Etiqueta: cinta

  • Otra comedia involuntaria

    Película Pompeya

    POMPEYA

    Reconozco que me he divertido y que me he reído como hacía tiempo que no me reía viendo Pompeya, esta especie de mezcla entre el peplum de los años cincuenta, el cine de romanos de toda la vida, para que nos entendamos, y las películas de catástrofes que tanto se llevan desde hace unos años en las que el director aprovecha para destruir toda una ciudad, matar a mogollón de gente y quedarse tan tranquilo, aderezado con una historia de amores imposibles. Me he divertido, decía, y como estaba solo en la sala he aprovechado para reírme sin cortarme un pelo. El problema es que no es una comedia y en ningún momento pretende serlo, ni siquiera por un instante. Y claro, ahí es cuando todo se hunde.

    {xtypo_code}Canadá-Alemania, 2014 (105′)
    Título original: Pompeii.
    Dirección: Paul W.S. Anderson.
    Producción:  Paul W.S. Anderson, Jeremy Bolt, Don Carmody, Robert Kulzer, Martin Moszkowicz.
    Guión:  Janet Scott Batchler, Lee Batchler, Michael Robert Johnson.
    Fotografía: Glen MacPherson.
    Música: Clinton Shorter.
    Montaje: Michele Conroy.
    Intérpretes: Kit Harington (Milo), Carrie-Ann Moss (Aurelia), Emily Browning (Cassia), Adewale Akinnuoye-Agbaje (Atticus), Jessica Lucas (Ariadne), Jared Harris (Severus), Joe Pingue (Graecus), Kiefer Sutherland (Corvus), Currie Graham (Bellator), Sasha Roiz (Proculus). {/xtypo_code}

    La historia que nos cuenta es la de Milo, quien siendo aún un niño presencia cómo las tropas del Imperio Romano comandadas por Corvus masacran a todos los suyos y es capturado y vendido como esclavo. Ya convertido en adulto, obligado a luchar como gladiador, será trasladado a Pompeya, donde conocerá a Cassia, la bella hija de un comerciante local, que está haciendo negocios con un senador romano corrupto, que no es otro que Corvus, quien usa su poder para comprometerse con la chica. Milo está decidido a vengarse, cuando el Vesubio entra en erupción y tiene que luchar por salvar a su amada mientras toda la ciudad se viene abajo.

    Paul W.S. Anderson, director de cuatro de las seis Resident Evil, está detrás de esta cinta que recuerda en muchos momentos a Gladiator (en líneas generales, la historia es parecida). Lo cierto es que no hay nada original en esta propuesta, más bien al contrario; todo suena a ya visto, y a ratos a impostado, a falso. Muchos momentos son risibles (¿quién se cree que quince años después, cuando el niño ya es un joven veinteañero, ni Kiefer Sutherland ni Sasha Roiz (los malos malísimos de la historia), hayan visto aparecer una sola arruga en sus rostros?) y muchas de las situaciones incomprensibles (¿por qué los romanos vuelven al teatro cuando ya todo está hundiéndose?, ¿por qué de repente las calles aparecen vacías, sin cadáveres, sin escombros, libres para la persecución, para la huida, cuando hasta unos minutos antes era imposible dar un solo paso?).

    La excusa del terrible acontecimiento es eso, una simple excusa. La idea es más hacer una cinta de peleas (en este caso luchas de gladiadores) y de desastres; lo que se busca es destrozar por destrozar, en una media hora final que termina por cansar por lo reiterativo. Lo cierto es que el rigor histórico es menor que la imaginación de los guionistas, y los intérpretes no saben cómo meterle mano a la cosa. Kiefer Sutherland es el que peor lo lleva (aunque no es el único) y está perdidísimo en una película que entretiene y hace reír, pero claro, si no es ese su objetivo…

     

  • Road movie con acento andaluz

    Película Anochece en la India

    ANOCHECE EN LA INDIA

    Después de dirigir varios documentales, el sevillano Chema Rodríguez se pasa al largometraje de ficción con esta road-movie hecha a la medida y para el lucimiento del actor Juan Diego, que es la cabeza visible y el que sostiene casi en solitario esta cinta, que en el reciente Festival de Cine Español de Málaga se llevó los premios al mejor actor y al mejor montaje.

    {xtypo_code}España-Rumanía-Suecia, 2014. (94′)
    Dirección : Chema Rodríguez.
    Producción:  Daniel Alonso, Poto Balbontín.
    Guión:  Chema Rodríguez, David Planell, Pablo Burguess
    Fotografía: Juan González, Álex Catalán.
    Música: Hans Lundgren.
    Montaje: José Manuel García Moyano.
    Intérpretes:  Juan Diego (Ricardo), Clara Voda (Dana), Javier Pereira (Saúl), Linda Molin (Karin). {/xtypo_code}

    Anochece en la India es una película de (muy) bajo presupuesto, coproducción entre España, Rumanía y Suecia, que recorre medio planeta siguiendo al protagonista, un hombre que lleva anclado a una silla de ruedas diez años, y que, cuando presiente que su enfermedad le acerca al final de la vida, se plantea repetir lo que tantas veces hizo cuando era joven: montarse en una furgoneta (adaptada en este caso) y viajar hasta la India, con la intención de encontrarse con un viejo amor. A él se suma Dana, su asistente rumana que se empeña en acompañarle a pesar de que Ricardo se niegue en redondo. Los dos son seres derrotados por la vida que buscan una salida, un escape a la realidad, aunque cada uno a su manera.

    A pesar de que algunos momentos invitan a la sonrisa, el tono general es el del drama. Rodríguez consigue mantener el interés casi en todo momento, a medida que acompañamos a la pareja protagonista (la rumana Clara Voda, al igual que Juan Diego, realiza un trabajo bastante bueno) recorriendo toda Europa, los secundarios que van apareciendo ayudan a que la relación y las personalidades se vayan asentando, y vayamos descubriendo historias pasadas, sentimientos y secretos que se habían mantenido ocultos. Ejemplos claros son Javier Pereira (reciente premio Goya al mejor actor revelación por su papel en Stockholm) y varios (o todos) los familiares que viven en Rumanía. El problema es que hay otros que no aportan nada, como la chica sueca (únicamente comprensible para explicar la parte de producción de aquel país), cuyo papel podía haberse eliminado por completo y no pasaba nada.

    Además, aunque la cinta había mantenido un buen nivel durante todo el metraje, se estanca al llegar a la India. La historia pierde interés, se alarga su final y los personajes dejan de ser cínicos, se evapora todo el humor que dejaba traslucir (ocasionalmente) hasta entonces.

     

  • Yo soy mi madre

    Película Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

    GUILLAUME Y LOS CHICOS, ¡A LA MESA!

    La triunfadora de los últimos premios Cesar (el equivalente francés de nuestros premios Goya), no fue ni la multipremiada en Cannes La vida de Adèle (que de hecho fue la derrotada de la noche), ni la película que la academia gala seleccionó para los Oscar (Renoir). Tampoco La Venus de las pieles (lo último de Polanski), ni la Joven y bonita del prolífico François Ozon, ni la política Quay d’Orsay del veterano Betrand Tavernier. La ganadora fue una película pequeña, debut en la dirección del actor Guillaume Gallienne que ha sido un éxito de taquilla en Francia y que partía con diez nominaciones, de los que se llevó la mitad, de los que tres fueron para su director.

    {xtypo_code}Francia, 2013 (85′)
    Título original: Les garçons et Guillaume, a tàble!
    Escrita y dirigida: Guillaume Gallienne, basada en su propia obra teatral.
    Producción: Cyril Colbeau-Justin, Jean-Baptiste Dupont, Alice Girard, Edouard Weil.
    Fotografía: Glynn Speeckaert.
    Música: Marie-Jeanne Serero.
    Montaje: Valérie Deseine.
    Intérpretes: Guilaume Gallienne (Guillaume / La madre), Françoise Fabian (Babou), André Marcon (Padre), Diane Kruger (Ingeborg), Nanou Garcia (Paqui), Reda Katb (Karim), Carole Brennet (La tía políglota), Brigitte Catillon (La tía de América), Charlie Anson (Jeremy), Gotz Otto (Raymund).{/xtypo_code}

    Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! parte de una exitosa obra de teatro (en España fue representada por Secun de la Rosa) en la que el autor-protagonista se desdoblaba en todos los personajes de la función. Aquí solo interpreta a dos. Eso sí, los dos más importantes de la historia. Además, Gallienne utiliza aquí también esa procedencia, y comienza la proyección en su camerino, para salir poco después al escenario a representar la obra. Veremos lo que nos cuenta, volviendo ocasionalmente a las tablas, y terminar en el mismo sitio en el que todo ha comenzado, una vez que la función ha concluido.

    La historia no podría haberla contado ni interpretado otro, porque lo que aquí cuenta el director es su propia vida, la estrecha relación que le unía con su madre cuando era niño-adolescente, cómo se identificaba con ella. Es la historia de un autodescubrimiento. El niño protagonista (lo de niño es un decir, en cualquier edad es interpretado por Gallienne sin usar maquillaje alguno) se siente niña, porque en su propia familia le tratan como tal. Y porque quiere ser como su madre. En resumidas cuentas es el conocerse a sí mismo.

    El director utiliza la comedia, a veces con más éxito que otras, y critica a la sociedad, a su familia, en este largo monólogo (la película, a fin de cuentas, es eso, un soliloquio rememorando cómo su pasado le marcó, cómo llegó a ser la persona que es hoy). En determinados momentos es una película muy francesa (con todo lo que ello implica), a veces logra más su objetivo que otras. Hay momentos verdaderamente divertidos, enfrentados con otros en los que no se termina de ver la gracia. Lo que no permite duda es del gran trabajo interpretativo del valiente director, que desnuda su alma durante toda la proyección. La cinta se mantiene, con altibajos, en un nivel medio, logrando al menos (lo cual es un verdadero logro) no caer de lleno en el melodrama, y el giro final eleva el nivel, dejando al espectador con un sabor mejor que el que la cinta ha tenido hasta entonces.

     

  • El Quijote americano

    Película NebraskaNEBRASKA

    Puede ser la tapada de los Oscar, la cinta que ha llegado a la final (opta a seis premios: mejor película, director, actor, actriz de reparto, guión y fotografía) haciendo menos ruído, pero que podría dar la campanada. Y, de lograrlo, nadie se llevaría las manos a la cabeza. Ello es porque detrás está el siempre eficaz Alexander Payne, autor de obras como Los descendientes, Entre copas, A propósito de Schmidt o Election. Obras todas magníficas, pero en las que (a pesar de elementos comunes) también se observa una evolución.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (115′)
    Dirección: Alexander Payne.
    Producción: Albert Berger, Ron Yerxa.
    Guión:  Bob Nelson.  
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música: Mark Orton.
    Montaje: Kevin Tent.
    Intérpretes: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bon Odenkirk (Ross Grant), Stacy Keach (Ed Pegram), Mary Louise Wilson (Tía Martha), Rance Howard (Tío Ray), Tim Driscoll (Bart), Devin Ratray (Cole), Angela McEwan (Peg Nagy). {/xtypo_code}

    La película toma la forma (como es habitual en el director) de una road-movie, y parte de una premisa muy sencilla: Woody es un anciano, bordeando la demencia (cosas de la edad) que cree haber ganado un millón de dólares por culpa de una carta publicitaria que le ha llegado hace poco, y empeñado en ir a Lincoln (Nebraska) a recoger el premio, aunque sea andando. Tras escaparse varias veces, su hijo decide acompañarlo y protegerlo en la aventura.

    Rodada en un sobrio blanco y negro, Payne (que rueda por primera vez un guión ajeno) se las apaña para utilizar todos sus elementos habituales, y poner sus señas de identidad en el producto. Es quizás la cinta más tierna (si se me permite) del director. Lejos queda la caricaturización de los personajes de Election. Aquí, el viaje que emprenden padre e hijo (a los que el tiempo y las circunstancias han alejado), les sirve para conocerse mejor, para que surjan secretos del pasado por obra y gracia de un grupo de fantásticos secundarios que quieren aprovechar la situación sacando trapos sucios.
    Woody es una especie de Quijote, enajenado y empeñado en ver lo que quiere ver, y luchar por ello. Y su hijo (muy bien Will Forte, eclipsado por un soberbio Bruce Dern) se ve obligado a acompañarle, cual Sancho, para protegerle, para intentar hacerle ver con ‘los ojos de la razón’, en vez de con los del corazón.

    Historia melancólica, que no evita el humor, Nebraska despierta sonrisas, a pesar de que su visión se sustenta en la derrota, pero también en la esperanza. Es una historia ambigua que te atrapa, una comedia triste de eso que llaman la América profunda, de un luchador que lo único que pretende, en realidad, es recuperar la dignidad.

     

     

  • Disney al cuadrado

    Al encuentro del Sr. Banks

    AL ENCUENTRO DEL SR. BANKS

    Hay películas que tienen un embarazo muy largo, y que tardan años desde que empieza a desarrollarse el proyecto, hasta que el filme llega a las pantallas. Uno de los ejemplos más evidentes es el que se cuenta en esta cinta, el proceso de creación de una de las obras más míticas de la factoría Disney, Mary Poppins.

    Y es que Walt Disney estuvo casi veinte años persiguiendo a la australiana Pamela Travers, autora de la novela sobre la famosa niñera para que le permitiera rodar la versión cinematográfica de su libro, hasta que ella decidió acudir a los estudios para supervisar todo el desarrollo del proyecto desde el guión, y lo conflictivo que fue dicha tarea por la negativa de la escritora a casi todo lo que Disney pretendía incluir en la cinta.

    Lo cierto es que, de no ser por la cabezonería de Disney, jamás habríamos conocido a la niñera que volaba con un paraguas, porque, seamos sinceros ¿alguien conoce la novela?

    La película mezcla dos líneas argumentales, viajando de una a otra: la de Pamela en los estudios, negociando todas las condiciones para aceptar la cesión de los derechos; y los recuerdos de ésta cuando era una niña en Australia, su relación con su padre, al que idolatraba, y al que homenajeo en el libro que después escribiría. En la primera, la pareja formada por Emma Thompson y Tom Hanks mantienen el nivel de la historia, que en sí no es del todo creíble (ni Disney era tan bueno, ni (probablemente) Travers fuera tan reticente). La segunda, menos consistente, aunque igualmente importante en la historia, cuenta con un Colin Farrell poco (o nada) creíble.

    A pesar de que ha recibido algunos premios en los últimos meses de parte de algunas de las múltiples asociaciones de críticos, para los Oscar solo ha conseguido una nominación, a la mejor banda sonora, obra de Thomas Newman, que en algunos momentos recuerda a otras composiciones del autor (como la de American beauty) y que tendrá difícil ganar el premio.

    El director mejora (ligeramente) desde su anterior cinta (la floja The blind side), aunque aún le queda por mejorar para entregarnos una película verdaderamente grande. Aparte queda lo raro que parece una película de Disney que cuenta una parte de la vida de Disney.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido-Australia, 2013 (125′)
    Título original: Saving Mr. Banks.
    Dirección: John Lee Hancock.
    Producción: Ian Collie, Alison Owen, Philip Steuer.
    Guión:  Kelly Marcel, Sue Smith.  
    Fotografía: John Schwartzman.
    Música: Thomas Newman.
    Montaje: Mark Livolsi.
    Intérpretes: Emma Thompson (Pamela Travers), Tom Hanks (Walt Disney), Annie Rose Buckley (Ginty), Colin Farrell (Travers Goff), Ruth Wilson (Margaret Goff), Paul Giamatti (Ralph), Bradley Whitford (Don DaGradi), B.J. Novak (Robert Sherman), Jason Schwartzman (Richard Sherman), Lily Bigham (Biddy), Kathy Baker (Tommie), Melanie Paxson (Dolly), Rachel Griffiths (Tía Ellie).{/xtypo_code}

  • Corrupción y timos

    La gran estafa americana

    LA GRAN ESTAFA AMERICANA

    David O. Russell es uno de esos directores que el gran público apenas conoce, y sin embargo es uno de los más respetados y reputados realizadores para gran parte de la crítica. De hecho, no es muy habitual lograr lo que él ha logrado: meterse en las cinco categorías principales (película, director, actriz, actor, guión) de los Oscar, en dos años consecutivos (el pasado 2013 fue con El lado bueno de las cosas, de la que ya dijimos que tras una primera muy buena hora, acababa desinflándose). Y la cosa mejora si hablamos de su anterior cinta, de 2010, El luchador, con la que también consiguió reunir cuatro de las cinco nominaciones principales.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (138′)
    Título original: American hustle.
    Dirección: David O. Russell.
    Producción: Megan Ellison, Jonathan Gordon, Charles Roven, Richard Suckle.
    Guión:  David O. Russell, Eric Warren Singer.  
    Fotografía: Linus Sandgren.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy, Crispin Struthers.
    Intérpretes: Christian Bale (Irving Rosenfeld), Bradley Cooper (Richie DiMaso), Amy Adams (Sydney Prosser), Jeremy Renner (Alcalde Carmine Polito), Jennifer Lawrence (Rosalyn Rosenfeld), Louis C.K. (Stoddard Thorsen), Jack Huston (Pete Musane), Michael Peña (Paco Hernández / Sheik Abdullah), Shea Whigham (Carl Elway), Alessandro Nivola (Anthony Amado), Elisabeth Röhm (Dolly Polito). {/xtypo_code}

    Con esta nueva cinta, Russell se supera, y ahora sí ha conseguido una película (casi) redonda, en la que desde el principio consigue enganchar a una historia que te mantiene con la máxima atención desde el primer momento. La gran estafa americana es una cinta muy fresca, escandalosamente entretenida, en la que mezcla humor juguetón, apuestas dramáticas y un atractivo sexual arrebatador.

    Inspirada libremente en el caso Abscam, nos cuenta la historia de un estafador profesional y su amante y socia, que al ser pillados por el FBI, se ven obligados a colaborar con ellos para capturar a senadores y otros políticos de alto nivel, inmersos en casos de corrupción.

    La cinta es un drama criminal por cuyas venas corre sangre de comedia. Su apertura es magnífica e hilarante, con un Irving Rosenfeld (Christian Bale) intentado recomponer su peinado como si de un puzzle se tratara. Bale es solo uno más de los miembros de un reparto soberbio. Si él está bien, ellas dos están sencillamente magníficas: Amy Adams brilla, pero Jennifer Lawrence (que camina con paso firme hacia su segundo Oscar) sobresale por encima de todos.

    Pero es que además, la fotografía, la excelente banda sonora, la brillante recreación de la época en que se desarrolla… todo, todo colabora para convertirla en una de las mejore cintas del año. Tiene difícil su triunfo en los Oscar, sí, porque tiene un par de rivales muy fuertes, pero no se la pueden perder.

     

  • Von Trier arma jaleo

    Nymphomaniac (Parte 1)

    NYMPHOMANIAC (PARTE 1)

    Tras armar mucho ruido en los meses previos a su estreno, haciendo que el deseo durante la espera fuese aumentando, llega la primera parte del último trabajo del polémico Lars von Trier, que demuestra que es un polemista nato, que puede vender cualquier cosa, y que todo lo que se había dicho en un principio de esta Nymphomaniac no era más que propaganda, en parte falsa, para vender la cinta.

    {xtypo_code}Dinamarca-Alemania-Francia-Bélgica-Reino Unido, 2013 (122′)
    Escrito y dirigido: Lars von Trier.
    Producción: Louise Vesth.
    Fotografía: Manuel Alberto Claro.
    Montaje:  Morten Hojbjert, Molly Marlene Stensgaard.
    Intérpretes: Charlotte Gainsbourg (Joe), Stellan Skarsgard (Seligman), Stacy Martin (Joven Joe), Shia LaBeouf (Jerôme), Christian Slater (Padre de Joe), Uma Thurman (Sra. H), Sophie Kennedy Clark (B), Connie Nielsen (Madre de Joe),  Nicolas Bro (F), Felicity Gilbert (Liz), Clayton Nemrow (Hombre casado en el tren), Hugo Speer (Sr. H).{/xtypo_code}

    Nos habían hablado de altas dosis de escenas de enorme contenido sexual entre los intérpretes, que algunos de ellos estaban negándose a rodar algunas escenas, pero la realidad (al menos en esta primera parte), no es para tanto. Cierto que hay sexo, pero esto tampoco es nuevo en el director danés. No hay más que recordar el final de Los idiotas.
    La cinta nos cuenta la historia de Joe, una mujer cercana a las cincuenta, a la que Selinger encuentra tirada en un callejón un frío día de invierno después de que le hayan dado una paliza. Decide llevarla a su casa y cuidarla. Y ella, que se autodiagnostica como ninfómana, le cuenta su azarosa vida a través de ocho capítulos (cinco en esta primera entrega), repleta de encuentros, asociaciones e incidentes.

    La película deja sentimientos encontrados. Uno tiene la sensación de que la vida de la protagonista (en esta parte, más que Charlotte Gainsbourgh, que aparece como cabeza de cartel, la protagonista indiscutible es su alter ego joven, la bellísima Stacy Martin), más que erótica, es triste, y un halo de melancolía (título de la anterior cinta del danés, por cierto) recorre toda su existencia, y se refleja en su rostro. Tiene imágenes poderosas, el trabajo visual es magnífico siempre en Von Trier (aquí la cima la alcanza en el capítulo cuarto, un ‘Delirio’ en blanco y negro fantástico); pero los personajes son lineales, no evolucionan, lo que hace que sea difícil identificarse con ellos.

    También está ese coqueteo con la prostitución (la chica ‘empieza’ su carrera sexual luchando con una amiga por ver quien gana una bolsa de chocolatinas); y (externamente a la cinta en sí) esa censura autoimpuesta, que ha convertido una cinta de más de cinco horas en dos que no llegan a las cuatro, y que hacen pensar que lo de Von Trier ha sido publicidad engañosa, o una obra maestra de marketing para garantizar una taquilla a su película.

     

  • El lado oscuro de la historia

    12 años de esclavitud

    12 AÑOS DE ESCLAVITUD

    Aunque ya desde hace meses podemos ver en las salas alguna que otra cinta suelta, estamos en esa época del año en la que ya empiezan a llegar todas esas grandes películas que suenan de cara a los Oscar que se entregarán a principios del próximo marzo. Y una de las favoritas indiscutibles es esta 12 años de esclavitud, que está recogiendo premios de todas las asociaciones de críticos americanos, que tiene el mayor número de candidaturas en los Globos de Oro, y que está recopilando excelentes críticas desde que se estrenara en el Festival de Toronto hace unos meses.

    {xtypo_code}Reino Unido-Estados Unidos, 2013 (134′)
    Dirección: Steve McQueen.
    Producción: Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Steve McQueen, Arnon Milchan, Brad Pitt, Bill Pohland.
    Guión:  John Ridley, basado en el libro de Solomon Northup.  
    Fotografía: Sean Bobbitt.
    Música: Hans Zimmer.
    Montaje:  Joe Walker.
    Intérpretes: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup), Michael Fassbender (Edwin Epps), Benedict Cumberbatch (Ford), Paul Dano (Tibeats), Paul Giamatti (Freeman), Lupita Nyong’o (Patsey), Sarah Paulson (Sra. Epps), Brad Pitt (Bass), Alfre Woodard (Sra, Shaw), Michael K. Williams (Robert), Garrett Dillahunt (Armsby), Scott McNairy (Brown), Taran Killlam (Hamilton), Bryan Batt (Juez Turner), Dwigth Henry (Tío Abram).{/xtypo_code}

    El británico Steve McQueen ha hecho la mejor película sobre ese negro período de la historia que fue la esclavitud en los Estados Unidos. En la cinta podemos sentir el dolor, no solo físico (a veces es excesivo el número de golpes, latigazos que dejan la carne destrozada, y en los que el director no omite detalle) sino también moral, la negación de la persona, la anulación de la identidad; y lo hace de modo magistral (casi siempre) contando esta historia real, la de Solomon Northup, un hombre libre, que vivía en el estado de Nueva York con su familia, y que era un virtuoso violinista, que fue secuestrado y vendido como esclavo en un estado sureño. Allí pasaría doce terribles años, pasando de plantación en plantación, de dueño en dueño.

    El director, acostumbrado a retratos de personajes que sufren, y que ya nos contó en su anterior cinta (la poderosísima Shame) es el primer realizador de color que nos cuenta la historia de la esclavitud, y el tratamiento es duro. No solo, como decíamos, en el trato de los esclavistas. No todos eran sádicos, violentos y crueles, había quienes tenían un trato más educado, más respetuoso. También en el comportamiento de los propios esclavos, quienes llegan a una situación en la que no ven salida, están tan acostumbrados, y no contemplan otra vida, que llegan a situaciones terribles: una escena dolorosísima da ejemplo de ello, cuando durante un largo plano, el protagonista permanece colgado, abandonado, con el resto de esclavos pasando al lado, dedicados a sus tareas, y sin prestarle la más mínima atención. Tal es el grado de negación de la persona a que eran sometidos. Es de las escenas más brutales de una cinta que no es que sea precisamente pacata a la hora de mostrar violencia física.

    McQueen bordea peligrosamente el melodrama, con una historia que se presta a ello, y aunque no llega a caer de lleno en él, si se moja los pies en dicho terreno en alguna ocasión (sobre todo con un final que hace que la historia baje mucho en su calidad). Va a ganar varios Oscar: el de actor para un  portentoso Chiwetel Ejiofor parece casi asegurado, y también podían caer los de reparto para Lupita Nyong’o y Michael Fassbender (habitual en el cine del director), sin hablar del de película.

    Es una cinta muy buena, sí, una de las mejores del año, también. Pero no creo que sea tan redonda como muchos están queriendo ver.

     

  • Hermanos con sed de sangre

    1501HANSEL Y GRETEL, CAZADORES DE BRUJAS

    Dejemos las cosas claras desde el principio: si alguien espera ver una versión cinematográfica del cuento infantil que crearon los hermanos Grimm, que se olvide. El cuento acaba a los cinco minutos de metraje, cuando los dos niños han sido abandonados a su suerte en el bosque, secuestrados por una bruja, y los dos consiguen acabar con ella. Después, la acción se traslada a quince años después, donde la pareja, embutida en unos trajes de cuero y portando unas armas totalmente anacrónicas se dedican a eliminar a todas las brujas que atemorizan a los ciudadanos de bien a cambio de unas pocas (o muchas) monedas.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Alemania, 2013 (88′)
    Escrita y dirigida: Tommy Wirkola.
    Producción: Will Ferrell, Beau Flynn, Chris Henchy, Adam McKay, Kevin J. Messick.
    Fotografía: Michael Bonvillain.
    Música: Atli Örvasson.
    Montaje: Jim Page.
    Intérpretes: Jim Page. Intérpretes: Jeremy Renner (Hansel), Gemma Arterton (Gretel), Famke Janssen (Muriel), Pihla Viitala (Mina), Derek Mears (Edward), Ingrid Bolso Berdal (Bruja cornuda), Joanna Kulig (Bruja pelirroja), Thomas Mann (Ben), Peter Stormare (Sheriff Berringer).{/xtypo_code}

    Así que si pensaban llevar a los pequeños de la casa para que disfrutaran con la película, mejor cambien de idea, ya que si son demasiado pequeños lo único que pueden provocarles es un trauma de mucho cuidado, con la sangre, las vísceras y la violencia que impera en la cinta. Ahora bien, lo bueno de esta película, lo que sorprende, por inesperado, es precisamente eso, su espíritu gamberro, sus intenciones macarras, su estética rayana con el gore en algunos momentos. Tampoco es una novedad, todo hay que decirlo, pero hay que ser justos y confirmar que el argumento no se toma en serio a sí mismo, que no es más que una gran broma con algunos momentos que despiertan la sonrisa.

    Es divertido buscar los anacronismos que recorren toda la cinta (desde esos trajes de cuero que llevan los protagonistas, hasta las armas imposibles, o los dibujos de niños perdidos en las botellas de leche (por decir sólo unos pocos), y algunos momentos sangrientos incluso invitan a la  carcajada (no se pierdan al troll que elimina a unos pocos de los ‘malos’, y cómo lo hace). Pero a pesar de que la cinta se disfruta, de que sorprende por inesperada en su espíritu y en su aspecto visual, también es cierto que este espíritu macarra en una adaptación de un cuento infantil no es nada nuevo, y que, a pesar de que la mayor parte de la historia no estaba en lo que nos contaron los hermanos Grimm, el argumento se ve venir desde lejos, y son pocas las sorpresas que depara, muy a su pesar, a lo largo del metraje.

    Uno de los puntos que debían ser su fuerte es la caracterización de las brujas, y lo consigue sólo en ocasiones. Famke Janssen está un nivel por encima de los protagonistas, y nos da un par de buenos momentos. Pero en el resto de brujas el maquillaje es burdo y simplista. La ambientación, tanto del poblado como de los bosques es más que correcta, y logra transmitir esa sensación lóbrega, logra que dé miedo pasear por allí.

    Un buen trabajo visual, con ritmo, macarrismo, grandes toques de humor, y brevedad (la cinta no llega a la hora y media, lo que ayuda sustancialmente a que el rato que se pasa viéndola sea agradable y no se haga pesada), a pesar de un evidente desarrollo en el que es fácil anticiparse a lo que va a ocurrir.

     

  • Alforjas llenas de viento

    1501EL ATLAS DE LAS NUBES

    Había quien esperaba con muchas ansias esta cinta, el nuevo y mastodóntico proyecto de los hermanos Wachowski, los mismos que hace una década crearon el universo Matrix (pese a que a muchos sólo la primera de sus partes nos pareció soportable) y que después se estrellaron con aquella tontería que fue Speed Racer. Proyecto este para el que han contado con la colaboración del alemán Tom Tykwer (director de Corre Lola, corre o El perfume entre otras). Otros, en cambio, la esperábamos por la grandiosidad que prometía, aunque mucho temíamos que esa misma altura de miras podía jugar en su contra. Como así ha sido.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Alemania-Hong Kong-Singapur, 2012 (178′)
    Escrita y dirigida: Andy Wachowski, Lana Wachowski, basado en la novela homónima de David Mitchell.
    Producción: Stefan Arndt, Grant Hill, T. Tykwer, A.Wachowski, L. Wachowski.
    Fotografía: Frank Griebe, John Toll.
    Montaje: Alexander Berner.
    Intérpretes: Tom Hanks , Halle Berry , Jim Broadbent , Hugo Weaving , Jim Stugues , Doona Bae , Ben Winshaw , Keith David, James D’Arcy, Xun Zhou , Susan Sarandon , Hugh Grant.{/xtypo_code}

    El atlas de las nubes se basa en la novela homónima de David Mitchell, aunque los directores han modificado la estructura de la misma para hacerla, según ellos, más cinematográfica. Para ello, en vez de contar las seis historias de forma líneal, van saltando de una a otra aprovechando la menor oportunidad, la más mínima excusa. A veces ni siquiera eso.

    Son seis, como decimos, las tramas, y seis, asimismo, los géneros: desde el cine de aventuras en el Pacífico Sur a mediados del XIX, al cuento apocalíptico de 106 inviernos despues de “La Caída”, pasando por el melodrama trágico en la Inglaterra de los años 30, el thriller político en California en los años 70, la comedia británica en la actualidad, y la ciencia-ficción distópica de Neo-Seul en el año 2144. Todas muy distintas, y en las que, en realidad sólo hay dos elementos en común: una misma marca de nacimiento presente en algún personaje de cada época (no, no busquéis relación de parentesco en distintas épocas, descendientes de un personaje concreto, no tienen nada que ver); y que en todas ellas hay opresores y oprimidos, poderosos que ejercen la fuerza contra unos ‘súbditos’. En las seis historias, que están conectadas por elementos a veces demasiado débiles, los intérpretes son los mismos, escondidos en algunas bajo un maquillaje imposible que despista más que ayuda a que la historia enganche. En realidad hay un séptimo período, que conforma el prólogo y el epílogo de esta farragosa cinta, y que lo que hace es deshacer la posible magia que haya podido crearse.

    El resultado final es demasiado embarullado, pretencioso hasta el paroxismo. Una historia farragosa, a veces incomprensible, en la que cuesta entrar, vacía en muchas ocasiones, que pretende ser lo que no es. Y larga, larga, larga. Algunas transiciones están excesivamente forzadas, y otras son endebles, como si se viesen obligados a cambiar de una a otra y aprovechasen a que el mismo intérprete está en pantalla (con diferente maquillaje) para hacer el trueque.

    No todo es insalvable. No seamos excesivamente crueles. Hay algunas situaciones puntuales que funcionan y que sorprenden, algunos destellos. Las recreaciones de las distintas épocas, salvo detalles, están bastante logradas. La banda sonora, de Tykwer y los suyos, la banda Pale3, es muy buena. Pero el conjunto sale perjudicado por la intención del trío de directores de querer abarcar mucho, demasiado, de querer filosofar sobre el amor, sobre la existencia, de lanzar mensajes sobre espiritualidad y misticismo que lo que consiguen es que la cinta se hunda en el ridículo en muchos momentos.