Etiqueta: el evangelio del domingo

  • El deseo mayor

    El deseo mayor

    Mc 1,1-8

    • EL DESEO MAYOR de un padre es que sus hijos crezcan y maduren en el amor. Más de lo que él mismo ha podido vivir. Así lo hemos intentado hacer nosotros con tu mujer, con María; y así, José, lo tenéis que hacer vosotros con lo que nazca.
    • Joaquín, tenga por seguro que así lo intentaremos. Pero en este mundo de hoy hay tantos caminos por los que desviarse. Antes que los niños aprendan a hablar y a comprender las cosas ya las pantallas les dicen las cosas que han de tener, las experiencias que han de vivir. Cuando nosotros nos criábamos, me parece que todo era más fácil.
    • Los caminos rectos nunca son fáciles de acoger, en unos tiempos y en otros. Tendrás que alejar a tu hijo del odio y de la violencia; y, sobre todo, de la tentación de usar al otro para sus caprichos y beneficios. Esas sendas son anchas, pero muchos se pierden por ellas. Tendrás que enseñarles los caminos del Señor.
    • Joaquín, lo que más me gusta de tu hija, de María, es que habla siempre del Espíritu del Señor. Y ella me explica que es el Espíritu el que dentro de nosotros nos va impulsando hacia el bien, que con el Espíritu amar y ayudar es fuente de alegría…
      -Sí, sí. María es muy, muy buena, pero también muy idealista, siempre cantando, siempre alegre. Los viejos tenemos otra mentalidad, más del orden y de la ley. Tú tendrás que custodiar esa gracia y ese don que ella tiene. Es un tesoro del que algunos pueden abusar. Tú has de ser custodio del niño y de su madre.
  • Creatividad o miedo

    Creatividad o miedo

    (Mt 25,14-30) Quien te da confianza te impulsa a vivir con creatividad y esfuerzo, recreándote en lo que haces.

    La fe tiene una fuerza grande para movilizar las energías que tenemos ociosas por miedo o por pereza, y nos hace vivir en el sentido humano de la palabra. Quien se siente amado y acogido incondicionalmente, quien sabe respetado por lo que es y por lo que hace, quien se siente enviado a la tarea de recrear el mundo, tiene el corazón tranquilo, y los pies, las manos y la cabeza siempre en movimiento. Por el contrario, cuando vivimos con miedo, nuestro corazón sufre de arritmia improductiva: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

    Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Si es el propio Espíritu del Señor quien pone en tu corazón el afán por hacer cosas nuevas, por ayudar a las personas, por llevar adelante tus proyectos… ¿a qué esa parálisis de viejo prematuro? Sigue de cerca a Jesucristo y descansa en Él.

    La vida crece y se rejuvenece con las ilusiones que nos mueven. No temas afrontar los retos de tu vida; actúa con prudencia y sé concienzudo en lo importante; no te importe echar tiempo en aquello a lo que te sientes llamado. Al final de tu vida podrás presentarte ante Él con las manos curtidas y con el corazón lleno de nombres.

  • Lucidez cristiana

    Lucidez cristiana

    (Mt 25,1-13) EN EL EVANGELIO del próximo domingo, Jesús nos propone una parábola en la que 5 muchachas precavidas y 5 descuidadas esperaban para un banquete de bodas. Como el novio tardaba mucho, todas se quedaron dormidas.

    Cuando vino el novio, las precavidas tenían aceite para que sus lámparas dieran luz; las descuidadas, por tener que ir a comprarlo, se quedaron fuera de la fiesta nupcial.

    Todos los que seguís estas pequeñas reflexiones al evangelio del domingo estáis entre las muchachas precavidas; os preocupa estar atentos a lo que la fe nos dice para acogerlo en nuestra vida. Pero no está de más recordarnos que no es el mucho saber sobre la Biblia y la fe lo que nos da la vida, sino descubrir a Jesús que viene en los acontecimientos concretos y cotidianos, descubrir a Jesús que nos va aleccionando y alentando en cada persona con la que nos cruzamos.

    Jesús está presente en los momentos sencillos de tu familia; en lo que compartes con tus amigos; en lo que ocurre en tu barrio y en el mundo. Hasta en los acontecimientos de la política (y mira que nos tienen hartos). Busca en todo ello el camino de la ternura y la sinceridad, el de la justicia y la fraternidad, el de la honradez y el bien común. Estate atento a quien siembra odio y violencia, a quien cambia la verdad según sus intereses, a quien solo se sirve a sí mismo. La fe no solo es piedad al rezar, es también lucidez cristiana al conducir nuestra vida.

  • Ministro viene de “minus”

    Ministro viene de “minus”

    LA RAÍZ etimológica de ministerio, que ya en latín significa “servicio”, tiene una connotación todavía más radical. Ministerio viene de “minus”, menor. Y, sin embargo, a veces parece que quien ejerce un ministerio se llena de dignidad y poder, y se considera por encima del resto de las personas. Y esto, tanto en el ámbito de lo civil, como en el de lo eclesiástico. Fijaos en cómo el papa Francisco denuncia, en una intervención de preparación para el Sínodo, las actitudes despóticas que podemos tener los clérigos, los ministros de la Iglesia:

    “Los miembros de la Jerarquía venimos de ese pueblo y hemos recibido la fe de ese pueblo. Cuando los ministros se exceden en su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfiguran el rostro de la Iglesia con actitudes machistas y dictatoriales. Es doloroso encontrar en algunos despachos parroquiales la “lista de precios” de los servicios sacramentales al modo de supermercado. El clericalismo es un látigo, es un azote, es una forma de mundanidad. Y el pueblo de Dios, el santo pueblo fiel de Dios sigue adelante con paciencia y humildad soportando los desprecios, maltratos, marginaciones de parte del clericalismo institucionalizado».

    El Señor nos libre de caer en esta tentación. Siempre hemos de pedir perdón por ceder ante ella. Ojalá los sacerdotes ejerciéramos nuestro ministerio como quien sirve a los hijos del mismo Dios Padre.

  • Obras son amores

    Obras son amores

    (Mt 22, 1-14) LA ESPERANZA en nuestra vida no se decide por un cálculo de posibilidades en el que nuestros deseos se ven reforzados. Si contemplamos las situaciones a las que nos enfrentamos: guerras desatadas, calentamiento climático y desertización, enajenación mediática de la conciencia personal…, en vez de llenarnos de esperanza, nos dan ganas de salir corriendo. Pero la esperanza, corazón latente de nuestra humanidad, tiene sus raíces en otro sitio, no es cálculo de posibilidades, sino respuesta al amor profundo e incondicional del Padre.

    Quien se sabe amado vive, si no en el cielo, en su antesala. Quien se sabe amado vive sin consentirse desesperar, porque la persona amada le ha regalado un mundo en el que su vida tiene sentido.

    En los evangelios, Jesús compara el Reino de Dios con una comida de fiesta con amigos a la que su Padre nos invita, a nosotros y a los más pobres y alejados. Sabiéndonos amados y acogidos, queremos colaborar con ese proyecto del Padre desde la humildad de nuestra vida, poniendo nuestras capacidades al servicio de un mundo donde haya más justicia y más amor. Porque nos sabemos amados, queremos construir un mundo más luminoso y amable, con gestos concretos que sean semilla de un mundo nuevo. Qué hermoso es que nuestra vida sea semilla de la Ciudad Nueva en la que habite Dios con nosotros.

  • Parábolas como espadas

    Parábolas como espadas

    (Mt 21, 33-43) JESÚS GUSTABA de hablar en parábolas. Así les hablaba a los campesinos de Galilea, y los invitaba a pensar y a trascender lo inmediato, y a poner su corazón en el tesoro de la fraternidad y de la confianza en el Padre. Pero también usa parábolas para hablar a los dirigentes de Jerusalén.

    Estas parábolas también son una invitación a que pensaran en su propia vida y a que se convirtieran; les plantean a los poderosos la renuncia a su egoísmo y su hipocresía, a su violencia y al desprecio con el que trataban a los sencillos; les exigen que den frutos de fe verdadera y de justicia. Pero no los dieron. Como decía el profeta Miqueas: “Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos”. Tanto fue así que lo mataron en la cruz. Eran parábolas como espadas.

    También nosotros somos interpelados por estas parábolas “fuertes” de Jesús. También nosotros somos el pueblo que está llamado a dar frutos de fe y de justicia, y no siempre los damos. En vez de fe, vivimos devociones que se ligan a nuestros deseos y sentimientos, más que a la voluntad de Dios. En vez de justicia, vivimos gestos de asistencialismo que tranquilizan nuestra conciencia, pero que no construyen un mundo más humano y fraterno.

    Una Iglesia centrada en devociones y sentimientos, que no se preocupa de los pobres, ni tiene fuerza misionera, que no predica la cruz de Cristo, sino que solo se queda con sus milagros… ¿Es la Iglesia que Dios quiere?

  • Los de toda mi vida

    Los de toda mi vida

    (Mt 21, 28-32) PRESUMIMOS DE cristianos viejos, de estar en la iglesia o en el pueblo, o en tal o cual sitio desde siempre, y nos parece que eso nos da derecho a estar y a opinar, a vivir y a ser más que los otros. Es una suerte de orgullo y de prepotencia, de marginación y de rechazo del otro que toma como excusa alguna razón superficial. Todos somos personas, todos somos hermanos, todos somos hijos de Dios.

    En tiempos de Jesús, los fariseos y los saduceos despreciaban a los pobres y a los sencillos; se consideraban superiores, con más derechos. Jesús les contrapone una frase tan sorpresiva como contundente: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.” Condenaban a los publicanos por sus actitudes políticas, de colaboración con el imperio romano; y a las prostitutas por sus comportamientos sexuales, a pesar de que sin “clientes” no habría esta clase de explotación; condenaban, pero no eran ningún ejemplo.

    Antes de condenar a nadie, antes de rechazar y de echar la culpa de todos nuestros males a un grupo de nuestra sociedad, tendríamos que preguntarnos si no seremos como el hijo mayor de la parábola, aquel que cuando el padre le dice que vaya a trabajar a la viña dijo, inmediatamente que sí, pero después no fue. No presumamos de “ser de los de siempre” y, después, ni siquiera vayamos a misa; que nos gloriemos de ser los más “españoles” sin aportar nada a nuestro país.

  • Justicia Divina

    Justicia Divina

    (Mt 20, 1-16) SE APELA a la justicia divina cuando los injustos y los violentos triunfan en esta tierra, y se enseñorean sobre los humildes y los buenos. Entonces confiamos en que llegue el día en que el Dios haga la justicia que los hombres no hemos sido capaces de hacer. Y no nos falta razón: Dios no deja impune a quien inflige sufrimientos a los pobres y a los débiles.

    Pero la justicia divina tiene otra dimensión que se muestra en una parábola de Jesús sobre los trabajadores de una finca, a los que el dueño pagó a todos un denario, aunque unos habían trabajado todo el día y otros solo unas horas; comenzando el pago por los últimos; los primeros se hicieron la ilusión de que iban a cobrar más, pero no fue así.

    En esta parábola se nos muestra que la justicia divina consiste en querer que todos, todos, tengamos trabajo y un sueldo suficiente para nuestra familia. Todo lo que no sea que las familias trabajadoras tengan lo necesario es injusto. Pero la justicia divina consiste también en que los discípulos de Jesucristo tengamos preferencia por los últimos de nuestro pueblo. Sea por enfermedad o discapacidad, sea por marginación social, sea porque su cultura es distinta, sea por una situación de debilidad en su vida…; por el motivo que sea hemos de tener predilección por los últimos. “Es injusto”, diremos alguna vez. Será injusto para los hombres, pero la justicia divina nos asegura el castigo del injusto y nos pide que, para nosotros, los últimos sean los primeros.

  • La sabiduría del perdón

    La sabiduría del perdón

    (Mt 18, 21-35) EL LIBRO del Eclesiástico es uno de los libros que la reforma de Lutero y Calvino excluyó de la Biblia. Eran libros de redacción más tardía, alrededor de 200 años antes de Jesucristo; y que en tiempos de Jesús de Nazaret y san Pablo eran considerados libros sagrados. Este es considerado por la Iglesia como Palabra de Dios desde la primera época.

    Fijaos la sabiduría, la hondura espiritual y la consonancia con el mensaje de Jesús de este texto: “Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?” (Eclo,27, 33)

    El rencor es mal consejero, y puede arruinar la vida de las personas con su acidez corrosiva. ¿Cómo podemos guardar rencor quienes somos pecadores y le hemos hecho daño a quien más queríamos, no una vez, sino muchas veces? Perdonar es un gesto de justicia y de sabiduría.

    Por eso Jesús ante la pregunta de Pedro, sobre cuántas veces hay que perdonar, responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Piensa en esa persona a quien no has perdonado todavía; reza por ella; y haz lo que puedas para vivir con paz y con perdón; no tientes a tu Señor.

  • Abrazado y al oído

    Abrazado y al oído

    (Mt 18, 15-20) UN DÍA, en la parroquia en la que estaba, presencié un hecho que me llamó la atención. Una persona le recriminó a otra que estaba haciendo algo mal; es verdad que esta persona entendía de aquel tema, pero hizo su corrección con muy poco tacto, con acritud, incluso con soberbia, como quien lo sabe todo.

    Estas dos personas no tenían una relación muy estrecha, y esa relación no era de superior a inferior; y, sin embargo, la persona a la que habían corregido escuchó lo que le decía, y sin hacer caso a los malos modos de la otra, lo aceptó y aprendió de lo que le decía. Al día siguiente yo alabé a una su humildad, y madurez; y a la otra le hice ver que sus modos y sus palabras hubieran merecido no ser escuchadas.

    Para aceptar nuestros errores y recibir las recriminaciones que nos hacen necesitamos sentirnos íntimamente acogidos. La mejor forma en la que un niño acepta sus errores es abrazándolo y hablándole al oído. Solo aceptamos de buena gana la corrección de quien nos quiere y cuando está hecha con cariño.

    Cuando experimentamos en profundidad que somos hijos de Dios y que Él nos ama incondicionalmente, nos resulta fácil reconocer nuestros límites, aceptarlos con serenidad e iniciar una y mil veces el camino de nuestra conversión. Somos discípulos, siempre seremos discípulos aprendiendo de Jesucristo, que nos habla en cada persona y en cada circunstancia… abrazándonos y al oído.