Etiqueta: hombre

  • In Memoriam. A mi gran amigo Mariano Moreno Soto

    Estando de viaje, me llega una llamada comunicándome: «Mariano ha muerto». Me quedé hecho un trapo. Días antes estuve visitándole en el Hospital «Virgen del Rocío» por una recaída de gravedad que había. No puedo olvidar, estando a los pies de su cama, que al saludarlo le di la mano y un beso, cogiendo mis manos, me apretaba queriéndome decir algo, pero no le entendía, y con una pequeña sonrisa, me mantuvo cogido hasta que me despedí de él. Esta vez fue la última que lo vi.

    Durante su larga enfermedad lo visitaba en su casa, y cuando tardaba en volverlo a visitar, me reñía cariñosamente. Hablábamos de futbol, especialmente de nuestro Betis, de Hermandades y de Iglesia. Recordábamos los tiempos de juventud, y nuestras pequeñas «batallitas», nos hacía reírnos. Lo pasábamos muy bien.

    Yo me imagino cómo estarás en el Cielo. Se acabó el dolor, tus limitaciones físicas, y tus sufrimientos, que llevaste como un auténtico hombre y mejor cristiano. Hoy estarás con tus Cristos de La Borriquita, Oración en el Huerto y Gran Poder, acompañados de la Virgen de la Estrella, del Mayor Dolor, Mayor Dolor y Traspaso y  tu Virgen de Valme. ¿Cabe mayor alegría? En esos momentos de felicidad, intercede por nosotros, especialmente por tu ejemplar compañera Dolores, y el regalo de tu hijo Mariano, que te quisieron a pleno corazón, sin limitaciones.

    Cuando estés reunido con tus amigos, especialmente con tu padre, dales un abrazo en nuestro nombre, y cuéntales cómo les recordamos de siempre. Amigo Mariano, un fuerte abrazo y un ¡adiós! hasta que nos encontremos.

     

  • Tres madres

    (Lucas 23,35-43) EN EL MONTE  hubo tres cruces, la de Jesús y la de otros dos hombres que asesinaron con él, uno a su derecha y otro a su izquierda. En el monte calvario habría también tres madres a los pies de la cruz de sus hijos, María y esas dos mujeres anónimas de la que nadie nos ha hablado.

    El amor maduro y verdadero tiene la capacidad de apreciar lo que otros no ven, de querer gratuitamente, de reconocer las limitaciones de la persona querida sin juzgar, sin echar en cara.

    Aquellas tres madres bajaron consoladas del monte de la tortura y de la muerte por la actitud de Jesucristo. María, mejor que cualquiera de los discípulos, supo apreciar, tras las lágrimas y las quejas contenidas, cómo su hijo al entregar la vida actuaba como juez de vivos y difuntos. No pudo tener mayor consuelo que ver a Jesucristo, en el suplicio, entero y fiel a sí mismo, fiel a su Padre, consciente de que su vida entregada lo erigía en juez y abogado defensor de toda la humanidad.

    La madre de Dimas, así llama la tradición al buen ladrón, bajó del monte con el consuelo de que aquel hombre había llamado a su hijo, en verdad descarriado y en verdad delincuente, “compañero”. “Hoy entrarás a compartir el pan bendito del reino, conmigo”, le había dicho.

    La madre del otro ejecutado no quería que nadie llamara a su hijo pervertido, ni ladrón, ni asesino, ni corrupto, ni embustero… Era su mal genio y su mal pronto que lo traicionaban… También bajo sabiendo que el Nazareno acogería la bondad que ella reconocía en su hijo, sólo con que éste mirara a aquel Hombre.

  • ¿Qué ha sido de de Niro?

    1101STONE

    Hace unos años, cuando llegaba a las pantallas una película protagonizada por Robert de Niro uno sabía que, al menos, aunque la historia fuese floja, iba a asistir a un recital interpretativo de primer nivel. Desafortunadamente, eso hace ya tiempo que pasó, y ahora no hace más que encadenar películas malas, papeles sin sustancia y personajes sin entidad. Y lo peor es que ya casi estamos acostumbrados a ello (prácticamente desde que hizo Showtime con Eddie Murphy, e incluso antes, no ha vuelto a tener un papel potable), y algunos hasta están olvidando Toro salvaje, El padrino, Casino, Taxi driver, etc.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010 (105′).
    Título original:  Stone.
    Dirección: John Curran.
    Producción: David Mimran, Jordan Schur, Holly Wiersma.
    Guión:  Angus MacLachlan.  
    Fotografía: Maryse Alberti.
    Montaje: Alexandre de Franceschi.
    Intérpretes: Robert de Niro (Jack), Edward Norton (Stone), Milla Jovovich (Lucetta), Frances Conroy (Madylyn), Sarab Kamoo (Janice), Enver Gjokaj (Jack, joven), Pepper Binkley (Madylyn, joven), Sandra Love Aldridge (Srta. Dickerson), Rachel Loiselle (Candance) .{/xtypo_code}

    La historia de Stone no es nueva. Más bien al contrario. Jack Mabry es un policía, oficial de libertad condicional, un hombre de profundas creencias religiosas, que está a pocos días de jubilarse. Pero antes quiere cerrar los casos que tiene pendientes (¿cuántas veces hemos visto algo así?). Uno de ellos es Gerald ‘Stone’ Creeson, encarcelado por encubrir el asesinato de sus abuelos con un incendio. Ante la posibilidad de recibir la libertad, Stone debe convencer a Jack de que se ha rehabilitado, pero sus intentos no resultan. Lucetta, la mujer de Stone, está dispuesta a lo que sea por sacar a su marido de prisión, y se decide a actuar, presentándose ante Jack.

    La puesta en escena del personaje, en la primera secuencia del filme, nos lo presenta como un hombre religioso hasta la médula pero cruel, más preocupado por el golf que por su familia. Pero al terminar la historia, acaba pareciendo un pobre tipo, un incauto que sólo oye la biblia en la radio (algo que, está bien para caracterizar al personaje, un par de veces, pero que llega a resultar cargante por la reiteración con que aparece) y que se deja engañar por la sexy, embaucadora, perturbadora, promiscua, mentirosa y atea (en un momento determinado le espeta al protagonista “Dios no existe”) mujer del protagonista, una bellísima Milla Jovovich, que enfrentado al ‘pobrecito’ de Jack y (posiblemente sería así) para los miembros del programa de radio que escucha, sería el diablo encarnado en humano, y que se une al dúo masculino en el hecho de tener interpretaciones flojas, bastante más de lo que en ellos es habitual.

    De hecho, tanto la historia (repleta de tópicos, de reiteraciones, de momentos mil veces vistos), como la realización (torpe, aburrida, previsible, con la inclusión de planos con movimientos circulares alrededor de los intérpretes que no tienen sentido alguno), como las flojas actuaciones de la tripleta protagonista (sólo Frances Conroy salva los papeles en este apartado) se unen para dar como resultado una película muy floja, que no aporta nada, y que aburre a las piedras.

  • ¿Qué ha sido de de Niro?

    1101STONE

    Hace unos años, cuando llegaba a las pantallas una película protagonizada por Robert de Niro uno sabía que, al menos, aunque la historia fuese floja, iba a asistir a un recital interpretativo de primer nivel. Desafortunadamente, eso hace ya tiempo que pasó, y ahora no hace más que encadenar películas malas, papeles sin sustancia y personajes sin entidad. Y lo peor es que ya casi estamos acostumbrados a ello (prácticamente desde que hizo Showtime con Eddie Murphy, e incluso antes, no ha vuelto a tener un papel potable), y algunos hasta están olvidando Toro salvaje, El padrino, Casino, Taxi driver, etc.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2010 (105′).
    Título original:  Stone.
    Dirección: John Curran.
    Producción: David Mimran, Jordan Schur, Holly Wiersma.
    Guión:  Angus MacLachlan.  
    Fotografía: Maryse Alberti.
    Montaje: Alexandre de Franceschi.
    Intérpretes: Robert de Niro (Jack), Edward Norton (Stone), Milla Jovovich (Lucetta), Frances Conroy (Madylyn), Sarab Kamoo (Janice), Enver Gjokaj (Jack, joven), Pepper Binkley (Madylyn, joven), Sandra Love Aldridge (Srta. Dickerson), Rachel Loiselle (Candance) .{/xtypo_code}

    La historia de Stone no es nueva. Más bien al contrario. Jack Mabry es un policía, oficial de libertad condicional, un hombre de profundas creencias religiosas, que está a pocos días de jubilarse. Pero antes quiere cerrar los casos que tiene pendientes (¿cuántas veces hemos visto algo así?). Uno de ellos es Gerald ‘Stone’ Creeson, encarcelado por encubrir el asesinato de sus abuelos con un incendio. Ante la posibilidad de recibir la libertad, Stone debe convencer a Jack de que se ha rehabilitado, pero sus intentos no resultan. Lucetta, la mujer de Stone, está dispuesta a lo que sea por sacar a su marido de prisión, y se decide a actuar, presentándose ante Jack.

    La puesta en escena del personaje, en la primera secuencia del filme, nos lo presenta como un hombre religioso hasta la médula pero cruel, más preocupado por el golf que por su familia. Pero al terminar la historia, acaba pareciendo un pobre tipo, un incauto que sólo oye la biblia en la radio (algo que, está bien para caracterizar al personaje, un par de veces, pero que llega a resultar cargante por la reiteración con que aparece) y que se deja engañar por la sexy, embaucadora, perturbadora, promiscua, mentirosa y atea (en un momento determinado le espeta al protagonista “Dios no existe”) mujer del protagonista, una bellísima Milla Jovovich, que enfrentado al ‘pobrecito’ de Jack y (posiblemente sería así) para los miembros del programa de radio que escucha, sería el diablo encarnado en humano, y que se une al dúo masculino en el hecho de tener interpretaciones flojas, bastante más de lo que en ellos es habitual.

    De hecho, tanto la historia (repleta de tópicos, de reiteraciones, de momentos mil veces vistos), como la realización (torpe, aburrida, previsible, con la inclusión de planos con movimientos circulares alrededor de los intérpretes que no tienen sentido alguno), como las flojas actuaciones de la tripleta protagonista (sólo Frances Conroy salva los papeles en este apartado) se unen para dar como resultado una película muy floja, que no aporta nada, y que aburre a las piedras.

  • Parto de hombre

    La mina tuvo un sueño: ser mujer;
    y, en su entraña, de hombre se preñó
    con su macho de arena que enterró
    la libertad del sol en su poder.
    El llanto del desierto fue a tender
    manto de cuna al son de Copiapó;
    y, soñando, la tierra al fin parió
    al hombre envuelto en roca-amanecer.

    Fue un parto de hora lenta bendecido
    por los hombres, allá donde estuvieron,
    mostrando al mundo al hombre y su sentido.

    Treinta y tres que gestó, al fin nacieron:
    hombres-roca ligados a un latido
    pulsado por gritar: ¡sobrevivieron!

  • Parto de hombre

    La mina tuvo un sueño: ser mujer;
    y, en su entraña, de hombre se preñó
    con su macho de arena que enterró
    la libertad del sol en su poder.
    El llanto del desierto fue a tender
    manto de cuna al son de Copiapó;
    y, soñando, la tierra al fin parió
    al hombre envuelto en roca-amanecer.

    Fue un parto de hora lenta bendecido
    por los hombres, allá donde estuvieron,
    mostrando al mundo al hombre y su sentido.

    Treinta y tres que gestó, al fin nacieron:
    hombres-roca ligados a un latido
    pulsado por gritar: ¡sobrevivieron!

  • Un corto nazareno en el festival Humberto Solás de Cuba

    1202Lo firma la joven productora, afincada en Montequinto, Timber Films

    La semana próxima se proyectará el cortometraje El hombre que inventó las palabras, de la productora nazarena Timber Films, que ha sido seleccionado para participar en la octava edición del festival de cine pobre Humberto Solás de Cuba. Será uno de los tres cortometrajes que representará a España en uno de los festivales independientes más importantes que está organizado por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica, el Ministerio de Cultura y los gobiernos de Holguín y Gibara.

    La obra, a medio camino entre el documental y la ficción, cuenta cómo la imaginación y la capacidad de adaptación de los humanos es sorprendente. El hombre que inventó las palabras se rodó en Los Ángeles con la dirección de Sergio Abuja Rodríguez y la producción de Tamara Arias y Miguel Ángel Abuja, los tres jóvenes integrantes de la productora Timber Film, asentada en la barriada de Montequinto.

    Timber Films es una productora con apenas un año de vida, fruto de la unión de la experiencia de estos tres jóvenes creadores en el ámbito de la televisión, publicidad o los documentales. Hasta la fecha cuentan en su haber con tres cortometrajes, Buick, Reality Show y El Hombre que inventó las palabras. En estos momentos, uno de sus socios, Sergio Abuja, disfruta de una beca Talentia de la Junta de Andalucía en Los Ángeles, en la The New York Film Academy. Aunque en la distancia, el equipo ya trabaja en la pre-producción de su nuevo cortometraje que también se rodará en la ciudad de Los Ángeles. Sergio y Tamara trabajan el guión en América, mientras Miguel Ángel busca financiación y patrocinio en España.

  • Llagado

    (Juan 20, 19-21) Sin ocultar sus heridas, sino mostrándolas como prueba de su amor sin límites a todos, llega Jesús resucitado a sus discípulos. Llagado de pies, manos y costado se presenta en medio de ellos deseándoles paz. Con Jesús todo es paradoja, quien más violencia ha sufrido es quien más derecho y poder tiene para entregar la paz.

    Tanta fuerza tienen las llagas de Cristo para quien las contempla en la intimidad de su oración y en la densidad de la historia que un santo Padre no dudaba en decir que el lugar de la Iglesia, de la comunidad cristiana, es el de las llagas de Cristo. Un Cristo sin llagas nos transmite una vida falsa, una fe debilitada, un cristianismo sin compromiso. Nadie que se acerque sinceramente a las llagas de Cristo puede salir indemne.

    Puedes acercarte desde tu oración contemplando cómo en las llagas de aquel hombre se transmutan tu arrepentimiento en perdón, tu desazón en paz, y tu cobardía en nuevas fuerzas para levantarte y seguir intentándolo –cada uno de vosotros sabe a qué pecado, a qué angustia y a qué cobardía me refiero.

    Pero la experiencia definitiva de las llagas de Cristo se da en la historia. Donde hay un hombre, una mujer, un niño llagado, ahí está la iglesia verdadera compartiendo su dolor, consolando con su compañía y liberando con su lucha por la justicia a favor de los más débiles. Por eso, los cristianos que no se acercan a las llagas de Jesús en el ahora de nuestra historia, no son dignos de ese nombre. Ni quien maltrata al inocente, ni quien calla ante la injusticia, ni quién se niega a ser voz de los sin voz, de los ignorados.

    Haz, Señor, que experimente, al poner mi vida en tus llagas, que vivo cerca, cerca, de tu propio corazón.

  • Los otros

    Difícil sentirse joven;
    siempre fuerte y constructivo;
    siempre dispuesto y activo;
    siempre cumpliendo a destajo,
    soñando siempre al mañana
    cerrando siempre ventanas:
    buscando siempre trabajo…

     

    El parado es una sombra;
    una cifra arrojadiza
    que, de forma antojadiza
    va cubriendo noticiarios,
    con el triste porcentaje
    encadenado al bagaje
    de nefastos mandatarios.
    Son la triste realidad:
    el hombre capitalista
    hogado por una lista
    de hipotecas y facturas
    que, inundándolo de histerias
    van hundiéndolo en miserias,
    decepción y más basura.

    Son el mundo paralelo:
    los otros que, al otro lado,
    van exprimiendo pasados
    a un tiempo que las proclamas
    agudizan las presiones,
    volatilizan pensiones
    y atizan al panorama.

  • ¿Desde recién nacido?

    (Juan 1, 1-18) Hubo en la historia de la Iglesia –que como sabéis da para todo– personas que pensaron que Jesucristo fue un hombre tal y como nosotros lo somos, pero que por su virtud y su capacidad de cumplir los mandatos divinos fue “adoptado” por Dios como hijo suyo. Es decir, que el niño nacido en el pesebre, todavía no sería Dios. Jesús llegó a ser, que no es poco, un hombre acogido por la divinidad.

    Sin embargo, no es esa nuestra fe. No lo es y no debe de serlo. Porque de ser así, Dios sólo querría de nosotros nuestra bondad, nuestra capacidad para hacer el bien, nuestra fuerza moral para asumir su mensaje. Dios no nos querría en nuestra debilidad, no nos querría en nuestras dificultades, no nos querría en el gozo sencillo que la vida nos depara –no acogió a Jesús en el ámbito de lo divino por nada de eso–.

    Pero, entonces Dios no sería Padre. Un Padre quiere a su hijo especialmente cuando es débil; lo quiere especialmente cuando se encuentra perdido en el camino; lo quiere especialmente cuando no sabe y no puede. Nuestra fe cristiana es así de hermosa. Dios Padre quiso a su Hijo, niño recién nacido, débil, sin más poder que el de despertar ternura infinita.  Nos envió a su Hijo para querernos a todos como a sus hijos; especialmente cuando somos débiles, especialmente cuando nos perdemos, cuando no sabemos y no podemos. Es el reto más grande de la fe a la razón, es cierto; pero no hay más camino, me parece, para creer razonablemente en Dios.