Categoría: La película

  • Entre el corazón y la patria

    Entre el corazón y la patria

    La espía roja

    Hace veintiún años, Judi Dench ganó su único Oscar (como actriz de reparto) por su papel en Shakespeare in love, a pesar de que sólo aparecía en pantalla ocho minutos y medio. Ahora, la británica es la principal baza comercial de La espía roja, película en la que aparece como estrella indiscutible, a pesar de que (de nuevo) apenas supera los diez minutos en pantalla. Y lo hace en La espía roja, película con la que Trevor Nunn vuelve al cine después de casi veinte años haciendo filmes para televisión (anteriormente había rodado una película cada diez años, por lo que, a pesar de llevar trabajando más de cuatro décadas, su filmografía es escasa).

    Esta experiencia en la pequeña pantalla es más que notable al ver esta cinta. De apariencia y factura de telefilme (rodada con medios, pero dicho esto en el peor de los sentidos posibles), La espía roja ofrece poco y sorprende aún menos. No es que sea previsible, es que básicamente descubre todas sus cartas en sus primeros minutos, y después solo alarga el metraje con explicaciones innecesarias.

    Reino Unido, 2018 (101′)
    Título original: Red Joan.
    Dirección: Trevor Nunn.
    Producción: David Parfitt.
    Guión: Lindsay Shapero.
    Fotografía: Zac Nicholson.
    Música: George Fenton.
    Montaje: Kristina Hetherington.
    Intérpretes: Judi Dench (Joan Stanley), Sophie Cookson (Joan, joven), Stephen Campbell Moore (Max), Tom Hughes (Leo), Laurence Spellman (Patrick Adams), Tereza Srbova (Sonya), Ben Miles (Nick), Robin Soans (Clement Attlee), Kevin Fuller (Detective Phillips).

    Joan Stanley es una encantadora abuelita que nunca ha levantado la más mínima sospecha, hasta que un día el MI5 británico se presenta en su casa para detenerla, acusada de proporcionar información a la Unión Soviética comunista. Durante el interrogatorio, Joan regresa a los años 30, cuando estudiaba en la Universidad de Cambridge y, después, trabajaba en unas instalaciones secretas del gobierno para la investigación nuclear. En los años de estudio conoció a Leo, un seductor joven comunista, que tiempo después volvió a aparecer en su vida y la puso en la encrucijada de traicionar a su país o salvar al mundo de una catástrofe nuclear.

    El problema de La espía roja (uno de ellos) reside en que se centra en el aspecto romántico de la historia, en las idas y venidas amorosas de la protagonista, más que en el tema del espionaje. El aspecto de thriller político queda desdibujado por completo, ya que no hay tensión ninguna al desvelar toda la sorpresa desde el primer momento.

    Sosísima, carente de ritmo y (casi) de interés, es una película que en pocos meses podríamos ver en la sobremesa de cualquier fin de semana, dormitando en el sofá, y a nadie le extrañaría nada.

    Más críticas en https: //happyphantomblog.wordpress.com.

  • El supermercado de los solitarios

    El supermercado de los solitarios

    A la vuelta de la esquina

    Premiada en festivales como Berlín, Nápoles, Atenas o Valladolid, estamos ante uno de los mayores descubrimientos del cine europeo del año. A la vuelta de la esquina es una película de apariencia pequeña, una sinfonía, una danza, que tiene lugar en uno de esos lugares deshumanizados en los que nunca pasa nada (los pasillos de un gran supermercado) donde, sin embargo, asistimos a un compendio de los sentimientos humanos, y haciendo un excelente uso de los silencios, que son aquí más significativos que los diálogos.

    Christian, un chico callado, solitario y de pasado tumultuoso, entra a trabajar en la sección de bebidas de un gran supermercado. Allí, queda al cuidado de su compañero, el veterano Bruno, quien le enseña los trucos de la profesión y se convierte en su amigo. Pronto, Christian conoce a Marion, que trabaja en la sección de dulces y bromea con él, y cae enamorado de ella. Bruno le apoya, pero le advierte de que ella está casada, aunque no es feliz en su matrimonio.

    Alemania, 2018 (125′)
    Título original: In den Gängen.
    Dirección: Thomas Stuber.
    Producción: Jochen Laube, Fabian Maubach.
    Guión: Clemens Meyer y Thomas Stuber, basado en el relato corto de Clemens Meyer.
    Fotografía: Peter Matjasko.
    Montaje: Kaya Inan.
    Intérpretes: Franz Rogowski (Christian), Sandra Hüller (Marion), Peter Kurth (Bruno), Andreas Leupold (Rudi), Michael Specht (Klaus), Ramona Kunze-Libnow (Irina Pfeiffer), Henning Peker (Wolfgang), Steffen Scheumann (Norbert), Matthias Brenner (Jürgen), Gerdy Zint (Tino).

    Es un drama social, donde también hay momento para la sonrisa, para las bromas. Pero también es una cinta muy estética, donde casi puede verse una danza de máquinas elevadoras. De hecho, el arranque es hermoso en este aspecto, con un recorrido por los pasillos vacíos, al ritmo de El Danubio azul. Stuber presta también mucha atención al detalle (no en vano, sus inicios en el cine fueron como script, pendiente de que la continuidad entre planos fuese perfecta). Y consigue el logro de que las dos horas largas de duración se pasen casi en un suspiro, que no sobre ni un solo plano.

    A la vuelta de la esquina (título quizás menos significativo que el original, En los pasillos) reflexiona sobre la soledad que atenaza a muchas personas en la actualidad, soledad física y emocional, sobre todo personificada en el personaje principal. Christian vive en un piso austero, destartalado, devastado, desolado… como su vida, cuyo tormentoso pasado quiere dejar atrás cuanto antes. Y también sobre la alienación de un trabajo mecánico y reiterativo (expresado a la perfección con la repetición de los mismos actos sencillos y diarios de ponerse la bata del uniforme, estirar las mangas y meter el cúter en el bolsillo), con una historia que transcurre casi en su totalidad entre estanterías y productos a la venta, en un lugar en el que no se nota el paso del tiempo y donde no se ve la luz del sol. El único atisbo del exterior, de escape, es el sonido del mar, la libertad, el aire fresco, que Christian puede oír cada vez que ve a Marion.

  • La realidad que no debería ser

    La realidad que no debería ser

    Identidad Borrada

    Coincidiendo con la deleznable noticia de los cursos que han impartido y siguen impartiendo algunas instituciones religiosas en nuestro país con pseudoterapias de reorientación sexual, destinadas a ‘curar’ a homosexuales, se estrena esta película, Identidad, Borrada, basada en hechos reales, aunque ocurridos en Estados Unidos, en la que se narran unos hechos semejantes.

    El hijo de un predicador baptista de una pequeña ciudad norteamericana se ve empujado por sus padres a participar en un programa de conversión cuando estos descubren su homosexualidad. Allí entrará en conflicto con uno de los terapeutas y sus métodos y conocerá a un grupo de personas, de variada edad, que también buscan su ‘curación’. Aunque él no sabe realmente qué es, cómo se siente, pero sí que no va a dejar que le digan lo que debe sentir. A pesar de que el peso de la familia, sobre todo su padre, siempre esté ahí.

    Australia-Estados Unidos, 2018 (115′)
    Título original: Boy erased.
    Escrita y dirigida: Joe Edgerton, basado en el libro de Garrard Conley.
    Producción: Joel Edgerton, Steve Golin, Kerry Kohansky-Roberts.
    Fotografía: Eduard Grau.
    Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans.
    Montaje: Jay Rabinowitz.
    Intérpretes: Lucas Hedges (Jared Eamons), Nicole Kidman (Nancy Eamons), Russell Crowe (Marshall Eamons), Joel Edgerton (Victor Sykes), Madelyn Cline (Chloe), Victor McCay (Aaron), Troye Silvan (Gary), David Joseph Craig (Michael), Xavier DOLAN (Jon), Jesse LaTourette (Sarah).

    Es una película con altos y bajos, con algunos momentos intensos (a pesar de los numerosos tópicos que utiliza) gracias a las interpretaciones del triplete protagonista (sobre todo Lucas Hedges y Nicole Kidman), que muchas veces bordea el melodrama televisivo sin llegar a caer del todo en él, pero visualmente aporta más bien poco.

    Edgerton consigue transmitir (y provocar) el asco, las nauseas, al espectador, que observa momentos deleznables como el de la familia que golpea (como terapia) a uno de los compañeros del protagonista, castigándole por unos deseos, por unos sentimientos, que entienden que no debería sentir.

    El objetivo de Identidad borrada, es precisamente ese, criticar, denunciar, que en pleno siglo XXI haya gente que siga pensando que puede obligar a otros a ser lo que no son, a decir que sus sentimientos no son legítimos, no son humanos. Ahí sí funciona. Como producto fílmico, es una cinta que recurre demasiado a tópicos, que se centra excesivamente en el personaje protagonista (muchos de los compañeros del centro, a pesar de ser personajes con nombre, ni siquiera tienen una palabra en todo el guion), y que no logra elevar el vuelo que se merecería la historia.

  • Burton menos Burton, Dumbo menos Disney

    Burton menos Burton, Dumbo menos Disney

    DUMBO

    Como una muestra más de la ausencia de ideas para realizar nuevas películas, la superpotencia Disney se ha lanzado en la última década a recrear sus grandes éxitos de siempre en imagen real (desde 2010 hemos podido ver Alicia en el país de las Maravillas, Maléfica, Cenicienta, El libro de la selva, La Bella y la Bestia… y en breve veremos El Rey León, Mulán, Aladdin, La Sirenita, Pinocho…), y, por supuesto, esta Dumbo, en la que Tim Burton deja a un lado su oscuro imaginario casi por completo, y en el que dirige con piloto automático una película que, sin embargo, emociona más de lo esperado y que logra algunos momentos significativos.

    Holt Farrier regresa de la guerra al circo en el que vivía. Tras haber perdido un brazo en la batalla, se encuentra con que el circo está en horas muy bajas. El nacimiento de un elefante puede ser lo que atraiga de nuevo al público, pero las orejas excesivamente grandes de este hacen que se convierta más en objeto de burla que de expectación. Hasta que los hijos de Holt, encargados de cuidar al pequeño paquidermo, descubren que puede volar. Ello hará que el pequeño circo de los Hermanos Medici alcance el éxito del pasado, y que un gran inversor se interese en ellos.

    Estados Unidos, 2019 (112′)
    Dirección: Tim Burton.
    Producción: Katterli Frauenfelder, Derek Frey, Ehren Kruger, Justin Springer.
    Guión: Ehren Kruger, basado en la novela de Helen Aberson y Harold Pearl.
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Danny Elfman.
    Montaje: Chris Lebenzon.
    Intérpretes: Colin Farrell (Holt Farrier), Michael Keaton (V.A. Vandevere), Danny DeVito (Max Medici), Eva Green (Colette Marchant), Alan Arkin (J. Griffin Remington), Nico Parker (Milly Farrier), Finley Hobbins (Joe Farrier), Roshan Seth (Pramesh Singh), Lars Eidinger (Hans Brugelbecker), Deobia Oparei (Rongo).

    Esta nueva versión de Dumbo nos presenta a un animal verdaderamente adorable, en una cinta contradictoria en la que la mano de Burton se nota solo en algunos detalles visuales, pero no en el modo de contar la historia, mucho más blanca de lo que nos tiene acostumbrados, alejada de esa negrura que estaba presente en casi toda su filmografía. El director cuenta con un grupo de habituales, intérpretes con los que ha trabajado antes (Keaton, DeVito, Green…), el montaje de Chris Lebenzon o la música (inconfundible) de Danny Elfman.

    Burton no parece del todo Burton, y sin embargo recupera un nivel que hacía tiempo que no alcanzaba. La película es sobrecargada, excesiva en muchos momentos, pero sin embargo funciona casi siempre. Hay momentos de verdadera magia en la cinta (algunos vuelos de Dumbo, la secuencia de los elefantes rosas…), el mensaje animalista está más acentuado que en la original, y establece un paralelismo entre humanos y animales en cuanto a lo que significa ser madre o padre.

    También hay una crítica a las grandes corporaciones, encarnada en un monstruoso parque de atracciones, totalmente inesperada por venir de quien viene, una empresa que se está haciendo con el control de todo el audiovisual del planeta que parece (en este sentido) que se tira piedras sobre su propio tejado.

    Más críticas en: https://happyphantomblog.wordpress.com.

  • Ni pies ni cabeza

    Ni pies ni cabeza

    NOSOTROS

    La primera película como director de Jordan Peele, la interesante pero fallida Déjame salir, ya nos presentaba a un realizador con potencial, al que estar alerta. Aquella película, sin presentar en realidad nada nuevo, sí tenía cierto interés y varios puntos destacables, no como Nosotros.

    Con Nosotros, las críticas, que compartían un unánime entusiasmo, parecían evidenciar que aquellas opiniones iban por buen camino y que Peele mostraba, ahora sí, una película que despuntaba sobre el resto. La decepción, pues, una vez vista, es descomunal.

    Adelaide Wilson vuelve a la ciudad de su infancia junto a su marido y sus hijos para una escapada veraniega, cerca de la playa en la que, siendo niña, vivió una experiencia traumática que, ahora, parece volver a recordar. Después de un día de playa con unos amigos, vuelven a casa. Al caer la noche, descubren que frente a la vivienda hay cuatro personas que no responden a nada y que pronto se cuelan con terribles intenciones. Y es aún más terrorífico cuando descubren que los intrusos son versiones malignas de sí mismos.

    Estados Unidos, 2019 (116′)
    Título original: Us.
    Dirección: Jordan Peele.
    Producción: Jason Blum, Ian Cooper, Sean McKittrick, Jordan Peele.
    Fotografía: Mike Gioulakis.
    Música: Michael Abels.
    Montaje: Nicholas Monsour.
    Intérpretes: Lupita Nyong’o (Adelaide Wilson / Red), Winston Duke (Gabe Wilson / Abraham), Elisabeth Moss (Kitty Tyler / Dahlia), Tim Heidecker (Josh Tyler / Tex), Shahadi Wright Joseph (Zora Wilson / Umbrae), Evan Alex (Jason Wilson / Pluto), Yahya Abdul-Mateen II (Russell Thomas /Weyland), Anna Diop (Rayne Thomas / Eartha).

    La película arranca bien, e incluso en su primer tercio mantiene el interés y hasta tiene momentos de intensidad que están bien narrados, mostrando además cierto mensaje social, pero después, inexplicablemente, Peele lo abandona para pasar a la fórmula de películas de terror clásica, alargando la cinta hasta unas insufribles dos horas. Es después de ese buen arranque cuando todo empieza a derrumbarse, al principio poco a poco, para ya en el tramo final caer de lleno, y de modo estrepitoso, en el mayor de los ridículos.

    El guión de Nosotros, también obra de Peele, está repleto de errores y de sinsentidos. Parece como si no fuese más que la sucesión de escenas y momentos al azar que no terminan de encajar porque no hay manera humana de que encajen. Si durante todo momento la historia no tiene ni pies ni cabeza, su giro final, que se ve venir (con temor) casi desde la mitad del metraje, termina por hacer que todo se derrumbe por su total y absoluta falta de lógica.

    Y no solo fallan las situaciones, también los personajes. Si bien Lupita Nyong’o está bien en su doble papel, la mayoría de personajes están escritos a brochazos, creando caricaturas que no ayudan en absoluto a que la película logre acercarse a su objetivo y que la convierten en lo peor que puede convertirse una cinta, en una comedia involuntaria.

    Más críticas en happyphantomblog.wordpress.com.

  • Las idas y venidas de un yonqui

    Las idas y venidas de un yonqui

    BEAUTIFUL BOY, SIEMPRE SERÁS MI HIJO

    El belga Felix van Groeningen alcanzó el punto álgido de su carrera a principios de esta década, con su película The broken circle breakdown (también conocida como Alabama Monroe), con la que recibió numerosos premios y reconocimientos en diversos festivales (Sevilla entre ellos) e incluso llegó a estar nominado al Oscar.

    Desde entonces solo dos películas más, Bélgica, una pequeña producción que casi pasó desapercibida, aunque ganó el premio a mejor director en Sundance, y esta Beautiful boy, su salto al cine de Hollywood, en la que trata la adicción a las drogas y los intentos de salir de ese oscuro mundo.

    Basado en el libro del periodista y escritor David Sheff y en el de su hijo Nic, ambos biográficos y que recogen los mismos hechos desde sus diferentes y respectivos puntos de vista, conocemos cómo un aún adolescente Nic cae en el consumo de metanfetamina, y vemos todo el duro proceso de desintoxicación, con subidas y bajadas, idas y venidas, recaídas varias, y cómo vivieron esos años.

    Estados Unidos, 2018 (120′)
    Título original: Beautiful boy.
    Dirección: Felix van Groeningen.
    Producción: Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Brad Pitt.
    Guión: Luke Davies, Felix van Groeningen, basado en los libros de David Sheff y Nic Sheff.
    Fotografía: Ruben Impens.
    Música: Fernando Velázquez.
    Montaje: Nico Leunen.
    Intérpretes: Steve Carell (David Sheff), Maura Tierney (Karen Barbour), Jack Dylan Grazer (Nic Sheff, 12 años), Oakley Bull (Daisy Sheff), Christian Convery (Jasper Sheff), Timothée Chalamet (Nic Sheff), Amy Aquino (Annie Goldblum), Carlton Wilborn (Vince), Stefanie Scott (Julia).

    La película se apoya en la interpretación de los dos protagonistas masculinos, solventes aunque no brillantes, dejando a un lado a los dos personajes femeninos (madre y madrastra de Nic) que quedan totalmente infrautilizados. Las subidas y bajadas en el proceso terminan siendo una noria en la que una y otra vez volvemos al mismo punto. Pero esto no resulta en un filme emotivo, emocionante, sino más bien aburrido y plano.

    Lo que podría haber sido una profunda y dura historia, aunque también podría haberse decantado por un melodrama lacrimógeno, no es al final ni una cosa ni la otra. Porque la película descarrila continuamente, y no engancha en ningún momento con sus continuas idas y venidas entre el pasado feliz y la tortura psicológica actual. El uso reiterativo (y muchas veces sin lógica) de flashbacks que muestran la infancia de Nic repleta de felicidad junto a su padre, resulta confuso en muchas ocasiones, haciendo que todo aparezca innecesariamente enrevesado.

    Más críticas en: https://happyphantomblog.wordpress.com/.

  • Capitana Marvel: Dios es mujer

    Capitana Marvel: Dios es mujer

    CAPITANA MARVEL

    Diez años y 22 películas después, el Universo Marvel está a punto de poner fin a su Fase Tres en menos de un mes. Pero justo antes, nos presenta un nuevo personaje que hasta ahora solo había sido citado (sin aparecer físicamente) en la escena postcréditos de la fantástica Vengadores: Infinity war, la película más taquillera hasta la fecha. Y es nada menos que Capitana Marvel, el primer protagonista femenino de este universo con película propia (muy pronto tendremos la película de la Viuda Negra), un personaje que tendrá un papel más que fundamental en el épico cierre que se espera con Vengadores: End game.

    Situada cronológicamente al principio de toda la historia, en los años noventa del siglo pasado, nos cuenta la historia de Vers, miembro de la Fuerza Estelar de los kree, en el planeta Hala, que sufre pesadillas sobre un pasado que no recuerda. Durante una misión en el planeta Torfa, es apresada por los skrull, una raza de metamorfos con la que los kree llevan siglos enfrentados. Tras escapar de la sonda de memoria con la que sus enemigos pretenden sacar sus secretos de su mente, acaba en la Tierra y conoce al agente Fury, junto al que intenta localizar el motor ultralumínico que buscan los skrull para ganar la guerra mientras indaga en destellos de su memoria para conocer su pasado.

    Capitana Marvel es una película sobre los orígenes, no solo de la más poderosa de los personajes de este universo (incluso más que el mismísimo Thor, que, no olvidemos, es todo un Dios), sino de otro personaje al que conocemos bien de muchas de las cintas de la saga, pero cuyo pasado casi que desconocíamos. No es otro que Nick Fury, un rejuvenecido (gracias al CGI) Samuel L. Jackson antes de quedar tuerto y conseguir su caracterísitico parche. Pero es una película sobre los orígenes peculiar, ya que cuando conocemos a Vers esta ya tiene adquiridos sus poderes, ya sirve en el pelotón de los kree, y es a través de diversos flashbacks como descubrimos su pasado.

    Estados Unidos, 2019 (124′)
    Dirección: Anna Boden, Ryan Fleck.
    Producción: Kevin Feige.
    Guión: Anna Boden, Ryan Fleck, Geneva Robertson-Dworet.
    Fotografía: Ben Davis.
    Música: Pinar Toprak.
    Montaje: Debbie Berman, Elliot Graham.
    Intérpretes: Brie Larson (Carol Danvers / Vers / Capitana Marvel), Samuel L. Jackson (Nick Fury), Ben Mendelsohn (Talos / Keller), Jude Law (Yon-Rogg), Annette Bening (Supreme Intelligence), Lashana Lynch (Maria Rambeau), Clark Gregg (Agente Coulson), Rune Temte (Bron-Char), Gemma Chan (Minn-Erva), Algenis Perez Soto (Att-Lass), Djimon Hounsou (Korath), Lee Pace (Ronan), Chuku Modu (Soh-Larr).

    La película (primera de las veintidós dirigidas por una mujer) es sólida, intensa, emocionante, sin descartar los momentos divertidos. Sin ser innovadora, no pierde el ritmo ni deja caer el interés en ningún momento (salvo quizás en la última secuencia de batalla, que se va de las manos). Y cuenta con una gran Brie Larson, que da empaque y alma a una película en la que sobre un aspecto visual destacable, destaca el mensaje de superación y defensa de la mujer que se siente poderosamente.

    Mensaje feminista que incluso supera al de la superheroína de su competencia directa, la Wonder Woman de DC, ya que, aunque comparte ser esa mujer fuerte e independiente, que lucha contra los que siempre la han oprimido o ninguneado, huye de la sexualización tradicional, al no necesitar un escueto y sexy vestuario que la acompañe ni un compañero sentimental alrededor, o un jefe al que demostrar quién es. De hecho, ella misma dice en un momento señalado “No tengo por qué demostrarte nada”.

    Por ello, no podía haberse elegido un día mejor para su estreno que el 8 de marzo, ya que Capitana Marvel está lanzando este poderoso mensaje feminista durante todo su metraje, pero especialmente en la secuencia en la que se la descubre como una mujer a la que durante toda su vida, desde muy niña, la han estado bombardeando con la idea de que no puede hacer algo, de que es débil, de que no debería estar ahí, que ese no es su lugar, cayendo al suelo, derribada, mientras ella siempre se ha puesto en pie, una y otra vez, incansable, hasta llegar a ser lo que es: el ser más poderoso de todo el universo Marvel.

  • En la mente del genio

    En la mente del genio

    Decir que Vincent Van Gogh es uno de los artistas más influyentes en la historia del arte es un hecho incuestionable. Han sido (y serán) numerosos los libros y películas que estudian y narran su vida y su obra adelantada a su tiempo, que le llevó a ser prácticamente un paria, un ignorado en la época que le tocó vivir.

    En esta ocasión es Julian Schnabel, pintor que cambió los pinceles por la cámara, el que se ha sentido atraído por este genio incomprendido, y su vida tormentosa y atormentada marcada por la enfermedad mental. Y no es extraño que sea precisamente Schnabel quien se haya sentido atraído por la persona y el personaje de Van Gogh. En su carrera como director es tema recurrente el contar las vidas de diversos creadores, como vimos en Basquiat, Antes que anochezca (que le dio a Javier Bardem su primera nominación a los Oscar), o La escafandra y la mariposa.

    Suiza-Irlanda-Reino Unido-Francia-Estados Unidos, 2018 (111′)
    Título original: At eternity’s gate.
    Dirección: Julian Schnabel.
    Producción: Jon Kilik.
    Guión: Jean-Claude Carrière, Julian Schnabel, Louise Kugelberg.
    Fotografía: Benoît Delhomme.
    Música: Tatiana Lisovskaya.
    Montaje: Louise Kugelberg, Jullian Schnabel.
    Intérpretes: Willem Dafoe (Vincent Van Gogh), Rupert Friend (Theo Van Gogh), Oscar Isaac (Paul Gauguin), Mads Mikkelsen (Sacerdote), Mathieu Amalric (Doctor Paul Gachet), Emmanuelle Seigner (Madame Ginoux), Niels Arestrup (Loco), Anne Consingy (Profesora), Amira Casar (Johanna Van Gogh), Vincent Perez (Director)..

    A las puertas de la eternidad se centra en los últimos años del pintor, en los que se trasladó a Arlés en busca de una nueva luz, y donde centró su obra en la naturaleza. En muchos momentos vemos su mirada subjetiva, compartimos la distorsión de su mirada, sus delirios. La película indaga en la realidad imaginada del pintor, el mundo que veían sus ojos, los hechos que no sabía si eran reales o no.

    Pero si visualmente Van Gogh, a las puertas de la eternidad logra meternos en el sufrimiento y frustración del artista, sobre todo gracias al gran trabajo de Willem Dafoe, muy convincente en su papel (a pesar de que la diferencia de edad es más que considerable: Van Gogh murió con 37 años, y el actor está ya en los 63), por el que se llevó su cuarta nominación al Oscar, en lo argumental aporta poca novedad respecto a lo ya visto en otras cintas. Nada nuevo pues en una historia que no logra emocionar ni meterse en la mente del genio. Por mucho que Dafoe, que incluso tomó clases de pintura para hacer más verosímil su labor pictórica, lo intente.

    Más críticas en happyphantomblog.wordpress.com.

  • Reescribir la historia

    Reescribir la historia

    ¿PODRÁS PERDONARME ALGÚN DÍA?

    Los Oscar de este año han sido, quizás, los más extraños de las últimas ediciones, con más ausencias inexplicables y más nominadas que hacían preguntarse qué pintaban allí. Además, algunos de los premios han sido totalmente demenciales, una película como ¿Podrás perdonarme algún día?, que en otras circunstancias habría sido de las más nominadas e incluso se habría llevado premio, se ha ido a casa sin nada de las solo tres opciones que tenía.

    Basada en la novela autobiográfica de la escritora Lee Israel, que fue autora de biografías superventas de gente como Katherine Hepburn o Estée Lauder años atrás, pero que ahora ha caído en desgracia por el cambio en los gustos literarios de los lectores y se encuentra sin dinero y viviendo en un pequeño piso del que ya debe varios meses de alquiler. Entonces, la casualidad hace que encuentre una carta personal de una escritora que le hace ganar una curiosa cantidad económica. Lo que le da la idea para empezar a falsificar y vender cartas privadas de celebridades del cine y la literatura ya fallecidas, inventando realidades, hasta que algunos coleccionistas y el mismísimo FBI empiezan a sospechar.

    Estados Unidos, 2018 (106′)
    Título original: Can you ever forgive me?
    Dirección: Marielle Heller.
    Producción: Anne Carey, Amy Nauiokas, David Yarnell.
    Guión: Nicole Holocefner, Jeff Whitty, basado en las memorias de Lee Israel.
    Fotografía: Brandon Trost.
    Música: Nate Heller.
    Montaje: Anne McCabe.
    Intérpretes: Melissa McCarthy (Lee Israel), Richard E. Grant (Jack Hock), Dolly Wells (Anna), Ben Falcone (Alan Schmidt), Gregory Korostishevsky (Andre), Jane Curtin (Marjorie), Stephen Spinella (Paul), Christian Navarro (Kurt), Pun Bandhu (Agente Doyle), Erik LaRay Harvey (Agente Solanas).

    Dirigida por Marielle Heller, que debutó con la muy interesante The diary of a teenage girl, la película demuestra el popular dicho de que ‘la realidad supera a la ficción’, y es que los hechos que nos narra son tan inverosímiles que no queda más remedio que sean ciertos. Cuenta además con una Melissa McCarthy que despliega una fabulosa vena dramática, más allá de las comedias gamberras a las que nos tenía acostumbrados, y regalándonos la mejor actuación de su carrera, que le otorgó la nominación al Oscar (aunque se enfrentara a rivales muy poderosas).

    Pero aunque es precisamente McCarthy, acompañada por la también gran interpretación de Richard E. Grant, la mayor baza de esta película, es también muy interesante el concepto (opuesto) que maneja del manido sueño americano, cuando aquí la protagonista consigue el éxito que busca pero debe mantener el anonimato. Justo lo contrario a lo que buscaban los protagonistas cuando se dedicaban a sus trabajos. Denuncia así cómo talento y éxito no van siempre de la mano, algo que hemos visto mil veces en televisión (esas estrellas que no han hecho absolutamente nada en la vida) y también en la literatura, donde lo que vende es el nombre que está detrás, independientemente de que lo que cuente la obra tenga valor por sí mismo o no.

    Más críticas en: happyphantomblog.wordpress.com.

  • La política del corazón

    La política del corazón

    El candidato

    Basada en hechos reales, El candidato narra la campaña política del senador Gary Hart, al que en 1988 todos veían como nuevo presidente demócrata de Estados Unidos después de ocho años del republicano Reagan. Hart lo tenía todo, inteligencia, carisma, buen comunicador, experiencia, atractivo… Pero poco antes de su designación como candidato corre el rumor de que es un mujeriego, y las evidencias de una relación extramarital hará que la prensa se lance contra la presa y su carrera se acabe yendo por el desagüe.

    La más que solvente interpretación de Hugh Jackman, una de las mejores de su carrera, y por la que ha sido olvidado (injustamente, habría que decir) de los grandes premios de este año (ni siquiera ha sido nominado para los Oscar o los Globos de Oro) rodeado de secundarios de lujo como J.K. Simmons o Vera Farmiga, son una de las patas sobre la que se sustenta una historia que tiene otros varios puntos fuertes en la historia y, sobre todo, en cómo se cuenta. Su guion no es moralista, no es direccionista, y no le dice al espectador lo que debe pensar, plantea preguntas y no las responde para que sea éste el que saque sus propias conclusiones, el que decida de qué lado está.

    Estados Unidos, 2018 (113′)
    Título original: The front runner.
    Dirección: Jason Reitman.
    Producción: Helen Estabrook, Aaron L. Gilbert, Jason Reitman.
    Guión: Matt Bai, Jay Carson, Jason Reitman, basado en el libro de Matt Bai.
    Fotografía: Eric Steelberg.
    Música: Rob Simonsen.
    Montaje: Stefan Grube.
    Intérpretes: Hugh Jackman (Gary Hart), Vera Farmiga (Lee Hart), J.K. Simmons (Bill Dixon), Alfred Molina (Ben Bradlee), Mamoodou Athie (AJ PArker), Josh Brenner (Doug Wilson), Bill Burr (Pete Murphy), Oliver Cooper (Joe Trippi), Chris Coy (Kevin Sweeney), Kaitlyn Dever (Andrea Hart), Tommy Dewey (John Emerson), Molly Ephraim (Irene Kelly), Specer Garrett (Bob Woodward), Mark O’Brien (Billy Shore), Alex Karpovsky (Mike Stratton), Sara Paxton (Donna Rice).

    El candidato, más allá de quedarse en el affaire (que en el fondo no es más que una excusa), bucea en los entresijos de una campaña electoral, en las redacciones de los periódicos (y en los motivos para publicar o no una noticia -o decidir qué es noticia-), y reflexiona sobre la privacidad de las personas públicas, lo público de las personas privadas. Mantiene un buen ritmo sin caer en lo fácil, y está rodada de un modo ciertamente elegante.

    Quizás en nuestro país un escándalo de este tipo sería difícil, quizás por temas culturales, por dejar la vida privada separada de la pública, y porque (aunque guste el cotilleo) en el fondo tampoco se juzga cruelmente por unas actitudes que no son delictivas. Aunque también es cierto que, tanto allí como aquí, todo depende de quién se encuentre detrás. Y así, paradójicamente, las personas que defienden ideales más progresistas suelen ser más criticados (como el caso de esta película), que aquellos que caen en los mismos pecados que tan seriamente critican y juzgan amparados en una moralidad que se pasan por el forro.

    Es interesante ver, sobre todo, el trasfondo periodístico, y cómo se comercializa la política, cómo se observa esta desde la óptica de la prensa amarilla, del mundo del corazón. Y también como pone en la mesa el respeto a la mujer, aquí centradas tanto en la esposa e hija del protagonista, como de la amante en cuestión, cuyas vidas también se vieron afectadas considerablemente, convirtiéndose en foco de las cámaras sin buscarlo.