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  • Spider-Man. Lejos de casa: Héroes de excursión

    Spider-Man. Lejos de casa: Héroes de excursión

    Como los superhéroes también son, en el fondo, seres humanos, también terminan agotándose, agobiados por las responsabilidades y, al menos por una temporada, buscan tomarse unas vacaciones. Ese es el caso de Peter Parker (o Spider-Man), quien después de los hechos acontecidos en Vengadores: Endgame, y de que su mayor protector desapareciese, solo quiere descansar. Así, decide irse con su clase a una excursión por distintas ciudades de Europa, donde espera poder declararse a MJ.

    Pero los planes se tuercen cuando Nick Furia aparece para pedirle que les ayude a vencer a unas criaturas elementales (seres hechos de arena, piedra, agua y fuego) que han surgido provocando el caos. El joven Parker deberá decidir si quedarse con sus amigos o enfrentarse junto al equipo de Furia y el apoyo de Mysterio, un héroe procedente de otra dimensión, abierta con el chasquido de Iron Man, para evitar la destrucción del continente.

    Estados Unidos, 2019 (129′)
    Título original: Spider-Man: Far from home.
    Dirección: Jon Watts.
    Producción: Kevin Feige, Amy Pascal.
    Guión: Chris McKenna, Eric Sommers.
    Fotografía: Matthew J. Lloyd.
    Música: Michael Giocchino.
    Montaje: Leigh Folsom Boyd, Dan Lebental.
    Intérpretes: Tom Holland (Peter Parker / Spider-Man), Jake Gyllenhaal (Quentin Beck / Mysterio), Zendaya (MJ), Marisa Tomei (May Parker), Samuel L. Jackson (Nick Furia), Cobie Smulders (Maria Hill), Jon Favreau (Happy Hogan), Jacob Batalon (Ned Leeds), Angourie Rice (Betty Brant), Tony Revolori (Flash Thompson), Remy Hii (Brad Davis).

    Cierre de una fase

    Con Spider-Man: Lejos de casa se cierra definitivamente (ahora sí) la fase 3 del universo MCU llegando a los 3000 minutos de duración total y dando todo el sentido (como se venía diciendo desde la anterior) a la declaración de amor paterno-filial “I love you three thousand”. Y se cierra cambiando el tono de modo radical, centrándose en un humor que está presente en todo momento, algunos verdaderamente delirantes, que aligera de modo evidente la seriedad de las cintas anteriores.

    Ello provoca que el resultado, aunque sin ser para nada malo, sí se queda por debajo de lo deseado. Es una película divertida, mucho, más centrada en los asuntos amorosos de Parker (y alguno de sus amigos) que en las escenas de acción, alguna además demasiado aparatosa y recargada. Se ve con facilidad, se disfruta, se goza, a pesar de cierta previsibilidad. Se ha hecho una cinta conscientemente delirante. Tanto que a veces, por ese afán de los norteamericanos de destruir Europa (y quedar como los salvadores) recuerda a aquella ida de olla que era Team America: La policía del mundo (que Trey Parker dirigió en 2004).

    Las piezas encajan y los momentos más serios (alguno hay) se conectan bastante bien con los más leves, esos de los estudiantes de paseo por el viejo continente o en las que Gyllenhaal se ríe de sí mismo con un personaje glorioso. Posiblemente no pasará a la historia (aunque es mejor de lo que pareciera), pero cumple con creces sus objetivos. Incluso en algunos momentos (sobre todo en esa escena post-créditos) pilla por sorpresa a muchos y, quizás, abre alguna puerta a lo que en breve será la cuarta fase del MCU, que nos llevará por caminos hasta ahora no transitados.

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  • Toy Story 4: La vida sigue después de Andy

    Toy Story 4: La vida sigue después de Andy

    Ejemplo claro de personajes que crecen con los espectadores que los acompañan en el camino, Woody, Buzz y compañía vieron la luz hace casi un cuarto de siglo. Aunque Toy Story 4 está en apariencia destinada a los más pequeños, a nadie se le escapa que los que empezamos el camino con ellos aquel 1995, disfrutaremos tanto o más que ellos.

    En principio hay que agradecer la existencia de Toy Story 4, que no debería existir. Todo apuntaba a que la historia se iba a quedar en trilogía con la desaparición de escena de Andy, ese niño al que todos los juguetes aman (sobre todo Woody), que ya ha crecido lo suficiente para ir a la universidad y dejar de lado a los muñecos que le acompañaron durante la infancia.

    Ahora, la nueva dueña es Bonnie, quien en su primer día de escuela, crea con basura un pequeño juguete, Forky. Está obsesionado con que su sitio es la papelera, lo que ocasionará una enorme aventura en la que Woody y los demás tratarán de salvar al despistado juguete, por lo que significa para Bonnie, y evitar que ésta sufra con su pérdida.

    Estados Unidos, 2019 (100′)
    Título original: Toy Story 4.
    Dirección: Josh Cooley.
    Producción: Mark Nielsen, Jonas Rivera.
    Guión: Andrew Stanton, Stephany Folsom.
    Música: Randy Newman.
    Montaje: Alex Geddes.
    Intérpretes(voces originales): Tom Hanks (Woody), Tim Allen (Buzz Lightyear), Annie Potts (Bo Peep), Tony Hale (Forky), Keegan-Michael Key (Ducky), Madeleine McGraw (Bonnie), Christina Hendricks (Gabby Gabby), Jordan Peele (Bunny), Keanu Reeves (Duke Caboom), Ally Maki (Giggles McDimples), Jay Hernandez (Padre de Bonnie), Lori Alan (Madre de Bonnie), Joan Cusack (Jessie).

    La estructura narrativa

    La estructura narrativa no decae en ningún momento, ya que nada parece funcionar para arreglar los desaguisados que van surgiendo en el camino. Y cada intento por arreglar los embrollos en los que los personajes se meten solo provoca nuevos problemas. Mención aparte de ese, por momentos adorable, por momentos insufrible, Forky (el Jar Jar Binks de la saga Toy Story), es interesante también que son otros personajes los verdaderamente destacables en la trama, casi todos ellos femeninos. Aunque la pareja protagonista de la saga (Woody y Buzz) tiene, como no podría ser de otro modo, gran importancia en el desarrollo de los acontecimientos,

    Desde la reaparición de Bo-Beep (que ha crecido infinitamente desde la última vez que la vimos), a la diminuta Giggles McDimples, o a una ‘malvada’ de entidad como Gabby Gabby (que no podía tener mejor voz -original- que la de Christina Hendricks, por cierto). Y no es ella la única voz popular entre los nuevos personajes (ahí está también el amigo Keanu Reeves, por ejemplo).

    Toy Story 4 no llega al nivel de las anteriores (el tercer capítulo dejó el listón muy alto con una obra casi perfecta), pero estamos ante una película muy divertida, muy emotiva, con momentos que provocan la lágrima. Los diversos mensajes funcionan, y en la mente de la hasta ahora figura paternal de Woody, que ahora acoge bajo sus protectoras alas a Forky, crece la sensación de desplazamiento, múltiples neurosis, que le llevan a plantearse cuál es su función en la vida, una vez que el niño al que debe proteger y alegrar, le deja de lado. La saga puede continuar ahora con el nuevo giro con el que termina. Esperemos que si algún día termina, lo haga con la calidad obtenida hasta ahora.

  • X-Men Fénix Oscura: El enemigo interior

    X-Men Fénix Oscura: El enemigo interior

    Tras numerosos atrasos en su fecha de estreno (posiblemente porque los responsables ya se olían el pastel), la última de las cintas de la saga X-Men producida por la Fox antes de que la todopoderosa Disney adquiriese la productora, llega por fin a las pantallas esta X-Men Fénix Oscura.

    Ubicada en una línea temporal distinta al resto de la saga, volviéndola algo más caótica, y en la que, aunque los personajes sean los mismos, no lo es la historia ya que (no estoy desvelando nada, ya que este elemento fundamental del argumento aparece en el trailer) una desatada Jean Grey (aquí conocida también como Fénix Oscura) mata a Mística, provocando una fractura entre los mutantes que quieren venganza y los que piensan que la Grey que todos quieren todavía puede salvarse.

    La película X-Men El Enemigo Interior toma como protagonista casi exclusiva a uno de los miembros más poderosos del grupo, Jean Grey, de la que conocemos su infancia, cuando con sus poderes provocó el accidente que mató a sus padres. Tras ello, la pequeña queda al cuidado del Profesor Charles Xavier, cabeza visible de los mutantes, que (en esta ocasión) tienen una excelente relación con el común de los mortales y ayudan al Gobierno cuando lo necesitan.

    Por ello, cuando años después una nave espacial quede a la deriva poco después de despegar al recibir una descarga de una energía cósmica desconocida, los X-Men acudirán al rescate de los astronautas. La misión va bien hasta que Grey es alcanzada por la desconocida energía, que debería haberla destruido pero que la convierte en un ser muy poderoso. Un poder que, ya de vuelta a la Tierra, descubre que no puede controlar ni comprender, cayendo en una espiral fuera de control destrozando todo lo que unía a los mutantes.

    Estados Unidos, 2019 (113′)
    Título original: Dark Phoenix.
    Escrita y dirigida: Simon Kinberg, basado en los cómics de Jack Kirby y Stan Lee.
    Producción: Todd Hallowell, Simon Kinberg, Hutch Parker, Lauren Shuler Donner.
    Fotografía: Mauro Fiore.
    Música: Hans Zimmer.
    Montaje: Lee Smith.
    Intérpretes: Sophie Turner (Jean Grey / Fénix), James McAvoy (Profesor Charles Xavier), Michael Fassbender (Erik Lehnsherr / Magneto), Jennifer Lawrence (Raven / Mística), Nicholas Hoult (Hank McCoy / Bestia), Tye Sheridan (Scott Summers / Cíclope), Alexandra Shipp (Ororo Munroe / Tormenta), Jessica Chastain (Vuk), Kodi Smit-McPhee (Kurt Wagner / Rondador Nocturno), Summer Fontana (Jean Grey, niña).

    Simon Kinberg, que llevaba años detrás de la franquicia como productor y guionista, se pone esta vez además detrás de la cámara, estrenándose como director además, y demostrando más carencias que virtudes. La película es un despropósito absoluto, fallando en todo lo que se propone. No funcionan ni las decisiones en la dirección, ni los numerosos problemas narrativos que su guion tiene a lo largo de todo el metraje.

    A pesar de un arranque prometedor, pronto el interés se difumina, y en su parte final se desquicia totalmente, acumulando planos en las peleas y escenas de acción en las que ni el propio director sabe lo que está pasando y quiénes están participando. Al final, no hay mayor sorpresa más allá de la (relativa) de que el enemigo no es externo, sino que pertenece al mismo grupo. Lo que quizás sea nuevo en la saga, pero no en el cine. Y es curioso además, que sirva para definir a la película: el enemigo, lo que le perjudica, lo que la hace mala, está en su interior, está en ella misma.

    X-Men Fénix Oscura es una película reiterativa (mucho), en la que los personajes (Charles Xavier sobre todo) no hacen más que repetir una y otra vez las mismas ideas; no sabemos qué es lo que nos quiere contar el director, que acumula ideas y mensajes que, en ocasiones, parecen metidas con calzador, que no estaban en su cabeza originalmente.

    Por ejemplo, el mensaje feminista que Mística le espeta a la cara nada más volver de la misión (son ellas las que siempre acaban sacando las castañas del fuego, por lo que deberían llamarse las X-Women) se menciona de pasada, y después se olvida para siempre. Así, en un momento en el que el universo cinematográfico donde se está mostrando a la mujer como el ser más poderoso (ahí están, por ejemplo, Capitana Marvel y Wonder Woman para demostrarlo), viene Fénix Oscura a sumarse al grupo.

    El problema, el principal problema, es que Sophie Turner, por muy Reina del Norte que sea, no tiene el carisma de Brie Larson ni de Gal Gadot. Ni ella, ni ninguno de los personajes que se mueven en esta historia que aburre y que, peor aún, pierde a medida que pasan las horas.

  • De la India a París en un armario de Ikea

    De la India a París en un armario de Ikea

    De la India a París en un armario de Ikea está a medio camino entre la apología del buen rollo, un documental de viajes y un publi-reportaje de la tienda de muebles del título español (¿habrán pagado por la enorme promoción gratuita que su sola mención supone?).

    Esta adaptación de una muy exitosa novela es emotiva, tierna, divertida en muchos momentos, aunque definitivamente con un exceso de azúcar que llega a empalagar en alguna circunstancias, dejando en un segundo plano el asunto verdaderamente importante de la cinta: la problemática de los inmigrantes ilegales en Europa y las mil vicisitudes a las que se enfrentan.

    Aja es un joven estafador y buscavidas que sobrevive en la India a base de engaños. Tras la muerte de su madre, decide viajar a París, donde siempre había soñado ir con ella, y siguiendo las huellas de su desconocido padre. Allí, acude a una tienda de Ikea, ya que está enamorado de sus muebles desde niño. Y entre sofás y estanterías conoce a Marie, una americana de la que queda prendado al instante y con la que acuerda encontrarse al día siguiente. Como no tiene dinero, decide quedarse escondido en la tienda, dentro de un armario. Pero esa misma noche ese armario es enviado al extranjero. Aja vivirá mil aventuras y recorrerá múltiples lugares intentando volver a París para encontrarse con Marie.

    Francia-India-Singapur-Bélgica-Estados Unidos, 2018 (92′)
    Título original: The extraordinary journey of the fakir.
    Dirección: Ken Scott.
    Producción: Aditi Anand, Luc Bossi, Gulzar Inder Chahal, Samir Gupta, Saurabh Gupta, Grégoire Lassalle, Genevieve Lemal, Jaime Mateus-Tique.
    Guión: Luc Bossi, Romain Puértolas, basado en la novela de Romain Puértolas.
    Fotografía: Vincent Mathias.
    Música: Nicolas Errèra.
    Montaje: Philippe Bourgueil, Yvann Thibaudeau.
    Intérpretes: Dhanush (Ajatashatru Lavash Patel), Bérénice Bejo (Nelly Marnay), Erin Moriarty (Marie), Barkhad Abdi (Wiraj), Gérard Jugnot (Gustave), Ben Miller (Oficial Smith), Abel Jafri (Capitán Fik), Sarah-Jeanne Labrosse (Rose), Kay Greidanus (Pieter), Amruta Sant (Siring), Hearty Singh (Aja, niño).

    Fábula de aventuras, Dhanush (o mejor, Aja) va de la India a París, y después a Londres, Barcelona, Roma, sin que (en realidad) hagamos una visita turística más que a la última de ellas, gracias a la amistad que entabla con la actriz diva que encarna Bérénice Bejo, En Barcelona no sale del aeropuerto, en Londres no abandona la comisaría. Porque lo que importa es las relaciones del protagonista con gente de muy variado pelaje, asunto en el que De la India a París en un armario de Ikea (original pero desastroso título que poco tiene que ver con el original y con lo que pasa en la historia), siendo demasiado edulcorada en la mayoría de ellas.

    Si la película funciona es sobre todo gracias al encanto de su protagonista, un actor muy popular en el cine de Bollywood. A este le acompañan otros conocidos intérpretes, entre los que encontramos dos nominados al Oscar.

    La historia está construida con la clara intención de gustar, hacer pasar un buen rato, divertir y hacer sonreír. En ese aspecto, consigue su objetivo. Más allá de eso, se lanza un mensaje sobre las bondades del multiculturalismo, y sobre el descubrimiento de lo que realmente importa en la vida. Aquí es donde ligeramente patina, resultando demasiado edulcorada en muchas de las situaciones.

    De la India a París en un armario de Ikea está a medio camino entre la apología del buen rollo, un documental de viajes y un publi-reportaje de la tienda de muebles del título español
  • Los hermanos Sisters: La quimera del oro

    Los hermanos Sisters: La quimera del oro

    Ganadora del premio al mejor director en el Festival de Venecia y de cuatro Cesars franceses, la última obra de Jacques Audiard, Los hermanos Sisters, demuestra que, si bien el género del western hace mucho que dejó de tener la importancia que tenía allá por mediados del siglo pasado (por entonces se superaba sobradamente la centena de producciones anuales, y ahora escasamente se pasa de la decena) en los últimos años estamos asistiendo a un grupo de películas ciertamente interesantes, cuando no cerca de lo magistral. Un ejemplo más es esta Los hermanos Sisters, que resulta un absoluto deleite, y en la que los temas habituales del género se tratan de un modo distinto.

    En plena fiebre del oro, unos Estados Unidos salvaje y con una naturaleza apabullante, los hermanos Eli y Charlie Sisters son unos sicarios sin escrúpulos que viajan por el país cumpliendo las órdenes del Comodoro. Su última misión es encontrar y matar a un buscador de oro que parece tener un método infalible para hacerse rico. Así, se embarcan en un viaje cruzando el país, un viaje que pondrá a prueba el vínculo entre los dos hermanos.

    Francia-España-Rumania-Bélgica-Estados Unidos, 2018 (122′)
    Título original: The Sisters Brothers.
    Dirección: Jacques Audiard.
    Producción: Pascal Caucheteux, Michael de Luca, Alison Dickey, Michel Merkt, John C. Reilly.
    Guión: Jacques Audiard, Thomas Bidegain, basado en el libro de Patrick DeWitt.
    Fotografía: Benoît Debie.
    Música: Alexandre Desplat.
    Montaje: Juiette Welfling.
    Intérpretes: John C. Reilly (Eli Sisters), Joaquin Phoenix (Charlie Sisters), Jake Gyllenhaal (John Morris), Riz Ahmed (Hermann Kermit Warm), Rebecca Root (Mayfield), Rutger Hauer (El Comodoro).

    Audiard recurre a los elementos comunes del género: vemos largas cabalgadas por praderas casi desérticas, tiroteos (quizás más sangrientos de lo habitual) y peleas de bar, borracheras, ciudades en medio de la nada, pero el director parece preocuparse más por otros elementos, como descubrir el placer de lavarse los dientes.

    Con tres tramas que transcurren paralelas (la de los hermanos protagonistas, la del buscador de oro y John, un detective privado que le persigue a escondidas, y la del Comodoro, que ocurre casi en su totalidad fuera de plano, y de la que podemos conocer a través de los comentarios de los demás), la historia refleja los devaneos existenciales de los protagonistas. Saben que tienen las manos manchadas de sangre, que han hecho mucho daño, pero o son incapaces de cambiar o creen que el camino para cambiar de vida e iniciar un nuevo sueño más relajado, pasa por esa especie de calvario iniciático.

    Un trabajo actoral impecable, una fotografía magnífica y una banda sonora que roza lo excelso, en una película que habla de la culpa, del miedo, de la ambición y de la búsqueda de cierta redención. Los hermanos Sisters resalta también por el retrato que hace del amor fraternal y de la tristeza del hombre en un mundo salvaje al que no le ve sentido.

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  • Las idas y venidas de un yonqui

    Las idas y venidas de un yonqui

    BEAUTIFUL BOY, SIEMPRE SERÁS MI HIJO

    El belga Felix van Groeningen alcanzó el punto álgido de su carrera a principios de esta década, con su película The broken circle breakdown (también conocida como Alabama Monroe), con la que recibió numerosos premios y reconocimientos en diversos festivales (Sevilla entre ellos) e incluso llegó a estar nominado al Oscar.

    Desde entonces solo dos películas más, Bélgica, una pequeña producción que casi pasó desapercibida, aunque ganó el premio a mejor director en Sundance, y esta Beautiful boy, su salto al cine de Hollywood, en la que trata la adicción a las drogas y los intentos de salir de ese oscuro mundo.

    Basado en el libro del periodista y escritor David Sheff y en el de su hijo Nic, ambos biográficos y que recogen los mismos hechos desde sus diferentes y respectivos puntos de vista, conocemos cómo un aún adolescente Nic cae en el consumo de metanfetamina, y vemos todo el duro proceso de desintoxicación, con subidas y bajadas, idas y venidas, recaídas varias, y cómo vivieron esos años.

    Estados Unidos, 2018 (120′)
    Título original: Beautiful boy.
    Dirección: Felix van Groeningen.
    Producción: Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Brad Pitt.
    Guión: Luke Davies, Felix van Groeningen, basado en los libros de David Sheff y Nic Sheff.
    Fotografía: Ruben Impens.
    Música: Fernando Velázquez.
    Montaje: Nico Leunen.
    Intérpretes: Steve Carell (David Sheff), Maura Tierney (Karen Barbour), Jack Dylan Grazer (Nic Sheff, 12 años), Oakley Bull (Daisy Sheff), Christian Convery (Jasper Sheff), Timothée Chalamet (Nic Sheff), Amy Aquino (Annie Goldblum), Carlton Wilborn (Vince), Stefanie Scott (Julia).

    La película se apoya en la interpretación de los dos protagonistas masculinos, solventes aunque no brillantes, dejando a un lado a los dos personajes femeninos (madre y madrastra de Nic) que quedan totalmente infrautilizados. Las subidas y bajadas en el proceso terminan siendo una noria en la que una y otra vez volvemos al mismo punto. Pero esto no resulta en un filme emotivo, emocionante, sino más bien aburrido y plano.

    Lo que podría haber sido una profunda y dura historia, aunque también podría haberse decantado por un melodrama lacrimógeno, no es al final ni una cosa ni la otra. Porque la película descarrila continuamente, y no engancha en ningún momento con sus continuas idas y venidas entre el pasado feliz y la tortura psicológica actual. El uso reiterativo (y muchas veces sin lógica) de flashbacks que muestran la infancia de Nic repleta de felicidad junto a su padre, resulta confuso en muchas ocasiones, haciendo que todo aparezca innecesariamente enrevesado.

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  • Reescribir la historia

    Reescribir la historia

    ¿PODRÁS PERDONARME ALGÚN DÍA?

    Los Oscar de este año han sido, quizás, los más extraños de las últimas ediciones, con más ausencias inexplicables y más nominadas que hacían preguntarse qué pintaban allí. Además, algunos de los premios han sido totalmente demenciales, una película como ¿Podrás perdonarme algún día?, que en otras circunstancias habría sido de las más nominadas e incluso se habría llevado premio, se ha ido a casa sin nada de las solo tres opciones que tenía.

    Basada en la novela autobiográfica de la escritora Lee Israel, que fue autora de biografías superventas de gente como Katherine Hepburn o Estée Lauder años atrás, pero que ahora ha caído en desgracia por el cambio en los gustos literarios de los lectores y se encuentra sin dinero y viviendo en un pequeño piso del que ya debe varios meses de alquiler. Entonces, la casualidad hace que encuentre una carta personal de una escritora que le hace ganar una curiosa cantidad económica. Lo que le da la idea para empezar a falsificar y vender cartas privadas de celebridades del cine y la literatura ya fallecidas, inventando realidades, hasta que algunos coleccionistas y el mismísimo FBI empiezan a sospechar.

    Estados Unidos, 2018 (106′)
    Título original: Can you ever forgive me?
    Dirección: Marielle Heller.
    Producción: Anne Carey, Amy Nauiokas, David Yarnell.
    Guión: Nicole Holocefner, Jeff Whitty, basado en las memorias de Lee Israel.
    Fotografía: Brandon Trost.
    Música: Nate Heller.
    Montaje: Anne McCabe.
    Intérpretes: Melissa McCarthy (Lee Israel), Richard E. Grant (Jack Hock), Dolly Wells (Anna), Ben Falcone (Alan Schmidt), Gregory Korostishevsky (Andre), Jane Curtin (Marjorie), Stephen Spinella (Paul), Christian Navarro (Kurt), Pun Bandhu (Agente Doyle), Erik LaRay Harvey (Agente Solanas).

    Dirigida por Marielle Heller, que debutó con la muy interesante The diary of a teenage girl, la película demuestra el popular dicho de que ‘la realidad supera a la ficción’, y es que los hechos que nos narra son tan inverosímiles que no queda más remedio que sean ciertos. Cuenta además con una Melissa McCarthy que despliega una fabulosa vena dramática, más allá de las comedias gamberras a las que nos tenía acostumbrados, y regalándonos la mejor actuación de su carrera, que le otorgó la nominación al Oscar (aunque se enfrentara a rivales muy poderosas).

    Pero aunque es precisamente McCarthy, acompañada por la también gran interpretación de Richard E. Grant, la mayor baza de esta película, es también muy interesante el concepto (opuesto) que maneja del manido sueño americano, cuando aquí la protagonista consigue el éxito que busca pero debe mantener el anonimato. Justo lo contrario a lo que buscaban los protagonistas cuando se dedicaban a sus trabajos. Denuncia así cómo talento y éxito no van siempre de la mano, algo que hemos visto mil veces en televisión (esas estrellas que no han hecho absolutamente nada en la vida) y también en la literatura, donde lo que vende es el nombre que está detrás, independientemente de que lo que cuente la obra tenga valor por sí mismo o no.

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  • Triángulo de amor bizarro

    LA FAVORITA

    En la Inglaterra del siglo XVIII, con el país en guerra contra Francia, y una reina debilitada e inestable, enferma física y mentalmente, quien realmente dirige los designios del país a su antojo y beneficio es Lady Sarah Marlborough. Ella es la mano derecha de la monarca, a la que maneja cual títere.

    Cuando llega al palacio una nueva sirvienta, Abigail, prima lejana de Sarah, antes aristócrata pero caída en desgracia tiempo atrás, esta intentará recuperar su antiguo estatus, y comenzará entre ellas una competición por ganarse los favores de la monarca y convertirse en su favorita.

    La tercera película en inglés del director griego Yorgos Lanthimos, séptima en su filmografía, y primera cuyo guion no firma él mismo, es quizás la más accesible de sus cintas, la que más posibilidades tiene de llegar a un gran público, a pesar de que su estilo, sus grandes temas, su modo de afrontar y mostrar, siguen siendo los mismos, por lo que siguen siendo fácilmente reconocible las marcas autorales del mismo.

    El libreto que han creado los británicos Deborah Davis (novata en esto del cine) y Tony McNamara (curtido en el mundo de las series de televisión) es magnífico. No llega a tener la pegada de las anteriores obras del heleno, pero casi casi. Ahí están por ejemplo, unos diálogos ingeniosos, chispeantes y (en ocasiones) deliberadamente anacrónicos (acorde con los personajes, unas mujeres evidentemente adelantadas a su tiempo, y a las que Lanthimos no duda en meterlas en humillaciones -con decir que la aparición de Abigail en palacio es tirarla de bruces en un charco de barro y excrementos creo que se evidencia esta idea-), que resultan mordaces, y donde el humor negro del director están claramente presentes en todo momento.

    Irlanda-Reino Unido-Estados Unidos, 2018 (119′)
    Título original: The favourite.
    Director: Yorgos Lanthimos.
    Producción: Ceci Dempsey, Ed Guiney, Yorgos Lanthimos, Lee Magiday.
    Guión: Deborah Davis, Tony McNamara.
    Fotografía: Robbie Ryan.
    Montaje: Yorgos Mavropsaridis.
    Intérpretes: Olivia Colman (Reina Anna), Emma Stone (Abigail Hill), Rachel Weisz (Lady Sarah), Nicholas Hoult (Harley), Joe Alwyn (Masham), James Smith (Godolphin), Mark Gatiss (Lord Marlborough), Jenny Rainsford (Mae), Tim Ingall (Lord Bingley).

    Visualmente, La favorita destaca por una fotografía excelente que recuerda en no pocos momentos al Kubrick de Barry Lindon. Lanthimos recurre a una cámara que está casi permanentemente en movimiento, acudiendo también en muchos momentos al gran angular y al ojo de pez, que deforman la perspectiva y distorsionan la realidad, y muestran al personaje como un ser ínfimo y solo en el universo. El vestuario, los juegos de luces, la composición de los planos, el barroquismo y bizarrismo en los decorados, en el diseño de producción, hacen que la estética sea sencillamente magnífica.

    Pero no podemos olvidar que estamos en una película de Lanthimos. Y a pesar de la belleza (a ratos, ya he mencionado antes que el director también recurre a la suciedad, a la enfermedad, a las cicatrices y la sangre en muchos momentos), y a pesar de ser una película de época, la trama va por unos derroteros (mucho) más turbios, en los que el director es ducho.

    Es este un sátiro y destructivo triángulo amoroso entre una reina y dos mujeres que luchan por ser su mano derecha (y algo más que eso). Una perturbadora y apabullante historia de amor, celos y poder, una exploración de lo venenoso que puede resultar un halago. Es cruel y cruda, ridiculiza y muestra la decadencia moral de una clase social, dejando que sea el espectador el que juzgue. Es tremendamente actual, a pesar de transcurrir hace tres siglos. Y es lo suficientemente inteligente para no caer en lo fácil (que hubiera sido el enfrentamiento final, con todas las consecuencias de Lanthimos, entre las dos rivales).

    Y no se puede olvidar hablar de sus tres protagonistas, ese tridente interpretativo en estado de gracia que conforman unas brillantes Rachel Weisz y Emma Stone, y una excelsa Olivia Colman (la única, y cada día crecen las posibilidades, que puede poner en aprietos a Glenn Close y Lady Gaga en los Oscar de este año). Personajes repletos de matices y que basculan de un estado a otro, de un sentimiento a otro, con apenas un gesto, y que son un deleite absoluto en esta historia de luchas de poder donde lo íntimo de los poderosos puede determinar lo que le ocurre al resto de los pobres mortales. Como en la vida real, vamos.

  • El arte de dominar el mundo

    El arte de dominar el mundo

    EL VICIO DEL PODER

    En sus inicios en la dirección, después de seis años como guionista del mítico Saturday Night Live, Adam McKay trabajó en comedias interesantes en las que se lucía su amigo Will Ferrell, uno de las estrellas del famoso programa televisivo.

    Ahora, este ejerce como productor en la nueva película del realizador, filme político no exento de mala baba, con una fina ironía que ya estaba presente en su anterior cinta, la muy interesante La gran apuesta, que ya le valió el Oscar al mejor guion adaptado, premios en los que este año, con esta Vice (referido al puesto político del protagonista, pero que aquí, por el doble juego del significado del término y del comportamiento de aquél, se ha llamado El vicio del poder), puede repetir.

    La película recorre durante tres décadas la vida, personal y política, de Dick Cheney. Desde que es expulsado de la universidad, hasta sus devaneos y chanchullos políticos siendo vicepresidente de los Estados Unidos, un puesto que normalmente es poco más que decorativo, pero que en sus manos le convirtió en el hombre más poderoso del planeta, el que movía los hilos, el que convirtió el mundo en el mundo que hoy conocemos.

    Estados Unidos, 2018 (132′)
    Título original: Vice.
    Escrita y dirigida : Adam McKay.
    Producción: Megan Ellison, Will Ferrell, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Adam McKay, Kevin J. Messick, Brad Pitt.
    Fotografía: Greig Fraser.
    Música: Nicholas Britell.
    Montaje: Hank Corwin.
    Intérpretes: Christian Bale (Dick Cheney), Amy Adams (Lynne Cheney), Steve Carell (Donald Rumsfeld), Sam Rockwell (George W. Bush), Alison Pill (Mary Cheney), Eddie Marsan (Paul Wolfowitz), Justin Kirk (Scooter Libby), Lisagay Hamilton (Condoleezza Rice), Jesse Plemons (Kurt), Bill Camp (Gerald Ford), Don McManus (David Addington), Lily Rabe (Liz Cheney), Tyler Perry (Colin Powell).

    El tema de la alta política, la incursión en la historia de un elevado número de personajes y tramas, puede resultar complejo, pero McKay crea una narración que no es difícil de seguir, muy bien estructurada, y que atrapa al espectador en sus más de dos horas de metraje. Porque el elemento fundamental aquí no es lo que se cuenta (en el fondo es una historia que ya conocemos) sino cómo se cuenta. Y aquí, no solo McKay ha tenido mucho que ver. También es gracias a las elecciones (acertadísimas todas ellas) en el montaje de Hank Corwin.

    Hay un falso final (con créditos incluidos), escenas que se acercan a lo onírico, un narrador omnisciente que (curiosamente) nada tiene que ver con el personaje cuya vida se cuenta (hasta el final, claro, en el que se descubre su identidad y vemos, como ya decía antes, esa mala baba que se destila en todo momento). Incluso, El vicio del poder se ríe de sí misma en lo único que se le podría echar en cara, un claro partidismo, con una escena postcréditos absolutamente genial.

    Mitad biopic, mitad comedia (negra, como puede ser la política mal utilizada), se apoya en la sátira con unos personajes a los que no se le dan concesiones y a los que en ningún momento trata de humanizar. Y cuenta con un reparto en estado de gracia. Sobresale un camaleónico Christian Bale, que ya ha ganado el Globo de Oro por este papel y que apunta al Oscar directamente, pero no solo él. Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell… Todos ellos están fantásticos. Incluso los muchos papeles no acreditados (muy pequeños y ocasionales) donde grandes nombres como Naomi Watts o Alfred Molina brillan.

    Más críticas en: happyphantomblog.wordpress.com.

  • El desencanto de la realidad

    El desencanto de la realidad

    En la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla se pudo ver, fuera de concurso, una proyección especial de Tiempo después, la nueva película de José Luis Cuerda, que ahora llega a las salas comerciales.

    Con ella, el director vuelve a al terreno de la comedia surrealista de la que nos ha regalado varios ejemplos. El más claro y evidente, el que todo el mundo recuerda y de la que esta es su secuela, es Amanece que no es poco, evidente película de culto de la historia actual del cine español.

    Ambientada en el año 9177 -mil años arriba, mil años abajo-, la población del país ha quedado reducida a un solo Edificio Representativo, y un pequeño bosque en las afueras donde se hacinan todos los parados y hambrientos. El orden se descoloca cuando uno de los desempleados quiere vender limonada en el interior del Edificio, lo que le es negado ya que rompería la estabilidad del sistema.

    España, 2018 (95′).
    Escrita y dirigida: José Luis Cuerda.
    Producción: Andreu Buenafuente, José Carmona, Mercedes Gamero, Ibor Ibeas, Mikel Lejarza, Carmela Martínez Oliart, Félix Tusell, Arturo Valls, Jorge Vázquez Caño.
    Fotografía: Pau Esteve Birba.
    Música: Lucio Godoy.
    Montaje: Emma Tusell.
    Intérpretes: Miguel Herrán, Blanca Suárez, Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Carlos Areces, Nerea Camacho, Arturo Valls, Berto Romero, Gambino Diego, Miguel Rellán, Manolo Solo, Estefanía de los Santos.

    Repartos corales

    Cuerda demuestra que sabe manejar a la perfección los repartos corales, dándoles momentos de lucimiento a (casi) todos los miembros del muy extenso reparto. Una plétora de intérpretes plagada de nombres conocidos con los que el director y guionista se ríe de y critica a la monarquía, la juventud, la cultura, la izquierda política, y la realidad del mundo actual en general, con el que Cuerda se muestra realmente desencantado.

    La película es irregular, y en su discurso se suceden sin descanso un gag detrás de otro, algunos corrosivos y delirantes, otros sin apenas gracia. Pero aun así necesaria y muy, muy distinta al resto de comedias españolas que se estrenan habitualmente. Eso sí, esta secuela se queda lejos de lo que fue la original de la que precede.

    Tiempo después roza el ridículo en muchos momentos. A veces de modo voluntario, pero otras (y ahí está el problema), no. Cuando lo hace, Cuerda borda una cinta molesta y casi brillante. Pero cuando cae en sus peores defectos, se hunde irremediablemente.