Etiqueta: cine

  • Ad Astra: El infinito interior

    Ad Astra: El infinito interior

    Un director tan acostumbrado a llevarse a su terreno personal cualquier género como James Gray, lo ha vuelto a hacer en Ad Astra con un tema en el que, contra lo esperado, el resultado ha sido tan satisfactorio como en otras ocasiones. Funcionó con los policíacos La otra cara del crimen y La noche es nuestra, y con los melodramas Two lovers o El sueño de Ellis.

    Ahora, con su inmersión en la ciencia ficción espacial falla precisamente en este aspecto, que aunque (evidentemente) no puede despreciar, Gray está más atento a otras cosas.

    La acción transcurre (nos dicen) en un futuro cercano. Después de que unas misteriosas descargas electromagnéticas provenientes del espacio exterior, el experimentado astronauta Roy McBride es contactado por sus superiores para una misión secreta. Treinta años atrás, Clifford McBride, el padre de Roy, considerado un héroe, una leyenda, se embarcó en el Proyecto Lima, que buscaba vida inteligente en el universo. El contacto se perdió en las cercanías de Neptuno y se le dio por muerto. Pero ahora, esas extrañas descargas que amenazan con acabar con la vida en el planeta, hacen pensar que sigue vivo y es el causante de ellas. Roy será el encargado de contactar con un padre al que idolatra.

    Estados Unidos-China-Brasil, 2019 (122′)
    Título original: Ad Astra.
    Dirección: James Gray.
    Producción: Dede Gardner, James Gray, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Arnon Milchan, Yariv Milchan, Brad Pitt, Rodrigo Teixeira.
    Guión: James Gray, Ethan Gross.
    Fotografía: Hoyte van Hoytema.
    Música: Max Richter.
    Montaje: John Axelrad, Lee Haugen.
    Intérpretes: Brad Pitt (Roy McBride), Tommy Lee Jones (H. Clifford McBride), Ruth Negga (Helen Lantos), Donald Sutherland (Thomas Pruitt), Liv Tyler (Eve), Kimberly Elise (Lorraine Deavers), Loren Dean (Donald Stanford), Donnie Keshawarz (Capitán Lawrence Tanner), Sean Blakemore (Willie Levant), Bobby Nish (Franklin Yoshida).

    Gray, como acostumbra, se centra más en el intimismo, en el interior del protagonista, que narra en voz en off sus sentimientos, lo que pasa por su cabeza en esas circunstancias tan intensas y profundas para él. La relación con el padre desaparecido, la construcción de la figura del héroe, creada a partir de la ausencia. Y cómo Roy se va convirtiendo básicamente en su padre, también a partir de esa misma ausencia a la que somete a los que le quieren. Es un viaje hacia el interior en busca de redimirse, ante su novia, ante sí mismo.

    También es una película que se plantea las preguntas trascendentales que la humanidad viene planteándose desde hace siglos. Quiénes somos, hacia dónde vamos… planteándose que el hombre es una especie devoradores de mundos, y que quizás sea ahí a donde nos dirigimos cuando el planeta que habitamos fenezca.

    Es cuando Gray se mete en el terreno más espectacular, más de ciencia ficción pura, cuando la cinta patina un poco: la persecución en la Luna parece un pegote, la secuencia de la explosión y la huida de Roy atravesando un campo de meteoritos resultan inverosímiles… Pero claro, es que la historia no va por ahí. Gray pretende una historia contemplativa, un retrato interior del ser humano, y ahí sí, Ad Astra resulta hipnótica, y por momentos sobrecogedora.

  • It Capítulo 2: Larga decepción de la segunda parte

    It Capítulo 2: Larga decepción de la segunda parte

    Los hermanos Muschietti (Barbara a la producción y Andy en la dirección) concluyen su obra magna (por envergadura de producción, por extensión -más de cinco horas en total-, y por la procedencia de la historia -un libro que supera las mil páginas-) dos años después de haberla empezado por todo lo alto, dándonos un pequeño bajón. Se esperaba mucho de It Capítulo 2 de la historia de Pennywise, pero el resultado defrauda en muchos aspectos, a pesar de que la cinta también tiene elementos reseñables.

    Han pasado veintisiete años desde que el «Club de los Perdedores» se enfrentara al despiadado payaso asesino. Después de aquello, Bill, Berverly, Richie, Ben, Eddie y Stanley se marcharon de Derry a la primera ocasión. El tiempo y la distancia han hecho que los recuerdos se hayan borrado de sus mentes. Pero ahora, Pennywise ha vuelto, y Mike (el único que sigue en el pueblo) les avisa para que, cumpliendo la promesa que hicieron, regresen de nuevo, para intentar acabar de una vez por todas con la maldición.

    Canadá-Estados Unidos, 2019 (169′)
    Título original: It Chapter Two.
    Dirección: Andy Muschietti.
    Producción: Roy Lee, Dan Lin, Barbara Muschietti.
    Guión: Gary Dauberman, basado en la novela de Stephen King.
    Fotografía: Checco Varese.
    Música: Benjamin Wallfisch.
    Montaje: Jason Ballantine.
    Intérpretes: Jessica Chastain (Beverly Marsh), James McAvoy (Bill Denbrough), Bill Hader (Richie Tozier), Isaiah Mustafa (Mike Hanlon), Jay Ryan (Ben Hanscom), James Ransome (Eddie Kaspbrak), Andy Bean (Stanley Uris), Bill Skarsgård (Pennywise), Javier Botet (Hobo / La bruja), Xavier Dolan (Adrian Mellon).
    ***

    El principal problema (de los varios que tiene) al que se enfrenta esta It Capítulo 2 es que su duración es a todas luces excesiva. Hay muchísimo relleno que no aporta nada (la mayoría de los flash-backs, la innecesaria narración de la búsqueda de los objetos del pasado por todos los protagonistas, que lleva la reiteración a un nuevo nivel…). Aunque gracias a ello volvemos a disfrutar de los protagonistas en su faceta adolescente (los de la primera parte, vamos), que son inmensamente superiores a los adultos, a pesar del renombre de muchos de ellos (Jessica Chastain y James McAvoy, los dos pesos pesados de la cinta, están con el piloto automático, completamente desdibujados), manteniendo prácticamente los mismos caracteres que sus personajes adolescentes, sin entrar a indagar en sus neuras, lo cual hubiera sido muy interesante. Únicamente Bill Hader mantiene el tipo con una actuación repleta de matices.

    It Capítulo 2, a pesar de algún que otro momento de gran potencia (como el arranque de la película, que es también el comienzo del libro), adolece de una falta de ritmo en casi todo su metraje, es muy plana y simplona en muchos momentos, recurriendo a continuos movimientos de cámara, sustos a base de elevar el sonido, y monstruos que (a pesar del trabajo de Javier Botet) llegan a resultar caricaturescos, y que, sinceramente, terminan por hastiar. Incluso hay lagunas en el guion, elementos de la historia que quedan en el aire después de plantearse.

    El resultado final no cumple las expectativas, dedicándose a repetir lo ya planteado en la primera parte, y dejando en el aire otras tramas que podrían resultar más interesante.

  • Serenity: Absurda muy a su pesar

    Serenity: Absurda muy a su pesar

    Cinco años después de coincidir en Interestellar, dos intérpretes premiados con el Oscar como Matthew McConaughey y Anne Hathaway vuelven a trabajar juntos en Serenity. Una película que falla absolutamente en todo lo que se propone. Tanto, que uno no puede más que preguntarse cómo diablos han engañado a dos estrellas premiadas para participar en semejante engendro.

    En la pequeña y paradisíaca isla de Plymouth, Baker Kill, antiguo militar de misterioso pasado, es el capitán de un barco pesquero con el que lleva de excursión y de pesca a acaudalados turistas para ganarse el sueldo. Su vida tranquila se hace añicos cuando un día aparece Karen, su ex-esposa, que le había abandonado por un rico y violento contratista mientras él estaba de misión en Irak. Ella, que ha comprendido que un divorcio no le serviría para salvar su vida y escapar de las palizas, le pide ayuda desesperada, y le ruega que la salve a ella y al hijo de ambos, llevando a su violento esposo al mar en una excursión y arrojándolo a los tiburones.

    Serenity tiene todos los mimbres del cine negro clásico, con una pizca de thriller y con un giro hacia la ciencia-ficción, que parece metido con calzador para explicar todos los bandazos y todos los sinsentidos de un guion que, en muchos momentos, provoca vergüenza ajena. A esta sensación no ayuda (más bien lo contrario), las interpretaciones impostadas, forzadas, pasadas de rosca de la pareja protagonista. Hathaway es terrible, pero lo de McConaughey es un serio caso de estudio.

    Knight, que había dirigido la mucho más interesante Locke, pincha aquí con Serenity, una insulsa e involuntariamente ridícula historia con un guion lleno de agujeros, que tiene menos sentido a medida que va avanzando la trama, haciéndose con una carga de incoherencias cada vez mayor, y que cuenta con unas interpretaciones forzadas y caricaturescas (quizás Diane Lane sea la única a la que se podría salvar, a pesar de que su personaje no aporta absolutamente nada al relato), y en la que el único divertimento es encontrar guiños (involuntarios, seguramente) como ese afán obsesivo del protagonista por capturar a un gran pez al que todos persiguen, que recuerda a aquel capítulo de Los Simpsons en el que Homer ‘casi’ captura a un sirulo gigante.

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  • Spider-Man. Lejos de casa: Héroes de excursión

    Spider-Man. Lejos de casa: Héroes de excursión

    Como los superhéroes también son, en el fondo, seres humanos, también terminan agotándose, agobiados por las responsabilidades y, al menos por una temporada, buscan tomarse unas vacaciones. Ese es el caso de Peter Parker (o Spider-Man), quien después de los hechos acontecidos en Vengadores: Endgame, y de que su mayor protector desapareciese, solo quiere descansar. Así, decide irse con su clase a una excursión por distintas ciudades de Europa, donde espera poder declararse a MJ.

    Pero los planes se tuercen cuando Nick Furia aparece para pedirle que les ayude a vencer a unas criaturas elementales (seres hechos de arena, piedra, agua y fuego) que han surgido provocando el caos. El joven Parker deberá decidir si quedarse con sus amigos o enfrentarse junto al equipo de Furia y el apoyo de Mysterio, un héroe procedente de otra dimensión, abierta con el chasquido de Iron Man, para evitar la destrucción del continente.

    Estados Unidos, 2019 (129′)
    Título original: Spider-Man: Far from home.
    Dirección: Jon Watts.
    Producción: Kevin Feige, Amy Pascal.
    Guión: Chris McKenna, Eric Sommers.
    Fotografía: Matthew J. Lloyd.
    Música: Michael Giocchino.
    Montaje: Leigh Folsom Boyd, Dan Lebental.
    Intérpretes: Tom Holland (Peter Parker / Spider-Man), Jake Gyllenhaal (Quentin Beck / Mysterio), Zendaya (MJ), Marisa Tomei (May Parker), Samuel L. Jackson (Nick Furia), Cobie Smulders (Maria Hill), Jon Favreau (Happy Hogan), Jacob Batalon (Ned Leeds), Angourie Rice (Betty Brant), Tony Revolori (Flash Thompson), Remy Hii (Brad Davis).

    Cierre de una fase

    Con Spider-Man: Lejos de casa se cierra definitivamente (ahora sí) la fase 3 del universo MCU llegando a los 3000 minutos de duración total y dando todo el sentido (como se venía diciendo desde la anterior) a la declaración de amor paterno-filial “I love you three thousand”. Y se cierra cambiando el tono de modo radical, centrándose en un humor que está presente en todo momento, algunos verdaderamente delirantes, que aligera de modo evidente la seriedad de las cintas anteriores.

    Ello provoca que el resultado, aunque sin ser para nada malo, sí se queda por debajo de lo deseado. Es una película divertida, mucho, más centrada en los asuntos amorosos de Parker (y alguno de sus amigos) que en las escenas de acción, alguna además demasiado aparatosa y recargada. Se ve con facilidad, se disfruta, se goza, a pesar de cierta previsibilidad. Se ha hecho una cinta conscientemente delirante. Tanto que a veces, por ese afán de los norteamericanos de destruir Europa (y quedar como los salvadores) recuerda a aquella ida de olla que era Team America: La policía del mundo (que Trey Parker dirigió en 2004).

    Las piezas encajan y los momentos más serios (alguno hay) se conectan bastante bien con los más leves, esos de los estudiantes de paseo por el viejo continente o en las que Gyllenhaal se ríe de sí mismo con un personaje glorioso. Posiblemente no pasará a la historia (aunque es mejor de lo que pareciera), pero cumple con creces sus objetivos. Incluso en algunos momentos (sobre todo en esa escena post-créditos) pilla por sorpresa a muchos y, quizás, abre alguna puerta a lo que en breve será la cuarta fase del MCU, que nos llevará por caminos hasta ahora no transitados.

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  • Toy Story 4: La vida sigue después de Andy

    Toy Story 4: La vida sigue después de Andy

    Ejemplo claro de personajes que crecen con los espectadores que los acompañan en el camino, Woody, Buzz y compañía vieron la luz hace casi un cuarto de siglo. Aunque Toy Story 4 está en apariencia destinada a los más pequeños, a nadie se le escapa que los que empezamos el camino con ellos aquel 1995, disfrutaremos tanto o más que ellos.

    En principio hay que agradecer la existencia de Toy Story 4, que no debería existir. Todo apuntaba a que la historia se iba a quedar en trilogía con la desaparición de escena de Andy, ese niño al que todos los juguetes aman (sobre todo Woody), que ya ha crecido lo suficiente para ir a la universidad y dejar de lado a los muñecos que le acompañaron durante la infancia.

    Ahora, la nueva dueña es Bonnie, quien en su primer día de escuela, crea con basura un pequeño juguete, Forky. Está obsesionado con que su sitio es la papelera, lo que ocasionará una enorme aventura en la que Woody y los demás tratarán de salvar al despistado juguete, por lo que significa para Bonnie, y evitar que ésta sufra con su pérdida.

    Estados Unidos, 2019 (100′)
    Título original: Toy Story 4.
    Dirección: Josh Cooley.
    Producción: Mark Nielsen, Jonas Rivera.
    Guión: Andrew Stanton, Stephany Folsom.
    Música: Randy Newman.
    Montaje: Alex Geddes.
    Intérpretes(voces originales): Tom Hanks (Woody), Tim Allen (Buzz Lightyear), Annie Potts (Bo Peep), Tony Hale (Forky), Keegan-Michael Key (Ducky), Madeleine McGraw (Bonnie), Christina Hendricks (Gabby Gabby), Jordan Peele (Bunny), Keanu Reeves (Duke Caboom), Ally Maki (Giggles McDimples), Jay Hernandez (Padre de Bonnie), Lori Alan (Madre de Bonnie), Joan Cusack (Jessie).

    La estructura narrativa

    La estructura narrativa no decae en ningún momento, ya que nada parece funcionar para arreglar los desaguisados que van surgiendo en el camino. Y cada intento por arreglar los embrollos en los que los personajes se meten solo provoca nuevos problemas. Mención aparte de ese, por momentos adorable, por momentos insufrible, Forky (el Jar Jar Binks de la saga Toy Story), es interesante también que son otros personajes los verdaderamente destacables en la trama, casi todos ellos femeninos. Aunque la pareja protagonista de la saga (Woody y Buzz) tiene, como no podría ser de otro modo, gran importancia en el desarrollo de los acontecimientos,

    Desde la reaparición de Bo-Beep (que ha crecido infinitamente desde la última vez que la vimos), a la diminuta Giggles McDimples, o a una ‘malvada’ de entidad como Gabby Gabby (que no podía tener mejor voz -original- que la de Christina Hendricks, por cierto). Y no es ella la única voz popular entre los nuevos personajes (ahí está también el amigo Keanu Reeves, por ejemplo).

    Toy Story 4 no llega al nivel de las anteriores (el tercer capítulo dejó el listón muy alto con una obra casi perfecta), pero estamos ante una película muy divertida, muy emotiva, con momentos que provocan la lágrima. Los diversos mensajes funcionan, y en la mente de la hasta ahora figura paternal de Woody, que ahora acoge bajo sus protectoras alas a Forky, crece la sensación de desplazamiento, múltiples neurosis, que le llevan a plantearse cuál es su función en la vida, una vez que el niño al que debe proteger y alegrar, le deja de lado. La saga puede continuar ahora con el nuevo giro con el que termina. Esperemos que si algún día termina, lo haga con la calidad obtenida hasta ahora.

  • Largo viaje hacia la noche: La estética de lo onírico

    Largo viaje hacia la noche: La estética de lo onírico

    LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE

    Al igual que hiciera en su primera y anterior película, el realizador chino Bi Gan, en este su segundo trabajo, Largo viaje hacia la noche, sitúa la acción en su ciudad natal Kaili. Allí regresa el protagonista, Luo Hongwu, después de muchos años fuera de ella. Y lo hace para buscar a la mujer que años atrás amó y a la que no ha podido olvidar, y de la que lo poco que recuerda es que ella dijo que se llamaba Wan Qiwen

    Avalada por la mayor parte de la crítica como una obra maestra indiscutible, la película es un viaje hermosísimo estéticamente, en el que la lógica argumental es casi nula, deconstruyendo una historia donde las diversas líneas temporales se funden con los recuerdos, con los sueños, con las historias que se cuentan de otros… Narrada por el protagonista por medio de una hipnótica voz en off, la película es seductora, sí, a pesar de que en muchos momentos es difícil de comprender, de entender lo que nos están contando, a quién estamos viendo, dónde y cuándo estamos situados, y solo podemos (aunque no es poco) dejarnos llevar.

    Frases que ayudan a ver la luz

    En este sentido, hay frases que se pronuncian y que ayudan a ver la luz en la oscuridad de la noche a la que alude el mismo título. “Cada vez que la veía, sabía que estaba soñando otra vez”, nos dice Luo, dando evidencias de lo onírico que vamos a ver a partir de entonces. Aún más, la frase (grande) “La diferencia entre el cine y los recuerdos es que las películas son falsas” nos ayuda a comprender la segunda mitad de esta Largo viaje hacia la noche, que es, además, su punto fuerte.

    Tras deambular por su vieja ciudad, en la búsqueda de su viejo amor, el protagonista acaba en una pequeña sala de cine; es entonces cuando aparece el título de la película (llevamos ya casi hora y media introducidos en este mundo), y a partir de ahí, el prodigio, casi el milagro: un plano secuencia de una hora (rodado en un 3D, muy difícil de ver en nuestro país -apenas hay salas que lo proyecten así-, y quizás algo alargado sin necesidad), en el que la cámara se mueve por un decorado ingente con total libertad, siguiendo al protagonista a través de sus recuerdos, de su subconsciente, porque (recordemos la frase) todo lo que vemos es falso.

    Película sensorial, repleta de simbolismo, con una detallista fotografía y una planificación soberbia, más pendiente de las emociones que de la lógica argumental, donde Bi Gan se sumerge en la (i)lógica del sueño, completamente introspectiva, de atmósfera onírica, y una belleza que roza lo sublime, pero en la que no es difícil desconectar en algunos momentos.

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  • La muestra de cine se clausura con ‘Viaje al cuarto de una madre’

    La muestra de cine se clausura con ‘Viaje al cuarto de una madre’

    El lunes por la tarde comenzó su andadura la XVI Muestra de Cine con Nombre de Mujer Ciudad de Dos Hermanas, que se organiza desde la Delegación de Igualdad y Educación.

    El acto inaugural empezó con un emotivo recuerdo a la mujer asesinada en la barriada de Las Portadas a manos de su marido, el pasado día 26. La delegada Mª Antonia Naharro explicó que “no hemos querido suspender la muestra porque la violencia machista no puede pararnos”.

    Siguen las proyecciones

    Tras guardar un minuto de silencio por “nuestra vecina Rosa”, la activista y cantante Lourdes Pastor también quiso dedicar su primer tema a esta víctima mortal de la violencia machista.

    Después de los dos primeros días de proyecciones, la muestra prosigue hoy miércoles, día 30, por la mañana y por la tarde, a las 11:00 y 20:00 horas. Será con Lou Andreas-Salomé (Alemania, 2016), de Cordula Kablitz-Post. Lady Bird (Estados Unidos, 2017), de Greta Gerwig, será la cita del jueves, día 31.

    Mientras que el viernes, día 1 de febrero, se ha programado por la mañana El orden divino y, por la tarde, Viaje al cuarto de una madre, la coproducción española-francesa de Celia Rico Clavellino. Para esta cita se contará con parte del equipo técnico y artístico de esta cinta, que está nominada a los próximos premios Goya, que se entregan este sábado.

    Cortos y cineforum

    En las sesiones vespertinas, la película irá precedida por la proyección de un cortometraje de mujeres directoras españolas, como: 500 palabras (Oihane Amenábar), hoy miércoles, día 30; La invitación (Susana Casares), el día 31; Lucrecia (Eva Marín), el día 1 de febrero. Mientras que por la mañana se ha programado el cineforum Nos vamos de cine, para personas mayores de 16 años. La entrada a la muestra de cine es libre y gratuita.

    El hall del teatro acogerá hasta el día 10 de febrero la exposición itinerante Historia viva de las mujeres, en la que se muestra la incidencia política, social y cultural de las organizaciones de mujeres feministas en los últimos 25 años. Está organizada por la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres.

  • Amor y música

    Amor y música

    JULIET, DESNUDA

    En estos tiempos, desde hace unos años más bien, con que una película entretenga y haga pasar un rato agradable, haciendo que el espectador se olvide de las miserias y los malos rollos del día a día y se divierta durante hora y media (o dos horas), ya nos podemos dar con un canto en los dientes. Y ahí, Juliet, desnuda, esta comedia romántica de la factoría Apatow, con los elementos habituales en las cintas que produce, con un humor adulto y explícito que aquí no está demasiado pasado de rosca.

    Annie y Duncan son una pareja cerca de los cuarenta. Él es profesor en la universidad y ella dirige un museo en una pequeña ciudad inglesa. Llevan juntos quince años y tienen una vida tranquila, demasiado tranquila. Annie quiere algo más de pasión en su vida, mientras Duncan dedica todo su tiempo libre a Tucker Crowe, un músico americano que desapareció tras publicar un único álbum dos décadas atrás. Pero cuando la relación empiece a hacerse añicos, Annie y Tucker comenzarán una inesperada relación a través de Internet.

    Reino Unido-Estados Unidos, 2018 (97′)
    Título original: Juliet, naked.
    Dirección: Jesse Peretz.
    Producción: Judd Apatow, Albert Berger, Barry Mendel, Jeffrey Soros, Ron Yerxa.
    Guión: Evgenia Peretz, Jim Taylor, Tamara Jenkins, basado en la novela de Nick Hornby.
    Fotografía: Remi Adefasarin.
    Música: Nathan Larson.
    Montaje: Sabine Hoffman, Robert Nassau.
    Intérpretes: Rose Byrne (Annie Platt), Ethan Hawke (Tucker Crowe), Chris O’Dowd (Duncan Thomson), Lily Brazier (Ros Platt), Megan Dodds (Carrie), Phil Davis (Alcalde Terry Barton), Lily Newmark (Carly), Azhy Robertson (Jackson), Ayoola Smart (Lizzie), Denise Gough (Gina), Georgina Bevan (Julie), Eleanor Matsura (Cat).

    Basada en una novela de Nick Hornby, Juliet, desnuda cuenta con un personaje que es habitual en las novelas del autor británico (al menos, en las adaptadas al cine): el del fanático (sea del fútbol o de los vinilos) que dedica tanto tiempo a su pasión que pone en peligro la relación con su pareja. Ocurría en Fuera de juego, en Alta fidelidad, y ocurre aquí. También hay personajes en crisis, la de la mediana edad, personajes que sienten que el tiempo se les acaba para introducir en sus vidas los cambios necesarios antes de que sea tarde.

    No hay en ello, pues, nada novedoso, no ofrece nada nuevo. Pero es divertida, sencilla, sin pretensiones, tiene un cierto encanto y está protagonizada por un triplete de intérpretes (y un puñado de secundarios que, salvo la hermana de Annie y el hijo de Tucker, tienen papeles muy cortos) que hace un trabajo más que solvente. Es este el gran acierto de una cinta que a veces peca de exceso de melodramática. Sin ellos (sobre todo Rose Byrne y un Ethan Hawke que este año ha sido olvidado y ninguneado en los Globos de Oro) la cinta hubiese pasado desapercibida.

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  • Los lazos que nos unen

    Los lazos que nos unen

    UN ASUNTO DE FAMILIA

    Siete intentos ha necesitado Hirokazu Kore-eda para ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Desde Distance a Después de la tormenta, pasando por Nuestra hermana pequeña, Air doll o Nadie sabe, todas pasaron por el prestigioso certamen. Y lo ha logrado con su última película, esta Un asunto de familia que es además firme candidata (a pesar de rivales poderosos) a ganar el Oscar en unos meses, y en la que recupera el nivel de sus mejores obras, cintas como Still walking o De tal padre, tal hijo, utilizando sus temas recurrentes, y añadiendo el muy interesante elemento de si la familia la forman únicamente los lazos sanguíneos o si hay algo más.

    Después de perpetrar uno de sus habituales hurtos en un comercio, Osamu y su hijo se encuentran en la calle a una niña aterida de frío. Aunque en un principio la mujer de Osamu se resiste, cuando descubren las dificultades de la pequeña con unos padres que no la quieren, se acaban apiadando de ella. A pesar de que la familia es pobre, parecen ser felices, hasta que un incidente imprevisto pondrá a prueba los lazos que los unen.

    Japón, 2018 (121′)
    Título original: Manbiki kazoku.
    Escrita y dirigida: Hirokazu Koreeda.
    Producción: Kaoru Matsuzaki, Hijiri Taguchi, Akihiko Yose.
    Fotografía: Ryûto Kondô.
    Música: Haruomi Hosono.
    Montaje: Hirokazu Koreeda.
    Intérpretes: Lily Franky (Osamu Shibata), Sakura Andô (Nobuyo Shibata), Mayu Matsuoka (Aki Shibata), Jyo Kairi (Shota Shibata), Miyu Sasaki (Yuri), Kengo Kôra (Takumi Maezono), Chizuru Ikewaki (Kie Miyabe), Kirin Kiki (Hatsue Shibata).

    Kore-eda habla de ladrones honestos, de gente que sobrevive de pequeños hurtos, ya que los sueldos de sus pequeños trabajos no les da para llegar a fin de mes. De gente que protege a los suyos, que es feliz, que no pierde la sonrisa. Habla de prostitución, de maltrato infantil. Y lo hace sin juzgar a los protagonistas, simplemente mostrando sus decisiones, sus actos, que posiblemente sean equivocados, incluso inmorales, pero eso no hace más que hacerte sentir más cariño por estos personajes.

    El director japonés va descubriendo la historia poco a poco, con pequeñas píldoras en las que va desvelando el pasado de los personajes, que no han tenido una vida fácil. Así, muestra una vez más su gran talento a la hora de crear personajes, a la vez que un gran narrador. Los planos están medidos, milimetrados, nada está ahí porque sí, todo tiene su significado, y lo mismo ocurre con los diálogos, con las palabras que pronuncian unos protagonistas fantásticos, donde habría que destacar a Kirin Kiki, la abuela, fallecida poco después de acabar el rodaje.

    La historia se mueve en la levedad, en la sutileza, hasta su tercer acto, en el que Kore-eda consigue transmitir mensajes de gran calado, de gran intensidad moral, capaces de tocar las almas y de crear un debate en el que discutir durante horas.

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  • Una experiencia lisérgica

    Una experiencia lisérgica

    CLÍMAX

    Decir que un determinado libro o película no está hecha para el paladar de todos puede sonar pretencioso, considerarte superior al resto, que no han podido captar el mensaje ni disfrutar como tú lo has hecho. Pero lo cierto es que el cine del franco-argentino Gaspar Noé no es plato apropiado para cualquiera. De hecho, son más sus detractores que sus defensores. Incapaces de darle valor a la provocación desmedida de sus películas, a su estilo y estética visual, al estilo poderoso que rezuman sus obras.

    Esta Clímax, ganadora del reciente Sitges, sin ser la más radical de sus cintas, aunque sí quizás la más redonda, tiene mucho de su obra anterior, de eso que podríamos llamar su estilo. La cámara es un personaje más de la historia, estática o en continuo movimiento, con objetivos que deforman la realidad, que la vuelven del revés, sirve para dar mayor significado a lo que nos está contando. La estructura de la trama se deforma, colocando el final justo al principio, incluyendo los créditos finales en los primeros cinco minutos, para pasar después al meollo de la cuestión. Y vaya meollo.

    Basada en unos hechos reales que sobrecogieron a Francia a mediados de los 90, la historia sitúa a veinte jóvenes bailarines (de distintos sexo, raza, religión, orientación sexual…) en un internado abandonado en medio de un bosque. Llevan días preparando un tour por América. Como final de los ensayos, mientras fuera cae una gran nevada, dan una fiesta junto a una enorme fuente de sangría. A medida que avanza la noche comienzan a sentirse mal, a comportarse de manera extraña, llegando a la conclusión de que alguien ha echado algo a la bebida. Entonces comenzará el descenso a los infiernos, los delirios, las paranoias, y todos sacarán lo peor de sí mismos, perdiendo la razón y dejándose adueñar de sus peores y más violentos instintos.

    Francia, 2018 (95′)
    Escrita y dirigida: Gaspar Noé.
    Producción: Brahim Chioua, Richard Granpierre, Vincent Maraval, Edouard Weil.
    Fotografía: Benoît Debie.
    Montaje: Denis Bedlow, Gaspar Noé.
    Intérpretes: Sofia Boutella (Selva), Romain Guillermic (David), Souheila Yacoub (Lou), Kiddy Smile (Daddy), Claude-Emmanuelle Gajan-Maull (Emmanuelle), Giselle Palmer (Gazelle), Taylor Kastle (Taylor), Thea Carla Schott (Psyche), Sharleen Temple (Ivana), Lea Vlamos (Lea), Alaia Alsafir (Alaya), Kendall Mugler (Rocket), Lakhdar Dridi (Riley), Adrien Sissoko (Omar).

    Estructurada en tres actos, la cinta comienza con una larguísima toma aérea en la que vemos a una mujer ensangrentada agonizar en la nieve en busca de una salvación que se vislumbra improbable, tras la que aparecen los títulos de créditos finales. Arranca así, el primer acto, un plano estático de más de quince minutos en la que los bailarines se presentan a través de la pantalla de un viejo televisor rodeado de libros y películas que dan una idea de lo que va a venir después. Continúa con una escena de baile prodigiosa, inmenso plano secuencia que nos presenta el decorado y a los protagonistas en acción; un conjunto de escenas fragmentadas de diálogos, en las que los protagonistas conversan, con una intensidad que va en aumento, y en los que el espectador se va sintiendo incómodo, a la vez que subyugado, a medida que avanza el tiempo.

    Entonces todo empieza a torcerse. Cuando los personajes empiezan a sentirse mal, comienza la búsqueda del culpable, y se inicia una cacería humana con insultos, incitación al suicidio, sadismo, paranoias homicidas… Un éxtasis en el que los personajes no son conscientes de sí mismos y en el que hasta la cámara (como personaje que es) también pierde su norte y acaba por ponerlo todo patas arriba.

    Aunque también es cierto que Noé no pretende sólo epatar; siempre hay algún reflejo (crítico) hacia la sociedad, algunos temas de los que hablar. Se habla de la familia, de los hijos que lastran posibilidades de tener una carrera, del aborto (Noé, siempre partidario), de sexo (siempre presente en sus obras)… Pero quizás la historia sea lo de menos: no es necesario comprender todo lo que pasa en Clímax, hay que vivir la experiencia, sentirla, dejarse llevar.

    Clímax es un delirio, una cinta de terror en la que el director vuelve a seducir con los rasgos que le son conocidos, y crea con ellos la que quizás sea su película más redonda, su mejor obra. Incómoda, compleja, visualmente fascinante, polémica y, por supuesto, para nada plato para todos los paladares. Más críticas en happyphantomblog.wordpress.com.