Categoría: La película

  • La lucha por el trono

    MARIA, REINA DE ESCOCIA

    Dos de las actrices que el pasado año pelearon por el Oscar a la mejor interpretación femenina, Saoirse Ronan y Margot Robbie (y que perdieron frente a Frances McDormand), comparten protagonismo en el debut en la dirección de cine de la directora artística teatral Josie Rourke, con María, Reina de Escocia.

    Una nueva versión de la historia de la reina de Escocia María Estuardo y su enfrentamiento con su prima Isabel I, reina de Inglaterra, cuando al volver de Francia tras haber enviudado, podía reclamar su derecho al trono inglés. Es precisamente el duelo interpretativo entre estas dos actrices lo que le da enjundia y poder a esta historia de dos mujeres fuertes, que tuvieron que luchar por hacerse valer en un mundo de hombres. En éste, sus ideas, a pesar de representar el máximo poder de su territorio, eran desdeñadas precisamente por ser mujeres.

    Se da además la casualidad de que en la fecha de su estreno en España (8 de febrero) coincide con la fecha de la muerte de la reina escocesa, ajusticiada por decapitación esa misma fecha en 1587.

    Reino Unido, 2018 (124′)
    Título original: Mary Queen of Scots.
    Dirección: Josie Rourke.
    Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Debra Hayward.
    Guión: Beau Willimon, basado en el libro de John Guy.
    Fotografía: John Mathieson.
    Música: Max Richter.
    Montaje: Chris Dickens.
    Intérpretes: Saoirse Ronan (Maria Estuardo), Margot Robbie (Reina Isabel I), Joe Alwyn (Robert Dudley), Jack Lowden (Henry Darnley), Adrian Derrick-Palmer (George Dalgleish), David Tennant (John Knox), Guy Pearce (William Cecil), Ian Hart (Lord Maitland), Martin Compston (Lord Bothwell), Brendan Coyle (Conde de Lennox), Gemma Chan (Isabel de Hardwick), Eileen O’Higgins (Mary Beaton), Liah O’Prey (Mary Livigston), James McArdle (James, Conde de Moray), Maria-Victoria Dragus (Mary Flemming), Ismael Cruz Cordova (David Rizzio).

    Visualmente, el trabajo de Rourke escapa de la puesta en escena teatral en la que es una estrella y en la que hubiese sido muy fácil caer. En buena parte, gracias al guion de Willimon (acostumbrado a las intrigas políticas por su trabajo en las cuatro primeras temporadas de House of cards) en el que, por otro lado, se presta más atención a los tejemanejes políticos, en un mundo de traiciones que resulta excesivamente farragoso y complicado en su primera mitad, que a la vida personal de la monarca escocesa, a la que podría haber prestado más atención y que daba para otra película.

    La película transcurre en paralelo, mostrando a las dos monarcas, enfrentadas por las circunstancias (podría decirse incluso, en contra de su voluntad) en secuencias intercaladas en el mismo momento, actuando como reflejo de las actuaciones de la oponente. Todo conducente hacia un encuentro final, un tour de force entre las dos actrices que es el momento cumbre de la película. Un encuentro que jamás se produjo.

    Al igual que las interpretaciones (sobre todo la de Ronan), la puesta en escena es uno de los puntos fuertes de la cinta. El montaje, en cambio, resulta demasiado enrevesado y no ayuda a facilitar la comprensión, e impide que las tramas políticas de las que María Estuardo fue blanco por parte de su corte sean totalmente asimilables.

    Más críticas en aquí.

  • Paseando a Mr. Shirley

    Paseando a Mr. Shirley

    GREEN BOOK

    En este fin de semana han coincidido la entrega de los Goya (por primera vez en Sevilla), donde Campeones ha sido la ganadora moral, al llevarse el premio a la mejor película (aunque la que ha recogido más cabezones, con un total de siete, ha sido la mucho más interesante El reino), con el estreno de Green book, una de las favoritas (cada vez más) para los Oscar de final de mes. Lo curioso es que ambas cintas comparten más de lo que en un principio podría parecer. Y es que las dos son cintas en las que una crítica negativa, un “pues no es para tanto” hace que te miren mal, que piensen que no tienes sentimientos.

    Que no se malinterprete: están bien hechas, bien dirigidas; pero a ambas les pierde que el mensaje (necesario y efectivo) se diluya en una calidad cinematográfica que es, en realidad, bastante más corta, en unas formas narrativas que abundan en clichés y en tópicos de sobras conocidos. Y así, tenemos en ambos casos, películas con buenas intenciones pero que resultan prefabricadas, artificiales.

    Dirigida por Peter Farrelly, que hace dos década presentaba (junto a su hermano Bobby) grandes éxitos de taquilla como Dos tontos muy tontos o las mucho más interesantes (aunque igualmente desquiciadas) Algo pasa con Mary o Yo, yo mismo e Irene, aquí se embarca en esta historia basada en hechos reales, un trasunto de Paseando a Miss Daisy, que resulta mucho más convencional, bastante menos arriesgada que su trabajo anterior, y que viene a ser prueba evidente de que el Hollywood blanco tiene mala conciencia sobre cómo ha tratado a la raza negra históricamente y de cómo trata de redimirse.

    Estados Unidos, 2018 (130′)
    Dirección: Peter Farrelly.
    Producción: Jim Burke, Brian Hayes Currie, Peter Farrelly, Nick Vallelonga, Charles B. Wessler.
    Guión: Nick Villalonga, Brian Hayes Currie, Peter Farrelly.
    Fotografía: Sean Porter.
    Música: Kris Bowers.
    Montaje: Patrick J. Don Vito.
    Intérpretes: Viggo Mortensen (Tony Lip), Mahershala Ali (Dr. Don Shirley), Linda Cardellini (Dolores), Sebastian Manescalco (Johnny Venere), Dimiter D. Marinov (Oleg), Mike Hatton (George), P.J. Byrne (Ejecutivo discográfica), Joe Cortese (Gio Loscudo), Maggie Nixon (Recepcionista Copa Coat).

    La historia de Tony Lip, un italoamericano racista que vive en el Bronx, que es contratado como chófer para llevar al virtuoso pianista negro Don Shirley durante una gira por los estados profundos del Sur, donde todavía existe la segregación, y donde los mismos potentados que han ovacionado al artista en su actuación le obligan después a usar un sucio cuartucho para ir al aseo, porque no pueden compartir con él su retrete, sirve para que estos dos personajes, completamente antagónicos, acaben convirtiéndose en grandes amigos durante el viaje.

    Mahershala Ali puede ganar su segundo Oscar en su segunda nominación por su magnífica interpretación. Viggo Mortensen lo tiene bastante más difícil, a pesar de que su trabajo también es bueno (aunque bordea la caricatura involuntaria en algunos momentos). Lo malo es que la historia bordea (y a veces cae de lleno) en muchos clichés. La historia de antagónicos ‘obligados’ a pasar un tiempo juntos y que acaban descubriendo que son más las cosas que les unen que las que les separan, se ha contado mil veces.

    Y el que esté basada en hechos reales no garantiza que la película que los cuenta sea buena. Aquí, hay cosas (muchas) que no funcionan, y si bien la película se puede ver con agrado, situaciones como que el racismo de Tony se ventile y se elimine de un plumazo con apenas dos planos, o lo previsible de todo lo que ocurre, entre otros elementos, hacen que como película la cosa no termine de funcionar.

    Más críticas en AQUÍ .

  • Un hombre y su destino

    Un hombre y su destino

    THE OLD MAN & THE GUN

    No podría haberse imaginado una despedida mejor que esta para un intérprete como Robert Redford, que con The old man & the gun pone punto y final a su carrera como intérprete. Lo hace con un filme que, en cierto sentido es la culminación a una filmografía y a un personaje con el que el actor se hizo famoso, el de delincuente simpático y seductor.

    Inspirado en hechos reales, The old man & the gun narra los últimos años de Forrest Tucker, un ladrón de bancos que realizaba los atracos sin violencia alguna, y que a lo largo de su vida se fugó de la cárcel hasta en dieciséis ocasiones, y que ahora, a sus casi ochenta años sigue robando con sus compañeros de toda la vida, mientras la policía les sigue los talones.

    David Lowery, que sorprendió hace casi dos años con su anterior obra, la magnífica A ghost story, cambia aquí radicalmente de registro y plantea una comedia en la que no se desechan los elementos dramáticos y nostálgicos. Una película que celebra la libertad y la vida, con un personaje con el que el espectador no tiene más opciones que empatizar y ponerse de su lado. A pesar de que lo que haga sea legalmente reprobable.

    Estados Unidos, 2018 (93′)
    Título original: The old man & the gun.
    Escrita y dirigida por: David Lowery, basado en un artículo de David Grann.
    Producción: Toby Halbrooks, Bill Holderman, James M. Johnston, Anthony Mastromauro, Dawn Ostroff, Robert Redford, Jeremy Steckler, James D. Stern.
    Fotografía: Joe Anderson.
    Música: Daniel Hart.
    Montaje: Lisa Zeno Churgin.
    Intérpretes: Robert Redford (Forrest Tucker), Casey Affleck (John Hunt), Sissy Spacek (Jewel), Danny Glover (Teddy), Tom Waits (Waller), Tika Sumpter (Maureen), Ari Elizabeth Johnson (Abilene), Teagan Johnson (Tyler), Elisabeth Moss (Dorothy), Isiah Whitlock Jr (Detective Gene Dentler), Keith Carradine (Capitán Cadler).

    Lo hace mediante un homenaje en toda regla al actor, a toda su carrera, rescatando y utilizando incluso fragmentos o imágenes de películas anteriores (La jauría humana, Dos hombres y un destino, El golpe…). Y es que lo que importa no es tanto el tema de los atracos (mucho menos su investigación) sino el retrato de los personajes. Tanto el de Tucker, un hombre que no puede dejar de atracar porque es lo que le hace feliz (los trabajadores que ‘sufren’ los robos destacan la amabilidad y permanente sonrisa de Tucker), como el del policía (interpretado por un Casey Affleck que ya protagonizó la anterior cinta del director) y, por supuesto, el de la parte femenina de la historia, una Sissy Spacek que (en cierto sentido) también es homenajeada aquí.

    Es una película amable, entretenida, que cumple con lo que promete pero que no aporta ninguna sorpresa. Un buen homenaje, un buen remate a una filmografía que ha durado casi sesenta años, pero que no es la mejor obra ni de director ni del intérprete.

  • Triángulo de amor bizarro

    LA FAVORITA

    En la Inglaterra del siglo XVIII, con el país en guerra contra Francia, y una reina debilitada e inestable, enferma física y mentalmente, quien realmente dirige los designios del país a su antojo y beneficio es Lady Sarah Marlborough. Ella es la mano derecha de la monarca, a la que maneja cual títere.

    Cuando llega al palacio una nueva sirvienta, Abigail, prima lejana de Sarah, antes aristócrata pero caída en desgracia tiempo atrás, esta intentará recuperar su antiguo estatus, y comenzará entre ellas una competición por ganarse los favores de la monarca y convertirse en su favorita.

    La tercera película en inglés del director griego Yorgos Lanthimos, séptima en su filmografía, y primera cuyo guion no firma él mismo, es quizás la más accesible de sus cintas, la que más posibilidades tiene de llegar a un gran público, a pesar de que su estilo, sus grandes temas, su modo de afrontar y mostrar, siguen siendo los mismos, por lo que siguen siendo fácilmente reconocible las marcas autorales del mismo.

    El libreto que han creado los británicos Deborah Davis (novata en esto del cine) y Tony McNamara (curtido en el mundo de las series de televisión) es magnífico. No llega a tener la pegada de las anteriores obras del heleno, pero casi casi. Ahí están por ejemplo, unos diálogos ingeniosos, chispeantes y (en ocasiones) deliberadamente anacrónicos (acorde con los personajes, unas mujeres evidentemente adelantadas a su tiempo, y a las que Lanthimos no duda en meterlas en humillaciones -con decir que la aparición de Abigail en palacio es tirarla de bruces en un charco de barro y excrementos creo que se evidencia esta idea-), que resultan mordaces, y donde el humor negro del director están claramente presentes en todo momento.

    Irlanda-Reino Unido-Estados Unidos, 2018 (119′)
    Título original: The favourite.
    Director: Yorgos Lanthimos.
    Producción: Ceci Dempsey, Ed Guiney, Yorgos Lanthimos, Lee Magiday.
    Guión: Deborah Davis, Tony McNamara.
    Fotografía: Robbie Ryan.
    Montaje: Yorgos Mavropsaridis.
    Intérpretes: Olivia Colman (Reina Anna), Emma Stone (Abigail Hill), Rachel Weisz (Lady Sarah), Nicholas Hoult (Harley), Joe Alwyn (Masham), James Smith (Godolphin), Mark Gatiss (Lord Marlborough), Jenny Rainsford (Mae), Tim Ingall (Lord Bingley).

    Visualmente, La favorita destaca por una fotografía excelente que recuerda en no pocos momentos al Kubrick de Barry Lindon. Lanthimos recurre a una cámara que está casi permanentemente en movimiento, acudiendo también en muchos momentos al gran angular y al ojo de pez, que deforman la perspectiva y distorsionan la realidad, y muestran al personaje como un ser ínfimo y solo en el universo. El vestuario, los juegos de luces, la composición de los planos, el barroquismo y bizarrismo en los decorados, en el diseño de producción, hacen que la estética sea sencillamente magnífica.

    Pero no podemos olvidar que estamos en una película de Lanthimos. Y a pesar de la belleza (a ratos, ya he mencionado antes que el director también recurre a la suciedad, a la enfermedad, a las cicatrices y la sangre en muchos momentos), y a pesar de ser una película de época, la trama va por unos derroteros (mucho) más turbios, en los que el director es ducho.

    Es este un sátiro y destructivo triángulo amoroso entre una reina y dos mujeres que luchan por ser su mano derecha (y algo más que eso). Una perturbadora y apabullante historia de amor, celos y poder, una exploración de lo venenoso que puede resultar un halago. Es cruel y cruda, ridiculiza y muestra la decadencia moral de una clase social, dejando que sea el espectador el que juzgue. Es tremendamente actual, a pesar de transcurrir hace tres siglos. Y es lo suficientemente inteligente para no caer en lo fácil (que hubiera sido el enfrentamiento final, con todas las consecuencias de Lanthimos, entre las dos rivales).

    Y no se puede olvidar hablar de sus tres protagonistas, ese tridente interpretativo en estado de gracia que conforman unas brillantes Rachel Weisz y Emma Stone, y una excelsa Olivia Colman (la única, y cada día crecen las posibilidades, que puede poner en aprietos a Glenn Close y Lady Gaga en los Oscar de este año). Personajes repletos de matices y que basculan de un estado a otro, de un sentimiento a otro, con apenas un gesto, y que son un deleite absoluto en esta historia de luchas de poder donde lo íntimo de los poderosos puede determinar lo que le ocurre al resto de los pobres mortales. Como en la vida real, vamos.

  • El arte de dominar el mundo

    El arte de dominar el mundo

    EL VICIO DEL PODER

    En sus inicios en la dirección, después de seis años como guionista del mítico Saturday Night Live, Adam McKay trabajó en comedias interesantes en las que se lucía su amigo Will Ferrell, uno de las estrellas del famoso programa televisivo.

    Ahora, este ejerce como productor en la nueva película del realizador, filme político no exento de mala baba, con una fina ironía que ya estaba presente en su anterior cinta, la muy interesante La gran apuesta, que ya le valió el Oscar al mejor guion adaptado, premios en los que este año, con esta Vice (referido al puesto político del protagonista, pero que aquí, por el doble juego del significado del término y del comportamiento de aquél, se ha llamado El vicio del poder), puede repetir.

    La película recorre durante tres décadas la vida, personal y política, de Dick Cheney. Desde que es expulsado de la universidad, hasta sus devaneos y chanchullos políticos siendo vicepresidente de los Estados Unidos, un puesto que normalmente es poco más que decorativo, pero que en sus manos le convirtió en el hombre más poderoso del planeta, el que movía los hilos, el que convirtió el mundo en el mundo que hoy conocemos.

    Estados Unidos, 2018 (132′)
    Título original: Vice.
    Escrita y dirigida : Adam McKay.
    Producción: Megan Ellison, Will Ferrell, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Adam McKay, Kevin J. Messick, Brad Pitt.
    Fotografía: Greig Fraser.
    Música: Nicholas Britell.
    Montaje: Hank Corwin.
    Intérpretes: Christian Bale (Dick Cheney), Amy Adams (Lynne Cheney), Steve Carell (Donald Rumsfeld), Sam Rockwell (George W. Bush), Alison Pill (Mary Cheney), Eddie Marsan (Paul Wolfowitz), Justin Kirk (Scooter Libby), Lisagay Hamilton (Condoleezza Rice), Jesse Plemons (Kurt), Bill Camp (Gerald Ford), Don McManus (David Addington), Lily Rabe (Liz Cheney), Tyler Perry (Colin Powell).

    El tema de la alta política, la incursión en la historia de un elevado número de personajes y tramas, puede resultar complejo, pero McKay crea una narración que no es difícil de seguir, muy bien estructurada, y que atrapa al espectador en sus más de dos horas de metraje. Porque el elemento fundamental aquí no es lo que se cuenta (en el fondo es una historia que ya conocemos) sino cómo se cuenta. Y aquí, no solo McKay ha tenido mucho que ver. También es gracias a las elecciones (acertadísimas todas ellas) en el montaje de Hank Corwin.

    Hay un falso final (con créditos incluidos), escenas que se acercan a lo onírico, un narrador omnisciente que (curiosamente) nada tiene que ver con el personaje cuya vida se cuenta (hasta el final, claro, en el que se descubre su identidad y vemos, como ya decía antes, esa mala baba que se destila en todo momento). Incluso, El vicio del poder se ríe de sí misma en lo único que se le podría echar en cara, un claro partidismo, con una escena postcréditos absolutamente genial.

    Mitad biopic, mitad comedia (negra, como puede ser la política mal utilizada), se apoya en la sátira con unos personajes a los que no se le dan concesiones y a los que en ningún momento trata de humanizar. Y cuenta con un reparto en estado de gracia. Sobresale un camaleónico Christian Bale, que ya ha ganado el Globo de Oro por este papel y que apunta al Oscar directamente, pero no solo él. Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell… Todos ellos están fantásticos. Incluso los muchos papeles no acreditados (muy pequeños y ocasionales) donde grandes nombres como Naomi Watts o Alfred Molina brillan.

    Más críticas en: happyphantomblog.wordpress.com.

  • El desencanto de la realidad

    El desencanto de la realidad

    En la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla se pudo ver, fuera de concurso, una proyección especial de Tiempo después, la nueva película de José Luis Cuerda, que ahora llega a las salas comerciales.

    Con ella, el director vuelve a al terreno de la comedia surrealista de la que nos ha regalado varios ejemplos. El más claro y evidente, el que todo el mundo recuerda y de la que esta es su secuela, es Amanece que no es poco, evidente película de culto de la historia actual del cine español.

    Ambientada en el año 9177 -mil años arriba, mil años abajo-, la población del país ha quedado reducida a un solo Edificio Representativo, y un pequeño bosque en las afueras donde se hacinan todos los parados y hambrientos. El orden se descoloca cuando uno de los desempleados quiere vender limonada en el interior del Edificio, lo que le es negado ya que rompería la estabilidad del sistema.

    España, 2018 (95′).
    Escrita y dirigida: José Luis Cuerda.
    Producción: Andreu Buenafuente, José Carmona, Mercedes Gamero, Ibor Ibeas, Mikel Lejarza, Carmela Martínez Oliart, Félix Tusell, Arturo Valls, Jorge Vázquez Caño.
    Fotografía: Pau Esteve Birba.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Emma Tusell.
    Intérpretes: Miguel Herrán, Blanca Suárez, Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Carlos Areces, Nerea Camacho, Arturo Valls, Berto Romero, Gambino Diego, Miguel Rellán, Manolo Solo, Estefanía de los Santos.

    Repartos corales

    Cuerda demuestra que sabe manejar a la perfección los repartos corales, dándoles momentos de lucimiento a (casi) todos los miembros del muy extenso reparto. Una plétora de intérpretes plagada de nombres conocidos con los que el director y guionista se ríe de y critica a la monarquía, la juventud, la cultura, la izquierda política, y la realidad del mundo actual en general, con el que Cuerda se muestra realmente desencantado.

    La película es irregular, y en su discurso se suceden sin descanso un gag detrás de otro, algunos corrosivos y delirantes, otros sin apenas gracia. Pero aun así necesaria y muy, muy distinta al resto de comedias españolas que se estrenan habitualmente. Eso sí, esta secuela se queda lejos de lo que fue la original de la que precede.

    Tiempo después roza el ridículo en muchos momentos. A veces de modo voluntario, pero otras (y ahí está el problema), no. Cuando lo hace, Cuerda borda una cinta molesta y casi brillante. Pero cuando cae en sus peores defectos, se hunde irremediablemente.

  • Los lazos que nos unen

    Los lazos que nos unen

    UN ASUNTO DE FAMILIA

    Siete intentos ha necesitado Hirokazu Kore-eda para ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Desde Distance a Después de la tormenta, pasando por Nuestra hermana pequeña, Air doll o Nadie sabe, todas pasaron por el prestigioso certamen. Y lo ha logrado con su última película, esta Un asunto de familia que es además firme candidata (a pesar de rivales poderosos) a ganar el Oscar en unos meses, y en la que recupera el nivel de sus mejores obras, cintas como Still walking o De tal padre, tal hijo, utilizando sus temas recurrentes, y añadiendo el muy interesante elemento de si la familia la forman únicamente los lazos sanguíneos o si hay algo más.

    Después de perpetrar uno de sus habituales hurtos en un comercio, Osamu y su hijo se encuentran en la calle a una niña aterida de frío. Aunque en un principio la mujer de Osamu se resiste, cuando descubren las dificultades de la pequeña con unos padres que no la quieren, se acaban apiadando de ella. A pesar de que la familia es pobre, parecen ser felices, hasta que un incidente imprevisto pondrá a prueba los lazos que los unen.

    Japón, 2018 (121′)
    Título original: Manbiki kazoku.
    Escrita y dirigida: Hirokazu Koreeda.
    Producción: Kaoru Matsuzaki, Hijiri Taguchi, Akihiko Yose.
    Fotografía: Ryûto Kondô.
    Música: Haruomi Hosono.
    Montaje: Hirokazu Koreeda.
    Intérpretes: Lily Franky (Osamu Shibata), Sakura Andô (Nobuyo Shibata), Mayu Matsuoka (Aki Shibata), Jyo Kairi (Shota Shibata), Miyu Sasaki (Yuri), Kengo Kôra (Takumi Maezono), Chizuru Ikewaki (Kie Miyabe), Kirin Kiki (Hatsue Shibata).

    Kore-eda habla de ladrones honestos, de gente que sobrevive de pequeños hurtos, ya que los sueldos de sus pequeños trabajos no les da para llegar a fin de mes. De gente que protege a los suyos, que es feliz, que no pierde la sonrisa. Habla de prostitución, de maltrato infantil. Y lo hace sin juzgar a los protagonistas, simplemente mostrando sus decisiones, sus actos, que posiblemente sean equivocados, incluso inmorales, pero eso no hace más que hacerte sentir más cariño por estos personajes.

    El director japonés va descubriendo la historia poco a poco, con pequeñas píldoras en las que va desvelando el pasado de los personajes, que no han tenido una vida fácil. Así, muestra una vez más su gran talento a la hora de crear personajes, a la vez que un gran narrador. Los planos están medidos, milimetrados, nada está ahí porque sí, todo tiene su significado, y lo mismo ocurre con los diálogos, con las palabras que pronuncian unos protagonistas fantásticos, donde habría que destacar a Kirin Kiki, la abuela, fallecida poco después de acabar el rodaje.

    La historia se mueve en la levedad, en la sutileza, hasta su tercer acto, en el que Kore-eda consigue transmitir mensajes de gran calado, de gran intensidad moral, capaces de tocar las almas y de crear un debate en el que discutir durante horas.

    Más críticas en el siguiente enlace.

  • El pasado de Cuarón

    El pasado de Cuarón

    ROMA

    Que el modo de hacer y ver cine ha cambiado desde la aparición de las plataformas es un hecho que cada vez resulta más evidente. También que las empresas exhibidoras tendrán que acostumbrarse al cambio, al nuevo modo y los nuevos tiempos que ello implica. Y que el mejor cine se hace precisamente ahí, en las plataformas, es otro hecho que más pronto que tarde terminará por revelarse.

    En apenas unos meses hemos podido ver cintas tan maravillosas como Aniquilación (Alex Garland), Wind River (Taylor Sheridan), Ingrid goes West (Matt Spicer), La balada de Buster Scruggs (Joel y Ethan Coen) o esta Roma, que directamente apunta a ser la mejor película del año. Algo que, si no es cierto, se va a acercar bastante.

    Ganadora del León de Oro en Venecia, nominada a tres Globos de Oro, elegida como mejor película del año por numerosas asociaciones de críticos, Alfonso Cuarón nos presenta aquí su película más personal, más íntima, desnudándose y mostrando un retrato de su infancia, de sus recuerdos, haciendo un homenaje a las mujeres que los criaron (a él y a sus hermanos), en especial a Cleo, la joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta del Distrito Federal, mostrando también los conflictos domésticos, las jerarquías sociales, en un ambiente de revueltas y agitación política.

    México-Estados Unidos, 2018 (135′)
    Escrita y dirigida: Alfonso Cuarón.
    Producción: Nicolás Celis, Alfonso Cuarón, Gabriela Rodríguez.
    Fotografía: Alfonso Cuarón.
    Montaje: Alfonso Cuarón, Adam Gough.
    Intérpretes: Yalitza Aparicio (Cleo), Marina de Tavira (Sra. Sofía), Diego Cortina Autrey (Toño), Carlos Peralta (Paco), Marco Graf (Pepe), Daniela Demesa (Sofi), Nancy García García (Adela), Verónica García (Sra. Teresa), Andy Cortés (Ignacio), Fernando Grediaga (Sr. Antonio).

    Cuarón abandona la ciencia ficción de sus obras anteriores (Hijos de los hombres y Gravity), cintas donde evidenciaba un virtuosismo visual que aquí está aparentemente en un nivel más bajo, dejando más fuerza a la historia, a los personajes. Pero es solo una apariencia, ya que el poder visual de Roma es también inmenso. Rodada en un poderoso blanco y negro, y utilizando (como en aquellas) largos planos secuencia que resultan menos evidentes (apenas te das cuenta de que no hay cortes) pero que están ahí, planos elegidos y rodados al milímetro, imágenes que son pura belleza, puro estilo. Planos en los que pasan muchas cosas, delante y detrás, al fondo. Historias que se suman y completan, y es aquí donde Roma gana, no solo en lo que cuenta (de hecho, aparentemente cuenta poco), sino en lo que parece estar oculto, en segundo plano.

    Y también en el plano simbólico, en los que la cinta abunda. Por ejemplo, hay muchos aviones, que aparecen constantemente, en el cielo, en el reflejo de un charco, en la película que los protagonistas ven en el cine. Es una vía de escape del mundo en el que viven. También hay mierda, un suelo lleno de mierda de perro, personajes que viven en la mierda; todas las familias tienen su lado oscuro aunque aparenten felicidad. Y agua, constantemente, en el suelo, fregando la mierda que jamás termina de irse, en la lluvia, en el mar…

    Es una película que se viste de sencillez, pero que es más profunda de lo que su trama parece contar. Visualmente apabullante, sin necesidad de acudir a los artificios de Gravity (por ejemplo), bellísima, y con una protagonista de la que enamorarse, Roma parece a veces un documental, un retrato de una época que Cuarón recuerda y homenajea.

  • La danza de las brujas

    La danza de las brujas

    Suspiria

    Fueron muchos los fans de Dario Argento que se echaron las manos a la cabeza cuando saltó la noticia de que se iba a hacer una nueva versión de su mayor clásico, una de las obras cumbre del giallo, Suspiria. El argumento (lógico) era que una obra de culto como la de Argento no necesitaba una revisión, una moderna recreación de la misma si esta no hacía cambios sustanciales de aquella. Y si esto ocurría, si las modificaciones eran sustanciales, ¿no sería esta una película distinta y no un remake?

    Lo cierto es que lo que ha hecho el también italiano Luca Guadagnino (al que conocimos no hace demasiado por Call me by your name), si bien mantiene los cimientos de la cinta original (una base argumental, personajes con los mismos nombres…), presenta unas diferencias tan sustanciales que bien podría pasar por una película distinta.

    La historia se ubica en 1977 (año de estreno de la Suspiria original), en una Berlín en pleno conflicto entre las zonas oriental y occidental, en una prestigiosa academia de baile a la que llega una joven americana, Susie Bannion. Pronto demuestra unas aptitudes que hacen que se gane el afecto de una de las profesoras más importantes. La llegada de Susie coincide con la desaparición de Patricia, otra bailarina, hecho que investiga Sara, que entablará amistad con Susie. A medida que el vínculo entre esta y su profesora se va estrechando, se suceden desapariciones de otras bailarinas.

    A diferencia de la cinta de Argento, lo que allí era la sorpresa final (que la escuela está regentada por un aquelarre de brujas que buscan un cuerpo que sirva de recipiente para la líder, un ser centenario llamado Helena Markos), aquí se desvela ya al principio. Ello hace que la atención y el interés se vaya a otros asuntos, dedicándose a indagar en las relaciones entre las brujas, a mostrar sus interacciones, el proceso en la toma de decisiones, los diferentes bandos entre ellas, y a desarrollar un argumento mucho más complejo que la original, dándole también mayor peso (visual y para la trama, con escenas significativas y muy poderosas) a las secuencias de baile, que casi estaban ausentes en la versión de Argento.

    Italia-Estados Unidos, 2018 (152′)
    Dirección: Luca Guadagnino.
    Producción: Bradley J. Fischer, Luca Guadagnino, David Kajganich, Francesco Melzi d’Eril, Marco Morabito, Gabriele Moratti, William Sherak, Silvia Venturini Fendi.
    Guión: David Kajganich, basado en la personajes creados por Dario Argento y Daria Nicolodi.
    Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom.
    Música: Thom Yorke.
    Montaje: Walter Fasano.
    Intérpretes: Dakota Fanning (Susie Bannion), Tilda Swinron (Madame Blanc / Dr. Joseph Klemperer / Helena Markos), Mia Goth (Sara), Chloë Grace Moretz (Patricia), Angela Winkler (Miss Tanner), Malgosia Bela (Madre de Susie), Alek Wek (Miss Millius), Jessica Batut (Miss Mandel), Elena Fokina (Olga), Ingrid Caven (Miss Vendegast), Sylvie Testud (Miss Griffith), Olivia Ancona (Marketa), Majon van der Schot (Janine), Iaia Ferri (Judith).


    El aspecto visual es, del mismo modo, radicalmente opuesto. Si bien Guadagnino ha decidido mantener algunos elementos estilísticos (los zooms a los rostros de las protagonistas, algunos movimientos de cámara), hay planos largos, diálogos trufados de largos silencios que hacen incluso más contundentes las escenas de violencia (la primera de ellas, ese montaje paralelo entre la poderosa danza de Susie y la destrucción de una de las bailarinas disconformes, es brutal), y las tonalidades son más suaves, más apagadas, muy grises, en consonancia con la época en la que se desarrolla la historia.

    El concepto de remake queda pues muy desdibujado. Esta es la Suspiria de Guadagnino (¿debería, entonces, tener otro título? Puede ser). El director reinventa el título de culto de los setenta, dándole un nuevo punto de vista, un muy distinto estilo, modifica radicalmente algunos personajes (como el de Susie), dando pistas y dotando de significado la relevancia de su papel en la historia desde el principio (no es baladí que desde pequeña, aún viviendo en una comunidad amish de la América profunda, desee viajar a Berlín, a la famosa escuela de danza), y creando líneas argumentales que amplían el universo de la historia.

    Suspiria, con sus defectos, resulta ser una muy buena película, una cinta que hipnotiza y perturba, que atrapa al espectador (siempre que no pretenda ver una versión actualizada del clásico), una obra que tiene vida propia, fascinante en su mayor parte, un puzle en el que todo encaja.

    Entre las intérpretes, Dakota Fanning, sin elaborar una interpretación memorable, mejora sustancialmente su trabajo en la trilogía 50 sombras…Aunque son Tilda Swinton (en su triple papel) y Mia Goth, las que más destacan en un reparto casi completamente femenino. El ritmo irregular, alguna trama que no termina de encajar en el conjunto y que solo alarga la película demasiado, y un final que roza peligrosamente lo grotesco, hacen que el resultado global no sea aún mejor de lo que es.

  • Marcianada con mensaje

    Marcianada con mensaje

    JAULAS

    Película marciana donde las haya, el debú del sevillano Nicolás Pacheco es una cinta extraña, inclasificable, que va cambiando de género continuamente, y que (con sus peros y sus carencias, que también las tiene) deja un muy buen sabor de boca, sobre todo por unas interpretaciones potentes, una puesta en escena que tiene grandes logros, una banda sonora magnífica (y muy curiosa)…

    Inspirada (en su comienzo) por los hechos reales ocurridos en la barriada hispalense de Los Bermejales hace casi quince años, cuando el gobierno local pagara una ‘jugosa’ cantidad económica a las familias que vivían en un asentamiento chabolista para que dejaran el lugar y poder construir con evidentes intereses especulativos.

    Así arranca Jaulas, en un asentamiento anclado en el tiempo en el que sus habitantes dedican horas y dinero en competiciones en las que varios hombres realizan cantos de pájaros, cuando el ayuntamiento consigue convencer a los cabecillas de que se vayan de allí (cuantiosa cantidad económica mediante). Concha y su hija Adela, hartas del mal trato que reciben de su marido y padre, de estar encerradas en vida, deciden escapar arriesgándolo todo, en busca de la libertad.

    España, 2018 (96′)
    Escrita y dirigida por: Nicolás Pacheco.
    Producción: Antonio P. Pérez.
    Fotografía: Alejandro Espadero.
    Música: Pablo Cervantes.
    Montaje: Ana Álvarez Ossorio.
    Intérpretes: Estefanía de los Santos (Concha), Marta Gavilán (Adela), Belén Ponce de León (Rosa), Manuel Cañadas (Antoñito), Stefan Mihai (Vasile), Antonio Estrada (Canario), Antonio Dechent (Fermín), Manuel Tallafé (Casino), Manolo Caro (Platillo), Mila Fernández (Palomita), Carlos Tirado (Bienvenido).

    Pacheco debuta con un trabajo notable, que se mueve entre el costumbrismo (arranca con un tono folclórico que recuerda al cine de Kusturica), el drama, la comedia, el romance, un poco de thriller, de road movie, algo de tragedia… El arranque hace temer lo peor, pero poco a poco va ganando en interés, con algún altibajo (sobre todo en su resolución, algo convencional y débil), e incluso consigue unos resultados más que aceptables para ser una primera película, pequeña además.

    Cinta de mensaje eminentemente feminista, Jaulas habla de la falta de libertad, de las cárceles invisibles que suponen las relaciones tóxicas a las que muchas mujeres se ven sometidas. Hay otras tramas paralelas que complementan la historia principal, y que nos regala interpretaciones magníficas como la siempre solvente presencia de Antonio Dechent o Manolo Caro, aparte de la protagonista principal, una fantástica Estefanía de los Santos.

    Una historia que se podría desarrollar en un lugar cualquiera, en un tiempo cualquiera, porque habla de emociones universales. Notable debú con una película que, no obstante sus imperfecciones, tiene también numerosos logros.

    Más críticas aquí .