Categoría: El evangelio del domingo

  • La buena noticia

    (Lucas 2,1-14) Cientos de ángeles prorrumpieron en cantos de alabanza y de paz cuando uno de ellos, sencillamente, dijo: «Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». ¿Por qué es tan buena la noticia de que Dios mismo se ha hecho niño?

    Con el afán de modernidad y progresismo hay quien ha hecho belenes sin nacimiento. «Paisajes invernales» los llamaba, para evitar las palabras Belén, Nacimiento, Navidad o Jesucristo. Cuando uno lo veía se le quedaba la amarga sensación de que lo más importante se nos había hurtado. Porque lo más importante de un Nacimiento no es la habilidad de quien lo hace, sino el cariño que despierta y con el que se mira. ¿Por qué es tan grande que Dios se haya hecho niño, niño de familia pobre, niño de familia desvalida y emigrada?

    Tantas respuestas necesita esta pregunta que hasta miedo da plantearla. Quizás la mejor respuesta es la que cada uno nos demos en este momento de nuestra vida. El misterio del Nacimiento es tan desbordante y tan cercano que en cada Navidad y en cada persona ilumina de una manera distinta. El Dios a quien los cielos no podían contener, una mujer lo concibió en su vientre, lo acunó en su regazo y le dio a mamar de sus pechos… Nada extraño ni sorprendente había en aquel niño, y, sin embargo, Dios acogía toda nuestra realidad humana, y la llevaba a una ultimidad desconcertante. ¿Daría igual que todo fuera un mero engaño? (…) Quizás la pregunta esté mal hecha, os la hago de nuevo: ¿Para quién es importante que Dios nazca hecho niño?

     

  • La llave de la Esperanza

    (Mateo 1,18-24) Un vagabundo se encontró un día una hermosa casa. En la fachada principal de la casa se leía en un cartel grande: «Seré de quien consiga encontrar la llave de mi puerta». Miles de llaves se veían esparcidas por todos los rincones. Y en la puerta un discreto letrero dibujaba hermosamente la palabra «Esperanza». Lleno de admiración por su propia suerte, el vagabundo se puso a buscar la llave de la puerta. Pero, había tantas… En una se leía esfuerzo, en otra trabajo; en las de más allá dinero, poder, prestigio; había llaves que tenían dibujado a un dios con barbas blancas, otra a un demonio con rostro perverso… ¿Cuál escoger?

    La madre de Antonio preguntó: «¿Hay alguna con la palabra «renuncia»?». Otras personas más estudiadas se sorprendieron: «¿Por qué preguntas eso? Quien tiene esperanza no renuncia a nada».  Ella, casi pidiendo perdón con la mirada, dijo: «Sólo el que es capaz de renunciar a lo que espera puede acoger lo inesperado. Hay veces que estamos tan ocupados en realizar lo que queremos que lo más hermoso pasa a nuestro lado sin que lo veamos. Para el que ha renunciado, hasta lo que tiene por derecho le parece un regalo inmenso. Para el que ha renunciado, toda la vida es un hermoso regalo por el que dar las gracias. Sólo el que renuncia de corazón a la seguridad en lo que tiene puede acoger el amor inagotable que nos anunció Jesucristo. ¿No renunció él a todo, y, por eso, lo más grande le fue dado?».

    El vagabundo cogió la llave de la renuncia y se dirigió hacia la puerta; pero antes miró por la ventana. Lo primero que se veía era el Belén iluminado con cuatro velas sorprendidas.

     

  • Inocencia en la mirada

    (Mateo) Mira lo bueno y lo hermoso como si fuera la primera vez que lo haces. Los ojos son la puerta del alma; y, si miras las cosas con la ingenuidad de la primera vez, no dejarás nunca de admirarte por tanta bondad como te rodea.

    Estamos muy «entrenados» en descubrir lo negativo de los demás, y en lo que nosotros recaemos una y otra vez. También estamos muy concienciados del compromiso que como cristianos tenemos que vivir, aunque no lo vivamos. Pero, la capacidad de mirar una y otra vez la hermosura y la bondad que están a nuestro lado, la tenemos un poco adormecida. Y así cuando queremos vivir como cristianos nos sale el gesto serio de quien sabe mucho, pero saborea poco.

    Cada noche guarda unos minutos para ti mismo, para estar con Dios. Quizás tengas que arrepentirte de algo, quizás tengas que pedir fuerzas para continuar tus tareas.Pero no te olvides de repasar lentamente lo hermoso y lo bueno que has visto y sentido. ¿Qué no has visto nada bueno? (…) No lo digas, que ofendiendo a las criaturas, ofendes a quien las creó. Desde el amanecer hasta la noche ¡cuánto de bueno acontece a tu alrededor que has dejado de disfrutar sólo porque es cotidiano! Comienza esta noche y verás como poco a poco el ojo para contemplar lo bueno se espabila y tu vida va sosteniéndose en una continua acción de gracias.

    Juan, el bautista, incluso en la cárcel como estaba, escucha un hermoso mensaje: los cojos andan, los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia.

     

  • Desesperanza

    (Mateo 3,1-12) La fe es como una fábrica de sueños; la desesperanza es una pesadilla. Viene enmascarada de realismo y de lucidez, pero es ciega, torpe y destructiva. ¡Qué maduro e inteligente parece el que ve todas las dificultades a cualquier proyecto sin atreverse a proponer nunca nada!

    El camino de la desesperanza puede tener muchos comienzos, pero siempre acaba en el mismo sitio, en el «no»: no puedo, no es posible, no lo intentes; en el «no vivas que yo ya me conformo con enmascarar mi vaciedad».

    Uno de los comienzos preferidos de la desesperanza es el orgullo. En cuanto se descuida, el que cree se cree superior a los demás y autosuficiente para vivir, se encuentra con su propia realidad que es, como la de todos, insignificante, pobre y débil. Derribada nuestra torre de naipes nos parece que ya nada tiene sentido.
    Otro de sus comienzos preferidos es echarle la culpa a los otros de alguna de las desgracias de nuestra vida, y no dejar de darle vueltas a su torpeza o maldad.

    Siempre alguien podría ser de otra manera, hacer otra cosa, tratarnos de forma distinta. Una vez que hemos puesto nuestra felicidad en manos de quien no puede devolvérnosla, no nos queda sino murmurar amargamente de los demás y de nuestra mala suerte.

    La única fuente de Esperanza es saberse querido y elegido, acogido y perdonado, incondicionalmente amado. Quizás tú seas de los que hoy se dejan soñar… por el amor.

     

  • Tiempo de Esperanza

    (Mateo 24,37-44) ¿Qué esperanza mantener cuando la rutina de la vida nos arrastra? ¿Cómo tener esperanza cuando el peso de nuestra mediocridad una vez y otra nos impide avanzar? ¿Qué esperanza tener que no sea humo que el tiempo disipa sin dejar rastro?

    Y esperar ¿qué?: ¿Un poco más de dinero? ¿Qué los que nos rodean nos traigan alguna dificultad menos? ¿Vivir con un poco más de serenidad los problemas, que siempre vamos a tener?… ¿Qué es lo que podemos esperar?

    Nuestro corazón no se conforma con ninguna de esas expectativas pequeñas, necesarias si quieres, que llamamos esperanzas. Nuestro corazón de personas sólo se conforma con la plenitud de la entrega. No descansarás hasta entregarte por entero, hasta  acoger a quien se entrega por ti.

    La esperanza que necesita nuestra alma se escribe siempre con las mayúsculas de nuestro anhelo más hondo y con las minúsculas de nuestro caminar cotidiano. Sólo es viejo el corazón que ha dejado de esperar. Sólo es viejo quien desesperó de entregarse y de acoger a quien se le entrega. No importan tus pecados, no importan tus limitaciones, no importa que te equivoques una y mil veces. Lo que cuenta es que tu corazón se mueva a latidos de entrega. Latidos que siempre serán gestos concretos de amor y generosidad, gestos de fe, solidaridad y ternura. Gestos que abren nuestra vida a lo que intuimos sin conocer.

    La pregunta no es qué esperamos, sino en Quién esperamos.

  • Tres madres

    (Lucas 23,35-43) EN EL MONTE  hubo tres cruces, la de Jesús y la de otros dos hombres que asesinaron con él, uno a su derecha y otro a su izquierda. En el monte calvario habría también tres madres a los pies de la cruz de sus hijos, María y esas dos mujeres anónimas de la que nadie nos ha hablado.

    El amor maduro y verdadero tiene la capacidad de apreciar lo que otros no ven, de querer gratuitamente, de reconocer las limitaciones de la persona querida sin juzgar, sin echar en cara.

    Aquellas tres madres bajaron consoladas del monte de la tortura y de la muerte por la actitud de Jesucristo. María, mejor que cualquiera de los discípulos, supo apreciar, tras las lágrimas y las quejas contenidas, cómo su hijo al entregar la vida actuaba como juez de vivos y difuntos. No pudo tener mayor consuelo que ver a Jesucristo, en el suplicio, entero y fiel a sí mismo, fiel a su Padre, consciente de que su vida entregada lo erigía en juez y abogado defensor de toda la humanidad.

    La madre de Dimas, así llama la tradición al buen ladrón, bajó del monte con el consuelo de que aquel hombre había llamado a su hijo, en verdad descarriado y en verdad delincuente, “compañero”. “Hoy entrarás a compartir el pan bendito del reino, conmigo”, le había dicho.

    La madre del otro ejecutado no quería que nadie llamara a su hijo pervertido, ni ladrón, ni asesino, ni corrupto, ni embustero… Era su mal genio y su mal pronto que lo traicionaban… También bajo sabiendo que el Nazareno acogería la bondad que ella reconocía en su hijo, sólo con que éste mirara a aquel Hombre.

  • Revolución desde la base

    (Lucas 21,5-9) Sed revolucionarios y no le temáis a los poderes de este mundo que intentan siempre que pongáis a su servicio, primero, vuestro tiempo, después vuestro dinero, y, por último, vuestra alma y vuestros sentimientos.

    Sed revolucionarios y negaos a que vuestro horizonte sean parejas esporádicas que enmascaran vuestra soledad. Buscad el amor con la «A» mayúscula de la entrega, y con la «a» minúscula de la debilidad.

    Sed revolucionarios y acoged en vuestro corazón y en lo cotidiano de vuestra vida al pobre, al débil, al que a otros estorba. Siempre será fuente de alegría, de aventura, de generosidad. Que el inmigrante, que el toxicómano, que todo el que soporta la mirada desconfiada de muchos, encuentre en vuestros ojos una mirada amiga.

    Sed revolucionarios y no os avergoncéis, en ningún momento, ante nadie, de la fe que os da vida. Rezad, aunque os vean; hablad de la persona de Jesús, si creéis que los demás lo necesitan; no os conforméis con los pecados de la Iglesia, aunque algunos quieran apedrearla por ellos, y otros simplemente negarlos ciegamente.

    Sed revolucionarios, y mirad cómo este mundo nuestro puede ir acogiendo el mundo nuevo que Jesucristo abrió con su muerte y resurrección. Tanto ha de cambiar este mundo, a veces, tan inhumano…, y nunca el mundo cambió sólo. Hoy nos toca a nosotros.

     

  • Revolución desde la base

    (Lucas 21,5-9) Sed revolucionarios y no le temáis a los poderes de este mundo que intentan siempre que pongáis a su servicio, primero, vuestro tiempo, después vuestro dinero, y, por último, vuestra alma y vuestros sentimientos.

    Sed revolucionarios y negaos a que vuestro horizonte sean parejas esporádicas que enmascaran vuestra soledad. Buscad el amor con la «A» mayúscula de la entrega, y con la «a» minúscula de la debilidad.

    Sed revolucionarios y acoged en vuestro corazón y en lo cotidiano de vuestra vida al pobre, al débil, al que a otros estorba. Siempre será fuente de alegría, de aventura, de generosidad. Que el inmigrante, que el toxicómano, que todo el que soporta la mirada desconfiada de muchos, encuentre en vuestros ojos una mirada amiga.

    Sed revolucionarios y no os avergoncéis, en ningún momento, ante nadie, de la fe que os da vida. Rezad, aunque os vean; hablad de la persona de Jesús, si creéis que los demás lo necesitan; no os conforméis con los pecados de la Iglesia, aunque algunos quieran apedrearla por ellos, y otros simplemente negarlos ciegamente.

    Sed revolucionarios, y mirad cómo este mundo nuestro puede ir acogiendo el mundo nuevo que Jesucristo abrió con su muerte y resurrección. Tanto ha de cambiar este mundo, a veces, tan inhumano…, y nunca el mundo cambió sólo. Hoy nos toca a nosotros.

     

  • ¿Es el cristianismo una religión?

    “Pero si no tienes que renegar de ese dios en quien crees… Si no es eso lo que yo pretendo. A mí no me molesta que seáis religiosos. Es más, estoy dispuesto a construiros templos magníficos para que podáis ofrecer incienso y dones a ese dios, y así aplaquéis su ira y ganéis sus favores…»

    «Lo único que quiero es que mi palabra y mi voluntad sean lo primero y lo último… Yo nunca me meteré en vuestros dogmas, ni en vuestros ritos. Es más, me gusta que llevéis vestiduras antiguas, entiendo que no queráis pasar por uno de tantos; hasta me parece bien que conservéis tradiciones ancestrales… No me estorban las religiones que saben estar en su sitio. Pero no os atreváis a poner en duda mi poder, ni a criticar mis decisiones. Si es así, caerá sobre vosotros la calumnia, la ignominia, la cárcel, la tortura y la muerte.»

    «Si no mezcláis lo sagrado y lo profano no tendremos problemas. Vosotros rezad y haced sacrificios. Pero el trato a los inmigrantes, a los niños en el vientre de su madre, la formación de los jóvenes, la causa de tanto paro, los beneficios de los grandes consorcios no merecen vuestra religiosa mirada. Dedicadle a dios todo el tiempo que queráis, pero la vida cotidiana es cosa mía. Siendo así nunca tendréis problemas…»

    Muchas veces estaremos tentados de reducir la fe sólo a religión; pero la fe siempre nos llama a vivir acogiendo y entregando Vida, en lo cotidiano de nuestra existencia. Porque Dios es Dios de Vida.

     

  • ¿Es el cristianismo una religión?

    “Pero si no tienes que renegar de ese dios en quien crees… Si no es eso lo que yo pretendo. A mí no me molesta que seáis religiosos. Es más, estoy dispuesto a construiros templos magníficos para que podáis ofrecer incienso y dones a ese dios, y así aplaquéis su ira y ganéis sus favores…»

    «Lo único que quiero es que mi palabra y mi voluntad sean lo primero y lo último… Yo nunca me meteré en vuestros dogmas, ni en vuestros ritos. Es más, me gusta que llevéis vestiduras antiguas, entiendo que no queráis pasar por uno de tantos; hasta me parece bien que conservéis tradiciones ancestrales… No me estorban las religiones que saben estar en su sitio. Pero no os atreváis a poner en duda mi poder, ni a criticar mis decisiones. Si es así, caerá sobre vosotros la calumnia, la ignominia, la cárcel, la tortura y la muerte.»

    «Si no mezcláis lo sagrado y lo profano no tendremos problemas. Vosotros rezad y haced sacrificios. Pero el trato a los inmigrantes, a los niños en el vientre de su madre, la formación de los jóvenes, la causa de tanto paro, los beneficios de los grandes consorcios no merecen vuestra religiosa mirada. Dedicadle a dios todo el tiempo que queráis, pero la vida cotidiana es cosa mía. Siendo así nunca tendréis problemas…»

    Muchas veces estaremos tentados de reducir la fe sólo a religión; pero la fe siempre nos llama a vivir acogiendo y entregando Vida, en lo cotidiano de nuestra existencia. Porque Dios es Dios de Vida.