Etiqueta: Evangelio del domingo

  • La opción de Rudy

    (Mateo 4, 1-11) ME DICES, Rudy, que quieres bautizarte. Eso me ha alegrado mucho. Que un muchacho como tú, dominicano, de 17 años, quiera orientar su vida desde la fe en Jesucristo es una magnífica noticia. Si te dejas guiar por el Maestro siempre estarás acompañado y siempre tendrás puestos los ojos en una luz que superará todas las tinieblas que te rodeen. El bautismo es una decisión importante y tienes que tomarla conscientemente, por eso vamos a tener algunos encuentros para que vayas con claridad de corazón hacia las aguas de la fuente de la vida.

    Tú ya crees en Jesús, ya sabes que puedes acudir a él y que él tiene palabras de vida eterna. Pero has de profundizar en esa fe, en esa experiencia tuya.
    Te encontrarás en situaciones, ya te has encontrado, en que la vida te pondrá en la coyuntura de poder escoger un camino fácil a costa de engañar a un amigo y abusar de su confianza; o de aprovecharte de una muchacha para después tirarla como pañuelo de papel; también te habrás enfrentado con la posibilidad del dinero fácil con algún trapicheo… Tú ya sabes que para vivir en amistad con Jesucristo has de alejarte de todas esas tentaciones.

    El Señor te quiere bueno, cabal, generoso, dispuesto siempre a ayudar a los demás y humilde. Nuestra fe tiene la inmensa luz de saber que ni el dinero, ni la aceptación de los demás, ni nosotros mismos somos el dios de nuestra vida. Nuestro único Dios y Señor es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, en quien reside toda hermosura y toda bondad, toda grandeza y toda misericordia. Sólo en Él has de confiar.

    Esta semana dedica un tiempo a descubrir esos momentos en los que has de elegir entre el egoísmo o la amistad con Jesucristo.

  • Noé: Segundas Oportunidades

    Noé: Segundas Oportunidades

    NADA SE escribe en la historia sin que alguien, en primera persona, lo conciba, lo impulse, lo persiga y lo realice. Puede ser que esa persona pase desapercibida o quede en el anonimato, pero detrás de todo cambio siempre hay una persona, o un grupo, que lo posibilita.

    Cada Adviento es como una nueva posibilidad para nuestras vidas. Y, así, en el evangelio de este domingo se nos recuerda la figura de Noé. Todos recordamos la narración del diluvio. Una narración en la que se nos transmite una inundación tan terrible que parece que cubrió hasta los montes más altos de Mesopotamia –narraciones de culturas extrabíblicas así lo ratifican-, y cómo con Noé se dio continuidad a la humanidad.

    La figura bíblica de Noé encarna muchos valores humanos y espirituales: la honestidad y la escucha fiel a Dios, la laboriosidad y el ingenio –que le permitieron construir un enorme barco e inventar el vino—, y la prudencia, la integridad y el pudor. Pero Noé es, sobre todo, símbolo de la segunda oportunidad que siempre tenemos ante Dios. Después que Dios la creara, las personas se pervirtieron por su maldad y violencia. La violencia era tanta que Dios decidió destruir toda la humanidad. Pero viendo a la honestidad y la rectitud de Noé quiso que en él todo tuviera un nuevo comienzo. El signo de que siempre la bondad de Dios nos concede una segunda oportunidad no puede ser más hermoso: el arco iris.

    Estés como estés, piensa que te conceden esa segunda oportunidad que necesitas, aprovéchala.

  • El pobre no nace, se hace

    (Lucas 21,5-19) EL MISTERIO de ser persona se esclarece desde la lógica del don. Todos recibimos la vida, la nuestra y la de nuestros hijos, como un don. Por eso, el acto de acumular, de acaparar, de arrebatar al débil y al indefenso sus medios de vida es el acto más terriblemente inhumano. Todos nacimos desnudos y tiritando, con necesidad de cuidados y de protección. Y eso hace más incomprensible la actitud de quien se aprovecha de la fragilidad del otro para explotarlo y expoliarlo.

    No se nace pobre, te hace pobre quien aprovechándose de tu fragilidad te da un salario de miseria con un contrato basura. No se nace pobre; te hace pobre quien te sube el precio del piso (o de la habitación) hasta que tienes que elegir entre comer o tener un techo donde cobijarte.

    No naciste pobre, te hicieron pobre al hacinar a tus padres en un barrio suburbial y sin servicios con todas las familias que por sus carencias estorbaban en los barrios ricos. No naciste pobre, las riquezas de tu país fueron expropiadas por corporaciones financieras que sólo buscaron su enriquecimiento. No se nace pobre, la codicia de personas inhumanas empujan a la indigencia a tantas familias como vemos sufrir por el desorden egoísta de nuestro mundo.

    Cada vez que rezamos “venga a nosotros tu Reino” estamos pidiendo que este desorden, que provoca el sufrimiento y la muerte de tantos, acabe. Aquel día, hasta los Templos dedicados a Dios, recubiertos de dorados y con valiosas imágenes, en que los pobres no sean acogidos y confortados acabarán destruidos, sin que quede piedra sobre piedra. Dios, por su misericordia, ha unido su suerte y la nuestra a la suerte de los pobres.

  • Ciencia con paz

    Ciencia con paz

    LA SEGUNDA exigencia de quien quiere educar a otro es la paciencia; el primero es, indudablemente, querer el bien del otro. “Paciencia” que, por mera asociación de ideas, parece que se compone de paz y de ciencia, y que ciertamente son condiciones del buen educador.

    El significado de la palabra “ciencia” no siempre ha sido tan restringido como ahora. Hace unas cuantas décadas, en algunos contextos, era sinónimo de sabiduría práctica para realizar una tarea difícil. Ser un buen educador requiere conocer el temperamento de las personas, sus capacidades, qué es lo que les bloquea y qué es lo que les motiva, cuáles son sus intereses y cómo ir abriéndolos a un horizonte más amplio en su existencia. Para educar a las personas se necesita mucha ciencia; y también paz y serenidad (que muchas veces será auto-control), para esperar el momento oportuno en que intervenir, para corregir en la medida adecuada, para animar sin caer en la condescendencia facilona, para exigir que la persona dé lo mejor de sí mismo.

    Los padres y los profesores, los catequistas y los educadores sociales necesitamos mucha de esa paz y de esa ciencia, de esa ciencia con paz. Y es en nuestra vida personal donde podemos ir a aprender una cosa y otra. Sólo tenemos que atender a la paciencia que ha tenido y tiene Dios con nosotros, con nuestros errores y pecados; fijarnos en su manera de motivarnos y de impulsarnos. Dios, amigo de la vida, siempre nos corrige poco a poco para nuestro bien. Jesucristo, reflejo de su ser, fue tan buen educador que de unos aldeanos de Galilea hizo testigos de la misericordia misma de Dios.

    Gracias, Señor, por tu paciencia.

  • Derramado en liberación

    Derramado en liberación

    PABLO DE TARSO, no ha llegado a los 60 años, encarcelado en Roma por su fe en Jesucristo y su tarea de evangelización, con el corazón en paz, sabiendo que ha intentado hacer la voluntad de Dios, espera el momento de la entrega suprema en paz, con la humildad de quien se sabe consolado.

    Margaida, 36 años, vino con su niño huyendo de un maltratador. Trabaja mañana y tarde, de lunes a domingo; por su hijo; con el tesón de las madres; con la humildad de los pobres y la alegría de los sencillos. Al rezar se sabe hija de Dios.

    Carmen, 75 años, cada mañana lleva a dos de sus nietos al colegio, después va por ellos hasta que sus padres puedan recogerlos en la tarde. Muchas veces les ha ayudado a pagar la luz y alguna avería del coche. Se siente débil, pero también alegre de poder cuidar la vida que Dios le regaló.
    Rafael, 54 años, voluntario de Cáritas. Muchas vidas heridas llegan a la acogida; no siempre se puede ayudar, pero se puede escuchar y dar esperanza. No espera nada por su entrega.

    Carlos, 21 años, ha estado años consumiendo drogas, y ha pasado algún paquete. Quiere dejarlo, pero lo han amenazado y, solo en su habitación, ante el Padre expresa su angustia por los errores cometidos. Está decidido, no quiere seguir en la espiral de corrupción y violencia en la que está. Sabe que eso no es vida.

    Vidas que se derraman en libación al Padre de la Vida.

  • Sobre el otro mundo

    ( Lucas 16,19-31) HAY CRISTIANOS a quienes les resulta incómoda la dimensión profética de la fe. Uno puede hablar en la homilía de la misa sobre las virtudes personales que deben acompañar a la vida cristiana, o sobre la experiencia íntima de la fe, o sobre la prudencia a la que nos invita el evangelio…, y su rostro siempre es de escucha atenta y de aprobación. Pero si se habla de la injusticia estructural de nuestro mundo, del cambio que están reclamando con sus sufrimientos los pobres, de la opresión y el latrocinio de los poderosos… su rostro se encoge, el entrecejo se les frunce y comienzan a pensar que para escuchar sobre política no vienen a la Iglesia.

    Otros por el contrario se encuentran muy a gusto cuando se critica el poder y la injusticia de los más ricos; sus posturas políticas se ven alentadas y se sienten reconocidos en sus ideas y convicciones. Pero dejan de prestar atención cuando se habla de la dimensión trascendente de la fe, sobre la vida eterna, sobre la llamada a una Vida plena que Dios Padre hace a todos sus hijos después de esta vida. Les parece que hablar de la otra vida es dejar de prestar atención a la historia presente.

    Las dos dimensiones de la fe son necesarias, e incluso, podríamos decir, solidarias una con otra. Porque la gloria de Dios es que sus hijos tengan vida, que los pobres puedan vivir con dignidad verdadera, quien ve el sufrimiento de los pobres y escucha la voz de Dios no puede sino acoger el compromiso profético de la fe; y quien ve el sufrimiento extremo de los pobres y tiene en su corazón el amor de Dios, no puede sino confiar en que la bondad de Dios les regala la Vida que aquí se les negó tan injustamente.

  • La medida del tiempo

    (Lucas 10, 38-42) VIVIMOS APRESURADOS sin darnos cuenta que para que una fruta esté en su sazón el árbol necesita de los días de lluvia y de frío, y de los días de sol y de calor. Tan engreídos y ensimismados en nuestra sociedad tecnológica y digital, nos parece que podemos inventar nuestra naturaleza, la misma vida -lo del género ya se da por supuesto-. Vivimos apresurados para perder después el tiempo en los mismos mensajes reenviados decenas de veces, viendo imágenes que solo se ven para olvidar, esperando alguna noticia verdadera cuando solo se nos ofrece la repetición seriada de lo mismo con apariencia de novedad.

    Hasta el compromiso social o cristiano lo vivimos en tensión apresurada que no nos permite mirar a los ojos al vecino. Nos pasamos el año acelerando y retenidos en atascos, llevando y trayendo a los niños en vez de estar con ellos jugando, haciendo tantas cosas que no disfrutamos ninguna con nadie.

    Llega el verano y tenemos prisa, mucha prisa, por disfrutar mucho, por descansar rápido, por experimentar todo lo que hemos visto por la televisión y el ordenador… ¿Quién puede soportar este ritmo inhumano de vida sin caer en la ansiedad o sin inducir en nuestros hijos el síndrome de una hiperactividad inducido?

    Llega un tiempo en el que por las vacaciones y el calor se nos invita a la tranquilidad y al sosiego, a la lectura pausada, al encuentro alegre y sereno con quien amamos, con Quien nos ama. Tranquilízate y vive al ritmo de las personas. Que por las prisas no dejes pasar de largo a Quien te trae aires de promesas.

  • Ir por libre

    Juan 20,19-31

    LA TENTACIÓN de «ir por libre» es una constante en nuestra vida. Y no nos han faltado razones cuando en algún momento, en vez de participar en un grupo o colectivo hemos preferido vivir nuestros valores, nuestros gustos, nuestras opciones sociales sin vincularnos a ningunas siglas ni a ninguna estructura.

    Todas las personas tenemos tantas incoherencias y lagunas, todas las instituciones tienden tanto a esclerotizarse, a perder los primeros ideales, que cuando somos mínimamente críticos nos da miedo vincular nuestro nombre y nuestra vida a un grupo que, obviamente, supera nuestra capacidad de acción y decisión. En este tiempo de las redes sociales y del «me gusta» desde la butaca de nuestro salón, la tentación se diluye tanto que podemos perder la conciencia del individualismo que vivimos.

    Y, sin embargo, solo en comunidad, solo uniendo nuestras ilusiones y nuestras fuerzas a las de los demás, solo acogiendo las debilidades de los otros y dejándonos acoger en nuestras debilidades, somos fuertes.

    Tomás, el apóstol, tuvo experiencia de cómo aislarse y marginarse del grupo lo privaba de la primigenia luz de la resurrección del Señor. Pero también tuvo la experiencia de que la fuerza que une a la Iglesia no es la virtud de las personas que la componen.

    Él experimentó que la fuerza de la Iglesia es la comunión con aquel Nazareno de la historia que al resucitar la constituye, la funda, y es su más íntimo y verdadero dinamismo. Porque Cristo es el alma de la Iglesia merece la pena ser iglesia. No te aísles, busca un grupo en el que vivir tu fe, en el que encarnar tu vocación a hacer un mundo más humano.

  • Fecunda pobreza

    (Marcos 5, 21-43) NOS PARECE QUE para ayudar hay que tener; que es la riqueza la que en su sobreabundancia puede repartir dones; y la revelación bíblica nos muestra que Dios asume siempre el camino contrario. (más…)

  • Motivos de escándalo

    (Juan 10, 11-18) A VECES, POR la fuerza de la costumbre y la rutina, nos acostumbramos a las propuestas y las verdades del Evangelio, y no nos admiramos de lo que fue, cuando se pronunciaron, motivo de escándalo. (más…)