Categoría: La película

  • Paranoia al cubo

    Escena del películaEl Número 23

    Lo comprobé poco después de salir de la sala: si sumo el día y el mes de mi cumpleaños, el resultado es 23. Y si sumo las cifras del año en que nací, lo mismo, 23. Es más, sumando los valores numéricos de las letras de mi nombre completo, obtengo 285 (y ¡¡28 – 5 = 23!!) ¿Qué significa todo esto? Principalmente dos cosas: que tengo mucho tiempo que perder haciendo cálculos absurdos, y que el mundo está lleno de casualidades.

     

     

    Estados Unidos, 2007.
    Título original: Number 23.
    Director: Joel Schumacher.
    Producción: Beau Flynn y Tripp Vinson.
    Guión: Fernley Phillips.
    Fotografía: Matthew Libatique.
    Música: Harry Gregson-Williams.
    Montaje: Mark Stevens.
    Duración: 96 minutos.
    Intérpretes: Jim Carrey (Walter Sparrow/Fingerling), Virginia Madsen (Agatha Sparrow/Fabrizia), Logan Lerman (Robin Sparrow), Danny Huston (Isaac French/Dr.Miles Phoenix), Rhona Mitra (Laura Tollins), Lynn Collins (La rubia suicida/Sra. Dobkins/Joven madre de Fingerling), Michelle Arthur (Sybill), Mark Pellegrino (Kyle Finch).

    Jim Carrey (al que muchos, entre los que me incluyo, descubrieron como actor en El show de Truman, considerando sus trabajos anteriores simples payasadas casi sin valor -lo mismo le ocurrió años antes a Tom Hanks, quien tras numerosas cintas como Esta casa es una ruina, Socios y sabuesos, o Joe contra el volcán, se "descubrió" como actor y hasta ganó dos merecidos Oscars…-) se pone en la piel de Walter, trabajador de una perrera, al que su mujer, dueña de una pastelería, le regala un libro que le cambiará la vida: El número 23. En cuanto comienza su lectura, Walter empieza a encontrar numerosas similitudes entre su propia vida y lo que cuenta el libro. Además, al igual que el protagonista del mismo, empezará a percatarse de que su vida está marcada desde su nacimiento por la dichosa cifra, y comenzará una búsqueda paranóica del significado que se esconde detrás de todo el asunto.

    Lo que queda claro, a medida que la trama va avanzando, es que el protagonista de la historia no es ninguna lumbrera, precisamente. Aquí pasa como con la famosa leyenda urbana de la declaración pública pro-etarra de La Oreja de Van Gogh o la de Ricky Martin y la nocilla (o mermelada, según quien cuente la historia): que todos conocen a alguien que conoce a alguien que ha oido que alguien lo ha visto en televisión, pero realmente nadie lo hizo. Me explico: la paranoia de Walter por el número 23 le viene de la lectura del libro que ha escrito un tal Topsy Kretts (juego de palabras absurdo para "alto secreto", por otra parte, como si lo que se contara tuviese una importancia vital); este tal Topsy cuenta su propia vivencia, y es que también sucumbió a la locura por el mismo número tras conocer a una obsesionada rubia suicida, quién a su vez había enloquecido a través de un antiguo novio que había perdido la cabeza por lo mismo (de este tipo sabemos poco más que ya no está entre los vivos).

    El problema de la cinta de Joel Schumacher es que es de esas películas (que lamentablemente abundan más de lo deseado) que van inflándose con los minutos, creciendo, aumentando la intensidad y la tensión (es una forma de hablar, no me lo tomen al pie de la letra), para al final, con un giro tan inesperado que resulta absurdo (y muchas veces, como aquí, poco creible) reventar y quedar en un bluff de cuidado. De esos que hacen historia. Y con fallos que se descubren a poco que se indague un poco en Internet (el asesino Ted Bundy no fue ajusticiado el 23 de enero, sino el 24, por poner un ejemplo…)

    Al menos, siempre nos quedará Virginia Madsen, fabulosa (como casi siempre) en su doble papel.

     

  • Un trozo de nuestra historia

    el corazón de la tierraEL CORAZÓN DE LA TIERRA

     El onubense Antonio Cuadri se lanza al cine internacional, tras varios filmes de relativo éxito en nuestro país (La gran vida, Eres mi héroe y La buena voz, sin mencionar sus trabajos en televisión), adaptando libremente la novela de Juan Cobos Wilkins, sobre un tema que el director ya trató hace tres años con el documental Riotinto: El latido de la tierra. El reparto cuenta con nombre de intérpretes reconocidos como la colombiana Catalina Sandino Moreno (nominada al Oscar por María llena eres de gracia), los británicos Bernard Hill (Ricardo III, Titanic, El Señor de los Anillos…) o Sienna Guillory (La máquina del tiempo, Love actually, Eragon…), el cubano Jorge Perugorría, el portugues Joaquim de Almeida o los españoles Fernando Ramallo, Ana Fernández y Juan Fernández (ambos premiados por Solas).

    España-Reino Unido-Portugal, 2007.
    Director: Antonio Cuadri.
    Producción: Antonio Cuadri y Juan Carlos Orihuela.
    Guión: Antonio Cuadri, Shelley Miller, Doc Comparato, inspirado en la novela homónima de Juan Cobos Wilkins.
    Fotografía: Javier G. Salmones.
    Música: Fernando Ortí.
    Montaje: Mercedes Cantero.
    Duración:  100 minutos.
    Intérpretes: Catalina Sandino Moreno (Blanca Bosco), Sienna Guillory (Kathleen), Philip Winchester (Robert Coyle), Bernard Hill (Mr. Crown), Joaquim de Almeida (Baxter), Jorge Perugorría (Alcalde), Ana Fernández (Mercedes), Fernando Ramallo (Carlos), Juan Fernández (Nazario), Elvira de Armiñán (Blanca, niña), Natalia Quesnel (Kathleen, niña).

     

    A finales del siglo XIX, la mayor empresa del país era la británica que explotaba las minas y los habitantes de Riotinto que en ella trabajaban. Las condiciones de trabajo, utilizando las prohibidas teleras, hacían que todos cayeran enfermos con asiduidad, y no sólo los trabajadores, sino también mujeres, niños y ancianos de alrededores. Hasta que un día llega al pueblo Maximiliano, un extranjero que se percata de la situación y convence a los campesinos y mineros de la zona para protestar pacíficamente y declarar la huelga hasta que la situación se arregle. Pero las autoridades abren fuego contra los manifestantes, matando a muchos de ellos.

    el corazón de la tierraCuadri utiliza este hecho histórico, que fue silenciado durante décadas, y que es la trama principal del libro en que se inspira, para centrarse en la historia de dos mujeres, niñas en el momento de la represión a disparos, de los que fueron testigo, de clases opuestas pero amigas inseparables, y llevar la historia quince años más adelante en el tiempo, cuando ambas luchan, cada una a su manera, por arreglar la situación.

    Aunque el resultado final no es malo, la primera mitad de la cinta se presenta de modo muy atropellado, con un ritmo muy rápido en el que los hechos se suceden sin explicación alguna, de modo muy impetuosamente, y la mayoría de ellos no parecen tener sentido (como la relación que se establece, de un plano a otro, entre el revolucionario Maximiliano y Mercedes, la madre de la pequeña Blanca).

    En la segunda parte del metraje, se presta más atención a la historia romántica que protagonizan las dos protagonistas (no entre ellas, ojo), con la llegada al pueblo de un nuevo director para la compañía minera y el joven ayudante de éste, buscando quizás un mayor espectro de público, sin olvidar el aspecto histórico, que, por otra parte, a ese público que se intenta ganar, no le va a interesar mucho, y que, seguramente, lo tomará como pura y dura ficción.

    Lo mejor de la cinta, sin duda, son esos majestuosos planos aéreos de las minas, decorado único en el mundo, que Cuadri maneja con soltura, como si llevara haciéndolo toda la vida, en vez de las películas más cercanas, más centradas en los sentimientos que en los grandes aparatajes audiovisuales.

  • La muerte de una estrella

    sunshineSUNSHINE

     Cinco años después de su apocalíptica 28 días después, y tras el paréntesis que supuso Millones, Danny Boyle regresa al género del cine de catástrofes. En esta ocasión no hay ningún virus que transforme a los humanos en sanguinarias máquinas de matar, sino que la debacle procede del exterior, con un simple hecho que, de producirse realmente, acabaría por completo con la vida en la tierra.

    Reino Unido, 2007.
    Título original: Sunshine.
    Director: Danny Boyle.
    Producción: Andrew Macdonald.
    Guión: Alex Garland.
    Fotografía: Alwin H. Kuchler.
    Música: Karl Hyde, John Murphy y Rick Smith.
    Montaje: Chris Gill.
    Duración:  107 minutos.
    Intérpretes: Cillian Murphy (Capa), Rose Byrne (Cassie), Cliff Curtis (Searle), Chris Evans (Mace), Michelle Yeoh (Corazón),Troy Garity (Harvey), Hiroyuki Sanada (Kaneda), Benedict Wong (Trey).

     

    Estamos en el año 2057. El sol se está muriendo y nuestro planeta ha caído en un frio invierno perpetuo. La única posibilidad de salvación son los ocho hombres y mujeres que partieron dieciséis meses atrás en el Icarus II, cargados de una bomba del tamaño de Manhattan directa al corazón de la estrella, para intentar revivirla y que el planeta no perezca. Poco antes de entrar en el área donde las radiaciones impiden el contacto por radio, y por tanto, a punto de quedar incomunicados, reciben una llamada de socorro proveniente del Icarus I, la nave que siete años atrás intentó, sin éxito, lo mismo que ellos se proponen, que desapareció sin dejar rastro, y a los que todo el mundo daban por muertos, después de tanto tiempo sin alimentos. Tras dudar si continuar con su misión y decidirse finalmente a acercarse a la nave primigenia, un accidente hace que pierdan elementos fundamentales para la subsistencia e imposibilite que lleguen al lugar preciso en el que soltar la bomba, o al menos, que lleguen todos.

    Sunshine es una cinta apocalíptica, aunque se centra más en los humanos que en el desastre en sí. Evidente si tenemos en cuenta que la totalidad de la acción se desarrolla a millones de kilómetros del planeta.

    La principal baza de la histo-ria consiste en mostrar cómo, una vez privados de todo contacto con el exterior de la nave, sus ocupantes empiezan a perder la cabeza, a enfrentarse entre ellos y contra la locura. Entre los protagonistas empiezan a aparecer actitudes que hasta entonces estaban ausentes, desde los instintos suicidas, por un terrible sentimiento de culpa, hasta los opuestos instintos homicidas, dejar atrás, eliminar a los más débiles para que la misión pueda llevarse a cabo. Aunque la sucesión de hechos (por completo inesperados) vaya cambiando la percepción de la situación por momentos.

    Y es que la película va derivando paulatinamente hacia un film de terror, aunque siga sin ser el miedo el elemento fundamental de la misma.

    A Danny Boyle le sigue pesando el lastre que supone haber hecho una muy buena película como Trainspotting, y desde entonces ninguna de sus obras ha despertado el  mismo interés (sobre todo después de aquella horrible pesadilla para el espectador que fue la insufrible La playa). Ahora parece que lo ha conseguido con esta cinta, muy interesante, muy bien interpretada, que mantiene la tensión con los distintos giros que toma la historia, y con unos efectos visuales (y unos planos del moribundo sol) verdaderamente bellos.

  • Los Pang hacen las Américas

    cine the messengersThe messengers

    Contaba el maestro Hitchcock que una vez tuvo una idea brillante para comenzar una película: la cámara seguía, en plano secuencia, sin cortes, el proceso de creación de un automóvil en la cadena de montaje desde el esqueleto más básico de la estructura hasta que llegaba, ya concluido, al final del proceso. En ese momento, siempre sin cortar el plano, un operario abría una de las puertas del coche y en su interior había un cadáver. Finalmente desechó esta idea porque se preguntaba (no sin razón), ¿qué iba a contar a continuación para no defraudar la expectación creada con ese inicio tan brutal? 

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    Estados Unidos, 2007.
    Título original: The messengers.
    Director: Danny y Oxide Pang.
    Producción: Sam Raimi, William Sherak, Jason Shuman y Robert G. Tapert.
    Guión: Mark Wheaton.
    Fotografía: David Geddes.
    Música: Joseph LoDuca.
    Montaje: John Axelrad, Armen Minasian, Danny y Oxide Pang.
    Duración:  90 minutos.
    Intérpretes: Kristen Stewart (Jess), Dylan McDermott (Roy), Penelope Ann Miller(Denise), John Corbett (Burwell), Evan y Theodore Turner (Ben), William B. Davis (Colby Price), Dustin Milligan (Bobby).

    Viene esto a colación de The messengers, debut americano de los gemelos thailandeses Danny y Oxide Pang, que se hicieron famosos en todo el mundo tras el éxito de su filme The eye, de la que han tomado algunos elementos para esta cinta.

    Y es que ya empiezan a cansar (ya hace tiempo) las cintas de terror con fantasma y casonas antiguas, en parajes solitarios y en las que (tiempo ha) ocurrieron hechos terroríficos. ¿Es que no sería, digo yo, tomando como referente la idea mencionada de Hitchcock, mucho más terrorífico que esos hechos ocurrieran en casas nuevas, en las que no ha vivido nadie antes y en las que no han habido muertes violentas, ni están levantadas sobre antiguos cementerios, ni sobre terrenos con maldición alguna? ¿No sería verdaderamente terrorífico sentir que algo ocurre, algo perturbador, y que no hay explicación alguna que le dé sentido?

    En The Messengers se nos cuenta la historia de la familia Solomon, que abandona la vida de Chicago para empezar de nuevo en una granja en Dakota. Pronto la joven Jess, de dieciséis años, y su hermano pequeño Ben, de tres, empiezan a tener aterradoras visiones en la casa, pero los padres no creen a la hija, que tiempo atrás ya presentó problemas en Chicago e incluso cuestionan su salud mental.

    Los hermanos Pang se han decantado por un terror más clásico, en el sentido de que han dejado atrás el riesgo formal y las novedades estéticas que usaron en sus filmes asiáticos, para centrarse en un estilo más comercial, con las conocidas estridencias musicales precedidas de silencios que son las que asustan, más que los fantasmas en sí (por cierto, los de este filme recuerdan, por su físico y movimientos, a los de su cinta más exitosa y sus posteriores secuelas).

    Es decir, The Messengers cumple su objetivo (más o menos), si bien, como también es habitual en este tipo de cintas, tiene un desarrollo previsible y ciertas incongruencias que se repiten título tras título (¿por qué ese afán de querer bajar al sótano si en las anteriores siete ocasiones que lo ha hecho se ha encontrado con algo terrorífico?, o ¿por qué, justo después de reiterar y casi rogar llorando que se vayan de allí, sin que le hagan caso, la chica entra corriendo en la casa y se encierra en su habitación?)

  • Luna en la Luna

    Moscow Zero

    cineOculta bajo el seudónimo Luna, la actriz y directora española María Lidón lleva desde principios de siglo poniéndose tras las cámaras en proyectos ambiciosos, con grandes presupuestos y actores internacionales: desde Denise Richards y Daryl Hannah en Yo puta, a Maria de Medeiros, Joaquim de Almeida y Vincent Gallo en su debut, Naúfragos (filme que obtuvo tres premios en el Fantafestival de Roma). Almeida y Gallo repiten en esta Moscow Zero, junto a la jovencísima actriz rusa Oksana Akinshina, que con quince años, hace apenas cinco, acumuló un cargamento de trofeos por su papel en Lilja 4-ever.

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    España-Gran Bretaña-Estados Unidos, 2007.
    Título original: Moscow Zero.
    Directora: Luna.
    Producción: Dolo Magán.
    Guión: Adela Ibáñez.
    Fotografía: Ricardo Aronovich.
    Música: Javier Navarrete.
    Montaje: Elena Ruiz.
    Duración:  90 minutos.
    Intérpretes: Vincent Gallo (Owen), Oksana Akinshina (Lyuba), Val Kilmer (Andrei), Sage Stallone (Varricks), Joaquim de Almeida (Yuri), Rade Serbedzija (Sergei), Joss Ackland (Tolstoi), Alex O’Dogherty (Pavel), Julio Perillán (Alec Miller).

    Pese a todo ello, pese a los altos presupuestos, a los intérpretes de renombre, Luna sigue siendo, tanto aquí, como fuera de nuestras fronteras, una auténtica desconocida. Sus películas pasan con más pena que gloria por las carteleras. Y a la vista de su última propuesta, esta Moscow Zero (rodada en gran parte en Carmona y Sevilla, en los túneles del que será el futuro metro de la ciudad) la situación no tiene visos de cambiar pronto.

    Bajo la superficie de una gran ciudad como Moscú habita una sociedad marginal, a la espera de que llegue el momento oportuno para salir a la superficie. El profesor Sergei Spassky se introduce en el laberíntico submundo de alcantarillas y túneles sin fin, para averiguar que se oculta tras la serie de asesinatos que se les atribuyen y atraído por las leyendas que circulan sobre estos seres, leyendas que hablan de demonios y de las puertas del infierno, que, según piensan algunos de los que allí abajo moran, acaban de ser abiertas. Spasski desaparece y uno de sus compañeros decide entrar a buscarle.

    La historia tiene dos problemas principales: uno, se ve venir a kilómetros, es predecible casi desde que se plantean los misterios, ya que Luna (y el guión, también) ofrece demasiadas pistas y muy pronto, y no consigue en el espectador un mínimo de interés, no llega a conectar en ningún momento; y dos, la resolución, que ya se sabe de antemano, decepciona. Además, es poco creíble en muchos aspectos (la relación ‘amorosa’ es, cuanto menos, absurda e inverosímil)

    Moscow Zero, que ya aburrió a los asistentes al Festival de Sitges, aburre ya a todo el mundo (salvo a los alemanes y los americanos, hasta hace poco los únicos -según su directora- que no han comprado la película). Película muy oscura (incluso cuando las escenas transcurren en la superficie), que parece que va a contar algo muy interesante, pero que al poco tiempo se ve que no va a ser así, porque no hay nada que contar.

  • Luna en la Luna

    Moscow Zero

    cineOculta bajo el seudónimo Luna, la actriz y directora española María Lidón lleva desde principios de siglo poniéndose tras las cámaras en proyectos ambiciosos, con grandes presupuestos y actores internacionales: desde Denise Richards y Daryl Hannah en Yo puta, a Maria de Medeiros, Joaquim de Almeida y Vincent Gallo en su debut, Naúfragos (filme que obtuvo tres premios en el Fantafestival de Roma). Almeida y Gallo repiten en esta Moscow Zero, junto a la jovencísima actriz rusa Oksana Akinshina, que con quince años, hace apenas cinco, acumuló un cargamento de trofeos por su papel en Lilja 4-ever.

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    España-Gran Bretaña-Estados Unidos, 2007.
    Título original: Moscow Zero.
    Directora: Luna.
    Producción: Dolo Magán.
    Guión: Adela Ibáñez.
    Fotografía: Ricardo Aronovich.
    Música: Javier Navarrete.
    Montaje: Elena Ruiz.
    Duración:  90 minutos.
    Intérpretes: Vincent Gallo (Owen), Oksana Akinshina (Lyuba), Val Kilmer (Andrei), Sage Stallone (Varricks), Joaquim de Almeida (Yuri), Rade Serbedzija (Sergei), Joss Ackland (Tolstoi), Alex O’Dogherty (Pavel), Julio Perillán (Alec Miller).

    Pese a todo ello, pese a los altos presupuestos, a los intérpretes de renombre, Luna sigue siendo, tanto aquí, como fuera de nuestras fronteras, una auténtica desconocida. Sus películas pasan con más pena que gloria por las carteleras. Y a la vista de su última propuesta, esta Moscow Zero (rodada en gran parte en Carmona y Sevilla, en los túneles del que será el futuro metro de la ciudad) la situación no tiene visos de cambiar pronto.

    Bajo la superficie de una gran ciudad como Moscú habita una sociedad marginal, a la espera de que llegue el momento oportuno para salir a la superficie. El profesor Sergei Spassky se introduce en el laberíntico submundo de alcantarillas y túneles sin fin, para averiguar que se oculta tras la serie de asesinatos que se les atribuyen y atraído por las leyendas que circulan sobre estos seres, leyendas que hablan de demonios y de las puertas del infierno, que, según piensan algunos de los que allí abajo moran, acaban de ser abiertas. Spasski desaparece y uno de sus compañeros decide entrar a buscarle.

    La historia tiene dos problemas principales: uno, se ve venir a kilómetros, es predecible casi desde que se plantean los misterios, ya que Luna (y el guión, también) ofrece demasiadas pistas y muy pronto, y no consigue en el espectador un mínimo de interés, no llega a conectar en ningún momento; y dos, la resolución, que ya se sabe de antemano, decepciona. Además, es poco creíble en muchos aspectos (la relación ‘amorosa’ es, cuanto menos, absurda e inverosímil)

    Moscow Zero, que ya aburrió a los asistentes al Festival de Sitges, aburre ya a todo el mundo (salvo a los alemanes y los americanos, hasta hace poco los únicos -según su directora- que no han comprado la película). Película muy oscura (incluso cuando las escenas transcurren en la superficie), que parece que va a contar algo muy interesante, pero que al poco tiempo se ve que no va a ser así, porque no hay nada que contar.

  • El abismo tras la cumbre

    cineEl abismo tras la cumbre

    Tras el enorme éxito logrado con sus cortometrajes (15 minutos y el divertidísimo Yul) el gallego Rodrigo Cortés debuta en el largometraje siguiendo el estilo dinámico,  ágil y rápido que ya utilizó en ellos, y que le valieron numerosos premios.

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    España, 2006.
    Escrita y dirigida por: Rodrigo Cortés.
    Producción: Ignacio Salazar-Simpson, Douglas Stuart Wilson, Julio Fernández, Luis Collar, Pancho Casal.
    Fotografía: David Azcano.
    Música: Víctor Reyes.
    Montaje: Rodrigo Cortés.
    Duración:  92 minutos.
    Intérpretes: Leonardo Sbaraglia (Martín Circo Martín), Chete Lera (Edmundo Figueroa), Myriam Gallego (Laura), Fernando Cayo (Eloy), Myriam de Maeztu (Santillana), Luis Zahera (Pizarro).

    Para ello cuenta con la presencia de Leonardo Sbaraglia, gran actor que tiene la pega, en este caso, de estar ligeramente pasado de rosca hacia la parte final de la cinta, donde traspasa su desesperación al espectador, con Chete Lera y la televisiva Myriam Gallego.

    Martín Circo, joven argentino que trabaja como profesor asociado de Historia de la Economía, se acaba de convertir en el ganador del mayor premio jamás concedido en la historia de la televisión del país: más de 3 millones de euros en premios de todo tipo (una casa enorme, tres coches, una avioneta, una pequeña lancha, electrodomésticos de todo tipo…). Él y Laura, su novia, se encuentran con que su sueño acaba de hacerse realidad. Pero pronto él descubre que el sueño se convierte en pesadilla, y que ser millonario es caro, que no tiene el dinero suficiente para pagar los seguros y permisos para los premios. Por su parte, Hacienda le reclama la mitad de las ganancias que supuestamente acaba de conseguir, algo más de 280 millones de las antiguas pesetas. Martín se ve envuelto en una trampa sin salida, intentando vender los premios que ganó, por los que nadie le da lo que realmente valen. La única posibilidad de escapar la encuentra en Edmundo Figueroa, un viejo extravagante y disidente.

    La historia, contada por el protagonista muerto (algo que descubrimos a los dos minutos de metraje, no desvelo nada del final), al estilo de la clásica El crepúsculo de los Dioses, o la más moderna American Beauty, puede adolecer de un argumento algo peregrino, aunque disfrace lo que cuenta de crítica feroz al sistema, sobre todo a través de esa especie de fábula cruel que nos cuenta Chete Lera sobre el origen de la Banca. Pero el espectador no puede olvidarse de que está ante la historia de un tipo que gana un concurso y después descubre (algo inaúdito que no supiera previamente) que tiene que pagar gran parte a Hacienda. Ni más ni menos.

    El ritmo es vertiginoso, ayudado por un voz en off, la del protagonista, que nos guía hacia su caída a la sima más profunda después de haber alcanzado por un breve espacio de tiempo la cima más absoluta, y de un montaje del mismo Cortés, rápido, ágil. Y el modo en que Cortés consigue mantener la atención (que no la tensión) del público es admirable, dado el material que está tratando.
    Como curiosidad, la película se ha apoyado también, desde hace meses, en un blog escrito por el “verdadero” Martín Circo Martín, que pone en duda su muerte, que critíca duramente al director y al intérprete de la cinta por apropiarse de su vida, y que, en definitiva es un compendio de delirantes divagaciones, pensamientos, dudas y observaciones sobre los más variados temas que pueden ayudar a entender algo más al personaje protagonista tras sufrir lo que le sucedió y convertirse en el ser que ahora es.

  • Más leyenda que historia

    300300

    Basada en la novela gráfica de Frank Miller (del que no hace mucho se estrenó otra de sus obras míticas, Sin City), e inspirada a su vez en la mítica batalla de las Termópilas, ocurrida en el siglo V antes de Cristo, 300 es una película que no ha dejado indiferente a nadie. Sus fans son numerosos, pero parece que son sus detractores (que no son pocos) los que hacen más ruido.

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    Estados Unidos, 2006.
    Título original: 300.
    Director: Zack Snyder.
    Producción: Gianni Nunnari, Mark Canton, Bernie Goldmann, Jeffrey Silver.
    Guión: Zack Snyder, Michael B. Gordon y Kurt Johnstad, basado en la novela gráfica de Frank Miller y Lynn Varley.
    Fotografía: Larry Fong.
    Música: Tyler Bates.
    Montaje: William Hoy.
    Duración:  117 minutos.
    Intérpretes: Gerard Butler (Leonidas), Lena Headey (Gorgo), David Wenham (Dilios), Dominic West (Theron), Vincent Regan (Capitán), Michael Fassbender (Stelios), Tom Wisdom (Astinos), Andrew Pleavin (Daxos), Andrew Tiernan (Ephialtes), Rodrigo Santoro (Jerjes), Giovani Cimmino (Pleistarchos), Kelly Craig (Oráculo).

    La técnica utilizada para crear esta cinta ha sido la misma que ya se usara para la ya mencionada Sin City o para Sky Captain. Es decir, rodar prácticamente todo ante una pantalla de croma, e incrustar después todos los decorados, gracias a la magia de los potentes programas informáticos que hoy día lo hacen posible.

    En el 480 antes de Cristo, el imperio persa de Jerjes, autoconsiderado un Dios, exige a la confederación griega que se rinda a sus pies. Atenas y otras ciudades estado discuten qué postura tomar, pero el rey de Esparta, Leonidas, decide negarse y enfrentarse con sólo trescientos de sus hombres a las temibles y numerosísimas legiones persas (formadas por cerca de cien mil hombres). Es una decisión suicida, pero Leonidas tiene a su favor que sus soldados son eso, soldados, adiestrados desde su nacimiento para la lucha, mientras que sus rivales son en su mayoría esclavos obligados a luchar. Pero la diferencia en el número de hombres es abismal.

    300 tiene una más que evidente carencia de hilo argumental fuerte. Si en la anterior adaptación de la obra de Miller eran varios los argumentos y los personajes que tenían algo interesante que contar, y en cuyas vidas indagábamos para completar un retrato colectivo con una tensión in crescendo, varios giros de guión y grandes dósis de talento, aquí únicamente hay una historia, alargada demasiado, con sólo un par (no más) de tramas paralelas pero que complementan a la primera. Multitud de músculos, exaltación de la testosterona (quizás para compensar los dos únicos personajes femeninos también tienen escenas de desnudos), recreación de la violencia extrema y de cierta actitud homófoba (la actitud hacia los persas y los comentarios que se les dirigen no dejan lugar a la duda), da la sensación de que la película es más una suma de escenas, una agregación de momentos, que un todo unitario que busque un fin.

    Quien vaya buscando una clase de historia, que se vaya olvidando. 300, la película, es más una leyenda, con todo lo que ello conlleva de exageración en la acción de lo que realmente ocurrió, sucesos hiperbólicos para agrandar el mito y fantasía, mucha fantasía. Y ello, en sí, no es malo. Lo malo es que el director se embarca en la fantasía, en la hipérbole, en la exageración y se olvida de lo que realmente debería hacer: contar una historia que enganche al público que ha pagado su entrada.

     

  • El cine de la nueva era

    la películaINLAND EMPIRE

    Resulta difícil, verdaderamente difícil hablar de una película como Inland Empire. ¿Por dónde empezar?, ¿de qué hablar sin desvelar más de lo estrictamente necesario?, ¿cómo esbozar siquiera los mil matices, los numerosos caminos planteados aquí por el genio pensante y alienígena de David Lynch?

     

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    Estados Unidos-Francia-Polonia, 2006.
    Título original: Inland Empire.
    Escrita y dirigida por: David Lynch.
    Producción: David Lynch y Mary Sweeney.
    Fotografía: Odd-Geir Sæther.
    Música: David Lynch.
    Montaje: David Lynch.
    Duración:  179 minutos.
    Intérpretes: Laura Dern (Nikki Grace/Susan Blue), Jeremy Irons (Kingsley Stewart), Justin Theroux (Devon Berk/Billy Side), Harry Dean Stanton (Freddie Howard), Grace Zabriskie (Visitante), Julia Ormond (Doris Side), Ian Abercrombie (Henry), Bellina Longan (Linda), Wiliam H. Macy (Presentador en off), Jordan Ladd (Terri), Kristen Kerr (Lori), Kat Turner (Dori), Terryn Westbrook (Chelsi), Jamie Eifert (Sandi), Heidi Scooler (Lilli), Michelle Renea (Kari), Laura Harring (Jane), Nasstasja Kinski, Naomi Watts.
     

    Los caminos ya abiertos en la indagación de la mente, los recovecos de una realidad oscura que se rige por el lenguaje de los sueños, de sus anteriores trabajos, Carretera perdida y Mulholland Drive, llegan a su culmen con esta cinta, la película definitiva, y no me refiero sólo al cine de Lynch.

    Nikki Grace (portentosa Laura Dern, que regresa al cine de Lynch tras años sin trabajar con él) es la actriz seleccionada para protagonizar  el nuevo filme del director Kingsley Stewart, un remake de una película que jamás llegó a existir (ya que al poco de empezar el rodaje sus protagonistas fueron asesinados) basada en una leyenda gitana polaca sobre celos y maridos enloquecidos por las infidelidades de sus esposas. Pero la alegría de Nikki pronto se desvanecerá, cuando su mundo empiece a confundirse con el del personaje que va a interpretar, y caiga en una oscura pesadilla de mundos paralelos, distintas realidades y tiempos que se amontonan formando una cárcel mental de la que es difícil escapar.

    El personaje principal parece ser una especie de Alicia, perdida en un país de pesadillas, que va dando tumbos cruzando puertas y atravesando espejos, que conducen a diferentes lugares, a diferentes momentos y planos de la realidad, con la esperanza de que una de ellas le lleve de vuelta, tarea que se presenta poco menos que imposible.

    Lynch, que ha creado Inland Empire con la tecnología del vídeo digital (del que dice que ya no lo va a abandonar), y ello no le ha impedido crear las atmósferas oprimentes propias de sus filmes, ni por supuesto la complejidad temática de los mismos. En esta ocasión estamos ante una película sobre películas malditas, maldiciones gitanas, adulterios, conejos parlantes, realidades paralelas, y sobre todo, sobre el poder fagocitario del cine.

    Inland Empire es también una cinta autorreferencial (y a mucha honra), donde el autor vuelve a sus temas fetiche, a lugares, situaciones y personajes comunes en su filmografía, desde Cabeza borradora a Mulholland Drive, pasando por Carretera perdida, Twin Peaks o incluso, más de pasada,  Dune. Pero la autocita más evidente es la de su serie Rabbits, creada para su web, de la que se incluyen algunos fragmentos, con la voz en off añadida de Naomi Watts.

    David Lynch puede ser catalogado de críptico, de poseer un lenguaje hermético, pero nunca podrá decirse de él que es arbitrario. Todo, por extraño que pueda parecer, está ahí por un motivo concreto, y todo está en su justo lugar, donde debe estar. Quizás el común de los mortales jamás alcancemos la capacidad de comprender en toda su extensión esta complejísima cinta, pero su significado está ahí, oculto tras un caos sólo aparente, tras las tramas oníricas, interpretables, pues, únicamente, bajo la férrea y antilógica lógica del lenguaje de los sueños.

  • Oscar 2006: La noche del Fauno (y Scorsese)

    OscarTres estatuillas, tres, ganó El laberinto del Fauno, convirtiéndose en la segunda película más premiada, sólo por detrá de Infiltrados, la gran ganadora al obtener los premios a mejor película, director (por fin Scorsese, tras siete nominaciones fallidas consiguió un premio que había merecido más con otros filmes),  guión adaptado y montaje. Por su parte, la coproducción hispano-mexicana, que comenzó la noche llevándose tres de los cuatro primeros Oscar en entregarse, se quedó finalmente con ellos: fotografía, dirección artística y maquillaje. No consiguió el de película de habla no inglesa, que fue para su gran rival, la fabulosa La vida de los otros.

    Ni Penélope, ni los cortos ganaron en su categoría. Los reyes de la noche fueron Helen Mirren (mejor actriz por La Reina) y Forest Whitaker (mejor actor, El último rey de Escocia). Babel tuvo que conformarse con un solo premio (banda sonora, para Gustavo Santaolalla, que gana por segundo año consecutivo).

    Dos premios se llevaron Pequeña Miss Sunshine, Dreamgirls y Una verdad incómoda. Por su parte, Cartas desde Iwo Jima, Happy feet, Maria Antonieta y la segunda parte de Piratas del Caribe consiguieron un Oscar cada una. El Oscar de honor fue para el compositor Ennio Morricone.