Categoría: La película

  • La noche del bochorno

    89 Gala de los Óscars de HollywoodCRÓNICA DE LA 89º GALA DE LOS OSCARS

    La 89ª edición de los Oscar, que se entregaron el pasado domingo, serán recordados por el último premio entregado, el más importante de todos, y no por su ganador, sino por todo lo que ocurrió y que lo convirtieron en uno de los momentos más bochornosos, ridículos y surrealistas que jamás se hayan visto en los Oscar.

    Y es que un cúmulo de errores llevó a declarar como ganadora del premio a la mejor película del año a La la land, la gran favorita, cuando en realidad había sido Moonlight la que había ganado la estatuilla. Primero, se entregó el sobre erróneo (una segunda copia del premio a mejor actriz, que se acababa de entregar justo antes), después Warren Beatty se dio cuenta de que la tarjeta no era la correcta, pero no fue capaz de reaccionar y le pasó el muerto a Faye Dunaway, que pasó por alto el contenido equivocado de la tarjeta y leyó solo el nombre de la película. Únicamente cuando el equipo de La la land estaba sobre el escenario, agradeciendo la victoria, se descubrió el asunto. Y fue el propio Jordan Horowitz, productor que acababa de conocer su derrota, el que declaró que el premio no era para ellos, sino para Moonlight y el que le entregó el Oscar directamente. Pero el ridículo ya estaba hecho y a partir de ahí solo se podía tratar de maquillar la situación, dar explicaciones y buscar culpables.

    Hasta ahí, la gala había estado trufada de algún que otro gag divertido, algún que otro error más (como poner en el vídeo homenaje a los fallecidos del año la foto de una montadora que está vivita y coleando), pero en general el aburrimiento y la sosez fue la que dominó una gala en la que no se le dio tanta cera al presidente Trump como se esperaba y en la que los premios estuvieron bastante repartidos.

    Si bien La la land (que partía con 14 nominaciones, aunque solo 13 opciones de premio) fue la que más premios se llevó a casa, con seis Oscar (los de director (Damien Chazelle se convirtió en el director más joven en haberlo ganado, a sus 32 años), actriz principal (Emma Stone cumplió las expectativas y completó el triplete Globo de Oro-Bafta-Oscar), fotografía, diseño de producción, banda sonora y canción original), la estatuilla a mejor película fue para Moonlight, que además se llevó el de mejor actor de reparto (Mahershala Ali se convirtió en el primer intérprete musulmán que gana el premio) y guion adaptado, siendo así la ganadora moral de la noche.

    Manchester frente al mar se llevó 2 premios (guion original y actor, para un Casey Affleck que ganó pese a la polémica por las acusaciones de acoso sexual que le rondan en los últimos tiempos y por las que a Brie Larson no le gustó demasiado entregarle el Oscar -y se le notó en la cara cuando leyó su nombre en la tarjeta-). Otros 2, para Hasta el último hombre, la reconciliación de Mel Gibson con la academia, los de montaje y edición de sonido.
    Y 1 cada una se llevaron Fences (actriz de reparto, Viola Davis), Animales fantásticos y dónde encontrarlos (vestuario), Escuadrón suicida (maquillaje y peluquería), El libro de la selva (efectos especiales), La llegada (mezcla de sonido, aunque mereció mucha más suerte), Zootrópolis (película de animación) y The salesman (película de habla no inglesa)

    La única opción española de la noche no pudo ser, y el corto español Timecode perdió en su categoría frente al corto húngaro Sing. Aunque su director, Juanjo Giménez, tuiteó después del ‘accidentado’ final de gala, que él se quedaba allí, por si acaso se habían equivocado también en su categoría.

  • La elegancia del sufrimiento

    Película JackieJackie

    Hay personas que, por las circunstancias que rodean su vida, por los hechos en los que se ven inmersos, acaban convirtiéndose en mitos para toda una generación, e incluso para toda la sociedad a partir del momento de su muerte. Y con los medios de comunicación, en el siglo XX esto se vio aumentado. 

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos-Chile-Francia, 2016 (100′)
    Dirección: Pablo Larraín.
    Producción: Darren Aronofsky, Scott Franklin, Ari Handel, Juan de Dios Larraín, Mickey Liddell.
    Guión: Noah Oppenheim.
    Fotografía: Stéphane Fontaine.
    Música: Mica Levi.
    Montaje: Sebastián Sepúlveda.
    Intérpretes: Natalie Portman (Jackie Kennedy), Peter Sarsgaard (Bobby Kennedy), Greta Gerwig (Nancy Tuckerman), Billy Cudrup (Periodista), John Hurt (Sacerdote), Richard E. Grant (Bill Walton), Caspar Phillipson (John Fitzgerald Kennedy), Beth Grant (Lady Bird Johnson), John Carroll Lynch (Lyndon B. Johnson), Max Casella (Jack Valenti), Sara Verhagen (Mary Gallagher), Hélène Kuhn (Pam Turnure).{/xtypo_rounded3}

    Podríamos poner varios ejemplos: Elvis Presley, Marilyn Monroe… Y después están los que se convierten en iconos aún en vida, como le ocurrió a Jacqueline Kennedy a partir de ver cómo reaccionó cuando una bala reventaba la cabeza de su marido justo ante sus ojos.

    La película se centra precisamente en este período, en los cuatro días que siguieron al asesinato (nunca aclarado del todo, por cierto) de JFK, el 22 de noviembre de 1963. Pero el guion de Oppenheim mezcla en su desarrollo al menos cinco tiempos: dos anteriores (el famoso concierto que el catalán Pau Casals dio en la Casa Blanca y un reportaje televisivo en el que Jackie mostraba los entresijos de la vivienda presidencial), el atentado y posteriores horas (la imagen de Portman-Kennedy, todavía cubierta de la sangre de su marido es muy poderosa), el funeral y la entrevista que un periodista le realiza días después, y en la que ella demuestra el control que ejercía sobre todas sus respuestas publicadas.

    El director chileno Pablo Larraín ha sido quien ha llevado a cabo este proyecto (durante años se especuló con que Spielberg o Aronofsky, que finalmente ha ejercido de productor, pretendían recrear la vida de la ex-primera dama más conocida del país más poderoso del planeta), y ello ha tenido consecuencias tanto positivas como negativas. En el lado bueno está el hecho de que, al no haber mamado desde pequeño con la imagen mítica de Jackie (vista por los americanos como un ser cercano, a pesar del poder que ostentaba), consciente de que debía dar una imagen pública perfecta. Nadie ha sufrido en público con tanta elegancia como ella. Larraín, que pone la cámara a pocos centímetros de la cara de Natalie Portman (portentosa, solo ella puede arrebatarle el Oscar a la favorita Emma Stone, y darle la única estatuilla a esta cinta, de sus tres opciones), y ella sabe mostrar esas dos caras, la privada y la pública.

    El chileno le da un empaque y un tono a la cinta que, en manos de un estadounidense, hubiese sido muy distinto, acercándose más al mito que a lo que debió ser la realidad del personaje. A pesar de todo, esta película quizás llegue tarde y esté fuera de su tiempo. Han pasado ya muchos años y han sido diversas las películas que han retratado a Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis, como para que ahora, a las nuevas generaciones, pueda interesarles algo.

  • Película más tímida que su protagonista

    Película MoonlightMOONLIGHT

    Después de que el año pasado saltase la polémica en los Oscars, e incluso el boicot por parte de algunos sectores por la ausencia absoluta de negros entre los candidatos (al parecer la posibilidad de que no hubiese ese año ningún trabajo que mereciese estar allí no se contemplaba), este año la situación ha cambiado radicalmente, y son cuatro las cintas que están entre las favoritas a todo. Quizás dos de ellas se vayan de vacío (Loving y Figuras ocultas no parece que vayan a tener demasiado éxito en la gala del próximo día 26), pero las otras dos, Fences y, sobre todo, esta Moonlight, sí que pueden hacerse con alguna que otra estatuilla.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (111′)
    Escrita y dirigida: Barry Jenkins, basado en la novela de Tarrel McCraney.
    Producción: Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Adele Romaski.
    Fotografía: James Laxton.
    Música: Nicholas Britell.
    Montaje: Joi McMillon, Nat Saders.
    Intérpretes: Trevante Rhodes (Black), Naomie Harris (Paula), Mahershala Ali (Juan), Ashton Sanders (Chiron), André Holland (Kevin), Alex R. Hibbert (Little), Janelle Monáe (Teresa), Jharrel Jerome (Kevin, 16 años), Shariff Earp (Terrence), Duan Sanderson (Azu), Edson Jean (Mr Pierce).{/xtypo_rounded3}

    Dividida en tres capítulos, que repasan distintas épocas en la vida del personaje protagonista (Little en la infancia, Chiron en la adolescencia, Black en la edad adulta), Jenkins muestra la vida difícil de una persona desarraigada, que sufre una triple segregación, la económica (con una madre drogadicta que apenas se preocupa por él), la racial (algo extensible al resto del vecindario) y la sexual, siendo gay pero viéndose obligado a reprimir estos sentimientos por miedo a mayores represalias.

    En el primer capítulo, Jenkins transmite fuerza en una historia dolorosa. Sus personajes son creíbles y con varias caras. Es aquí cuando conocemos al personaje con más sustancia de la historia, ese Juan que compone Mahershala Ali (que camina con paso firme hacia el Oscar), y que es el único referente masculino en la vida del pequeño protagonista. Después, Jenkins se desinfla. La historia pierde fuelle, y en el resto de la historia perdemos el interés (se recupera ligeramente en el tramo final, pero sin llegar a lo visto en la primera parte).

    Esta Moonlight es una cinta tan desconcertante como bella. Una historia de una vida dura, que se presume dolorosa, pero donde Jenkins se decanta por mostrarla de modo poético, con planos delicados y líricos, tonos suaves, música (Cucurrucucú, paloma… ¿en serio?), y en donde la sexualidad es un tema fundamental, pero que se huye de lo sexual, y lo que hay es ciertamente mojigato.

    Decepciona porque se esperaba mucho de ella, por toda la excelente crítica que traía tras de sí, por todos los premios y nominaciones, pero lo cierto es que no cumple las expectativas.

     

  • El dolor y la culpa

    Película Manchester frente al marMANCHESTER FRENTE AL MAR

    Sin hacer apenas ruido, sin ser una película que, a priori, llame a las masas a las salas, Manchester frente al mar se ha convertido en una de las sorpresas de la temporada. Y lo ha hecho gracias a un guión inmenso que llega a sobrecogerte sin que te des cuenta, y a un inmenso, soberbio, Casey Affleck.

    {xtypo_rounded4}Estados Unidos, 2016 (137′)
    Título original: Manchester by the sea.
    Escrita y dirigida: Kenneth Lonergan.
    Producción: Lauren Beck, Matt Damon, Chris Moore, Kimberly Steward, Kevin J. Walsh.
    Fotografía: Jody Lee Lipes.
    Música: Lesley Barber.
    Montaje: Jennifer Lame.
    Intérpretes: Casey Affleck (Lee Chandler), Michelle Williams (Randi Chandler), Kyle Chandler (Joe Chandler), Lucas Hedges (Patrick), C.J. Wilson (George), Tate Donovan (Entrenador hockey), Gretchen Mol (Elise), Matthew Broderick (Jeffrey), Kara Hayward (Silvie McCann), Susan Pourfar (Enfermera Irene), Christian J Mallen (CJ), Anna Baryshnikov (Sandy).{/xtypo_rounded4}

    Lee Chandler es un solitario y apagado encargado de mantenimiento de Boston que trabaja en un grupo de edificios. La repentina muerte de su hermano le obliga a regresar a Manchester para encargarse de todo. Allí descubre que su hermano le ha designado como tutor de su sobrino Patrick, un joven de dieciséis años que no quiere dejar su vida y mudarse con su tío. Además, Lee se reencuentra con su trágico pasado, con los hechos que le llevaron a separarse de su mujer y los problemas con la comunidad en la que se crió.

    Kenneth Lonergan nos presenta a un personaje anodino, de rostro apagado, hundido, con un carácter complicado, abatido por un pasado que desconocemos y que vamos conociendo a medida que avanza el metraje, gracias a unos flashbacks que ayudan a comprender el porqué de la actitud de Lee, un ser con una coraza de apariencia dura pero que termina por resquebrajarse.

    Manchester frente al mar habla de temas universales, de la muerte, el duelo, de cómo sobreponerse al dolor, de cómo cada persona intenta salir adelante como buenamente puede. Y también, y sobre todo, del sentimiento de culpa, que marcan profundamente al protagonista. Pero, a pesar de ello, lo hace con un protagonista que no es el habitual, con unas relaciones entre los personajes que sorprenden por su naturalidad. Y también con algunas gotas de humor.

    Casey Affleck, el mejor actor de la familia, va camino del Oscar a pasos agigantados. Aunque no es el único que merece la pena mencionar: Lucas Hedges y la breve aparición de Michelle Williams también demuestran un gran talento que les ha servido para conseguir sendas nominaciones.

  • San Google te arregla la vida

    Película LionBasada en hechos reales, y construida concienzudamente para optar a la temporada de premios tocando las conciencias y los corazones de los espectadores, Lion, divide su trama en dos partes, en dos épocas, dos localizaciones, y dos tonos diferentes. Y es la primera de ellas, más documental si se quiere, la que destaca en todos estos niveles.

    {xtypo_rounded3}Australia-Estados Unidos-Reino Unido, 2016 (118′)
    Título original: Lion.
    Dirección: Garth Davis.
    Producción: Iain Canning, Angie Fielder, Emile Sherman.
    Guión: Luke Davies, basado en el libro de Saroo Brierley.
    Fotografía: Greig Fraser.
    Música: Volker Bertelmann, Dustin O’Halloran.
    Montaje: Alexandre de Franceschi.
    Intérpretes: Dev Patel (Saroo Brierley), Rooney Mara (Lucy), Nicole Kidman (Sue Brierley), David Wenham (John Brierley), Divian Ladwa (Mantosh Brierley), Priyanka Bose (Kamla), Sunny Pawar (Saroo, niño), Abhishek Bharate (Guddu), Tannishtha Chatterjee (Noor), Rita Boy (Amita).{/xtypo_rounded3}

    El pequeño Saroo, que sobrevive con su familia entre miseria y basura como buenamente puede, se queda dormido en un tren, y acaba solo, en el hormiguero que es Calcuta, a 1600 kilómetros de su casa, donde ni siquiera se habla el mismo idioma. Allí, tiempo después, Saroo será adoptado por un matrimonio australiano, donde desarrollará una vida acomodada. Veinticinco años después los recuerdos de su pasado resurgirán y con los pocos datos que quedan en su memoria, y con la ayuda de Google Earth, se embarcará en la búsqueda de su familia perdida.

    La película comienza con una reflexión (no tan acertada ni punzante como debería) sobre la pobreza en el mundo. En esta primera parte, Garth Davis (debutante en el largometraje) acierta con el tono, huyendo de lo fácil, sin ensañarse en la pobreza extrema, y sin necesidad de acentuar el mensaje con una emotiva banda sonora, casi sin diálogos. Y con unos personajes que transmiten verdad.

    En la segunda, en cambio, cuando el tiempo pasa y la acción se traslada a Australia (llevamos una hora de metraje y es entonces cuando aparece el protagonista, Dev Patel), todo cambia. Y es aquí cuando toda la fuerza e intensidad acumulada, todo el buen cine visto hasta ahora, se derrumba, y la película se convierte en un melodrama sensiblero, lleno de clichés, y con mucha tendencia a lo lacrimógeno, llegando a su culmen en la indescriptible escena final, donde son los personajes reales, en los que se basa la historia, los que aparecen en pantalla.

    Podía haber sido una reflexión sobre la sociedad injusta en la que vivimos, los problemas políticos y hasta morales en los que nos movemos, pero la historia deriva hacia un trauma personal, con un tono de melodrama que llega a irritar.

  • Lo que la historia tapó

    Película Figuras OcultasFIGURAS OCULTAS

    En los años sesenta del siglo pasado, en unos Estados Unidos en los que la segregación racial todavía era un hecho que estaba vigente en muchos de sus estados, a pesar de que ya eran también numerosos los movimientos que luchaban por los derechos civiles de los negros estadounidenses, un grupo de mujeres afroamericanas y científicas que trabajaba en la NASA fue determinante, gracias a su trabajo y sus aportaciones, para poner al ser humano en órbita y ganar la carrera espacial a la Unión Soviética. Pero, debido a su doble condición de ser mujeres y negras, fueron olvidadas por la historia.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (127′)
    Título original: Hidden figures.
    Dirección: Theodore Melfi.
    Producción: Peter Chernin, Donna Gigliotti, Theodore Melfi, Jenno Topping, Pharrel Williams.
    Guión: Allison Schroeder, Theodore Melfi, basado en el libro de Margot Lee Shetterly.
    Fotografía: Mandy Walker.
    Música: Benjamin Wallfisch, Pharrell Williams, Hans Zimmer.
    Montaje: Peter Teschner.
    Intérpretes: Taraji P. Henson (Katherine G. Johnson), Octavia Spencer (Dorothy Vaughan), Janelle Monáe (Mary Jackson), Kevin Costner (Al Harrison), Kirsten Dunst (Vivian Mitchell), Jim Parsons (Paul Stafford), Mahershala Ali (Coronel Jim Johnson), Aldis Hodge (Levi Jackson), Glen Powell (John Glenn).{/xtypo_rounded3}

    Sacar a la luz sus vidas, darles el puesto que realmente merecían, sirvieron de acicate principal para escribir el libro y para crear esta película inspirada en el mismo. Y es cierto que siempre es necesario sacar a la luz estas historias de los que injustamente fueron apartados, aunque hay modos y modos. En este caso concreto, aunque el fondo es ciertamente interesante, la forma en que se cuenta es la que no termina de convencer.

    A una dirección digna y unas interpretaciones notables, en el apartado positivo, se contrapone una visión en exceso edulcorada de la situación y de los personajes protagonistas. El guion pasa de puntillas por una sociedad tan conflictiva como la que existía en aquella época. Los conflictos apenas se mencionan y todo aparece demasiado suave para lo que realmente era, una época realmente convulsa en el aspecto social.

    Del mismo modo, las tres protagonistas aparecen sin apenas aristas. No hay nada negativo en ellas, son prácticamente perfectas: profesionales con un talento inmejorable y una inteligencia supina, además de madres y esposas amorosas y trabajadoras, personas concienciadas contra el machismo y el racismo. Ni un solo punto negativo en sus vidas. La intención es clara, llegar al mayor número posible de espectadores para allanar la carrera a los Oscar. Pero no lo ha conseguido del todo, ya que sólo ha logrado tres nominaciones en categorías que no tiene opciones de ganar.

  • Una película en la que vivir

    La película La ciudad de las estrellasLA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS

    El cine nació para el musical. Entiéndanme, ya desde sus inicios, en aquellos primeros años en los que la proyección solo contenía imágenes, se acompañaba de música en directo. Y cuando las películas comenzaron a ser sonoras, la primera de ellas fue un ‘musical’: El cantor de jazz. Fue unos años después, en los años cincuenta, cuando el género vivió su época dorada, y es a ella (en su mayoría) a la que esta soberbia La la land (el título original refleja mil veces mejor el espíritu de la cinta que su traducción al español) homenajea sin titubeos.

    {xtypo_rounded4}Estados Unidos, 2016 (128′)
    Título original: La la land.
    Escrita y dirigida: Damien Chazelle.
    Producción: Fred Berger, Gary Gilbert, Jordan Horowitz, Marc Platt.
    Fotografía: Linus Sandgren.
    Música: Justin Hurwitz.
    Montaje: Tom Cross.
    Intérpretes: Emma Stone (Mia), Ryan Gosling (Sebastian), John Legend (Keith), Rosemarie DeWitt (Laura), J.K. Simmons (Bill), Finn Wittrock (Greg), Sonoya Mizuno (Caitlin), Jessica Rothe (Alexis), Jason Fuchs (Carlo), Callie Hernandez (Tracy).{/xtypo_rounded4}

    Y lo hace desde el principio, incluso antes de los créditos (con la aparición del clásico logo de Cinemascope con el que se ha rodado la cinta) y el vibrante número musical de apertura, con el que ya, así de entrada, quedas enamorado de la película. 

    Damien Chazelle narra aquí la historia de amor entre un pianista de jazz y una aspirante a actriz, cada uno con sus sueños y ambiciones, que impedirán el feliz desarrollo de una relación que vemos evolucionar durante un año. Aunque lo cierto es que el director ha tenido la inteligencia de incluir ciertas dosis de melancolía, de nostalgia, en este mundo de felicidad. Consigue con ello, que la historia no empalague, sino más bien todo lo contrario.
    La la land hace un recorrido por la historia del cine musical, desde Cantando bajo la lluvia a Sombrero de copa, pasando por Un americano en París, Noches en la ciudad o Melodías de Broadway, pero sobre todo Los paraguas de Cherburgo (a la que homenajea sin pudor). Aunque también tiene mucho de Woody Allen en el modo en que muestra la relación de la pareja

    Es esta una historia de amor. De amor a la música (el jazz es el tema principal al que Chazelle ha dedicado sus tres películas). De amor al cine (son decenas los guiños durante todo el metraje, con posters en las cafeterías y las casas de los protagonistas, con rodajes con los que se cruzan… no es casual que la historia se desarrolle en la ciudad donde los sueños se cumplen). De amor por el amor…

    Una historia que enamora, gracias a un guion medido que no edulcora en exceso, sino que dosifica la felicidad con la nostalgia y la melancolía; unos números musicales (algunos de ellos rodados en plano secuencia) vibrantes; una colorista fotografía, heredera de los clásicos a los que tanto le debe; unas magníficas interpretaciones de una pareja que rebosa química (es la tercera vez que Emma Stone y Ryan Gosling coinciden en pantalla)… Todo colabora para hacer de La la land una experiencia mágica, única.

    Hay muchas películas buenas, pero pocas como esta te hacen reír, llorar, salir del cine levitando, pocas te hacen sentir de verdad cómo te toca y cómo te cambia. Una historia maravillosa, inmensa, soberbia, sobre lo que pudo ser, una película para soñar, para gozar, una película en la que quedarse a vivir.

  • Un sonoro aburrimiento

    Película Silencio de Martin ScorseseSILENCIO

    Hay directores que pueden hacer lo que les dé la gana. Son los grandes, los que tienen una trayectoria a sus espaldas más que demostrada y contrastada de años y años haciendo buen cine. Nombres como Spielberg, Coppola, Eastwood, Scorsese… Ellos tienen carta blanca. Pueden presentar una idea, la que sea, y no faltarán productores que quieran poner su dinero para llevar adelante el proyecto. Y si faltan estos, ellos mismos pondrán su dinero para hacer la película. Y después no faltarán críticos que pongan dicho proyecto en un pedestal, que hablen de ‘obra maestra indiscutible’ simplemente por venir de quien viene.

    {xtypo_rounded4}Estados Unidos-México-Taiwan, 2016 (161′)
    Título original: Silence.
    Dirección: Martin Scorsese.
    Producción: Vittorio Cecchi Gori, Barbara de Fina, Randall Emmett, David Lee, Gastón Pavlovich, Martin Scorsese, Emma Tillinger Koskoff, Irwin Winkler.
    Guión: Jay Cocks, Martin Scorsese, basado en la novela de Shûsaku Endô.
    Fotografía: Rodrigo Prieto.
    Música: Kathryn Kluge, Kim Allen Kluge.
    Montaje: Thelma Schoonmaker.
    Intérpretes: Andrew Garfield (Rodrigues), Adam Driver (Garrpe), Liam Neeson (Ferreira), Tadanobu Asano (Intérprete), Ciarán Hinds (Padre Valignano), Issei Ogata (Inoue), Shin’ya Tsukamoto (Mokichi), Yoshi Oida (Ichizo), Yôsuke Kubozuka (Kichijiro), Kaoru Endô (Uneme).{/xtypo_rounded4}

    Pero no, las cosas como son. No todo lo que hacen los grandes es bueno. Spielberg patinó con Amistad; Coppola, con Tetro; y Scorsese lo hace con esta Silencio, insufrible y soporífera muestra de cine religioso, que dura casi tres horas y en las que apenas pasa nada.

    La cinta, que, por cierto, además de ser la adaptación de un libro es un remake de una película japonesa de 1971, narra la historia de dos frailes jesuitas portugueses que, en la segunda mitad del siglo XVII, viajan a Japón en la búsqueda de otro de los suyos, el padre Ferreira, del que hace tiempo que no tienen noticias y del que dicen que ha apostatado y vive como un japonés más.

    Hay momentos de dolor intenso. Físico, por las torturas físicas que los japoneses de aquella época ejercían sobre los religiosos que pretendían evangelizar aquellas tierras ‘salvajes’; y dolor también moral, ante la duda de la existencia de dios, de estar haciendo o pensando lo correcto. Pero Scorsese comete el error (doble) de tomar partido en el asunto, incluso de ‘contestar’ al religioso que se pregunta demostrándole que se equivoca, y sobre todo por prestar más atención al envoltorio (una fotografía en muchos momentos espectacular) que al contenido: una narración que se alarga innecesariamente hasta casi las tres horas en las que se cuenta muy poco, con un ritmo moroso que invita a la cabezada (cuando no a dormirse directamente) y en la que se vuelve una y otra vez (y otra) a lo mismo. Reiterativa, aburrida, morosa… tanto que anula del todo el interés que la historia podría tener.

  • Western contemporáneo

    Película ComancheríaCOMANCHERÍA

    Como ya viene siendo norma, estamos en la época en la que se estrenan las grandes películas del año, las que coparán todos los grandes premios, las que estarán en las listas de Globos de Oro, Oscars y demás. Una de ellas, esta Comanchería, western contemporáneo, con fuertes dosis de cine social, que deja un fuerte poso de tristeza en el alma.

    {xtypo_rounded4}Estados Unidos, 2016 (102′)
    Título original: Hell or high water.
    Dirección: David Mackenzie.
    Producción: Peter Berg, Carla Hacken, Sidney Kimmel, Julie Yorn.
    Guión: Taylor Sheridan.
    Fotografía: Gilles Nuttgens.
    Música: Nick Cave, Warren Ellis.
    Montaje: Jake Roberts.
    Intérpretes: Jeff Bridges (Marcus Hamilton), Chris Pine (Toby Howard), Ben Foster (Tanner Howard), Gil Birmingham (Alberto Parker), Katy Mixon (Jenny Ann), Marin Ireland (Debbie Howard).{/xtypo_rounded4}

    Tras la muerte de su madre enferma, dos hermanos, un exconvicto que acaba de salir de la cárcel y otro que acaba de divorciarse, se enfrentan a una fuerte deuda que les hará perder la granja familiar si no pagan en unos días. Decidirán entonces enfrascarse en un plan desesperado: robar una serie de sucursales bancarias para pagar lo que deben. Precisamente del banco que les dio la hipoteca. Pagando así al banco con su propio dinero. Mientras, una pareja de rangers sigue su rastro para darles caza. 

    La acción se sitúa en Texas, aunque podría extenderse y comprenderlo como aquello que conocemos como la América profunda, esa zona de los Estados Unidos deprimida, lejos de las grandes ciudades, esa zona dedicada a la ganadería y agricultura que está harta de que los bancos les expriman, y en la que no hay esperanzas; esa zona del país que cansada de la situación ha hecho a Trump presidente.

    Mackenzie crea un retrato de una sociedad desesperada, y convierte en (casi)héroes a los malos de siempre. Su dirección sobria mantiene un ritmo constante, hablando de cosas que ni siquiera se pronuncian (de los problemas sociales, de la pobreza, de luchar por salir adelante…) Todo ello gracias a un guion magnífico de Taylor Sheridan que se te pega a la piel y no te abandona. Y ayudado por unos actores magníficos. Chris Pine y Ben Foster (los dos hermanos protagonistas) jamás han estado tan bien. Pero es Jeff Bridges el que maneja la situación mejor que nadie, una interpretación soberbia que puede darle, por fin, el Oscar que tanto tiempo lleva mereciendo.

  • Una sociedad enferma

    Película Tres a BusánTREN A BUSÁN

    Curtido en el mundo de la animación, el coreano Sang-ho Yeon se estrena en la dirección con personas de carne y hueso con esta película de zombis, que ya es un género en sí. Puede parecer más de lo mismo, algo que ya hemos visto, pero Yeon consigue ir más allá, dar una vuelta de tuerca al género y casi reinventarlo.

    {xtypo_rounded4}Corea del Sur, 2016 (118′)
    Título original: Busanhaeng.
    Escrita y dirigida: Sang-ho Yeon.
    Producción: Dong-ha Lee.
    Fotografía: Hyung-deok Lee.
    Música: Young-gyu Jang.
    Montaje: Jin-mo Yang.
    Intérpretes: Yoo Gong (Seok Woo), Soo-an Kim (Soo-an), Yu-mi Jung (Sung Gyeong), Dong-seok Ma (Sang Hwa), Woo-sik Choi (Young Gook), Sohee (Jin-hee), Eui-sung Kim (Yong-Suk), Gwi-hwa Choi (Hombre sin hogar).{/xtypo_rounded4}

    Proyectada, fuera de concurso, en el pasado festival de Cannes, Tren a Busán se centra en Seok Woo, un alto ejecutivo recién divorciado y adicto al trabajo y su hija pequeña, Soo-an, a la que, en su cumpleaños, accede a llevar a ver a su madre en el tren que va de Seúl a Busán. Hechos terribles y extraños están sucediendo en el país, pero nadie parece percatarse. En el último momento, justo antes de que se cierren las puertas del tren, una adolescente herida se cuela sin que los guardias lo perciban. Acaba de ser atacada por un zombi y el tren parte con ella infectada. A partir de ahí, el virus se extenderá con rapidez y los pasajeros deberán tratar de sobrevivir mientras el país sucumbe a la enfermedad.

    Tren a Busán forma parte de un díptico junto a Seoul Station, cinta de animación, también de 2016, también de Sang-ho Yeon, y que transcurre un día antes del viaje que se narra en esta. Como ocurría con las cintas del ya clásico George A. Romero, la lucha contra los zombis se utiliza para hablar de otras cosas. Y es que el toque social es más que evidente. Yeon refleja la sociedad de su país (y la de otros muchos), donde la falta de empatía para con el otro es evidente, y cuando el miedo aparece, también lo hace lo peor del ser humano, el egoísmo, la crueldad, la codicia… En algunos momentos dudamos sobre quiénes son realmente los ‘malos’: la horda de no muertos que cooperan y van todos a una, o los humanos que se enfrentan entre sí por salir airosos del trance.

    Los motivos que provocan que el virus aparezca y la plaga se extienda con tal velocidad y ferocidad poco importan. Da igual si es un escape de gas, o es que la sociedad está enferma y carente de valores. Todo es una metáfora. Yeon consigue jugar con los elementos habituales del género y retorcerlos para conseguir sorprendernos a pesar de que esperemos lo que va a pasar. Hace que nos encariñemos (incluso identifiquemos) con unos personajes que, poco antes, habíamos llegado a odiar. Y logra que mantengamos la atención, a pesar de las dos horas largas de metraje.