Etiqueta: Evangelio del domingo

  • El donante y el donado

    El donante y el donado

    (Mt 28,16-20)

    EL AMOR ES DON. Don acogido en gratitud; don que ilumina nuestra vida; don que le da sentido a todo lo que hacemos. El amor es don en sí mismo, por sí mismo. No se cifra el amor en lo que de él recibimos; no necesitamos nada para amar porque el amor se vive siempre en gratuidad. Pero cuando amamos y somos amados, recibimos un mundo, el mundo entero desde un Edén de plenitud.

    Es verdad que en el amigo encontramos compañía y en la pareja ternura; es verdad que en los hijos encontramos ilusión y esperanza. Pero cuando llega el momento en el que el amigo no puede acompañarnos, o la pareja no puede mostrarnos ternura o vivimos un desengaño con los hijos, no dejamos de amarlos; en muchos casos esta prueba se convierte en crisol de nuestro amor. Cuando amamos queremos darnos por entero a quien amamos. Y, por ese amor, en todo lo que le entregamos nos entregamos nosotros mismos. El amor no se conforma con menos que con la entrega sin reservas al otro.

    El Padre, porque nos ama, no se conforma con entregarnos algo distinto a Sí Mismo, y por eso nos entrega a su propio Hijo. El Hijo, porque nos ama, se nos entregó por entero y ahora nos entrega entero su Espíritu. Porque el amor de Dios es Amor, hemos de confesar que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son donación de su más íntima intimidad, de su ser más verdadero. Mas, ¿cómo entender que Dios se nos entregue así?, ¿quién podrá comprender el Amor?

  • Dador de vida

    Dador de vida

    (Juan 20,19-23) Temblor que resquebraja lo anquilosado, viento que barre el pecado, fuego que enardece el corazón, ven Espíritu Santo, Señor y Dador de vida.

    Cincuenta días después de la Pascua, hablándoles de su Reino de justicia y amor para los hombres, Jesús envía su Espíritu a sus seguidores, a los doce y a otros de sus seguidores que estaban en Jerusalén. Rompe su cascarón de miedo y de recelo y los lanza a hablar y a amar, a anunciar el amor del Padre hecho carne en Jesucristo y a vivir en el amor de Cristo hecho comunidad de creyentes.

    El Espíritu en cada uno de los creyentes produce frutos distintos. Lo mismo que el agua que riega la tierra, que a la semilla de trigo le hace multiplicarse para pan, a la vid preñarse de racimos y al olivo le hace reverdecer en aceitunas, el Espíritu a cada persona la impulsa por caminos distintos; pero a todos nos hace salir de nuestra rutina, de nuestras ideologías para vivir en un amor que nos da la libertad. El Espíritu alienta el amor fecundo de los jóvenes y la luz que brota de la sonrisa de los niños. El Espíritu impulsa y consolida en la sociedad iniciativas de mayor justicia; y dinamismos evangelizadores en parroquias y comunidades. El Espíritu pone en el centro siempre el amor del Padre y a los pobres que son sus preferidos.

    Cuando nos dejamos llevar por el amor del Espíritu somos alegres y fecundos.

  • Entre la tierra y el cielo

    Entre la tierra y el cielo

    (Marcos 16,15-20) LA ENSEÑANZA de Jesús resucitado a sus discípulos, antes de ascender a los cielos y dejarles su misión encomendada, versó sobre el Reino. El Reino de paz y de justicia, el Reino de libertad y de gracia que acontece cuando las personas tenemos solo al Padre por Rey, solo al Hijo como Señor, solo al Amor como anhelo de vida.

    La misión de la Iglesia está entre la tierra y el cielo. Estamos llamados a anunciar el Nombre de Jesús con las actitudes de misericordia y de compasión que él tuvo con nosotros, pobres y pecadores. Con los signos de cercanía y de liberación de las esclavitudes que Él realizó. Una misión muy terrena y carnal: dar de comer al hambriento, denunciar las injusticias que se cometen contra los pobres, acariciar y acompañar al enfermo… Pero, a la vez, muy de los cielos, porque anunciamos que solo nos salvamos en el Amor de aquel que entregó su vida por nosotros, en el Amor de aquel que se dio por entero en su vida y se entregó por entero en la cruz. Anunciamos, y nos proponemos vivir, un Amor que está muy por encima de la tierra, un amor que es del cielo.

    Paradojas de la Iglesia que reflejan las paradojas y las contradicciones de la condición humana, las tuyas y las mías. Vivir es amar; sin amor no merece la pena la vida; amar es entregar a quien amas enteramente la vida. Nuestra vida está siempre entre la tierra y el cielo.

  • Acepción de personas

    Acepción de personas

    (Juan 15,9-17) El domingo anterior veíamos que mientras a Pablo lo tenían que sacar de Jerusalén porque los fanáticos judíos lo querían asesinar, el conjunto de la Iglesia, con Pedro a la cabeza, gozaba de paz en toda Judea. A cada uno le llega a su hora lo que tiene que hacer. Pedro fue dándose cuenta poco a poco de que la fe en Jesucristo desbordaba las fronteras de la religión judía. El amor de Dios alcanza a todos, especialmente a los que sufren y a las personas de buena voluntad.

    Los primeros discípulos de Jesús eran todos judíos, como Él mismo; pero el mensaje y la vida que traía no se circunscribían a una cultura, a una manera de entender la moral, incluso a una manera religiosa de entender a Dios. A los fanáticos de todos los tiempos, Jesucristo los pone nerviosos. No nos salva ninguna religión, ningún conjunto de prácticas con las que las personas quieren congraciarse a la divinidad. Jesucristo viene llamándonos amigos, viene amándonos hasta entregar la vida por nosotros, y convocándonos a vivir en su amor. Su mandamiento es que nos amemos unos a otros en el amor con que Él nos ama; nada más, nada menos.

    Hoy día también nos encontramos con fanáticos de ideologías, que insultan y denigran a todo el que no sea de los suyos; y, en el último gesto de desprecio, lo cancelan. “Fachosfera”, “progresía”, “patrioteros” “feminazis”…, cuánto insulto y cuánta necesidad de comprensión.

  • Como Cristo, así nosotros

    Como Cristo, así nosotros

    (Juan 10,11-18) EL PRÓXIMO DOMINGO es el del Buen Pastor, permitirme que en este comentario cite un párrafo de la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, en el que se nos explica cómo ejerció Jesucristo esa misión y cómo la debe realizar la Iglesia hoy día.

    “Como Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia está destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvación a los hombres. Cristo Jesús por nosotros «se hizo pobre, siendo rico» (2 Co 8,9); así también la Iglesia no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegación, también con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a «evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos» (Lc 4,18); así también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo. Pues, mientras Cristo no conoció el pecado (cf. 2 Co 5,21), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación. (LG 8)

    Ojalá los llamados a ser pastores en la Iglesia nos apliquemos estas palabras “a la letra”; pero los cristianos sed indulgentes con nuestra debilidad.

  • El carné del cristiano

    El carné del cristiano

    EN MUCHAS DE sus apariciones a los discípulos, Jesús Resucitado les muestra las llagas de la cruz en su carne, las llagas del pecho, de las manos y de los pies. Eran como su carné de identidad: “Soy Yo, el que os amo hasta el extremo de entregarme en la cruz por vosotros y por todos”. El distintivo de Jesús es ese amor que busca el bien del otro por encima de sí mismo; que busca que nos sintamos amados para que comencemos también a amar así.

    El carné del cristiano es un amor que es ternura y gozo, que es alegría y plenitud; y que, cuando hace falta, avanza con paso firme por la incomprensión y el perdón, por el sacrificio y la cruz; un amor que encuentra su gozo en el bien del otro. Cada vez que una persona, lúcidamente, se entrega por amor a sus hermanos –independientemente de sus creencias religiosas- adquiere el documento de identidad cristiana.

    Hace algún tiempo vimos cómo a un muchacho migrante que se encaramó a una ventana de un bloque de pisos, arriesgando su vida por salvar a un niño de un incendio, se le concedió de manera inmediata el permiso de residencia. Así es también nuestra fe: quien ama dando la vida por los amigos vive el amor más grande, vive en el amor del Padre, el Hijo y el Espíritu, vive el amor cristiano.

    Nunca te avergüences, ni te arrepientas de las llagas que haya dejado en tu carne el amor al otro, son tu carné de cristiano.

  • Mercadear con la palabra

    Mercadear con la palabra

    (Jn 2, 13-25) TODO CAMBIO personal requiere hacerse violencia. No cambiamos a mejor sin un esfuerzo consciente y voluntario para buscar el bien. La cuaresma cristiana subraya la dimensión del “negarnos a nosotros mismos” para acoger la voluntad de Dios.

    Si nos dejamos llevar por nuestras inclinaciones no es de extrañar que acabemos con grasa sobrante en el cuerpo y en el alma; no más relajados, sino con una intranquilidad improductiva que nos quita la paz interior.

    Toda transformación social que luche contra la injusticia, contra la pobreza deshumanizadora que roba el desarrollo personal a los niños y a los jóvenes, requiere valentía y arrojo. Ningún cobarde sigue a Jesucristo.

    El texto del evangelio que leeremos el próximo domingo así lo atestigua: la purificación del templo de Jerusalén, la expulsión de los mercaderes. Jesús se opone frontalmente a la forma en la que desde la religión se oprimía y se engañaba al pueblo judío. Bajo excusa de la ley de Dios se les saqueaba el bolsillo y se les dejaba fría el alma. No era esa religión verdadera y Jesús se enfrenta con ella.

    La Primera Alianza era relación de adoración al Padre de la vida, de respeto al hermano, de compasión con el pobre; pero se había prostituido. La Nueva y Eterna Alianza es comunión personal con Jesús de Nazaret, Dios Crucificado y verdadero Templo Santo. ¿Tendrá que venir de nuevo Jesucristo con un látigo a expulsar a quien intenta egoístamente mercadear con su Palabra?

  • Experiencia de plenitud

    Experiencia de plenitud

    (Mc 9, 2-10) CUANDO JESÚS va a iniciar el camino hacia Jerusalén, donde se va a enfrentar con las autoridades judías y los discípulos van a vivir el momento de la prueba más grande, se los lleva a un monte alto, y allí les hace experimentar la luz y la plenitud del amor con el que los ama. Juan, Pedro y Santiago vieron, en la transparencia de la carne de su amigo, un amor que todo lo iluminaba. Después vendrían los enfrentamientos, la clandestinidad, el prendimiento, la muerte en cruz; pero ellos ya sabían, oscuramente, de un amor que todo lo ilumina.

    En nuestra vida también es así. Toda entrega, todo compromiso, todo amor sincero nace de la experiencia de la luz íntima que tiene la vida. Descubres la luz que tiene una persona en su interior, y te enamoras de ella. Te admiras de la belleza y la perfección de la naturaleza, y te conviertes en sincero ecologista. Miras el alma de quien está sufriendo, y te entregas en su consuelo y su cuidado.
    Te sientes inundado un día por el amor de Dios, y ya no puedes dejar de creer en Él, en todo momento.

    En esta cuaresma no te quedes en la oscuridad de tus pecados, de tus pequeños o grandes egoísmos, en la mediocridad de tus transgresiones. Cuaresma es tiempo de mirar la grandeza de Dios. Arrepiéntete de tus pecados, pero pon tu corazón en la Buena Noticia de que Jesucristo es la vida y el destino de la humanidad y de cada persona. Experimenta que Él siempre nos enriquece con su amor.

  • Un nuevo oficio

    Un nuevo oficio

    (Mc 1, 14-20) SUS PLANES eran otros. Pedro y Santiago soñarían en tener hijos; Juan, que era más joven, en casarse y fundar su familia. Pero llegó el de Nazaret y les cambió la vida. “Os haré pescadores de hombres”, les dijo en un tono que sonaba un poco a broma. ¿Qué significaba aquello? El tiempo lo diría.

    “Pescador de hombres” no consistió en reclutarlos para formar un ejército o engrosar una secta religiosa. El de Nazaret constantemente les decía: “A ver qué os parece…; un hombre tenía…”. Y hacer pensar a las personas no es el camino más rápido para tener asegurada su obediencia. “Pescador de hombres” tampoco consistió en tenerlos como servidores suyos, como hacen los grandes señores. El de Nazaret era el primero cuando había que arrimar el hombro y se cargaba con las tareas más duras e ingratas.

    Para pescar peces hay que mojarse, y para pescar hombres hay que comprenderlos y amarlos. A las personas se nos pesca cuando nos sabemos comprendidos y acogidos, cuando se nos ofrece un camino de bondad concreto que recorrer, y cuando quien hace todo eso se muestra débil y humilde, necesitado de nosotros. Pescar hombres con las redes del amor de Dios, que no enredan, sino que llenan de paz y dan libertad. El Señor nunca manipula; nos muestra en algunos momentos su rostro, pero después deja que lo busquemos y lo encontremos en libertad.

    ¿Estamos actuando así quienes decimos actuar en su nombre?

  • Encargo de vida

    Encargo de vida

    Jn 1,6-28

    • ZACARÍAS me ha dicho que él presiente que nuestro hijo va a tener una gran misión en la vida. Que no será un hombre cualquiera. Que será como uno de los profetas del Altísimo.
    • Todos los niños serán personas con una misión importante en su vida. Dios que nos creó de la nada no hace nada sin motivo. Tú y yo también tenemos una misión, Isabel.
    • Nosotras somos mujeres. ¿Qué misión vamos a tener? Si ni siquiera se preocupan de que sepamos leer las Escrituras.
      -Tú ya tienes la misión de educar a un profeta; ¿no has dicho eso? ¿Qué puede haber más importante que colaborar con la voluntad de Dios? Un profeta ha de ser fuerte y valiente; tierno y veraz; capaz de denunciar la hipocresía y de consolar al que sufre. ¿Esa es misión fácil?
    • Ojalá sepa educar así a mi hijo: fiel a Dios y con un corazón bondadoso.
    • Yo también tengo la certeza de que mi hijo será alguien muy importante. No me preguntes por qué, pero será así. También mi misión será que crezca en sabiduría y en gracia. Nosotros no sabemos los caminos de Dios. Solo cada persona en diálogo personal con el Altísimo y acogiendo su presencia en la vida puede ir sabiendo qué es lo que Dios le pide. Que nuestro cariño constante sea la puerta abierta al amor de Dios en su vida; que nuestra integridad y sinceridad sea transparencia por la que Dios pueda hablarles.
      El hijo de Isabel supo que era la voz que clama en el desierto. El Hijo de María escuchó del cielo: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo.