Categoría: El evangelio del domingo

  • Un hombre entregado

    (Pasión según san Marcos) JESUCRISTO fue un hombre feliz, profundamente feliz. Pero cuando tuvo que sufrir no se echó atrás, afrontó la cruz.

    La cruz de Cristo es, para nosotros, símbolo de todos nuestros sufrimientos; de toda clase de sufrimientos. Pero es también signo de salvación. La cruz es signo del discípulo de Cristo.

    Un amor que no asume la cruz es un amor inmaduro, egoísta; el amor de quien sólo se busca a sí mismo. Sin disposición de cargar con la cruz no hay capacidad de perdón, ni de compromiso duradero y eficaz. De quien no tiene disposición para asumir la cruz no podemos fiarnos. Puede parecerte una expresión dura, pero es verdad.

    En nuestras debilidades, en la enfermedad, en las dificultades de nuestra misión hemos de cargar con nuestra cruz y seguir a Jesucristo. Eso es ser cristiano.
    La cruz es también la salvación, la gloria. Ahonda los cimientos de nuestra persona como ninguna otra experiencia puede hacerlo. Es fuente de paz, cuando conscientemente la asumimos, como no lo puede ser ningún ejercicio de relajación impostada. Por su capacidad de sacrificio glorificamos a Dios por las personas que nos han dado la vida.

    Quien retrocede ante la cruz cuenta, como mucho, con nuestra comprensión. Quien se mantiene fiel en ella se convierte en referente para todos los que lo conocen.
    ¿Quién merecerá tu sacrificio? ¿Quién te hará crecer hasta la gloria de la entrega? ¿Qué tarea, qué misión, qué servicio, qué vocación te hará entregar la vida hasta hacer de ti una persona plena, auténtica, verdadero discípulo de Cristo?

  • El Protagonista

    (Juan 12, 20-33) “Ya estoy cansado, Señor, de tantos dimes y diretes; de quienes no les parece bien el paso que voy a dar al bautizarme, y todo son críticas a la Iglesia y a la fe. También de los que me felicitan y alaban mi decisión. Ya estoy cansado de ser el protagonista de una película en la que como mucho soy actor secundario, si no meramente un figurante.

    Eres Tú quien me ha llamado. Eres Tú quien te hacías fuerte en mis silencios y en mis debilidades, aunque yo no quería escucharte; Quien me hablaba en la vida de los niños del asentamiento marginal, en los rostros de los discapacitados psíquicos profundos y sus familias. Eres Tú quien has ido venciendo, una a una, todas mis resistencias. Eres Tú quien ha escrito el mandamiento del amor en mi corazón. Si yo he hecho algo ha sido resistirme a contemplar mi propia vida con tu luz.

    Tú creas cada amanecer; me sostienes en cada instante; nos alientas a todos al amor. Tú te entregaste en la cruz por nosotros. Compartiste el destino de los más pobres, de los más débiles, de los que más sufren; así eres su Esperanza. Tú asumiste todo el odio y la violencia que el corazón del hombre es capaz de acendrar y todo lo perdonaste; todo lo venciste. Tú amaste con amor de entrega desde la Galilea de los milagros y las bienaventuranzas, hasta la Jerusalén de los enfrentamientos con los poderosos e injustos. Pero, sobre todo, Tú te entregaste a la vida más plena, al amor más pleno, a la luz más plena, en lo que parecía muerte, fracaso y tiniebla. Fuiste grano de trigo sembrado.

    ¡Tú! ¡Tú! ¡Tú! (…) Que no caiga nunca en la tentación de creerme el centro de nada, que si Tú no nos impulsas, nada comenzamos; y si no nos sostienes, en nada perduramos. Tú has de ser el protagonista de mi historia, Señor”.

  • Por Pura Gracia

    (Juan 3,14-21) – Tocayo, ¿cómo va esa preparación para el bautismo? Faltan tres semanas para la Noche de Pascua…

    -Yo creo que bien. Mire, padre Juan, he estado revisando mi proyecto de vida, y quiero ser más comprometido y entregado a los demás; con respecto a mi familia ya estoy hablando muy sinceramente con mi mujer, hemos decidido celebrar nuestro matrimonio en la Iglesia; todos los días dedico un buen rato a la oración y a leer el libro de la fe. Estoy intentando vivir estos momentos con la mayor coherencia y sinceridad.

    -Bueno, eso es magnífico. No sé si te he comentado que en Francia muchas personas que de pequeños no fueron bautizadas por sus padres se están incorporando a la Iglesia.

    -Padre Juan, yo creo que lo mejor es vivir la fe conscientemente y el asumir el compromiso de ser creyente en la edad adulta.

    -Ciertamente. Pero no se te olvide que lo más importante en tu bautismo no es lo que haces tú.

    -No le entiendo, padre.

    -Lo más importante en tu bautismo es lo que hace Jesucristo. Ahora estás viviendo momentos muy intensos espiritualmente, y te sientes fuerte y con ganas de vivir con radicalidad tu cristianismo. Pero eres tan débil como el más débil de los cristianos, y pronto te darás cuenta. Si centras tu fortaleza en tus propias fuerzas, poco vas a adelantar. Tu fuerza, la fuerza de todos los cristianos, está en la experiencia de amistad que Cristo nos regala cada día; es la Fe. Tu entrega será, como en todos nosotros, tibia y condicionada; tu sinceridad sólo a medias; un día te darás cuenta que en tu compromiso te buscabas más a ti mismo que entregarte a Dios y a los demás…

    No me mires así, Juan, que lo que te digo es radicalmente cierto. Si tu bautismo se basara en tus propias fuerzas, yo no daría por tu fe ni cincuenta céntimos. Tu fe se funda en la entrega de Jesucristo. Tu fe es el mayor regalo que Dios te hace, en medio de tu debilidad y tu pecado. Sólo si fundas tu vida en la alegría de ser acogido y reconciliado por Cristo, todos los días nacerás de nuevo.

     

  • Coherencia personal

    (Juan 2,13-21) – LA VERDAD es que me sorprendí mucho cuando me entere que ibas a bautizarte, ahora, ya de mayor. Tú no eres “capillita” y siempre has sido de izquierdas. ¿A qué viene ahora hacerte “cristianito”?

    – Es curioso; mis amigos nunca ridiculizáis ninguna de mis decisiones importantes; sin embargo, cuántas bromitas estoy teniendo que aguantar con esta decisión. Si hubiese “salido del armario” no habría habido tanta sorna, a veces, de mal gusto.
    – ¡No te molestes hombre!, que no es esa mi intención.
    – No, no me molesto. No merece la pena. En nuestros ambientes ridiculizar a los cristianos está de moda.
    – Eso sí es verdad; y a veces nos pasamos.
    – Como tú sabes fui concejal en la pasada legislatura, pero los cristianos en partidos de izquierdas recibimos por todos lados. Por parte de la institución eclesial no hay más que críticas e incomprensiones. Ni una palabra de ánimo por luchar por la justicia social y el bien común. Por parte del aparato del partido siempre miradas de recelo. No se nos perdona que seamos críticos, y que pongamos la honradez y los derechos de los más pobres por encima de los intereses partidistas.
    – Algunos no entienden que seáis de izquierda y cristianos.
    – Mira, mi fe está muy por encima de mi vinculación a un partido. Cuando mi partido se apartó de la búsqueda de la justicia y cayó en la corrupción y el amiguismo dejé de colaborar con él. Una de las cosas que la fe cristiana me aporta es una exigencia constante de rectitud, y poner los intereses de los más débiles por encima de todo. Todas las instituciones tienen la tentación de creerse por encima del fin por el que nacieron. Para mí, Jesucristo es lo primero y lo último. Si hay comportamientos de miembros de la Iglesia que están en contra del Espíritu de las Bienaventuranzas, lo criticaré. Tampoco contarán conmigo para ser cómplice de los abusos administrativos de nadie.
    -¡Tú pides demasiada coherencia! Eso ya no lo pide nadie…

     

  • ¿Adorno?

    (Marcos 9,1-9) Es verdad, que se puede ayudar a los demás sin necesidad de ser cristiano. En eso que dices tienes razón. También es verdad que hay muchas formas de creer en Dios, incluso creer que hay “otra vida”; y que, para tener el consuelo de que la vida de nuestros difuntos no se pierde en la nada, no hay que comulgar con todo lo que dice la Iglesia. Sí; sí; es verdad que la persona de Jesús es fuente de inspiración para muchos, como otros grandes hombres de la historia… Todo eso es verdad. Pero mi gran dificultad para creer en Cristo no está en nada de eso que me dices.

    Mi dificultad para creer está en la cruz. Ese pequeño “adorno”, que muchos llevamos, es lo que me hace dudar de bautizarme o no… Yo quiero ser feliz, y creo que Dios me ayudará a ello, independientemente de si me hago cristiano o no. Pero si me hago cristiano he de aceptar coger la cruz de Cristo. Y esa “cruz” no es sólo una enfermedad que, quiera o no, me va a llegar. Esa “cruz” no son las dificultades que todos tenemos en la vida. Esa “cruz” es, como la de Cristo, fruto de ayudar a los más pobres, de acoger a quienes son despreciados, de poner la voluntad de Dios en mi vida por encima de mis deseos o de mi beneficio… Y no sé si seré capaz de vivir así. No sé si cuando me llegue la hora de sufrir por ser su testigo, por denunciar la corrupción y el mal, por vivir impulsando la justicia, diré como Él, en el Huerto de los Olivos: “Si es posible que pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

    No me pongas esa cara. Si me bautizo con 30 años no es para cumplir un rito, ni porque necesito ser más aceptado por nadie. Si me bautizo el día de la Vigilia Pascual es porque quiero vivir la fe con sinceridad; porque quiero vivir, no un cristianismo sociológico, sino una fe que me transforme y me salve.

     

  • La decisión

    (Marcos 1,12-15) DESPUES de dos años preparándome para el bautismo, cuando faltan sólo unos días para la Vigilia Pascual en la que me consagraré como cristiano, me decís que me lo piense de nuevo; que vuelva a meditar seriamente si estoy preparado para bautizarme…

    Yo no entiendo la iglesia como el grupo de los perfectos, así que mis pecados y limitaciones no me asustan. Si fuera así hace tiempo que habría dejado las catequesis de adultos. Pero si mi vida como cristiano es tan falsa y superficial como la de muchos que se bautizaron e hicieron la comunión de pequeños, y se casaron por la Iglesia para nada… mejor me quedo sin bautizar y, por lo menos, seré un poco más coherente y sincero.

    (…) Lo siento, ya estoy otra vez juzgando a los demás, y sólo Dios sabe lo que hay en el corazón de cada persona.

    (…) No sé si con el tiempo llegaré a vivir un cristianismo acomodado y superficial. Pero, ahora mismo, sé que sin Cristo mi vida no llegará nunca a ser clara, ni transparente. Sólo en Él puedo confiar, porque siendo como nosotros en todo, estaba tan volcado en el amor que en su corazón no cabía pecado. En él yo no veo un hombre perfecto; quizás hubo algún momento en el que se equivocó, eso no me importa; creo que siempre miró a todos a los ojos, como quiero que me mire a mí.
    Hubo un tiempo en el que creía que Él me acompañaba en mi vida. Ahora sé que lo que quiere es que yo lo siga. Y eso me da miedo: ¿seré capaz de compadecerme de los pobres como Él?, ¿podré enfrentarme con la injusticia y el odio como Él?, ¿tendré la constancia de entregarle al Padre cada día mi vida como hizo Él?

     

  • En volandas

    (Marcos 2,1-13) Hay veces que la vida se nos pone cuesta arriba. Parece que nos exige más de lo que podemos dar, y que la angustia, el sufrimiento y las dificultades nos van a desbordar. Todavía lo pasamos peor cuando hay quien depende de nosotros. Muchos estáis viviendo la angustia del paro. Otros quizás la de la enfermedad. Problemas familiares que pesan como una losa, más pesada con cada pequeño contratiempo.

    Es verdad que siempre hay alguien con un problema mayor que el nuestro, y que a veces pensamos que no nos debemos quejar. Pero a cada uno le duele lo suyo, y cada uno de nosotros tiene que afrontar su propia existencia. Es muy importante que no sumes dolor al dolor; rencor a la inseguridad; angustia al propio miedo. No son las dificultades que tienes en tu vida la que te quitan la paz. Muchas veces somos nuestros peores enemigos.

    La angustia, ante el mal que todavía no ha llegado, nos paraliza; el no agradecer, lo que los nuestros han hecho por nosotros, nos hace desgraciados; el sentirnos solos, sin reconocer la presencia de aliento y de perdón del Padre, nos hace sentirnos víctimas…

    Al final de todo lo que estás viviendo, aunque ahora no lo creas del todo, te darás cuenta de que te han llevado en volandas, hacia una madurez personal más grande, hacia un amor más pleno. Te darás cuenta que los que te quieren, y Quien te quiere también, te ha estado sosteniendo, guiando, impulsando.

    Ya sé que te estarás preguntando: “Y mientras tanto, ¿qué?”. Mientras tanto cuéntale a Quien te escucha todo lo que te pasa, una, diez, cien veces. Niégate a rumiar lo que te está destruyendo en vano, son engaños del mal. Y, en lo peor, aprieta los dientes y repite: “Yo sé de quién me he fiado.Yo sé de quién me he fiado”.

     

  • Miradas y caricias

    (Marcos 1,40-45) CADA VEZ que paso por un cruce de carreteras la veo. En verano tenía una sombrilla que la protegía débilmente del sol y del aire abrasador de agosto, ahora en invierno (más tapada con ropa ceñida) sigue en su puesto de trabajo o, por mejor decir, en el lugar donde una inmisericorde esclavitud la ha relegado. Unos la miran con deseo, de ellos sobrevive. Otros la miran con asco. Otros con lástima, o con indiferencia. Pero, todas nuestras miradas le hacen daño.

    Sentirnos observados y mirados, como bichos raros; sentirnos juzgados, condenados o amnistiados, a todos nos molesta. La mirada tiene una fuerza personal que salva o esclaviza. Con una mirada podemos avergonzar y hundir a alguien.

    Mirando a los ojos lo afrontamos en su realidad personal desde nuestra realidad personal, para contarle lo que nos ha ocurrido, para escuchar un retazo de su propia vida, para decirle lo que pensamos. En el evangelio de esta semana se nos narra cómo Jesús cura a un enfermo de lepra tocándolo, acariciándolo. Nuestra piel, nuestras enfermedades, nuestras virtudes, nuestras capacidades, todo lo que somos, o hacemos, es expresión de nuestra persona y nuestra vida. Cuando miramos a alguien sin tener presente su dignidad de persona, cuando lo tratamos como “delincuente”, “enfermo”, “discapacitado”, “drogadicto”, “corrupto”… él siente que lo estamos juzgando y condenando.

    En el evangelio de este domingo, Jesús nos enseña a mirar a todas las personas a los ojos, como lo que son, hijos de Dios. Y a ayudar humildemente a quien lo necesite, pidiéndole internamente perdón por habernos dado cuenta de su carencia y su necesidad.

  • Miradas y caricias

    (Marcos 1,40-45) CADA VEZ que paso por un cruce de carreteras la veo. En verano tenía una sombrilla que la protegía débilmente del sol y del aire abrasador de agosto, ahora en invierno (más tapada con ropa ceñida) sigue en su puesto de trabajo o, por mejor decir, en el lugar donde una inmisericorde esclavitud la ha relegado. Unos la miran con deseo, de ellos sobrevive. Otros la miran con asco. Otros con lástima, o con indiferencia. Pero, todas nuestras miradas le hacen daño.

    Sentirnos observados y mirados, como bichos raros; sentirnos juzgados, condenados o amnistiados, a todos nos molesta. La mirada tiene una fuerza personal que salva o esclaviza. Con una mirada podemos avergonzar y hundir a alguien.

    Mirando a los ojos lo afrontamos en su realidad personal desde nuestra realidad personal, para contarle lo que nos ha ocurrido, para escuchar un retazo de su propia vida, para decirle lo que pensamos. En el evangelio de esta semana se nos narra cómo Jesús cura a un enfermo de lepra tocándolo, acariciándolo. Nuestra piel, nuestras enfermedades, nuestras virtudes, nuestras capacidades, todo lo que somos, o hacemos, es expresión de nuestra persona y nuestra vida. Cuando miramos a alguien sin tener presente su dignidad de persona, cuando lo tratamos como “delincuente”, “enfermo”, “discapacitado”, “drogadicto”, “corrupto”… él siente que lo estamos juzgando y condenando.

    En el evangelio de este domingo, Jesús nos enseña a mirar a todas las personas a los ojos, como lo que son, hijos de Dios. Y a ayudar humildemente a quien lo necesite, pidiéndole internamente perdón por habernos dado cuenta de su carencia y su necesidad.

  • Entre Belcebu y Satan

    (Marcos 1,21-28) LOS PINTORES nos han dibujado, en todos los tiempos, religiones y culturas, al Mal personificado en un ser terrorifico y malefico que procuraba, constantemente, la perdicion de las personas. Es ultimamente y en algunos ambientes culturales donde parece que el demonio es descrito invitando a la vida, al goce, al disfrute, e incluso, a la felicidad del momento presente.

    Que el mal existe en la vida de las personas, no hace falta tener ninguna fe para admitirlo. Que ese mal tiene una dimension personal que, a veces, parece que se impone a nuestra propia voluntad, tampoco. Que en todo momento historico el mal cristaliza en instituciones, ideas comunes, prejuicios, ideologias, etc., creo que tampoco hace falta ni siquiera creer en Dios para compartirlo.

    Abandonar la fe en Dios Padre es letal para nuestras vidas. Pero caer en el error de obviar el Mal que nos desborda y ante el cual, muchas veces, somos impotentes, es una profunda torpeza.

    En nuestras relaciones personales exiten demonios que pueden hacernos caer en espirales de enfrentamiento y soledad. En nuestra propia vida personal tenemos demonios que amenazan nuestra paz y plenitud personal. Tambien en la politica y la economia hay demonios que usurpan la vida de las personas.

    ¿Cuáles son los demonios que hoy te estan maleando y quitando la libertad? ¿Cómo y con quién cuentas para afrontarlos? No lo olvides, haberlos haylos.