Categoría: La película

  • Distopía mil veces vista

    Los peligros de la tecnología para la humanidad ha sido un tema que el cine ha mostrado en muchas ocasiones. Incluso desde que Internet se apropió de nuestras vidas y las redes sociales muestran toda nuestra vida privada.

    El ejemplo más evidente que se viene a la cabeza es Conspiración en la red, donde vemos una superempresa tecnológica que parece Jauja pero que esconde oscuros intereses. Y esa es la premisa de esta historia, basada en una novela de hace ya tres años, por lo que la película ya ha nacido anticuada. Sobre todo porque otros ya lo han hecho antes (y mucho mejor): Charlie Brooker lo imaginó hace seis años (antes incluso que el libro en el que se basa El círculo) en la primera temporada de la magnífica serie Black Mirror.

    La joven y talentosa Mae Holland consigue entrar en la mayor y más influyente corporación informática del planeta, El Círculo, cuyo sofisticado sistema operativo consigue unificar perfiles de redes sociales, contraseñas, operaciones bancarias… para crear una única identidad en la red. La idea es la transparencia total, el saberlo todo de todos.

    La protagonista, tan inteligente ella que nos dicen que es, se ofrece voluntaria para ser la primera persona cuya vida se retransmita 24 horas al día, sin secretos, con minicámaras encima… cual El show de Truman pero consciente.

    El círculo tiene mil huecos. Se ha querido depurar tanto la adaptación, eliminando lo ‘accesorio’, que lo que ha quedado no tiene ni interés ni tensión. Absolutamente previsible, hay personajes totalmente desaprovechados (los padres de la protagonista), otros que cambian sin motivo aparente (la amiga que la ayuda a entrar en la empresa), y otros que están interpretados terriblemente (el papel de John Boyega), y tiene un final excesivamente atropellado, concluyendo con apenas una frase, en un par de segundos, para después dejar en el aire todo.

    Y lo peor es que no hay nada nuevo, que ya lo habíamos visto antes, que ya lo sabíamos, que no hay sorpresa alguna. Un bluff en toda regla.

    Estados Unidos-Emiratos Árabes Unidos, 2017 (110′)
    Dirección: James Ponsoldt.
    Producción: Anthony Bregman, Gary Goetzman, James Ponsoldt.
    Guión: James Ponsoldt, Dave Eggers.
    Fotografía: Matthew Libatique.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Lisa Lassek, Franklin Peterson.
    Intérpretes: Emma Watson (Mae Holland), Tom Hanks (Eamon Bailey), Ellas Coltrane (Mercer), Patton Oswalt (Ted Stenton), Glenne Headly (Bonnie Holland), Bill Paxton (Vinnie Holland), Karen Gillan (Annie), John Boyega (Ty), Nate Corddry (Dan), Smith Cho (Gina), Amir Talai (Matt).

    Escena de la película El Círculo

  • Gamberros espaciales

    El universo Marvel se expande. No me refiero a que aparezcan historias o personajes nuevos, que engrandezcan tramas ya conocidas; sino a la calidad de las cintas que forman parte de este universo.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2017 (136′)
    Escrita y dirigida: James Gunn, basado en los comics de Dan Abnett y Andy Lanning.
    Producción: Kevin Feige.
    Fotografía: Henry Braham.
    Música: Tyler Bates.
    Montaje: Fred Raskin, Craig Wood.
    Intérpretes: Chris Pratt (Peter Quill / Star Lord), Zoe Saldana (Gamora), Dave Bautista (Drax), Vin Diesel (Groot, voz), Bradley Cooper (Rocket, voz), Michael Rooker (Yondu), Karen Gillan (Nebula), Pom Klementieff (Mantis), Sylvester Stallone (Stakar Ogord), Kurt Russell (Ego), Elizabeth Debicki (Ayesha), Chris Sullivan (Taserface).{/xtypo_rounded3}

    Si bien es cierto que hay películas de cierto valor cinematográfico, tanto superhéroe, tanta historia ‘profunda’ y tanto pasado traumático empezaba a cansar. Es por ello que la primera Guardianes de la galaxia supusiera un soplo de aire fresco, por su cambio de tono, por esa irreverencia, por ese humor sucio… ese, en definitiva, tener todo lo de Marvel, pero sin superhéroes.

    En esta segunda entrega, James Gunn continúa en la misma línea que en la anterior ocasión y nos presenta un gozoso deleite donde el humor, la acción, la nostalgia tienen su parte del pastel, donde a esa pandilla gamberra que se pasea por el espacio protegiéndonos a todos de los males que nos acechan se les presentan nuevas vicisitudes que superar.

    Son varias las tramas que se reparten el metraje. Tras la ayuda de los Guardianes a los Soberanos, un pueblo genéticamente perfecto al que rescatan de un temible monstruo (en una escena inicial memorable en la que la épica batalla queda en segundo plano ante el bailecito jocoso de Groot, sin duda el personaje que se lleva la película), Rocket les roba unas baterías, lo que provocará que les persigan sin descanso y con aviesas intenciones. Es en esta huida cuando Peter Quill se encontrará con Ego, su desconocido padre. Mientras, la vengativa hermana de Gamora la persigue también para saldar deudas del pasado.

    Un grupo de personajes magnífico, en el que hasta los más inesperados tienen su momento y hace que te sientas partícipe en sus sentimientos. Y es que hasta los, digamos, ‘malos’ de la función (Yondu, Nebula…) tienen su corazoncito y sus momentos estelares.

    La película da lo que promete y luego un poquito más. Escenas míticas, cierta nostalgia (la banda sonora, magnífica, vuelve a ser base fundamental), es autoparódica y muy divertida, tiene decenas de cameos imposibles e inesperados (destacando ese divertido Zardu Hasslefrau)… y la pandilla protagonista está en estado de gracia. Quizá la mejor película Marvel en muchos años.

    Película Guardianes de la Galaxia 2

  • Velocidad de crucero

    Crítica de la película A fondoA FONDO

    Una familia dispuesta a aprovechar las vacaciones al máximo se dispone a salir de casa en su nuevo monovolumen a las siete de la mañana, cuando llega por sorpresa el abuelo paterno, un vividor que no hace más que traerle problemas a la familia y que se suma al viaje. Ya en la autopista, Tom (el padre) coloca el limitador de velocidad en 130 km/h. Poco después, tras una pequeña pelea que es la última de muchas, Julia (la madre) pide volver a casa.

    Es entonces cuando se dan cuenta que la electrónica del coche no responde, y este no puede bajar de los 130 km/h marcados. Ninguna maniobra para frenar o reducir la velocidad surgen efecto. Y el coche sigue a alta velocidad, esquivando a todo los que se encuentra en el camino y con un atasco cada vez más cerca.

    Es inevitable recordar aquel éxito de taquilla mundial que fue Speed, cambiando el autobús por un moderno coche de alta gama. Pero también a la igualmente exitosa Pequeña Miss Sunshine (familia con niños y abuelo, encerrados en un vehículo donde aparecen algunos secretos), y a la saga francesa Taxi! (que cuenta ya al menos con cuatro episodios e incluso con un remake americano) por ese gusto por la velocidad al volante.

    El director utiliza a un grupo de personajes cliché (es cierto que la familia no es la típica bien avenida de tantas comedias francesas, más bien lo contrario, pero aún así, los arquetipos y las situaciones familiares planteadas no sorprenden en ningún momento), y un guión conocido, con un humor simple en el que algunos personajes secundarios sencillamente sobran.

    También es verdad que mejora un poco tras un arranque flojísimo (con ese gag en el baño que ni es gracioso ni es creíble lo que provoca un par de horas después, tampoco era difícil), y que consigue mantener cierto interés en el reducido espacio del interior de un coche. Pero no, no consigue convencer con un resultado global que resulta ciertamente simple.

    {xtypo_rounded3}Francia, 2016 (91′)
    Título original: À fond.
    Dirección: Nicolas Benamou.
    Producción: Lauranne Bourrachot, Marco Cherqui, Thomas Langmann, Emmanuel Montamat.
    Guión:  Nicolas Benamou, Frédéric Jardin, Fabrice Roger-Lacan.  
    Fotografía: Antoine Marteau.
    Música: Maxime Desprez, Michaël Tordjman.
    Montaje: Olivier Michaut-Alchourroun.
    Intérpretes: José Garcia (Tom), André Dossollier (Ben), Caroline Vigneaux (Julia), Josephine Callies (Lison), Stylaine Lecaille (Noé), Charlotte Gabris (Melody), Vincent Desagnat (Besauce), Ingrid Donnadieu (Agente Vignali), Florence Foresti (Capitán Peton), Jérôme Commandeur (Danieli), Vladimir Houbart (Jacky), Harrison Arevalo (Juan).{/xtypo_rounded3}

  • Sobre los entresijos judiciales británicos

    Película NegaciónNEGACIÓN

    Como (casi) todo el cine británico, la calidad se le presupone a esta cinta, que además cuenta con un reparto de lujo. Además de contar una historia que, a priori, se presume interesante.

    {xtypo_rounded3}Reino Unido, 2016 (110′)
    Título original: Denial.
    Dirección: Mick Jackson.
    Producción: Gary Foster, Russ Krasnoff.
    Guión:  David Hare, basado en el libro de Deborah Lipstadt.  
    Fotografía: Haris Zambarloukos.
    Música: Howard Shore.
    Montaje: Justine Wright.
    Intérpretes: Rachel Weisz (Deborah Lipstadt), Tom Wilkinson (Richard Rampton), Timothy Spall (David Irving), Andrew Scott (Anthony Julius), Caren Pistorius (Laura Tyler), Alex Jennings (Sir Charles Gray), Harriet Walter (Vera Reich), Mark Gatiss (Profesor Robert Jan van der Pelt), John Sessions (Profesor Richard Evans), Jackie Clune (Heather Rogers). {/xtypo_rounded3}

    El problema le surge en el modo de contarla. Y es que director y guionista han decidido narrar este (que podía haber sido un potente) thriller judicial, de modo lineal, y sin guardarse sorpresas, sin añadir ninguna (absolutamente ninguna, por breve que sea) trama secundaria. Solamente la historia de la demanda, el juicio y su resolución. Por ello, a pesar de que se ve con agrado, uno se queda con la sensación que falta algo. Y, sí, se aburre.

    La historiadora americana Deborah Lipstadt publica un libro en el que acusa al historiador británico de racista por negar el Holocausto. En respuesta, este la denuncia por difamación y tanto ella como sus editores se ven inmersos en un juicio en el que deben demostrar que lo vertido en el libro es cierto, que el Holocausto existió, sin llamar a declarar a un solo superviviente de los campos de concentración.

    No es esta, además, una película sobre el Holocausto, el genocidio del pueblo judío que cometió Hitler antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Ni siquiera estamos ante una película sobre el negacionismo, la teoría que aún hoy (a pesar de las muchas y evidentes pruebas) sostienen algunos de que jamás existió dicho hecho. Lo cierto es que esta es más una película sobre un juicio (con el tema como asunto central), y la característica peculiaridad del sistema judicial británico (donde el acusado debe demostrar su inocencia), donde también es destacable la teoría que se lanza sobre los límites entre la historia y la opinión, el derecho a discrepar.

    Duelo interpretativo de altura, tanto Timothy Spall como Tom Wilkinson ofrecen todo un recital, demostrando lo buenos que son (a pesar de que no tienen el reconocimiento general que merecen), a pesar de que la trama a veces se enreda innecesariamente y no logra mantener la tensión necesaria en toda película judicial.

  • Ponerse en los pies del otro

    Película Your NameYOUR NAME

    Éxito rotundo y descomunal de Your Name en Japón, ese país que es un planeta aparte, donde se ha convertido en el anime más taquillero de la historia, superando al mítico El viaje de Chihiro del maestro supremo Hayao Miyazaki. Esta historia, a medio camino entre el realismo y el fantástico, es una nueva muestra del talento que Makoto Shinkai había mostrado ya en sus anteriores obras.

    {xtypo_rounded3}Japón, 2016 (106′)
    Título original:  Kimi no na wa.
    Dirección: Makoto Shinkai.
    Producción: Kôichirô Itô, Noritaka Kawaguchi, Genki Kawamura, Katsuhiro Takei.
    Guión:  Makoto Shinkai, basado en su propia novela.  
    Fotografía: Makoto Shinkai.
    Música: Radwimps.
    Montaje: Makoto Shinkai.
    Intérpretes: Animación.{/xtypo_rounded3}

    En el Japón actual, los días previos a que pase un cometa que se acerca a la Tierra cada 1.200 años, Mitsuha es una adolescente que vive en un pequeño pueblo rural y que sueña que es un joven estudiante de Tokio. Taki es un joven estudiante que sueña que es una chica que vive en el campo. El problema es que, después de estos sueños, sus respectivos amigos les cuentan lo raros que estuvieron el día anterior, algo que ellos desconocen. Así, descubren que intercambian sus cuerpos en esos sueños. Y así empieza a crearse un vínculo entre ellos, a pesar de que no se conocen, de que no se encuentran.

    Lo que en un principio puede parecer una película para adolescentes, o una película ya vista (lo del intercambio de cuerpos ya lo hemos visto en numerosas cintas) esconde mucho más. Aun sin llegar al tono espiritual de Miyazaki, Shinkai cueta una historia plagada de excelentes ideas, con una brillante muestra de manipulación del espacio y el tiempo (no se puede ni debe contar mucho más para no reventar el que es quizás el giro más importante de la trama) para contar una bonita historia de amor, donde no falta un humor que en alguna ocasión roza la inocente obscenidad.

    El director construye una historia hiperrealista (la recreación de la gran ciudad, con sus trenes, sus muchedumbres, sus luces y su movimiento; y la de la vida en el campo, mucho más sosegada, con sus paseos en bicicleta, sus tradiciones milenarias que siguen guardando las formas aunque el significado cuasi místico ya se haya perdido) en la que los dos personajes están marcados por la distancia que les separa. Es una película sin pretensiones, sin intención de apabullar visualmente, pero con un enorme corazón. Una cinta luminosa y juguetona que hace reír, que hace llorar, en la que todos sus diversos resortes (es más compleja de lo que aparenta) encajan, y en la que queda patente el espíritu de un país que trata de sobreponerse a la tragedia (la historia fue escrita después del terremoto de 2011, el mismo que provocó el desastre de Fukushima) a la que quizás le falle un final demasiado blando, demasiado condescendiente.

  • La androide Scarlett

    Película Ghost in the shell: El alma en la máquinaGHOST IN THE SHELL: EL ALMA EN LA MÁQUINA

    El proyecto de llevar a la gran pantalla por primera vez en imagen real el universo creado por Masamune Shirow en su exitoso cómic (que ya ha servido para dar a la luz tres películas animadas, varias series en diversas partes del mundo, numerosos mangas, películas para televisión y videojuegos) nació rodeado de una polémica que no le abandonó durante todo su desarrollo. Normal en una saga que desde el principio tiene un nutrido grupo de seguidores bastante fieles.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2017 (107′).
    Dirección: Rupert Sanders.
    Producción: Ari Arad, Avi Arad, Michael Costigan, Steven Paul.
    Guión: Jamie Moss, William Wheeler, Ehren Kruger, basado en el comic de Masamune Shirow y en la película de Mamoru Oshii.
    Fotografía: Jess Hall.
    Música: Lorne Balfe, Clint Mansell.
    Montaje: Billy Rich, Neil Smith. .
    Intérpretes: Scarlett Johansson (Mayor Mira Killian), Pilou Asbaek (Batou), Takeshi Kitano (Aramaki), Juliette Binoche (Dra. Ouelet), Michael Pitt (Kuze), Chin Han (Han), Danusia Samal (Ladriya), Lasarus Ratuere (Ishikawa), Yutaka Izumihara (Saito), Peter Ferdinando (Cutter), Anamaria Marinca (Dra. Dahlin).{/xtypo_rounded3}

    El principal motivo para ello es, sin duda, el haber obviado los rasgos asiáticos del personaje protagonista; papel que ha recaído en Scarlett Johansson (que se está convirtiendo en toda una estrella del cine de acción). Qué pensarían estos fans irredentos si la elegida hubiese sido la primera opción de la productora, la rubia Margot Robbie, quedará para siempre en el limbo.

    La historia de esta Ghost in the shell puede leerse como un compendio de todas las anteriores animadas. Si bien hay gran parte de la primigenia, también hay personajes y subtramas que aparecían en la segunda, o en las series, o incluso algún agregado original que trata de explicar aún más y de dar un toque dulcificador a una trama oscura y menos filosófica que en los cómics.

    La Mayor Mira Killian despierta después de haber sufrido un atentado. No han podido hacer nada por salvar su cuerpo y han tenido que implantar su cerebro en un cuerpo biónico. Estamos en un futuro en el que es habitual que las personas se realicen ‘mejoras’ en sus cuerpos y es normal que casi todo el mundo tenga alguna parte de robot en su cuerpo. La Mayor, al frente de la Sección 9, un grupo de élite que lucha contra el ciberterrorismo, se enfrentará a Kuze, un fanático que hackea cerebros humanos para que hagan lo que les programa sin que se den cuenta, y cuya intención es acabar con la empresa Hanka Robotics, la encargada, entre otros, de crear el cuerpo cibernético de la Mayor, quien, en el camino, comenzará a plantearse dudas sobre su existencia humana.

    Esta nueva versión de lo que ya es un clásico de la ciencia ficción, bebe sin pudor de otro clásico del que ya bebía la original, Blade Runner, así como de otras cintas posteriores (algunas de las peleas que protagoniza Johansson recuerdan a las que ella misma realizaba en Lucy, por ejemplo). La primera mitad resulta aburrida y algo aturullada, y no es hasta el encuentro de la Mayor con Kuze cuando la cinta crece.
    Cierto que la diatriba filosófica sobre la identidad del humano-máquina es bastante menos elaborado que en otras ocasiones, pero sigue presente, acompañado de unos añadidos (las tramas personales del pasado de la Mayor) que le dan un cariz que no tenía el personaje hasta ahora. Y no olvidemos la notable actuación de Scarlett Johansson y del siempre magnífico Takeshi Kitano.

  • Los mundos de Álex de la Iglesia

    Película El Bar de Álex de la IglesiaEL BAR

    Vuelve aquí Álex de la Iglesia a explotar ese estilo tan suyo, ese al que nos tiene acostumbrados en casi todas sus películas, cintas de ritmo vertiginoso, y en la que un grupo heterogéneo de personajes se ven metidos de lleno en situaciones que van más allá del límite de lo posible, y que se ven abocados por ello a experimentar situaciones que se desbocan. Lo hemos visto en El día de la bestia, en Crimen ferpecto, en La comunidad o más recientemente en Las brujas de Zugarramurdi.

    {xtypo_rounded3}España, 2017 (102′)
    Dirección: Álex de la Iglesia.
    Producción: Mikel Lejarza, Mercedes Gamero, Kiko Martínez, Carolina Bang, Álex de la Iglesia.
    Guión: Jorge Guerricaechevarría, Álex de la Iglesia.
    Fotografía: Ángel Amorós.
    Música: Carlos Riera, Joan Valent.
    Montaje: Domingo González.
    Intérpretes: Blanca Suárez (Elena), Mario Casas (Nacho), Carmen Machi (Trini), Secun de la Rosa (Sátur), Jaime Ordóñez (Israel), Terele Pávez (Amparo), Joaquín Climent (Andrés), Alejandro Awada (Sergio).{/xtypo_rounded3}

    Son las nueve de la mañana, cuando un grupo de desconocidos desayuna en un bar del centro de Madrid. Alguien entra con un ataque de tos al baño. Uno de los clientes sale a la calle y recibe un disparo en la cabeza. Cuando otro de los clientes va a socorrerle también es asesinado. Nadie más se atreve a salir. Las calles están vacías, los teléfonos sin cobertura, las televisiones no informan. Así que se ven encerrados en el bar hasta saber qué ocurre.

    Los personajes son tan variopintos (y, sí, habituales en el universo del bilbaíno) que, como en otras ocasiones, la historia sirve de parábola social. La mejor película de de la Iglesia desde Balada triste de trompeta mantiene un ritmo in crescendo desde el plano secuencia inicial que sirve de presentación de los personajes. Cierto que hay un pequeño parón en la zona media, y también que se desaprovecha la confrontación entre el grupo cuando este se separa (olvidándose de los que quedan arriba, y acabando esta parte pronto y mal).

    Son varias las referencias durante el metraje. Algunas muy evidentes, como El ángel exterminador de Buñuel, otras menos, como la del corto 7:35 de la mañana (con la que Nacho Vigalondo, del que estamos deseando el estreno de su Colosal) estuvo nominado al Oscar, y por supuesto a diversas cintas del propio de la Iglesia.

    Con un grupo de intérpretes a muy buen nivel (Blanca Suárez lleva la historia adelante enfrentándose (y saliendo muy bien parada) a un género al que no está acostumbrada), muy buena fotografía, una acertada banda sonora, y una dirección muy destacable, en la que de la Iglesia se mueve como pez en el agua en su zona de confort, llena de estridencias, de feísmo, de lucha sucia, con personajes muy distintos con la idea de que el espectador se identifique con alguno de ellos (aunque son tan radicales que resulta complicado) y llegue a preguntarse qué haría cada uno de ellos en una situación tan radical como la que se presenta.

    Y en ello, El bar cumple su objetivo, explotando los más bajos instintos del ser humano, los prejuicios, el egoísmo, la violencia sobrevenida por el afán de supervivencia…

  • Contar lo mismo de nuevo

    Película La Bella y la BestiaLA BELLA Y LA BESTIA

    Desde hace unos años, la todopoderosa Disney está siguiendo por un lado la loable táctica de rodar en imagen real sus grandes clásicos de siempre. Es una táctica que busca lo seguro, volver a rodar una película que sabe que va a ser un éxito.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2017 (129′)
    Título original: Beauty and the Beast.
    Dirección: Bill Condon.
    Producción: David Hoberman, Todd Lieberman.
    Guión: Evan Spiliotopoulos, Stephen Chbosky, basado en el cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont.
    Fotografía: Tobias A. Schliessler.
    Música: Alan Menken.
    Montaje: Virginia Katz.
    Intérpretes: Emma Watson (Bella), Dan Stevens (Bestia), Luke Evans (Gaston), Kevin Kline (Maurice), Josh Gad (LeFou), Hattie Morahan (Agata), Haydn Gwynne (Cothilde), Ewan McGregor (Lumière), Ian McKellen (Ding-Dong), Emma Thompson (Sra. Potts).{/xtypo_rounded3}

    En la parte negativa (el otro lado de la parte loable) sería la ausencia de nuevas historias, la falta de ideas para hacer nuevas películas. Lo normal sería entonces darle un nuevo punto de vista, una nueva visión a la ya conocida historia. Pero en esta ‘nueva’ versión, lo que en realidad ha hecho Bill Condon (director de cintas tan dispares como dos de las películas de la saga Crepúsculo, a la magnífica Dioses y monstruos) se ha limitado básicamente a fusilar la cinta de animación que tanto éxito tuvo en 1991, convirtiéndose en la primera obra de animación que conseguía una nominación al Oscar a la mejor película.

    La historia ya es conocida: la joven Bella, mujer adelantada a su época, para salvar a su padre acepta ser la prisionera de Bestia en su castillo encantado. Mientras el bravucón Gastón, más enamorado de sí mismo de lo que dice estarlo de Bella, intenta organizar un rescate, la chica descubrirá la verdadera personalidad que se esconde bajo la apariencia salvaje.

    El logro de la nueva entrega está en los efectos especiales, en cómo interactúan los personajes reales con todos los objetos encantados de la casa (aunque es cierto que unos destacan más que otros), por el avance en la tecnología de efectos especiales. En cambio, decepciona la Bestia, aquí más cercana a un peluche gigante deprimido que a un ser que da miedo. Los números musicales (la mayoría ya presentes en la original) cumplen el objetivo pero no sorprenden (algunos, como la escena del baile de la pareja, parecen hechas para salir del paso).

    En fin, esta revisitación de la clásica historia que ya ha sido llevada decenas de veces al cine (la última, mucho más oscura y donde las connotaciones sexuales estaban mucho más patentes que en esta visión Disney, fue hace apenas tres años y venía de Francia, donde se desarrolla la historia) será recordada (como mucho) por algún detalle nimio: el personaje de LeFou, por ejemplo, quizás el primero abiertamente gay en una cinta Disney, y poco más.

    Y ello por no mencionar la ‘contradicción’ de base de la historia: “la belleza está en el interior”, pero cuando al final se produce la transformación, el príncipe resulta ser un buenazo, un bello por fuera, quedando todo lo anteriormente defendido hasta la saciedad en simple papel mojado.

  • Comerse el mundo

    Película El FundadorEL FUNDADOR

    El famoso (y quizás algo manido) sueño americano, el hombre que se hizo a sí mismo, creando un imperio desde la nada, es la base sobre la que se sustenta este biopic intenso, pero en realidad mediocre, bien diseñado e interpretado, y dirigido de forma decente. El problema es que, como en otras muchas ocasiones, ese sueño viene acompañado de una falta de escrúpulos, de una estafa, y de un impresentable al que la película glorifica (las imágenes reales del final de la cinta demuestran que el verdadero protagonista era solo un tipo más bien vulgar con suerte).

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (115′)
    Título original: The founder.
    Dirección: John Lee Hancock.
    Producción: Don Handfield, Aaron Ryder.
    Guión: Robert Siegel.
    Fotografía: John Schwartzman.
    Música: Carter Burwell.
    Montaje: Robert Frazensd.
    Intérpretes: Michael Keaton (Ray Kroc), Nick Offerman (Dick McDonald), John Carroll Lynch (Mac McDonald), Linda Cardellini (Joan Smith), B.J. Novak (Harry J. Sonneborn), Laura Dern (Ethel Kroc), Justin Randell Brooke (Fred Turner), Kate Kneeland (June Martino), Patrick Wilson (Rollie Smith).{/xtypo_rounded3}

    Ray Kroc era un vendedor de batidoras cincuentón que, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, casualmente, conoció a los hermanos Mac y Rick McDonalds, que llevaban una hamburguesería en San Bernardino, al sur de California. Impresionado por la rapidez y efectividad del servicio de cocina ideado por los hermanos, visualizó el potencial de la franquicia y hábilmente se fue posicionando hasta hacerse con el control de todo y arrebatarles el negocio a los hermanos que lo crearon, llegando a obligarles a cambiar el nombre de su propio restaurante, y crear el imperio que es hoy. Así nació McDonalds.

    El fundador, interpretada por un soberbio Michael Keaton, podría haber sido una crítica feroz del capitalismo, de como a algunos desalmados no les importa pisotear y pasar por encima de quien sea, de machacarlos si es necesario, para cumplir su sueño. Pero, en muchos momentos, más parece lo contrario, que se alabe ese comportamiento, que se le rinda loa y pleitesía a aquellos que a los que no les importa el resto de la humanidad con tal de lograr lo que persiguen. Y así transcurre todo, sin saber muy bien cómo definirse, si del lado de la crítica a Kroc o del de su endiosamiento.
    Además, la cinta bordea peligrosamente la línea que separa la mencionada sátira de la publicidad. Y aunque está bien construida, se queda lejos de lo que pudo haber sido.

  • Un nudo en el estómago

    Película El ViajanteEL VIAJANTE

    En un principio no era la favorita para llevarse el Oscar, papel que ostentaba la alemana Toni Erdmann (que, por cierto, ya tiene en marcha un remake en Hollywood protagonizado por Jack Nicholson), pero las actuaciones del presidente norteamericano Donald Trump, que provocaron la negativa del director (Asghan Farhadi), que ya había ganado anteriormente el Oscar (con Nader y Simin. 

    {xtypo_rounded3}Irán-Francia, 2016 (124′)
    Título original: Forushande.
    Escrita y dirigida: Asghar Farhadi.
    Producción: Asghar Farhadi y Alexandre Mallet-Guy.
    Fotografía: Hossein Jafarian.
    Música: Sattar Oraki.
    Montaje: Hayedeh Safiyari.
    Intérpretes: Taraneh Alidoosti (Rana Etesami), Shahab Hosseini (Emad Etesami), Babak Karimi (Babak), Farid Sajjadi Hosseini (Naser), Mina Sadati (Sanam), Mojtaba Pirzadeh (Majid), Emad Emami (Ali), Sam Valipour (Sadra), Maral Bani Adam (Kati).{/xtypo_rounded3}

    Una separación), a acudir a la ceremonia de entrega de los premios más importantes del cine, como protesta por la imposibilidad de entrada en el país de sus compatriotas, motivaron que la votación variase de rumbo y que, finalmente, el Oscar a mejor película de habla no inglesa fue a esta El viajante.

    ¿Significa ello que el Oscar sea menos merecido? Al contrario. La obra de Farhadi (muy distinta a la de la alemana Maren Ade) ya venía precedida de los premios a mejor guion y mejor actor en el último festival de Cannes, y es una muestra de sutileza y de encaje de bolillos, en el que todo transcurre sin que apenas te des cuenta, pasando de la frustración y el dolor a la ira de modo muy sutil, sin estridencias, apenas con unos diálogos sencillos.

    La historia es sencilla, una pareja de actores debe dejar su piso ante la amenaza de derrumbe por unas obras cercanas, y se mudan temporalmente a la vivienda que les cede un amigo. Poco después, un grave incidente relacionado con la anterior inquilina hace que el rumbo de la relación de la pareja cambie dramáticamente.

    Uno puede sorprenderse de la occidentalidad de las formas y los modos, de las situaciones y los personajes, a pesar de situar la trama en el centro de la capital iraní, pero todo cambia si comprendemos que estamos hablando de sentimientos humanos, donde poco importa dónde estés y cuáles sean tus ideales políticos o religiosos. Farhadi narra de modo demoledor el derrumbe de una relación, de modo paulatino, con una sutileza extrema, cómo la rabia, los celos, la humillación, los deseos de venganza, el perdón… van apareciendo, creciendo, ocupando un hueco y haciendo que el personaje en cuestión vire hacia uno u otro lado. Podemos compartir o no el modo en el que piensan, en el que actúan. Sobre todo en el tramo final, el de esa resolución que hace que te apriete aún más el nudo que durante todo el metraje el director ha ido haciendo alrededor de tu estómago.