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  • El Traidor: La familia de la Mafia

    El Traidor: La familia de la Mafia

    Marco Bellocchio es uno de los clásicos del cine italiano, un hombre que sigue en plena forma fílmica a sus ochenta años. Ahora, tras pasar por Cannes, vuelve con su nueva cinta, El traidor, película que ha arrasado en su país llevándose siete premios de la crítica italiana (mejor película, director, guion, actor, actor de reparto, montaje y banda sonora). Así como dos Globos de Oro italianos (no confundir con los otros premios homónimos que se entregan en Hollywood) al mejor director y banda sonora. Además de haber sido seleccionada por su país para representarla en la próxima edición de los Oscar (aunque no ha pasado el último corte).

    Basada en hechos reales, El traidor sigue los pasos de Tommaso Buscetta, un soldado de la Cosa Nostra, que en plena batalla entre las familias que la componen decide escapar a Brasil, dejando todo atrás, a su familia real, y a la del crimen. Poco después de que sus dos hijos mayores sean asesinados por las bandas rivales, sin que él pueda hacer nada por evitarlo, es detenido por la policía brasileña y extraditado a Italia. Entonces, toma una decisión inesperada para todos: reunirse con el juez Falcone y delatar a toda la organización, traicionando el juramento que hizo a la Cosa Nostra.

    Bellocchio estructura su película con continuos flash-backs (algunos apenas duran unos segundos) que van ampliando la información, o explicando las motivaciones y orígenes de los hechos del presente. Aunque también es cierto que alguno de ellos es prescindible, y lo único que hace es alargar innecesariamente un metraje abultado. Ello no impide que El traidor sea una película de evidente fuerza emocional y un ritmo que (con alguna excepción) se mantiene constante.

    Visualmente tiene momentos muy contundentes, como ese contador de muertes, en continuo ascenso, que se detiene con cada escena de asesinato (alguno rodado de modo salvaje y con una estética fascinante), o el último atentado que se muestra, ya cercano el final, desde dentro de un coche. Sin embargo, la escena más brutal y sobrecogedora no está protagonizada, contradictoriamente, por los miembros de la mafia, sino por la policía brasileña, que, para sonsacar información a Buscetta, amenaza con lanzar a su mujer desde un helicóptero.

    El traidor Buscetta, cuya figura podría considerarse un héroe por dar nombre y delatar a capos de la mafia como Pippo Calò o Salvatore Riina, de no ser porque antes había sido él mismo un asesino sanguinario, y que protagoniza de modo muy destacable Pierfrancesco Favino, no es ensalzado por Bellocchio, quien más bien trata de hacer un retrato poderoso de las cloacas del estado, que removieron todas las entrañas del estado italiano no hace demasiado tiempo. Así, el realizador nos presenta otro episodio de la historia reciente del país transalpino.

    Italia-Francia-Alemania-Brasil, 2019 (145′)
    Título original: Il traditore.
    Dirección: Marco Bellocchio.
    Producción: Beppe Caschetto, Viola Fügen, Simone Gattoni, Caio Gullane, Fabiano Gullane, Alexandra Henochsberg, Michael Weber.
    Guión: Marco Bellocchio, Valia Santella, Ludovica Rampoldi, Francesco Piccolo, Francesco La Licata.
    Fotografía: Vladan Radovic.
    Música: Francesca Calvelli.
    Montaje: Joan Manel Vilaseca.
    Intérpretes: Pierfrancesco Favino (Tommaso Buscetta), Luigi Lo Cascio (Totuccio Contorno), Fausto Russo Alesi (Giovanni Falcone), Maria Fernanda Cândido (Maria Cristina de Almeida Guimaraes), Fabrizio Ferracane (Pippo Calò), Nicola Calì (Totò Riina), Giovanni Calcagno (Tano Badalamenti), Bruno Cariello (Alfonso Giordano), Bebo Storti (Franco Coppi), Vincenzo Pirrotta (Luciano Liggio).

  • La gran mentira: Giros sin sorpresa

    La gran mentira: Giros sin sorpresa

    El gran problema de tener un bagaje cinéfilo compuesto de varios miles de películas, de diverso calado, época, procedencia y estilo, es que cada vez es más difícil que te sorprendan, por complicado o rebuscado que sea el giro de la trama de la cinta en cuestión. Es eso precisamente de lo que adolece esta La gran mentira, que basa su golpe final en un giro en su trama que debe causar sorpresa en el espectador, pero que, a pesar de que se esfuerza en esconderlo, es fácil de intuir casi desde el principio. Por lo que, a pesar de que está realizada con solvencia, sorpresa, lo que se dice sorpresa, no causa.

    Roy y Betty son dos jubilados que quedan para conocerse a través de una web de citas y enseguida conectan y entablan una relación en la que se acompañan en sus últimos años. En realidad es una relación desigual, ya que Roy no es el dulce anciano que aparenta, sino un despiadado y violento estafador junto a un compañero con el que se hace pasar por inversos y banquero, y sabe que Betty es una viuda adinerada cuyo dinero planea robar sin que la desdichada Betty se dé cuenta. El problema es que Roy se sorprende a sí mismo al descubrir que alberga sentimientos hacia ella.

    La Gran Mentira arranca de modo interesante y no ofrece ninguna sorpresa más allá de la trama alemana (que por cierto parece metida con calzador y con el único objetivo precisamente de ofrecer algo inesperado), pero no en su giro final, que se ve venir desde muy lejos (aunque se empeñe en ocultar las posibles pistas), lo único que puede ofrecer la última cinta de un director tan irregular como Bill Condon es el inmenso trabajo de dos grandes intérpretes como Ian McKellen y Helen Mirren en su primer trabajo juntos.

    Condon muestra diversas referencias cinéfilas durante la historia, aunque la más evidente es la de la Malditos bastardos de Tarantino (que cobra más sentido al final de la cinta), aunque también a Los impostores (Ridley Scott, 2003) y otras. Pese a ello, o motivado por ello, La gran mentira resulta una película plana, en la que la narración es clásica, sin riesgos, con giros torpes y esperados, y una banda sonora que tiene una presencia permanente que, en muchos momentos, lejos de reforzar la trama lo que consigue es despistar y sacarte de la historia.

    Estados Unidos, 2019 (109′)
    Título original: The good liar.
    Dirección: Bill Condon.
    Producción: Bill Condon, Greg Yolen.
    Guión: Jeffrey Hatcher, basado en la novela de Nicholas Searle.
    Fotografía: Tobias A. Schliessler.
    Música: Carter Burwell.
    Montaje: Virginia Katz.
    Intérpretes: Helen Mirren (Betty McLeish), Ian McKellen (Roy Courtnay), Russell Tovey (Stephen), Jim Carter (Vincent), Mark Lewis Jones (Bryn), Laurie Davidson (Hans Taub (1948)), Phil Dunster (Roy Courtnay (1948)), Lucian Msamati (Beni), Jóhannes Haukur Jóhannesson (Vlad), Tunji Kasim (Michael), Spike White (Hans Taub (1943)), Stella Stocker (Sra. Schröder), Daniel Betts (Sr. Schröder), Nell Williams (Lili), Celine Buckens (Annalise), Lily Dodsworth-Evan (Hannalore), Athena Strates (Charlotte), Aleksandar Jovanovic (Martin Geiger).

  • Intemperie: Un western esquemático

    Intemperie: Un western esquemático

    Ocho años ha tardado el lebrijano Benito Zambrano en rodar su nueva película desde que rodara La voz dormida, en la que, como en este caso, con Intemperie, se centraba en la posguerra española. Poniendo en su foco protagonista a los más desfavorecidos, a los proletarios, a aquellos que difícilmente podían salir adelante y apenas superaban el día a día frente a los poderosos.

    Para ello se ha lanzado a adaptar la fabulosa (y difícilmente trasladable al cine) novela homónima de Jesús Carrasco, donde la atmósfera era mucho más importante que los hechos. El resultado no alcanza a la novela originaria, aunque no es nada desdeñable.

    La historia comienza con una huida, la de un niño que escapa de su pueblo desolado, donde todo está a la orden de aquel al que llaman Capataz, con las voces de sus perseguidores a su espalda. Frente a él, una inmensa y árida llanura que debe atravesar para llegar a su destino. En su escapada cruzará sus pasos con un pastor que le ofrece protección. A partir de ese momento, la vida de ambos quedará ligada mientras los hombres del Capataz cada vez están más cerca.

    Intemperie utiliza constantemente los elementos típicos del western clásico, incluido el consabido tiroteo y el tópico plano final con el que muchos clásicos del western se cerraban. La película peca quizás de ser demasiado esquemática en cuanto a sus personajes, con buenos muy buenos y malos muy malos, prácticamente sin matices. A pesar de que a los intérpretes se les puedan poner pocos peros. Tanto Tosar como Callejo, tanto López como Romero realizan buenas interpretaciones.

    Los paisajes son desoladores y la película se ve y se sigue con facilidad y cierto interés, y se (casi) olvida con la misma facilidad, pero la intensidad dramática flojea en algunos momentos, y hay otros que estéticamente aparecen como potentes pero que no resultan creíbles, por la decisión de explicar y sobreexplicar todo lo que pasa, hacerlo todo más que evidente, huyendo de la sobriedad del texto originario. El resultado final de todo ello es Intemperie, una película de bella fachada, pero con un tratamiento algo convencional y con algunas malas decisiones argumentales.

    España-Portugal, 2019 (103′)
    Dirección: Benito Zambrano.
    Producción: Juan Gordon, Pedro Uriol.
    Guión: Daniel Remon, Pablo Remon, Benito Zambrano, basado en la novela de Jesús Carrasco.
    Fotografía: Pau Esteve Birba.
    Música: Mikel Salas.
    Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
    Intérpretes: Luis Tosar (Pastor), Luis Callejo (Capataz), Jaime López (Niño), Vicente Romero (El Triana), Manolo Caro (Tullido), Kandido Uranga (El Viejo), Yoima Valdés (Madre familia pobre), Paz de Alarcón (Madre).

  • La trinchera infinita: Muerte en vida

    La trinchera infinita: Muerte en vida

    Resulta cuanto menos curioso que el grupo de cineastas que forman Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, todos ellos vascos, y en cuyo haber tienen cintas tan interesantes como Loreak o Handía, películas que se centraban en el universo territorial, lingüístico y cultural vasco, se hayan lanzado de lleno a tratar en La trinchera infinita (que en el reciente Festival de San Sebastián se hizo con cuatro premios, entre ellos los de mejor guion y mejor dirección), un universo cultural, lingüístico y territorial eminentemente andaluz. Y lo hace, con un habla andaluza real, que suena a verdad, lejos de esos modos forzados a los que desgraciadamente estamos tan acostumbrados.

    España-Francia, 2019 (147′)
    Dirección: Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga.
    Producción: Xabier Berzosa, Olmo Figueredo, Iñaki Gómez, Birgit Kemner, Miguel Menéndez de Zubillaga, Iñigo Obeso.
    Guión: Luiso Berdejo, Jose Mari Goenaga.
    Fotografía: Javier Agirre.
    Música: Pascal Gaigne.
    Montaje: Laurent Dufreche, Raúl López.
    Intérpretes: Antonio de la Torre (Higinio Blanco), Belén Cuesta (Rosa), Vicente Vergara (Gonzalo), José Manuel Poga (Rodrigo), Emilio Palacios (Jaime).

    La trinchera infinita es una película sobre la Guerra Civil y sobre la posguerra, pero en la que los enfrentamientos armados, las trincheras físicas, están lejos. Aquí se trata más de trincheras metafóricas, esas en las que muchos vivieron durante años, como los protagonistas de la historia. Higinio y Rosa llevan poco tiempo casados cuando estalla la Guerra Civil. Cuando la Guardia Civil viene a detenerlo, por sus ideales socialistas, huye y logra refugiarse en un pozo junto a otros dos fugitivos. Tras la muerte de estos por los disparos de sus perseguidores, un Higinio herido logra llegar a su casa, donde se esconderá en un agujero cavado en el suelo y oculto tras un mueble. Primero allí, y después en otro escondite parecido, Higinio permanecerá encerrado más de tres décadas, sin atreverse a salir a la calle, por miedo a las represalias.

    Lo bueno de La trinchera infinita es que, más allá del conflicto en sí, se centra en el afán de supervivencia, en la terrible soledad, en la muerte en vida de aquel que decide encerrarse, en el miedo que se mete en el cuerpo y del que es imposible deshacerse, y que dirige la vida. Una situación que, por supuesto, no solo involucra a Higinio, sino también a su mujer, Rosa. Una mujer que desde el primer momento tiene que aprender a vivir una doble vida, la del exterior (donde su marido sigue huido o muerto no se sabe dónde) y la del interior de su casa, con su marido emparedado y que aparece en muy contadas ocasiones, a pesar de que puede ver y oír lo que ocurre, pero no participar.

    Y he aquí otra de los maravillosos logros del filme: su soberbio uso del fuera de campo, con momentos de inusitada tensión (incluso sexual) que solo percibimos en el rostro de Higinio, al que el miedo le puede y le ata, le obliga a permanecer oculto, aunque sea su propia mujer, esa Rosa que es el motor que mueve a la familia, la que lo sufra. Evidentemente, todo ello hace que el matrimonio presente grietas, y ayuda a que la tensión y la atmósfera sea asfixiante, no solo por permanecer en ese zulo que Higinio acaba por sentir como el único sitio en el que estaba seguro.

    Miedo y obsesión (la de ese vecino que no termina de creerse la historia y que odia profundamente a Higinio y vive por y para encontrarlo y entregarlo a las autoridades) son los motores de una película magnífica en la que también resultan soberbios los trabajos de Antonio de la Torre y Belén Cuesta (a la que estamos acostumbrados a ver en papeles cómicos), y que se presenta desde ya como una de las favoritas para los próximos Goya.

  • Parásitos: La lucha de clases

    Parásitos: La lucha de clases

    Aunque parezca mentira, la cinematografía surcoreana, una de las más potentes desde hace años, con capacidad para hacer cualquier género, y con directores, guionistas o actores de enorme talento, jamás ha conseguido siquiera una nominación al Oscar a la mejor película extranjera. Y mira que han tenido ocasión, sobre todo recientemente, con las inmensas Burning (Lee Chang-Dong) y La doncella (Park Chan-Wook). Pero nada.

    Corea del Sur, 2019 (132′)
    Dirección: Bong Joon-Ho.
    Producción: Young-Hwan Jang, Joon-Ho Bong, Yang-kwon Moon, Sin-ae Kwak.
    Guión: Jin Won Han, Joon-Ho Bong.
    Fotografía: Kyung-pyo Hong.
    Música: Jaeil Jung.
    Montaje: Jinmo Jang.
    Intérpretes: Kang-ho Song (Kim Ki-taek), Yeo-jeong Jo (Park Yeon-kyo), So-dam Park (Kim Ki-jung), Woo-sik Choi (Kim Ki-woo), Sun-kyun Lee (Park Dong-ik), Seo-joon Park (Min), Ji-so Jung (Park Da-hye), Jeong-eun Lee (Moon-gwang), Hye-jin Jang (Kim Chung-sook), Myeong-hoon Park (Geun-se).

    Todo eso podría cambiar (debería cambiar) este año, gracias a Bong Joon-Ho y esta Parásitos, ganadora de la Palma de Oro en el último Cannes (también primera vez que el cine surcoreano se lleva el premio), y que es la principal favorita (junto a la Dolor y gloria de Almodóvar) a llevarse el premio, e incluso suena seriamente a colarse en otras categorías importantes.

    Parásitos es una película que es difícil de clasificar (tampoco es necesario etiquetarlo todo, la verdad). El guion (soberbio) se las arregla para cambiar de estilo y de género de modo abrupto e inesperado sin que desentone lo más mínimo. Porque, en el fondo, a pesar de que cambie de la comedia al thriller, lo que Bong Joon-ho hace aquí es (como ha hecho otras veces, independientemente del género) hablar de las diferencias de clase, tratando asuntos socio-políticos atacando despiadadamente y cortando cabezas (no literalmente, claro) sin cortarse.

    Tanto Ki-Taek Kim como toda su familia están en paro. Sobreviven en un mísero semisótano con tareas esporádicas (montar las cajas para una pizzería local), ‘robando’ wifi de los vecinos, y como buenamente pueden. Un día, a Ki-woo (el hijo de la famillia) le aparece la oportunidad de dar clases de inglés a la hija adolescente de los Park, una familia adinerada que vive en una mansión de la zona más acomodada de la capital.

    Enseguida se gana la confianza de la ingenua madre, y poco a poco, con engaños, va consiguiendo que toda su familia sea contratada como chófer, ama de llaves y psicoterapeuta artística, sin desvelar la relación que les une a todos ellos.

    Bong despliega un humor endiabladamente negro incluso en los momentos más tensos de la historia, en los que menos se podía esperar, sin dejar de enviar un mensaje de hondo calado político y crítico con la sociedad actual, sobre todo (aunque no solamente) con las clases más altas, incapaces de empatizar con el menos favorecido (el momento en el que el rico empresario se queja de que huele a rábano podrido, “como huele la gente en el metro”, sin saber que su chófer está escondido bajo la mesa, es bastante significativo).

    La película consigue enganchar desde el primer momento, sorprendiendo con unos giros inesperados, hasta llegar a su demoledor y diabólico final. Su guion es soberbio, actualizando su premisa con nuevos datos a medida que la trama va evolucionando y enredándose, y manipulando al espectador, cuyas simpatías pasan de una familia a la otra, justificando actuaciones, que rozan lo inmoral. Su dirección es magnífica. Su fotografía, sus interpretaciones, su montaje… Quizás, la mejor película del año.

  • Silvia Gandullo, candidata a  los Goya como actriz de reparto

    Silvia Gandullo, candidata a los Goya como actriz de reparto

    La próxima gala de los Goyas 2020 podría tener doble acento nazareno gracias a la película Tal como soy del director de cine linarense Tomás Aceituno. Silvia Gandullo opta a la candidatura como mejor actor de reparto, sumándose a la de la también nazarena Lenna Guzmán, que lo hace como mejor canción.

    Este nazarena de 42 años, combina su trabajo como técnica de inserción laboral con papeles de actriz y labores de doblaje. El año pasado se le brindó la gran oportunidad de formar parte de la película Tal como soy como actriz y esta candidatura “ha supuesto para todo el equipo una gran satisfacción, ya que aborda una temática social muy actual y con escasa visibilidad, como es la transexualidad en los menores y adolescentes”.

    El largometraje se ha rodado íntegramente en la localidad sevillana de Lebrija y pertenece al género de cine independiente. Ya que, explica Silvia, h”a contado con escaso presupuesto, pero ello no ha interferido para poder mostrar la realidad que sufre el colectivo transexual y los obstáculos a los que se enfrentan cara a la sociedad. Además del papel que los familiares toman respecto al tema”. Se trata, por tanto, “de una película con fines educativos que sería muy recomendable llevarla a los centros con el fin de fomentar la diversidad”.

    Primer papel como actriz

    Aunque Silvia siempre ha sido una enamorada del cine y el teatro, es la primera vez que forma parte de un equipo cinematográfico como actriz. Aun así su candidatura a los premios Goya como mejor actriz de reparto no ha pasado desapercibida. Su papel es el de una educadora social activista que preside una asociación LGTBI. Por lo que su labor es la de informar, orientar y ayudar tanto a los familiares como a menores trans para hacerles más fácil el arduo camino para aceptar la realidad.

    El próximo día 2 de diciembre se conocerán las nominaciones de la Academia de Cine y Málaga ha sido la provincia elegida para la celebración de la gala de los premios Goya , los más prestigiosos de España y Latinoamérica.

    Silvia Gandullo espera impaciente ese día, ya que “sabemos que competimos con grandes e influyentes artistas muy reconocidos en la industria cinematográfica y que es complicado optar a la nominación al Goya como mejor actriz de reparto, pero el simple hecho de ser candidata al premio me llena de orgullo y satisfacción personal. Ahora sólo queda esperar y vivir esta experiencia con la máxima ilusión posible.”

  • Excesos que matan la historia

    Excesos que matan la historia

    La todopoderosa Disney sigue empeñada en estirar el chicle, no solo con el hecho de rehacer sus clásicos animados en carne y hueso, sino en ampliar las historias con segundas (y hasta terceras, al tiempo) partes. Ahora le ha tocado el turno, otra vez, a Maléfica, Maestra del Mal. Cinco años después de la primera parte, que cambiaba la perspectiva del cuento clásico, dándole un nuevo enfoque al tratar a la famosa bruja de La bella durmiente no como una malvada, sino como una incomprendida, y cuyo éxito superó las expectativas, los jefazos decidieron que era conveniente ampliar la historia.

    Estados Unidos-Reino Unido, 2019 (118′)
    Título original: Maleficent: Mistress of Evil.
    Dirección: Joachim Rønning.
    Producción: Duncan Henderson, Angelina Jolie, Joe Roth.
    Guión: Micah Fitzerman-Blue, Noah Harpster, Linda Woolverton.
    Fotografía: Henry Braham.
    Música: Geoff Zanelli.
    Montaje: Laura Jennings, Craig Wood.
    Intérpretes: Angelina Jolie (Maléfica), Elle Fanning (Aurora), Harris Dickinson (Príncipe Philip), Michelle Pfeiffer (Reina Ingrith), Sam Riley (Diaval), Chiwetel Ejiofor (Conall), Ed Skrein (Borra), Robert Lindsay (Rey John), David Gyasil (Percival), Jenn Murray (Gerda), Juno Temple (Thistlewit), Lesley Manville (Flittle), Imelda Staunton (Knotgrass).

    Esta vez, el resultado de Maléfica Maestra del Mal se aleja mucho de la anterior, y queda como una explosión de efectos especiales, pero cuya historia tiene muy poco sentido.
    Ya desde el arranque la cosa pinta muy mal. La voz en off que comienza narrando el “Érase una vez…” dice, a los pocos segundos, que Maléfica “sin que nadie sepa muy bien por qué, se ha vuelto malvada de nuevo…” Así, sin anestesia, entramos en un mundo sobresaturado de CGI, tan abigarrado que echa para atrás, y con una primera parte (que se hace larguísima) en la que el almíbar te deja agotado. Y ya en esos momentos descubrimos que esa declaración de que “se ha vuelto malvada” es, cuanto menos, cuestionable.

    El príncipe Phillip le pide a Aurora (ahora Reina de la Ciénaga), y ella acepta, aunque Maléfica no termina de verlo claro del todo. En la cena de compromiso, Ingrith, reina de Ulstead y madre del novio, consigue que Maléfica sea señalada como culpable de la maldición que le ha caído al rey John, lo que pone en marcha una serie de sucesos que llevarán a una guerra, en la que Ingrith deja claras sus aviesas intenciones.

    Esta segunda parte, que en realidad poco tiene de continuación de la primera (los responsables se la han sacado de la manga tras el éxito inesperado de la anterior), tiene más contras que pros. La historia se pierde en elecciones incorrectas en favor de un exceso de efectos visuales, y un conglomerado de personajes y poderes sin mucho sentido y nula explicación. Incluso la mayoría de personajes principales falla: la química entre los amorosos casaderos es prácticamente inexistente, la misma Maléfica se pasa la mitad de la película como perdida, esperando que todo pase. Únicamente la presencia de Michelle Pfeiffer hace que la película avance (aunque tampoco es que su personaje ofrezca grandes sorpresas).

    La batalla que supone el clímax (más que obvio) presenta unas más que evidentes referencias a un clásico reciente de la televisión como es Juego de tronos, donde Ingrith sería Cersei Lannister y Maléfica sería Daenerys Targaryen atacando Desembarco del Rey desde el aire. Es una de las secuencias más esperadas de la película, pero está rodada de modo aturullado y resulta en muchos momentos incomprensible, sobre todo por el excesivo uso de los efectos especiales. Al final, todo se cierra con otro exceso, en este caso de almíbar. Una escena que se alarga de modo innecesario y que resulta empalagosa y cursi hasta decir basta.

    Todos estos excesos y las malas decisiones narrativas, ocultan el mensaje de los peligros de los pensamientos absolutistas y el manifiesto en defensa de la naturaleza y contra la explotación de sus recursos, que no llega, no funciona, y Maléfica Maestra del Mal termina por no ser válida ni para el público infantil ni para el adulto.

  • Lenna Guzmán inicia su carrera hacia los Goya 2020

    Lenna Guzmán inicia su carrera hacia los Goya 2020

    Lenna Guzmán ha comenzado su carrera hacia los Goya 2020. Esta artista y compositora nazarena ha recibido la buena noticia de que su canción Un mundo mejor, de la película Tal como soy, es una de las candidaturas a mejor canción.

    Primer paso de los dos que aún faltan, el de la selección y la nominación, para poder estar en la gala que este año se celebrará en la ciudad de Málaga. De lograrlo, nos explica Lenna “sería la primera mujer transexual en estar nominada a un premio Goya como mejor canción original”.

    Fue el director de la película, Tomás Aceituno, el que se puso en contacto con esta artista que reside en la barriada de La Motilla, para que compusiera un tema para su película que aborda la transexualidad infantil y adolescente. Según nos comenta Lenna, “le hablé de un tema que estaba componiendo, que habla del esfuerzo de las personas por mejorar y configurar sus sueños”. Al director le gustó la propuesta y Un mundo mejor cierra la película en los títulos de crédito.

    Aunque no es el único tema de Lenna Guzmán que suena en esta producción andaluza rodada en el municipio sevillano de Lebrija. Ya que un fragmento de Vive la vida también suena en la misma. Ambos temas forman parte del disco Mil maneras de soñar, editado en 2018.
    Incluso la propia Lenna hace unos pinitos interpretativos en esta cinta, apareciendo en algunos momentos del metraje.

    Se trata de la primera vez que Lenna compone una canción para la banda sonora de una película y la compositora se muestra muy satisfecha, ya que “es muy difícil poder avanzar en el mundo de la música”. Por lo que “sería un logro poder estar en la gala final con artistas de primer nivel”.

    Aunque desde niña ya tenía talento musical y para inventarse letras, sería hace cuatro años cuando Lenna Guzmán decide probar suerte en el mundo de la música, tras una etapa como escritora y pintora.

    Diversidad
    Tal como soy es el tercer largometraje del director Tomás Aceituno. La película cuenta la historia de un matrimonio y su hija transexual. Para su director esta película es “un canto a la diversidad sexual y a la tolerancia y respeto hacia la diversidad del ser humano en general”. Contando para ella con la transexual Lenna Guzmán para la composición de una canción para su banda sonora.

    lenna guzmán
  • Joker: Génesis de un monstruo

    Joker: Génesis de un monstruo

    Las expectativas eran altas, y mucho, incluso antes de que Joker  se hiciera, contra todo pronóstico con el León de Oro en el último Festival de Venecia. Y las expectativas no solo se han cumplido, sino que se han superado sobradamente. Todd Phillips ha hecho una película inmensa, con un soberbio Joaquin Phoenix que va lanzado directo al Oscar al mejor actor, con lo que nos encontraríamos con el extraño caso de tener dos intérpretes que consiguen el premio por el mismo papel (después de que Heath Ledger ganara su premio póstumamente por su papel en El caballero oscuro).

    Joker ha estado envuelta en la polémica desde el primer momento. Si bien la crítica se ha rendido a sus pies casi mayoritariamente, no han faltado las voces que la han criticado por (dicen) promover la violencia, por jactarse de ella. Incluso la productora Warner se ha visto obligada a emitir un comunicado certificando que Joker es ficción. Lo cual deja bastante a las claras que estamos montando un planeta en el que los tontos son cada vez más. Cosas de las redes sociales, que cualquiera puede opinar de cualquier cosa.

    Arthur Fleck sobrevive haciendo de payaso en pequeños trabajos en la oscura y deprimente ciudad de Gotham, mientras cuida de su madre enferma. Su única motivación y fin en la vida es hacer reír a los demás. Además, Arthur debe lidiar a diario con el aislamiento social que le provoca su enfermedad mental, visible sobre todo por unos incontrolables ataques de risa que hace que le miren mal, y la ayuda psiquiátrica que recibe desaparece por los recortes del gobierno. Pero su risa está acompañada de una tremenda rabia, por las injusticias que sufre cada día, acontecimientos que poco a poco irán haciendo mella en él hasta que llegue la explosión y le hagan convertirse en el Joker.

    Estados Unidos-Canadá, 2019 (121′)
    Dirección: Todd Phillips.
    Producción: Bradley Cooper, Todd Phillips, Emma Tillinger Koskoff.
    Guión: Todd Phillips, Scott Silver.
    Fotografía: Lawrence Sher.
    Música: Hildur Guðnadóttir.
    Montaje: Jeff Groth.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Arthur Fleck), Robert de Niro (Murray Franklin), Zazie Beetz (Sophie Dumont), Frances Conroy (Penny Fleck), Brett Cullen (Thomas Wayne), Shea Whigham (Detective Burke), Bill Camp (Detective Garrity), Glenn Fleshler (Randall), Leigh Gill (Gary), Josh Pais (Hoyt Vaughn), Rocco Luna (GiGi Dumond), Marc Maron (Gene Ufland).
    *****

    El director de cintas como Aquellas juergas universitarias, Road trip, o la trilogía del Resacón…, cambia de registro y firma su obra magna. Jamás ha hecho nada igual. Es más, jamás lo hará de nuevo. Phillips toma referencias evidentes de la Taxi driver de Scorsese, en una época en la que la piel del espectador es más fina que cuando aquella se estrenó. El de Joker ha sido un personaje que ha evolucionado desde el cómic, aunque hasta ahora solo lo conocíamos como tal, sin saber el origen de todo. Phillips nos pega a la nuca de Fleck, un Joaquin Phoenix espectacular, inmenso, que se deja la piel con una interpretación en la que nos provoca miedo y lástima a partes iguales.

    Ahí está el quid del asunto. Llegamos a empatizar con él, a comprender (que no compartir) su reacción. Fleck suelta una frase descomunal que lo explica todo a la perfección: “Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”. Y es que, aquí, la enfermedad mental, lo que la autoridad califica como enfermedad mental, cuando el cerebro de una persona funciona de modo diferente a lo que se considera normal, y en vez de ayudarle para ‘reinsertarlo’ en la sociedad, lo separa, lo aleja, lo ridiculiza y estigmatiza, es el origen de un mal que se podía evitar. Fleck (Joker) es un humano, un ser ambiguo con sus contradicciones, aunque ello no implica que se presente como un ejemplo. Es el Joker, y todos sabemos qué y cómo es el Joker.

    No es una película de superhéroes (supervillanos más bien), aunque veamos muy sutilmente el germen de Batman, ni de otro lado. Es un drama psicológico, un thriller con una pizca de terror, con cierto mensaje político, en la que el director ni defiende ni celebra al personaje. Es una película mayúscula para celebrar el cine.

  • Mientras dure la guerra: Las dos Españas

    Mientras dure la guerra: Las dos Españas

    En la montaña rusa que es la filmografía de Alejandro Amenábar, donde ha tenido éxitos y fracasos, le tocaba ya estar en el lado bueno, después de los desastres de sus anteriores cintas, las muy flojas Ágora y Regresión. Así, el autor de buenas películas (tan diferentes entre sí) como Tesis, Los otros o Mar adentro, nos ofrece con Mientras dure la guerra una cinta muy interesante. En la que, a pesar de tratar un tema que en este país nuestro siempre resulta polémico, como es el de la Guerra Civil, con el que es fácil caer en el maniqueísmo, de hecho se suele caer, Amenábar huye de él (y lo consigue casi del todo)

    Situada en el verano de 1936, en los inicios del levantamiento militar contra la República, en la ciudad de Salamanca, la trama toma como protagonista al insigne Miguel de Unamuno, que tras apoyar públicamente la sublevación por los desmanes del gobierno, es destituido de su puesto. Mientras, el general Franco inicia una campaña, con el apoyo de un equipo fiel, repleta de éxitos con la esperanza de hacerse con el mando único. La deriva sangrienta que va tomando el conflicto, y el encarcelamiento de algunos amigos llevan a Unamuno a cuestionar su postura inicial.

    España-Argentina, 2019
    Dirección: Alejandro Amenábar.
    Producción: Alejandro Amenábar, Fernando Bovaira, Domingo Corral, Hugo Sigman.
    Guión: Alejandro Amenábar, Alejandro Hernández.
    Fotografía: Alex Catalán.
    Música: Alejandro Amenábar.
    Montaje: Carolina Martínez Urbina..
    Intérpretes: Karra Elejalde (Miguel de Unamuno), Eduard Fernández (Millán Astray), Santi Prego (Francisco Franco), Luis Bermejo (Nicolás), Tito Valverde (General Cabanilles), Nathalie Poza (Ana), Patricia López Arnaiz (María), Inma Cuevas (Felisa), Carlos Serrano-Clark (Salvador Vila), Luis Zahera (Atilano Coco), Luis Callejo (General Mola), Mireia Rey (Carmen Polo).
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    No ha faltado quien ha resaltado los errores históricos de la cinta, olvidando que todas (absolutamente todas) las películas basadas en hechos reales se toman alguna que otra licencia para que la cinta funcione como producto fílmico. Y sí, hay cosas que en realidad no sucedieron, o que ocurrieron de modo diferente, pero en lo sustancial Amenábar se lo ha tomado muy en serio, intentando tomar un punto medio, sin decantarse por uno de los bandos.

    De hecho, no cae en lo fácil, que hubiera sido caricaturizar a algunos personajes que se podían prestar a ello (el histrionismo de Millán Astray, por ejemplo). Es más, el dibujo de caracteres es magnífico. No hay brocha gorda en ninguno de ellos, todos tienen matices que ayudan a humanizarlos. También ayuda, por supuesto, el inmenso trabajo de Santi Prego, Karra Elejalde y Eduard Fernández.

    Amenábar ha creado un retrato veraz de la compleja España, con protagonistas complejos, con aristas, y que se muestra alejada a lo que acostumbra a mostrar nuestro cine del conflicto. Y que, además, en cierto modo, sirve como reflejo en la España actual.