Etiqueta: trama

  • Anderson alucinógeno

    Película Puro Vicio

    PURO VICIO

    Hay ocasiones en las que uno no tiene más opciones que olvidarse de las reglas, dejarse llevar y sorprenderse. Por motivos diversos, eso sí. En este caso concreto, estamos ante la nueva obra de un director de talento contrastado (de sus manos ya hemos visto Boogie nights, Magnolia, The Master…) lo cual ya es suficiente para ir al cine. A ello se suma además el hecho de que el punto de partida es una novela inadaptable al cine como la Vicio propio de Thomas Pynchon, historia barroca, psicodélica, laberíntica y tramposa (en el mejor sentido posible de la palabra) que retrata una época en la que el país (Estados Unidos) acababa de perder la inocencia.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014 (148′)
    Título original: Inherent vice.
    Escrita y dirigida : Paul Thomas Anderson, basado en la novela de Thomas Pynchon.
    Producción:  Joanne Sellar, Daniel Lupi, Paul Thomas Anderson.
    Fotografía: Robert Elswit.
    Música: Jonny Greenwood.
    Montaje:  Leslie Jones.
    Intérpretes: Joaquin Phoenix (Larry ‘Doc’ Sportello), Josh Brolin (‘Bigfoot’ Bjornsen), Owen Wilson (Coy Harlingen), Katherine Waterston (Shasta Fay Hepworth), Joanna Newsom (Sortilège), Reese Witherspoon (Penny Kimball), Benicio del Toro (Sauncho Smilax), Jena Malone (Hope Harlingen), Eric Roberts (Michael Wolfmann), Serena Scott Williams (Sloane Wolfmann), Maya Rudolph (Petunia), Hong Chau (Jade).{/xtypo_code}

    Doc Sportello es un detective en permanente estado de empanamiento mental por culpa de la maría,  que recibe la inesperada visita de Shasta, su ex-novia, que le pide ayuda para encontrar a su nueva pareja, un promotor multimillonario que acaba de desaparecer, y le habla de una retorcida trama que la mujer de éste y su amante han urdido para quitárselo de enmedio. La trama no hará más que retorcerse a partir de entonces con personajes y situaciones rocambolescas.
    La historia tiene parte de retrato de una época, una sociedad y una ciudad (de nuevo Los Ángeles, como en la mayoría de películas del director). Con esta Puro Vicio, PTA cierra la trilogía sobre la historia contemporánea americana después de There will be blood y The Master.

    Tiene también dosis de comedia, motivado quizás por esas alucinógenas experiencias que viven los personajes, y a pesar de que poco tiene que ver (como algunos han querido ver) con aquella también delirante maravilla de los Coen que era El gran Lebowski, aunque sus personajes tengan ciertas similitudes. Pero no, esto no es una revisitación de El Nota.
    Y tiene mucho de cine negro (por la complejidad y enrevesada trama, las referencias a El sueño eterno son más que evidentes). De hecho sigue todas sus reglas. Un detective que persigue sombras, que se ve metido en una investigación que parece írsele de las manos. Hay un caso que va más allá de lo que parece, que es mucho más complicado de lo que aparenta. Y, por supuesto, una femme fatale, de aspecto vaporoso, que es la que mete al protagonista en esta vorágine.
    Fantástico reparto: Joaquin Phoenix (como siempre), Josh Brolin, y Kathrine Waterstone, su escena en la que ‘confiesa’ desnuda su dramática situación es de las más intensas que hemos visto en años.

    A pesar de lo enrevesado de su planteamiento, de los meandros de la trama y la complejidad estructural (que a las dos horas de metraje aparezcan personajes nuevos no es normal), lo mejor aquí es meterse en la historia y dejarse llevar por la corriente. Al final todo encaja.

     

  • Turturro ligón

    Película Aprendiz de Gigoló

    El actor John Turturro vuelve a ponerse tras las cámaras, y es la quinta vez, para dirigir una historia escrita por él mismo, con una base nostálgica (al menos al principio) y que, en realidad, resulta poco inverosímil si la trasladamos a la vida real. Pero claro, es ficción, y en el cine todo está permitido.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (98′)
    Título original : Fading Gigolo.
    Escrita y dirigida: John Turturro.
    Producción: Bill Block, Paul Hanson, Jeffrey Kusama-Hinte.
    Fotografía:  Marco Pontecorvo.
    Música: Abraham Laboriel, Bill Maxwell.
    Montaje: Simona Paggi.
    Intérpretes: John Turturro (Fioravante), Woody Allen (Murray), Vanessa Paradis (Avigal), Sharon Stone (Dra. Parker), Sofia Vergara (Selima), Liev Schrieber (Dovi), Tonya Pinkins (Othella), Jade Dixon (Cee Cee), Bob Balaban (Sol). {/xtypo_code}

    Aprendiz de gigoló es una película simpática, divertida a veces, que no llega a la cumbre del director (Illuminata, de 1998) pero que permite pasar un buen rato, sobre todo por la presencia de sus dos intérpretes masculinos, cuyos diálogos mantienen la atención del espectador.

    Fioravante y Murray son dos amigos que están atravesando una época difícil en lo económico encuentran una salida en que uno de ellos ofrezca sus servicios como gigoló, mientras que el otro le lleva la agenda y se encarga de concertar las citas. Todo parece marchar medianamente bien, hasta que aparece una joven viuda judía por la que empieza a sentir algo.

    Hay en esta Aprendiz de gigoló una ciudad interracial en el que Turturro se ríe de muchos tópicos, y en el que, pese a su extrañeza, tiene elementos difíciles de creer, y que no terminan de encajar en una trama que se deja ver con facilidad.
    Turturro se aleja de los melodramas y lo hace con unos diálogos chispeantes en los que la pareja protagonista despliega mucho arte, y en la que sorprende lo mucho que hay de Woody Allen en su personaje. Casi se podría decir que aquí Allen hace de Allen, y eso es mucho.

    Estamos ante la película más intrascendente del Turturro director. Lejos de Mac, de Illuminata, Aprendiz de gigoló es también una cinta extraña (que en una película sobre un gigoló no se vea a este en acción no es habitual, por ejemplo). El tono crítico contra los integrismos (esos que frenan la libertad de la joven viuda judía) queda difuminada en un fondo más festivo. Incluso la soledad y el deseo, los otros temas que se plantean en la película, tampoco llegan a convertirse en elementos con el poder suficiente como para calar en la trama.

     

  • Corruptos everywhere

    1501LA TRAMA

    Esta es una de esas películas que se ven con facilidad, porque nada piden y poco ofrecen. De esas cuya crítica podría salvarse con tres o cuatro frases. De esas que al gran público le gusta ver, por ser entretenida, con una construcción aparentemente (y sólo aparentemente) enrevesada que hace creer que es compleja y que hace pensar. Pero que no es más que una cinta de las comúnmente llamadas palomiteras, con una estructura lineal que, en realidad, deja poco a la imaginación, de esas que son muy buenas para pasar un rato entretenido, con un refresco y un paquete enorme de palomitas.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2013. (109′)
    Título original: Broken city.
    Dirección: Allen Hugues.
    Producción: Remington Chase, Randall Emmett, George Furla, Allen Hugues, Stephen Levinson, Arnon Milchan, Teddy Schwarzman, Mark Wahlberg.
    Guión:  Brian Tucker.  
    Intérpretes: Mark Wahlberg (Billy Taggart), Russell Crowe (Alcalde Hostetler), Catherine Zeta-Jones (Cathleen Hostetler), Jeffrey Wright (Carl Fairbanks), Barry Pepper (Jack Valliant), Alona Tal (Katy), Natalie Martinez (Natalie Burrows), Michael Beach (Tony Jansen), Kyle Chandler (Paul Andrews), James Ransone (Todd Lancaster), Griffin Dunne (Sam Lancaster) .{/xtypo_code}

    Con una factura técnica fantástica, el problema de la cinta está en el resto. Cierto que el argumento bien podría estar basado en la realidad de muy buena parte de nuestro país (y de otros muchos, por supuesto): políticos corruptos, relaciones de amistad de alcaldes con promotores inmobiliarios que conllevan extrañas recalificaciones, políticos honestos que no pueden luchar contra la maquinaría del poder. Las interpretaciones son flojas, a pesar del renombre de casi todo su reparto; la dirección aporta poco (el director se limita a mover la cámara, a veces en exceso) sin aportar nada más que unos tonos ocres que presentan una Nueva York apagada, sin apenas vida… Por no hablar del guion, claro.
    Billy Taggart es un ex-policía, que fue forzado a dejar su puesto por una acusación de asesinato, a pesar de que fue declarado inocente, y que ahora sobrevive a las deudas como investigador privado. El mismísimo alcalde de Nueva York le llama para investigar la supuesta infidelidad de su mujer, en plena campaña para las elecciones. Pero Billy pronto se da cuenta de que detrás de todo puede haber algo más que un asunto de adulterio.

    Dejemos de lado la poco comprensible decisión de titular (en nuestro país) la película como La trama, por dos motivos principales. Primero, porque es un título absurdo y equívoco, que nada tiene que ver con el más certero original Broken city. Y segundo, porque el título ya ha sido utilizado en un par de ocasiones anteriormente; primero en 1976 con la cinta de Hitchcok Family plot, y en 1997, con la de David Mamet The Spanish prisoner. Ambas, por cierto, mucho mejores que esta de Allen Hugues. El principal problema de esta cinta es su guión. Flojo, y mucho, con un planteamiento que resulta poco convincente, y poco sostenible (las relaciones entre los personajes, sus decisiones), personajes que desaparecen de la historia y ya no vuelven a aparecer, e incluso los diálogos, que a veces provocan involuntarias sonrisas

    Y luego está el tema de la previsibilidad. La trama está llena de clichés, y de elementos que son fácilmente adivinables. Porque los hemos visto mil veces, porque no cambia nada, porque no tiene nada nuevo. Y es esa combinación de previsibilidad más poca credibilidad, más dialogos sonrojantes, lo que hunde la película. A pesar de su factura técnica más que aceptable.

     

  • El genio en la sombra

    1501HITCHCOCK

    Comencemos con un hecho evidente: Alfred Hitchcock es uno de los mejores directores de la historia del cine. No creo que nadie lo ponga en duda. Sus películas, casi todas, son intemporales, e incluso viéndolas hoy, permanecen en la retina y en la memoria hasta mucho después de que se haya visto. Sobre todo una en concreto, la que es clave y ocupa gran parte de la trama de esta Hitchcok, Psicosis.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (98′)
    Dirección: Sacha Gervasi.
    Producción: Alan Barnette, Joe Medjuck, Tom Pollock, Ivan Reitman, Tom Thayer.
    Guion: John J. McLaughlin, basado en el libro de Stephen Rebello.
    Música:  Danny Elfman.
    Fotografía:  Jeff Cronenweth.
    Montaje: Pamela Martin.
    Intérpretes: Anthony Hopkins (Alfred Hitchcock), Helen Mirren (Alma Reville), Scarlett Johansson (Janet Leigh), Danny Huston (Whitfield Cook), Toni Collette (Peggy Robertaon), Michael Stuhlbarg (Lew Wasserman), Michael Wincott (Ed Gein), Jessica Biel (Vera Miles), James D’Arcy (Anthony Perkins), Richard Portnow (Barney Balaban), Kurtwood Smith (Geoffrey Shurlock).{/xtypo_code}

    Alfred Hitchcock está en la cima de su carrera, es uno de los directores más prestigiosos y respetados de Hollywood, y acaba de tener un éxito arrollador con su última película Con la muerte en los talones. Pero después no sabe qué hacer, no encuentra un proyecto que le satisfaga. Hasta que lee un pequeño libro, Psicosis, basado en los asesinatos que cometió Ed Gein y decide llevarlo a la pantalla. El problema es que ningún estudio le apoya, en la que no cree nadie, y no tiene más remedio que hipotecar su casa para financiar él mismo el proyecto. Esta Hitchcock utiliza ese elemento que tan famoso hizo al director británico, el macguffin. Es decir, ese elemento de la trama que, a primera vista, parece ser de vital importancia para el guión, pero que en realidad es una excusa que lo que hace es despistar de lo verdaderamente importante. Aquí, el macguffin es, precisamente, el rodaje de la película. Cierto que ocupa gran parte del metraje, y que lo mejor de esta parte es descubrir detalles del rodaje, de cómo trabajaba el director, de su relación con sus personajes, sobre todo de su obsesión por las actrices rubias.  

    Pero lo verdaderamente importante en Hitchcock es la relación del director, excesivamente detallista y perfeccionista, con cierto punto misógino, obsesivo en el trabajo, y celoso, temeroso, con su mujer Alma Reville, que fue su compañera durante más de treinta años, y que (según el director) fue el verdadero genio en la sombra, la que rehizo Psicosis en la sala de montaje (ya que Hitchcock no fue capaz de sacarla adelante), convirtiéndola en la grandísima cinta que es.
    No en  vano, Psicosis fue la película que cambió los códigos prestablecidos. Y es que, hasta entonces, nadie se había atrevido a asesinar a la protagonista a la media hora de metraje. Aparte de presentar una relación entre sexo y violencia inaudita hasta entonces.

    Gervasi se toma ciertas licencias para que el filme resulte más creible, más cómodo. Por ejemplo, en la creación de la famosa escena de la ducha. Aunque la aquí mostrada funciona visualmente, y consigue que te la creas. Además, utiliza otros numerosos guiños a otras tantas películas del director (él como voyeur tras la ventana (La ventana indiscreta), los pájaros de su despacho (y sobre todo el cuervo del final), la llave que aparece en Encadenados.

    Son licencias que funcionan. También el reparto. Si consigues olvidarte del maquillaje de Anthony Hopkins, te lo crees; al igual que a los secundarios. Pero es sobre todo una inmensa Helen Mirren la que destaca en esta película con aspecto de TV-movie. Interesante en algunos aspectos, Gervasi no arriesga prácticamente nada, y crea una película convencional en la que, en algunos momentos, no deja bien parado al genio Hitchcock.

     

  • Manipular a la audiencia

    1102INVASOR

    Lo nuevo de Daniel Calparsoro se presentó en Sitges, y también pudimos verlo en el Sevilla European Film Festival. Era una cinta esperada, por venir de quien venía, por quienes estaban en el reparto (nombres respetados y reputados como Alberto Amman, Antonio de la Torre, Karra Elejalde, Inma Cuesta…) y porque lo que se conocía de la trama despertaba bastante interés.

    {xtypo_code}España, 2012. (99′)
    Dirección:  Daniel Calparsoro.
    Producción:  Emma Lust, Borja Pena, Juan Gordon.  
    Guión:  Javier Gullón, Jorge Arenillas.
    Fotografía:  Daniel Aranyó.
    Música:  Lucas Vidal.
    Montaje:  David Pinillos, Antonio Frutos.
    Intérpretes: Alberto Amman, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, Karra Elejalde, Luis Zahera, Bernabé Fernández, Alex Hafner, Benjamin Nathan-Serio, Isabel Blanco, Sofía Oria, Fran Peleteiro, Julio Pereira, Francisco Vera, Iriome del Toro.{/xtypo_code}

    Y lo cierto es que el filme comienza con fuerza, con vigor. Calparsoro rueda con intensidad y verosimilitud las escenas de guerra. Al menos la primera. Y tras un principio arrollador, Invasor, la última y esperada cinta de Daniel Calparsoro, cae en el más absoluto de los desastres.

    La película nos cuenta la historia de dos soldados españoles (Pablo y Diego) que sufren un atentado en Diwaniya (Irak) y se recuperan de sus heridas en España. Pablo no recuerda nada de lo ocurrido después de la explosión. Sólo despertar en el hospital, junto a su mujer. A medida que las imágenes van llegando a su mente, desde altas instancias parecen querer cerrarle las puertas, que no recuerde lo que verdaderamente ocurrió en Irak. Y su amigo Diego intenta convencerle de que es mejor que lo olvide, que lo deje pasar. Pero él cree que algo oscuro y sucio sucedió e intenta por todos los medios esclarecer los hechos.

    Por definirlo de un modo rápido, la película es un absoluto horror. Vale, tiene una buena factura estética, visualmente tiene magnetismo, a pesar de que en ocasiones cae en errores. Pero en todo lo demás, falla estrepitosamente. El montaje es nefasto y desacertado, carece absolutamente de ritmo, a veces con demasiados cortes, y otras alargando el plano innecesariamente. La música está mal elegida y, lo que es aún peor, está insertada en la película en los momentos erróneos. Pero lo peor son las interpretaciones: aunque Alberto Amman y Antonio de la Torre están aceptables (dentro de lo que cabe), Inma Cuesta poco puede hacer para levantar un papel que ya nació decapitado, demasiado dramático, demasiado engolado e impostado. Pero lo peor es lo de Karra Elejalde, un malo de opereta, que desata carcajadas (sin pretenderlo, lo cual es aún peor) en situaciones supuestamente dramáticas.

    Es una película que tiene muchas más intenciones que resultados, con situaciones que llegan a superar el absurdo y el ridículo. La trama está metida con calzador. Es maniquea, manipuladora, excesiva e innecesaria, llegando al extremo de presentar a la cúpula militar y del ministerio como una banda de mafiosos.

  • Jugar con el tiempo

    1301LOOPER

    Cuando un director cualquiera se plantea realizar una película en cuya trama tienen vital importancia los viajes en el tiempo, tiene que tener un cuidado extremo, ya que el asunto es complejo, y no es raro que quede algún cabo suelto, que algo se escape, una frase dicha en un momento que no debería, un aparato usado fuera de época, para que todo se caiga de golpe y la cinta se vaya al traste. No sería la primera vez que ocurre.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (118′)
    Escrita y dirigida: Rian Johnson.
    Producción:  Ram Bergman, James D. Stern.  
    Fotografía: Steve Yedlin.
    Música: Nathan Johnson.
    Montaje: Bob Ducsay.
    Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt (Joe), Bruce Willis (Viejo Joe), Emily Blunt (Sara), Paul Dano (Seth), Noah Segan (Kid Blue), Piper Perabo (Suzie), Jeff Daniels (Abe), Pierce Gagnon (Cid), Qing Xu (Mujer del viejo Joe), Tracie Thoms (Beatrix).{/xtypo_code}

    Looper es la última en llegarnos que recurre a dichos viajes temporales. Aunque, a decir verdad, la cinta de Rian Johnson es más una buena película que se sirve de la ciencia ficción para desarrollar su trama, que está mucho más cercana al cine negro de siempre.

    La acción transcurre en el 2042 (llamémosle, Presente), y los viajes en el tiempo aún no se han inventado. Pero sí existen en el 2072 (digamos, Futuro). Pero aunque existe la tecnología, dichos viajes están absolutamente prohibidos. Por ello las mayores y más poderosas organizaciones criminales las usan para enviar a quienes quieren eliminar al pasado (o sea, Presente) donde un grupo especializado contratado a tal fin se dedica a matarlos y hacerlos desaparecer. Son los loopers. Joe es uno de ellos. Es bueno en su trabajo, hasta que debe cerrar el bucle asesinándose a sí mismo, después de que lo envíen desde el Futuro. Eso es lo que le ocurre, y queda en shock al verse, tarda en reaccionar y su yo futuro tiene tiempo de escapar.

    Looper tiene elementos suficientes para convertirse en una de las cintas esenciales para la ciencia ficción. A pesar de que en su primera media hora aparecen varios elementos que no concuerdan con lo que se está contando, su compleja trama va encajando poco a poco, como un puzle, y acaba sin dejar un solo resquicio, una sola duda, un solo cabo suelto. Y lo que es aún mejor (y menos común), es totalmente coherente con los planteamientos de partida. Avanza con fuerza creciente, enganchándote a la butaca, dejándote sin respiración, a través de los bucles, de los vericuetos, de los entresijos tan endemoniadamente complejos que una buena historia como esta posee, hasta llegar a un final que (si bien contraviene todo lo establecido comercialmente con el (ya tan manido) ‘happy ending’) es el único posible para que la cinta guarde toda la coherencia que ha venido manteniendo hasta entonces.

    Incluso Bruce Willis (que, salvo la excepción de Moonrise kingdom, llevaba tiempo algo perdido) tiene una buena interpretación, superado por la pareja formada por Emily Blunt y Joseph Gordon-Levitt (cuyo maquillaje para parecerse a Willis de joven es, cuanto menos, chocante).

    Looper es una de las cintas esenciales de la temporada, y una de las mejore películas de ciencia ficción de lo que llevamos de siglo.

  • Jennifer, la guerrera

    1101LOS JUEGOS DEL HAMBRE

    Estamos ante uno de los estrenos más esperados del año, una de las películas que han despertado más expectación, y que está llamada a romper la taquilla allá donde se estrene. El resultado final, para qué nos vamos a engañar, tiene sus aciertos, tiene sus buenos momentos, aunque tampoco es tan brillante, tan espectacular.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012. (146′)
    Título original: The hunger games.
    Dirección: Gary Ross.
    Producción: Nina Jacobson, Jon Kilik.
    Guión:  Gary Ross, Suzanne Collins y Billy Ray, basado en la novela de Suzanne Collins.
    Fotografía: Tom Stern.
    Música: T-Bone Burnett y James Newton Howard.
    Montaje: Christopher S. Capp, Stephen Mirrione y Juliette Welfling.
    Intérpretes: Jennifer Lawrence (Katniss Everdeen), Josh Hutcherson (Peeta Mellark), Liam Hemsworth (Gale Hathorne), Elizabeth Banks (Effie Trinket), Woody Harrelson (Haymitch Abernathy), Wes Bentley (Seneca), Donald Sutherland (Presidente Snow), Lenny Kravitz (Cinna), Stanley Tucci (Caesar Flickerman), Alexander Ludwig (Cato), Isabelle Fuhrman (Clove), Amandla Stenberg (Rue), Willow Shields (Primrose Everdeen).{/xtypo_code}

    Buena parte de la culpa de ello la tiene el querer ir de original (hablamos ahora de la novela en la que se basa, y de donde -obviedad al canto- se extrae la trama de la cinta) cuando en realidad no lo es tanto, ya que la historia, los rasgos principales en los que pretende basar su fuerza, no son en absoluto novedosos. De hecho, son numerosas las referencias en las que, más voluntaria que involuntariamente, se basa.

    Señalemos dos: Situar la acción en un futuro distópico no es nada nuevo. Ejemplos hay a patadas. En este lugar, lo que antes era conocido como los Estados Unidos es ahora Panem, un territorio gobernado con rigor por el Capitolio, y en el que los doce distritos que lo rodean (incomunicados entre ellos y con la sede del poder) deben ceder cada año a un chico y una chica de entre doce y dieciocho años para participar en Los Juegos del Hambre, una lucha a muerte en la que sólo puede quedar uno. La referencia más evidente aquí es la cinta japonesa Battle Royale, cuya premisa era exactamente la misma, aunque motivada por otras causas (una especie de intento por enderezar a una juventud salvaje que ya no respeta nada ni a nadie). Estos juegos son transmitidos en directo por la televisión, siendo todo un éxito de público. Otra referencia, en este caso literaria: Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb, en la que una corporación secuestra a personas cualesquiera por la calle, para hacerlas participar por la fuerza en un reality televisivo en el que unos serán prisioneros en un campo de concentración y otros sus carceleros; el público, con sus votos, decide quién es ejecutado en directo cada semana; a pesar de las numerosas críticas, la audiencia aumenta cada día, y nadie se pierde los momentos más duros.

    Los juegos del hambre está bien rodada (faltaría más con el presupuesto que ha disfrutado); Jennifer Lawrence sigue creciendo aún más como actriz; consigue atraparte en su trama, a pesar de que hay muchos fragmentos demasiado esquemáticos; y tiene un par de logros destacables: la entrada en llamas en el desfile, y el hecho de presentar el romance como impostura, como estratagema en el juego. En contra, una cámara excesiva e innecesariamente nerviosa (a veces cuesta ver lo que se está mostrando), algunas situaciones y personajes demasiado lineales, dejar tramas abiertas en el aire (¿qué ocurre con ese conato de rebelión que vemos iniciarse y no se vuelve a mostrar?, ¿por qué desaparecen personajes sin motivo: Effie, Cinna…?), una historia que (pese a todo) suena a vista… Está bien, se disfruta, pero se esperaba más.

     

  • El espectador, de la risa al susto en un solo segundo

    1006Simbiosis perfecta de la comedia y el suspense en Trampa Mortal

    El veterano actor Paco Valladares y su compañía pasaron el pasado fin de semana por la ciudad para presentar en el teatro municipal Trampa Mortal. Una comedia policiaca  en el que la intriga y el suspense van de la mano con la comedia en estado puro, hasta tal punto de que el lector no sabe si reir o gritar del susto, o las dos cosas a la vez con este clásico del género.

    Poco se puede contar de la historia de Trampa Mortal, ya que desde que comienza la obra, nada es lo que parece sobre el escenario y a medida que avanza la trama, el público se ve inmerso en una espiral de sobresaltos que lo mantienen en tensión hasta el segundo final, cuando se resuelve la trama.

    Destacar la veteranía y saber estar de Valladares sobre el escenario, maestro de ceremonias de esta comedia, así como el encargado de poner las dosis de humor que el espectador necesita para aliviar los momentos de tensión.

     

  • Las reuniones de antiguas alumnas ya no son lo que eran

    1303Brujas engancha al público por los enredos de su trama

    Cinco amigas que se reúnen después de 20 años para cenar es el comienzo de Brujas, la obra de Santiago Moncada, que Manuel Galiana llevó a escena el pasado fin de semana en el teatro municipal.

    Uno de los principales reclamos de este montaje teatral, y que llenó el patio de butacas del municipal, es su mediático ramillete de actrices, que encabezan Juncal Rivero, Arantxa del Sol y Lara Dibildos, completado con Cristina Goyanes y Marina Lozano.

    Además del gusto de ver sobre el escenario a este elenco de bellas actrices, quienes llevan a cabo una correcta y creíble interpretación de sus papeles, destacó una trama en la que nada es lo que parece. Un detalle que es lo que infringe al montaje acción e interés, ya que el ritmo de la obra es bastante lento ante la carencia de movimiento escénico.

     

  • El futuro está escrito

    1501NUNCA ME ABANDONES

    Hay ocasiones en las que uno se pregunta cómo demonios es posible que una determinada película no haga más que ganar premios allá donde va. Ejemplos hay muchos más de los que nos gustaría. Y del mismo modo, hay cintas que, inexplicablemente, pasan sin pena ni gloria por los certámenes y las entregas de premios que cada año se celebran (y son muchas).

    {xtypo_code}Reino Unido, 2010. (103′)
    Título original: Never let me go.
    Dirección: Mark Romanek.
    Producción: Alex Garland, Andrew MacDonald, Allon Reich.
    Guión: Alex Garland, basado en la novela de Kazuo Ishiguro.
    Fotografía:  Adam Kimmel.
    Música: Rachel Portman.
    Montaje: Barney Pilling.
    Intérpretes: Carey Mulligan (Kathy), Andrew Garfield (Tommy), Keira Knightley (Ruth), Isobel Meikle-Small (Kathy, joven), Charlie Rowe (Tommy, joven), Ella Purnell (Ruth, joven), Charlotte Rampling (Miss Emily), Sally Hawkins (Miss Lucy), Kate Bowes Renna (Miss Geraldine).{/xtypo_code}

    Nunca me abandones forma parte de este segundo grupo. No me entiendan mal, la cinta ha recogido algún que otro galardón, pero menos, bastantes menos, de los que han recopilado algunas de sus rivales, y menos de los que merece. Ello se ha debido, sobre todo, a que ha tenido la mala fortuna de coincidir en el mismo año con otra película británica que le ha arrebatado todo: El discurso del rey.

    Nunca me abandones, basada en el libro homónimo de Kazuo Ishiguro, llega con mucho retraso a nuestras pantallas (de hecho, estaba previsto para el próximo viernes, pero se ha vuelto a atrasar una semana más) se desarrolla en una realidad alternativa, en una Inglaterra de ficción. Los tres protagonistas (Kathy, Tommy y Ruth) pasan su infancia en un internado exclusivo. Son felices, pese al excesivo control al que son sometidos, hasta que un día todo les queda revelado, y les comunican que su futuro ya está escrito, que su destino ya está atado, y que irremediablemente tendrán que acatarlo una vez que se hagan adultos.

    Romanek (que ya dirigió Retratos de una obsesión) despliega un estilo visual elegante y engañosamente simple, y va desgranando una historia dura, dolorosa y triste, con unos personajes que no tienen futuro, pero que siempre albergan esperanzas.

    Bellamente fotografiada, Nunca me abandones es una película demoledora e inquietante, una mezcla de cine romántico (con un triángulo amoroso) con la ciencia ficción que estructura toda la trama, ya desde su propia concepción como universo distópico, en la que (contrariamente a lo que ocurre en muchas otras cintas del género) no se lucha contra un gobierno opresor, sino que, al contrario, los protagonistas fueron educados para abrigar un sentimiento de orgullo por el lugar que ocupan en la sociedad, y no intentan huir, porque, de todos modos, no hay donde escapar.

    Nunca me abandones es una película que perdura en la memoria, gracias, entre otras cosas a la soberbia banda sonora de Rachel Portman y las grandes interpretaciones del trío protagonista: Keira Knightley, que está estructurando una sólida carrera, intercalando filmes taquilleros de Hollywood con las obras de calidad que rueda en su país; Andrew Garfield, que será el nuevo Spider-Man; pero sobre todo Carey Mulligan, una estupendísima actriz que ofrece toda una lección de tristeza contenida, en su mirada, en su voz.