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  • El aire que exigimos

    (Lucas 15,11-31) Como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, como la luz del Sol, son tan necesarios el amor y el perdón para nuestra vida.

    Falsamente creemos, algunas veces, que nuestra libertad es la que nos permite amar verdaderamente a los demás; y que, por tanto, la libertad es la que hace posible el amor. Pero es el amor, que nos tienen y nos han tenido, el que hizo y hace posible nuestra libertad. Somos en el amor y los cuidados que nos prodigaron, somos por la acogida y el perdón que incondicionalmente nos han regalado. El amor es condición indispensable para que podamos elegir en libertad.

    Todos necesitamos comenzar desde el principio más de una vez. Que se olviden nuestros errores; que quien nos quiere mire a otro lado o nos devuelva nuestra “metedura de pata” con una sonrisa cómplice y burlona, que nos haga ver que somos más que nuestras equivocaciones. Pero lo que ocurre en nuestra vida es quizás un poco más: aceptar nuestra  debilidad, reconocer nuestros errores, dejarnos vencer en nuestra vulnerabilidad por el amor de quien nos ama nos hace humanos. Con Dios es igual. Fue su Hijo quien nos lo hizo ver.

    No es su poder imperativo el que nos transforma; ni su sabiduría abismal lo que nos conmueve; son su perdón y su misericordia las que consiguen tocar las cuerdas más profundas de nuestro ser. Inmenso poder de Quien perdona; inmensa sabiduría de Quien acaricia nuestra libertad con manos que desbordan lo que solemos llamar amor.

     

  • Alforjas llenas de viento

    1501EL ATLAS DE LAS NUBES

    Había quien esperaba con muchas ansias esta cinta, el nuevo y mastodóntico proyecto de los hermanos Wachowski, los mismos que hace una década crearon el universo Matrix (pese a que a muchos sólo la primera de sus partes nos pareció soportable) y que después se estrellaron con aquella tontería que fue Speed Racer. Proyecto este para el que han contado con la colaboración del alemán Tom Tykwer (director de Corre Lola, corre o El perfume entre otras). Otros, en cambio, la esperábamos por la grandiosidad que prometía, aunque mucho temíamos que esa misma altura de miras podía jugar en su contra. Como así ha sido.

    {xtypo_code}Estados Unidos-Alemania-Hong Kong-Singapur, 2012 (178′)
    Escrita y dirigida: Andy Wachowski, Lana Wachowski, basado en la novela homónima de David Mitchell.
    Producción: Stefan Arndt, Grant Hill, T. Tykwer, A.Wachowski, L. Wachowski.
    Fotografía: Frank Griebe, John Toll.
    Montaje: Alexander Berner.
    Intérpretes: Tom Hanks , Halle Berry , Jim Broadbent , Hugo Weaving , Jim Stugues , Doona Bae , Ben Winshaw , Keith David, James D’Arcy, Xun Zhou , Susan Sarandon , Hugh Grant.{/xtypo_code}

    El atlas de las nubes se basa en la novela homónima de David Mitchell, aunque los directores han modificado la estructura de la misma para hacerla, según ellos, más cinematográfica. Para ello, en vez de contar las seis historias de forma líneal, van saltando de una a otra aprovechando la menor oportunidad, la más mínima excusa. A veces ni siquiera eso.

    Son seis, como decimos, las tramas, y seis, asimismo, los géneros: desde el cine de aventuras en el Pacífico Sur a mediados del XIX, al cuento apocalíptico de 106 inviernos despues de “La Caída”, pasando por el melodrama trágico en la Inglaterra de los años 30, el thriller político en California en los años 70, la comedia británica en la actualidad, y la ciencia-ficción distópica de Neo-Seul en el año 2144. Todas muy distintas, y en las que, en realidad sólo hay dos elementos en común: una misma marca de nacimiento presente en algún personaje de cada época (no, no busquéis relación de parentesco en distintas épocas, descendientes de un personaje concreto, no tienen nada que ver); y que en todas ellas hay opresores y oprimidos, poderosos que ejercen la fuerza contra unos ‘súbditos’. En las seis historias, que están conectadas por elementos a veces demasiado débiles, los intérpretes son los mismos, escondidos en algunas bajo un maquillaje imposible que despista más que ayuda a que la historia enganche. En realidad hay un séptimo período, que conforma el prólogo y el epílogo de esta farragosa cinta, y que lo que hace es deshacer la posible magia que haya podido crearse.

    El resultado final es demasiado embarullado, pretencioso hasta el paroxismo. Una historia farragosa, a veces incomprensible, en la que cuesta entrar, vacía en muchas ocasiones, que pretende ser lo que no es. Y larga, larga, larga. Algunas transiciones están excesivamente forzadas, y otras son endebles, como si se viesen obligados a cambiar de una a otra y aprovechasen a que el mismo intérprete está en pantalla (con diferente maquillaje) para hacer el trueque.

    No todo es insalvable. No seamos excesivamente crueles. Hay algunas situaciones puntuales que funcionan y que sorprenden, algunos destellos. Las recreaciones de las distintas épocas, salvo detalles, están bastante logradas. La banda sonora, de Tykwer y los suyos, la banda Pale3, es muy buena. Pero el conjunto sale perjudicado por la intención del trío de directores de querer abarcar mucho, demasiado, de querer filosofar sobre el amor, sobre la existencia, de lanzar mensajes sobre espiritualidad y misticismo que lo que consiguen es que la cinta se hunda en el ridículo en muchos momentos.

     

  • Corruptos everywhere

    1501LA TRAMA

    Esta es una de esas películas que se ven con facilidad, porque nada piden y poco ofrecen. De esas cuya crítica podría salvarse con tres o cuatro frases. De esas que al gran público le gusta ver, por ser entretenida, con una construcción aparentemente (y sólo aparentemente) enrevesada que hace creer que es compleja y que hace pensar. Pero que no es más que una cinta de las comúnmente llamadas palomiteras, con una estructura lineal que, en realidad, deja poco a la imaginación, de esas que son muy buenas para pasar un rato entretenido, con un refresco y un paquete enorme de palomitas.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (109′)
    Título original: Broken city.
    Dirección: Allen Hugues.
    Producción: Remington Chase, Randall Emmett, George Furla, Allen Hugues, Stephen Levinson, Arnon Milchan, Teddy Schwarzman, Mark Wahlberg.
    Guión:  Brian Tucker.  
    Intérpretes: Mark Wahlberg (Billy Taggart), Russell Crowe (Alcalde Hostetler), Catherine Zeta-Jones (Cathleen Hostetler), Jeffrey Wright (Carl Fairbanks), Barry Pepper (Jack Valliant), Alona Tal (Katy), Natalie Martinez (Natalie Burrows), Michael Beach (Tony Jansen), Kyle Chandler (Paul Andrews), James Ransone (Todd Lancaster), Griffin Dunne (Sam Lancaster) .{/xtypo_code}

    Con una factura técnica fantástica, el problema de la cinta está en el resto. Cierto que el argumento bien podría estar basado en la realidad de muy buena parte de nuestro país (y de otros muchos, por supuesto): políticos corruptos, relaciones de amistad de alcaldes con promotores inmobiliarios que conllevan extrañas recalificaciones, políticos honestos que no pueden luchar contra la maquinaría del poder. Las interpretaciones son flojas, a pesar del renombre de casi todo su reparto; la dirección aporta poco (el director se limita a mover la cámara, a veces en exceso) sin aportar nada más que unos tonos ocres que presentan una Nueva York apagada, sin apenas vida… Por no hablar del guion, claro.
    Billy Taggart es un ex-policía, que fue forzado a dejar su puesto por una acusación de asesinato, a pesar de que fue declarado inocente, y que ahora sobrevive a las deudas como investigador privado. El mismísimo alcalde de Nueva York le llama para investigar la supuesta infidelidad de su mujer, en plena campaña para las elecciones. Pero Billy pronto se da cuenta de que detrás de todo puede haber algo más que un asunto de adulterio.

    Dejemos de lado la poco comprensible decisión de titular (en nuestro país) la película como La trama, por dos motivos principales. Primero, porque es un título absurdo y equívoco, que nada tiene que ver con el más certero original Broken city. Y segundo, porque el título ya ha sido utilizado en un par de ocasiones anteriormente; primero en 1976 con la cinta de Hitchcok Family plot, y en 1997, con la de David Mamet The Spanish prisoner. Ambas, por cierto, mucho mejores que esta de Allen Hugues. El principal problema de esta cinta es su guión. Flojo, y mucho, con un planteamiento que resulta poco convincente, y poco sostenible (las relaciones entre los personajes, sus decisiones), personajes que desaparecen de la historia y ya no vuelven a aparecer, e incluso los diálogos, que a veces provocan involuntarias sonrisas

    Y luego está el tema de la previsibilidad. La trama está llena de clichés, y de elementos que son fácilmente adivinables. Porque los hemos visto mil veces, porque no cambia nada, porque no tiene nada nuevo. Y es esa combinación de previsibilidad más poca credibilidad, más dialogos sonrojantes, lo que hunde la película. A pesar de su factura técnica más que aceptable.

     

  • Los animales también sufren la crisis

    Los animales también sufren la crisis, y muchas veces les va en ello hasta la vida. En los últimos años estamos acusando en El Albergue un aumento notable de los abandonos de animales llamados de compañía. Y es que para ahorrar en gastos veterinarios, alimentación, o por mudanzas, hay personas capaces de deshacerse de sus animales abandonándolos.

    En ocasiones nos encontramos con quien nos amenaza con que le recojamos a su perro o lo lleva a la perrera para que lo sacrifiquen, o incluso nos dicen que lo van a dejar en la calle. Nosotros les avisamos de que esta última opción es ilegal y supone una infracción muy grave de la Ley 11/2003 de Protección de los Animales, sancionable con multas desde los 2.001 a 30.000 euros. Desde luego nos parece increíble que una persona que ha convivido con un animal como un miembro más de su familia no se tome ni siquiera la molestia de buscarle un nuevo hogar, labor que nosotros hacemos desinteresadamente cada día por animales a los que a veces ni hemos llegado a conocer.

    Pero desgraciadamente no podemos recoger todos los animales en apuros que se nos presentan todos los días. Como la mayoría de asociaciones sin ánimo de lucro no recibimos más financiación que la de los pocos socios que colaboran con la asociación en el mantenimiento de los animales albergados y en la gestión de las adopciones. Apenas cubrimos los gastos de la treintena de perros que tenemos bajo nuestra custodia, es por ello que nos vemos obligados a no recoger más mientras estos no salgan adoptados o no consigamos más ayuda. Mucha gente no entiende esta postura y nos acusa de no querer ayudarles, pero ¿se imaginan qué ocurriría si cada día recogiéramos los entre cinco y diez perros que nos llegan nuevos? Es evidente que en una semana no tendríamos dónde meterlos ni tendríamos para alimentarlos siquiera.

    Un albergue no es el sitio ideal para vivir pero representa una esperanza para muchos animales en espera de una adopción. La colaboración ciudadana es vital para seguir con esta labor. Sin adopciones, sin acogidas, sin donaciones, sin socios no podemos ayudar más que a unos pocos. Mientras más seamos apoyando esta causa mayor será la ayuda que podremos ofrecer. Si quieres ser parte del cambio en la vida de un animal abandonado, cambiando así este mundo para mejor, no lo dudes y contáctanos. Toda ayuda es bien recibida.

  • Más Vida

    (Juan 2, 1-11) EN EL EVANGELIO de San Juan el primer gesto que da a conocer la salvación que Jesucristo trae al mundo es la conversión del agua en vino en las bodas de Caná. En medio de la celebración se quedan sin vino y Jesús manda llenar unas tinajas de agua, y de ellas sacan el vino nuevo, incomparablemente mejor que el antiguo: el vino del amor de Dios en nuestra vida, que trae alegría para todos.

    A veces buscamos a la salvación de Dios en momentos difíciles de nuestra vida. Pero Dios está también a nuestro lado en los momentos de alegría y de felicidad; en los proyectos en los que sentimos que nuestra vida tiene sentido y que nuestros esfuerzos van logrando su objetivo.

    En esos momentos Jesús pone más Vida en nuestra vida. Nosotros ponemos un poco de esfuerzo, y Él convierte nuestro esfuerzo en testimonio de un mundo nuevo. Nosotros ponemos un poco de cariño y de ilusión, y Él nos hace vivir como hijos de Dios. Nosotros ponemos lo poco que somos, con nuestra ambigüedad y nuestros pecados, y Él hace de todo eso semilla del Reino.

    También en tu vida hay mucho que ofrecer, mucho que dar. En todo ello Jesucristo puede poner Vida en tu vida. Puede convertir el agua del trabajo rutinario, de las dificultades que tienes que afrontar, de los sinsabores que exige muchas veces nuestra vida, en vino nuevo de amor de Dios. Orar es hacer pasar nuestra vida por el corazón de Dios; y al contemplar a Dios nos contemplamos como Él nos ve.

    A propósito: ¿cómo crees que te contempla el Jesucristo?

     

  • Simplicidad

    (Marcos 12,28-34) A VECES queremos mirar al otro sin que Dios esté presente, sin tener en cuenta el abismo de amor que nos constituye. Así nos engañamos y buscamos impunidad al manipularlo, al explotarlo, al destruirlo. Otras veces buscamos una relación con Dios, o con lo sagrado, sin que los otros estorben nuestras peticiones, nuestras sensaciones; lo queremos para nosotros solos, para pedirle, para sentirlo, para que nos salve.

    Pero el Dios de Jesucristo no es así. La religión cristiana–religación con la realidad en la que nos configuramos como seres con libres  y con dignidad de hijos—no es así. Jesucristo nos enseña que la fe en Dios nos enrumba hacia el hermano, sobre todo cuando sufre o está en debilidad; querer relacionarnos con el otro al margen de Dios, supone correr el serio riesgo de endiosarlo o cosificarlo, de ponerlo a nuestro servicio o buscar servilmente su aprobación. Sin mirar a los ojos al hermano no podemos dejarnos mirar por Dios. Sin levantar nuestros ojos a Dios, no podemos intentar mirar limpiamente a nuestro hermano.

    No, no somos complicados; nuestra vida es simple en sobremanera: “Amarás al Señor sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.

    No son dos mandamientos, son uno y el mismo. No es del todo cierto que Dios nos mande amar y ayudar al hermano. No es del todo cierto que amar al hermano sólo lo podamos hacer desde Dios. La verdad más cierta es que Dios es amor, y que sólo en ese amor nosotros somos. Muchas veces queriendo pensar a Dios lo dejamos fuera de nuestras ideas y conceptos.

    No lo pienses, ama y déjate llevar.

     

  • Allen es Allen

    Es llegar el otoño y estrenarse la nueva película de Woody Allen. No falla. Es la cita ineludible de cada año, que muchos esperamos como agua de mayo porque, aunque a veces no alcance el genio del que es capaz y que muchas veces nos ha enamorado, Allen siempre es Allen, y  siempre estará por encima de la morralla que nos hacen tragar los grandes estudios cada semana. Aquí, el maestro de Manhattan se presta a otra de sus cintas de viajes (a las que se ha entregado en los últimos años, ya que en Hollywood no parecen estar muy por la labor de financiarle) y se marcha a Roma, la ciudad eterna, presentándonos muchos de los tópicos sobre sus habitantes y realizando un compendio de postales turísticas en las que inserta a sus personajes, en unas ocasiones con más acierto que otras, y utilizando el cine de episodios que tan típico fue del cine italiano hace unas décadas.
    Son cuatro las historias que mezcla Allen en el filme, que intenta tejer un tapiz de relaciones y sentimientos en la capital italiana. La de un hombre que canta ópera como los dioses, pero sólo en la ducha, y un músico jubilado intenta convencerlo para llevarle a los escenarios, mientras sus respectivos hijos preparan su boda; la de una pareja de recién casados de provincias que llega a la capital para intentar conseguir trabajo en la empresa de los remilgados tíos de él; la de una joven pareja de americanos que recibe la visita de la deshinibida amiga de ella y dinamitará la relación; y la de un hombre normal que empieza a ser perseguido por la prensa, las cámaras, y a ser conocido por todo el mundo, sin que haya hecho nada para ello.
    Woody Allen ha llegado a un momento en el que hace lo que le sale de las narices, sin preocuparse de nada más. En realidad siempre lo ha hecho. Aunque en los últimos años es aún más evidente si cabe. En esta cinta se permite rodar con desgana en ciertos momentos. A veces un poco deslavazadamente. Con argumentos que rozan lo inverosímil. Manejando el tiempo a su antojo, y como mejor le venga en cada situación.
    A pesar de que las cuatro historias están narradas en paralelo, yendo simultáneamente de una a otra, en realidad no suceden así. Es más, ni siquiera tienen la misma duración (la historia de los recién casados, por ejemplo, transcurre en un sólo día; la de la pareja de enamorados y sus padres (el cantante y el músico jubilado, en unos pocos meses). Pero el personaje más curioso (por el tratamiento que se le da) es el que interpreta Alec Baldwin: un reputado arquitecto en vacaciones, que vivió en Roma treinta años atrás, que se encuentra con Jesse Eisenberg, estudiante de arquitectura, convirtiéndose  en una especie de Pepito Grillo, en la voz de su conciencia, en su ángel de la guarda, a la vez que de los demás personajes que le rodean. Porque es su vida la que está reviviendo.
    Y esta es la clave. Aunque tiene algunos momentos divertidos, al espectador le ocurre como a Baldwin, que todo suena terriblemente a ya visto, siempre hay una sensación de déjà-vu que no nos abandona en ningún momento.

    1501A ROMA CON AMOR

    Es llegar el otoño y estrenarse la nueva película de Woody Allen. No falla. Es la cita ineludible de cada año, que muchos esperamos como agua de mayo porque, aunque a veces no alcance el genio del que es capaz y que muchas veces nos ha enamorado, Allen siempre es Allen, y  siempre estará por encima de la morralla que nos hacen tragar los grandes estudios cada semana.

     

    {xtypo_code} España-Italia-Estados Unidos, 2012 (111′)

    Título original: To Rome with love.

    Escrita y dirigida: Woody Allen.

    Producción: Faruk Alatan, Letty Aronson, Giampaolo Letta, Stephen Tenenbaum.

    Fotografía: Darius Khondji.

    Montaje: Alisa Lepselter.

    Intérpretes: Woody Allen (Jerry), Judy Davis (Phyllis), Alison Pill (Hayley), Flavio Parenti (Michelangelo), Fabio Armiliato (Giancarlo), Roberto Benigni (Leopoldo), Monica Napo (Sofia), Sergio Solli (Chófer), Marta Zoffoli (Marisa Raguso), Alessandro Tiberi (Antonio), Alessandra Mastronardi (Milly), Penélope Cruz (Anna), Antonio Albanese (Luca Salta), Ornella Muti (Pia Fusari), Roberto Della Casa (Tío Paolo), Ariella Reggio (Tía Rita), Jesse Eisenberg (Jack), Alec Baldwin (John), Ellen Page (Monica), Greta Gerwig (Sally), Carol Alt  (Carol).{/xtypo_code}

     

    Aquí, el maestro de Manhattan se presta a otra de sus cintas de viajes (a las que se ha entregado en los últimos años, ya que en Hollywood no parecen estar muy por la labor de financiarle) y se marcha a Roma, la ciudad eterna, presentándonos muchos de los tópicos sobre sus habitantes y realizando un compendio de postales turísticas en las que inserta a sus personajes, en unas ocasiones con más acierto que otras, y utilizando el cine de episodios que tan típico fue del cine italiano hace unas décadas.

    Son cuatro las historias que mezcla Allen en el filme, que intenta tejer un tapiz de relaciones y sentimientos en la capital italiana. La de un hombre que canta ópera como los dioses, pero sólo en la ducha, y un músico jubilado intenta convencerlo para llevarle a los escenarios, mientras sus respectivos hijos preparan su boda; la de una pareja de recién casados de provincias que llega a la capital para intentar conseguir trabajo en la empresa de los remilgados tíos de él; la de una joven pareja de americanos que recibe la visita de la deshinibida amiga de ella y dinamitará la relación; y la de un hombre normal que empieza a ser perseguido por la prensa, las cámaras, y a ser conocido por todo el mundo, sin que haya hecho nada para ello.

    Woody Allen ha llegado a un momento en el que hace lo que le sale de las narices, sin preocuparse de nada más. En realidad siempre lo ha hecho. Aunque en los últimos años es aún más evidente si cabe. En esta cinta se permite rodar con desgana en ciertos momentos. A veces un poco deslavazadamente. Con argumentos que rozan lo inverosímil. Manejando el tiempo a su antojo, y como mejor le venga en cada situación.

    A pesar de que las cuatro historias están narradas en paralelo, yendo simultáneamente de una a otra, en realidad no suceden así. Es más, ni siquiera tienen la misma duración (la historia de los recién casados, por ejemplo, transcurre en un sólo día; la de la pareja de enamorados y sus padres (el cantante y el músico jubilado, en unos pocos meses). Pero el personaje más curioso (por el tratamiento que se le da) es el que interpreta Alec Baldwin: un reputado arquitecto en vacaciones, que vivió en Roma treinta años atrás, que se encuentra con Jesse Eisenberg, estudiante de arquitectura, convirtiéndose  en una especie de Pepito Grillo, en la voz de su conciencia, en su ángel de la guarda, a la vez que de los demás personajes que le rodean. Porque es su vida la que está reviviendo.Y esta es la clave. Aunque tiene algunos momentos divertidos, al espectador le ocurre como a Baldwin, que todo suena terriblemente a ya visto, siempre hay una sensación de déjà-vu que no nos abandona en ningún momento.

     

  • Dramáticamente cómico

    1102UN LUGAR DONDE QUEDARSE

    Sean Penn y Paolo Sorrentino se conocieron hace algo más de tres años en el prestigioso festival de Cannes, donde el primero presidía el jurado que premió la película Il divo, que dirigía el segundo. El actor norteamericano manifestó después sus deseos de trabajar con el director italiano, y su sueño se ha cumplido con esta cinta irregular, que une una buena interpretación (a veces excesivamente pasado de rosca) de Penn, con una dirección en ocasiones demasiado esteticista de Sorrentino, y una historia que a veces tiene momentos algo incomprensibles y no del todo creíbles, y que, aunque en la mayor parte del tiempo se mueve en el drama, tiene toques de comedia, de road movie…

    {xtypo_code}Italia-Francia-Irlanda, 2011. (118′)
    Título original: This must be the place.
    Dirección: Paolo Sorrentino.
    Producción: Francesca Cima, Nicola Giuliano, Andrea Occhipinti, Mario Spedaletti.
    Guión:  Umberto Contarello, Paolo Sorrentino.  
    Fotografía: Luca Bigazzi.
    Música: David Byrne, Will Oldham.
    Montaje: Cristiano Travaglioli.
    Intérpretes: Belén Rueda (Julia / Sara), Lluis Homar (Isaac), Pablo Derqui (Iván), Francesc Orella (Inspector Dimas), Joan Dalmau (Créspulo), Boris Ruiz (Blasco), Daniel Grao (Dr. Román), Clara Segura (Mina), Andrea Hermosa (Lía), Julia Gutiérrez Caba (Soledad).{/xtypo_code}

    La cinta nos cuenta la historia de Cheyenne, un viejo músico que se ha quedado anclado en el tiempo en que fue famoso, que vive desorientado y aburridamente, cuyo padre, al que hace décadas que no ve, muere. En el funeral descubre que su progenitor dedicó los últimos años de su vida a encontrar a un viejo militar nazi que lo martirizó cuando estuvo encerrado en un campo de concentración. Incomprensiblemente, Cheyenne se embarca en la búsqueda del alemán, sin saber muy bien por y para qué.

    La cinta tiene dos partes bien diferenciadas. La primera nos sirve para al protagonista, su estética, su monótona vida y la de los que le rodean (algunos parentescos no quedan nada claros), su deambular por la ciudad acompañado siempre por su carrito… La segunda, el viaje que emprende, que convierte la película en toda una road movie clara deudora de la Paris, Texas de Wim Wenders, que es una de las películas favoritas de Sorrentino (y ahí está Harry Dean Stanton para que quede más claro).

    Un lugar donde quedarse es una película hecha a base de altibajos. A momentos de muy buen cine le siguen inmediatamente otros demasiado engolados, aburridos, inexplicables, sin sentido alguno (ni siquiera dentro de una historia que ya de por sí tiene poco sentido). Sean Penn (gran actor) tiene aquí un papel a semejanza de la cinta: a ratos bien, a ratos mal. No entremos en el maquillaje y la apariencia del protagonista, que a muchos recordará al lider de The Cure (de hecho, el proyecto comenzó como una especie de biopic de Robert Smith). Y a Sorrentino a veces le pierden las formas, en ocasiones (en muchas, muchas ocasiones) se dedica a la producción de planos demasiado esteticistas, quiere ser preciosista en exceso.

    Es una cinta excéntrica y excesiva, a veces demasiado. Mezcla, sin pausas, momentos trágicos con otros cómicos, gracias a un personaje portentoso que a veces se pasa de rosca. Si hubiera que elegir una película en la que vivir, este podría ser un buen lugar donde quedarse… Pero sólo por un rato.

     

  • El Signo de la Liberación

    (Juan 10, 11-18) HE TENIDO el privilegio de contemplar cómo hombres y mujeres del pueblo aprendían a leer en las páginas de la Biblia. Y cómo iban tomando conciencia, a través de la Palabra de Dios, de su propia historia, y del valor de su palabra y de su vida.

    He tenido el privilegio de contemplar cómo los más pobres y sencillos se convertían en protagonistas de la evangelización de la comunidad cristiana, y en agentes de promoción humana de los suyos.

    He tenido el privilegio de contemplar cómo los cristianos de siempre sentían rejuvenecer su fe ante la experiencia renovada de la salvación de Jesucristo por parte de quien más había sufrido, de quien más marginado había estado, de quien menos se esperaba que podía ser signo de resurrección…

    Los sacerdotes somos, muchas veces, testigos privilegiados de la resurrección de Cristo; que sigue contagiando vida, insuflando vida a los más pobres; que sigue rescatándonos, él personalmente, de los infiernos de nuestra falta de amor y de nuestra propia mediocridad.

    Jesús, encarnado en los cristianos sencillos y, muchas veces, en los más pobres, sigue enfrentándose con los siete pecados capitales de nuestro tiempo: el desprecio, la indiferencia, la manipulación, la cobardía, el egoísmo, la violencia y la tibieza. Hoy, como en los comienzos, sigue diciendo: “No tengo oro ni plata, pero el amor que tengo te lo doy: ¡Levántate y vive!”.

    Aunque parezca mentira estas cosas pasan en el seno de nuestra iglesia. Yo soy testigo de ello; muchos de vosotros también. Tú también tienes mucho de qué dar testimonio.

     

  • El Signo de la Comunión

    (Lucas 24, 35-48) Hay momentos muy hermosos en la vida de las comunidades cristianas. Los hay difíciles, como en cualquier colectividad humana. Pero, a veces, parece que el Espíritu se pasea en torno a nosotros y crea un ámbito especial de comprensión, de afán de servicio y de plenitud personal.

    Recuérdalos.

    Puede haber sido en alguna celebración con los enfermos o con los ancianos, en la que jóvenes y mayores han sintonizado tanto que se ha vivido un atisbo del Reino. Puede haber sido en una misa, en la que la petición espontánea de un compañero, la predicación del sacerdote, o el momento de la comunión han hecho brotar un silencio orante donde comprendíamos perfectamente las palabras de San Juan de la Cruz: “la soledad sonora”.

    Puede haber sido en una reflexión de grupo, o en una asamblea comunitaria, donde fuimos capaces de reconocer a los otros como presencia de Cristo; donde fuimos capaces de valorar que el trabajo de los demás era necesario para anticipar la instauración del Reino. Los diversos y, a veces, enfrentados por esto o por aquello, éramos capaces de remar todos en una misma dirección.

    ¡Qué hermoso, qué gratificante!

    Puede haber sido en un encuentro personal en el que nos reconocimos tan igualmente vulnerables y semejantes que el rencor y el recelo dieron paso al perdón y la confianza.

    Muchas veces hemos compartido esta comunión, signo de la resurrección de Cristo. Y lo vivimos como un milagro en el que el Espíritu nos recreaba. ¿Lo recuerdas?