Etiqueta: dios

  • Vaciarse

    (San Juan 3,13-17) TIENE LA tradición cultural china un concepto muy distinto del nuestro, de lo que significa el vacío para las personas y la sociedad. Para nosotros el vacío, estar vacío, vaciarse, tiene siempre una connotación negativa, poco apetecible. Sin embargo, para la cultura china, el vacío es una realidad fundamentalmente positiva. Sin el vacío en el que el eje de la rueda puede dar vueltas, ésta sería imposible. El padre que no lo hace todo y que deja “hueco” a su hijo le permite afrontar nuevos retos y crecer. La mirada atenta de quien apreciamos –sin que actúe, ni haga nada- nos hace mejores, desarrollar nuestra propia humanidad.

    Para amar al otro tal como es, para asumir la misión de construir el Reino, para ser auténticamente quienes somos, hemos de vaciarnos de nuestras inquietudes momentáneas, de nuestra preocupación por nosotros mismos, de lo que pensamos y sentimos. Sin vaciarnos de lo que sabemos, no podemos aprender; sin vaciarnos de lo que sentimos, no podemos poner al otro en el centro de nuestro corazón y nuestra vida.

    El Hijo de Dios se vació de sí mismo, de su propia divinidad, para hacerse hombre. Se despojó de todo para ponernos a cada uno de nosotros en el centro de su corazón. Esto lo hizo cuando se encarnó; lo hizo conforme anunciaba la Buena Noticia del Reino a los pobres; lo hizo cuando asumió la cruz, en la que de todo se vació, de todo lo despojaron, para poder acoger a todos en el vacío luminoso de su amor.

    Llenos estamos de cosas, de ideas, de proyectos. Algunos buenos, muchos vanos y superficiales. Quien quiere amar ha de vaciarse de sus propias necesidades, para atender a la luz que en el otro Dios ha puesto.

     

  • Dos Hermanas acoge este fin de semana la Copa de Andalucía

    Copa de Andalucía de Fútbol Sala

    El pabellón de Los Montecillos acoge los partidos de la cita copera

    Dos Hermanas será durante este fin de semana el epicentro del fútbol sala andaluz, debido a que durante los días 6 y 7 de septiembre, la Copa de Andalucía se disputará en el Pabellón Francisco de Dios Jiménez, organizada por el Real Betis FSN, el Patronato Municipal de Deportes de Dos Hermanas y la Real Federación Andaluza de fútbol. Sercotel Hotels será el patrocinador principal del torneo.

    Los equipos participantes son el propio Real Betis FSN, equipo anfitrión y actual campeón, la UD Coineña FS, Mundoseguros Triana FS y Racing Kallan Doors Alameda. El formato de la Copa de Andalucía será de semifinales, 3º y 4º puesto y final. Las semifinales se disputarán el sábado 6 de septiembre, la primera a las 18:00 y la segunda, a las 20:00 horas. El tercer y cuarto puesto se celebrará el domingo a las 10:00 de la mañana y la final, a las 12:00 horas. Todos los partidos se disputarán en el Pabellón Francisco de Dios Jiménez, donde habitualmente juega sus partidos el Real Betis FSN.

    El abono para poder presenciar los cuatro partidos de la Copa de Andalucía tendrá un precio de ocho euros, mientras que el abono para ver el encuentro de cada jornada será de 5 euros. Estos abonos se pueden adquirir en las instalaciones del Real Betis FSN, en el pabellón de Los Montecillos.

     

  • ¿Por qué habla en parábolas?

    (Mateo 13,24-43) Las parábolas del evangelio nos remiten al Jesús más primigenio y auténtico. Cercano a su pueblo, hablando con sus palabras y sus experiencias, anunciando una esperanza tan deseada como necesaria, mostrando a los sencillos el camino nuevo que él mismo estaba transitando en comunión profunda con el Padre.

    Las parábolas saben a brisa de los campos de Galilea, huelen a la sal de los puertos fenicios de Tiro y Sidón, evocan las piedras en las que se sentaban los pobres de Israel a escuchar al profeta que les predicaba. Unos lo escucharían con ansia de verdad, otros con la suspicacia de quien teme encontrarse con un mero charlatán.

    Pero las parábolas interpelan a todos. En la sencillez de su lenguaje nos pone frente a nuestra propia inmadurez y pecado, a todos nos sitúan frente a la llamada radical de Dios a vivir de un modo nuevo.

    Las parábolas nos hablan de una religión que no quiere convertirse en ley, sino en invitación; de una experiencia de Dios que no busca definirse en frases estereotipadas, sino que abre a una esperanza siempre nueva. Las parábolas no nos dicen qué, en concreto, debemos hacer; respetan nuestra libertad de adultos que han de afrontar con responsabilidad su propia vida. Y sin embargo, siempre dejan el ánimo en búsqueda, en el reconocimiento de tanto como nos falta para vivir en autenticidad. Se exponen a ser manipuladas, a que se las apliquemos a los otros antes de pensarlas para nosotros mismos, a reducirlas al reductivo horizonte de nuestra ideología. Pero el Padre de Jesucristo es así: invita con un amanecer, interpela con la presencia de quien sufre, consuela con una oración, abre nuestros oídos con una parábola.

  • Piedra a piedra

    (San Mateo 16,13-19) “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, dice Jesús a su discípulo Pedro al confesarle su fe en que es el Hijo de Dios. Y sorprende que Dios se fíe de una simple persona, de una persona débil, para ser fundamento de la comunidad que tiene que es signo de su presencia en el mundo.

    Pedro no es un superhombre, ni un super-creyente. Se muestra muchas veces torpe y tozudo, en el momento crucial niega a su maestro, e incluso reconoce que no puede poner su corazón por entero en manos de Jesús Resucitado. Pero es un hombre vital y sincero, humilde y creyente. Y Jesús ha escogido el barro de los hombres para hacer ladrillos duros y porosos con los que ir haciendo una casa donde las personas sientan el amor del Padre.

    Tú tampoco eres una super-persona, ni un super-creyente, pero Jesús también te ha escogido a ti para hacer de este mundo un lugar más humano. Sólo basta con que seas humilde, sincero y te atrevas a equivocarte intentando tejer fraternidad.

    En estos días tenemos suerte. El sucesor de Pedro, el Papa Francisco, es así. No vemos en él un superhombre, sólo es un creyente que se atreve a hacer y a decir lo que cree que impulsa un mundo más humano, lo que impulsará a todos a vivir como hijos de Dios. No siempre acertará, pero nos está dejando un testimonio importante de fe humilde, sincera y que se atreve a caminar por caminos nuevos.

    Él es Pedro, y sobre esa piedra Jesús funda su Iglesia. Pero tú eres María, o Antonio, o Luisa, o Pepe, o María de la Oliva, o Salvador, o Rubén, o Sergio, y con estos ladrillos quiere construir una Iglesia nueva, que sea signo de esperanza para todo el que sufre.

     

  • Las formas del agua

    (San Juan 20,19-23) DECÍA UNO de los Santos Padres que el Espíritu Santo es como el agua, que cuando riega una palmera se transforma en hojas de palmera, dátiles y tronco fuerte y flexible. Y si riega un rosal se transforma en el aroma sutil de la rosa y en una gama de colores que a las paletas de los pintores hace difícil imaginar. Y si riega una dehesa silvestre la puebla de tomillos, romeros y pequeñas margaritas blancas.

    El Espíritu se hace tan cercano que nos es difícil contemplarlo. Es como el aire que respiramos, que insufla nuestros pulmones, nos llena de vida y se retira humildemente para volver a penetrarnos más fresco y renovado. Como el aire, no lo vemos; como el aire, nos da la vida. El Espíritu Santo es la cercanía del amor de Dios Padre y de Jesucristo; una intimidad tan profunda y cercana que se convierte en lo más íntimo de nuestra propia intimidad. Aunque no recemos al Espíritu Santo, siempre rezamos en Él.

    Esa cercanía tan grande con que Dios mismo se nos entrega es, a la vez, un regalo y un reto. Un regalo porque siempre podemos acoger su presencia, su sabiduría, su perdón, su consuelo, su fuerza, su impulso. Un reto porque nos invita a ser más auténticamente nosotros mismos. A dejar nuestras cobardías y luchar abiertamente por la justicia; a dejar nuestros egoísmos y abrirnos humildemente a los demás; a dejar nuestras viejas rémoras y comenzar a construir un futuro más humano, en comunión con toda la comunidad cristiana.

    (…) “Parecía que estaba agotada. Pero se detuvo un momento, respiró profundamente, y cuando levantó la cabeza en su rostro se dibujaba una sonrisa que desvelaba fortaleza y esperanza”.

  • Abdelasis

    (Mateo 18,16-20) Hablaba hace tiempo con un amigo marroquí, Abdelasis, un joven venido a España a ganarse la vida vendiendo alfombras y otros enseres por las calles. Abdelasis es sincero creyente musulmán; me comentó que nosotros creíamos en Jesucristo lo mismo que ellos creían en Mahoma, pero que la fe cristiana y la musulmana eran parecidas.

    Yo le comenté que en muchos aspectos nuestras formas de ver a Dios son semejantes, pero que había una diferencia importante. Para vosotros, le dije, Alá está en lo más alto, Mahoma mucho más bajo que Él, un poco más alto que nosotros que estamos todavía más hacia abajo. Mi amigo musulmán me dio la razón. Pero nosotros, le continué explicando, pensamos que Dios está en lo más alto –y lo señalé con la mano izquierda levantada-, y que Jesucristo, siendo un hombre como nosotros, tiene la dignidad  misma de Dios –y fui ascenciendo la mano derecha desde abajo, donde estamos los hombres, hasta la altura de la otra mano-. Mi amigo Abdelasis se llevó sus dos manos a la cabeza sin poder creer que los cristianos cayéramos en semejante blasfemia.

    Y así es, a pesar de la debilidad en la que estamos constituidos, a pesar de nuestros pecados y  egoísmo, a pesar de nuestras cobardías y mediocridad, en el corazón humano Dios Padre puso la necesidad del amor, de un amor pleno, incondicionado, absoluto. Y la respuesta a esa necesidad es Jesucristo, un hombre como nosotros, pero que es fuente radical del amor mismo de Dios.

    Carnal, como nosotros; sufriente, como nosotros; necesitado de pan y de caricias, como nosotros. Y fuente de un amor tan pleno que ilumina, alienta y fortalece la debilidad de nuestro amor.

     

  • Esperanza y utopía

    LOS CRISTIANOS creemos en la bondad primera de la humanidad; es creada por Dios; pero sabemos, a fuerza de experiencia, que la fuerza del pecado es capaz de convertir las más loables intenciones, al cabo de algún tiempo, en corrupción, en inautenticidad y en vacío. La esperanza de los cristianos se vive en la tensión de vivir el mundo como sacramento del amor del Padre, que nos invita a realizar histórica y concretamente su Reino de paz y de justicia, y la esperanza última de la resurrección que restaña cualquier herida que la violencia y la irracionalidad de este mundo, a veces inmundo, infringe a los más débiles.

    Somos personas de utopía, que buscan plasmar en lo concreto la voluntad de Dios para con su pueblo. Somos personas de esperanza que, fundados en el amor de Dios, mantenemos la paz y la lucha cuando todo parece que está en contra. Somos personas que  buscan en lo concreto y lo sencillo la mano de Dios; y allí donde otros no ven sino oscuridad, porque aun no ha amanecido, nosotros contemplamos el lucero de la mañana.

    En un trabajador pobre, en un profeta que anuncia el evangelio del amor, los discípulos son invitados a contemplar el rostro del Padre: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Los sacramentos son siempre pequeños, son siempre humildes, son siempre cotidianos –agua, aceite, pan, vino… un hombre que parece un hombre cualquiera-. Pero en esos acontecimientos aparentemente insignificantes está la fuerza y la luz del Padre que nos conduce a su Reino.

    Tú también estás llamado a amasar con tus manos signos con los que compartir la esperanza con los humildes y sencillos.

     

  • La imagen y el vacío

    (Juan 10,1-10) OTRAS RELIGIONES, conscientes de la inmensidad de Dios, no se han atrevido a proponer otra imagen de la divinidad que la del vacío. Tanto en el budismo, con el nirvana, como en la religión musulmana, con el mihrad, cada uno a su manera, el creyente se deja afrontar por el vacío como camino para acceder a Dios. Sorprendentemente en el evangelio de este domingo Jesús se compara a sí mismo con una puerta: “Yo soy la puerta por la que se entra a la vida verdadera”. Una puerta es un hueco, un vacío, que permite a todos entrar.

    Dejar espacio al otro para que pueda crecer y decidir por sí mismo es uno de los atributos de la humildad. Parece que mientras más protegemos y dirigimos, más queremos; pero algunas veces nuestros sentimientos nos hacen ocupar demasiado espacio y errar.

    Ante una imagen –hermosa, devocional, querida- nos sentimos invitados a hablar, a dar las gracias, a pedir. No abren el horizonte de nuestra vida. Ante la inasible inmensidad de Dios nos sentimos invitados a ensancharnos, a caminar, a buscarlo sin detenernos, a olvidarnos de nuestro yo.

    Las imágenes religiosas tienen otro peligro, un peligro muy serio: que las tratemos con actitud idolátrica. Honramos a una imagen de madera; agasajamos a una imagen hecha por obra del hombre; enaltecemos a nuestra imagen, que en el fondo es enaltecernos a nosotros mismos.

    “No permitas, Señor, que sustituyamos la santidad que te rodea por una imagen hecha por nuestras manos. Al contrario, que todo lo que nos llame a abrirte nuestro corazón nos haga encontrarnos contigo y entregarnos nuestros hermanos con más verdad”.

     

  • El Francisco de Dios Jiménez, un fortín para el Real Betis FSN

    Podría proclamarse en casa campeón de liga en el partido que disputa frente al Bujalance este sábado  

    El Real Betis FSN encara este sábado, día 26,a las 18:00 horas, el partido que ha esperado durante toda la temporada, ya que puede proclamarse campeón este sábado 26 de abril frente a Bujalance Caldererías Manzano en el Francisco de Dios Jiménez.  

    Los pupilos de José Vidal partirán con la ventaja de jugar en su pista, en el pabellón donde solo han perdido dos partidos en lo que va de temporada, uno en los octavos de final de Copa del Rey frente al Levante UD DM y otro en liga frente a UD Coineña FS. El resto, los cuenta todos por victorias, anotando un total de ciento veintitrés goles, de los que sesenta anotó en la primera vuelta de la competición, cincuenta y nueve en lo que va de segunda y cuatro en el partido de Copa del Rey. Encajando sólo cincuenta y uno, veintiuno en la primera vuelta, veinticinco en lo que va de segunda vuelta y seis en la eliminatoria del torneo del KO.  

    Además, en el Francisco de Dios Jiménez, el Real Betis FSN cuenta con una ventaja añadida, su afición, que durante toda la temporada ha asistido en masa a apoyar a su equipo, en una media de 550 espectadores por encuentro, por lo que desde el club se espera el lleno en el pabellón nazareno en el partido en el que el conjunto verdiblanco puede proclamarse campeón del grupo V de 2ª División B restando aún dos jornadas por disputarse.

  • Dejarse encontrar

    (Juan 20,19-29) PENSAMOS QUE tenemos que buscar a Dios, y nos equivocamos. Pensamos que tenemos que encontrar a Cristo, y erramos en nuestra manera de afrontar nuestra fe y nuestra vida. Pensamos que nuestro esfuerzo es el que nos abre el camino de la vida, y solo cuando, cansados, nos abandonamos estamos en situación de ser encontrados.

    En la vida, el precio que tenemos que pagar por lo que da sentido  es tan grande que nunca podemos costearlo. No podemos comprar el amor verdadero, ni con dinero ni con sacrificados favores. El amor se nos regala gratuitamente o no es amor. No podemos comprar el aprecio de los demás, y si intentamos hacerlo nunca nos apreciarán de manera ajustada a los esfuerzos que hemos hecho para conseguirlo. Las sombras del victimismo y la inseguridad son alargadas, y oscurecen nuestra alma en cuanto nos quedamos solos.

    Los evangelios de estos domingos nos hablan de la experiencia de los discípulos con Cristo Resucitado.

    Tampoco los primeros discípulos pudieron forzar el encuentro con Cristo Resucitado. Lo único que hicieron algunos fue encerrarse en una casa, paralizados por el miedo, dándose un poco de ánimo unos a otros. En ese reconocimiento de la debilidad propia, en esa confianza en que la debilidad ajena puede ser nuestra propia fortaleza, Jesús de Nazaret se presentó en medio de ellos entregándoles una paz profunda, inédita.

    La fe es experiencia de encuentro con Dios; que nos encuentra en nuestra sorpresa por lo gratuito y lo inmerecido que llena la vida. Tener fe es dejar de correr y dejarse encontrar.