Etiqueta: el evangelio del domingo

  • La voz de Jesús

    Juan 18,33-37

    LA VOZ DE Jesús es escuchada por todos, desde el pobre ciego hijo de Timeo hasta el gobernador de Roma, Poncio Pilato; desde la familia trabajadora que va con su familia a misa, hasta quien se declara agnóstico y reniega de la iglesia. La voz de Jesús es escuchada por todos, la nuestra no; y no es de extrañar, ni de criticar. La coherencia moral y personal del Nazareno, la profundidad de su mensaje y la autenticidad de sus palabras están fuera de toda duda. La nuestra no, claro.

    Por eso la mayor riqueza que tenemos los cristianos es la voz de Jesús, su vida, su mensaje, su entrega, su resurrección. Esa es nuestra mayor riqueza que crece al compartirla. Por eso nuestra mayor preocupación ha de ser, no defender la iglesia, sino ser testigos de la verdad del Señor; compartir con los demás la inmensa riqueza que es Jesucristo. Compartir a Jesucristo con los otros, eso lo es todo. Cada uno, después, hemos de responder a la claridad de su vida.

    Todo el que es de la verdad escucha su voz. Y cada uno tendremos que elegir si queremos ser de la verdad o queremos vivir en la mentira, en una mentira abierta y desahogada, o en una mentira vergonzante de medias verdades. Pilato, en su conversación con Jesús, intenta distanciarse de la luz que lo quemaba: “¿Acaso soy yo judío? Otros te han entregado a mí”.
    ¿Y tú?, ¿cuál es tu actitud ante la persona de Jesucristo? ¿Le escupes y lo condenas?, ¿te muestras indiferente pensando que no te incumbe?, ¿o lloras amargamente, como Pedro, tu propia mediocridad?

  • Pobreza sacerdotal

    Marcos 13,24-32

    NO; NO VOY a criticar la riqueza de los curas. Primero porque la mayoría ni tienen grandes riquezas ni las pretenden; y segundo porque ya hay quienes magnifican los errores condenables de la Iglesia y tratan de ocultar su cotidiano servicio a las personas. El asunto que os presento es más profundo.

    El Papa ha convocado para este domingo el día de los pobres, con un lema que recoge un versículo del salmo 34: «Este pobre gritó al Señor, y el Señor lo escuchó». Y dice «este», no «un pobre», o «el pobre», «o quien vive la pobreza». Dice «este pobre» dándonos a entender que el Señor mira a la persona atendiendo a su realidad y dignidad, conociéndola por su nombre y por su historia. Este pobre es escuchado por Dios, y eso es una interpelación a que este pobre, también, sea escuchado por la comunidad de los cristianos, por la Iglesia. Despachamos, demasiadas veces, a los pobres dándoles cosas, sin escucharlos, sin saber de su historia y sus esperanzas, sin atender a lo más profundo de la persona que es su fe. Y sin embargo, el pobre puede ejercer un sacerdocio muy eficaz porque Dios lo escucha, y así nos lo dice la Escritura.

    También este pobre, que soy yo o que eres tú, cuando reza a Dios desde su pobreza es escuchado. Acoge y busca al pobre y a la pobreza como un don, porque con ellos se identificó el mismo Jesucristo. Cuando la Iglesia acoge a los pobres y vive en la pobreza puede ser transparencia de Cristo, sumo y eterno sacerdote, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.
    Cuando ayudes a alguien y te lo agradezca, pídele que rece por ti.

  • Cuidado con las grandezas

    Marcos 12,38-44

    “Para conocer a Manolillo, dale un carguillo» dice nuestro refranero haciendo burla de los que al asumir alguna responsabilidad o recibir honores de cargo se creen por encima de los demás, se aprovechan de su posición y la usan ventajistamente.

    Por el contrario, mientras más valía personal, con más sencillez puede mostrarse y más humildemente asume los elogios. En todas las instituciones, en todos los grupos humanos se da esto: desde la empresa en la que trabajas, hasta la parroquia en la que colaboras; en las asociaciones de vecinos y en los cargos de la administración pública.

    Cuanto más valioso sea lo que asumes, más necesario es que lo acojas con humildad y honestidad. Si han depositado en ti la responsabilidad de ser de alguna manera representante de la Iglesia y el Evangelio, ten sumo cuidado con mostrarte áspero, exigente o intolerante con quien contigo se relaciona; estarías denigrando aquello que representas.

    Si te han confiado la administración de bienes materiales, sé escrupulosamente honesto y diligente: el encargo de lo público ya es un honor grande para que renuncies a un enriquecimiento ilícito.

    Sin embargo, esto que decimos no es lo común. La ineficacia por corrupción y por clientelismo partidario es uno de los mayores males de nuestra sociedad. Ya lo dice Jesús en el Evangelio: hay quien bajo capa de «igualdad», «progreso», «cooperación» o «apoyo a la diversidad», se lleva tres veces más de lo que debiera (por no decir 30).

  • Un alto interés

    Marcos 12,28-34

    LO CONFIESO; estoy viendo una serie de esas modernas: Vikingos. Y me ratifica en algo que hace mucho tiempo pensaba, en el alto interés meramente humano que tiene la fe cristiana. Es cierto que en nombre de cualquier «dios» o de cualesquiera «valores» pueden cometerse las mayores barbaridades. Pero el cristianismo tiene como referencia a Jesús de Nazaret, y su persona y su mensaje serán siempre horizonte crítico para toda deshumanización y abuso de poder.

    Creer en Dios, tal y como se nos reveló en Cristo, e intentar seguir su mandamiento tiene un alto interés personal, aunque suene «egoísta» decirlo. Ya lo decían los textos del Antiguo Testamento: «Guarda estos mandamientos para que te vaya bien, para que tengas larga vida y crezca el número de tu descendencia» (Dt 6).

    Creer en Dios, tal y como se nos reveló en Cristo, hace que vivamos en un horizonte de bondad, de perdón y de misericordia que nos hace más humanos, que nos permite vivir con más serenidad, y que asienta la felicidad de nuestras vidas. «Amar al prójimo como a uno mismo», nos hace reconocernos como personas y empatizar con el otro; «amar a Dios sobre todas las cosas» resitúa todo en su justa medida: nada de este mundo es Dios y a nada debemos rendirle pleitesía, ni hemos dejarnos dominar por nada.

    Amar a Dios es, además, sólo respuesta al amor que él nos tiene. Y ese amor ni es voluble como el de las relaciones que tenemos, ni se aleja con la distancia, ni se diluye con el tiempo. Sabernos amados por el Padre de Nuestro Señor Jesucristo es la llave para descubrir la luz que llevamos dentro.

  • Amare aude

    Marcos 10,2-16

    DICEN ALGUNOS historiadores de la filosofía que el espíritu de la Ilustración, del siglo de las luces, se sintetiza en la proclama hecha por Kant: «sapere aude», es decir, «atrévete a saber». Y es que lo que nos hace verdaderamente personas ha de ser acogido en un acto de valentía personal que cambia nuestra vida, que nos hace superar nuestro pasado para mirar al horizonte de nuestro futuro con ojos de esperanza.

    El grito que necesitamos en nuestro tiempo es: «amare aude», «atrévete a amar». Y lo necesitamos porque estamos faltos de acoger con valentía el amor al que somos llamados.

    El amor humano puede tener muchas expresiones en nuestra vida: la amistad, la ayuda solidaria, el ecologismo, la lucha por la justicia… pero el amor por excelencia es el amor de pareja, el amor que hacen que un muchacho y una muchacha asuman el riesgo de amarse sin reservas, sin preservativos, de amarse abiertos a la fecundidad de la aventura de una familia, de un amor en horizonte de eternidad -«en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, hasta que la muerte nos separe»-.

    Hoy ese amor valiente de pareja está en crisis. Las relaciones suelen ser «mientras dure y nos convenga» a cada una de las partes por separado. Poca valentía hay en ese amor. No es que esté mal, no quiero decir eso; pero estar con alguien mientras me conviene y me satisface, no parece que tenga demasiado mérito, perdonadme. Nos hacen falta jóvenes que sean audaces en su amor, que sean valientes para compartir vida y dar vida.

  • Espiritualidad católica

    EL NACIONALISMO es identitario y excluyente; mira siempre todo lo ajeno con recelo y con desprecio, con un temor que desemboca en rechazo y marginación. El verdadero cristianismo nunca se entrega al nacionalismo; por eso el verdadero cristianismo siempre es católico, universal. Ninguna persona es considerada ajena porque todos somos hermanos; ninguna cultura es mirada con rechazo porque, si en todas está el pecado del hombre, en todas también está la mano bondadosa de Dios.

    Corren tiempos en los que supuestos defensores de la patria y las tradiciones toman la bandera de la fe católica para rechazar al otro. El cristianismo surge cuando los discípulos de Jesús traspasan las fronteras del nacionalismo judío y acogen como hermano a cualquier hombre o mujer que aceptara en su corazón el nombre de Cristo. El catolicismo es, siempre, sinónimo de universalidad. Hasta con los que nos separan las ideologías y las creencias, los católicos sabemos que nos une la voluntad de un solo Dios que se hace presente en el corazón de cada persona.

    Pero no nos engañan, la excusa es la identidad, las tradiciones, la patria, hasta la religión; pero la razón es el dinero; el egoísmo y el dinero. Toda persona buena encuentra en el católico los brazos abiertos; todo gesto de dignidad y de justicia encuentra en el católico su aprobación. Ni el rechazo, ni el egoísmo, ni la discriminación serán nunca signo de la espiritualidad católica.

    La hipocresía tampoco; y decir que se acoge a los inmigrantes menores para tenerlos después hacinados y mal atendidos, lo es.

  • Servicio humilde

    HAY QUIEN CONFUNDE la humildad con el apocamiento o con someterse fácilmente a la voluntad de otro. También puede confundirse con la timidez. Pero ninguna de estas características refleja lo que es la humildad evangélica.

    El humilde por fe es aquella persona que busca aportar lo que puede y sabe para mejorar su entorno y el mundo, sabiendo que la última palabra siempre viene de lo alto. El humilde por fe soporta contrariedades y desplantes, sin sentirse contrariado, sin desear vengarse, porque en todo momento se siente rodeado por los brazos de Jesús. El humilde por fe vive en cada momento el gozo del ahora, sin pensar qué dirán, sin hacer cálculos de beneficios. El humilde por la fe se sabe en el centro del mundo, porque todos los pobres y los sencillos son el centro del mundo para Dios.

    No te compares; no te preguntes si eres más importante que este o que aquel. No discutas graves problemas políticos y económicos, que no comprometen tu vida, que te dejan el corazón agitado y el alma helada. Acoge a los pequeños y a los pobres, acoge a quien necesite tu ayuda, porque acogiéndolo a él, nos dice Jesús, que lo acoges a él mismo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.

    Piensa, piensa; en concreto, ¿a qué persona en debilidad has acogido en estos últimos días?, ¿a quién has alegrado con tu mirada y tu servicio? No vaya a ser que las grandes palabras «fe» o «justicia» sólo sean maneras de ocultar tu orgullo egoísta.

  • Resiliente

    (Marcos 8, 27-35) DEFINE EL DICCIONARIO de la Real Academia de la Lengua Española la palabra resiliencia con dos significados, uno para la capacidad que tienen los materiales de recuperar su estado inicial cuando cesa la presión a la que son sometidos, otro para la de los seres vivos de adaptarse a una situación adversa.

    La persona resiliente no se define sólo por su capacidad de resistencia o por su capacidad de adaptación. El resiliente crece como persona en la dificultad. Crece en su empatía ante el que sufre; crece en verdadera autoestima y perdón hacia sí mismo; crece en la capacidad de reconciliación con quien le daña; mira más lejos y más alto en el sentido de su vida; ama más generosamente; se entrega con más gratuidad.

    Era fácil ser discípulo de Cristo en Galilea, sostenidos por la fuerte personalidad del Maestro, llevado en volandas por las aclamaciones del pueblo, deslumbrados por los milagros y los signos con los enfermos. Para reconocer en toda su verdad a Cristo como el Salvador tenían que verlo sufrir y morir en la cruz. Una fe sin resiliencia en la dificultad, en los momentos duros, no deja de ser sentimentalismo adolescente.

    Isaías nos da la clave de la resiliencia cristiana: «El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?»

    Como el Sol día a día va haciendo madurar la uva, abrir tu oído cada día a la Palabra te permitirá madurar y ser vino bueno.

  • La tarea del Espíritu

    (Marcos 6, 30-34) SUTILMENTE como un soplo suave de viento que refresca por la noche la estancia, iban penetrando las palabras de Jesús en el corazón, y la mente, y el espíritu de sus discípulos. Él se tomaba su tiempo para enseñarles con calma, a sabiendas de que sólo lo que se «cocina» a fuego lento es asimilado por el alma. (más…)
  • La determinación de Dios

    (Marcos 6, 7-13) EL VIEJO SACERDOTE del santuario real de Betel -estamos a la altura del siglo VIII antes de Cristo- vio peligrar su estatus funcionarial por un joven que decía al pueblo palabras dulces de oír. Sus años de complicidad con la injusticia de los reyes y los potentados le habían ganado una posición que ahora las proclamas por la justicia y la fidelidad a la alianza de Amós ponían en peligro. (más…)