Categoría: El evangelio del domingo

  • Del esplendor en la hierba

    Lucas 9, 28-36

    EL RECUERDO de la plenitud vivida a veces nos llena de melancolía; pero cuando vivimos con el corazón pacificado y siendo fieles a lo que nuestro corazón nos pide, en vez de en sentimiento agridulce por la felicidad que no vuelve, ese recuerdo se convierte en fogata hogareña en nuestro interior.

    Nada nos devolverá los días
    del esplendor sobre la hierba,
    pero nos recordaremos
    y fortaleza hallaremos
    en lo que de ello nos queda.

    Para el creyente, el recuerdo del bien alienta nuestra esperanza para seguir con fortaleza acogiendo la gracia siempre nueva, siempre luminosa de Jesucristo. Pedro, Juan y Santiago -así lo recuerda el propio Pedro- contemplaron a Jesús algo así como transfigurado en lo alto de un monte cuando se los llevó a unos días de oración. Él no pudo olvidar nunca la experiencia. Y después de la pasión y muerte, cuando la esperanza parecía perdida y la gracia de Dios venía en la noche, aquel recuerdo le hizo anhelar lo imposible.

    Así también nosotros debemos recordar -pasar por el corazón- las experiencias que nos han hecho ser lo que somos, que pueden seguir iluminando nuestra vida. Cuando las olvidamos, nos perdemos. No olvides la amistad confidente y fiel de la adolescencia; ni el amor tierno y apasionado de los primeros momentos con tu pareja; no olvides tampoco aquellos momentos en los que Jesús te hizo ver su luz en tus oscuridades, y te hizo valiente para construir su Reino.

  • En los detalles

    Mateo 6, 1-18

    HAY UN REFRÁN anglosajón que dice que el demonio está en los detalles. Y viene a referirse a que son las pequeñas cosas que, a primera vista, nos parecen anecdóticas, las que hace funcionar mal, o bien, cualquier actividad humana. Los mediterráneos somos más comprensivos y campechanos, no nos preocupan tanto las cosas pequeñas… y al final puede que terminemos sin preocuparnos de nada.

    Un matrimonio se comienza a estropear por los pequeños detalles; pequeños detalles de desconsideración, de frialdad, de desafección, incluso de desprecio. Un buen médico es el que sabe valorar el síntoma del paciente al que otros no dieron importancia. Un buen padre está atento a su hijo, con esa atención que busca la distancia justa, para que pueda desarrollarse con seguridad en sí mismo y contando con su paternal aprobación. Hablar en el momento justo, callar cuando se debe, preguntar lo que es necesario, decir siempre lo que construye… No es fácil ser persona.

    Es más fácil ser creyente.

    Ante Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, siempre nos sentimos acogidos y en paz. Ante Él podemos desahogar nuestro corazón, y reconocer sin ambages nuestros errores. Es el garante de nuestra libertad, aunque con ella lo alejemos. Él nos desnuda con su mirada materna, y nos invita a que nos zambullamos en el agua de la gratitud y la fraternidad. Ser creyente es fácil. Esta cuaresma déjate alcanzar por la voz de quien te quiere más humano. Haz silencio y prueba.

  • Guías ciegos

    Lucas 6, 39-45

    ALGUNA DE LAS parábolas de Jesús roza con el humor negro: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? La propia escena nos invita a imaginarla protagonizada por alguna conocida pareja cómica sacándole punta.

    Los padres respecto a sus hijos, los maestros respecto a sus alumnos, los sacerdotes respecto a su comunidad, los políticos respecto a los ciudadanos, los mayores respecto a los más jóvenes… muchos pueden tener el deber o la vocación de ser guías de otros; muchas pueden ser las «cegueras» que nos lleven a caer al hoyo, y hacer caer a los demás.

    Hay padres que miran más el móvil que a sus propios hijos… Hay profesores que en vez de mirar por el bien de sus alumnos se dejan manipular por la ideología de lo políticamente correcto, por el miedo a no ser moderno, por hablar y opinar de lo que no saben… Hay sacerdotes que miramos más el número de feligreses que las alegrías o los pesares que reflejan sus rostros… Hay políticos cuyas miras solo están puestas en subir en el escalafón o en decir una frase redonda para las redes… Algunas veces los mayores hemos perdido el centro y vivimos una adolescencia tardía que no puede ser ejemplo de nada hasta caer en lo ridículo… No sé si estaré hoy un poco negativo, pero la pequeña parábola de Jesús parece de bastante actualidad.

    Al momento, el Señor nos da un remedio para la ceguera. Es una invitación a darnos cuenta de nuestros errores, de nuestras limitaciones, de nuestros pecados, para poder, así, guiar en algo a los demás. Aunque, de nuevo lo dice con bastante humor.

  • Lo terreno y lo espiritual

    Lucas 6, 27-28

    Belleza llamamos a la espiritualidad de la Naturaleza. Tan terreno es un guijarro como una orquídea; tan natural una lombriz como la garza real que se la come. La belleza es una de las huellas de Dios en la creación, y a Él nos acercan la hermosura de los atardeceres y la ternura de los mamíferos cuidando a sus crías.

    Con las personas ocurre igual. Tan humano es odiar como perdonar; ser compasivo, como duro de corazón. Pero sólo cuando el hombre se levanta sobre sí mismo y mirando a Dios se deja formar por Él, comienza a ser verdadera imagen de su Creador. La cumbre de esa semejanza es el perdón y al amor al enemigo; de ello nos dio prueba Jesús en su pasión, ante Judas y ante los que lo estaban crucificando. Por eso puede decirnos: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian».

    El odio nos iguala al enemigo que odiamos, y nos denigra. Pero una fuerza terrenal casi invencible nos impulsa a ello. Odiamos a quien nos hizo daño, más que por el daño que nos hizo, porque sentimos que nos humilló y se mofó de nosotros; y somos nosotros quien le damos ese poder. Odiamos a quien nos dañó y cerramos cualquier posibilidad para que reconozca su error y cambie su actitud. Guardamos un rencor que nos envenena, sin importarnos que muramos matando.

    Por el contrario, la comprensión, el perdón, la sonrisa, la dignidad de mantenernos en el bien aunque el mal nos rodee, nos levanta sobre nosotros mismos, hace de nosotros personas espirituales, nos hace vivir la hermosura de lo humano.

  • Lógicas humanas

    Lucas 5, 1-11

    QUIEN ENTIENDE DE pesca sabe que cuando el día clarea, y los peces ven la luz del alba, éstos huyen hacia profundidades a las que las redes no alcanzan; si además se ha estado toda la noche pescando y no se ha recogido nada, y se va uno con la barca a lo más profundo del lago, encontrar un banco de peces no es que sea improbable, directamente es imposible. Pero fiados en la palabra de Jesús, al clarear el día, después de toda la noche bregando y bogando con la barca a mar adentro, Pedro echa las redes al mar, y recogieron tantos peces grandes que la barca casi se hundía.

    ¿Qué pueden hacer doce jóvenes siguiendo a un profeta que anuncia el inmenso amor de Dios y la proximidad de su Reino? ¿Alguien podrá creer que podrán transformar la historia?

    Definitivamente, no pretendas nada que tu lógica humana no vea con nitidez. El fracaso será seguro… O, quizás, sea seguro el fracaso de tu vida si no acoges la llamada de Dios que te invita a una entrega sin condiciones a su voluntad en tu vida.

    La llamada de Jesucristo no fue sólo para los doce apóstoles, es para toda persona que al acercarse a él quiera escucharlo. Es una llamada a tenerlo como referencia absoluta en la vida; no sólo a su proyecto o a sus valores, a

    Él como Camino, Verdad y Vida. En ese seguimiento llegarán proyectos de ayuda a los demás, y valores para vivir más humanamente, y búsqueda de un mundo más justo y de vida digna para todos, pero siempre siguiéndolo.

    ¿Quieres seguir la lógica humana en tu vida, o la cuerda insensatez de seguir al Nazareno?

  • Con-Versación

    Lucas 4, 14-21

    NECESITAMOS LAS palabras como los animales necesitan su instinto para vivir. Sin las palabras nuestra vida se convierte en densa niebla en la que no podemos caminar.

    Aunque la publicidad quiera engañarnos y deslumbrarnos con imágenes sugerentes y atractivas, aunque haya quienes digan que la vida de la persona no tiene otro horizonte que el de cualquier otro ser vivo, es la palabra la que nos hizo personas, hombres y mujeres que caminan y dialogan, que buscan, contemplan y comparten, que viven, en el sentido humano de la palabra.

    Hay palabras que nos constituyen: «te quiero», «eres mi hijo», «me entrego a ti». Hay palabras que nos fuerzan a avanzar: «¿qué te parece?», ¿quieres venir con nosotros?». Hay palabras que te purifican, o te destruyen: «No», «fuera», «te desprecio». Hay también palabras que son órdenes, mandatos; como los mandatos de la Ley de Dios, como el mandamiento del amor.

    Estas palabras que mandan sólo las aceptamos de quien sabemos que nos quiere y contempla nuestra vida más acá de lo que recordamos, más allá de lo que vemos. De buena gana, sólo aceptamos mandatos de nuestros padres, cuando somos pequeños, y de Dios. Porque sus palabras proceden del amor y de la voluntad unívoca que busca nuestro bien.

    La Biblia, la Palabra de Dios, nos ayuda a encontrarnos con el sentido pleno y verdadero de nuestra vida. Dios hecho Palabra, Jesucristo, sale al encuentro de nuestra vida y nuestra historia para dialogar sobre el sentido de nuestra vida.

    No rechaces su buena conversación, es Palabra de vida.

  • Alegría en la fragilidad

    Juan 2,13-25

    LAS PARROQUIAS son, muchas veces, lugares donde se recoge y se expresa toda la fragilidad de las personas: oraciones suplicantes y emocionadas ante una imagen del Señor o de la Virgen; silencio humilde y contemplativo ante el Sagrario; padres y madres, a veces cansados, que se acercan con sus niños; ancianas que encuentran en el Templo su segunda casa; familias pobres que vienen a paliar sus carencias y sus necesidades; inmigrantes recién llegados que todavía no han encontrado su lugar en nuestro pueblo; arrepentimiento sincero de quien busca el perdón que necesita en el sacramento; jóvenes en los que palpita la ilusión por cambiar el mundo; el servicio pobre y humilde de muchos que quieren construir la familia de todos…

    Las parroquias son lugares donde, cotidianamente, se transforma nuestra fragilidad en impulso hacia el servicio, la esperanza y la alegría. Sólo hay una condición para que esto sea así, aquello que dijo María: «haced lo que Él os diga».

    En las parroquias no es extraño que el más sencillo se sienta protagonista y partícipe; que quien no cuenta en otros lugares, aquí se sepa elegido, valorado; que quien llega desolado y vacío acoja el consuelo que necesita para seguir luchando. Ojalá cada persona que nos acercamos a nuestras parroquias sintamos que nos ponen un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor. Que ya no nos llaman «Abandonados», ni a nuestro pueblo «Devastado»; sino que nos llaman «Elegidos»; y que cada uno escuchemos que se nos dice: «el Señor te prefiere a ti».

    Esto es el Señor quien lo hace, sólo nos pide nuestra fragilidad.

  • Feliz Solsticio

    Mateo 2,1-12

    No ME DEJA de sorprender que desde posturas políticas en principio críticas con el sistema económico y social establecido – más de izquierdas, por decirlo llanamente-, se tengan reticencias en recordar el fundamento histórico, o si se quiere mítico-narrativo, de las tradiciones navideñas. Tener como centro de la cultura a una familia de migrantes forzados, primero, y de refugiados que huyen de la violencia asesina de un gobernante cruel, después, creo que es una riqueza de nuestra cultura católico-latina que no se debe desaprovechar.

    Los cristianos pensamos que Dios pasa por nuestra historia hecho niño pobre, de una familia desahuciada en Belén, y refugiado después en Egipto por motivos de persecución política. La tradición les dio a los magos de oriente que buscaban a un rey insigne y eminente, unos buscadores de la verdad y de la utopía, incluso la categoría de reyes. Con lo cual tenemos desde hace siglos a reyes de diversas las razas arrodillados ante el poder de la debilidad y la pobreza, que genera compasión y solidaridad.

    Sinceramente no sé qué gaita tocan quienes vacían la fiesta de la ternura y la solidaridad y la hacen fiesta de felicitaciones vacías, consumismo y regalos.

    Pero quizás cierta responsabilidad la tenemos nosotros, los creyentes; que en vez de ser los primeros en ir todos los días en busca de quien necesita solidaridad y justicia, en vez de buscar la manera de sortear el control de los gobiernos injustos para ayudarlos, nos hemos dejado robar la Navidad arrastrados por la corriente de superficialidad y consumo. Dios nace pobre, ¿dónde pretendemos ir a buscarlo?

  • Se para el mundo

    Lucas 1,39-45

    ¡HAY QUE VER, María! Tú viniste de tan lejos para ayudarme en el embarazo de mi Juanito, y cuando te toca a ti, estando tan cerca de mi casa, yo ni me entero.

    -Tú ya sabes cómo es esto, cuando viene, viene, y no espera a nada. Ya me hubiera gustado poder llegar a tu casa y que hubieras sido la primera en ver a Jesús. Los designios de Dios no los entendemos, pero seguro que tiene su porqué esto de que mi hijo naciera en un pesebre; y un porqué grande.

    -¡Qué hermoso es ser madre! Antes de serlo una ni se lo imagina. Los padres también viven algo parecido. Pero las mujeres no sólo hemos tenido esa vida en nuestro interior, la hemos gestado, ha tomado carne de nuestra sangre; la hemos sentido crecer, moverse, comenzar a vivir…

    -Es verdad, todo en la maternidad es hermoso, a pesar de lo difícil del parto y lo que viene después; pero lo que más disfruto yo es cuando, como ahora, mama de mis pechos. Ser alimento de tu propio hijo; sentir cómo algo tan pequeñito te busca con ansia y se queda tranquilo al poco de empezar a comer; mirarlo, así, desde arriba muy cerca de tu corazón… Al dar el pecho a mi niño el mundo se para, no hay otra cosa más que él. Es como si Dios hubiese querido que naciéramos débiles y desamparados para que otra persona tuviese la alegría de poder entregársenos y cuidarnos. El mundo es un misterio de amor que vamos descubriendo a cada paso de nuestra vida.

    -Bueno, venga; en cuanto acaben estos tragoncetes de mamar os venís con Zacarías y conmigo a la casa; a José ya se lo he dicho.

  • Seré como tú

    (Lucas 3,10-18)

    –VEN MARCOS. Siéntate un momento que quiero hablar contigo.

    ¿He hecho algo malo Maestro? Si es por la pelea con el hijo de Matías, la culpa la tuvo él; siempre está molestándome con tonterías de niño

    No te preocupes, yo ya sé que tú tienes 13 años y que vas haciéndote mayor. Por eso quiero preguntarte algunas cosas y saber qué piensas. Hace unos meses te conocí en el Jordán, con tu tío y otros de Cafarnaúm, estabais allí escuchando al profeta Juan. ¿Qué te pareció entonces Juan el Bautista?

    Cuando lo escuchaba me dejaba encandilado, aunque con un poco de miedo; sobre todo cuando decía cosas que yo no comprendía sobre el fuego que vendrá y acabará con todo. Su valentía para denunciar las injusticias de los romanos y los ricachones de los saduceos me ponía los pelos de punta. Pero no me asustaba; más bien me emocionaba. Miraba el rostro de mi padre y de los otros, asintiendo con la cabeza, casi sin pestañear, escuchando aquella voz de trueno… me emocionaba.

    Y de mí, ¿qué piensas?

    Tú eres distinto, Jesús. A ti te gusta jugar con los niños y tratas a todos con respeto y suavidad. Cuando hay que decir verdades, las dices; pero siempre mirando a los ojos y sin gritar. Me encanta cómo explicas las Escrituras, y cuando curas a un enfermo me dan ganas de bailar y cantar. Cuando me abrazas me siento como con mi padre y tus parábolas me dejan siempre cavilando, y… Cuando sea grande yo quiero ser como tú.