Categoría: La película

  • Virguería voyeurística

    Open Windows

    OPEN WINDOWS

    Nacho Vigalondo, director nacional que muchos aquí todavía desconocen, ha demostrado en más de una ocasión que es un gran conocedor de los elementos que forman el lenguaje cinematográfico, del que ha hecho uso en su trabajo anteriormente. Sobre todo en sus numerosos cortos, como aquel 7:35 de la mañana, que llegó a estar nominado a los Óscar, o el magnífico Domingo, que centraba todo su metraje en la importancia del fuera de campo.

    {xtypo_code}España-Estados Unidos, 2014 (100′)
    Título original:  Open windows.
    Escrita y dirigida: Nacho Vigalondo.
    Producción: Belén Atienza, Mercedes Gamero, Enrique López Lavigne.
    Fotografía: Jon D. Domínguez.
    Música: Jorge Magaz.
    Montaje:  Bernat Vilaplana.
    Intérpretes: Elijah Wood (Nick Chambers), Sasha Grey (Jill Goddard), Neil Maskell (Chord), Nacho Vigalondo (Richy Gabilondo), Iván González (Tony), Scott Weinber (Don Delano), Adam Quintero (Pierre). {/xtypo_code}

    En sus dos largometrajes previos a este demostró asímismo tener un talento y un humor bastante peculiares, con historias que ocultaban detrás mucho más de lo que parecía traslucirse en la superficie. Con estos mimbres, no era de extrañar que Vigalondo, primero, diera el salto al mercado internacional (de hecho, tanto Los cronocrímenes como Extraterrestre tuvieron cierto éxito en Estados Unidos), y segundo, que diera un paso más allá con la utilización de elementos extracinematográficos (es un decir) de un modo nunca antes realizado.

    Open windows es, en cierto modo, una revisitación de La ventana indiscreta de Hitchcock, aunque tiene más de thriller de Brian de Palma que del maestro británico (por evidente que sean las referencias, ya desde el título), pero lo cierto es que va más lejos. Nick Chambers espera con ansias su cita con su actriz favorita, Jill Goddard, después de haber ganado una cena con ella en un concurso de internet. Pero a última hora, la chica cancela el encuentro. Entonces, alguien le ofrece a Nick la posibilidad única de seguir a Jill a través de su ordenador, sin que ella sepa que está siendo espiada.

    Contada en tiempo real, lo que vemos en todo momento es únicamente la pantalla de un ordenador, en el que nuevas ventanas van abriéndose y cerrándose, prestando atención a una u otra según nos convenga. Como decíamos, más que un thriller con persecuciones, más que una historia sobre los peligros de la red, Vigalondo nos hace partícipes de lo que vive y ve el protagonista y al convertirlo en un voyeur, espiando la intimidad de la actriz, nos convierte a todos en mirones, en espías incapaces de retirar la mirada de la pantalla.  

    El trabajo que nos presenta Vigalondo es un prodigio visual, una verdadera virguería técnica. Una historia multipantalla en la que cada ventana añade nueva información, como si fuesen tres (o cuatro, o cinco) películas en una. El único problema es que al final con tanta virguería, el guión se pierde en giros innecesarios, que pretenden dar más emoción de la necesaria y lo que hace es quitársela. Ello evita que Open windows alcance las cotas de sus anteriores obras.

     

  • Coixet se pasa al terror

    Película Mi otro yo

    Cuando se supo que una directora con un estilo tan personal como Isabel Coixet iba a dirigir una cinta de un género tan marcado como el thriller psicológico (incluso con tintes de terror adolescente), uno no podía pensar otra cosa que ¿qué le ha pasado por la cabeza a la catalana? Lo cierto es que, una vez vista la película, aunque es evidente que Coixet se ha dejado llevar por los clichés del género (son muchos los que se presencian con claridad), también se nota la personal mano de la directora en determinados momentos de la historia.
    Protagonizada por la joven Sophie Turner (en su primer papel protagonista en cine, y a la que muchos conocen por su papel de Sansa Stark en la serie Juego de tronos), Mi otro yo se centra en la vida de Fay, una chica que parece llevar una vida sin problemas, a pesar de la enfermedad de su padre y de su desorientada madre. Todo cambia un día en apariencia normal, en el que Fay empieza a tener la sensación de que alguien la sigue, alguien que tiene su mismo aspecto, que se parece terriblemente a ella. Su angustia va a más al estar cada vez más segura de que esa persona no quiere sólo parecerse a ella, sino que pretende apropiarse de su vida.
    El del doppleganger, o doble    tenebroso, es un tema que no es nuevo (de hecho, esta temporada ya se ha estrenado Enemy, que también trata de este recurrente tema), y ello sin contar con las más que evidentes referencias a  Cisne negro. No hay mucha novedad en torno al tema en la cinta de Coixet, que se deja llevar por las convenciones visuales-sonoras-estéticas del género, aunque sin perder sus formas personales.
    Coixet coquetea con el tema de la locura, o si se quiere con el lado oscuro que todos tenemos en esta cinta, inesperada por venir de quien viene, y que mejora ostensiblemente su anterior cinta Ayer no termina nunca, cosa que tampoco era complicado, pero que se queda muy lejos de sus grandes obras hasta la fecha: Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras.
    Lo cierto es que hay muchos momentos en los que no se sabe qué demonios está pasando, porque a pesar de que la historia juega al engaño, hay situaciones contradictorias en la trama. Pero lo peor llega al final, con una conclusión sin pies ni cabeza que termina por hundir por completo una película que no había logrado levantar el vuelo en ningún momento.

    MI OTRO YO

    Cuando se supo que una directora con un estilo tan personal como Isabel Coixet iba a dirigir una cinta de un género tan marcado como el thriller psicológico (incluso con tintes de terror adolescente), uno no podía pensar otra cosa que ¿qué le ha pasado por la cabeza a la catalana? Lo cierto es que, una vez vista la película, aunque es evidente que Coixet se ha dejado llevar por los clichés del género (son muchos los que se presencian con claridad), también se nota la personal mano de la directora en determinados momentos de la historia.

    {xtypo_code} España-Reino Unido, 2013. (86′)

    Título original: Another me.
    Escrita y dirigida: Isabel Coixet,  basada en la novela de Cathy MacPhail.
    Producción: Mariela Besuievski, Nicole Carmen-Davis, Rebekah Gilbertson.
    Fotografía: Jean-Claude Larrieu.
    Música: Michael Price.
    Montaje: Elena Ruiz.
    Intérpretes: Sophie Turner (Fay), Jonathan Rhys Meyers (John), Claire Forlani (Ann), Gregg Sulkin (Drew), Rhys Ifans (Don), Ivana Baquero (Kaylie), Geraldine Chaplin (Sra. Brennan), Charlotte Vega (Monica), Priyanka Patel (Dawn), Leonor Watling. {/xtypo_code}

    Protagonizada por la joven Sophie Turner (en su primer papel protagonista en cine, y a la que muchos conocen por su papel de Sansa Stark en la serie Juego de tronos), Mi otro yo se centra en la vida de Fay, una chica que parece llevar una vida sin problemas, a pesar de la enfermedad de su padre y de su desorientada madre. Todo cambia un día en apariencia normal, en el que Fay empieza a tener la sensación de que alguien la sigue, alguien que tiene su mismo aspecto, que se parece terriblemente a ella. Su angustia va a más al estar cada vez más segura de que esa persona no quiere sólo parecerse a ella, sino que pretende apropiarse de su vida.

    El del doppleganger, o doble    tenebroso, es un tema que no es nuevo (de hecho, esta temporada ya se ha estrenado Enemy, que también trata de este recurrente tema), y ello sin contar con las más que evidentes referencias a  Cisne negro. No hay mucha novedad en torno al tema en la cinta de Coixet, que se deja llevar por las convenciones visuales-sonoras-estéticas del género, aunque sin perder sus formas personales.

    Coixet coquetea con el tema de la locura, o si se quiere con el lado oscuro que todos tenemos en esta cinta, inesperada por venir de quien viene, y que mejora ostensiblemente su anterior cinta Ayer no termina nunca, cosa que tampoco era complicado, pero que se queda muy lejos de sus grandes obras hasta la fecha: Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras.

    Lo cierto es que hay muchos momentos en los que no se sabe qué demonios está pasando, porque a pesar de que la historia juega al engaño, hay situaciones contradictorias en la trama. Pero lo peor llega al final, con una conclusión sin pies ni cabeza que termina por hundir por completo una película que no había logrado levantar el vuelo en ningún momento.

  • Ni Depp levanta esto

    Imagen de la película Transcendence

    TRANSCENDENCE

    De todos es sabido que Johnny Depp es un gran actor, capaz de meterse en cualquier papel, cambiando radicalmente su aspecto de uno a otro. Vale, no llega a los extremos corporales de Robert de Niro o de Christian Bale, pero aún así. No obstante, a pesar de ello, como todo gran intérprete, siempre hay alguna excepción en su carrera. En el caso de Depp, las más claras son La novena puerta, la insufrible El turista y esta Transcendence, película que tiene un arranque muy interesante, y una temática que podía haber dado mucho más de sí, pero que acaba hundiéndose, perdida y sin saber muy bien dónde quiere llegar.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido-China, 2014 (119′).
    Título original: Transcendence.
    Dirección: Wally Pfister.
    Producción: Kate Cohen, Broderick Johnson, Andrew A. Kosove, Annie Marter, Marisa Polvino, Aaro Ryder, David Valdes.
    Guión: Jack Paglen.  
    Fotografía: Jess Hall.
    Música: Dario Marianelli.
    Montaje: David Rosenbloom.
    Intérpretes: Johnny Depp (Will Caster), Rebecca Hall (Evelyn Caster), Pal Bettany (Max Waters), Cillian Murphy (Agente Buchanan), Kate Mara (Bree), Cole Hauser (Coronel Stevens), Morgan Freema (Joseph Tagger), Clifton Collins Jr (Martin), Cory Hardrict (Joel Edmund). {/xtypo_code}

    Y eso a pesar de que, como decía, empieza muy bien. Wally Pfister, director de fotografía habitual en las cintas de Christopher Nolan, que se encuentra en el equipo de producción avalando el debut de su colaborador y amigo, se pone a los mandos por primera vez con esta historia ambiciosa, farragosa y confusa, por las contradicciones que ella misma encierra.

    Will Caster es el investigador más importante en el campo de la inteligencia artificial que trabaja en una máquina que combina la inteligencia sensitiva con todo el rango de emociones humanas. Todo ello le ha creado inmensa fama y le han hecho objetivo de extremistas anti-tecnológicos. Cuando sufre un atentado que pone en peligro su vida, convencerá a su mujer y a su mejor amigo para dar el siguiente paso provocando su propia trascendencia al fusionarse con la máquina que está creando.

    El guión del también debutante Jack Paglen está repleto de sinsentidos y clichés presentes y vistos mil veces en otras tantas películas del hombre contra la tecnología. Ni siquiera los siempre competentes Johnny Depp y Rebecca Hall pueden levantar este pastiche, que tras un prometedor arranque acaba dando un giro hacia el terreno de lo inverosímil, llegando a resultar aburrida en muchos tramos. Resumiendo, que es una película intrascendente.

     

  • Highsmith en Grecia

    Película Las dos caras de enero

    LAS DOS CARAS DE ENERO

    Hossein Amini, el que fuera guionista de una de las mejores películas de hace un par de años, Drive, debuta como director con esta cinta de marcado carácter y aroma a cine clásico. Una cinta que bien podría parecer hecha hace muchos años. Una película que es evidente que no va a tener una gran taquilla, y no porque no la merezca, sino porque no está dirigida a las grandes masas (las referencias en el mismo cartel ya apuntan a espectadores con cierto bagaje cultural detrás).

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido-Francia, 2014 (96′).
    Título original:  The two faces of January.
    Escrita y dirigida: Hossein Amini, basado en una novela de Patricia Highsmith..
    Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Robyn Slovo, Tom Sternberg.
    Fotografía: Marcel Zyskind.
    Música: Alberto Iglesias.
    Montaje: Nicolas Chaudeurge, Jon Harris.
    Intérpretes: Viggo Mortensen (Chester MacFarland), Kirsten Dunst (Colette MacFarland), Oscar Isaac (Rydal), Daisy Bevan (Lauren), David Warshofsky (Paul Vittorio). {/xtypo_code}

    Chester y su joven esposa Colette MacFarland son una rica pareja estadounidense que disfruta de unas vacaciones en las islas griegas. Allí conocen a Rydal, un compatriota que se gana la vida como guía mientras realiza pequeñas estafas a las ricas estudiantes a las que enseña el lugar. Cuando accidentalmente la pareja se ve envuelta en el asesinato de un investigador privado, tomará la decisión de huir, para lo que solicitará la ayuda de Rydal.

    La historia está basada en una obra de Patricia Highsmith, creadora de atmósferas oscuras y personajes aún más siniestros y amorales. Como todas las tramas pergeñadas por la escritora, los protagonistas se mueven por mundos sórdidos, indagando en los recovecos de la mente, con personajes que suplantan a otros personajes. Todo ello ayuda a que desde que empiece, la tensión no haga más que aumentar a medida que avanza la historia.

    Amini dirige esta película que es fácil de contemplar y de perderse en ella, a pesar de que el director no ofrezca nada nuevo en realidad. Y es que lo que Amini hace es seguir el estilo que ya han usado otros directores como Anthony Minghella (que también creó su propia versión de la obra de Highsmith con la fabulosa El talento de Mr. Ripley) o Alfred Hitchcock.

    Y además, cuenta con una maravillosa banda sonora de Alberto Iglesias, que puntúa todas las magníficas secuencias. Y creedme, son bastantes.

     

  • La búsqueda de la venganza

    Película Big Bad Wolves

    BIG BAD WOLVES

    Si decimos que en octubre del pasado 2013, cuando se estrenó en festivales esta cinta israelí, un director como Quentin Tarantino declaró que esta Big bad wolves era la mejor película del año, ya estamos diciendo mucho de lo que tenemos delante.

    {xtypo_code}Israel, 2013 (110′)
    Escrita y dirigida:  Aharon Keshales y Navot Papushado.
    Producción: Leon Edery, Moshe Edery, Tami Leon, Chilik Michaeli, Avraham Pirchi.
    Fotografía: Giora Bejach.
    Música: Haim Frank Ilfman.
    Montaje: Asaf Korman.
    Intérpretes: Lior Ashkenazi (Micki), Rotem Keinam (Dror), Tzahi Grad (Gidi), Doval’e Glickman (Yoram), Menashe Noy (Rami), Dvir Benedek (Tsvika), Kais Nashif (Hombre a caballo), Nati Kluger (Eti). {/xtypo_code}

    Escrita y dirigida por el dueto Aharon Keshales y Navot Papushado, y que sigue (a grandes trazos) el estilo que ya tenían en su anterior obra (Rabies, considerada la primera película de terror israelí), estamos ante un thriller que a veces se mete de lleno en la comedia negra, y que siempre está bordeando la violencia (a veces extrema) pero dosificada a la perfección.

    Una serie de terribles asesinatos de niñas que aparecen violadas, torturadas y decapitadas unen a tres hombres: el padre de la última víctima, de pasado militar; un policía con ansias de venganza que camina por el filo de la navaja; y un profesor de religión que es el principal sospechoso, pero que ha sido puesto en libertad por una negligencia policial. Las ansias de justicia, de venganza, se darán lugar en un sótano de una casa perdida en el medio del campo, donde nadie puede oír nada.

    La secuencia de arranque es estéticamente excelente y pone el listón muy alto, manteniendo una factura exquisita en todo momento. A pesar de que el guión tiene alguna leve laguna, las interpretaciones del trío protagonista consiguen que el espectador no pueda separar la mirada de la pantalla. Los directores, partiendo de la Caperucita perseguida por un maquiavélico lobo, logran fundir una historia con fuertes dosis de violencia (no siempre explícita, no se asusten) con ráfagas de humor negro que siempre despiertan una sonrisa.

    En ocasiones recuerda a los Coen más negros; en otras muchas, a la tarantiniana Reservoir dogs (¿será por eso que a Quentin le gusta tanto?). Si durase un poco menos, sólo un poco, sería mucho más redonda, pero las casi dos horas que dura se pasan en un suspiro.

     

  • El día de la marmota alienígena

    Película Al filo del mañana

    AL FILO DEL MAÑANA

    Si cada vez que en una película un personaje se vea obligado a vivir una y otra y otra vez el mismo día se haga referencia ineludible a Atrapado en el tiempo no hace más que confirmar que Harold Ramis hizo una pequeña maravilla hace ya veintiún años. Y sí, aquí Tom Cruise, en la que posiblemente sea su mejor película desde hace mucho, mucho tiempo, vive su particular ‘Día de la Marmota’ en una sangrienta batalla contra unos feroces alienígenas que están a punto de conquistar el planeta.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos-Australia, 2014 (113′)
    Titulo original: Edge of tomorrow.
    Dirección: Doug Liman.
    Producción: Jason Hoffs, Gregory Jacobs, Tom Lassally, Jeffrey Silver, Erwin Stoff.
    Guión:  Christopher McQuarrie, Jez Butterworth, John-Henry Butterworth, basado en la novela gráficade Hiroshi Sakurazaka.  
    Fotografía: Dion Beebe.
    Música: Christophe Beck.
    Montaje: James Herbert.
    Intérpretes: Tom Cruise (Cage), Emily Blunt (Rita), Brendan Gleeson (General Brigham), Bill Paxton (Sargento Farell), Jonas Armstrong (Skinner), Tony Way (Kimmel), Kick Gurry (Griff), Franz Drameh (Ford), Dragomir Mrsic (Kuntz), Charlotte Riley (Nance). {/xtypo_code}

    Lo cierto es que esta Al filo del mañana es mucho más que una reformulación de la cinta de Ramis. Mezcla también ciertas dósis de la Starship troopers de Paul Verhoeven, unas gotas de la Salvar al soldado Ryan de Spielberg (la escena del ‘desembarco’ recuerda bastante a ella), por ejemplo. No estamos ante un blockbuster más. Lo es, pero lo que le diferencia de otros es su espíritu conscientemente autoparódico.

    La historia, basada en un cómic de Hiroshi Sakurazaka, es la de William Cage, un comandante que nunca ha entrado en combate, pero que es obligado a participar en una misión casi suicida enfrentándose a una poderosa raza extraterrestre que está a punto de conquistar el planeta. Pero nada más poner el pie en la playa donde desembarcan, muere. Entonces entra en un bucle sin final, reviviendo una y otra vez el mismo día, enfrentándose a los mismos problemas y muriendo al poco de llegar a la batalla. La cosa empezará a cambiar cuando conozca a Rita Vrataski, una guerrera feroz con la que empezará a buscar el modo de acabar de una vez por todas con los invasores y con la guerra.

    Doug Liman dirige con brío y con un ritmo endiablado que hace que el espectador no pueda perder el interés en ningún momento, y lo hace además no tomándose demasiado en serio a sí mismo. Tom Cruise, que no es tonto, se dio cuenta también de que si la película intentaba ir por el camino de la pura ciencia ficción acabaría estrellándose irremediablemente, y juntos optaron por darle el tono de comedia que finalmente hace que la cinta levante el vuelo y se eleve a altas cotas. No es solo un blockbuster preveraniego, es más que un mero entretenimiento para pasar el rato. Es divertida, es intensa, es vertiginosa, imaginativa (a pesar de que las ideas base sean poco originales), y nada reiterativa a pesar de que su germen sea siempre el mismo. Y tiene (¿quién se lo iba a imaginar?) a Emily Blunt repartiendo leña.
    Mucho mejor de lo esperado, no termina de cerrarse bien y su conclusión, si bien esperada, es poco consistente, y no termina de ser del todo creíble.

  • Obsesión y poder

    Película Madre e Hijo

    MADRE E HIJO

    Si decimos que el cine rumano es uno de los que más agradables sorpresas nos está dando a los cinéfilos en los últimos años, presentando obras de potentes historias que no necesitan recurrir a grandes efectos especiales ni a presupuestos desmesurados para ello, tampoco estoy diciendo nada nuevo. Y aunque, desgraciadamente, son pocas las películas que nos llegan de aquel país, lo cierto es que esas pocas son todas brillantes, tanto que parece que no haya película rumana mala.

    {xtypo_code}Rumanía, 2013 (112′)
    Título original: Pozitia Copilului.
    Dirección: Calin Peter Netzer.
    Producción: Calin Peter Netzer, Ada Solomon, Oana Giurgiu.
    Guión: Razvan Radulescu, Calin Peter Netzer.
    Fotografía:  Andrei Butica.
    Montaje: Dana Lucretia Bunescu.
    Intérpretes: Luminita Gheorghiu (Cornelia), Bogdan Dumitrache (Barbu), Ilinca Goia (Carmen), Natasa Raab (Olga Cerchez), Florin Zamfirescu (Aurelian Fagarasanu), Vlad Ivanov (Dinu Laurentiu).{/xtypo_code}

    En esta ocasión es Madre e hijo (a la que le han cambiado el título a última hora del inicialmente previsto La mirada del hijo). La cinta, dirigida por Calin Peter Netzer, viene de ganar el Oso de Oro y el Premio de la Crítica en el Festival de Berlín del pasado año, y está escrita por Razvan Radulescu, autor entre otras de obras maestras como 4 meses, 3 semanas, 2 días o La muerte del señor Lazarescu.

    La película nos cuenta la tortuosa y obsesiva relación de una madre posesiva con su hijo. Cornelia, una arquitecta de 60 años, que es infeliz porque su hijo Barbu, treintañero, se ha independizado y, sobre todo, porque la evita y no la llama. Cuando se entera de que su adorado hijo ha tenido un accidente automovilístico en el que ha muerto un niño, usará todos sus contactos y su dinero para evitar que su hijo vaya a la cárcel. Su convicción, en realidad, es que así, su hijo volverá a casa.

    El director construye la historia con maestría. Es capaz de mantener la tensión con unos magistrales planos larguísimos y claustrofóbicos, opresivos, angustiosos. Hay escenas magníficas y de gran fuerza (el diálogo entre la madre y el conductor testigo del accidente, por ejemplo; o la durísima del final con los padres del niño fallecido) que te dejan sin respiración. Sobre todo por la fuerza arrolladora de la protagonista absoluta de la cinta (una portentosa Luminita Gheorghiu)

    La maestría de Netzer es que con un argumento en principio familiar es capaz de construir un thriller tenso. Pero a la vez es también una descripción de una sociedad podrida, corrupta, en la que la clase poderosa todavía cree que está por encima de todo y que usa sus contactos y su dinero para librarse de sus problemas.

     

  • El retorno del monstruo radiactivo

    Imagen de la película Godzilla

    GODZILLA

    De entrada, hay una sensación contradictoria con esta película. Cuando se pudo ver el trailer hace unos meses el primer pensamiento fue “¿era necesario hacer una nueva versión, una nueva historia del mítico monstruo japonés creado por la radiación nuclear?”.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Japón, 2014 (123′)
    Dirección:  Gareth Edwards.
    Producción: Bob Ducsay, Jon Jashni, Mary Parent, Brian Rogers, Thomas Tull.
    Guión:  Max Borenstein.  
    Fotografía: Seamus McGarvey.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Bob Ducsay.
    Intérpretes: Aaron Taylor-Johnson (Ford Brody), Ken Watanabe (Dr. Ishiro Serizawa), Bryan Cranston (Joe Brody), Elizabeth Olsen (Elle Brody), Sally Hawkins (Vivienne Graham), Juliette Binoche (Sandra Brody), David Strathairn (Almirante William Stenz), CJ Adams (Joven Ford). {/xtypo_code}

    Pues posiblemente no, después de las veintiocho cintas de la productora Toho en la que peleaba con todo tipo de bichos. Pero claro, la anterior ocasión en la que Hollywood intentó adaptar la historia el resultado fue tan nefasto que peor no podía ir. Además, el reparto resultaba más que interesante, harto sorprendente, e inimaginable. ¿Quién se esperaba ver a Sally Hawkins, Juliette Binoche, Bryan Craston o Elisabeth Olsen en un blockbuster kaiju? Y para rematar, detrás de la cámara estaba Gareth Edwards, el británico que hace cuatro años sorprendió con la fantástica Monsters, con la que esta Godzilla tiene más en común de lo que pudiera parecer en un principio.

    La película comienza con un prólogo en el que una central nuclear y la ciudad que la circunda son destruidas por unas fuerzas desconocidas que hacen temblar la tierra de modo demasiado violento. Quince años después unos seres terroríficos nacidos por culpa de la radiación nuclear creada por el hombre, llamados Muto, despiertan de un letargo de años y emprenden un camino de destrucción. Los ejércitos se ven incapacitados para acabar con ellos, sobre todo porque emiten unos impulsos eléctricos que inhabilitan todo equipamiento eléctrico-electrónico-mecánico en un amplio radio a su alrededor. Para colmo, del fondo del mar emerge Godzilla. Pero, ¿y si fuera ésta precisamente la solución?

    Hay elementos interesantes en la historia, que chocan con lo que hasta ahora sabíamos y habíamos visto del monstruo (que, por cierto, a cada película que pasa se hace más grande), como que Godzilla ahora se convierta en salvador, garante de la pervivencia de la Tierra, en vez de ser el aniquilador de vida que era antes. La nueva (interesante) idea es que la bestia no es sino la herramienta de la Naturaleza para lograr mantener el equilibrio del planeta cuando, por la acción del hombre, o por causas externas, todo parezca irse al garete.

    También posee imágenes poderosas salteadas a lo largo del metraje, escenas de gran belleza plástica, o de portentosa y sobrecogedora fuerza (la escena de los créditos iniciales, por ejemplo, que ‘desvela’ que la bomba atómica de Hiroshima no provocó el nacimiento del monstruo, sino que se lanzó precisamente para acabar con él; o la maravillosa secuencia del salto en paracaídas de los soldados, incluyendo la visión subjetiva aérea del enfrentamiento con los Muto). Además se permite el lujo de ‘matar’ a algunos de los protagonistas de la historia antes siquiera de entrar en faena (Juliette Binoche no llega a los diez minutos, por ejemplo), con lo que desarma al espectador, que no espera tal súbito suceso.

    Edwards consigue mantener la atención y la tensión durante todo momento. Cierto que hay algunas lagunas, escenas que parecen dejarnos a medias (el tsunami, por ejemplo), pero en general no son significativas. Ya con su anterior cinta, donde también había monstruos que amenazaban con destruir el planeta, enamoró a muchos. Y es que, en el fondo, Edwards es un romántico. ¿De qué otro modo si no se explica que tanto en aquella como en esta los monstruos malvados tengan su momento de amor, su escena de encuentro y coqueteo amoroso?.

     

  • Aquellas juergas universitarias

    Película Malditos Vecinos

    MALDITOS VECINOS

    Hay ocasiones en que una película te sorprende. Este es uno de esos casos. El título no invitaba a mucho optimismo, y el género tampoco, la verdad. Esa mezcla de dos subgéneros, o de dos categorías dentro del género que es la comedia, como las películas de juergas universitarias y las de vecinos indeseables, podía sonar a ya visto. Y aunque lo cierto es que no hay ninguna gran sorpresa en el argumento, sí la hay en el tratamiento, en las interpretaciones.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014 (96′)
    Título original: Neighbors.
    Dirección: Nicholas Stoller.
    Producción:  Evan Goldberg, Seth Rogen, James Weaver.
    Guión:  Andrew J. Cohen, Brendan O’Briendd.  
    Fotografía: Brandon Trost.
    Música: Michael Andrews.
    Montaje: Zene Baker.
    Intérpretes: Seth Rogen (Mac Radner), Rose Byrne (Kelly Radner), Zac Efron (Teddy Sanders), Brian Huskey (Bill Wazowkowski), Ike Barinholtz (Jimmy), Carla Gallo (Paula), Dave Franco (Pete), Halston Sage (Brooke), Christopher Mintz-Plasse (Scoonie), Jerrod Carmichael (Garf), Craig Roberts (Assjuice), Ali Cobrin (Whitney), Kira Sternbach (Brittany), Lisa Kudrow (Decana Carol Gladstone). {/xtypo_code}

    Los Radner son un joven matrimonio de treintañeros que se acaba de instalar en su nueva vivienda con su bebé. Es un barrio tranquilo y su vida parece perfecta, hasta que en la casa de al lado se instala una fraternidad universitaria. Al principio todo parece ir sobre ruedas, pero pronto las fiestas salvajes empiezan a chocar con la tranquilidad y el silencio que la pareja busca y comienza el enfrentamiento.

    La cuarta película de Nicholas Stoller es, como las anteriores, una comedia cazurra y de brocha gorda. Pero no demasiado. Parece como si el director se frenase a sí mismo, como si no se atreviese a pasarse demasiado de la raya, porque aunque es cierto que hay momentos desquiciados (la pelea final se acerca a la épica), hay otros muchos en los que, teniendo vía libre para hacer casi lo que quiera, se queda corto y hasta es suave en un final convencional.

    Muy bien construida (faltaría menos), con algunos (escasos) momentos delirantes, y con una sorprendente Rose Byrne (difícil de imaginar en un papel así), la historia comienza bien pero se va desinflando poco a poco a medida que pasan los minutos. Lo más interesante, quizás, es el hecho de que los protagonistas se enfrenten a la disyuntiva de no saber muy bien si quedarse con la tranquilidad que tienen ahora o con las ganas de seguir con las fiestas de antes de tener a su hija. Un no pero sí, vamos.

    Los personajes son algo esquemáticos, algo simples, pero la cinta es simpática, agradable de ver, y la suma de momentos divertidos (aunque ciertamente previsibles) hace que se disfrute mientras se está viendo. Pero lo cierto es que se olvida con la misma facilidad al poco de terminar.

     

  • Turturro ligón

    Película Aprendiz de Gigoló

    El actor John Turturro vuelve a ponerse tras las cámaras, y es la quinta vez, para dirigir una historia escrita por él mismo, con una base nostálgica (al menos al principio) y que, en realidad, resulta poco inverosímil si la trasladamos a la vida real. Pero claro, es ficción, y en el cine todo está permitido.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (98′)
    Título original : Fading Gigolo.
    Escrita y dirigida: John Turturro.
    Producción: Bill Block, Paul Hanson, Jeffrey Kusama-Hinte.
    Fotografía:  Marco Pontecorvo.
    Música: Abraham Laboriel, Bill Maxwell.
    Montaje: Simona Paggi.
    Intérpretes: John Turturro (Fioravante), Woody Allen (Murray), Vanessa Paradis (Avigal), Sharon Stone (Dra. Parker), Sofia Vergara (Selima), Liev Schrieber (Dovi), Tonya Pinkins (Othella), Jade Dixon (Cee Cee), Bob Balaban (Sol). {/xtypo_code}

    Aprendiz de gigoló es una película simpática, divertida a veces, que no llega a la cumbre del director (Illuminata, de 1998) pero que permite pasar un buen rato, sobre todo por la presencia de sus dos intérpretes masculinos, cuyos diálogos mantienen la atención del espectador.

    Fioravante y Murray son dos amigos que están atravesando una época difícil en lo económico encuentran una salida en que uno de ellos ofrezca sus servicios como gigoló, mientras que el otro le lleva la agenda y se encarga de concertar las citas. Todo parece marchar medianamente bien, hasta que aparece una joven viuda judía por la que empieza a sentir algo.

    Hay en esta Aprendiz de gigoló una ciudad interracial en el que Turturro se ríe de muchos tópicos, y en el que, pese a su extrañeza, tiene elementos difíciles de creer, y que no terminan de encajar en una trama que se deja ver con facilidad.
    Turturro se aleja de los melodramas y lo hace con unos diálogos chispeantes en los que la pareja protagonista despliega mucho arte, y en la que sorprende lo mucho que hay de Woody Allen en su personaje. Casi se podría decir que aquí Allen hace de Allen, y eso es mucho.

    Estamos ante la película más intrascendente del Turturro director. Lejos de Mac, de Illuminata, Aprendiz de gigoló es también una cinta extraña (que en una película sobre un gigoló no se vea a este en acción no es habitual, por ejemplo). El tono crítico contra los integrismos (esos que frenan la libertad de la joven viuda judía) queda difuminada en un fondo más festivo. Incluso la soledad y el deseo, los otros temas que se plantean en la película, tampoco llegan a convertirse en elementos con el poder suficiente como para calar en la trama.