Categoría: El evangelio del domingo

  • Vino nuevo

    (Juan 2,1-11) “NOS FUIMOS A vivir juntos, como los jóvenes de nuestro tiempo se van a compartir toda la vida, aunque sin el valor de reconocerlo. Nos fuimos a vivir juntos y nuestra vida era un lienzo en blanco en el que queríamos pintar futuro. Soñábamos en vivir una aurora cada noche y un cielo cada mañana. Soñábamos en crear algo distinto, porque cada pareja piensa que inventa el amor, y así es. Creíamos que no podíamos amarnos más, y no habíamos comenzado el camino de la entrega…

    Luego la vida nos mostró que el amor se cincela a golpes; que la ilusión ha de realizarse en la debilidad de nuestro espíritu y en la necesidad de nuestra carne. Vino la enfermedad; vinieron los problemas; vinieron torbellinos de vida, con nombre de niños, que nos arrebataban de nosotros mismos y parecía que nos obligaban a olvidarnos de todo. Pero no lo hicimos. 

    No nos olvidamos del Misterio que nos fundió en un solo cuerpo; no nos olvidamos de la Palabra que nos dimos en sincera soledad; no nos olvidamos de que en nuestro corazón y en el latir de nuestro amor hay Alguien más grande que nuestra propia limitación. Y nuestro amor fue realizándose; fue cumpliendo promesas, sin que otras nuevas faltaran. Ante el error pusimos perdón; ante la dificultad, entrega; ante la incomprensión, diálogo; ante los problemas, silencio compartido.”

    Es bonita la ilusión, pero más hermosa es la sólida entrega que se abre al futuro. Y sois muchos los que transformáis la ilusión en amor, y un amor abierto a un futuro de mayor entrega.

     

  • Multiculturalismo

    Mateo 2,1-12

    SI TUVIERAIS Todas las tradiciones de un pueblo son, en principio, loables y algo a valorar. Las tradiciones son la manera con las que una cultura ofrece a los que la viven los medios para desarrollar el sentido de la fiesta, de la familia, de la autosuperación, de la trascendencia… en definitiva el sentido de lo humano. Pero, para los cristianos, toda tradición ha de ponerse de rodillas ante un niño que sufre, ante una familia que está en debilidad.

    La fiesta litúrgica de la Epifanía nos ofrece un Evangelio hermosísimo. Unos magos venidos de oriente, de una cultura ajena al judaísmo, de una tradición distinta a la del Mediterráneo, buscan afanosamente al Salvador de la Humanidad; y cuando lo encuentran, ante él se arrodillan, ante él se ofrecen en unos significativos regalos, en él encuentran la luz luminosa que su vida necesitaba, y de la que, en una maravillosa confluencia estelar, encontraron un reflejo.

    Jesucristo es la luz de la humanidad, de toda la humanidad; Jesucristo es luz de todas las culturas; y toda cultura, también la nuestra, ha de dejarse interpelar por su mensaje y su encarnación. Por mucho que nuestras tradiciones recojan “la historia de Jesús”, también nosotros hemos de reconocer nuestras oscuridades para que la luz de la Palabra acabe con nuestro consumismo derrochador, nuestra injusticia encubierta y nuestra solidaridad, a veces, someramente maquillada.

    Coronas de Adviento, Belenes, Cabalgatas, Felicitaciones y postales edulcoradas: si no son reflejo de que nuestro corazón se ha dejado iluminar por Jesucristo, todo ha sido nada.

  • Sobre todo para ti

    (Juan 1,1-18) FELICES NAVIDADES, sobre todo para ti, que estás viviendo en el sufrimiento y la dificultad.

    Los que estudian la Biblia nos dicen que el pesebre tiene un gran significado, como todos los detalles de los evangelios de la infancia. El pesebre significa la dureza de la vida de los pobres, la cruz que el Señor tendrá que asumir conforme se vaya enfrentando con la injusticia y la hipocresía del mundo que tanto hace penar a los pobres y los sencillos.

    Sobre todo a ti, que has recogido a tu nieto, enfermo sicótico por razones que no vienen al caso, cuando sus padres ya no podían sobrellevarlo. Especialmente para ti, que estás lejos de tu casa, que estás pasando estas navidades lejos de tus hijos a los que les mandas, cumplidamente, casi todo el dinero de tu sueldo. Especialmente para ti, que estás viviendo la profunda desazón, a la que nunca te acostumbras, de depender de la pensión de tus padres. Sobre todo para ti, que tienes a tu familiar en el hospital sin saber cuándo podrá tener el alta…

    Dios Padre quiso que su Hijo se hiciera hombre, se hiciera niño en el seno de una mujer humilde, y que tuviera como cuna un basto pesebre de animales. ¿Qué pena o sufrimiento no podrá comprender? ¿Qué angustia o desazón tuya no podrá acoger en su pecho?

    Quien todo lo puede se hizo niño para despertar tu sonrisa y tu alegría. Quien todo lo hizo se dejó amamantar y limpiar y educar para que tú sepas que tus esfuerzos y tu generosidad son acogidas con todo el cariño que Dios es. Feliz Navidad.

  • Adolescentes

    (Lucas 2, 41-52) IMAGINATIVOS, creativos, irascibles y rebeldes; inocentes, cabezones, pesados e independientes; asustadizos, inseguros, alocados, imprudentes; inteligentes, perspicaces, sensitivos; gregarios y sensibles, incrédulos y confiados, osados y timoratos; adolescentes…

    La adolescencia no es sólo la edad en la que los padres más temen por sus hijos y más “temen” a sus hijos; es la edad donde se forjan las ilusiones y los ideales, donde la persona va poniendo las bases de su personalidad; donde se deciden, aun sin saberlo, los límites que cada uno va a tener en su vida. Adolescencia es necesidad de ser abrazado sin que te sujeten, de ser uno mismo sabiendo que Alguien está cerca.

    Jesucristo también fue adolescente. Y más de una preocupación le tuvo que dar a sus padres afirmando prematuramente el camino que había de tomar en su vida. “Igual a nosotros en todo, excepto en el pecado”.

    La adolescencia de los hijos hay que pelearla; también hay que prepararla. Es muy importante educar a un niño en la humildad. Educarlo en el reconocimiento sereno de sus errores, en el saberse un miembro más del grupo en el que está, en saber que Dios los llama a una misión que ha de descubrir. Dicen los que estudian estas cosas que los niños necesitan amor, normas y un horizonte hacia el que caminar; sentirse acogidos con una sonrisa y un abrazo, poder cumplir con sus tareas concretas, saber que llegará un día en que puedan servir a los demás.

    Siempre somos niños, pero nuestro corazón es un eterno adolescente. Por eso, cada día, rezamos el Padrenuestro.

  • Fruto de tu vientre

    (Lucas 1, 39-45) NO SE incorpora al curriculum vitae los hijos que se han tenido y que se han criado, cuando la crianza de los hijos es de las acciones que más tiempo y esfuerzo necesitan; que más gratificaciones y sabiduría da; que más arraigo y, a la vez, perspectiva de futuro imprimen en la vida.

    Fulana de tal, médico y madre de dos hijos. Fulano de tal, abogado, master en derecho laboral y padre de tres hijos. Señora Tal y Tal, maestra y madre de dos hijos, uno de ellos con una limitación de movilidad…

    En nuestra sociedad parece que el éxito vital está ligado al ascenso en la jerarquía profesional, a la consecución de unas altas retribuciones, a un reconocimiento en la competitividad profesional. Desde luego que todo esto es importante, pero quien hace paciente y tolerante a una persona, quien lo hace capaz de arrostrar riesgos y sacrificios, quien le da la mayor estabilidad y bienestar es la propia familia.

    El gozo de las caricias; la lentitud del crecimiento de los niños; los sacrificios que exige su crianza y su educación; el sentido concreto, profundo que da a la propia persona; la exigencia de donación, de humildad y de gratuidad que tiene vivir en familia; el misterio de vida, de amor y de reconciliación que ofrece; hacen de la familia sacramento de la vida de Dios.

    Esto nos afecta a todos, pero es la mujer quien concibe y gesta en la intimidad, quien da a luz esforzadamente, quien amamanta y acoge en su seno. Ser madre es un grado. Los que no somos madres, queremos estar, con vosotras y a vuestro estilo, al servicio de la vida.

  • Misericordia

    (Lucas 3, 10-18)  “No puede vivir felizmente aquel que sólo se contempla a sí mismo, que lo refiere todo a su propio provecho: has de vivir para el prójimo, si quieres vivir para ti”. Escribía Séneca, uno de los más grandes filósofos españoles, en sus Cartas a Lucilio, y daba un impulso al dinamismo humanista de la filosofía occidental como pocas veces se ha hecho.

    “Has de vivir para el prójimo”; ¿y cuándo no tiene uno fuerzas ni para vivir para sí?

    Nuestra vida es como el cauce de un río: sólo podemos entregar lo que recibimos. Sólo si acogemos en nuestra debilidad y en nuestras carencias, la misericordia del Padre y la mano del hermano, podemos dar la mano y mirar con verdadera ternura al que sufre.

    Quien mira con misericordia a su hermano lo contempla con alegría, abierto a la grandeza de su alma, reconociendo sus capacidades, buscando el camino para ir con él desarrollando su humanidad. Mirar con misericordia es reconocerse en el otro, reconocerlo en uno mismo.

    Pero sólo el Padre puede mirarnos desde dentro, desde lo más auténtico de nosotros mismos. Y cuando el Padre te mira “se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo”, así te lo dice quien se sintió mirado con misericordia y pudo alentar a un pueblo que vivía la desesperanza y el dolor, Sofonías.

    ¿Cómo tuvo que vivir Jesucristo la misericordia del Padre para acoger con tanta ternura, para levantar tanta esperanza, para interpelar con tanta fuerza, para conmover tan hondamente a quien lo contempló? Fuego de misericordia fue, es, su Vida.

     

  • Muéstranos a Jesús

    YA NO SOMOS ingenuos. Sabemos que los montes no se van a bajar, ni los valles van a subir por la fuerza de nuestros actos. Sabemos que quien promete acabar con la injusticia, cuando llega al poder justifica sus arbitrariedades y abusos de manera parecida a los que estaban antes. Pero hay una fuerza en nuestro corazón que nos impide conformarnos y quedarnos de brazos cruzados.

    Hay para quienes la Navidad son bellas tradiciones: Belenes, villancicos, regalos, árboles adornados, turrones y alfajores… Para los pobres este tiempo y todos los tiempos son un anhelo. El anhelo de los jóvenes de encontrar un trabajo; el anhelo de los abuelos de ver crecer felices a sus nietos; el anhelo de los padres de tener un techo y un futuro que ofrecer a sus hijos: un anhelo que, a veces, cuesta mantener, por la dureza de la vida.

    Todo no se va a solucionar, pero necesitamos un signo de esperanza; necesitamos un signo de que nuestro esfuerzo por construir un mundo más justo, por la dignidad de los débiles, acompaña la corriente del río de la historia. Necesitamos un signo para seguir esperando, trabajando, orando.
    Ese signo fue Juan el Bautista: “Preparad el camino al Señor”, vino diciendo. Y el alma se nos llenó de esperanza, no porque nuestro trabajo pudiera cambiarlo todo, sino porque iba a llegar la Luz a nuestra vida.

    Todo no se arreglará, pero yo necesito abrir el corazón y los ojos a esperanza para reconocer a Cristo que viene. No se arreglará todo, pero un niño acogido, una abuela consolada, una familia confortada, un joven animado a luchar… son los que pueden mostrarnos a Jesús que viene. Aun no lo sabes, pero tú que la pobreza vives en esperanza, puedes mostrarnos a Jesús.

  • Vida y Esperanza nuestra

    (Marcos 21, 25-36) AQUÍ LOS INMIGRANTES ya son simplemente vecinos. Los niños de ojos rasgados, de piel cobriza o chocolateada, de rizos naranjas y pecas, juegan con los de piel más o menos blanca o tostada como la de nuestros hijos. Nos une un mismo barrio y unos mismos problemas. Nos unen unas mismas ilusiones y la necesidad de buscar juntos un futuro mejor. Como todavía no han llegado los fríos del invierno las plazas son escaparate multicolor de vida y esperanza. Una pelota saltarina los une en el juego y hace latir los corazones al mismo ritmo.

    Una señora musulmana, al pasar por delante de la puerta de la parroquia, hace siempre una inclinación de respeto ante el lugar en que muchos se abren a la presencia del Misericordioso.

    Signos de vida y esperanza si se miran con ojos de Madre.

    Pero hay muchas dificultades que vivir con fortaleza y amor.

    Cuando salimos a la calle todos presentamos lo que queremos que se sepa, pero sigue habiendo situaciones difíciles y complejas. De puertas adentro todos tenemos insatisfacciones y desajustes. Cuántos jóvenes en paro, sin expectativas de futuro, sin cauces en los que expresar sus ansias de vivir y de crear. Cuántos ancianos y enfermos viviendo en soledad. Cuántos niños a los que se les priva de la experiencia de trascendencia y profundidad que enraíce su vida en el amor. Cuántas personas buscando amor en la superficie, donde sólo encuentran peces pequeños y medusas…

    En nuestra vida hay muchos signos contradictorios. Los hay hermosos, que nos ilusionan; los hay oscuros que desvelan nuestras sobras. Pero en lo profundo, porque somos personas, la Palabra de Dios va haciendo brotar una bondad y una gracia que tienen el poder de donar a nuestra vida Sentido.

  • Hoja de Reclamaciones

    (Juan 18, 33-37) NO SIEMPRE la vida es justa. Pero es que a veces es terriblemente injusta. Y el sufrimiento sordo de los inocentes reclama una justicia que colme las ansias de humanidad de todas las personas.

    “Mi marido murió de accidente laboral hace 15 años. Él sabía que en el andamio no había las medidas suficientes de seguridad, pero era eso o el paro; y aceptó el trabajo. Hoy habría sido abuelo, nuestro hijo ha tenido una niña… qué injusta fue su muerte, cuánta vida se ha perdido”.

    “Desde que don Manuel abusó de mí cuando adolescente toda mi afectividad se ha bloqueado. En ese aspecto no sé quién soy, ni lo que quiero; todo me da miedo y siempre acabo desahogándome yo sólo. Yo creo que no me casaré; a mis 45 años, ya no está eso ni en mi horizonte de vida”.
    “Era una niña buena, pero tropezó con malas amistades. Entró en la droga, se ennovió con un malasangre que le pegaba. Ahora tendría 25 años, pero lleva cuatro años muerta”.

    Tanta injusticia, tanta guerra, tanta violencia, tanto dolor reclama justicia. Una justicia que restañe todas las heridas. Una justicia que dé vida a los que la perdieron sin razón, la justicia que los pobres necesitan.
    ¡Venga tu Reino, Señor! ¡Venga tu Reino!

    Nosotros queremos construirlo con nuestra vida, alentados por la fe en ti. Pero hay tantas situaciones que nos desbordan… ¡Venga tu Reino! y llene a los pobres de vida, y a los que sufren los colme de consuelo. ¡Venga tu Reino! Atentos a tu Palabra, acogiendo tu Presencia, entregándonos a tu voluntad, seguimos diciendo: ¡Venga a nosotros tu Reino!

     

  • Brotes de vida nueva

    (Marcos 13, 24-32) “NO TE PREOCUPES, Antonio. Yo ya lo sé. No es que nadie me lo haya dicho; pero en la tristeza de los ojos de mis hijos, aunque se fuercen en sonreír; en el nerviosismo de los amigos cuando venís a verme… hasta en la excesiva amabilidad de las enfermeras y médicos percibo vuestra preocupación porque me muero.

    Estos días están siendo especiales. Desde que intuí que mis días en este mundo se están acabando he comenzado a hacer balance de mi vida; sin proponérmelo, inconscientemente, pero recordando cosas que tenía casi olvidadas, historias, personas, acontecimientos… Y me siento tranquilo, he intentado vivir con bondad. Es verdad que todos solemos disculpar nuestros errores y agrandar nuestras virtudes; por eso el que tiene la última palabra es Dios. Pero eso me da más tranquilidad todavía. La última Palabra de Dios es Jesucristo, y teniéndolo a él cerca todos los miedos se disipan.

    En estos días me acuerdo de una parábola del Evangelio. No es de las más conocidas, pero un día me llamó mucho la atención. Estaba Jesús hablando del fin del mundo y comentando ese acontecimiento que a todas las personas provoca pavor, él lo compara con las yemas de una higuera, que cuando las vemos tiernas y desarrollándose sabemos que está cerca el verano. Qué tranquilidad aporta a mi espíritu el contemplar mi cuerpo enfermo y dolorido con las yemas tiernas de una higuera que sin que sepamos explicar cómo se transformará en fruto en su momento. Con Jesús a nuestro lado, ¿qué podemos temer?

    Pero ya está bien de trascendencias y dime qué te pareció el baño que le dimos al Real Madrid el domingo por la tarde… No ganáis para disgustos, ¿eh? (je je je)”.