Etiqueta: dios

  • ¿Desde recién nacido?

    (Juan 1, 1-18) Hubo en la historia de la Iglesia –que como sabéis da para todo– personas que pensaron que Jesucristo fue un hombre tal y como nosotros lo somos, pero que por su virtud y su capacidad de cumplir los mandatos divinos fue “adoptado” por Dios como hijo suyo. Es decir, que el niño nacido en el pesebre, todavía no sería Dios. Jesús llegó a ser, que no es poco, un hombre acogido por la divinidad.

    Sin embargo, no es esa nuestra fe. No lo es y no debe de serlo. Porque de ser así, Dios sólo querría de nosotros nuestra bondad, nuestra capacidad para hacer el bien, nuestra fuerza moral para asumir su mensaje. Dios no nos querría en nuestra debilidad, no nos querría en nuestras dificultades, no nos querría en el gozo sencillo que la vida nos depara –no acogió a Jesús en el ámbito de lo divino por nada de eso–.

    Pero, entonces Dios no sería Padre. Un Padre quiere a su hijo especialmente cuando es débil; lo quiere especialmente cuando se encuentra perdido en el camino; lo quiere especialmente cuando no sabe y no puede. Nuestra fe cristiana es así de hermosa. Dios Padre quiso a su Hijo, niño recién nacido, débil, sin más poder que el de despertar ternura infinita.  Nos envió a su Hijo para querernos a todos como a sus hijos; especialmente cuando somos débiles, especialmente cuando nos perdemos, cuando no sabemos y no podemos. Es el reto más grande de la fe a la razón, es cierto; pero no hay más camino, me parece, para creer razonablemente en Dios.

  • En el corazón de un cristiano siempre será Navidad

    1101Emotiva, personal y comprometida exaltación navideña

    La exaltación de Eva María Ramírez se recordará por haber abierto la pregonera sus sentimientos y convicciones más profundas al público presente el pasado sábado en la parroquia de Santa María Magdalena. Eva María presentó un pregón bastante elaborado y rico en sentimientos navideños, en el que sus arraigadas convicciones religiosas marcaron el camino de sus palabras.

    Santa Ana, como la anunciadora de su cometido y la Virgen de la Estrella, tras su espalda en el altar por motivo de la celebración de su 50 aniversario, la arroparon en su labor de anunciar la llegada de la Navidad, utilizando para ello el “Belén de mi niño” para ir hilvanando sus ideas principales. La exaltadora habló de la importancia de la caridad en el cristiano, de la familia cristiana, “que no es cierto que esté en crisis”, de la búsqueda de Dios, de la ilusión y su apuesta por los Reyes Magos, de la defensa de la vida frente al aborto e, incluso algún guiño crítico a la tan anunciada retirada de los crucifijos en las escuelas.

    Pero Eva María tuvo palabras más especiales para el cardenal Carlos Amigo Vallejo, para el recién desaparecido Quito o para “la estrella de mi portal”, la Virgen de la Estrella en el año de su cincuenta aniversario.

  • En el corazón de un cristiano siempre será Navidad

    1101Emotiva, personal y comprometida exaltación navideña

    La exaltación de Eva María Ramírez se recordará por haber abierto la pregonera sus sentimientos y convicciones más profundas al público presente el pasado sábado en la parroquia de Santa María Magdalena. Eva María presentó un pregón bastante elaborado y rico en sentimientos navideños, en el que sus arraigadas convicciones religiosas marcaron el camino de sus palabras.

    Santa Ana, como la anunciadora de su cometido y la Virgen de la Estrella, tras su espalda en el altar por motivo de la celebración de su 50 aniversario, la arroparon en su labor de anunciar la llegada de la Navidad, utilizando para ello el “Belén de mi niño” para ir hilvanando sus ideas principales. La exaltadora habló de la importancia de la caridad en el cristiano, de la familia cristiana, “que no es cierto que esté en crisis”, de la búsqueda de Dios, de la ilusión y su apuesta por los Reyes Magos, de la defensa de la vida frente al aborto e, incluso algún guiño crítico a la tan anunciada retirada de los crucifijos en las escuelas.

    Pero Eva María tuvo palabras más especiales para el cardenal Carlos Amigo Vallejo, para el recién desaparecido Quito o para “la estrella de mi portal”, la Virgen de la Estrella en el año de su cincuenta aniversario.

  • Silencio hecho grito

    (Lucas 1,39-45) Mucho tiempo estuvo Dios hablando en el silencio del corazón de cada hombre. Desde el principio de la creación su voz ha resonado en la hermosura y en la libertad que vivimos. Pero quiso que su palabra se hiciera carne y que su presencia se hiciera grito, canto, anuncio, protesta, manifestación y poema.

    El silencio elocuente de Dios tomó carne en el cuerpo de una mujer e hizo suya todas las causas verdaderamente humanas. Hizo suya la causa de los pueblos que viven sin libertad y la grita y la exige cada día. Hizo suya la causa de los que vienen buscando pan y paz a nuestro mundo y conmueve el corazón de cada persona para que vea en el inmigrante a un hermano. Hizo suya la causa de los que viven todavía en el vientre de sus madres y protesta y llora cuando se quiere hacer pasar por inocuo lo que es la eliminación de una vida humana. Hizo suya la causa de los que adocenados por el consumismo y la superficialidad viven, vivimos, sin color, sin esperanza, sin ilusión la vida.

    El silencio de Dios en tu vida quiere también hacerse grito, como en Isabel y María en el evangelio de esta semana. Como en el niño que al nacer necesita llorar para llenar de vida sus pulmones, tu fe y tu vida necesitan una causa a la que entregarse, unas personas a las que mirar y saber que tu vida tiene sentido. El grito de Dios, ahora, vuelve a ser silencioso. Se necesitan altavoces.

  • Silencio hecho grito

    (Lucas 1,39-45) Mucho tiempo estuvo Dios hablando en el silencio del corazón de cada hombre. Desde el principio de la creación su voz ha resonado en la hermosura y en la libertad que vivimos. Pero quiso que su palabra se hiciera carne y que su presencia se hiciera grito, canto, anuncio, protesta, manifestación y poema.

    El silencio elocuente de Dios tomó carne en el cuerpo de una mujer e hizo suya todas las causas verdaderamente humanas. Hizo suya la causa de los pueblos que viven sin libertad y la grita y la exige cada día. Hizo suya la causa de los que vienen buscando pan y paz a nuestro mundo y conmueve el corazón de cada persona para que vea en el inmigrante a un hermano. Hizo suya la causa de los que viven todavía en el vientre de sus madres y protesta y llora cuando se quiere hacer pasar por inocuo lo que es la eliminación de una vida humana. Hizo suya la causa de los que adocenados por el consumismo y la superficialidad viven, vivimos, sin color, sin esperanza, sin ilusión la vida.

    El silencio de Dios en tu vida quiere también hacerse grito, como en Isabel y María en el evangelio de esta semana. Como en el niño que al nacer necesita llorar para llenar de vida sus pulmones, tu fe y tu vida necesitan una causa a la que entregarse, unas personas a las que mirar y saber que tu vida tiene sentido. El grito de Dios, ahora, vuelve a ser silencioso. Se necesitan altavoces.

  • Mi palabra no pasará

    (Marcos 13, 24-32) Conforme la vida nos curte con años, vamos reconociendo lo limitados y débiles que somos. Por eso, si escucháramos a alguien decir: “Mi palabra no pasará”, pensaríamos que es un adolescente en fase de afirmación personal absoluta o que está loco.

    No sabemos a ciencia cierta si Jesús dijo estas mismas palabras, para qué engañarnos; pero todavía es más increíble que sus discípulos, lejos de la euforia de un encuentro impactante, sin la disculpa de la inmadurez de los pocos años, en una dinámica de reflexión comunitaria lenta y progresiva, la pusieran en sus labios. ¿Cómo experimentaron la presencia de Cristo en sus vidas para que se dijeran: “Pasará el imperio de Roma como pasó el de Alejandro Magno. Pero sus palabras no pasarán”?

    Y es que hay palabras que no deben y no pueden pasar; hay palabras que estamos seguros, desde la fe en un Dios Padre, que no van a pasar.

    Cuando estás abrumado por la vida y sus problemas y escuchas dentro, muy dentro: “Ven bendito de tu Padre a descansar en mi regazo de tantas circunstancias difíciles…” Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Cuando ves de cerca el rostro de la injusticia y el sufrimiento del inocente y escuchas casi a flor de piel:

    “Bienaventurados los pobres porque para ellos va a reinar Dios en el mundo”. Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Escoge tú, ahora, dos palabras de Cristo que ni han pasado ni van a pasar en tu vida, porque gracias a ellas puedes seguir viviendo en la humildad y en la verdad de saberte débil, pero de saberte también hijo.
    Rvdo. José Joaquín Castellón.

  • Mi palabra no pasará

    (Marcos 13, 24-32) Conforme la vida nos curte con años, vamos reconociendo lo limitados y débiles que somos. Por eso, si escucháramos a alguien decir: “Mi palabra no pasará”, pensaríamos que es un adolescente en fase de afirmación personal absoluta o que está loco.

    No sabemos a ciencia cierta si Jesús dijo estas mismas palabras, para qué engañarnos; pero todavía es más increíble que sus discípulos, lejos de la euforia de un encuentro impactante, sin la disculpa de la inmadurez de los pocos años, en una dinámica de reflexión comunitaria lenta y progresiva, la pusieran en sus labios. ¿Cómo experimentaron la presencia de Cristo en sus vidas para que se dijeran: “Pasará el imperio de Roma como pasó el de Alejandro Magno. Pero sus palabras no pasarán”?

    Y es que hay palabras que no deben y no pueden pasar; hay palabras que estamos seguros, desde la fe en un Dios Padre, que no van a pasar.

    Cuando estás abrumado por la vida y sus problemas y escuchas dentro, muy dentro: “Ven bendito de tu Padre a descansar en mi regazo de tantas circunstancias difíciles…” Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Cuando ves de cerca el rostro de la injusticia y el sufrimiento del inocente y escuchas casi a flor de piel:

    “Bienaventurados los pobres porque para ellos va a reinar Dios en el mundo”. Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Escoge tú, ahora, dos palabras de Cristo que ni han pasado ni van a pasar en tu vida, porque gracias a ellas puedes seguir viviendo en la humildad y en la verdad de saberte débil, pero de saberte también hijo.
    Rvdo. José Joaquín Castellón.

  • Mi palabra no pasará

    (Marcos 13, 24-32) Conforme la vida nos curte con años, vamos reconociendo lo limitados y débiles que somos. Por eso, si escucháramos a alguien decir: “Mi palabra no pasará”, pensaríamos que es un adolescente en fase de afirmación personal absoluta o que está loco.

    No sabemos a ciencia cierta si Jesús dijo estas mismas palabras, para qué engañarnos; pero todavía es más increíble que sus discípulos, lejos de la euforia de un encuentro impactante, sin la disculpa de la inmadurez de los pocos años, en una dinámica de reflexión comunitaria lenta y progresiva, la pusieran en sus labios. ¿Cómo experimentaron la presencia de Cristo en sus vidas para que se dijeran: “Pasará el imperio de Roma como pasó el de Alejandro Magno. Pero sus palabras no pasarán”?

    Y es que hay palabras que no deben y no pueden pasar; hay palabras que estamos seguros, desde la fe en un Dios Padre, que no van a pasar.

    Cuando estás abrumado por la vida y sus problemas y escuchas dentro, muy dentro: “Ven bendito de tu Padre a descansar en mi regazo de tantas circunstancias difíciles…” Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Cuando ves de cerca el rostro de la injusticia y el sufrimiento del inocente y escuchas casi a flor de piel:

    “Bienaventurados los pobres porque para ellos va a reinar Dios en el mundo”. Esas palabras ni han pasado ni pasarán. Escoge tú, ahora, dos palabras de Cristo que ni han pasado ni van a pasar en tu vida, porque gracias a ellas puedes seguir viviendo en la humildad y en la verdad de saberte débil, pero de saberte también hijo.
    Rvdo. José Joaquín Castellón.