Etiqueta: cinta

  • Pájaros en la cabeza

    1101EL GRAN AÑO

    En un momento en los que la comedia americana se está volviendo más física que nunca, más zafia que nunca, lo cual en sí mismo no es ni malo ni bueno, siempre se agradece que de vez en cuando aparezca una película que recurra a la palabra, a la sutileza, para despertar la sonrisa en el espectador. Pero, claro, todo eso está muy bien siempre que los resultados no se queden en meras intenciones, y siempre que el asunto tratado no resulte de lo más insípido e insustancial, siempre que trate un tema que pueda atraer al público. Si no es así, tampoco resultará.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (100′)
    Título original: The big year.
    Dirección: David Frankel.
    Producción: Stuart Cornfeld, Curtis Hanson, Karen Rosenfelt.
    Guión:  Howard Franklin, inspirado en la novela de Mark Obmascik.  
    Fotografía: Lawrence Sher.
    Música: Theodore Shapiro.
    Montaje: Mark Livolsi.
    Intérpretes: Steve Martin (Stu Preissler), Jack Black (Brad Harris), Owen Wilson (Kenny Bostick), Brian Dennehy (Raymond), Anjelica Huston (Annie Auklet), Rashida Jones (Ellie), Rosamund Pike (Jessica), Dianne Weist (Brenda), Kevin Pollack (Jim Gittelson), Joel McHale (Barry Loomis), JoBeth Williams (Edith Preissler), Paul Campbell (Tony), Barry Shabaka Henley (Dr. Neil Kramer).{/xtypo_code}

    Y es que, aunque tampoco se puede ocultar que bajo la premisa principal se esconde una cinta que trata de lo que tratan (casi) todas las películas (esto es, de las relaciones humanas, de pareja en este caso, con una que se rompe, otra que se crea y otra que se une aún más a pesar de los años), la base en la que se asienta esta El gran año resulta un tanto curiosa.

    Los tres protagonistas de la historia deciden dejarlo todo atrás y dedicar el año entero a cumplir su sueño, viajando por todo el país para convertirse en el mejor… avistador de aves. Sí, recorren el país, buscando pájaros, para verlos, anotarlos, y ser el que más especies distintas acumula en un año natural. Ello, evidentemente, les ocasionará con sus familias, trabajo, y demás obligaciones, no pocos disgustos. Aunque también tendrán alguna que otra satisfacción.

    Aunque el punto fuerte de la película, más allá de los personajes, de sus vicisitudes, de su defensa de la libertad de elección de la persona por encima de todo, incluso por encima de que se presente como a los ‘héroes’ de la cinta un grupo de personas que gastan cantidades indecentes de dinero en viajar y viajar sólo para ver pájaros, con la que está cayendo, está el amor a la naturaleza, el despliegue visual de decorados naturales, paisajes grandiosos y aves y más aves.

    El reparto está lleno de nombres conocidos, incluso más allá de la tripleta protagonista. Pero poco pueden hacer para levantar una cinta que se sustenta con unos mimbres tan endebles, tan poco consistentes. Pero es que además tiene pocas risas, muy pocas. Y eso, para ser una comedia, que cuenta además con tres de los mayores y más conocidos cómicos de Hollywood, no es nada bueno.
    Una cinta menor, con sólo un par de momentos recordables, pero que no pasará a la historia. Eso sí, hay una enorme colección de planos que harán las delicias de los ornitólogos.

     

  • Dramáticamente cómico

    1102UN LUGAR DONDE QUEDARSE

    Sean Penn y Paolo Sorrentino se conocieron hace algo más de tres años en el prestigioso festival de Cannes, donde el primero presidía el jurado que premió la película Il divo, que dirigía el segundo. El actor norteamericano manifestó después sus deseos de trabajar con el director italiano, y su sueño se ha cumplido con esta cinta irregular, que une una buena interpretación (a veces excesivamente pasado de rosca) de Penn, con una dirección en ocasiones demasiado esteticista de Sorrentino, y una historia que a veces tiene momentos algo incomprensibles y no del todo creíbles, y que, aunque en la mayor parte del tiempo se mueve en el drama, tiene toques de comedia, de road movie…

    {xtypo_code}Italia-Francia-Irlanda, 2011. (118′)
    Título original: This must be the place.
    Dirección: Paolo Sorrentino.
    Producción: Francesca Cima, Nicola Giuliano, Andrea Occhipinti, Mario Spedaletti.
    Guión:  Umberto Contarello, Paolo Sorrentino.  
    Fotografía: Luca Bigazzi.
    Música: David Byrne, Will Oldham.
    Montaje: Cristiano Travaglioli.
    Intérpretes: Belén Rueda (Julia / Sara), Lluis Homar (Isaac), Pablo Derqui (Iván), Francesc Orella (Inspector Dimas), Joan Dalmau (Créspulo), Boris Ruiz (Blasco), Daniel Grao (Dr. Román), Clara Segura (Mina), Andrea Hermosa (Lía), Julia Gutiérrez Caba (Soledad).{/xtypo_code}

    La cinta nos cuenta la historia de Cheyenne, un viejo músico que se ha quedado anclado en el tiempo en que fue famoso, que vive desorientado y aburridamente, cuyo padre, al que hace décadas que no ve, muere. En el funeral descubre que su progenitor dedicó los últimos años de su vida a encontrar a un viejo militar nazi que lo martirizó cuando estuvo encerrado en un campo de concentración. Incomprensiblemente, Cheyenne se embarca en la búsqueda del alemán, sin saber muy bien por y para qué.

    La cinta tiene dos partes bien diferenciadas. La primera nos sirve para al protagonista, su estética, su monótona vida y la de los que le rodean (algunos parentescos no quedan nada claros), su deambular por la ciudad acompañado siempre por su carrito… La segunda, el viaje que emprende, que convierte la película en toda una road movie clara deudora de la Paris, Texas de Wim Wenders, que es una de las películas favoritas de Sorrentino (y ahí está Harry Dean Stanton para que quede más claro).

    Un lugar donde quedarse es una película hecha a base de altibajos. A momentos de muy buen cine le siguen inmediatamente otros demasiado engolados, aburridos, inexplicables, sin sentido alguno (ni siquiera dentro de una historia que ya de por sí tiene poco sentido). Sean Penn (gran actor) tiene aquí un papel a semejanza de la cinta: a ratos bien, a ratos mal. No entremos en el maquillaje y la apariencia del protagonista, que a muchos recordará al lider de The Cure (de hecho, el proyecto comenzó como una especie de biopic de Robert Smith). Y a Sorrentino a veces le pierden las formas, en ocasiones (en muchas, muchas ocasiones) se dedica a la producción de planos demasiado esteticistas, quiere ser preciosista en exceso.

    Es una cinta excéntrica y excesiva, a veces demasiado. Mezcla, sin pausas, momentos trágicos con otros cómicos, gracias a un personaje portentoso que a veces se pasa de rosca. Si hubiera que elegir una película en la que vivir, este podría ser un buen lugar donde quedarse… Pero sólo por un rato.

     

  • Jennifer, la guerrera

    1101LOS JUEGOS DEL HAMBRE

    Estamos ante uno de los estrenos más esperados del año, una de las películas que han despertado más expectación, y que está llamada a romper la taquilla allá donde se estrene. El resultado final, para qué nos vamos a engañar, tiene sus aciertos, tiene sus buenos momentos, aunque tampoco es tan brillante, tan espectacular.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012. (146′)
    Título original: The hunger games.
    Dirección: Gary Ross.
    Producción: Nina Jacobson, Jon Kilik.
    Guión:  Gary Ross, Suzanne Collins y Billy Ray, basado en la novela de Suzanne Collins.
    Fotografía: Tom Stern.
    Música: T-Bone Burnett y James Newton Howard.
    Montaje: Christopher S. Capp, Stephen Mirrione y Juliette Welfling.
    Intérpretes: Jennifer Lawrence (Katniss Everdeen), Josh Hutcherson (Peeta Mellark), Liam Hemsworth (Gale Hathorne), Elizabeth Banks (Effie Trinket), Woody Harrelson (Haymitch Abernathy), Wes Bentley (Seneca), Donald Sutherland (Presidente Snow), Lenny Kravitz (Cinna), Stanley Tucci (Caesar Flickerman), Alexander Ludwig (Cato), Isabelle Fuhrman (Clove), Amandla Stenberg (Rue), Willow Shields (Primrose Everdeen).{/xtypo_code}

    Buena parte de la culpa de ello la tiene el querer ir de original (hablamos ahora de la novela en la que se basa, y de donde -obviedad al canto- se extrae la trama de la cinta) cuando en realidad no lo es tanto, ya que la historia, los rasgos principales en los que pretende basar su fuerza, no son en absoluto novedosos. De hecho, son numerosas las referencias en las que, más voluntaria que involuntariamente, se basa.

    Señalemos dos: Situar la acción en un futuro distópico no es nada nuevo. Ejemplos hay a patadas. En este lugar, lo que antes era conocido como los Estados Unidos es ahora Panem, un territorio gobernado con rigor por el Capitolio, y en el que los doce distritos que lo rodean (incomunicados entre ellos y con la sede del poder) deben ceder cada año a un chico y una chica de entre doce y dieciocho años para participar en Los Juegos del Hambre, una lucha a muerte en la que sólo puede quedar uno. La referencia más evidente aquí es la cinta japonesa Battle Royale, cuya premisa era exactamente la misma, aunque motivada por otras causas (una especie de intento por enderezar a una juventud salvaje que ya no respeta nada ni a nadie). Estos juegos son transmitidos en directo por la televisión, siendo todo un éxito de público. Otra referencia, en este caso literaria: Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb, en la que una corporación secuestra a personas cualesquiera por la calle, para hacerlas participar por la fuerza en un reality televisivo en el que unos serán prisioneros en un campo de concentración y otros sus carceleros; el público, con sus votos, decide quién es ejecutado en directo cada semana; a pesar de las numerosas críticas, la audiencia aumenta cada día, y nadie se pierde los momentos más duros.

    Los juegos del hambre está bien rodada (faltaría más con el presupuesto que ha disfrutado); Jennifer Lawrence sigue creciendo aún más como actriz; consigue atraparte en su trama, a pesar de que hay muchos fragmentos demasiado esquemáticos; y tiene un par de logros destacables: la entrada en llamas en el desfile, y el hecho de presentar el romance como impostura, como estratagema en el juego. En contra, una cámara excesiva e innecesariamente nerviosa (a veces cuesta ver lo que se está mostrando), algunas situaciones y personajes demasiado lineales, dejar tramas abiertas en el aire (¿qué ocurre con ese conato de rebelión que vemos iniciarse y no se vuelve a mostrar?, ¿por qué desaparecen personajes sin motivo: Effie, Cinna…?), una historia que (pese a todo) suena a vista… Está bien, se disfruta, pero se esperaba más.

     

  • A tiros por Madrid

    1101LA FRÍA LUZ DEL DÍA

    Si los grandes genios, o al menos los directores que tienen un nombre y una reputación por todos conocida y respetada, se equivocan, o patinan de vez en cuando (Woody Allen creó la aburrida Cassandra’s dream; Spielberg todavía es recordado por la infumable Amistad; Coppola perpetró aquella insufrible Tetro…), los actores no van a ser menos. Es más, ellos y ellas lo hacen con mayor frecuencia. Y que dos veteranos intérpretes tan taquilleros (Bruce Willis) y/o respetados en el mundillo (Sigourney Weaver) estén detrás de un proyecto no es ya garantía de éxito, y mucho menos de calidad. Esta, La fría luz del día, es un claro ejemplo de lo que hablo.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (93′)
    Título original: The cold light of day.
    Dirección: Mabrouk El Mechri.
    Producción: Marc D. Evans, Trevor Macy.
    Guión:  Scott Wiper, John Petro.  
    Fotografía: Remi Adefarasin.
    Música: Lucas Vidal.
    Montaje: Valerio Bonelli.
    Intérpretes: Henry Cavill (Will Shaw), Bruce Willis (Martin Shaw), Sigourney Weaver (Jean Carrack), Verónica Echegui (Lucía), Joseph Mawle (Gorman), Caroline Goodall (Laurie Shaw), Rafi Gavron (Josh Shaw), Emma Hamilton (Dara), Michael Budd (Esmael), Roschdy Zem (Zahir), Óscar Jaenada (Máximo).{/xtypo_code}

    La película, que desarrolla toda su acción en una España de pandereta, es de lo peor que se ha visto en las pantallas en mucho, mucho tiempo. Todo falla en la cinta, desde unos intérpretes desganados, que apenas hacen acto de presencia, sueltan sus frases sin que nadie se crea nada; a una fotografía que es todo un despropósito; o un guion con mil agujeros que ni explica nada ni tiene nada que explicar; o un montaje torpe y deslavazado, creador de infinitos errores de continuidad…
    Esta cinta de espías y venganzas es pura incongruencia, puro sinsentido, un batiburrillo de mil elementos enlazados sin orden ni concierto, sin la más mínima lógica. Al protagonista le disparan, se cae de un quinto piso dando un tremendo (obvio) golpe en el suelo, pero se levanta y huye en moto, claro que tiene un accidente, y después otro de coche con varias vueltas de campana en pleno centro de Madrid… y no le pasa nada de nada. Un par de arañazos, eso es todo. En el bando de los malos, alguien se pone a disparar a todos los viandantes que le salen al paso sin que haya una explicación (plausible o no) para ello, sólo porque sí.

    El personaje en el que se centra la publicidad de la peli (sí, voy a destripar parte importante de la misma), es decir Bruce Willis, muere antes de la media hora (puede que el presupuesto no diera para más). Dos coches se estrellan y vuelcan aparatosamente en una plaza de la capital sin que aparezca un simple policía ni nadie se acerque a ver qué ha ocurrido. Un grupo de americanos buenos, otro grupo de americanos malos, y un grupo armado israelí se enzarzan a tiros, invaden una plaza madrileña, sin que nadie se extrañe, y sin que (de nuevo) las fuerzas del orden hagan acto de presencia. Los únicos policías patrios que vemos son unos gordos y sudorosos que juegan a las cartas, que quieren detener y golpear al protagonista (¿el motivo?, ni la más mínima idea) cuando este va a denunciar el secuestro de su familia.

    En definitiva, una insufrible, insoportable, innecesaria cinta, que no aporta nada, que es todo un despropósito, en el que nada es destacable, ni artística, ni técnica, ni argumentalmente, porque carece de todo lo que cualquier película debe tener, ni talento, ni historia, ni una cierta lógica interna, ni nada de nada de nada.

  • Vigalondo descafeinado

    0901EXTRATERRESTRE

    Decir que Nacho Vigalondo es uno de los directores más personales de nuestro país no es ningún descubrimiento. Y que le gusta subvertir los géneros, tampoco. De esta Extraterrestre, su última marcianada, se ha hablado mucho desde hace bastante tiempo, y éramos muchos los que esperábamos con ansias que por fin llegase a las pantallas. Lo malo de estas cosas es que, cuando oyes cosas tan buenas, cuando los deseos son tan grandes, las expectativas van aumentando, y si el resultado final no cumple con ellas, la decepción es enorme. Incluso si la película, en realidad, no es tan mala.

    {xtypo_code}España, 2012. (90′)
    Escrita y dirigida: Nacho Vigalondo.
    Producción: Nahikari Ipiña, Nacho Vigalondo.
    Fotografía: Jon D. Domínguez.
    Música: Jorge Magaz.
    Montaje:  Jon D. Domínguez.
    Intérpretes: Julián Villagrán (Julio), Michelle Jenner (Julia), Raúl Cimas (Carlos), Carlos Areces (Ángel), Miguel Noguera (Tipo).{/xtypo_code}

    Julio despierta en casa de la bella Julia, después de una noche de borrachera y (al parecer) sexo, pero ninguno recuerda nada. Él se enamora al instante, ella no. Pero cuando se va a ir, notan que algo extraño ocurre. No hay absolutamente nadie en las calles, los teléfonos no funcionan, ni Internet, ni la televisión… y una gigantesca nave espacial está situada sobre la ciudad. La invasión es la excusa para quedarse. Pero la situación se complica cuando el novio de ella llega, después de estar caminando durante horas con nuevas noticias de las naves.

    Vigalondo no firma aquí su mejor cinta, de hecho la anterior Los cronocrímenes, era más redonda que esta. Extraterrestre, a pesar de que es mejor de lo que algunos han querido ver, a pesar de que tiene momentos brillantes, también tiene fragmentos que el ritmo se detiene, y aunque la historia está (en general) bien construida, los parones lastran el resultado final.

    No nos engañemos, no todo el mundo puede acceder al humor absurdo y extraño del director, no es habitual que en sus creaciones haya carcajadas, y su humor es a veces muy sutil, pero siempre está ahí. La grandeza de la película es saber conjugar con gran acierto dos géneros tan opuestos como la comedia romántica y el cine de invasiones alienígenas. De hecho, es más lo primero que lo segundo. Incluso, se podría decir que la gigantesca nave espacial que amenaza al planeta no es más que un ‘macguffin’ de los que Hitchcock usaba en sus cintas, un elemento que hace que la historia avance, pero que no tiene la más mínima importancia. Y el planteamiento de los personajes, anteponiendo su ficción, su engaño, ocultando su relación, sin preocuparse por el fin del mundo que se avecina… eso es de matrícula de honor.  

    Otra cosa que no se puede negar es que Vigalondo se autoreferencia continuamente. De hecho, basta con echar un ojo a su corto Domingo para ver que esta historia había nacido antes (Extraterrestre empieza una mañana de resaca dominical), pero es que el vídeo que graba al final el protagonista recuerda a otra de sus miniaturas (Te quiero), y el plano que cierra esta cinta es el mismo (básicamente) que el que cerraba su primer largo. Al igual que aquella, la historia se desarrolla en un par de decorados y con cinco personajes.

    Humor alienígena, absurdo, en una cinta en la que tienes que entrar desde el principio. Vigalondo algo descafeinado, pero que logra una película que enamora, que te hace reír, y con unos intérpretes en muy buena forma.

  • Lágrima a la fuerza

    1101TAN FUERTE, TAN CERCA

    Una de las cosas sin explicación de los Oscar de este año (amén de películas injustamente olvidadas, y otras inmerecidamente nominadas y hasta premiadas) estuvo motivado, una vez más, por ese sinsentido que se instauró hace un tiempo de colocar diez candidatas en la categoría principal (aunque este año fueron nueve) en vez de las cinco que hay en los demás premios, lo que da lugar, demasiadas veces, a hechos como el que le ocurrió a esta cinta, que sin tener una o ninguna otra nominación, era candidata a ser considerada la mejor película del año. Aunque, resultaba evidente, acabó yéndose de vacío.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (129′)
    Título original: Extremely loud, incredibly close.
    Dirección: Stephen Daldry.
    Producción: Scott Rudin.
    Guión:  Eric Roth, basado en la novela de Jonathan Safran Boer.  
    Fotografía: Chris Menges.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Claire Simpson.
    Intérpretes: Tom Hanks (Thomas Schell), Thomas Horn (Oskar Schell), Sandra Bullock (Linda Schell), Zoe Caldwell (Abuela de Oskar), Dennis Hearn (Pastor), Paul Klementowicz (Sin techo), Julian Tepper (Camarero), John Goodman (Stan, el portero), Max von Sidow (El inquilino), Viola Davis (Abby Black), Jeffrey Wright (William Black), Hazelle Goodman (Hazelle) .{/xtypo_code}

    En los últimos años Hollywood ha intentado llevar a cabo la gran película sobre las secuelas que en la población del país dejaron los terribles atentados del 11 de septiembre en el World Trade Center de Nueva York. La cinta de Stephen Daldry, basada en la novela de Safran Boer, es una más, la última hasta el momento. Y se puede afirmar sin temor que la espera tendrá que seguir, ya que esta extremadamente sensiblera Tan fuerte, tan cerca tampoco es esa gran película.

    Oskar es un niño de once años que queda destrozado tras la muerte de su padre en los atentados de las Torres Gemelas. Un año después de “el peor día” encuentra accidentalmente un sobre con una llave y con el nombre de Black escrito en él. Como hijo y padre organizaban ‘expediciones’ para ayudar a que el pequeño (con síndrome de Asperger) se relacionase con los demás, éste comenzará una búsqueda por toda la ciudad, entre todos los Black que encuentra en la guía telefónica, intentando encontrar qué abre la llave, qué mensaje le dejó su padre antes de irse.

    La historia es no sólo improbable sino inverosímil desde un principio. El niño (aunque se come a todos los compañeros de reparto, sobre todo a un Tom Hanks que en el último año ha tenido en su haber dos papeles malos-malos, este y el de Larry Crowne) resulta absolutamente insoportable, malencarado y altamente (con perdón) collejeable.

    Daldry se esmera, con insultante descaro, en hacer una película sensiblera y lacrimógena en cada plano. A pesar de que quiera parecer más profunda de lo que en realidad es. Porque la película no consigue que el espectador se emocione por la historia que cuenta (que a fuerza de insistir en lo mismo, de reiterar una y otra vez, acaba agobiando, cansando, exasperando), sino que cada plano está construido de modo que obliga al que lo ve a sentirse mal. Hay un momento en el que Max von Sidow le dice al niño que deje de torturarse, que no escuche una y otra vez los mensajes que dejó su padre en el contestador antes de morir… Sin embargo, es lo que Daldry hace durante toda la película con nosotros, una y otra vez. Se nos fuerza a la lágrima. De muy mala manera, además.

     

  • Una extraña pareja

    1301INTOCABLE

    Hay películas ‘pequeñas’ que llegan a ser grandes éxitos y que todo el mundo va a ver a las salas de cine. Hay dos explicaciones plausibles para estos casos. O bien, efectivamente, estamos ante una gran película, con potencial, con grandes dósis de calidad; o bien (el caso más abundante) la cinta no es tan buena, pero algo ocurre para que empiece a correr el boca a oreja, la bola va creciendo y el éxito es cada vez mayor, sin que uno termine de comprender muy bien por qué.

    {xtypo_code}Francia, 2011. (109′).
    Título original: Intouchables.
    Escrita y dirigida: Eric Toledano y Olivier Nakache.
    Producción: Nicolas Duval Adassovsky, Yann Zenou, Laurent Zeitoun.
    Fotografía: Mathieu Vadepied.
    Música: Ludovico Einaudi.
    Montaje: Dorian Rigal-Ansous.
    Intérpretes: Françoiz Cluzet (Philippe), Omar Sy (Driss), Anne Le Ny (Yvonne), Audrey Fleurot (Magalie), Clothilde Mollet (Marcelle), Alba Gaïa Bellugi (Elisa), Cyril Mendy (Adama), Christian Ameri (Albert), Marie-Laure Descoureaux (Chantal), Gregoire Oestermann (Antoine).{/xtypo_code}

    Intocable, el último ‘boom’ del cine francés (por cierto, ni idea de por qué el plural del título original ha pasado a ser singular aquí), estaría a medio camino de los dos casos anteriores. Podría asemejarse al hecho de beberse (de una sentada) una jarra de rebujito en la feria: es dulce, entra muy bien, todo es maravilloso y te ríes mucho, pero después te levantas, sales a la calle y a medida que pasan los minutos (se te sube a la cabeza) empiezas a ver que no todo es tan bonito.

    Basada en hechos reales, la película cuenta la historia de Philippe, un aristócrata que ha quedado tetrapléjico tras un accidente de parapente, y de Driss, un chico que vive en un barrio marginal, que es todo lo opuesto a Philippe, pero al que éste contrata como su asistente, sin que nadie entienda por qué. Contra todo pronóstico, entre ambos se forjará una profunda y sincera amistad.

    Intocable tiene, como digo, todos los elementos para gustar: una historia de cierta trascendencia, pero sin un tratamiento trascendente, un buen ritmo que mantiene la película siempre arriba, buen humor (incluso con ciertas dósis de comedia negra), buenas interpretaciones que hacen que sientas empatía por todos (repito, todos) los personajes, excelente banda sonora de Ludovico Einaudi (a lo que habría que sumar las composiciones clásicas y las varias muestras de música negra que disfrutamos)…

    Entonces, ¿cuál es el problema? Pues precisamente ese. Todo resulta tan obvio, con una estructura tan clásica, con una construcción del argumento y del montaje tan común, que no hay la más mínima sorpresa (si hasta nos insertan al final el típico plano con los protagonistas  de la vida real, para coger ese pellizquito en el espectador). Además, el guión falla en que no hay evolución, y deja muchos huecos sin explicar. La amistad está ahí casi desde el primer momento, casi desde el mismo instante en que Driss es contratado.

    Siendo la película más taquillera en Francia en mucho tiempo, y además un filme que ha recibido el beneplácito de casi toda la crítica, sorprende que únicamente Omar Sy recibiera el premio de la academia francesa (el César al mejor actor principal) de las nueve candidaturas que tenía la cinta. Pero claro, en frente tenía a la que realmente ha sido la mejor cinta francesa de la temporada, The Artist, y contra esta, poco había que hacer.

     

  • Made in Soderbergh

    0901INDOMABLE

    Tras haber declarado, hace un par de años, que se iba a retirar de la dirección, para hacer otras cosas, porque dirigir ya no le divertía, Steven Soderbergh parece que, o bien se ha arrepentido de sus palabras, o bien quiere decir adiós a lo grande.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011 (93′).
    Título original:  Haywire.
    Dirección: Steven Soderbergh.
    Producción: Gregory Jacobs.
    Guion: Lem Dobbs.
    Fotografía: Steven Soderbergh.
    Música: David Holmes.
    Montaje: Steven Soderbergh.
    Intérpretes: Gina Carano (Mallory Kane), Ewan McGregor (Kenneth), Channing Tatum (Aaron), Michael Angarano (Scott), Michael Douglas (Coblenz), Antonio Banderas (Rodrigo), Michael Fassbender (Paul), Matthieu Kassovitz (Studer), Bill Paxton (John Kane), Aaron Cohen (Jamie).{/xtypo_code}

    Digo esto porque a las tres películas que tiene en preparación (una ya en la fase de montaje, las otras en las primeras fases del proyecto) hay que sumar las otras tres que rodó el año pasado (La última vez que ví a Michael Gregg, aún sin fecha de estreno en España; Contagio, que vimos el pasado octubre; y esta Indomable, cinta que nos recuerda sin duda a su autor, que recupera modos y estilos ya utilizados en muchas de sus anteriores filmes).

    Para los seguidores de Soderbergh esta es una buena noticia, aunque sólo en parte. El montaje fragmentado, con constantes idas y venidas de una historia a otra, atrás y adelante en el tiempo, aportando la información con cuentagotas, para llegar al momento culminante, en el momento oportuno, es algo a lo que ya nos tiene acostumbrados, sea cual sea el género en el que se encuentre. Desde Traffic, a Ocean’s eleven, pasando por la infravalorada (quizás por ese estúpido título que tuvo la cinta en nuestro país) Un romance muy peligroso. Y aquí también usa y abusa de esas melodías cuasi-funkies que ya compuso su colaborador habitual (David Holmes) para la última de las mencionadas.

    La forma es buena, y mantendría al espectador pegado a la butaca, de no ser porque la historia no es nueva. Mallory, una agente encubierta (quizás ahí esté la novedad, que es una mujer) que es la mejor en su campo, tras una misión exitosa en Barcelona, es enviada por su jefe inmediatamente a un nuevo destino donde, cuando todo se tuerza, descubrirá que la han traicionado. Entonces tendrá que valerse de sus habilidades y no confiar en nadie para salir de la situación y vengarse.

    Indomable tiene buenos momentos, buenas escenas de acción (Gina Carano, la protagonista, que debuta en el cine con esta cinta, es luchadora profesional y eso, en las peleas, se nota), alguna que otra persecución notable, buen montaje y músicas (aunque estos sean los habituales del director y ya estén algo vistos), y un reparto con nombres bastante conocidos. Pero, lo dicho, el argumento está algo manido, y se ve venir desde lejos. Se nota, además, que se ha hecho con pocos medios. Es un decir, claro; para una producción de este calibre el presupuesto es escaso, unos 23 millones, que (por otro lado) son muchos comparados con cualquier otra filmografía. El problema es que esos millones no se ven en la pantalla (¿se los habrán gastado todos en el reparto?)

    Se salva porque es un puro entretenimiento, porque Soderbergh ha llevado al extremo la máxima que ha guiado su carrera, y es que él hace cine para divertirse. Y aunque ya sabemos cómo va a acabar la cosa, sobre todo viendo cómo se las gasta la muchacha, disfrutamos el camino. Que no es poco.

     

  • Vendiendo humo

    0901LA INVENCIÓN DE HUGO

    Basada en una exitosa novela juvenil, la nueva película de Martin Scorsese es la primera que rueda para un público menor (de edad) y la primera con la (tan común ahora) tecnología del 3D. Es, además, la cinta que más nominaciones a los Oscar acaparaba, un total de once, y de las que (finalmente) consiguió cinco, eso sí, salvo el de fotografía, el resto de los considerados menores (premios a la dirección artística, sonido, montaje de sonido y efectos visuales)

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2011. (126′)
    Título original: Hugo.
    Dirección: Martin Scorsese.
    Producción: Johnny Depp, Tim Headington, Graham King, Martin Scorsese.
    Guión:  John Logan, basado en la novela de Brian Selznick.  
    Fotografía: Robert Richardson.
    Música: Howard Shore.
    Montaje: Thelma Schonnmaker.
    Intérpretes: Asa Butterfield (Hugo Cabret), Ben Kingsley (Georges Méliès), Chloë Grace Moretz (Isabelle), Sacha Baron Cohen (Inspector), Ray Winstone (Tío Claude), Emily Mortimer (Lisette), Christopher Lee (Monsieur Labisse), Helen McCrory (Mama Jeanne), Michael Stuhlbarg (Rene Tabard), Frances de la Tour (Madame Emilie), Richard Griffiths (Monsieur Frick), Jude Law (Padre de Hugo).{/xtypo_code}

    La historia nos habla de Hugo Cabret, un niño huérfano que vive escondido en la estación de Montparnasse de París, y cuyo deseo es arreglar un autómata que su padre recuperó de las entrañas de un museo. Pero necesita piezas que no tiene, y que roba del puesto de un viejo juguetero que le acaba descubriendo. Hugo contará con la ayuda de Isabelle, ahijada del viejo juguetero, para lograr su empeño, y cuando después descubra la identidad de éste intentará restituir su fama perdida.

    La historia en el libro parecía interesante, pero su traslación al cine… Para ser sinceros, si los cinco Oscar resultan excesivos para una cinta que no los merece, ni hablar ya de las once opciones de premio. La invención de Hugo es una película excesivamente blanda, dulce hasta el exceso, que si bien tiene un buen trabajo visual, con grandes efectos especiales y una dirección artística bastante notable, la historia no termina de enganchar, más bien al contrario, y los personajes son simples líneas, sobre todo los secundarios, que son estatuas, maniquíes que ni aportan, ni evolucionan, ni nada de nada (ejemplos hay muchos: la florista, la señora del café, su pretendiente, el librero…). Y el malo es un malo de charanga, de chiste. Hasta los tres protagonistas, los que llevan la historia y deberían tener (en teoría) mayor entidad, tienen sólo algunos rasgos destacables pero por norma general son simplísimos.

    La invención de Hugo es una cinta aburrida, sosa, que se apoya en su aparataje visual, pero que esconde vacío. Me resulta inconcebible tanto halago, tanta lisonja, y estoy convencido de que si la película hubiese sido dirigida por un desconocido habrían sido muchos palos los recibidos. Pero Scorsese tiene un nombre, y parece que sólo por ello todo lo que toca debe ser oro. Este no es el caso.

    La película tiene sólo un par de buenos momentos, el travelling de arranque y el descubrimiento de las viejas películas… Nada más, el resto es humo, que Martin Scorsese sabe vender bien, presentarlo con un bonito envoltorio que nos distraiga y no nos deje ver que nos está timando. Pretende ser un homenaje a los clásicos, a los comienzos del cinematógrafo en Europa (de hecho, era curioso ver cómo el mayor enfrentamiento en los Oscars era entre una película francesa que homenajeaba a los inicios del cine americano contra una cinta americana que homenajeaba los comienzos del cine en Francia), y en realidad lo consigue, ya que son precisamente esas imágenes, la de las primeras grabaciones, las creaciones (reales) del gran Méliès lo mejor de una cinta en la que se sale con la sensación de que se le prometía mucho más de lo que se le ha dado.

     

  • Clooney va tirando

    1101Los descendientes

    A pesar de que es uno de los intérpretes que más éxito obtienen en taquilla, a pesar de que no sólo hace filmes tópicos y rentables sino que también se embarca en proyectos menos ambiciosos y más serios, y a pesar de que es también un director comprometido, que dirige cintas de hondo calado, a pesar de todo ello digo, todavía hay muchos que no soportan a George Clooney, que creen que está sobrevalorado, y que simplemente es una cara, que no tiene nada que aportar como actor o como director.

    {xtypo_code}Título original: The descendants.
    Director: Alexander Payne.
    Producción: Jim Burke, Alexander Payne, Jim Taylor.
    Guión: Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash, basado en la novela de Kaui Hart Hemming.
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música: Dondi Bastone.
    Montaje: Kevin Tent.
    Intérpretes: George Clooney (Matt King), Shailene Woodley (Alexandra), Beau Bridges (Primo Hugh), Robert Forster (Scott), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Nick Krause (Sid), Amara Miller (Scottie), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell), Patricia Hastie (Elizabeth King).{/xtypo_code}

    O mejor dicho, había. Porque casi todos los que así pensaban han tenido que claudicar, y terminar reconociendo que el papel del intérprete en esta fantástica historia que nos ha regalado el también gran director (y también infravalorado) Alexander Payne.

    Y es que esta cinta está consiguiendo una casi total unanimidad, y ya lleva casi cuarenta premios, incluyendo dos Globos de Oro, al mejor actor y a la mejor película dramática. Y lo que es mejor es que son merecidos.

    Payne mezcla drama con comedia sin que nos suene a algo extraño, consiguiendo que todo sea verosímil, que nos lo creamos. La historia se sitúa en un Hawaii alejado de la imagen de paraíso idílico al que estamos acostumbrados, con una luz melancólica y las piscinas llenas de las hojas muertas del otoño. Y esa melancolía se traslada a los protagonistas, que están sencillamente increíbles.

    Matt King es un padre de familia que se ve obligado a cambiar su vida y ocuparse de sus dos hijas, Scottie y Alexandra, con las que hasta entonces no tenía demasiado trato, tras un grave accidente de su mujer que la deja en coma. Todo ello a la vez que se enfrenta a la complicada decisión de vender unos terrenos pertenecientes a su familia y que son el último vestigio de lo que de naturaleza virgen queda en las islas. Mientras intenta encauzar su relación con la rebelde Alexandra, esta le suelta una noticia bomba que hará que Matt empiece a ver con ojos nuevos su vida.

    El personaje que interpreta George Clooney, que aunque ha tenido buenos trabajos nunca ha estado mejor que en este, sigue en la senda de los que hasta la fecha han protagonizado las películas de Alexander Payne. Tiene mucho del Paul Giamatti de Entre copas, y del Matthew Broderick de la gran Election. Es un hombre desconcertado que busca su lugar en un mundo enloquecido, con sus altibajos, sus alegrías y sus desgracias.

    Clooney está soberbio, creíble. Pero no es el único, el verdadero descubrimiento de la cinta es la joven Shailene Woodley, una actriz que ya ha conseguido una nominación a los Globos de Oro, tendrá una a los Oscar, y dará que hablar en los próximos años.

    Es una comedia madura, un estudio del carácter cordial de la gente común, una disección del hombre varado (que viene de atrás, de películas anteriores, ya  mencionadas). Ha merecido la espera de siete años para ver lo último de este gran director, este regalo que nos ha hecho Payne, una película sobre la pérdida, la confusión y el ir tirando.