vida a un escritor interesado en conocer su historia, que no es más que la de cómo, años atrás, él mismo entró como botones en aquel mismo hotel y fue ‘adoptado’ por Monsier Gustave H., el mejor conserje que haya habido en un gran hotel, y cómo llegó a ser el dueño del Gran Hotel Budapest. La historia se va desarrollando sazonada con el robo de un cuadro de valor incalculable, una acusación de asesinato y una huída en busca de la verdad y de la salvación. Entre tanto, en la Europa central en la que transcurre la película (la inventada república de Zubrowka) se viven los primeros altercados militares que acabarán desencadenando la Segunda Guerra Mundial.

    Anderson juega, como siempre ocurre en sus cintas: cambia de formato, cambia de tiempo… La película, que a pesar de coquetear con la nostalgia y la melancolía también tiene bastante de las comedias clásicas de Lubitsch, no llega al nivel de su anterior obra, aquella maravillosa Moonrise kingdom, si bien es un deleite para los sentidos, te hace reír, y consigue que disfrutes casi en todo momento. Tiene actuaciones fantásticas y una banda sonora sencillamente genial de Alexandre Desplat. Pese a sus pequeñas carencias y defectos (algunas parrafadas de Gustave se hacen largas), es una película que es un puro goce.

     

  • Reírse de los tópicos

    Película Ocho apellidos vascos

    OCHO APELLIDOS VASCOS

    Ante la avalancha de buenos comentarios que estaba recibiendo la última cinta de Emilio Martínez-Lázaro había que ir a verla. Y la sensación es agridulce, ya que la película en cuestión, Ocho apellidos vascos, empieza de modo flojo, sube después llegando a alcanzar ciertos momentos de brillantez, para acabar hundiéndose hacia el final. Aunque lo cierto es que era de esperar, ya que las cintas basadas en tópicos raramente funcionan. Y en esta ocasión, tampoco lo hace, a pesar de que el espejismo dura un buen rato.

    {xtypo_code}España, 2014. (98′)
    Dirección: Emilio Gutiérrez-Lázaro.
    Producción: Gonzalo Salazar-Simpson, Ghislain Barrois, Álvaro Agustí.
    Guión: Borja Cobeaga, Diego San Jose.
    Fotografía:  Kalo Berridi.
    Música: Fernando Vázquez.
    Montaje: Ángel H. Zoido.
    Intérpretes: Clara Lago (Ainara), Dani Rovira (Rafa), Carmen Machi (Merche), Karra Elejalde (Koldo), Alfonso Sánchez, Alberto López). {/xtypo_code}

    La historia empieza en Sevilla, a donde las amigas de la protagonista, una chica vasca que odia todo lo español, han traído a esta a “celebrar” su despedida de soltera (entre comillas porque, en realidad, el novio la ha abandonado poco antes). Un sevillano que representa todo lo que ella odia se enamora  de la chica y después de un encuentro fugaz (alcohol mediante), ella se va dejándose atrás su bolso. Y él se decide a ir en su búsqueda, encontrándose a la llegada con un cúmulo de situaciones en las que se verá obligado a hacerse pasar por el novio vasco de la chica ante el padre de esta, que no sabe nada de la ruptura de su hija.

    Aunque el comienzo es bastante flojo, con una secuencia que no termina de arrancar y con unos actores bastante forzados en sus actuaciones. Entonces, la acción se traslada a Euskadi y la cosa mejora, pero sigue sin convencer. Es a partir de la aparición de Karra Elejalde cuando todo sube, cuando llegan las risas de verdad, y la película se hace fuerte. Desafortunadamente, después, desde su momento culmen hasta el final (esperado), la cinta no hace más que descender, caer en picado, hasta estrellarte con estrépito. Las partes que menos funcionan son las que se desarrollan en Sevilla. Posiblemente no sea más que simple casualidad, pero todo puede estar detrás de sus guionistas, los vascos Borja Cobeaga y Diego San José, habituales creadores de los irreverentes gags de las series de la ETB, y que son profundos conocedores de su región, saben perfectamente cómo reirse de ellos mismos, pero parece que el tema andaluz les pilla un poco lejos. Así, la acción que se desarrolla aquí resulta impostada.

    Sin embargo, el guión tiene varios momentos bastante buenos y es muy fácil que aparezca la risa y hasta la carcajada. Del mismo modo, Karra Elejalde, Carmen Machi y Dani Rovira reflejan a la perfección sus papeles (solo Clara Lago, sin estar mal, aparece un par de escalones por debajo de sus compañeros). Es el trabajo de Martínez-Lázaro el que no engancha. La dirección es plana, insulsa, dirige con el piloto automático, sin ser capaz de sacar el partido que muchos momentos demandan. Y ello, indudablemente, arrastra a la película al precipicio por el que casi, casi, acaba despeñándose.

     

  • Cine testosterónico

    300: El origen de un imperio

    300: EL ORIGEN DE UN IMPERIO

    Ocho años después de que se estrenara la original y de que Zack Snyder sorprendiera por el tratamiento visual y la fuerza que otorgaba a sus imágenes, nos llega una nueva entrega (que no secuela) de la que imaginamos que será una trilogía, 300. Aunque aquí Snyder se ha quedado en la retaguardia, dedicándose a la producción y escritura del guión, y ha cedido la silla de director a Noam Murro, la esencia sigue siendo básicamente la misma. Misma estética, misma fotografía, mismo gusto por el uso y abuso de imágenes ralentizadas en pleno furor guerrero, abundancia excesiva de violencia y sangre que salpica a la cámara…

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014. (102′)
    Título original:  300: Rise of an Empire.
    Dirección: Noam Murro.
    Producción: Mark Canton, Bernie Goldman, Gianni Nunnari, Deborah Snyder, Zack Snyder, Thomas Tull.
    Guión:  Zack Snyder, Kurt Johnstad, basado en la novela gráfica ‘Xerxes’, de Frank Miller.  
    Fotografía: Simon Duggan.
    Música:  Junkie XL.
    Montaje: David Brenner, Wyatt Smith.
    Intérpretes: Sullivan Stapleton (Temístocles), Eva Green (Artemisia), Lena Headey (Reina Gorgo), Hans Matheson (Aesyklos), Callan Mulvey (Scyllias), David Wenham (Dilios), Rodrigo Santoro (Xerxes), Jack O’Connell (Calisto), Andrew Tiernan (Efialtes), Ben Turner (General Artafernes).{/xtypo_code}

    Y si todo es prácticamente igual, ¿qué hace entonces que esta El origen de un imperio sea bastante inferior a la primera? Pues que no hay sorpresa. Que es todo exactamente igual. O mejor dicho, peor. Porque, no nos engañemos, Murro no es Snyder; y en el aspecto del héroe, Stapleton no es Butler (¿quién se iba a imaginar diciendo esto?)

    El general Temístocles intenta que todas las polis griegas se unan para aumentar su fuerza y poder luchar así contra la invasión del poderoso ejército persa liderado por Xerxes y su mano derecha en la batalla, Artemisia. Comienza en la batalla de Maratón, y termina en Salamina. Entre medias, la batalla de las Termópilas de la primera entrega (muy de pasada), el origen de Xerxes (del hombre a la leyenda), la destrucción de Atenas…

    Lo cierto es que todo resulta un poco absurdo y hasta delirante. La película se toma a sí misma demasiado en serio, cuando en el fondo no es más que un mero entretenimiento (flojo). Visualmente potente, dicha potencia cansa pronto. Hay diálogos cargados de supuesta profundidad pero que son bastante risibles; peleas y más peleas en las que uno termina hastiado; personajes sin carisma (prácticamente todos los masculinos) e hipertrofiados…

    Murro incluso se permite modificar la historia (Artemisia era la prudente en la batalla de Salamina, sabía de lo peligroso que era meterse en aquel territorio, pero Xerxes hizo oídos sordos… aquí pasa al contrario)

    Menos mal que tenemos a Eva Green. Ella sola levanta la película con cada aparición. Su mirada refleja la sed de venganza, el hambre de sangre, el odio y el fuego que lleva dentro. Sin ella, esta película (correcta nada más) sería muy inferior.

     

  • Unos premios (casi) sin sorpresas

    Película 12 años de esclavitud

    OSCARS 2014

    La madrugada del pasado domingo se celebró la 86ª edición de los premios Oscar sin grandes sorpresas y sin un ganador claro. La triunfadora por número de premios fue Gravity, que se llevó siete estatuillas: dirección -el mexicano Alfonso Cuarón, primer hispano en conseguir el Oscar en esta categoría-, fotografía -primer Oscar para Emmanuel Lubezki, después de cinco nominaciones fallidas-, montaje, banda sonora, montaje de sonido, sonido y efectos especiales. Aunque fue 12 años de esclavitud, con solo tres premios, la que se acabó llevando el premio gordo, el Oscar a la mejor película, aparte del de mejor guión adaptado (fue una de las pocas sorpresas de la noche) y el de mejor actriz de reparto (Lupita Nyong’o).

    Sin desmerecer a la ganadora, no parece que sea merecedora de tal premio. En cinco años muchos seguiremos recordando Gravity, la película que nos recordó porqué nos enamoramos del cine, pero pocos se acordarán de la dura cinta de McQueen, que es de esas que hacen sentir culpa al americano medio por el pasado de su país.

    En una gala divertida a ratos, que fue la más vista de los últimos diez años y que pasará a la historia por haber provocado la autofoto más retuiteada de la historia, hubo también otras ganadoras morales. La principal Dallas buyers club, que se llevó tres Oscars, los de los dos actores (Matthew McConaughey y Jared Leto), premios que estaban prácticamente cantados desde el primer momento, y el de mejor maquillaje y peluquería.

    También pueden considerarse ganadoras otras dos cintas: Frozen y El gran Gastby, por los premios a la mejor cinta de animación y a la mejor canción (ambos injustos, dicho sea de paso); y los de vestuario y diseño de producción, respectivamente.  Otro de los premios que estaban prácticamente decididos desde hacía tiempo era el de mejor actriz, que fue para Cate Blanchett por su soberbio papel en Blue Jasmine.

    Her fue otra de las películas que se llevó premio, la mejor del año pasado para el que esto firma. Merecía más(y más nominaciones). Pero al menos se llevó este, el de mejor guión original. Hubiese sido impresentable (cuanto menos) que se hubiese ido de vacío.

    No hubo sorpresa en la categoría de película de habla no inglesa, que fue a manos de la italiana La gran belleza. Leve sorpresa en el mejor documental: no fue para The act of killing, la gran favorita, sino para A 20 pasos de la fama, la segunda en las quinielas.

    El español Esteban Crespo no pudo ganar con su corto Aquel no era yo. En su categoría el ganador fue la producción danesa Helium.

    Los grandes reveses de la noche los recibieron las películas que se fueron de vacío cuando contaban con varias nominaciones: Philomena (tenía cuatro), El lobo de Wall Street (cinco), Nebraska y Capitán Phillips (seis), pero sobre todo La gran estafa americana, que contaba con diez opciones de premio y que se fue a casa tal como había llegado.

     

  • A medio hacer

    Película Monuments Men

    MONUMENTS MEN

    En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de historiadores y expertos en arte se embarcan en la misión de recuperar las miles de obras de arte robadas por los nazis durante la contienda para devolvérselas a sus legítimos dueños. La misión era harto difícil, ya que ellos tenían poca preparación militar, las obras estaban fuertemente custodiadas, y el ejército alemán tenía la orden de destruirlas en cuanto el Reich cayera. Pero ellos arriesgaron sus vidas para salvar parte de nuestra historia, de nuestro legado cultural.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014 (118′)
    Título original: The Monuments men.
    Dirección: George Clooney.
    Producción: George Clooney, Grant Heslov.
    Guión:  George Clooney, Grant Heslov, basado en el libro de Robert M. Edsel y Bret Witter.  
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música:  Alexadre Desplat.
    Montaje: Stephen Mirrione.
    Intérpretes: George Clooney (Frank Stokes), Matt Damon (James Granger), Bill Murray (Richard Campbell), Cate Blanchett (Claire Simone), John Goodman (Walter Garfield), Jean Dujardin (Jean Claude Clermont), Hugh Bonneville (Donald Jeffries), Bob Balaban (Preston Savitz), Dimitri Leonidas (Sam Epstein), Justus von Dohnányi (Viktor Stahl), Holger Handtke (Coronel Wegner). {/xtypo_code}

    Contada así, la película parece interesante, y de hecho, la trama (basada en hechos reales) es ciertamente potente. Pero el resultado no es el deseado ni el esperado. El George Clooney director aparece aquí totalmente desconocido. Alejado, y mucho, de su versión más comprometida (Buenas noches y buena suerte, Los idus de marzo), el actor-director-productos dirige aquí con el piloto automático, del mismo modo casi descuidado que en sus obras menos interesantes (Ella es el partido, por ejemplo), creando una película monótona, aburrida, desaprovechando un reparto de grandes figuras que se pasean y recitan un guión imposible.

    El problema de todo estriba en su guión, un libreto sin sustancia, sin poder de emoción, sin alma. Los malos son de chiste, y los buenos no tienen ni una mancha en su personalidad. Planos y sin aristas todos ellos. Las escenas están mal enlazadas, y parecen que simplemente están puestas unas detrás de otras de cualquier modo. Hay romance tonto y simple; guerra casi sin tiros; acción básica y que no engancha. El problema es que, a pesar de que el mensaje es potente (eso de que la cultura hace al hombre, y de que una nación, una civilización, sin cultura está abocada al fracaso), parece que Clooney no se lo cree. El problema es que da la sensación de que Clooney se ha dado prisa por acabar la película y lo ha hecho de cualquier modo, dándole la apariencia de que está a medio hacer.