Categoría: El evangelio del domingo

  • Átame con tu cabello

    “Átame con tu cabello a la esquina de tu cama, y si el cabello se rompe, haré ver que estoy atada”, dice una canción actual recogiendo una antigua metáfora popular de la libre entrega de los enamorados que con lazos de amor, aparentemente frágiles, se prometen fidelidad eterna de amor. Esta misma metáfora es usada por San Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual mostrándonos cómo Dios mismo queda preso por un cabello del alma creyente. Ese cabello que apresa al Todopoderoso y que lo ata a nosotros es la oración hecha con fe.

    Dios, porque es amor y no quiere otra cosa que amar, queda preso de la oración que con fe se le dirige. Una oración que es remanso de paz cuando nos dejamos envolver por el amor del Padre, pero que es, también, lucha y combate cuando miramos a nuestro egoísmo y al pecado que hace sufrir a los pobres.

    La oración que brota de la fe cristiana siente a todas las personas como hijos de Dios, como hermanos; y es, por eso, una oración compasiva, reivindicativa, comprometida con todo el que sufre. El creyente pide al Padre, por él mismo y por los suyos, pero expande su corazón al sufrimiento de todas las personas.

    El evangelio de este domingo nos pone como ejemplo de oración la demanda persistente y angustiada de una viuda que pide por el pan y el futuro de sus hijos. Aun a sabiendas de que el juez era injusto y sin misericordia presenta su demanda con persistencia. Si nuestra oración es así y reclama justicia para nuestros hermanos más pobres será una oración cristiana. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la Tierra?

    cuestión de fe
  • Actitud de fe

    Actitud de fe

    (Lucas 17, 5-10) UN FUEGO QUE refresca en las horas de estío; un viento que impulsa sin saber a dónde nos lleva; un caminar sobre cimiento firme aunque todo vaya cayendo. Fuente de alegría callada, serena, que te hace ser afable y bondadoso. Regalo que se desgrana cada día de tu vida. Tarea que te ocupa y te descansa desde el amanecer hasta el fin del día. Puerta del amor y la esperanza. Vivir seguro sin seguridades; saber ver lo que otros no alcanzan; acallar los deseos confiando en Quien nos llama. Esto es la fe.

    “Si tuviéramos fe aunque fuera como un grano de mostaza”, toda nuestra vida cambiaría: afianzados siempre en una atalaya inexpugnable nos podríamos hacer vulnerables a todo dolor ajeno; con mansedumbre y humildad nos enfrentaríamos a los orgullosos que violentan y humillan a los pobres; con lágrimas en los ojos podríamos consolar a quien sufre y se siente desfondado. La fe te da una mirada nueva ante el mundo, una mirada de indignación ante la injusticia, de dolor ante los pobres; una mirada que genera paz y que es semilla de justicia.

    Los profetas tuvieron esa fe y se expusieron a la persecución teniendo su corazón puesto en la transparencia de la luz que viene de lo alto; por su fe supieron anunciar un mundo nuevo, la ciudad de Dios. Los sencillos viven alegres en esa misma fe.

    ¡Cuánta fe nos falta a nosotros, cristianos adormecidos y amodorrados, entumecidos de mediocridad y fríos en nuestra relación con el Padre! Señor Jesús, auméntanos la fe, que se nos escapa la vida sin que la estemos viviendo; auméntanos la fe.

    el casino del hambre
  • Sobre el otro mundo

    ( Lucas 16,19-31) HAY CRISTIANOS a quienes les resulta incómoda la dimensión profética de la fe. Uno puede hablar en la homilía de la misa sobre las virtudes personales que deben acompañar a la vida cristiana, o sobre la experiencia íntima de la fe, o sobre la prudencia a la que nos invita el evangelio…, y su rostro siempre es de escucha atenta y de aprobación. Pero si se habla de la injusticia estructural de nuestro mundo, del cambio que están reclamando con sus sufrimientos los pobres, de la opresión y el latrocinio de los poderosos… su rostro se encoge, el entrecejo se les frunce y comienzan a pensar que para escuchar sobre política no vienen a la Iglesia.

    Otros por el contrario se encuentran muy a gusto cuando se critica el poder y la injusticia de los más ricos; sus posturas políticas se ven alentadas y se sienten reconocidos en sus ideas y convicciones. Pero dejan de prestar atención cuando se habla de la dimensión trascendente de la fe, sobre la vida eterna, sobre la llamada a una Vida plena que Dios Padre hace a todos sus hijos después de esta vida. Les parece que hablar de la otra vida es dejar de prestar atención a la historia presente.

    Las dos dimensiones de la fe son necesarias, e incluso, podríamos decir, solidarias una con otra. Porque la gloria de Dios es que sus hijos tengan vida, que los pobres puedan vivir con dignidad verdadera, quien ve el sufrimiento de los pobres y escucha la voz de Dios no puede sino acoger el compromiso profético de la fe; y quien ve el sufrimiento extremo de los pobres y tiene en su corazón el amor de Dios, no puede sino confiar en que la bondad de Dios les regala la Vida que aquí se les negó tan injustamente.

  • El Casino del hambre

    El Casino del hambre

    (Lucas 16,1-13) VIVIMOS EN UN mundo en el que la actividad económica no se rige por la lógica de las necesidades de las personas, sino por la lógica de la especulación. El artífice de la economía no es el productor, ni el consumidor, sino el que especula con los productos.

    El peso de la economía no está ya en el mercado de abastos, o la tienda de ordenadores donde compras; el peso de la economía está en el mercado bursátil, donde se llega a especular hasta con las cosechas destinadas a la población de muchos países. Se negocia con el hambre de los pobres. Este mercado bursátil es como un juego de apuestas, en el que si compras el valor que se encarece ganas mucho dinero… Si lo que se encarece es el precio del trigo, ganas dinero tú con el hambre de otros.

    La complejidad del mundo que vivimos sólo es aparente, porque las preguntas decisivas siguen siendo las mismas: ¿tienen las personas posibilidades de una alimentación y un entorno sano, y una vivienda digna?, ¿tienen los jóvenes acceso a su desarrollo personal y a un trabajo que les permita crear su propia familia?, ¿tienen las personas más débiles o desprotegidas acceso a la salud y a ayudas sociales adecuadas?

    Vivimos en un mundo que tiene capacidad de producción de los bienes de consumo para satisfacer las necesidades de la población mundial. Que haya cientos de millones de personas viviendo en pobreza extrema y con hambre nos revela la profunda injusticia que lo está corroyendo. Cada uno tiene que decidir si pone su energía, su creatividad y su tiempo del lado del dinero asesino o del Dios de la vida. No podrás servir a Dios y al dinero; piensa qué estás haciendo en realidad.

  • Campo a través

    Lucas 15,1-32

    NO, NO ERA senderismo, era ir campo a través; por los sembrados, por los olivares, orientándonos por la intuición de que tras la loma que remontábamos íbamos a encontrar un camino, o que al culminarla veríamos la torre de la iglesia… Más de una regañina nos ganamos por llegar tarde, sucios y con las piernas arañadas de los matojos que no pudimos, o no quisimos, esquivar: era tiempo de aventura; aventura con pantalones cortos, que es la que más se saborea.

    El buen pastor que -sin atender a matemáticas-deja 99 ovejas en el desierto para ir en busca de la que se le había perdido, no iba campo a través. Subiendo lomas, bajando cerros, sorteando setos, cruzando cauces secos de correntías, mirando y mirando, aguzando el oído, hasta encontrar la que había perdido.

    Páramos de superficialidad y tedio cobarde; valles de frondosos arbustos, todos con frutas ácidas, las de la pornografía, las del consumismo, las de la televisión basura o carroñera; desfiladeros de adicciones químicas o telemáticas que anulan la voluntad; roquedales de egoísmo y xenofobia, de intolerancia y rechazo al diferente; zarzas de sentimientos obsesivos en las que dar un paso significa enredarte más y herirte con la desesperación por liberarte; pozos profundos en los que te metieron el desprecio y la injusticia de los demás, hipotecas abusivas, salario de explotación…. Estos son los pasos del buen pastor que te busca.

    No sólo en el Sagrario o en la Biblia puedes encontrar al Señor, siguiendo los pasos del Buen Pastor, acercándote a tu hermano que sufre.

  • Publicidad para realistas

    Lucas 14,25-33

    ESTAMOS ACOSTUMBRADOS a que la publicidad de cualquier cosa nos la venda más grande, más tecnológica, con más virtudes de las que de verdad tiene. Sin que sea «publicidad engañosa», se exageran los aspectos buenos silenciando los puntos débiles del producto publicitado. Aquello del 99.99 euros, para no pasar la barrera psicológica de los 100, es un clásico. Por muy lúcidos que nos creamos, siguen engañándonos como a niños.

    Pero una cosa es no caer en la publicidad engañosa, y otra bien distinta es poner las exigencias más radicales de tu propuesta sin ambages, sin disimulos, con crudeza realista que llama a sorpresa: «quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser discípulo mío»; «quien no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío»; «quien no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y sus hijos, no puede ser discípulo mío»…

    Jesucristo no quiere engañarnos; él sabe, y quiere que comprendamos, las limitaciones de nuestro corazón y nuestra voluntad; que somos frágiles, nuestros razonamientos inseguros y nuestra voluntad voluble; que sólo teniéndolo a él como guía y maestro podemos vivir la plenitud de la vocación a la que somos llamados, la plenitud del amor. Jesucristo no quiere edulcorarte los aspectos duros y difíciles de nuestro mundo. Te afronta para que afrontes con madurez lo que de verdad quieres.

    «¿Quieres vivir la autenticidad de ser persona?, ¿quieres vivir con realismo y humildad tus debilidades; y aspirar con dignidad a vivir con justicia y solidaridad? (…) Sígueme, poniendo en mí tu confianza, toda tu confianza; no te defraudaré.»

  • La medida del tiempo

    (Lucas 10, 38-42) VIVIMOS APRESURADOS sin darnos cuenta que para que una fruta esté en su sazón el árbol necesita de los días de lluvia y de frío, y de los días de sol y de calor. Tan engreídos y ensimismados en nuestra sociedad tecnológica y digital, nos parece que podemos inventar nuestra naturaleza, la misma vida -lo del género ya se da por supuesto-. Vivimos apresurados para perder después el tiempo en los mismos mensajes reenviados decenas de veces, viendo imágenes que solo se ven para olvidar, esperando alguna noticia verdadera cuando solo se nos ofrece la repetición seriada de lo mismo con apariencia de novedad.

    Hasta el compromiso social o cristiano lo vivimos en tensión apresurada que no nos permite mirar a los ojos al vecino. Nos pasamos el año acelerando y retenidos en atascos, llevando y trayendo a los niños en vez de estar con ellos jugando, haciendo tantas cosas que no disfrutamos ninguna con nadie.

    Llega el verano y tenemos prisa, mucha prisa, por disfrutar mucho, por descansar rápido, por experimentar todo lo que hemos visto por la televisión y el ordenador… ¿Quién puede soportar este ritmo inhumano de vida sin caer en la ansiedad o sin inducir en nuestros hijos el síndrome de una hiperactividad inducido?

    Llega un tiempo en el que por las vacaciones y el calor se nos invita a la tranquilidad y al sosiego, a la lectura pausada, al encuentro alegre y sereno con quien amamos, con Quien nos ama. Tranquilízate y vive al ritmo de las personas. Que por las prisas no dejes pasar de largo a Quien te trae aires de promesas.

  • El mundo al revés

    (Lucas 10, 1-13) BAJABA un hombre de Jerusalén a Jericó. Era un camino peligroso porque había bandas que asaltaban con violencia. Aquel hombre era un samaritano. El samaritano al ver a lo lejos algo que parecía un hombre herido se acercó, vio que estaba en lo cierto, cogió algunas cosas para curarlo, lo hizo, montó en su vehículo al herido y lo llevó al hospital más cercano.

    El recepcionista llamó enseguida a la policía, y en cuando le contó que había venido un samaritano ayudando a un hombre herido, tomó preso al samaritano, lo llevó a comisaría y allí lo acusaron de tráfico de personas; lo interrogaron sobre qué interés tenía en aquel herido y si tenía algo que ver con la venta de órganos. Aquel buen samaritano sin entender nada pasó varios días en la cárcel hasta que el Estado tuvo la seguridad de que quien quisiera ayudar a alguien herido al borde de algún camino se lo pensaría dos veces y pasaría de largo.

    Puede pareceros una lectura exagerada de la parábola del buen samaritano, pero es lo que está pasando en el Mediterráneo cuando alguien ayuda a los migrantes que naufragan y van a la deriva a una muerte segura. Eso le ha pasado a Carola Rackete, una joven alemana capitana de un barco de salvamento, que ha pasado unos días en la cárcel por hacer de buena samaritana.

    Eso le ocurre a Miguel Roldán, un bombero de Sevilla, encausado por la justicia italiana por ayudar a personas que estaban ahogándose. ¿Cómo puede entenderse este hostigamiento que parece sistemático y programado por todos los países de la UE? ¿Dónde quedó la ética ilustrada y progresista que nos caracterizaba? Quizás…: encarcelada, perseguida, criminalizada.

  • Aguas profundas

    (Juan 21,1-19) LA VERDAD de nuestra vida se juega en lo que no se ve, porque el pudor o los intereses lo ocultan, y en lo que pasa desapercibido porque la costumbre lo ha hecho transparente, invisible.

    Así ocurría con la minusvaloración de la mujer, que de habitual se hacía invisible, o con las personas con algún tipo de discapacidad; así ocurre con la condena a la marginación de los niños de barrios de exclusión, o con los adultos jóvenes que siguen sin poder iniciar su proyecto de vida por culpa del empleo precario -el precariado, que se le llama-, o con la población de los países explotados del Sagel, del África subsahariana.

    Cuando el sufrimiento de las personas se sumerge en el silencio o en el olvido se resiente toda nuestra humanidad, todos nos hacemos menos humanos y menos cristianos. La revelación bíblica nos muestra un Dios Padre de todos, que por serlo busca incansablemente a los últimos, y se hace uno de ellos, y desde ellos y con ellos inicia el camino de la liberación, y en el seno de la pobreza y la cruz hace brotar la luz de su entrega.

    “Rema mar adentro y echa las redes”, dice en el evangelio del próximo domingo el Señor a Pedro. “Si vas a pescar no te quedes en la comodidad de las aguas superficiales, rema a lo profundo y allí echa las redes de la misericordia de Dios”. Cada anciano abandonado que sienta la presencia de Dios gracias a tu cercanía, cada adulto joven que sepa que la iglesia lo comprende y comparte sus frustraciones y sus proyectos, cada inmigrante que se siente acogido e integrado en nuestra sociedad y nuestra iglesia… es “pez de aguas profundas” que Jesús te encomienda.

  • ¿Gente corriente?

    Lucas 9,51-62

    -Papa, ninguno de mis amigos cuando empiezan un viaje rezan, ¿por qué razón nosotros sí lo hacemos? ¿No somos nosotros personas normales?

    -Sí, hijo, somos personas normales, pero no gente corriente. Cuando nosotros vamos unos días a la playa, vamos como todas las personas a descansar y a pasarlo bien, pero nosotros queremos, sobre todo que crezca el amor en la familia y darle gracias a Dios por la vida que nos regala. Por eso no importa tanto dónde vamos, sino cómo vamos. Cuando veas el mar te darás cuenta; aunque lo has visto otras veces, siempre es algo nuevo, inmenso, lleno de un misterio de luz que nos deja mudos… No, no somos gente corriente. Además Dios te tiene a ti reservada una misión especial; seguro. A mí me tenía reservada la misión de ser tu padre, ¿puede haber algo más especial que eso? […]

    Iba Jesús hacia Jerusalén con sus discípulos. Iba a poner un punto y aparte en una religión de condenas y de apariencias; iba a iniciar la Pascua de la Misericordia y de la Vida. Pero los paisanos de un pueblo de Samaría pensaron que eran gente corriente, que iban a Jerusalén a sacrificar en el templo para pedir favores, y no les quisieron recibir. Ellos no eran unos peregrinos más; ellos llevaban la salvación y la vida a su lado, caminando a su paso, haciéndoles descubrir la especial misión que iban a asumir cuando les enviara el Espíritu desde el cielo. […]

    Y tú, ¿te consideras una persona corriente?, ¿no has descubierto todavía la misión especial y única que Dios te tiene encomendada?, ¿vas por la vida como quien quiere pasar sin dejar huella, sin sembrar nada, sin ser testimonio de la bondad que te hace ser? No, no puedes dejar pasar tu vida sin descubrirlo.