Etiqueta: cinta

  • Todo en una noche

    1501HABITACIÓN EN ROMA

    De no ser porque los créditos así lo atestiguan, y porque toda la publicidad y toda la promoción de la película lo certifica, sería difícil constatar que estamos ante una cinta de Julio Médem, ya que éste es el filme mas alejado del estilo, de los trazos, de la estética a los que el director donostiarra nos tenía habituados.

    {xtypo_code}España, 2010. (109’)
    Título original: Room in Rome.
    Director: Julio Médem.
    Producción: Álvaro Longoria.
    Guión: Julio Médem, basado en la película En la cama de Matias Bizé.
    Fotografía: Alex Catalán.
    Música: Jocelyn Pook.
    Montaje: Julio Médem.
    Intérpretes: Elena Anaya (Alba), Natasha Yarovenko (Natasha), Enrico Lo Verso (Max), Nawja Nimri (Edurne).{/xtypo_code}

    Ejemplos no faltan: en el resto de obras de Médem transcurre un largo período de tiempo, mientras que en Habitación en Roma, sólo unas nueve horas; los exteriores son parte importante del argumento, y aquí toda la historia transcurre en una habitación de hotel; siempre había partido de un argumento propio, pero en esta ocasión se enfrenta a un encargo, versionar la película del chileno Matías Bizé En la cama, ganadora de la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid de hace cinco años, aunque con los pertinentes cambios y pasada por su filtro personal. Y lo principal, el universo (casi) onírico, personal, de Médem, aquí está casi ausente.
    Alba, una ingeniera española, y Natasha, una rusa a punto de casarse, se conocen en Roma la última noche que pasan en la ciudad y deciden pasar sus últimas horas en la ciudad juntas. Lo que al principio no es más que una noche de pasión, acaba desembocando en confesiones y las chicas sacarán a la luz secretos que llevaban ocultando muchos años.

    Posiblemente sean las escenas (numerosas) de desnudos lo que llame a gran parte del público, pero la historia va mucho más allá de una relación lésbica con imágenes explícitas. Poco a poco se va convirtiendo en una cinta romántica, donde las verdades dolorosas (o las mentiras que intentan disfrazar la realidad) van saliendo a la luz, haciendo que la relación sea más compleja y cambiando para siempre la vida de las protagonistas.

    La cinta, que fue presentada en el reciente Festival de Málaga, ha despertado opiniones enfrentadas. Lo cierto es que es una historia más romántica que sexual (algunos le echan en cara al director precisamente esto, cuando no es nada nuevo:

    Tierra también comenzaba con una relación casi explícitamente sexual, para acabar venciendo el romance; y Los amantes del Círculo Polar era una película claramente romántica), donde las dos protagonistas brillan por su gran trabajo al desnudar sus almas casi tanto (o más) que sus cuerpos.

    Las únicas objeciones que se le pueden achacar es su excesiva duración, veinte minutos más que la original versionada, y una exacerbada utilización de la música, utilizada sin descanso (incluso en momentos en los que la situación pide silencio).

     

  • El gusto por el chiste fácil

    1301Es de agradecer que, aunque sea por una sola vez (no recuerdo otro caso, pero no descarto que exista), asistamos a una comedia romántica en la que los protagonistas no son los típicos y típicas chicos y chicas guapos, de cuerpos esculturales, que (incomprensiblemente) no tenían pareja hasta que se encuentran. Nacho García Velilla, en esta su segunda película, nos presenta una comedia costumbrista sobre la soledad y la fealdad física.

    {xtypo_code}España, 2010. (104’)
    Director: Nacho García Velilla..
    Producción: Nacho G. Velilla, Mercedes Gamero.
    Guión: Oriol Capel, David S. Olivas, Nacho G. Velilla, Antonio Sánchez.
    Fotografía: David Omedes.
    Música: Juanjo Javierre
    Montaje: Ángel Hernández Zoido.
    Intérpretes: Javier Cámara (Eliseo), Carmen Machi (Nati), Hugo Silva (Román); Lluis Vilanueva (Javier), Tristán Ulloa (Abel), Auxilio (Juan Diego), Ingrid Rubio (Mónica), Maria Pujalte (Bego), Petra Martínez (Nieves), Julián López (Bertín), Silvia Casanova (Milagros), Teresa Lozano (Carmen), María Pastor (Luz), Kira Miró (Paloma).{/xtypo_code}

    El problema es que, al igual que ocurrió en su primera cinta (Fuera de carta), García Velilla hace un usa y abusa excesivamente del chiste tosco, carpetovetónico, pasado de rosca. En aquella ocasión era sobre los homosexuales, en esta sobre los feos (aunque también hay alguna que otra gracia, supuestamente divertida, sobre las lesbianas). Pero el director se redime (en parte) por los mejores momentos de la cinta, en las que surge el tono melodramático y cuasi-trágico de la vida de los (desgraciados) protagonistas.

    Que se mueran los feos cuenta la historia de Eliseo y Nati. Él es un tipo cojo y feo, que no ha encontrado a la mujer de su vida, y que vive en la granja con su madre y su tío. Ella ha sido abandonada por su marido y se encuentra sola y en la calle. Tras la muerte accidental de la madre, sus caminos se cruzarán de nuevo después de veinte años sin verse. Nati es la mujer del hermano de Eliseo, quien se siente obligado a alojarla en casa, a pesar de que no la soporte.

    La pareja protagonista, formada por Javier Cámara y Carmen Machi, es el punto fuerte de la cinta, en la que se apoya para obtener el éxito que espera (y que posiblemente conseguirá). Sus actuaciones son más que correctas, aunque para mí no son las mejores de la cinta. Son Julián López (robando planos casi en cada escena que aparece) y, cómo no, Juan Diego.

    García Velilla, salvo momentos contados, utiliza una dirección de trazo grueso, con poca delicadeza, acompañando a un guión también tosco, propio del humor que el cine español utilizaba en otra época, lejos del chiste inteligente. Tiene algún buen momento (pocos), sobre todo, como mencionamos antes, en las escenas más delicadas, en las más dramáticas, que (no obstante) también provocaron risas en el público (al menos en la sesión a la que asistí).

     

  • Una más de lucha de sexos

    1301EXPOSADOS

    En ocasiones como ésta es ciertamente difícil encontrar el tema o el asunto por el que comenzar el artículo, puesto que hay bastante poco a lo que agarrarse para defender (aunque no sea ese mi trabajo) esta comedia romántica de acción, ya que (para ser breves y acabar en un pispas), las escenas de acción dan risa, y las cómicas (salvo dos ocasiones contadas) dan vergüenza ajena.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (110’)
    Título original: The bounty hunter.
    Director: Andy Tennant.
    Producción: Neal H. Moritz.
    Guión: Sarah Thorp.
    Fotografía: Oliver Bokelberg.
    Música: George Fenton
    Montaje: Troy Takaki.
    Intérpretes: Jennifer Aniston (Nicole Hurley), Gerard Butler (Milo Boyd), Gio Perez (Tío Sam), Joel Garland (Dwight), Jason Kolotouros (Gelman), Matt Malloy (Gary), Jason Sudeikis (Stewart), Adam Rose (Jimmy), Christine Baransky (Kitty Hurley), Siobhan Fallon (Teresa), Dorian Missick (Bobby Singer), Jeff Garling (Sid).{/xtypo_code}

    Y por si fuera poco, la idea ni siquiera es original, es más, no es descabellado pensar que es un plagio (malo) con las modificaciones precisas para disfrazarlo de novedad: lo de que un caza-recompensas reciba el encargo de capturar y entregar a su ex-mujer, por la que todavía (aunque lo niegue) siente algo, y con unos malos malísimos pisándole los talones, ya lo vimos hace bastantes años en aquella Dos pájaros a tiro que ya han pasado cien veces en televisión.

    También es cierto que no se podía esperar mucho de esta película (sabíamos, antes de verla, que no iba a ser una revolución, ni un punto de inflexión en la historia del cine), podíamos intuir que la taquilla iba a ser buena (la pareja protagonista estaba pensada para ello), pero la verdad es que resulta muy difícil entrar dentro de la historia, y lo normal es que el espectador no sólo no se ría (ningún gag es divertido) sino que incluso se aburra.

    Jennifer Aniston se mueve bien en la comedia, ni es la primera vez ni será la última que la veamos en una cinta de este género. Ella es sin duda la estrella de la cinta. Eso no significa nada cuando el argumento es el que es, y no vamos a ahondar más en el tema. En cambio, a Gerald Butler le sienta mejor el cine de acción, pero en la comedia no termina de encajar, y nos regala aquí una de las peores actuaciones del año.

    El director, Andy Tennant, que nunca se ha caracterizado por sus buenas películas (entre sus trabajos se encuentran Como locos… a por el oro, Hitch, Sweet home Alabama o Sólo los tontos se enamoran) rueda aquí con poco acierto, sin esforzarse demasiado, como para salir del apuro. Y la verdad es que no es para menos. Flojísima cinta, una comedia más de lucha de sexos, que falla en todo lo que quiere contar.

  • Ocasión desperdiciada

    1501THE LOVELY BONES

    Hay películas que se esperan con impaciencia, directores que generan expectación. Y Peter Jackson, después de rodar la trilogía de la obra de Tolkien y el innecesario remake de King Kong, en lo que parecía ser un retorno a los orígenes, con su nueva obra que parecía recordar a la fantástica Criaturas celestiales (rodada en Nueva Zelanda hace diecisiete años y que supuso el debut en el cine de Kate Winslet), es uno de ellos.Pero el resultado decepciona, no llega a lo esperado ni de casualidad.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos-Reino Unido-Nueva Zelanda, 2009.(135’)
    Título original: The lovely bones.
    Director: Peter Jackson.
    Producción: Carolyne Cunningham, Peter Jackson, Aimée Peyronnet, Fran Walsh.
    Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, basado en la novela de Alice Sebold.
    Fotografía:  Andrew Lesnie.
    Música:  Brian Eno.
    Montaje: Jabez Olssen.
    Intérpretes: Mark Wahlberg (Jack Salmon), Rachel Weisz (Abigail Salmon), Saoirse Ronan (Susie), Jake Abel (Brian Nelson), Stanley Tucci (George Harvey), Susan Sarandon (Abuela), Michael Imperioli (Len Fenerman), Reece Ritchie (Ray), Rose McIver (Lindsey), Nikki SooHoo (Holly), Carolyn Dando (Ruth).{/xtypo_code}

    Jackson entrelaza tres historias con un eje común, a lo largo de dos horas y cuarto, que se eternizan como pocas veces: la del sufrimiento de unos padres que acaban de perder a su hija; la del asesino de la misma; y la de la pequeña, que asiste a todo, desde su limbo particular, un mundo colorista, que no quiere abandonar sin hacer una última cosa. Ella es el eje común, el elemento que vertebra la historia, aunque la mayoría de las veces permanezca en un segundo plano.

    El autor de la oscura (y ya mencionada) Criaturas celestiales, toma como partida una novela que prometía una cinta de un tono semejante. El libro es más tenebroso, pero Jackson se ha decantado por un estilo más cursi, más pusilánime y más suavizado que en el texto original, más centrado en la estética visual del limbo en el que se encuentra la joven protagonista (a la que ya vimos en City of Ember y nos deslumbró en Expiación), pero reiterativa y repetitiva en la historia que cuenta. Baste decir (como ejemplo de esto), que lo que en el libro se contaba en la tercera página (la violación y asesinato de la chica, narrado por ella misma) aquí se alarga casi tres cuartos de hora, y se elimina la agresión sexual (ignoramos el motivo que ha llevado a Jackson a ello).

    Por otro lado, no hay nada que justifique la excesiva duración de la cinta, unos 135 minutos que llevan a alargar escenas innecesariamente, a utilizar secuencias en paralelo que no tienen sentido y que no aportan tensión alguna a la situación.
    The lovely bones se mantiene en el límite, justo al borde, a punto de convertirse en una película mala, se queda simplemente en aburrida. Una cinta que podía haber dado mucho más de sí, pero en la que Jackson ha desperdiciado una buena oportunidad, una buena historia y un buen plantel de actores. Se deja ver, siempre que no se sea muy exigente, claro.

  • Una isla de engaños

    1501SHUTTER ISLAND

    Martín Scorsese es uno de esos directores que despiertan gran interés en el público y, sobre todo, la crítica con cada proyecto que comienza, independientemente de que después cumpla las expectativas o no. En esta ocasión, en su cuarta colaboración con Leonardo DiCaprio, el resultado es una cinta difícil de catalogar y que puede exasperar o cautivar a partes iguales.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010. (138’)
    Director: Martin Scorsese.
    Guión: Laeta Kalogridis, basado en la novela de Dennis Lehane.
    Producción: Brad Fisher, Mike Medavoy, Arnold Messer, Martin Scorsese.
    Fotografía:  Robert Richardson.
    Montaje:  Thelma Schoonmaker.
    Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max von Sidow, Michelle Williams, Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Jackie Earle Haley, Ted Levine, John Carroll Lynch, Elias Koteas, Robin Bartlett, Christopher Denham, Nellie Sciutto.{/xtypo_code}

    En Shutter Island, basada en una novela de Dennis Lehane, autor también de Mystic River, que llevó a las pantallas Clint Eastwood, Scorsese hace un ejercicio de mezcla de géneros, difícil de ver juntos en situaciones normales.

    Teddy Daniels es un agente federal que debe acudir junto a su nuevo compañero hasta el sanatorio de Ashecliffe, en la isla Shutter, un lugar donde envían a los más peligrosos criminales y psicópatas, para investigar la misteriosa desaparición de Rachel, una de las internas más peligrosas, que se ‘evaporó’ de una habitación cerrada con llave sin dejar el más mínimo rastro. Pero Daniels se encontrará con las reticencias de los doctores y demás trabajadores para colaborar con la investigación y empezará a sospechar que tratan de ocultar algo. Y la situación, la sensación de duda que se crea, llega a ser tal que ya no se sabe qué puede ser verdad, qué sueño, qué paranoia y qué alucinación. Y cuando acaba la cinta (pese a que muchos estén diciendo lo contrario), la sensación no desaparece.

    Scorsese se ha centrado en un guión tramposo, que mantiene la tensión durante gran parte del metraje, a pesar de varios momentos en los que el ritmo baja y se hace moroso, para al final desvelar el engaño que se podía intuir desde mitad de la cinta.

    La sensación de opresión y de enclaustramiento, esa imposibilidad de escapar de la prisión que tienen los que allí se encuentran recluidos, se refleja en todos los aspectos técnicos de Shutter Island. Tanto la fotografía, como la selección musical (con piezas no originales), y sobre todo los interiores oscuros, asfixiantes, apoyados por unos personajes que colaboran a ello, con unas buenas y solventes interpretaciones de Ben Kingsley y Mark Ruffalo, pero sobre todo de DiCaprio y, aunque breve, Patricia Clarkson.

  • Miedo a la soledad

    1501NACIDAS PARA SUFRIR

    Miguel Albaladejo es uno de los directores más prolíficos de nuestra cinematografía, ya que desde que debutó con La primera noche de mi vida (hace doce años) ha estrenado ocho filmes, en los que ha tocado tanto la comedia como el drama. En esta ocasión, con esta Nacidas para sufrir, se ha decantado por la primera (aunque no deja de lado cierto toque tristón) y de la que es mejor no desvelar demasiado de su argumento.

     

    {xtypo_code}España, 2009. (114’)
    Escrita y dirigida: Miguel Albaladejo.
    Producción: Gerardo Herrero.
    Fotografía:  Kiko de la Rica.
    Montaje:  Pablo Blanco.
    Intérpretes: Adriana Ozores (Purita), Petra Martínez (Flora), Maria Alfonsa Rosso (Madre de Purita), Malena Alterio (Marta), Maria Elena Flores (Tía Josefa), Marta Fernández-Muro (Salvadora), Sneha Mistri (Maria Pilar), Mariola Fuentes (Mariana), Mari Franç Torres (Mari Carmen), Jorge Calvo (Cantante), Ricard Borras (Ciriaco).{/xtypo_code}

    Albaladejo se traslada al medio rural (que ya había tocado ligeramente en otras cintas) para contarnos la historia de Flora, una mujer que se ha dedicado toda su vida a cuidar de sus mayores, pero ahora, superados los setenta y tras la muerte de su tía teme quedarse sola y que sus sobrinas (a las que tuvo que cuidar tras la temprana muerte de los padres de las pequeñas) quieran llevarla a una residencia. Su única esperanza de salvación es Purita, la mujer que ha estado ayudándole a cuidar de sus parientes enfermos los últimos años.

    La cinta se sustenta en unas interpretaciones soberbias de la pareja protagonista, Petra Martínez y, sobre todo, Adriana Ozores (en su cuarta colaboración con Albaladejo), y en un buen guión, de marcado estilo realista, que mezcla las situaciones cómicas con el drama del miedo a la soledad (principal tema de la historia). Tiene algunos momentos que resultan forzados, y quizás se le pueda achacar el uso (y, pocas veces, abuso) de algún que otro tópico, pero ello impide que el director haya logrado una de sus mejores obras en esta cinta.

    Nacidas para sufrir tiene todos los ingredientes de una comedia romántica con una diferencia muy simple: sus protagonistas no son conscientes de estar en una comedia romántica. Todos los pasos y elementos incluidos en toda relación base para un filme de este género se encuentran en la cinta de Albaladejo.

    Un filme que deja buen sabor de boca, que provoca más de una carcajada, algún que otro pellizco, y que está repleto de verdad, que seguramente funcionará más por el boca a oreja que por una publicidad exacerbada, pero al que, por otro lado, le falta ese algo que hace que una película pase a la historia.

  • El paisaje como protagonista

    1501HIERRO

    Tras numerosos y reconocidos trabajos en el mundo de la publicidad y la post-producción, Gabe Ibáñez debuta en la dirección con esta cinta que, equivocadamente, muchos piensan (antes de su visionado) que es una cinta de terror. Nada que ver. Hierro es más un filme de intriga, o incluso un drama sobre la pérdida, que otra cosa.

     

    {xtypo_code}España, 2009 (91’)
    Director: Gabe Ibáñez.
    Producción: Álvaro Augustín, Jesús de la Vega.
    Guión: Javier Gullón.
    Fotografía:  Alex Martínez.
    Música: Zacarias M. de la Riva.
    Montaje:  Quique García i Vila.
    Intérpretes: Elena Anaya (María), Bea Segura (Laura), Andrés Herrera (Antonio), Mar Sodupe (Tania), Miriam Correa (Julia), Javier Mejía (Matias), Kaiet Rodríguez (Diego).{/xtypo_code}

    En algunos momentos puede recordar a Plan de vuelo: Desaparecida (aquella peli con Jodie Foster desatada en un avión que cruzaba el Atlántico desde Berlín a Nueva York); de hecho, en principio, es muy similar (durante un viaje en ferry a la isla de Hierro, donde van a pasar unas vacaciones, una madre pierde a su hijo, que desaparece sin que nadie haya visto nada). Aunque las diferencias con la cinta americana son más que evidentes: para empezar, lo que en aquella ocupaba toda la cinta, en esta es apenas una cuarta parte de la misma, ya que la historia se centra meses después, cuando la madre de la criatura (una grandísima Elena Anaya) recibe la llamada de los policías del lugar anunciándole la aparición del cadáver de un niño y ella debe volver al paisaje marciano de la isla. Sin olvidar que, aquí, la protagonista no es una superheroína que se enfrenta (y gana) a los malos con bombas incluidas y todo, sino una auténtica sufridora, que sale malherida (en cuerpo y alma) de los enfrentamientos y de los retos que la vida le ha puesto por delante.
    Ibáñez ha planteado una historia en la que la isla y sus paisajes entre oníricos y alienígenas son los coprotagonistas de la historia.

    Hierro nos presenta algunas de las imágenes más bellas del cine español reciente, aunque para los amantes de las cintas de explosiones y espectaculares efectos variados eso les diga y les sirva de más bien poco. Cierto que en ocasiones puede dar la sensación de que se pierda entre tanto preciosismo y se olvide un poco de la historia, pero la mayoría de las veces consigue el resultado buscado, y pega ese pellizco en el estómago que el argumento necesita.

    La cinta ha recorrido diversos festivales, y en Sitges su protagonista recibió el premio a la mejor actriz, una Elena Anaya (una debilidad personal confesable) que está soberbia, y que se muestra tan poco pudorosa como siempre, en una película que no se presta a la presencia de escenas que inviten quitarse la ropa.

  • Muñecos rotos

    1501NÚMERO 9

    Auspiciado por dos pesos pesados de la industria como son Tim Burton y Timur Bekmambetov (autor de la saga Guardianes de la noche y Guardianes del día, además de Wanted, aquella cinta de las balas con efecto) el director Shane Acker debuta en el largometraje con esta historia post-apocalíptica, en la que recupera su mayor éxito hasta la fecha, un cortometraje de mismo título y semejante historia que hace cinco años le llevó a las puertas de los Oscar.

     

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2009.(79’)
    Título original: 9.
    Dirección: Shane Acker.
    Producción: Timur Bekmambetov, Tim Burton, Dana Ginsburg, Jinko Gotoh, Jim Lemley.
    Guión:  Pamela Pettler.
    Música: Deborah Lurie.
    Montaje:  Nick Kenway.
    Intérpretes: Animación.{/xtypo_code}

    Lo que los personajes de aquel corto no tenían, y sí tienen en la película, es voz. De hecho, la primera intención de Acker era crear una película muda (algo que no es tan descabellado como parece, de hecho, si recuerdan una reciente obra maestra de la animación como Wall-E, los diálogos no aparecen hasta que la cinta ya está muy avanzada). En esta Número 9 ocurre algo parecido, ya que en las primeras secuencias, el protagonista deambula en solitario y en silencio por un planeta deshabitado y destruido, sin diálogos, y el resultado funciona.

    La historia, como decimos, es la misma que la de su afamado corto, aunque estirada y con los convenientes añadidos para que no resulte cansina. El planeta ha sido víctima de una guerra entre los humanos y las máquinas. La vida ha desaparecido de la faz de la Tierra, sólo un grupo de seres extraños, una especie de muñecos de trapo, deambulan por el desolado lugar buscando la salvación.

    El filme de Acker, al igual que ya ocurría con el corto del que procede, es una potente obra con un alto nivel estético, pero al contrario que en aquella, la intensidad de la ambición en la temática ha bajado y el interés narrativo ha perdido bastante. Y, pese a su brevedad, tiene algunos momentos reiterativos, algunas escenas que se notan alargadas (no en vano, como decimos, la historia ya la contó el director en un corto de once minutos).

    No es una obra de arte, pero sí un nuevo punto de vista, una nueva alternativa para los aficionados a la animación para adultos (aunque ese tema tampoco está tan claro en esta Número 9, el que esté destinada a un público adulto), una nueva ventana que se abre para un público con cierto criterio estético y artístico.

  • Después del Apocalipsis

    1701BIENVENIDOS A ZOMBIELAND

    Los muertos vivientes, los no-muertos o los zombies, como quieran llamarlos, han sido desde hace décadas un caldo de cultivo interesante que ha dado multitud de películas, algunas incluso de gran éxito, y que casi siempre se han insertado dentro del género de terror. En alguna ocasión (escasa, eso sí) el director de turno se ha decantado por la comedia. Pero en esta que hoy nos traemos entre manos, el debutante Ruben Fleischer se lanza de lleno a la comedia más cazurra e irreverente dando vida a una cinta muy divertida llena, eso sí (como bien pide el género), de sangre y vísceras.

     

    Estados Unidos, 2009. (86’)
    Título original: Zombieland.
    Dirección:  Ruben Fleischer.
    Producción: Gavin Polone.
    Guión: Rhett Reese, Paul Wernick.
    Fotografía: Michael Bonvillain.
    Música: David Sardy.
    Montaje: Alan Baumgarten.
    Intérpretes: Woody Harrelson, Jeese Eisenberg, Emma Harrelson, Abigail Breslin, Bill Murray, Amber Heard, Derek Graf.

    La historia está narrada en primera persona, a modo de road movie, con un protagonista que pretende cruzar el país para buscar a sus padres después de que se haya desatado una epidemia que ha convertido a todo el mundo en zombies sedientos de sangre.

    Aunque la película no llega a ser una sátira (más bien es una versión cómica de lo que otros se han tomado demasiado en serio), lo que sí puede verse como tal es el papel que interpreta un gran Woody Harrelson. Su personaje recuerda a otros varios que le hemos visto interpretar en diversas cintas, de modo respetuoso en aquellas, pasado de rosca y algo irreverente en ésta.

    Bienvenidos a Zombieland es una cinta post-apocalíptica, una historia que nos sitúa en el fin de los tiempos. Pero nada es triste, antes al contrario. Hay grandes dosis de humor en una película que, por otro lado, no tiene más pretensiones que esa.
    Bien dirigida, bien interpretada (gran Harrelson y sigue despuntando la jovencísima Abigail Breslin, aquella niña que sigue siéndolo y que saltó a la fama con Pequeña Miss Sunshine), con varios momentos para recordar (desde el comienzo con un tratamiento de la infografía en las reglas de supervivencia magnífico) y unos cuantos gags divertidísimos (todo Bill Murray, por ejemplo), Bienvenidos a Zombieland es toda una sorpresa. No esperen encontrarse una cinta sesuda, por supuesto, ni una película de terror ‘seria’ (entiéndanme bien, el terror nunca es serio). Lo que Fleischer ha pretendido hacer aquí, y ha conseguido, es un puro divertimento, una cinta para pasar un buen rato, reír con ganas, entretenerse, disfrutar con litros y litros de sangre (falsa) y vísceras (más falsas) y poco más.

    Cumple su objetivo, y eso es suficiente. Porque no todas las películas lo logran,

  • ¿Un nuevo cine?

    1701AVATAR

    De lo nuevo de James Cameron (esta Avatar) se ha escrito más (bastante más) antes de su estreno que después de éste. En cierto sentido, tiene su lógica (sólo hace cinco días que llegó a las pantallas y hace bastantes meses que se empezó a hablar de ella). Pero el caso es que se ha dicho mucho, y se ha escrito más, referente a que el director de Terminator y de Titanic (ha hecho muchas más, pero parece que todo el mundo le recordará por éstas) ha conseguido revolucionar el cine, que Avatar va a hacer historia y que cambiará para siempre el modo en que el público interacciona con la película. El problema es evidente: que todo esto se ha dicho antes de ver la película, sin poder comprobar si todo ello es cierto.

    Estados Unidos, 2009. (153’)
    Escrita y dirigida: James Cameron.
    Producción: James Cameron, Jon Landau.z.
    Música:  James Horner.
    Fotografía:  Mauro Fiore.
    Montaje:  James Cameron, John Refoua, Stephen Rivkin.
    Intérpretes: Sam Worthington, Zoë Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodriguez, Giovanni Ribisi, Joel Moore, CCH Pounder, Wes Studi, Laz Alonso, Dileep Rao.

    La gran baza de la cinta es más que evidente: su aspecto visual, la construcción y la estética de ese nuevo mundo que es Pandora, su naturaleza y todos sus seres. Pero volvemos a lo de siempre, a lo que ya hemos repetido hasta la saciedad: una buena estética, unos efectos visuales potentes, no son suficientes para hacer una buena película, si no van acompañados de una gran historia. Cosa que, en esta ocasión, no ocurre.

    Avatar es una historia de amor en tiempos de guerra. Un amor interracial (ciertamente cursi) y un amor a la naturaleza aún mayor. Pero el mensaje se centra en una crítica a las invasiones de territorios (los humanos, con la Tierra prácticamente desolada, acuden a un planeta para obtener de él un mineral carísimo con el que hacer un gran negocio) y la guerra preventiva (explicada y mostrada de modo muy tosco). Pero lo peor es que en los momentos de mayor conflicto, los momentos de lucha, los enfrentamientos más cruentos, tienen en la mayoría de ocasiones aspecto de videojuego.

    Dicen que para disfrutar Avatar en todo su esplendor hay que verla en su versión en tres dimensiones, aunque esto sólo es válido para las secuencias creadas digitalmente (según la productora, el 60% del metraje), donde (ahí sí hay que dar la razón) la cinta creada por Cameron es espectacular.

    No conviene contar mucho del argumento, para ello ya está el trailer (en cuatro minutos se cuenta toda la película) y de hecho la historia (como todas las grandes producciones que provienen de Hollywood en los últimos tiempos) no es tan compleja como alargada (dos horas y media).

    Con un parón en la intensidad del ritmo casi a mitad del metraje, Avatar es una cinta que supuestamente revolucionará el mundo del cine. Estéticamente espectacular, con una construcción visual impresionante (la naturaleza de Pandora es maravillosa), la obra de Cameron conquistará al público, aunque es dudoso que dicha revolución llegue. Más que nada porque pocas veces se podrán gastar 300 millones para realizar una película.