Categoría: La película

  • Turbia provocación

    Película ELLEELLE

    Un zasca de tamaño monumental es el que ha dado Paul Verhoeven a la industria de Hollywood, que lleva años tratando de borrar de la memoria colectiva la existencia del director, condenándolo al ostracismo y realizando insulsos remakes de sus cintas más exitosas. Fueron varias las productoras que rechazaron el guión de esta Elle, y varias también las actrices de primera línea (según el propio director) las que dieron un rotundo y sonoro ‘NO’ a interpretar el papel protagonista.

     

    {xtypo_rounded3}Francia-Alemania-Bélgica, 2016 (130′)
    Dirección: Paul Verhoeven.
    Producción: Saïd ben Saïd, Michel Merkt.
    Guión: David Birke, basado en la novela de Philippe Djian.
    Fotografía: Stéphane Fontaine.
    Música: Anne Dudley.
    Montaje: Job ter Burg.
    Intérpretes: Isabelle Huppert (Michèle Leblanc), Laurent Lafitte (Patrick), Anne Consigny (Anna), Charles Berling (Richard Leblanc), Virginie Efira (Rebecca), Judith Magre (Irène Leblanc), Christian Berkel (Robert), Jonas Bloquet (Vincent), Alice Isaaz (Josie), Vimala Pons (Hélène).{/xtypo_rounded3}

    Y, finalmente, fue en Francia donde Verhoeven, holandés que lleva décadas instalado en Estados Unidos, rodando cintas tan conocidas como Instinto básico, Desafío total, Robocop, Starship troopers o Showgirls, donde se encontró con Isabelle Huppert, la que posiblemente sea la mejor actriz de la actualidad, y donde pudo llevar a cabo esta historia negra, thriller con gotas de comedia, que ha sido elegida por el país vecino como su representante para los Oscar.

    Diez años después de su anterior obra, la gran El libro negro, Verhoeven vuelve con una película fiel a su estilo, una historia oscura, más turbadora y retorcida de lo que en un principio pueda parecer. Porque, aunque en un primer momento estamos ante una situación violenta, la de una mujer que sufre un ataque y una violación en su propia casa (y asistimos a ella a los tres segundos de película) a manos de un hombre encapuchado. A partir de ahí, asistimos a la reacción de esta mujer, a medio camino entre el odio, el miedo, la rabia y el deseo. Se niega a convertirse en víctima, e incluso se pone como objetivo cazar al culpable, convencida de que es uno de los hombres que la rodean en su vida personal o profesional.

    Verhoeven se mueve entre el thriller, el morbo y la comedia negra, provocando en el espectador sensaciones que otros directores serían incapaces de provocar, transgrediendo los límites que muchos otros no osarían traspasar (de ahí, supongo, las negativas a atreverse con esta película). No hay personajes que sean luminosos, antes al contrario: todos tienen sombras, todos tienen un lado tenebroso. Incluido la protagonista, un personaje gélido, al que muchos odian. Interpretado por una imperial Isabelle Huppert. Probablemente la única capaz de sacarle punta a un papel así. Y si esta cinta es lo que es, es gracias al dúo que han formado ambos. Elle es una película que no deja indiferente.

  • Un buenazo en guerra

    Película Los hombres libres de JonesLOS HOMBRES LIBRES DE JONES

    Basada en hechos reales, la última película del director de Pleasantville, Seabiscuit o Los juegos del hambre, se pone de nuevo tras las cámaras para esta, su cuarta película, en la que narra la historia de un soldado confederado que abandona el campo de batalla en plena Guerra Civil Americana, desilusionado con los ideales sudistas que no comparte. Enfrentado a oficiales, tras refugiarse en los pantanos de Mississipi, junto a esclavos huidos y a otros desertores confederados, llegando a enfrentarse al ejército sureño y a establecer un estado independiente en el condado de Jones.

    {xtypo_rounded4}Estados Unidos, 2016 (136′)
    Título original: Free State of Jones.
    Escrita y dirigida: Gary Ross.
    Producción: John Kilik, Gary Ross, Scott Stuber.
    Fotografía: Benoit Delhomme.
    Música: Nicholas Britell.
    Montaje: Pamela Martin, Juliette Welfling.
    Intérpretes: Matthew McConaughey (Newton Knight), Gugu Mbatha-Raw (Rachel), Mahershala Ali (Moses), Keri Russell (Serena), Christopher Berry (Jasper Collins), Sean Bridgers (Will Sumrall), Jacob Lofland (Daniel), Thomas Francis Murphy (Elias Hood), Bill Tangradi (Teniente Barbour), Jessica Collins (Annie), Donald Watkins (Wilson), Lawrence Turner (Chester), Troy Hogan (George).{/xtypo_rounded4}

    No es la primera vez que Ross se centra en la reivindicación de los mismos derechos independientemente de los orígenes raciales de la persona (era uno de los pilares de su primera película como director, Pleasantville), temas que aún hoy, según estamos viendo en las noticias que nos llegan de aquel país, sigue siendo importante que lo recordemos. 

    Hay escenas de batalla magníficas, y Matthew McConauhhey está imperial (quién diría que el protagonista de cintas tan insustanciales como Sahara o Planes de boda, iba a estar con paso firme camino de su segundo Oscar). Él es el protagonista exclusivo de la historia. El problema está en el tratamiento que se le da a este personaje, este Newton Knight del que sólo conocemos su faceta de buenazo, sus acciones en pos de un mundo mejor, ninguna arista, ningún punto negro, presente en toda persona. Es como si fuese una especie de santo, que no presenta fisuras, y que sólo busca el bien. Incluso se le muestra en una faceta de (pseudo)religioso, oficiando entierros.

    Por otro lado, hay un elemento disruptivo que aparece muy al principio y que despista al espectador. De golpe, asistimos a un juicio, en el mismo lugar, pero doscientos años después, en los años sesenta del pasado siglo XX. A este juicio volveremos en repetidas ocasiones a lo largo del metraje, dándonos a entender, tal como decíamos al principio, que el racismo seguía legalizado a pesar del paso del tiempo. La idea no es mala, pero el modo en el que estas escenas están insertadas no hacen más que interrumpir la acción principal.

    A su favor también, un final lejano del clímax de otras cintas parecidas, como 12 años de esclavitud. En su contra, ese buenismo del personaje.

  • Viaje visceral al pasado

    Película Tarde para la iraTARDE PARA LA IRA

    Hasta ahora conocido por su faceta de actor, en la que ha conseguido un Goya y otras cuatro nominaciones, Raúl Arévalo debuta haciendo lo que siempre quiso ser: director de cine. Y lo hace con esta sobria, seca, impactante, dura, intensa, visceral, Tarde para la ira. Una historia que muestra reminiscencias de la obra de algunos directores con los que ha trabajado como actor, con ejemplos claros en Azuloscurocasinegro (de Daniel Sánchez Arévalo) o La isla mínima (de Alberto Rodríguez).

    {xtypo_rounded4}España, 2016 (92′)
    Dirección: Raúl Arévalo.
    Producción: Beatriz Bodegas.
    Guión: Raúl Arévalo, David Pulido.
    Fotografía: Arnau Valls Colomer.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Ángel Hernández Zoido.
    Intérpretes: Antonio de la Torre (José), Luis Callejo (Curro), Ruth Díaz (Ana), Alicia Rubio (Carmen), Manolo Solo, Raúl Jiménez, Font García.{/xtypo_rounded4}

    Tras un atraco a una joyería que sale mal, Curro, el conductor de la banda, entra en prisión. Ocho años después, está a punto de salir y emprender una nueva vida con, Ana, su mujer, y su hijo. Pero a la salida le espera José, un hombre callado que en los últimos tiempos ha estado visitando el bar en el que trabaja Ana, evidentemente enamorado de ella aunque incapaz de declararlo públicamente. Curro, que solo quería olvidar, verá como José le lleva a un viaje al pasado, donde se enfrentará a los fantasmas del odio y a un mundo de venganzas en frío.

    Rodada en 16mm, la cinta arranca con un brutal plano secuencia. Arévalo cuenta la historia de un intento de regeneración, de venganzas, en medio de una atmósfera oprimente. Una historia que te atrapa desde el principio y te coge un pellizco en el estómago.

    Además, como buen actor que es, se ha rodeado de un elenco elegido con mimo: Antonio de la Torre y Luis Callejo, los antagonistas que lideran la historia, están magníficos (quizás de la Torre debería dejar estos papeles de hombres traumatizados, oscuros, antes de que se le encasille en ellos); pero, incluso por encima de ellos dos, hay dos secundarios sobresalientes, dos actuaciones imperiales, la de Ruth Díaz (que ha recibido el premio a mejor interpretación en una de las secciones paralelas del reciente festival de Venecia), que pone el contrapunto tranquilo, ese remanso de paz alejado frontalmente de la violencia, y sobre todo Manolo Solo, que con una única secuencia, memorable eso sí, tiene ya prácticamente el Goya al mejor actor de reparto en el bolsillo.

    Arévalo ha conseguido un debut sobrio, una película dura y sucia, que huele también a Peckinpah, que se mueve por terrenos marginales, y que propone un viaje al pasado en busca de una redención imposible, unos personajes que tienen asumida su fatalidad, una película fantástica en la mejor tradición del buen thriller que nuestro cine está asumiendo en los últimos años.

  • Un milagro que siga sorprendiendo

    Película Café SocietyCAFÉ SOCIETY

    El hecho de que Woody Allen, un director que pasa ya de los ochenta años y que, puntualmente, entrega una nueva película al año, siga sorprendiéndonos, evolucionando en su trayectoria, a pesar de, en el fondo, estar contando casi siempre la misma historia, no se aleja mucho de ser un pequeño milagro.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (96′)
    Escrita y dirigida: Woody Allen.
    Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum, Edward Walson.
    Fotografía: Vittorio Storaro.
    Música: Varios.
    Montaje: Alisa Lepselter.
    Intérpretes: Jesse Eisenberg (Bobby Dorfman), Kristen Stewart (Vonnie), Steve Carell (Phil Stern), Parker Posey (Rad Taylor), Blake Lively (Veronica), Corey Stoll (Ben Dorfman), Jeannie Berlin (Rose Dorfman), Ken Stott (Marty Dorfman), Greg Binkley (Mike), Paul Schneider (Steve), Sari Lennick (Evelyn), Stephen Kunken (Leonard), Anna Camp (Candy).{/xtypo_rounded3}

    A pesar de que, en un principio, la nueva obra del genio de Manhattan asusta (hace temer lo peor con ese uso de la voz en off de un narrador omnisciente (el propio director), con lo peligroso que es eso, y lo mucho que acerca a una película, sí, con su simple uso, al fracaso más estrepitoso), lo bueno de Woody es que es precisamente esto lo que hace que su película sobresalga por encima de todas las que se estrenan semanalmente. Porque nadie, nadie, se atreve a hacer esto. Y ello hace que Allen, a pesar de tratar siempre los mismos temas, como decíamos, se reinvente y evolucione cada vez que se pone detrás de las cámaras.

    Hay muchas películas en esta película. La principal es la historia de amor (¿imposible?) de Bobby, un chico humilde del Bronx que llega a Hollywood con la intención de labrarse una carrera en la industria del cine con la ayuda de su tío Phil, un importante agente y productor. Allí se enamora de Vonnie, la secretaria de su tío; pero aunque ella también siente cierta atracción, ya tiene pareja. Pero también es una descripción de un Hollywood banal y, en cierto modo, vulgar, frente a una Nueva York maravillosa, llena de clubs y de jazz; y, en parte, una cinta de gangsters, de cómo se las gastaban y resolvían sus problemas en la época.

    Esta Café society, sin llegar a ser parte del grupo de grandes obras maestras del pequeño genio, está muy por encima de las cintas que ha hecho en los últimos años (de las tres mejores de la última década). Es una comedia triste, una cinta que, sin perder el humor del que Allen sabe hacer tan buen uso (maravillosas frases y fantásticos diálogos jalonan todo su metraje: “La vida es una comedia escrita por un cómico sádico”, “Tengo dos Oscars. No me conocerás, soy guionista”), es una película nostálgica, sobre el poso de amargura que deja el amor perdido (¡ay, ese encadenado de primeros planos con el que termina la cinta!, pura delicia cinematográfica).

    Y, por supuesto, está la fotografía del maestro Storaro, iluminando un plano con un par de velas, en una de las escenas más bellas de la película…

  • Sí, se veía venir

    Película PremoniciónPREMONICIÓN

    Lamento decirlo, pero esta flojísima Premonición (por cierto, ¿y esta falta de originalidad?; esta es al menos la cuarta cinta que se estrena en nuestro país con el mismo título, a pesar de que en el original sean todos distintos) deja bastante a las claras lo que ya veníamos sospechando desde hace algún tiempo: que los buenos años de un grande como Anthony Hopkins pasaron, y que ahora se debe contentar con papeles insustanciales en cintas menores, intrascendentes, que lo único que consiguen es manchar una carrera magnífica. Y en esta ocasión se le une un Colin Farrell en horas bajísimas. Lo cierto es que ninguno de los intérpretes está a la altura, con unos papeles sin sentido, lineales, indefendibles.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2015 (101′)
    Título original: Solace.
    Dirección: Antonio Poyart.
    Producción: Thomas Augsberger, Claudia Bluemhuber, Matthias Emcke, Beau Flynn, Tripp Vinson.
    Guión: Sean Bailey, Ted Griffin.
    Fotografía: Brendan Galvin.
    Música: BT.
    Montaje: Lucas Gonzaga.
    Intérpretes: Anthony Hopkins (John Clancy), Jeffrey Dean Morgan (Agente Joe Merriwether), Abbie Cornish (Agente Katherine Cowles), Colin Farrell (Charles Ambrose), Matt Gerald (Agente Sloman), Jose Pablo Cantillo (Agente Sawyer), Marley Shelton (Laura Merriwether), Xander Berkeley (Sr. Ellis).{/xtypo_rounded3}

    Hopkins interpreta a un doctor, antiguo colaborador de la policía ya retirado, al que el FBI contacta para que, con sus poderes psíquicos, les ayude a capturar a un asesino escurridizo que no deja ninguna huella, ningún resto, en sus crímenes. Pronto descubre que el asesino en cuestión tiene aún más poderes que él, y por ello, va siempre un paso por delante de la investigación.

    Película pretenciosa, tramposa, mal escrita y peor rodada, que hace uso y abuso de recursos visuales efectistas que pasaron de moda hace décadas y que ya aportan poco más que un pretendido síntoma de autoría. Personajes planos, sin credibilidad y sin entidad, con un malo que da más risa que miedo.

    El guión es un cúmulo de sinsentidos, está repleto de agujeros, disfrazando su ausencia de entidad y de interés con imágenes oníricas, visiones de lo que va a acabar siendo la resolución de la historia. Pero claro, eso se ve venir de lejos. Todos podemos tener una premonición, como su propio título indica, de cómo se va a desarrollar y cómo va a terminar la historia.

    No es de extrañar que el guión se haya llevado más de quince años metido en un cajón, sin que nadie se atreviese a hacerlo, después de que David Fincher montara en cólera al leerlo, ya que nació con la idea de convertirse en la secuela de la mítica Seven (de la que bebe profundamente y a cuya sombra ni siquiera se acerca).

  • El poder del dinero

    Película Money MosterMONEY MONSTER

    Teniendo en cuenta que la primera película que dirigió Jodie Foster data de 1991, que veinticinco años después sólo haya realizado cuatro cintas se nos hace cuanto menos extraño. Pocas son. Sobre todo porque no se le da nada mal. Aunque en la última ocasión que lo hizo patinara un poco (aquella El castor no terminaba de convencer, sin contar con los chistes que provocó, por su significado en argot, el título original). 

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (100′)
    Dirección: Jodie Foster.
    Producción: Lara Alameddine, George Clooney, Daniel Dubiecki, Grant Heslov.
    Guión: Jamie Linden, Alan DiFiore, Jim Kouf.
    Fotografía: Matthew Libatique.
    Música: Dominic Lewis.
    Montaje: Matt Chesse.
    Intérpretes: George Clooney (Lee Gates), Julia Roberts (Patty Fenn), Jack O’Connell (Kyle Budwell), Dominic West (Walt Camby), Caitriona Balfe (Diane Lester), Giancarlo Esposito (Capitán Powell), Christopher Denham (Ron Sprecher), Lenny Venito (Lenny), Chris Bauer (Teniente Nelson), Dennis Boutsikaris (Avery Goodloe), Emily Meade (Molly), Condola Rashad (Bree).{/xtypo_rounded3}

    Es, además, la primera rodada bajo una gran productora (la Sony, casi nada), con medios inmensos, ausentes en sus anteriores obras, mucho más pequeñas. Y ello, que podía ser temible, no lo llega a ser en absoluto, a pesar de sus numerosas concesiones.

    Presentada en el pasado Festival de Cannes, Money monster se centra en los entresijos de los juegos de la bolsa, de cómo se puede ganar (o perder) muchísimo dinero en muy poco tiempo con la compra de acciones. Lee Gates es un gurú de Wall Street. Tiene su propio programa de televisión en el que, entre bailes, bromas y demás zarandajas, ofrece sus secretos para hacerse con un dinero extra con las inversiones. Un día, Kyle Budwell, un joven que ha perdido la herencia de su madre por una mala inversión aconsejada por Gates, se mete en el programa armado con explosivos y secuestra a Gates y al equipo, exigiendo que siga la emisión en directo.

    Con toda la comercialidad y toda la previsibilidad que arrastra la historia (de la mano de la Sony tampoco se podía esperar un riesgo excesivo, y la historia no podía acabar de otro modo) se esconde una cinta inteligente, que no toma al espectador por tonto, y que mantiene un ritmo frenético que no decae en ningún momento y en el que no sobra un solo minuto. Y ello a pesar de haber cometido el ‘riesgo’ de contar la historia en tiempo real, intercalando tres tramas: la personal de Lee y Kyle, la policial que trata de desmontar el ataque y resolver el problema y, por supuesto, la investigación periodística paralela para desentrañar lo ocurrido con las acciones.

    Foster retrata los sótanos de la economía, y presenta una película que sirve de denuncia de un mundo corporativo que puede resultar farragoso y abstracto para la inmensa mayoría, de la cara más sucia y corrupta del capitalismo. También muestra la fuerza del medio televisivo, que crea ‘estrellas’ de la nada, y que convierte en certezas irrefutables todo lo que en ella aparece. Pero también arremete contra el ciudadano medio, como este pobre perdedor que es Kyle, que ataca y se enfada cuando la situación se tuerce, cuando la apuesta que hizo sale mal, pero que mientras iba ganando no decía absolutamente nada. Muestra del mundo en el que vivimos.

  • Lucha por la libertad

    Película Un amor de veranoUN AMOR DE VERANO

    Es inevitable, al ver esta Un amor de verano, recordar otra cinta francesa reciente, La vida de Adele, con la que guarda ciertas semejanzas. Es esta también una película necesaria, porque, a pesar de estar ya en pleno siglo XXI, todavía hay quien sigue teniendo pensamientos retrógrados, quien piensa que quien no tiene sentimientos ‘normales’ está enfermo…

    {xtypo_rounded3}Francia-Bélgica, 2015 (105′)
    Título original: La belle saison.
    Dirección: Catherine Corsini.
    Producción: Elisabeth Perez.
    Guión: Catherine Corsini, Laurette Polmanss.
    Fotografía: Jeanne Lapoirie.
    Música: Grégoire Hetzel.
    Montaje: Frédéric Baillehaiche.
    Intérpretes: Cécile de France (Carole), Izïa Higelin (Delphine), Noémie Lvovski (Monique), Jean-Henri Compère (Maurice), Loulou Hanssen (Françoise), Kévin Azaïs (Antoine), Benjamin Bellecour (Manuel), Laetitia Dosch (Adeline), Sarah Suco (Fabienne), Calypso Valois (Charlotte).{/xtypo_rounded3}

    A principios de la década de los setenta del siglo pasado, Delphine, hija de campesinos, se va a París para huir del yugo familiar y emanciparse económicamente. Allí entra en contacto con un grupo de mujeres que lucha por los derechos de estas, por el aborto libre y por la igualdad de géneros. Entre ellas está Carole, profesora de español que vive con su pareja, Manuel. Entre ambas surgirá una atracción que serán incapaces de controlar y que cambiará sus vidas.

    Catherine Corsini, acostumbrada a tratar las relaciones amorosas, desde un punto de vista homosexual en muchos casos, se recrea en los cuerpos de las dos protagonistas, en este caso dos fantásticas actrices como son Cécile de France y Izïa Higelin, que entregan su piel y su alma en esta película.
    No solo es una historia de amor, de amor homosexual además, sino también (y quizás más importante) la lucha de las mujeres por la igualdad (aunque la trama deje de lado esta línea para dedicarse casi en exclusiva a la primera); y en menor medida, el clásico enfrentamiento entre el campo y la ciudad, la libertad del la segunda y el miedo al qué dirán imperante en el ambiente de la primera.

    Es cierto, como decíamos arriba, que la película es necesaria, que la historia es atractiva, que las protagonistas bordan una actuación repleta de sutileza; pero también es verdad que, en muchos momentos, Corsini recurre a obviedades, y se aleja de una originalidad necesaria para enganchar al espectador, más allá de recurrir a lo que ya se ha contado antes del mismo modo que otros muchos.

  • Caída al abismo

    Película EL ÍDOLOEL ÍDOLO

    Basado en el libro del periodista David Walsh, que durante años defendió (e investigó) que el héroe texano del ciclismo hacía trampas, sin que nadie le hiciese caso, El ídolo cuenta el ascenso y caída de Lance Armstrong, quien después de superar un cáncer se convirtiera en el mayor ciclista de todos los tiempos ganando siete Tours de Francia consecutivos hasta que, poco después, se descubriera que, efectivamente, había ganado todos ellos utilizando drogas potenciadoras, creando todo un entramado con entrenadores, médicos, deportistas, en el que era capaz de todo por el éxito y el dinero que con él venía.

    {xtypo_rounded4}Reino Unido, 201 (103′)
    Título original: The program.
    Dirección: Stephen Frears.
    Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Tracey Seaward, Kate Solomon.
    Guión: John Hodge, basado en el libro de David Walsh.
    Fotografía: Danny Cohen.
    Música: Alex Heffes.
    Montaje: Valerio Bonelli.
    Intérpretes: Ben Foster (Lance Armstrong), Chris O’Dowd (David Walsh), Guillaume Canet (Michele Ferrari), Jesse Plemons (Floyd Landis), Lee Pace (Bill Stapleton), Denis Ménochet (Johan Bruyneel), Edward Hogg (Frankie Andreu), Dustin Hoffman (Bob Hamman), Elaine Cassidy (Betsy Andreu), Laura Donnelly (Emma O’Reilly), Peter Wight (Director Sunday Times).{/xtypo_rounded4}

    Aunque técnicamente bien realizada, lo cierto es que la película no termina de funcionar. Ello se debe a diversos motivos. Frears no arriesga absolutamente nada en lo formal, y no aporta nada en lo argumental. Cuenta lo que ya sabíamos, sin rascar, sin escarbar, sin ir más allá en busca de alguna motivación, de una explicación, de algo que nos aporte.

    La figura de Armstrong es presentada apenas sin aristas, un malo malo de manual. Es presentado como el mayor fraude de la historia del deporte, con un poder inmenso con el que controlaba todos los aspectos del mundo del ciclismo (incluso las organizaciones encargadas de vigilar el dopaje, a las que Lance financiaba con cantidades ingentes). Ni siquiera su imagen como luchador contra el cáncer a través de su organización, logra redimirle, después de ver el modo con el que trataba a sus rivales incluso en plena carrera.

    Frears se centra en el terreno deportivo, dejando el familiar de lado, y llegando aquí casi a rozar el ridículo. No aparece ningún familiar, ni siquiera en la clínica, hospitalizado, en horas bajísimas, tratando de superar el cáncer. Ni siquiera en sus momentos de relax, en su mansión, donde siempre está solo. Ni una mísera foto en la que se vea a su mujer e hijos (ella solo aparece en la escena en la que se conocen y la boda, y ellos en el pódium de París; un total de poco más de treinta segundos).

    No es, ni mucho menos, la mejor cinta de Frears. Una biopic del montón en la que no arriesga nada. Quizás la elección de casting no sea la más acertada, y el modo de contarlo, para qué negarlo, tampoco.

  • La mirada limpia de una niña

    Película Mi Perfecta HermanaMI PERFECTA HERMANA

    Con la pulcritud y el buen hacer del cine nórdico que tan a cuentagotas nos llega a nuestras pantallas, se estrena esta Mi “perfecta” hermana (ni idea de por qué se han añadido las comillas ni de por qué se ha cambiado el enfoque de persona en la traducción al español), película sobre los problemas que causa en una familia normal los desórdenes alimenticios de una de sus hijas.

    {xtypo_rounded4}Suecia-Alemania, 2015. (95′)
    Título original: Min lilla syster.
    Escrita y dirigida: Sanna Lenken.
    Producción: Annika Rogell.
    Fotografía: Moritz Schultheiß.
    Música: Per Störby Jutbring.
    Montaje: Hanna Lejonqvist.
    Intérpretes: Rebecka Josephson (Stella), Amy Diamond (Katja), Henrik Norlén (Lasse), Annika Hallin (Karin), Maxim Mehmet (Jacob), Emelie Strömberg (Profesora de patinaje), Ellen Lindbom (Iga), Karin de Frumerie (Profesora), Hugo Wijk (Henrik).{/xtypo_rounded4}

    Stella es una cría de doce años, pelirroja, regordeta patosa y feucha, que admira a Katja, su hermana adolescente, esbelta, bella y estrella del patinaje artístico. Día a día la ve entrenarse a fondo, y sueña con ser como ella, con patinar como ella. Hasta que descubre que su perfecta hermana tiene un secreto, y es que padece un trastorno alimentario. Poco a poco, la enfermedad va rasgando la armonía familiar.

    La debutante Sanna Lenken se basa en su propia experiencia (ella misma sufrió de anorexia y bulimia en la adolescencia) para contar esta historia, que tiene su punto fuerte precisamente en el punto de vista, ya que todo está contado desde el ojo inexperto de la hermana pequeña, que se encuentra con un problema que ni siquiera sabe como llamar, y que incluso es demasiado pequeña como para entender siquiera que es un problema de seriedad.
    La película tiene aciertos evidentes, como es mostrar con precisión la dureza de toda adicción, de una enfermedad como esta, en la que la situación va siempre cuesta abajo y todo va empeorando poco a poco. La visión de la pequeña (y una soberbia interpretación, por cierto, muy por encima de su sobreactuada hermana). El hecho de que la enfermedad no sea en sí misma el tema principal de la película (de lo que de verdad va es de la tiranía de las apariencias y las mentiras tras ellas, y de la descomposición de una familia en apariencia perfecta).

    Y es aquí donde no termina de convencer la historia: ni parece demasiado creíble que los padres no hayan notado absolutamente nada del hundimiento de su hija, ni parece que hagan todo lo que está en sus manos para ayudar a sacarla del pozo.

    Sanna Lenken no juzga a sus personajes, simplemente expone la historia de un modo visualmente clásico, sin innovar sin arriesgarse, y (lo que es peor) sin llegar a ninguna conclusión que no hayamos visto ya en otras cintas que abordan el tema.

  • Ciencia vs. religión

    Película Si Dios quiereSI DIOS QUIERE

    Buenos mimbres los de esta comedia italiana, al más puro estilo transalpino, que desembocan en una fallida historia. Si Dios quiere tiene un buen arranque, una magnífica presentación de personajes, pero en la segunda mitad del metraje nos encontramos con una colección de tópicos, de lugares comunes, y el director abandona la crítica y la mordacidad que se vislumbraban en esa primera parte, y termina con una imperdonable concesión al buenismo.

    {xtypo_rounded4}Italia, 2015 (87′)
    Título original: Se Dio vuole.
    Dirección: Edoardo Maria Falcone.
    Producción: Mario Gianani, Lorenzo Mieli. Guión: Edoardo Maria Falcone, Marco Martani.
    Fotografía: Tommaso Borgstrom.
    Música: Carlo Virzi. Montaje: Luciana Pandolfelli.
    Intérpretes: Marco Giallini (Tommasso), Alessandro Gassman (Don Pietro), Laura Morante (Carla), Ilaria Spada (Bianca), Edoardo Pesce (Gianni), Enrico Oetiker (Andrea), Carlo Luca de Ruggieri (Pizzuti), Giuseppina Cervizzi (Rosa), Alex Cendron (Fratta), Silvia Munguia (Xenia).{/xtypo_rounded4}

    Tomasso es un eminente cardiólogo. Orgulloso ateo y egocéntrico hasta el extremo, se lleva el disgusto de su vida (aunque tendrá que disimularlo por eso de mantener las formas) cuando su hijo, Andrea, reúna a la familia para comunicarles por sorpresa su decisión de dejar la carrera de medicina para hacerse sacerdote. Tomasso busca el motivo de tal inesperada decisión y se enfrentará a Don Pietro, un cura con aires de telepredicador que parece haber sido el principal responsable de la decisión.

    Es esta una comedia simpática, que se ve (y se puede disfrutar) con facilidad, que incluso presenta algunos ecos lejanos del neorrealismo (la divertida secuencia de la falsa familia es claro ejemplo), y que presenta (en cierto modo) el eterno enfrentamiento entre ciencia y religión. Pero que no aguanta el combate y cae por su propio peso cuando el director (el debutante Edoardo Maria Falcone) no se atreve a hurgar en la herida, ni del padre, ni del cura (y mira que se podía haber ensañado con ambos…).

    Marco Giallini y Alessandro Gassman rescatan a unos personajes algo esquemáticos con dos grandes actuaciones, pero como decimos, lo que podía haber sido un estudio de los problemas sociales y de religiosidad de la sociedad actual, desembocan en una historia más cerca de la propaganda reclutadora que de la sátira que se vislumbraba en los primeros minutos.