Categoría: La película

  • El lado bueno del lado malo

    película InfiltradoINFILTRADO

    La idea de que el mundo no es blanco y negro, que tiene una infinita gama de grises, es algo que el cine ha aprendido a enseñarnos a base de estrellarse una y mil veces con películas de buenos muy buenos y malos muy malos que nadie se creía.

    {xtypo_rounded3}Reino Unido, 2016 (127′)
    Título original: The Infiltrator.
    Dirección: Brad Furman.
    Producción: Paul M. Brennan, Brad Furman, Miriam Segal, Don Sikorski.
    Guión: Ellen Sue Brown, basado en el libro de Robert Mazur.
    Fotografía: Joshua Reis.
    Música: Chris Hajian.
    Montaje: Luis Carballar, Jeff McEvoy, David Rosenbloom.
    Intérpretes: Bryan Cranston (Robert Mazur), Diane Kruger (Kathy Ertz), John Leguizamo (Emir Abreu), Benjamin Bratt (Roberto Alcaino), Yul Vazquez (Javier Ospina), Juliet Aubrey (Evelyn Mazur), Elena Anaya (Gloria Alcaino), Amy Ryan (Bonni Tischler), Olympia Dukakis (Tía Vicky), Joseph Gilgun (Dominic), Jason Isaacs (Mark Jackowski), Juan Cely (Soplón), Rubén Ochandiano (Gonzalo Mora Jr), Carsten Hayes (Rudy Armbretch), Tom Vaughan-Lawlor (Steve Cook), Saïd Tagmaoui (Amjad Awan), Art Malik (Akbar Bilgrami), Simón Andreu (Gonzalo Mora Sr), Ashley Bannerman (Laura Sherman).{/xtypo_rounded3}

    Que un policía acabe sobrepasando la línea roja que supuestamente debería proteger (para ser creíble en su papel), o que un narcotraficante también tiene sentimientos y acabe tocándote el corazoncito y que al policía infiltrado le duela dar el paso definitivo y entregarle a las autoridades (que, por otro lado, era su trabajo), es algo que ocurre más a menudo de lo que nos imaginamos.

    Pues de eso va esta cinta, basada en hechos reales y dirigida por un Brad Furman que toma prestado de aquí y de allí, entregándonos un conjunto heterogéneo, donde se quieren tratar muchos temas que orbitan alrededor de la trama principal (la del policía que se infiltra en una organización dedicada al narcotráfico, cuya cabeza -que solo aparece aquí fugazmente, en un único plano- es ni más ni menos que Pablo Escobar, cuya vida centra la trama de la serie Narcos y la próxima película de León de Aranoa, entre otras muchas, y que concluiría con una de las mayores redadas de la historia), pero que no llega a profundizar en ninguna de ellas.

    Furman quiere ser un poco Martin Scorsese y un poco Brian de Palma, pero no llega a lograrlo. Sí, es cierto, Infiltrado se ve y se disfruta, te resulta creíble en todos sus aspectos (el familiar, el económico, el policial…), pero sobre todo porque Bryan Cranston está magnífico (y Jason Isaacs, y Benjamin Bratt, y Olympia Dukakis…), pero, en realidad, no te ofrece nada que no hayas visto ya antes. Muchos clichés, pocos recursos novedosos, y soluciones conocidas a temas ya tratados. Por ello, la cinta se olvida pronto.

  • El creador detrás del creador

    Película el Editor de LibrosEl EDITOR DE LIBROS

    Hay ocasiones en las que uno puede sentir un gran interés por una película por su reparto (Colin Firth, Jude Law, Nicole Kidman, Laura Linney, Guy Pearce… suelen ser sinónimos de buenas interpretaciones), o por lo que se cuenta (en este caso, tratando el mundo de la creación literaria, que también me toca de cerca). Aunque muchas veces, por uno u otro motivo, las expectativas no se ven cumplidas. Este es uno de esos casos.

    {xtypo_rounded3}Reino Unido-Estados Unidos, 2016 (104′)
    Título original: Genius.
    Dirección: Michael Grandage.
    Producción: James Bierman, Michael Grandage, John Logan.
    Guión: John Logan, basado en el libro de A. Scott Berg.
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Adam Cork.
    Montaje: Chris Dickens.
    Intérpretes: Colin Firth (Max Perkins), Jude Law (Thomas Wolfe), Nicole Kidman (Aline Bernstein), Laura Linney (Louise Perkins), Guy Pearce (F. Scott Fitzgerald), Vanessa Kirby (Zelda Fitzgerald), Gillian Hanna (Julia Wolfe), Angela Ashton (Bertha Perkins), Eve Bracken (Zippy Perkins).{/xtypo_rounded3}

    El editor de libros (título absurdo que cambia el foco del protagonismo presente en el original) supone el debut en el cine del director teatral Michael Grandage, que, como otras tantas ocasiones en las que directores teatrales británicos han pasado al cine, se dejan influenciar demasiado por su medio de cabecera, por los clichés y elementos mil veces utilizados en el cine británico de este tipo.

    Se nos cuenta aquí la historia de Max Perkins, editor de las grandes obras de autores como F. Scott Fitzgerald o Hemingway, y de cómo llegó a sus manos el ingente manuscrito de la primera obra de Thomas Wolfe, rechazado por el resto de editoriales. Él fue el único en ver el talento detrás de aquella obra inmensa. A pesar de los diferentes caracteres, de las muy diversas personalidades, ahí comenzó una amistad entre ambos que perduraría hasta el final.

    La cinta está construida a base de clichés y lugares comunes. A pesar de estar basada en hechos reales, los personajes mostrados, las situaciones recreadas, se han visto mil veces. No hay sorpresas. El tono tan estrictamente académico utilizado lastra una historia que debería ser fascinante, la de pulir una obra para mejorarla, la de saber quitar la paja sobrante para sacar la joya oculta, la relación entre dos personas tan opuestas. En el terreno interpretativo, un Colin Firth que no se quita el sombrero hasta los último diez segundos de película sobresale con una interpretación que se asemeja a otros papeles anteriores suyos; en el lado opuesto, Jude Law, pasado de rosca, histriónico y exagerado hasta la extenuación.

    Es tan pulcra, tan clásica, tan académica, que llega a resultar aburrida.

  • Una joya milimétrica

    Película La DoncellaDespués de su paréntesis en Estados Unidos, con la fantástica Stoker, el surcoreano Park Chan-wook ha regresado a su país para filmar y firmar la que puede ser la mejor película de su carrera. Y eso teniendo en cuenta que en ella están la trilogía de la venganza (con Oldboy a la cabeza), Thirst, o Soy un cyborg. Esta La doncella, presentada en Cannes y que también pasó por Sitges, la supera a todas ellas.

    {xtypo_rounded4}Corea del Sur, 2016. (144′)
    Título original: Ah-ga-ssi.
    Dirección: Park Chan-wook.
    Producción: Syd Lim, Park Chan-wook.
    Guión: Chung Seo-kyung, Park Chan-wook, basado en la novela de Sarah Waters.
    Fotografía: Chung-hoon Chung.
    Música: Yeong-wook Jo.
    Montaje: Jae-bum Kim, Sang-beom Kim.
    Intérpretes: Min-hee Kim (Hideko), Tae-ri Kim (Sook-hee), Jung-woo Ha (Conde Fujiwara), Jin-woong Jo (Tío Kouzuki), Hae-suk Kim (Srta. Sasaki), So-ri Moon (Tía de Sook-hee).{/xtypo_rounded4}

    La trama se sitúa en la Corea colonizada por Japón de la década de 1930. Una joven ladrona de los suburbios es contratada por un seductor estafador que se hace pasar por conde para conquistar a una joven rica que vive encerrada en una impresionante mansión. El plan es que la impostora pase a ser la doncella, pero con lo que no cuenta es con que acabará enamorándose de la heredera.

    Park Chan-wook acostumbra a crear películas de gran potencia visual, con imágenes que están construidas para sorprender por su belleza, con planos medidos al milímetro (en esto los asiáticos son verdaderos maestros). Y esta no es una excepción. Los decorados (en este caso una mansión espectacular mezcla de estilo británico y japonés) pueden considerarse un personaje en sí mismo. Sobre todo esa biblioteca ‘secreta’ donde la historia ofrece sus giros más bruscos.

    Y es que la trama muestra tres historias, de duración desigual, con los diferentes puntos de vista de los personajes (doncella, dama, estafador-conde). No se repite la misma historia (solo algunos detalles), pero sí que se cambia el punto desde el que se cuenta. Ello complementa la trama, las posibles lagunas que han ido quedando por el camino, hasta hacerla comprensible en su integridad. Pero lo interesante es que por el camino, con cada giro, cambia el sentido de lo que nos están contando, la historia troca y nos demuestra que nada era como creíamos, dejándonos con las patas colgando y la boca abierta. Y es que cada personaje tiene una estrategia que no es la que parece en un primer momento. Las alianzas se suceden y se descubren con cada giro haciendo que esta cinta sea una continua sorpresa.

    No es tan sangrienta como otras obras del director, no esperen nada por el estilo, aunque alguna escena dolorosa sí que tiene. Tiene un inmenso encanto visual, un sentido del humor con un tono muy negro, una precisión milimétrica necesaria para el puzzle que es, en el que todos los detalles (algunos imperceptibles en un primer momento y que no se ven hasta que no se muestran ostensiblemente), y que ejerce una fascinación indescriptible, más allá de las cacareadas escenas lésbicas de las que muchos hablan.

  • La Belleza que duele

    Película The Neon DemonTHE NEON DEMON

    Por tercera vez consecutiva, el danés Nicolas Winding Refn estrenaba su película en Cannes, donde recibió elogios y aplausos por Drive, cierta indiferencia con Solo Dios perdona, y abucheos e insultos con esta The Neon Demon, que también reclutó un (reducido) grupo de incondicionales. Y es que es cierto que el estilo personal de Refn se va perfilando y depurando cada vez más, decantándose por un cine de sensaciones, que haga al espectador revolverse en la butaca, ya sea alucinado o asqueado. Misión cumplida.

    {xtypo_rounded4}Francia-Dinamarca-Estados Unidos, 2016 (118′)
    Título original: The Neon Demon.
    Dirección: Nicolas Winding Refn.
    Producción: Lene Børglum, Sidonie Dumas, Vincent Maraval.
    Guión: Nicolas Winding Refn, Mary Laws, Polly Stenham.
    Fotografía: Natasha Braier.
    Música: Cliff Martinez.
    Montaje: Matthew Newman.
    Intérpretes: Elle Fanning (Jesse), Karl Glusman (Dean), Jena Malone (Ruby), Bella Heathcote (Gigi), Abbey Lee (Sarah), Desmond Harrington (Jack). {/xtypo_rounded4}

    Podemos explicarla como una perturbadora y tenebrosa versión del clásico Blancanieves, en la que la joven y hermosa Jesse llega a Los Ángeles con la esperanza de hacerse modelo y que acabará devorada por una profesión fría, preocupada únicamente por las apariencias. Su virginal belleza provocará un rápido ascenso, pero los deseos que inspirará en unos serán tan fuertes como los odios que desatará en las compañeras de profesión que la ven como una intrusa.

    The Neon Demon es una cinta llena de simbolismo, tanto en lo que se cuenta como en lo que se ve. Algunas muy evidentes, otras menos. Aunque sitúa su historia en ese mercado de la carne que es el mundo de la moda de Los Ángeles, es fácil ver el paralelismo con el mundo del cine de Hollywood. Un mundo (ambos) donde la obsesión por la belleza es lo que impera: “la belleza no es la única cosa importante, la belleza lo es todo”, dice uno de los personajes; una de las modelos se jacta de tener cientos de operaciones en su cuerpo, tantas que su médico la llama ‘la mujer biónica’… Pero también simbolismo en el uso de la paleta de colores, que va evolucionando junto a su protagonista, y cambia de los puros azules iniciales, a los rojos, y a los dorados cuando ella empieza a tomar el control. Y también mensajes ‘ocultos’, como las referencias a sectas ocultistas que hacen cultos de sangre y ceremonias iniciáticas. Simbolismos y mitos, como el de Narciso, con seres embelesados de sus reflejos, tanto que hasta se besan a sí mismos.

    En este sentido, es destacable la abundante presencia de espejos y reflejos, mostrando el mundo de apariencias, de ilusiones en las que viven los protagonistas. Reflejos difusos, o incluso fraccionados, partidos en mil pedazos cuando las expectativas no se cumplen.

    Película arriesgada, cine abstracto, que va más allá de la historia, a las entrañas. Vemos la trayectoria de la protagonista, así como sus fantasías oníricas y sus turbias pesadillas, sus miedos y sus deseos. Con ello, Refn hace un cine que o te entusiasma o te espanta. La trama, en definitiva, es lo de menos. Esto es una experiencia sensorial.

  • Rowling amplía su universo

    Película Animales FantásticosANIMALES FANTÁSTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS

    Para seguir exprimiendo la vaca del éxito de Harry Potter, J.K Rowling se ha embarcado en toda una serie de libros que complementan el universo del niño mago (se esperan, al menos, otras cinco películas), y que demuestran la vastedad del universo que tiene en su cabeza la escritora. Para empezar, esta Animales fantásticos y dónde encontrarlos, uno de los libros que estudiaban Potter y sus compañeros en Hogwarts, y que escribió uno de sus antiguos alumnos, Newt Scamander, que es el protagonista de la historia.

    {xtypo_rounded3}Reino Unido-Estados Unidos, 2016 (133′)
    Título original: Fantastic beasts and where to find them.
    Dirección: David Yates.
    Producción: David Heyman, Steve Kloves, J.K. Rowlng, Lionel Wigram.
    Guión: J.K. Rowling. . 
    Fotografía: Philipe Rousselot.
    Música: James Newton Howard.
    Montaje: Mark Day.
    Intérpretes: Eddie Redmayne (Newt Scamander), Katherine Waterston (Tina), Dan Fogler (Kowalski), Alison Sudol (Queenie), Colin Farrel (Graves), Ezra Miller (Credence), Samantha Morton (Mary Lou), Faith Wood-Blagrove (Modesty), Carmen Ejogo (Seraphina Picquery), Ron Perlman (Gnarlack), Jon Voigt (Shaw Senior), Jenn Murray (Chastity), Zoe Kravitz (Lestrange), Josh Cowdery (Senador Shaw). {/xtypo_rounded3}

    Scamander llega a Nueva York con una maleta que esconde todo un mundo de criaturas fantásticas, con la idea de liberar a una de ellas en su ‘hogar’, el desierto de Arizona, en una época en la que acontecimientos misteriosos están teniendo lugar en la ciudad. En un descuido, un nomaj (nombre americano de los muggles) libera a alguna de ellas. Scamander se verá obligado a perseguirlas para volver a capturarlas, y tendrá la ayuda de dos hermanas magas.

    El aspecto visual de la Nueva York representada (aunque se haya rodado a este lado del Atlántico) recuerda a la Érase una vez en América de Leone, aunque el tono por momentos se cerque más a la comedia. A medio camino entre Jumanji, o los Men in black, los protagonistas persiguen criaturas que prefieren estar ocultas, para cazarlas con un aparatejo (Pokemon Go!), provocando algunas situaciones hilarantes con un despliegue visual de alto calibre.

    Este divertimento con efectos especiales encierra también, y he aquí la parte seria e interesante de la historia, cómo se muestra la situación social del momento, con el auge del capitalismo, la xenofobia y el miedo al otro que acabarían desembocando en la caza de brujas del maccarthismo, los males que provoca cuando se mezcla el poder político con el control mediático… Pero esto se muestra con brochazos muy gordos y queda muy desdibujado.
    Aunque la historia es visualmente magnífica y tiene una trama que atrae la atención con facilidad, el personaje protagonista no tiene la misma fuerza. Eddie Redmayne queda eclipsado por sus compañeros y es el personaje de Jakob Kowalski (Dan Fogler) el que verdaderamente tiene importancia (una película para él y Alison Sudol, Queenie, ya, por favor). A parte de que se echa en falta un malo de consistencia, que aquí apenas aparece, ya al final y sin que podamos sentir su maligna presencia en ningún momento.

  • Marvel se supera a sí misma

    Película Doctor Stranger

    Catorce películas lleva ya la Marvel Studios, convirtiendo en cine los comics de la compañía. Y si bien hasta ahora la norma era llevar a la pantalla los pesos pesados de la marca, ahora se ha optado por uno de los llamados personajes menores, que, no obstante, ha resultado ser una auténtica bomba de relojería, una sorpresa absoluta, una de las mejores de todas las que, hasta ahora, ha realizado la compañía.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (115′).
    Dirección: Scott Derrickson.
    Producción: Kevin Feige.
    Guión: John Spaihts, Scott Derrickson, C. Robert Cargill, basado en los comics de Steve Ditko.
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Michael Giacchino.
    Montaje: Sabrina Plisco, Wyatt Smith.
    Intérpretes: Benedict Cumberbatch (Dr. Stephen Strange), Chiwetwl Ejiofor (Mordo), Rachel McAdams (Christine Palmer), Benedict Wong (Wong), Mads Mikkelsen (Kaecilius), Tilda Swinton (La anciana), Michael Stuhlbarg (Dr.NicodemusWest), Benjamin Bratt (Jonathan Pangborn).{/xtypo_rounded3}

    El doctor Stephen Strange es un reputadísimo neurocirujano con un ego desmedido que sufre un accidente de coche que le deja sin poder mover apenas las manos, su mejor instrumento de trabajo. A pesar de que intenta curarse con todas las alternativas al alcance de su mano, nada da resultado.

    Entonces busca refugio en un lugar impensable para un hombre de ciencias como él: una comunidad aislada en Katmandú que no es solo un centro de recuperación, donde descubre que trabajan con las artes místicas, viajando entre diferentes universos, y defendiendo al planeta de las fuerzas oscuras.

    A pesar de que la estructura de la historia es común a otros tantos filmes de Marvel, hay en esta Doctor Strange unas mayores dosis de atrevimiento, de locura. Y un despliegue visual que supera a las más barrocas de las barrocas, y aún más humor del que estamos acostumbrados. Lo que hace del conjunto una historia altamente disfrutable. La película que ha compuesto Derrickson, con sus mundos paralelos, sus realidades que se curvan y se amoldan y se doblan en el espacio y en el tiempo, sus momentos surrealistas y casi alucinógenos, hacen que recordemos a la Origen de Nolan, a la que supera en muchos momentos.

    A ello ayuda el hecho de que la cinta no se tome a sí misma demasiado en serio (muchos momentos hilarantes así lo constatan), y también un reparto magnífico, encabezado por un Benedict Cumberbatch en permanente estado de gracia.

  • La vida de los otros

    Película La chica del trenLA CHICA DEL TREN

    Basada en una exitosa novela de hace apenas dos años (el que se hayan dado tantísima prisa en realizar la película da que pensar, y no positivo precisamente), que debo reconocer que no he leído, llega esta historia, de intenciones profundamente feministas, pero en la que, en el fondo, las mujeres no quedan muy bien paradas.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos, 2016 (112′)
    Título original: The girl on the train.
    Dirección: Tate Donovan.
    Producción: Jared LeBoff, Marc Platt.
    Guión: Erin Cressida Wilson, basado en la novela de Paula Hawkins.
    Fotografía: Charlotte Bruus Christensen.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Andrew Buckland, Michael McCusker.
    Intérpretes: Emily Blunt (Rachel), Haley Bennett (Megan), Rebecca Ferguson (Anna), Justin Theroux (Tom), Luke Evans (Scott), Edgar Ramírez (Dr. Kamal Abdic), Laura Prepon (Cathy), Allison Janney (Detective Riley), Darren Goldstein (El hombre del traje), Lisa Kudrow (Martha).{/xtypo_rounded3}

    Rachel está devastada por su divorcio. Con el rumbo y la cabeza perdidas, entregada al alcohol, se dedica cada día a fantasear con una pareja aparentemente perfecta a la que ve desde el tren en el camino a su trabajo. Una mañana ve algo que la descoloca y que puede derrumbar ese mundo de fantasía que ella misma se ha montado y de golpe se ve inmersa en un misterio que ella misma saca a la luz.

    La primera parte de la película se ve lastrada por una estructura enrevesada, en la que se mezclan tres puntos de vista y en la que se viaja en el tiempo atrás y adelante casi sin ton ni son, lo que alarga la trama y la resolución de una intriga que no es tal, ya que la historia es totalmente previsible. Aunque lo cierto es que el interés del director, que nos tiene acostumbrados a mostrarnos buenos personajes femeninos, más que inmiscuirnos en una trama criminal, es realizar retratos psicológicos de personajes como estos, con miedos y obsesiones. El problema es que no se logra del todo: los personajes masculinos están desdibujados, son lineales; y los tres principales femeninos son tres mujeres que apenas trabajan, que engañan a sus maridos, que espían a los vecinos, que se emborrachan, que se obsesionan…

    Thriller ramplón, con un buen reparto (Emily Blunt está más que notable), la historia mejora notablemente cuando de la crisis personal de la protagonista se reorienta a la investigación sobre la chica desaparecida, aunque su previsibilidad le resta fuerza.

  • Barullo dantesco

    Película InfernoINFERNO

    Siete años después de la segunda entrega fílmica (que estaba basada en la primera literaria) sobre las aventuras (o quizás mejor, investigaciones) del experto en simbología Robert Langdon, Ron Howard y Tom Hanks han decidido que era hora de entregarnos la tercera parte de la saga basada, esta vez, en la cuarta novela que sobre el personaje escribió Dan Brown. ¿Y era necesario? Digámoslo claro y sin rodeos. No, no lo era.

    {xtypo_rounded3}Estados Unidos-Japón-Turquía-Hingría, 2016 (121′)
    Título original: Inferno.
    Dirección: Ron Howard.
    Producción: Brian Grazer, Ron Howard.
    Guión: David Koepp, basado en la novela de Dan Brown.
    Fotografía: Salvatore Totino.
    Música: Hans Zimmer.
    Montaje: Tom Elkins, Daniel P. Hanley.
    Intérpretes: Tom Hanks (Robert Langdon), Felicity Jones (Dra. Sienna Brooks), Sidse Babett Knudsen (Dra. Elizabeth Sinskey), Ben Foster (Bertrand Zobrist), Omar Sy (Christof Bruder), Irrfan Khan (Harry Sims, ‘El Provoste’),Ana Ularu (Vayentha).{/xtypo_rounded3}

    Lo mejor de esta cinta es, sin duda, sus escenas turísticas, esas imágenes que nos muestran ciudades tan hermosas como Florencia, Venecia y Estambul. Para el resto, Howard ha rodado con el piloto automático conectado, sin pensar en lo que está haciendo. Ello da como resultado una historia de desarrollo torpe, deslavazada, incoherente en su argumento y en su planteamiento visual, previsible en algunos momentos, confusa en otros muchos, que avanza a tirones, y en la que ni director ni protagonista creen en lo que están haciendo.

    De hecho, Tom Hanks no resulta creíble en la piel de este personaje. Nunca lo ha sido. Sus compañeras (Felicity Jones y Sidse Babett Knudsen) se lo comen en todas y cada una de las escenas de la película.

    Robert Langdon despierta en un hospital, malherido y sin recordar nada de las últimas cuarenta horas. Cuando allí mismo intentan asesinarle, huirá con la doctora Sienna Brooks, con la que recorrerá Europa siguiendo la obra de Dante, con la intención de desbaratar la trama de un multimillonario que pretende crear una plaga que acabe con la mitad de la población humana.

    La película es tramposa, está repleta de giros (muchos de ellos previsible) que lo único que hacen es llevar al espectador engañado por el camino erróneo. Pero lo hace de modo confuso, demasiado embarullado. Tanto que la historia tiene lagunas que se resuelven de modo precipitado aunque, en ocasiones, sin sentido.

     

  • El poder de contar historias

    Película Un mostruo viene a vermeUN MONSTRUO VIENE A VERME

    Bayona cierra a lo grande su trilogía sobre la muerte y la maternidad, después de El orfanato y Lo imposible. Cierra también (al menos temporalmente) su trabajo en el cine español, antes de trasladarse definitivamente a Hollywood, donde ya tiene previsto rodar la secuela de Jurassic Park.

    {xtypo_rounded3}España- Estados Unidos, 2016 (108′).
    Título original: A monster calls.
    Director: Juan Antonio Bayona.
    Producción: Belén Atienza.
    Música: Fernando Velázquez.
    Fotografía: Óscar Faura.
    Montaje: Jaume Marti, Bernat Vilaplana.
    Intérpretes: Lewis MacDouwall (Conor), Sigourney Weaver (Abuela), Felicity Jones (Madre), Toby Kebell (Padre), Ben Moor (Sr. Clark), James Melville (Harry), Oliver Steer (Sully), Dominic Boyle (Anton), Geraldine Chaplin (Directora), Liam Neeson (El monstruo).{/xtypo_rounded3}

    En esta fantástica Un monstruo viene a verme, el director catalán, que (como siempre) cuenta con un guion ajeno, continúa puliendo su estilo. Si en su primera película aún se notaba algún trazo grueso en la narración, en la puesta en escena, a pesar de que la calidad que se advertía era más que evidente, en esta ocasión todo fluye con facilidad.

    Conor es un niño de doce años que se ve obligado a hacerse cargo de su casa ante la grave enfermedad de su madre, a la que ve cómo se apaga lentamente, y se ve obligado a luchar contra la ausencia de su padre, contra el acoso de los compañeros del colegio, que le agreden día sí, día también, y contra su autoritaria abuela, que pretende que se vaya a vivir con ella. En esa situación, se le presenta un monstruo con forma de árbol, quien le ayudará a enfrentarse a sus fobias y miedos, a través de tres historias que le va contando cada noche.

    Bayona bordea el peligro. Una historia con un personaje al que no le ocurren más que desgracias corre el riesgo de que no resulte creíble y de que provoque el efecto contrario. Pero no ocurre así. En parte a la magnífica banda sonora de Fernando Velázquez, en parte a las interpretaciones de Sigourney Weaver, Felicity Jones y el sorprendente Lewis MacDougal (otro actor infantil a sumar a la lista de niños descubiertos por Bayona), pero sobre todo al talento del director para contar historias como estas, en las que parece que va a haber una sobredosis de melodrama que quedan contrarrestadas con un soberbio trabajo visual. En este caso unas maravillosas historias dentro de la historia (las que cuenta el monstruo-árbol), con una fisicidad de acuarela, y que cuentan mucho más de lo que parece en un primer momento.

    Y he aquí el asunto, la importancia de contar historias para curar el alma, la fuerza de la ficción para ayudar a evolucionar, a sanar la mente tras los golpes más dolorosos. Ahí, Bayona ha dado en el clavo.

  • El poder de contar historias

    Película Un mostruo viene a vermeUN MONSTRUO VIENE A VERME

    Bayona cierra a lo grande su trilogía sobre la muerte y la maternidad, después de El orfanato y Lo imposible. Cierra también (al menos temporalmente) su trabajo en el cine español, antes de trasladarse definitivamente a Hollywood, donde ya tiene previsto rodar la secuela de Jurassic Park.

    {xtypo_rounded3}España- Estados Unidos, 2016 (108′).
    Título original: A monster calls.
    Director: Juan Antonio Bayona.
    Producción: Belén Atienza.
    Música: Fernando Velázquez.
    Fotografía: Óscar Faura.
    Montaje: Jaume Marti, Bernat Vilaplana.
    Intérpretes: Lewis MacDouwall (Conor), Sigourney Weaver (Abuela), Felicity Jones (Madre), Toby Kebell (Padre), Ben Moor (Sr. Clark), James Melville (Harry), Oliver Steer (Sully), Dominic Boyle (Anton), Geraldine Chaplin (Directora), Liam Neeson (El monstruo).{/xtypo_rounded3}

    En esta fantástica Un monstruo viene a verme, el director catalán, que (como siempre) cuenta con un guion ajeno, continúa puliendo su estilo. Si en su primera película aún se notaba algún trazo grueso en la narración, en la puesta en escena, a pesar de que la calidad que se advertía era más que evidente, en esta ocasión todo fluye con facilidad.

    Conor es un niño de doce años que se ve obligado a hacerse cargo de su casa ante la grave enfermedad de su madre, a la que ve cómo se apaga lentamente, y se ve obligado a luchar contra la ausencia de su padre, contra el acoso de los compañeros del colegio, que le agreden día sí, día también, y contra su autoritaria abuela, que pretende que se vaya a vivir con ella. En esa situación, se le presenta un monstruo con forma de árbol, quien le ayudará a enfrentarse a sus fobias y miedos, a través de tres historias que le va contando cada noche.

    Bayona bordea el peligro. Una historia con un personaje al que no le ocurren más que desgracias corre el riesgo de que no resulte creíble y de que provoque el efecto contrario. Pero no ocurre así. En parte a la magnífica banda sonora de Fernando Velázquez, en parte a las interpretaciones de Sigourney Weaver, Felicity Jones y el sorprendente Lewis MacDougal (otro actor infantil a sumar a la lista de niños descubiertos por Bayona), pero sobre todo al talento del director para contar historias como estas, en las que parece que va a haber una sobredosis de melodrama que quedan contrarrestadas con un soberbio trabajo visual. En este caso unas maravillosas historias dentro de la historia (las que cuenta el monstruo-árbol), con una fisicidad de acuarela, y que cuentan mucho más de lo que parece en un primer momento.

    Y he aquí el asunto, la importancia de contar historias para curar el alma, la fuerza de la ficción para ayudar a evolucionar, a sanar la mente tras los golpes más dolorosos. Ahí, Bayona ha dado en el clavo.