Etiqueta: el evangelio del domingo

  • La pandemia de meter cizaña

    La pandemia de meter cizaña

    (Mt 13, 24-43) LA CIZAÑA es una planta de apariencia semejante al trigo, pero cuyo fruto contiene un principio tóxico, y tiene una gran capacidad de propagación, por lo que se extiende rápidamente y es difícil de extirpar.

    Las críticas destructivas y los rumores falsos, mientras más escandalosos y dañinos, con más facilidad de que se extiendan, son formas de “meter cizaña”. Alentar los enfrentamientos de unos con otros sabiendo yo quedarme fuera de esa pelea es “meter cizaña”. Socavar la confianza de una persona en la tarea que tiene que realizar, señalarle solos sus defectos sin valorar positivamente sus virtudes es una manera de “meter cizaña”. Engañar haciendo ver que el mal tiene más peso que el bien, que no merece la pena buscar el bien común, desalentar la generosidad y la entrega…, todo esto es también “meter cizaña”.

    ¿Y qué se aprovecha para sembrar cizaña? Nuestro orgullo herido, nuestra envidia excitada, nuestras frustraciones y ansias insatisfechas, nuestra codicia, el andar comparándonos con los demás como si no fuéramos, todos, personas con dignidad e hijos de Dios. Sembramos cizaña cuando estamos amargados, y nuestra amargura es esa semilla tóxica que se contagia como un coronavirus. Ante la cizaña, solo verdad y amor –no se combate lo amargo con hiel-, comprensión con el que vive frustrado, que el amor de Dios es nuestra vacuna; y nos tendremos que poner tantas dosis como nos hagan falta, no tienen contraindicación.

  • La fuerza de la semilla

    La fuerza de la semilla

    (Mt 13, 1-23) ARQUEÓLOGOS QUE investigan las pirámides de Egipto encontraron semillas de trigo en el interior de una de sus estancias. La sequedad del ambiente había impedido que germinaran. ¿Podrían germinar esas semillas miles de años después de ser allí depositadas? Sí. La fuerza de las semillas sorprende. Son pequeñas, casi insignificantes; su aspecto es como el de un guijarro pequeño e inerte; algunas son frágiles, y con la yema de los dedos se las rompe; pero tienen vida en su interior, y cuando tienen unas mínimas condiciones germinan y reinician el ciclo de la vida.

    Las parroquias hemos de ser semilleros. Las comunidades cristianas hemos de crear un ámbito donde los niños, los jóvenes y los adultos acojamos en nuestro interior las pequeñas semillas de la fe, y con nuestra vida y palabra la vayamos esparciendo en todo momento. Cuánta fuerza reparadora tiene la semilla del perdón, y de la bondad, y de la preocupación por el más pobre; cuánta fuerza de esperanza tiene la confianza en Dios Padre, y mucho más en un Dios Crucificado por amor a nosotros; cuánta fortaleza da la conciencia de ser semilla enviada al mundo para que se inicie en todos lados el dinamismo de una vida nueva, de una alegría nueva.

    De que la semilla dará fruto no tienes que preocuparte; solo de que la semillas que atesoras dentro de ti sea de puro Evangelio: de acogida del inmenso amor del Padre, de un amor a los pobres que nos urge y nos conmueve.

  • Consagrados al Señor

    Consagrados al Señor

    (Mt 10, 37-42) LA VOCACIÓN de consagración ha sido y es una inmensa riqueza de la comunidad cristiana. Desde la tradición judía hubo personas que se consagraron a cumplir la voluntad de Dios aceptando renunciar a su familia e, incluso, a crear su propia familia, con todo lo que ello conlleva. El ministerio profético, muchas veces exigió ser asumido desde la consagración de toda la persona a la misión. Una vida itinerante, insegura, exponiéndose a la persecución, vivida en pobreza radical, como la de Jeremías, Elías o Juan el Bautista, no era compatible con tener la propia familia. La grandeza y el amor de Dios llenaba su alma.

    En nuestra iglesia sigue habiendo hombres y mujeres que acogen la llamada a consagrarse por entero a la misión y a la voluntad de Dios. A ejemplo del evangelista Juan, de san Pablo y de muchos de los primeros evangelizadores, los sacerdotes, las religiosas, hombres y mujeres llamados a la misión entre los más pobres acogen la consagración al Señor como un don. La comunidad cristiana ha de acoger su entrega al servicio como un don.

    Todo don personal es también una tarea. Por parte de la persona que se consagra para ser fiel a una vocación exigente y radical. También para la comunidad creyente es un don y una tarea. Las familias y las comunidades han de cuidar que sus jóvenes puedan abrirse a la hermosura y la grandeza de un amor de consagración que nos hace vivir más allá, incluso, de lo que somos.

  • Sobre alas de águila

    Sobre alas de águila

    “OS HE LLEVADO sobre alas de águila”, le dice el Señor a su pueblo para animarlos a afrontar el camino hacia la tierra prometida. Una imagen bellísima que hace referencia a los polluelos de águila, que cuando se inician en el vuelo, si se desequilibran y comienzan a caer, alguno de sus padres vuela debajo de ellos y con el aire del vuelo de sus alas, les dan el equilibrio y el impulso que necesitan para seguir volando; sin tocarlos –porque eso sería fatal-, sin que lo sepan, están pendientes de ellos y los siguen cuidando.

    Así el Señor nos cuida a nosotros. Nos envía con su misma misión de anunciar el evangelio a los pobres, con nuestras palabras y nuestras acciones. Pero sabe de nuestras fragilidades, de lo fácil que confundimos el bien con nuestros propios deseos, el mal con el dolor que causan nuestras propias heridas. Él también, como el águila, nos incita a volar, nos llama a poner toda nuestra energía y creatividad en ir construyendo un mundo que sea una mesa de hermanos donde se comparte el pan, a vivir en plena comunión con él. Y cuando nos desviamos, cuando perdemos el camino, sin que lo sintamos exteriormente, nos ayuda a seguir caminando en la senda que él abrió.

    “La mies es mucha y los trabajadores son pocos”, pero no te preocupes, que el que te llama a seguirlo, en lo concreto de tu vida, se hará presente y te mostrará su protección. Salta del nido y vuela, que para poder volar hemos nacido.

  • Vocación de comunión

    Vocación de comunión

    (Jn 3, 16-18) ESTEMOS HECHO, nos dice la Biblia, “a imagen y semejanza de Dios”, y por eso para descubrir quiénes somos debemos acudir a Dios, y para descubrir quién es Dios hemos de acudir a lo más auténticamente humano de nosotros. Y lo más auténticamente humano de la persona es la llamada a la comunión que percibimos en todo lo que hacemos y vivimos.

    La familia en la que crecemos está llamada a ser imagen de la comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu. Nuestro anhelo de encontrar buenos amigos con los que compartir vida, es signo de la comunión que nos hace ser. La relación de pareja es el icono más profundo de la Trinidad. En la Trinidad todos se entregan por entero, y en eso está su gozo; nadie busca lo suyo ni pretende protagonismo, el Hijo sabe que le debe la vida al Padre y este le entrega toda su vida al Hijo; ninguna de las tres personas es más que las otras y reciben la misma adoración y gloria. El Espíritu que se nos comunica es justo el Amor entre el Padre y el Hijo.

    También la Iglesia, nuestra comunidad, ha de ser imagen y signo de esta comunión trinitaria. También nuestra sociedad ha de configurarse de manera en la que todos busquemos el bien común, el bien de los más débiles y encontrar en eso nuestro gozo. El egoísmo siempre es triste y entristece. La alegría del compartir se ve colmada con la paz profunda que procede de la comunión íntima con Dios. Descubre en ti ese anhelo profundo de comunión.

  • Necesitamos tu Espíritu

    Necesitamos tu Espíritu

    (Jn 20, 19-23) SIN TU ESPÍRITU, Señor, no podemos avanzar; sin tu Espíritu nos faltan la ilusión y la fuerza, nos falta la alegría del evangelio, no podemos amar de verdad. Sin tu Espíritu nos acostumbramos a las injusticias; y acabamos por no ver el sufrimiento de nuestros hermanos. Sin tu Espíritu nos acostumbramos con nuestros pecados y todo se vuelve justificaciones de nuestros pactos con la mediocridad. Nuestro amor se vuelve tibio, nuestros pensamientos, excusas, nuestras verdades, relativas, nuestro compromiso se reduce a una frase redonda y manida en alguna red social.

    Sin tu Espíritu nuestra vida se hace vieja. Necesitamos tu Espíritu que nos lance a anunciar el Evangelio a todos nuestros hermanos, a ser testigos de tu amor y tu justicia en medio de las oscuridades de nuestro mundo.

    En España, en el año 2023 los enfermos de cáncer con fuertes sufrimientos tienen que pagarse de su bolsillo los medicamentos “de rescate” del dolor; y si no lo tienen, no hay respuestas a sus punzadas. En nuestros pueblos la mayoría de los jóvenes no pueden pagarse una vivienda donde realizar su futuro, donde caminar en familia. En nuestro país se dedica más dinero a financiar abortos que a apoyar a las familias numerosas; y se hacen cuentas sobre cuánto dinero nos ahorrará la ley de la eutanasia.

    Y los cristianos parecemos dormitar, pagados de tradiciones, conformistas con nuestra falta de energía evangélica. Necesitamos más que nunca tu Espíritu, Señor, que nos haga reaccionar.

  • Cuando callas… Evangelio de la Ascensión

    Cuando callas… Evangelio de la Ascensión

    Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
    Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. …
    Déjame que me calle con el silencio tuyo.

    EN EL SILENCIO de la persona que amamos encontramos su intimidad, su ser inaccesiblemente cercano, el misterio de su persona que no queremos desvelar porque amamos el misterio. Cuando la persona que amamos calla, y camina en silencio a nuestro lado nos hace más libres, más auténticos, más nosotros mismos. A veces, tanta palabra se convierte en palabrería, y necesitamos la música callada de su mirada, que nos contempla atareados, viviendo, creando.

    La ascensión de Jesucristo es esto mismo. Jesús asciende y nosotros contemplamos su silencio que nos descubre la inmensa grandeza de su ser. Jesús asciende y nos deja en radical autonomía, absolutamente responsables de nuestra vida, de nuestro mundo, de nuestro hermano. Jesús asciende y permite una nueva comunión con Él a toda persona, sea cual sea el lugar en el que se encuentre, el momento que esté viviendo de su historia. Jesús asciende y, por eso, lo podemos encontrar en la profundidad más cotidiana. Él, en cambio, abre el espacio de nuestra vida para que seamos nosotros mismos.

    Déjame que te hable también con tu silencio
    Claro como una lámpara, simple como un anillo.
    Eres como la noche, callada y constelada.
    Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

    La poesía es siempre más que el poeta.

  • Pronto, elecciones

    Pronto, elecciones

    (Juan 10,1-10) EL EVANGELIO de la eucaristía del próximo domingo es el texto tan hermoso del Buen Pastor. “El buen pastor conoce a sus ovejas, y ellas conocen su voz”. “El que salta y trepa no es sino un ladrón y un bandido”. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

    Todos estamos llamados a ser signos del buen pastor con las personas con las que convivimos. Especialmente los padres y los abuelos con sus hijos y nietos; los maestros, profesores y catequistas con los niños y jóvenes que tienen encomendados. También al ejercicio del ministerio sacerdotal se le llama trabajo “pastoral”. Los representantes del pueblo y, especialmente, los que gobiernan por mandato del pueblo, tienen también una misión especial de conducirnos por caminos de mayor justicia y verdad. Han de ser signos del buen pastor.

    Todos tenemos que hacerlo, pero especialmente los que proyectan dedicarse a la política tienen que pensar cuáles son sus motivaciones últimas y su fortaleza moral. Si en el ejercicio de la función pública vas a poner los intereses propios o los de tu partido por encima del bien común, no te presentes. Si no estás capacitado para gestionar, con ideas nuevas y con honradez, el dinero de todos, el dinero de los pobres, no te presentes. Si sabes que hay algo en tu vida que van a aprovechar para extorsionarte y hacer que tus decisiones sean partidarias e interesadas, mejor no te presentes. Sé que esto es exigente, pero necesitamos políticos honrados y capaces, que miren más allá de las ideologías y que busquen el bien común.

  • Signo de Resurrección

    Signo de Resurrección

    Hombres y mujeres, niños y mayores, padres e hijos, consagrados y familias… todos en silencio, cada uno acogiendo la gracia del inmenso don del Padre; primero en la memoria de la última cena, después en el recuerdo adusto de la pasión, pero, por fin, en la alegría luminosa y en la esperanza de la Pascua de Resurrección. El mayor signo de la resurrección de Jesucristo es la fe de los creyentes, la comunidad cristiana.

    No somos perfectos, es cierto; cada uno de nosotros podemos dar cuenta de nuestro pecado; pero todos tenemos la buena levadura de la Vida Nueva de Cristo en nuestra alma. Con esa levadura los niños y los jóvenes crecen y se levantan hacia el bien y la alegría; con esa levadura los mayores nos mantenemos firmes en la misericordia y en la ternura para con los necesitados; esa levadura levanta el ánimo de los enfermos y los ancianos en el tránsito por el dolor, incluso a muerte. Cristo es para todos, luz. Cristo es para todos fortaleza y sentido de la vida. Por eso en la Pascua la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles da razón de que la vida de las comunidades, en sus ambigüedades y dificultades, es el mayor signo de la Vida Nueva de Cristo.

    “Paz a vosotros”, nos sigue diciendo el Señor; “paz a vosotros”; las llagas de sus manos y su costado son el signo de que su amor fue más fuerte que la violencia asesina. También cuando nos llegue el momento de vivir situaciones de dolor, o cuando nuestros hermanos las vivan, podremos testimoniar a Cristo Resucitado; porque tendremos vida y daremos vida en su Nombre.

  • Libertad verdadera

    Libertad verdadera

    (Mateo 5, 17-37) HACE YA ALGUNOS años tuve una conversación con un muchacho de unos quince años, ya es un hombre. Me dijo que quería ser médico; me sorprendió. Pero un poco más adelante me comentó que la profesora de matemáticas le “caía muy mal” y que no iba a estudiar ya más matemáticas… Yo le espeté que nunca iba a ser médico como era su intención. Sin aprobar las matemáticas del bachillerato no podría, siquiera entrar en la universidad y menos tener nota para acceder a la facultad de medicina.

    Confundimos tener libertad con dejarnos arrastrar por nuestros impulsos más básicos, tantas veces manipulados por las distintas instancias de poder.

    Ser libre es vivir desde y hacia lo mejor de nosotros mimos; acoger la vida que se nos entrega para poder, también nosotros, entregar vida; ser libre es aceptar ser esclavo, por amor, de quien pone su vida en nuestras manos; ser libre es el misterio más hondo y profundo de nuestras vidas.

    No dejes que tus sentimientos, ni tus pasiones, ni tu afán de seguridad te aten; no dejes que un afecto mal entendido de los demás te mediatice. Busca siempre lo mejor de ti mismo para entregarlo a quien te da y te ha dado todo. Ser libre es vivir en amor. Ser libre es fácil y exigente a la vez.

    Entiendo que muchos tienen un concepto demasiado mundano de Dios y no me entenderán. Pero ser libre es vivir en Dios.