Categoría: El evangelio del domingo

  • Servicio humilde

    HAY QUIEN CONFUNDE la humildad con el apocamiento o con someterse fácilmente a la voluntad de otro. También puede confundirse con la timidez. Pero ninguna de estas características refleja lo que es la humildad evangélica.

    El humilde por fe es aquella persona que busca aportar lo que puede y sabe para mejorar su entorno y el mundo, sabiendo que la última palabra siempre viene de lo alto. El humilde por fe soporta contrariedades y desplantes, sin sentirse contrariado, sin desear vengarse, porque en todo momento se siente rodeado por los brazos de Jesús. El humilde por fe vive en cada momento el gozo del ahora, sin pensar qué dirán, sin hacer cálculos de beneficios. El humilde por la fe se sabe en el centro del mundo, porque todos los pobres y los sencillos son el centro del mundo para Dios.

    No te compares; no te preguntes si eres más importante que este o que aquel. No discutas graves problemas políticos y económicos, que no comprometen tu vida, que te dejan el corazón agitado y el alma helada. Acoge a los pequeños y a los pobres, acoge a quien necesite tu ayuda, porque acogiéndolo a él, nos dice Jesús, que lo acoges a él mismo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.

    Piensa, piensa; en concreto, ¿a qué persona en debilidad has acogido en estos últimos días?, ¿a quién has alegrado con tu mirada y tu servicio? No vaya a ser que las grandes palabras «fe» o «justicia» sólo sean maneras de ocultar tu orgullo egoísta.

  • Resiliente

    (Marcos 8, 27-35) DEFINE EL DICCIONARIO de la Real Academia de la Lengua Española la palabra resiliencia con dos significados, uno para la capacidad que tienen los materiales de recuperar su estado inicial cuando cesa la presión a la que son sometidos, otro para la de los seres vivos de adaptarse a una situación adversa.

    La persona resiliente no se define sólo por su capacidad de resistencia o por su capacidad de adaptación. El resiliente crece como persona en la dificultad. Crece en su empatía ante el que sufre; crece en verdadera autoestima y perdón hacia sí mismo; crece en la capacidad de reconciliación con quien le daña; mira más lejos y más alto en el sentido de su vida; ama más generosamente; se entrega con más gratuidad.

    Era fácil ser discípulo de Cristo en Galilea, sostenidos por la fuerte personalidad del Maestro, llevado en volandas por las aclamaciones del pueblo, deslumbrados por los milagros y los signos con los enfermos. Para reconocer en toda su verdad a Cristo como el Salvador tenían que verlo sufrir y morir en la cruz. Una fe sin resiliencia en la dificultad, en los momentos duros, no deja de ser sentimentalismo adolescente.

    Isaías nos da la clave de la resiliencia cristiana: «El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?»

    Como el Sol día a día va haciendo madurar la uva, abrir tu oído cada día a la Palabra te permitirá madurar y ser vino bueno.

  • Oyentes

    (Marcos 7,31-37) A VECES la capacidad para oír nos viene de experiencias que vivimos en silencio.

    Muchas predicaciones había pronunciado Jesús en Galilea; muchas parábolas habían hecho pensar y recapacitar a sus oyentes; muchas enseñanzas les había transmitido; pero en el texto del evangelio de este domingo sólo pronuncia una: «Efettá», y los oídos de aquel muchacho sordomudo se abrieron ante su suspiro y la orden que dio. Es cierto que puso en juego toda la intimidad de aquel muchacho. Le pidieron que le impusiera las manos y él se lo lleva aparte, mete uno de sus dedos en el oído del muchacho y con su propia saliva toca su lengua. Sólo una palabra pero mucha intimidad en juego. El resultado no podía ser más que aquel sordomudo comenzara a oír y a hablar, y todos proclamaban a los cuatro vientos que Jesús hacía los signos del mesías esperado.

    Muchas experiencias de frustración y soledad habría sufrido aquel muchacho en su vida; muchos desprecios de los que se consideraban «válidos» y «normales»; muchos gestos de compasión que lo pudieron consolar o hundir más aún en su propia desesperación; pero sólo fue una experiencia de encuentro con Jesucristo la que lo sacó de su sordera y su mudez, sólo fue el acoger la íntima cercanía y la fuerza vital de Jesús lo que lo salvó. Mira cara a cara las situaciones que te dejan mudo de impotencia o vergüenza y deja que en ellas Cristo se acerque a ti para que cure tu mudez y te haga capaz de expresar tu protesta, tu denuncia, tus razones, tu acción de gracias.

  • La determinación de Dios

    (Marcos 6, 7-13) EL VIEJO SACERDOTE del santuario real de Betel -estamos a la altura del siglo VIII antes de Cristo- vio peligrar su estatus funcionarial por un joven que decía al pueblo palabras dulces de oír. Sus años de complicidad con la injusticia de los reyes y los potentados le habían ganado una posición que ahora las proclamas por la justicia y la fidelidad a la alianza de Amós ponían en peligro. (más…)

  • Semilla y piedra

    (Marcos 6, 26-34) CANTA LEÓN FELIPE, en un poema sublime, a la sencillez de una piedra, de un canto rodado que se encuentra por un camino; y con ella compara su vida. «Como tú, piedra pequeña; como tú, piedra ligera; como tú. Que no sirves para ser ni piedra de un palacio, ni piedra de una lonja, ni piedra de una iglesia. Como tú, que tal vez estás hecha sólo para un honda. Como tú, piedra pequeña». (más…)

  • Las dos vidas

    (Marcos 14, 12-26)  TODA NUESTRA VIDA cristiana es un ir y venir de la misión al discipulado, de la cercanía con Cristo a la cercanía con nuestros hermanos. Es como si nuestra vida tuviera dos dimensiones inseparables: acoger en nuestra intimidad el inmenso amor que Dios nos tiene; y mostrar a nuestros hermanos-torpemente- el perdón, la solidaridad, el consuelo y la justicia que todos necesitamos. Del sagrario a la calle, de la tarea al sagrario: de la vida de sencillos discípulos, a la presencia que Cristo nos regala. (más…)

  • Grabada a fuego

    ACABA EL EVANGELIO de Mateo con el mandato misionero de Jesús a sus discípulos: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Un mandato que da razón del sentido y el porqué de la Iglesia: la misión de evangelizar, vivir como Jesús anunciando el Reino de Dios, Reino de Justicia y de Amor. (más…)

  • Fuerza de lo alto

    (Marcos 20, 19-23) LA PRINCIPAL PRUEBA de que con Jesús pasó algo absolutamente especial después de su muerte es la transformación que experimentaron sus discípulos a las pocas semanas de haberse comportado de manera, podríamos decir, humillante y cobarde. (más…)

  • La misión es el signo

    (Marcos 16, 15-20) LOS TESTIMONIOS que cuentan los misioneros, y sobre todo los que cuentan sobre ellos, son siempre interpelantes. Lo que ninguna fuerza humana hubiera podido soñar lo consiguen un grupo pequeño de personas impulsadas por la fe. Signos de solidaridad y de perdón, de valentía y de entrega; de humanidad y de presencia de Dios acompañan siempre a los misioneros. (más…)

  • Tomó la iniciativa

    ( Juan 15, 9-17) SIEMPRE NOS precede; el amor siempre toma la iniciativa en nuestra vida. Cada pareja de enamorados primerizos sigue pensando que ellos, y sólo ellos, han inventado el amor. El amor nos hace sentirnos primeros y únicos, preferidos, elegidos, escogidos; y así es, porque en el horizonte del amor cada hijo es único e importante, cada hijo es predilecto. (más…)