Categoría: La película

  • La película española del año

    Película Magical Girl

    MAGICAL GIRL

    Posiblemente estemos ante la que es la mejor película española del año. Y llega por sorpresa, inesperadamente. Como inesperado fue su triunfo total en el reciente Festival de Cine de San Sebastián, en el que se alzó con los premios a la mejor película y al mejor director. Y visto lo visto, no se puede negar que merecidamente.

    {xtypo_code}España-Francia, 2014 (127′)
    Escrita y dirigida : Carlos Vermut.
    Producción: Pedro Hernández Santos.
    Fotografía: Santiago Racaj.
    Montaje: Emma Tusell.
    Intérpretes: Bárbara Lennie (Bárbara), Luis Bermejo (Luis), José Sacristán (Damián), Israel Elejalde (Alfredo), Lucía Pollán (Alicia), Elisabet Gelabert (Ada), Miquel Insua (Oliver), Teresa Soria Ruano (Adela), David Pareja (Javier). {/xtypo_code}

    Vermut monta una historia en la que la información se nos da con cuentagotas, poco a poco, cambiando el punto de vista de una secuencia a otra, repitiendo la historia desde perspectivas distintas, ampliando el caudal de conocimiento y ayudando así a que el espectador sepa lo que pasa casi a la misma vez que los protagonistas. Unos personajes que se mueven por instintos, que toman unas decisiones vitales empujados por unos sentimientos que son más fuertes que la razón.

    Alicia es una niña enferma de leucemia cuyo deseo es tener el traje de su heroína favorita, Magical Girl Yukiko, un personaje de manga. Su padre, Luis, un profesor forzosamente en paro y que pasa (por ello y lo de la pequeña) por una mala racha, está dispuesto a hacer lo que sea por cumplir el sueño de su hija. Su destino se cruzará con el de Bárbara, una joven con serios desequilibrios mentales, y con el de Damián, un profesor jubilado con un oscuro pasado que le llevó a la cárcel. Los tres se verán metidos en un mundo de chantajes en el que las consecuencias de sus actos no son tenidas en cuenta.

    Magical girl es un drama seco, con algunas gotas de comedia negra (negrísima). A pesar de que comienza como la historia tierna de un padre capaz de todo por su hija, pronto entra en escena el aspecto sórdido que va creciendo a pasos agigantados. Vermut nos presenta un rompecabezas críptico y tríptico (tres historias, tres actos, tres personajes, tres almas perdidas), en el que importa tanto lo que se ve como lo que no se ve, lo que queda oculto tras una puerta bajo un lagarto negro.

    Una trama perturbadora, con unos personajes repletos de matices y magníficamente interpretados por su tripleta protagonista, pero a la vez es un magnífico retrato social de la sociedad que nos ha tocado vivir.

    Esta es una cinta magnífica, sobrecogedora, con un José Sacristán soberbio y una hipnótica Bárbara Lennie. Imperdible. Y, aviso a navegantes: nunca fue tan significativo un folio en blanco.

     

  • El amor en tiempos de guerra

    Película Mi vida ahora

    MI VIDA AHORA

    Lo nuevo de Kevin Macdonald, director de la muy notable El último rey de Escocia, y ganador del Oscar al mejor documental en 1999, estrena su última película, en la que la historia va cambiando el punto de interés, y haciendo con ello que el espectador aumente o disminuya su atención a lo que está viendo según va pasando el tiempo.

    {xtypo_code}Reino Unido, 2013 (101′)
    Título original: How I live now.
    Dirección: Kevin Macdonald.
    Producción:  John Battsek, Alasdair Flind, Andrew Ruhemann, Charles Steel.
    Guión: Jeremy Block, Tony Grisoni, Penelope Skinner, basado en la novela de Meg Rosoff.  
    Fotografía: Franz Lustig.
    Música: Jon Hopkins.
    Montaje: Jinx Godfrey.
    Intérpretes: Saoirse Ronan (Daisy), Tom Holland (Isaac), George Mackay (Eddie), Harley Bird (Piper), Danny McEvoy (Joe), Anna Chancellor (Tía Penn), Jonathan Rugman (Reportero). {/xtypo_code}

    Daisy, una adolescente americana (mayúscula, casi todo el tiempo, Saoirse Ronan), es enviada por su padre a pasar una temporada a casa de sus desconocidos primos en Inglaterra, donde se enamora de Eddie. A través de la televisión se ve una creciente escala de conflictos en Europa. Cuando el país cae en un estado militar y la guerra llega a las puertas de su casa de campo, Daisy y sus primos son separados. Entonces ella intentará hacer frente a todas las adversidades y escapar para encontrarse de nuevo con Eddie.

    Mi vida ahora se centra exclusivamente en el personaje de Daisy, y es gracias al gran trabajo de Saoirse Ronan como la película se mantiene en pie. Curiosamente, el hecho de tener sólo un punto de vista es lo bueno y lo malo de la cinta. Al seguirla a ella vivimos más de cerca la angustia del conflicto bélico en vivo; y a la vez quedan muchas preguntas en el aire sobre los orígenes, los motivos, los quiénes, los cómo…

    Lo que en un principio comienza como una historia (casi bucólica) de romance adolescente, con un grupo de críos en el campo, sin adultos, divirtiéndose y pasándoselo en grande ajenos a todo, pronto se transmuta en un duro drama apocalíptico con bombas nucleares, aguas envenenadas y escenas de una negrura atroz, en el que Macdonald se maneja bastante bien. Lo malo es que toda esa fuerza, que es (no nos engañemos) lo mejor de la película, acaba diluyéndose de nuevo en los efluvios amorosos de la chica (cuyas voces mentales también merecerían una mayor explicación).

    No queda nada claro si lo que se pretende es hacer un drama bélico (casi apocalíptico), o una drama romántico adolescente. Esta indecisión es lo que hace que la película no llegue a explotar del modo que debería.

     

     

  • Un thriller sin apariencias

    Película Black Coal

    BLACK COAL

    Como cada año, una vez que acaban las vacaciones de verano, comienza la que es, innegablemente, la mejor temporada cinéfila del año. Es cierto que durante todo el año tenemos estrenos de grandes obras, de películas de enorme calidad.

    {xtypo_code}China, 2014 (106′)
    Título original:  Bai ri yan huo.
    Escrita y dirigida: Diao Yinan.
    Producción: Vivian Qu, Wan Juan, Shen Yang, Zhang Dajun
    Fotografía:  Dong Jingsong.
    Música: Wen Zi.
    Montaje: Yang Hongyu.
    Intérpretes: Liao Fan, Gwei Lun Mei, Wang Jingchun, Wang Yu Ailei, Wang Xuebing. {/xtypo_code}

    Pero generalmente éstas llegan con cuentagotas. Y es ahora, cuando el año entra en su recta final, cuando llegan las películas que pelearán por los Oscar del año que viene, las que recogen las mejores críticas, las que han ganado en los festivales más importantes… Por ejemplo, está Black Coal, que en el pasado Festival de Berlín se alzó con los premios al mejor actor y mejor película, arrebatándole el premio a la gran Boyhood (que era la favorita de casi todos).

    Diao Yinan ha dirigido, en esta su tercera película, una muestra sucia de cine negro clásico, con un detective que investiga un extraño y truculento crimen y una femme fatale. En 1999, aparece el cadáver descuartizado y los fragmentos del cuerpo repartidos por toda la provincia. El inspector Zhang se encarga de la investigación, aunque debe dejarla tras ser gravemente herido al producirse un tiroteo en pleno interrogatorio. Cinco años después, con Zhang convertido en agente de seguridad, se producen otros dos asesinatos semejantes, ambos vinculados a la mujer del primer fallecido y decide retomar la investigación y acercarse a la enigmática mujer.

    Cine negro con trazos de tristeza rodado elegantemente, con planos y escenas que son estéticamente primorosos, a pesar de su aparente sencillez, y que esconden una enorme crudeza  (la escena del tiroteo es austera pero sobrecoge por todo lo que esconde, por lo que no cuenta). El director ha creado una obra magnífica, difícil para los paladares acostumbrados al cine (aun del mismo género) americano o europeo, donde se rueda y se cuenta con otros ritmos, con otros tempos, prestando más atención a elementos distintos. Y, a pesar de todo,  no falta el humor.

    El filme, según su autor, es un retrato de la China actual, aunque se desarrolla en una ciudad pequeña, alejada por completo y en todos los sentidos de las grandes megalópolis de Shanghai o Pekín, donde la historia no hubiese terminado de funcionar.

    Diao Yinan, fiel a su estilo, huye de la espectacularidad del género, y hasta las persecuciones (o incluso el ya mencionado tiroteo) han sido rodados de modo sencillo, con ritmo pausado, casi con plano secuencia y usando el plano fijo en numerosas ocasiones, lo que (contra todo pronóstico) da una fuerza inmensa a la historia.

    Con un arranque perturbador, y aunque la trama del asesinato es quizás secundaria en algunos momentos (lo que le interesa a Yinan es otra cosa, es el retrato de una sociedad), Black Coal es una cinta hipnótica, que huye de la belleza formal, del espectáculo pirotécnico, pero que tiene una fuerza que te atrapa en su fealdad, haciendo que veas la belleza que se esconde detrás de la suciedad.

     

  • Muerte en las marismas

    Película La isla mínima

    LA ISLA MÍNIMA

    Después de triunfar en el recientísimo Festival de Cine de San Sebastián, al alzarse con los premios a mejor fotografía (para Álex Catalán) y el de mejor actor (Javier Gutiérrez), llega a las salas la última película del sevillano Alberto Rodríguez, director de la fantástica Grupo 7, que se supera a sí mismo con esta producción superlativa que previsiblemente arrasará en los Goya del próximo año.

    {xtypo_code} España, 2014. (105′)
    Director: Alberto Rodríguez.
    Producción: José Antonio Félez, Gervasio Iglesias, Mikel Lejarza, Mercedes Gamero.
    Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos.
    Fotografía: Álex Catalán.
    Música: Julio de la Rosa.
    Montaje:  José M. G. Moyano.
    Intérpretes: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Nerea Barros, Manolo Solo, Jesús Castro, Jesús Carroza, Cecilia Villanueva, Salvador Reina. {/xtypo_code}

    La historia se desarrolla en 1980, con la democracia recién estrenada, y las huellas del pasado todavía muy recientes. Dos policías madrileños de carácter e ideales contrapuestos, pero ambos expedientados, son enviados al sur, a las marismas del Guadalquivir, a un lugar donde el tiempo se detuvo muchos años atrás, para investigar la desaparición de dos hermanas adolescentes durante las fiestas del  pueblo. Allí deberán superar sus diferencias y enfrentarse a un peligroso asesino que lleva años matando a mujeres jóvenes sin que nadie se haya atrevido a contar nada.

    Rodríguez, con la ayuda de su colaborador de siempre, Rafael Cobos, ha pergeñado una historia oscura, un thriller salvajemente profundo, donde se cuenta mucho más de lo que parece, y donde la ambientación, todo lo que rodea a la trama principal, sirve como marco histórico (hay lucha de clases, caciques explotadores que pagan cuatro perras a sus asalariados; chicas que quieren salir de ese pueblo de mala muerte, y las promesas rotas a las que se enfrentan).
    Es una historia oscura, en un lugar oprimente, agobiante, repleto de desasosiego, en la que también toma mucho valor la fastuosa fotografía de Álex Catalán, con esas imágenes aéreas que sitúan al pequeño humano en ese paisaje desolador. Haciendo la historia aún más tenebrosa y turbia.

    Y los protagonistas. Fantásticos todos ellos, pero entre los que sobresale un magnífico Javier Gutiérrez, en el que es el mejor papel de su carrera. Este thriller de tintes políticos, con el trasfondo de la transición, y en una comunidad claustrofóbica, donde todo el mundo guarda sus secretos, es una cinta negrísima, con una fotografía magnífica, un montaje que trabaja de modo brillante las elipsis, y una banda sonora que se mimetiza con los sonidos del lugar para ayudar a dar más empaque aún a una película sencillamente brutal.

  • Muerte en las marismas

    Película La isla mínima

    LA ISLA MÍNIMA

    Después de triunfar en el recientísimo Festival de Cine de San Sebastián, al alzarse con los premios a mejor fotografía (para Álex Catalán) y el de mejor actor (Javier Gutiérrez), llega a las salas la última película del sevillano Alberto Rodríguez, director de la fantástica Grupo 7, que se supera a sí mismo con esta producción superlativa que previsiblemente arrasará en los Goya del próximo año.

    {xtypo_code} España, 2014. (105′)
    Director: Alberto Rodríguez.
    Producción: José Antonio Félez, Gervasio Iglesias, Mikel Lejarza, Mercedes Gamero.
    Guión: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos.
    Fotografía: Álex Catalán.
    Música: Julio de la Rosa.
    Montaje:  José M. G. Moyano.
    Intérpretes: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Nerea Barros, Manolo Solo, Jesús Castro, Jesús Carroza, Cecilia Villanueva, Salvador Reina. {/xtypo_code}

    La historia se desarrolla en 1980, con la democracia recién estrenada, y las huellas del pasado todavía muy recientes. Dos policías madrileños de carácter e ideales contrapuestos, pero ambos expedientados, son enviados al sur, a las marismas del Guadalquivir, a un lugar donde el tiempo se detuvo muchos años atrás, para investigar la desaparición de dos hermanas adolescentes durante las fiestas del  pueblo. Allí deberán superar sus diferencias y enfrentarse a un peligroso asesino que lleva años matando a mujeres jóvenes sin que nadie se haya atrevido a contar nada.

    Rodríguez, con la ayuda de su colaborador de siempre, Rafael Cobos, ha pergeñado una historia oscura, un thriller salvajemente profundo, donde se cuenta mucho más de lo que parece, y donde la ambientación, todo lo que rodea a la trama principal, sirve como marco histórico (hay lucha de clases, caciques explotadores que pagan cuatro perras a sus asalariados; chicas que quieren salir de ese pueblo de mala muerte, y las promesas rotas a las que se enfrentan).
    Es una historia oscura, en un lugar oprimente, agobiante, repleto de desasosiego, en la que también toma mucho valor la fastuosa fotografía de Álex Catalán, con esas imágenes aéreas que sitúan al pequeño humano en ese paisaje desolador. Haciendo la historia aún más tenebrosa y turbia.

    Y los protagonistas. Fantásticos todos ellos, pero entre los que sobresale un magnífico Javier Gutiérrez, en el que es el mejor papel de su carrera. Este thriller de tintes políticos, con el trasfondo de la transición, y en una comunidad claustrofóbica, donde todo el mundo guarda sus secretos, es una cinta negrísima, con una fotografía magnífica, un montaje que trabaja de modo brillante las elipsis, y una banda sonora que se mimetiza con los sonidos del lugar para ayudar a dar más empaque aún a una película sencillamente brutal.

  • Cine, tiempo, vida

    Película Boyhood( Momento de una vida)

    BOYHOOD (MOMENTOS DE UNA VIDA)

    Estamos posiblemente ante la que es la película del año. Richard Linklater ha realizado su obra magna, la que será la obra por la que será recordado dentro de unas décadas. Y eso que también es el responsable de la trilogía Antes de… que, por cierto, tiene bastante más en común con esta Boyhood de lo que podría parecer en un principio. Y es que, de hecho, aquí da un paso más allá del ya dado a lo largo de los casi veinte años que tardó en rodar las tres cintas mencionadas.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014 (165′)
    Escrita y dirigida: Richard Linklater.
    Producción: Richard Linklater, Cathleen Sutherland.
    Fotografía: Lee Daniel, Shane Kelly.
    Música: Varios.
    Montaje: Sandra Adair.
    Intérpretes: Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Lorelei Linklater, Jordan Howard, Tamara Jolaine, Zoe Graham, Tyler Strother, Evie Thompson, Tess Allen, Megan Devine, Fernando Lara, Elijah Smith, Steven Chester Prince, Bonnie Cross, Libby Villari, Marco Perella, Jamie Howard, Andrew Villarreal, Shane Graham, Ryan Power, Sharee Fowler. {/xtypo_code}

    Es posible que la trama no sea la más original (en el fondo, lo que tenemos aquí es el paso por la adolescencia de un niño de cinco años hasta los dieciocho), pero lo que da todo su poder a la obra de Linklater es su concepto, la idea. Y es que el director de Houston rodó con los mismos intérpretes (una familia ficticia compuesta por una madre divorciada, Patricia Arquette, y sus hijos (Ellan Coltrane y Lorelei Linklater, hija del director en la vida real), y el padre de ambos, un tarambana, Ethan Hawke) a lo largo de doce años, desde 2002 hasta octubre del 2014. Cada año rodaban solo durante unos tres días un fragmento más de la historia.

    Boyhood no busca los grandes momentos (el primer beso, el primer amor…) de la vida del niño protagonista. Al contrario, es la suma de momentos elegidos (casi) al azar. Lo que se pretende es ver el paso del tiempo, como se nos escapa de las manos. Es una suma de instantes, lo que en realidad es la vida. Es eso lo que la hace grande. A pesar de que esté desprovista de grandilocuencia,  el resultado final es fastuoso.

    Linklater mezcla ficción y realidad en esta maravillosa historia. Introduciendo, por ejemplo, lo que les estaba ocurriendo a los protagonistas en la vida real con el paso de los años (por ejemplo, el interés por la fotografía del chico protagonista).

    El director ha creado un acto de fe, formalmente sencillo (ni siquiera en los cambios temporales hay señal evidente de la elipsis), que pasará a la historia.

    Mención aparte merece la magnifica, soberbia, colección de canciones que componen la banda sonora, y que también ayudan a ubicar la acción en el tiempo.

     

  • El profesor y la nieve

    Película El amor es un crimen perfecto

    EL AMOR ES UN CRIMEN PERFECTO

    Estamos ante un thriller atípico y extraño en el que la persecución por resolver el asesinato (que siempre debe estar presente en todo thriller que se precie) es lo de menos, una simple excusa, y sin embargo esa negrura, esa permanente sensación de angustia no desaparece nunca.

    {xtypo_code}Francia-Suiza, 2013. (110′)
    Título original: L’amour est un crime parfait.
    Escrita y dirigida: Arnaud Larrieu, Jean-Marie Larrieu, basada en la novela ‘Incidences’ de Philippe Dijan.
    Producción: Francis Boespflug, Sidonie Dumas, Bruno Pésery.
    Fotografía:  Guillaume Deffontaines.
    Música: Caravaggio.
    Montaje: Annette Dutertre.
    Intérpretes: Mathieu Amalric (Marc), Karin Viard (Marianne), Maïwenn (Anna), Sara Forestier (Annie), Denis Podalydès (Richard), Marion Duval (Barbara).{/xtypo_code}

    Marc es un profesor de escritura creativa en la universidad de Lausanne (cuya sede parece sacada de una fantasía futurista y espacial) con gran facilidad para conquistar a sus estudiantes (aunque a veces son ellas las empeñadas en conquistarle a él). La última de dichas conquistas es Bárbara, su más brillante alumna, que desaparece tras una noche con el profesor. Días después llega a la facultad Anna, la madrastra de la chica, que está investigando qué ha pasado con la joven y que quiere conocer más a su ahijada con la que mantenía una relación difícil.

    La película que han montado los hermanos Larrieu es un producto extraño. Bajo su apariencia de thriller glacial (tanto en las relaciones de los personajes, como en los nevados paisajes en los que tiene lugar la historia) se esconde una comedia negra. El problema es que está tan escondida que cuesta mucho verla (de hecho, se duda constantemente de las verdaderas intenciones de los realizadores).

    Lo importante aquí, más que descubrir qué ha pasado con la chica, quién es responsable de su desaparición (algo que, seamos sinceros, se intuye desde el primer momento). Lo que verdaderamente mantiene el interés de la historia es ver lo tóxicas que son las relaciones humanas (en este caso la que une al protagonista con su hermana, con la que vive en una vieja casa familiar perdida entre las montañas, y que está bordeando la obsesión, por ambos bandos, aunque en un primer momento no lo parezca). Es ese trauma del pasado (del que nunca se llega a hablar) el que de verdad importa.
    Mathieu Amalric está brillante, como siempre. A su lado, el trío de papeles femeninos (Karin Viard, Maïwenn y Sara Forestier) mantienen también el tipo, pero no llegan al nivel del actor. El guión es interesante la mayor parte del tiempo, pero su resolución resulta forzada, poco creíble. Y ello hace que la sensación con la que uno se queda al final sea muy inferior a la que todo lo anterior invitaba.

     

  • El futuro del cine

    Película El Congreso

    EL CONGRESO

    Después de sorprender con su fastuoso documental animado Vals con Bashir, el israelí Ari Folman regresa con su nueva cinta, esta El congreso, que fue considerada, por la inmensa mayoría de la crítica, como una de las mejores cintas del pasado 2013, y que se proyectó en una de las secciones paralelas del pasado Sevilla European Film Festival.

    {xtypo_code}Israel-Alemania-Polonia-Luxemburgo-Francia-Bélgica, 2013 (122′)
    Título original: The Congress.
    Escrita y dirigida:  Ari Folman, basado en la novela de Stanislav Lem.
    Producción:  Reinhart Brundig, Sebastien Delloye, Piotr Dzieciol, Ari Folman, David Grumbach, Eitan Mansuri, Ewa Puszczynska, Robin Wright.
    Fotografía: Michal Englert.
    Música: Max Richter.
    Montaje: Nili Feller.
    Intérpretes: Robin Wright (Robin Wright), Harvey Keitel (Al), Kodi Smit-McPhee (Aaron Wright), Danny Huston (Jeff Green), Sami Gayle (Sarah Wright), Michael Stahl-David (Steve), Paul Giamatti (Dr Baker). {/xtypo_code}

    La película, mezcla de animación e imagen real, es una de las más sorprendentes e imaginativas propuestas de los últimos años. Y, sobre todo, la muestra evidente del talento bestial de esa gran actriz que es Robin Wright, en el papel más arriesgado que se haya hecho en el cine (en cualquier película, en cualquier país) en mucho mucho tiempo, y que no cualquiera se hubiese atrevido a hacer.

    La idea es tan descabellada que podría hacerse realidad antes de lo que pensamos. Un gran estudio le hace una oferta absolutamente demencial a la actriz Robin Wright (que se interpreta a sí misma): comprarle su identidad cinematográfica y utilizar este personaje virtual de ahora en adelante, mientras ella puede (y debe) desaparecer de la escena pública.

    Para ello escanearán digitalmente su cuerpo, sus gestos, sus emociones, sus alegrías y sus penas; y harán uso de su imagen para cualquier película que ellos decidan, sin restricción, incluidas las cintas comerciales que ella siempre rechaza. A cambio, una sustanciosa suma y el compromiso de que permanecerá siempre joven. El contrato dura veinte años, tras los cuales Robin regresa a escena, como invitada a un congreso en el que se reúne la flor y nata del cine del momento, y entra directamente en el cine fantástico del futuro.

    Folman divide su película entre secuencias en imagen real y secuencias animadas. Si bien en la primera parte, mucho más potente, reflexiona sobre el paso del tiempo visto desde la perspectiva de quien vive de su imagen, y nos regala una soberbia actuación de su actriz protagonista (la secuencia del escaneo es brutal y pone la piel de gallina); en la parte animada (mucho más desquiciada, y tan abigarrada que llega a agotar) entramos en un mundo distópico (de esos que tan bien imaginaba y recreaba Lem) en el que la humanidad ha perdido ya definitivamente el contacto con la realidad y vive en una permanente fantasía provocada por las drogas.

    Es interesante ver cómo Folman reflexiona sobre el futuro del cine, como presenta la posibilidad de vender el alma al ‘diablo’. El Congreso es una película descabellada, febril, enfermiza, impactante, un delirio visual que en algunos momentos se le va de las manos al director. Lamentablemente.

     

  • Scarlett trascendente

    Película Lucy

    LUCY

    El francés Luc Besson se ha destacado desde sus inicios por dos cosas fundamentales: crear en Europa un cine de acción que poco tiene que envidiar a las grandes producciones del género procedentes de Hollywood (ya sea como director, como guionista o productor); y por presentarnos en ellas a personajes femeninos fuertes, mujeres que se convierten en las heroínas de sus historias, venciendo todos los reveses que se les presentan.

    {xtypo_code}Francia, 2014. (89′).
    Escrita y dirigida: Luc Besson.
    Producción: Virginie Silla.
    Fotografía: Thierry Arbogast.
    Música: Eric Serra.
    Montaje: Julien Rey.
    Intérpretes: Scarlett Johansson (Lucy), Morgan Freeman (Profesor Norman), Min-sik Choi (Sr. Jang), Amr Waked (Pierre del Rio), Julian Rhind-Tutt (El guiri), Pilou Asbaek (Richard), Analeigh Tipton (Caroline), Nicolas Phongpheth (Jii), Jan Oliver Schroeder (Mula alemán), Luca Angeletti (Mula italiano). {/xtypo_code}

    Desde la Nikita que fue Anne Parillaud (Nikita, dura de matar), a la Juana o la Leeloo que interpretó Milla Jovovich en Juana de Arco y El quinto elemento, la Adèle de Louise Bourgoin en Adèle y el misterio de la momia, o incluso la Mathilda del portentoso debut de Natalie Portman en El profesional. Esta Lucy a la que da vida Scarlett Johansson es la última en sumarse a la lista.

    Muchos han querido echar por tierra el valor de esta cinta aludiendo a la falta de rigor científico (el falso mito de que usamos únicamente el 10% de nuestro cerebro). Una vez más, dejemos claro lo evidente: esto es una película, es ficción. El rigor no tiene porqué ser total, siempre que la lógica interna de la historia se cumpla, que lo que cuente sea verosímil con sus propias normas. Y Lucy lo es.

    Lucy es una joven estadounidense que disfruta de unas vacaciones en Taiwan, hasta que es secuestrada y forzada a ejercer de mula y transportar una bolsa de una nueva droga experimental en su estómago. Tras sufrir una paliza, la bolsa se rompe en su interior, pero eso no la mata, sino que hace que su capacidad cerebral aumente vertiginosamente, controlando su cuerpo y todo lo que le rodea hasta límites insospechados.

    Besson es un maestro y es capaz de sacar petróleo de donde no había (en apariencia) nada. La trama parecía que no iba a dar de sí. Además, teníamos los precedentes de Sin límites y la muy insulsa Trascendence (donde, por cierto, también estaba Morgan Freeman poniendo un poco de sensatez a la cosa). Pero el francés otorga un cariz distinto, más profundo, y con más sentido, más lógica, y (evidentemente) más espectáculo, que hacen que mantener la atención y la tensión sea tarea fácil.

    Puede parecer confusa en su locura, pero Besson se las arregla para que la historia tenga coherencia dentro de sus propias reglas. Deslumbrante y con varias dosis de humor absurdo, Lucy es un thriller de acción con estilo, muy disfrutable, en las que el director elucubra con el juego, con el tiempo, el espacio y otras posibles dimensiones.
    No hay que olvidar el gran trabajo también de Scarlett Johansson, muy creíble como heroína de acción novata que parece conocer cómo actuar en todo momento, en cada situación, a pesar de que es algo totalmente nuevo para ella. ¿Incoherente? Para nada, todo es producto de esa droga que le da poderes, el poder del control total, del conocimiento absoluto de todo lo que es y ha sido.

    También está el otro juego, el de descubrir cuantas citas autorreferenciales puede meter el francés en su película. A veces son planos, otras situaciones, momentos, o incluso personajes, pero son incontables los momentos en que viendo Lucy, al espectador conocedor de su filmografía le vienen a la cabeza sus anteriores obras (desde Nikita a León, pasando por Adéle …o El quinto elemento, o El gran azul … Algo que Besson ya ha hecho antes y que seguirá haciendo.

     

  • Forrest se hace el sueco

    El abuelo que saltó por la ventana y se largó

    EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ

    Basado en la novela superventas de mismo y larguísimo título, El abuelo que saltó por la ventana y se largó es una comedia sueca, repleta del humor que se suele gastar por aquellos lares (que, por cierto, no es muy habitual ver en nuestras pantallas, donde las raras veces que cintas suecas nos llegan suelen ir más por el terreno del thriller), y que ya vimos en obras como la divertidísima La comedia de la vida (Du levande en su título original), se estrena con intenciones de conseguir buenos resultados de taquilla y público. Aunque lo cierto es que lo conseguirá sólo a medias.

    {xtypo_code}Suecia, 2014. (114′).
    Título original:   Hundraåringen som klev tu genom fönstret och försvann.
    Dirección: Felix Herngren.
    Guión: Felix Herngren y Hans Ingemansson, basado en la novela homónima de Jonas Jonasson.
    Fotografía: Göran Hallberg.
    Música: Matti Bye.
    Montaje: Henrik Källberg.
    Intérpretes: Robert Gustafsson (Allan Karlsson), Iwar Wiklander (Julius Jonsson), David Wiberg (Benny), Mia Skäringer (Gunilla), Jens Hulten (El jefe), Alan Ford (Pim), Ralph Carlsson (Inspector Aronsson), Bianca Cruzeiro (Caracas), Sven Lönn (Bucket).{/xtypo_code}

    Narrado tal y como aparece en el libro (incluyendo esa voz en off que tantísimo daño ha hecho en muchas ocasiones), El abuelo que saltó… es una historia de casualidades. O del destino si quieren. El día en que cumple cien años, Allan Karlsson, hombre de cerebro limitado salta por la ventana (afortunadamente está en un bajo) de la residencia en la que vive y escapa del aburrimiento sin dirección concreta. Por una de estas casualidades de la vida, acaba con una maleta que no le pertenece y perseguido por una banda mafiosa. En el camino, o en la huída, según se vea, Allan nos cuenta su vida, repleta de encuentros azarosos con gente como Stalin, Franco o Harry Truman. Sin proponérselo (y casi sin ser consciente de ello), Karlsson cambiará la historia, por ejemplo, ayudando a crear la bomba atómica.

    Lo cierto es que el protagonista es un hombre un tanto estúpido, que parece no sentirse afectado por nada de lo que ocurre a su alrededor; es testigo mudo de todos los cambios que suceden en una época convulsa. Las referencias pretenden ir dirigidas hacia el humor absurdo (Jacques Tati como principal exponente) y hacia el humor negro.
    La cinta tiene cierta frescura en algunos momentos, pero decae bastante en otros tantos. Hay elementos que están pidiendo a gritos más protagonismo (ese elefante, por favor, ¡qué desaprovechado!). Tiene situaciones poco creíbles (esa banda de maleantes no puede ser más torpe). Y aunque a veces es disfrutable, uno no puede dejar de pensar que esto ya lo ha visto antes. Porque eso de un señor limitado que conoce a la gente más importante de su tiempo y que apenas se da cuenta de todos los cambios que él mismo provoca en el mundo suena horrores a Forrest Gump, o, por citar un referente europeo, a la checa Yo serví al rey de Inglaterra.